Primer paso por la Reconstitución: disolución del FRML

Hace algo más de 4 años que nació el FRML. A lo largo de este breve periodo de tiempo, algunos de los integrantes de este proyecto hemos empezado a comprender lo que significa realmente la militancia comunista hoy, mediante la lucha contra todo aquello que se nos ha opuesto en el duro camino, permitiéndonos crecer, con avances y retrocesos, con amigos y enemigos. Siempre con el ánimo de superar todo muro, toda piedra, todo escollo que la burguesía y el revisionismo nos impone en nuestros días a los revolucionarios.

La principal tarea hoy para todo comunista organizado debe ser la elaboración y aplicación de un Plan de Reconstitución del Partido Comunista (en nuestro caso, en el Estado Español) integrado en el marco de la comprensión del conjunto del Proceso Revolucionario, es decir, de una teoría de la Revolución. Dicha labor hace mucho que está de forma superficial entre nuestros planes; pero no con el carácter e importancia que hoy le otorgamos, no en los términos que hoy entendemos que ha de darse, no con la comprensión que hoy tenemos de qué significa efectivamente su elaboración, no inserto dentro de un plan sistemático que aborde el conjunto de las problemáticas que han de ser tratadas y superadas en el camino de la Revolución.

La profundización que al respecto de esta nueva perspectiva estratégica desde hace tiempo se lleva desarrollando en nuestra organización, nos ha permitido constatar que no existe tal Plan para el caso estatal, sobre la base de cuáles son los elementos que hay que tratar y cómo han de tratarse para que pueda hablarse efectivamente de Plan de Reconstitución. Pues solo desde lo concreto se puede valorar con perspectivas reales la superación de lo existente. Dicho análisis nos ha conducido, en consecuencia, a comprender en lo particular hasta qué punto la naturaleza ideológica, política y orgánica del FRML se presenta como antagónica ante esta insoslayable tarea.

El primer y principal plano para entender cuán lejos estaba el FRML de servir a la que, señalamos, es la obligación fundamental de los comunistas, es el ideológico. Sin una orientación concreta, que marque objetivos, “amigos y enemigos”, prioridades y permita jerarquizar las tareas, es imposible un ejercicio de planificación y, por tanto, de realización de la Revolución. Todo lo que se desarrolle sin una claridad y una ligazón con unos elementos generales (para cualquier organización comunista del mundo) y particulares (para cualquier organización comunista en el Estado Español) del socialismo científico, supone viajar sin brújula ni mapa en un mar de incertidumbres, de desviaciones, de eclecticismo y, por ende, conlleva navegar hacia una derrota asegurada.

A partir de ahí, las demás mediaciones sobre las que se asienta la actividad de una organización (política y orgánica) no pueden sino verse arrastradas por tal carencia. Dando lugar a una producción ideológica desorganizada y desnortada; a un trabajo político sin bases firmes ni objetivos prefijados en el que prácticamente todo vale “si de alguna manera encaja con lo que hay que hacer”, siendo la determinación de “qué hay que hacer” radicalmente vaga; y a una realidad orgánica caduca que ha llegado a permitir la convivencia de “múltiples FRML”. Así, si el rumbo no lo marca una orientación ideológica revolucionaria, clara y concreta, en forma de Plan Político sistemático y totalizador, no queda sino que el rumbo lo marquen los ajustes y desajustes de la burguesía y el revisionismo. No queda sino marchar a la zaga de los pasos de aquellos a quienes, se supone, intentamos combatir. La pretendida política revolucionaria se convierte en un chiste que le ríe las gracias al enemigo de turno o que como mucho le hace cosquillas. Pero que no marca los ritmos, que no se mueve sino en el estrecho margen que aquél le da en su camino. Y que, por tanto, no tiene camino propio.

En un primer momento, tras clarificar un mínimo los nuevos elementos, pensamos que algunos cambios internos harían posible un viraje como el que nos planteamos, pero a medida que ahondamos en ellos y los fuimos enfrentando con la realidad de la organización nos dimos cuenta de que esto no era posible. Las propias bases sobre las que estaba asentado el proyecto habían dado lugar a una realidad política con una identidad propia que no tenía esencialmente puntos comunes con la nueva perspectiva, la cual se levanta sobre una comprensión radicalmente distinta de la ideología, la política y la organización. Se trata del viejo debate: Reforma o Revolución.

Se nos presenta como absolutamente necesario hacer valer nuestra proyección de futuro, pero el FRML es un obstáculo en su camino. Es, pues, imprescindible la disolución de dicha entidad. Ahora, debemos organizarnos sobre la base clara de qué es lo que tenemos que hacer, de cuál es el siguiente paso: la elaboración del Plan de Reconstitución del Partido Comunista en el Estado español. Por tanto, no es el fin de un proceso, pues la lucha sigue siendo la misma, sino de una etapa dentro del mismo, que nos permite dar lugar a una realidad superadora.

Los objetivos, ritmos y tiempos que nos hemos marcado nos imponen unas dinámicas de trabajo determinadas y en la medida en que los resultados nos lo exijan y permitan, actuaremos en consecuencia dando a conocer nuestro proyecto.

Esto es todo lo que hoy debemos y podemos decir sobre la nueva senda que estamos empezando a recorrer, guiados por el mismo espíritu que nos lleva inspirando desde nuestro comienzo: el necesario triunfo de la Revolución Comunista.

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