Respuesta a «Guardia Revolucionaria»: Parte VI, el FRML y la lucha feminista

La ‘cuestión de la mujer’ es el estudio de cómo son tratadas las mujeres proletarias en cualquier sistema político y socioeconómico —y de cómo se ha tratado su situación en las pasadas experiencias revolucionarias— desde la teoría marxista-leninista.

Antes de nada, el análisis materialista histórico no parte del “trato” a determinados grupos sociales. Parte de las condiciones y supuestos de la producción, que son también momentos de la misma. A su vez, se comprende el tránsito del carácter natural de estos supuestos a su consideración histórica. Lo que aparecía como supuesto natural se reproduce como producto histórico en la interioridad de la producción (Marx, Introducción general a la crítica de la economía política). Sin embargo, aquí delimitan el objeto de estudio a “cómo son tratadas las mujeres proletarias”. Esta consideración es errónea por dos motivos. En primer lugar, el trato pone énfasis en el carácter consciente (por parte de quien las trata) de la relación social, no en su regularidad y necesidad bajo las sociedades clasistas. En segundo lugar, reduce a la mujer proletaria a algo “tratado”, a elemento pasivo.

Por si esto fuera poco, el definir la cuestión de la mujer como “el estudio de cómo son tratadas las mujeres proletarias en cualquier sistema político y socioeconómico” pone de manifiesto su absurdo teórico. Ni tan siquiera diferencian los productos de la producción histórica en general de los de la producción histórica determinada. ¿Existen acaso mujeres proletarias en otros “sistemas políticos y socioeconómicos” que no sean el capitalista? ¿Son los sistemas políticos configuraciones estatales al margen de los “socioeconómicos”? El proletariado, y la mujer proletaria como subgrupo de este es, así lo afirma el Manifiesto Comunista (con una traducción algo libre), el “producto genuino y peculiar” de la gran industria. Es un sinsentido hablar de “mujeres proletarias en cualquier sistema político y socioeconómico”, una imprudencia teórica que prepara el terreno a la mala, en este caso nula, praxis comunista.

Tanto para la economía política como para la cuestión de la mujer, la delimitación del objeto de estudio es condición de la profundización e investigación teóricas. Antes siquiera de haber profundizado en su objeto de estudio, los firmantes de la crítica adolecen de una conceptualización deficiente del mismo.

Es significativo que se limiten a entender esta problemática central exclusivamente como análisis de la configuración objetiva de su “objeto de estudio”, así como los análisis precedentes de este. Marxismo y marxismo militante son una sola cosa. No reducimos el marxismo a la actividad que puede llevar a cabo cualquier investigador social. Por ello, el estudio de las relaciones internas de un orden social dado va de la mano de la comprensión de sus condiciones de superación. Siendo esto así, debemos entender la cuestión de la mujer también como el esclarecimiento de las mediaciones necesarias para su incorporación (no independientemente a su pertenencia de clase) al único movimiento social, más amplio que cualquier otro (tanto por sus objetivos como por su composición), capaz de emancipar a la humanidad, y a las mujeres como parte de esta: el movimiento proletario revolucionario. No hay movimiento de transformación social, es decir comunista, que no sea clasista. La emancipación de la mujer obrera será obra de ella misma, (debe ser la propia mujer proletaria la que dirija su emancipación) incorporándose, eso sí, a las filas del proletariado revolucionario, con todas las posibilidades materiales que ello le abre. De lo contrario, no hay ni puede haber un movimiento exclusivamente de mujeres que vaya a emancipar a las mujeres, pues debería emancipar a la humanidad en su conjunto. Es solamente el movimiento comunista el único capaz de incorporar sin restricciones a la mujer a la política.

Este feminismo de clase se diferencia del feminismo burgués en cuanto a que este es un movimiento interclasista de mujeres, donde conviven en una misma lucha mujeres burguesas y proletarias.

Aquí se hace una distinción entre feminismo de clase y feminismo burgués afirmando que el segundo es interclasista, ya que en esta lucha conviven mujeres pertenecientes a distintas clases sociales. Esta lucha interclasista difumina las diferencias de clase en un intento de luchar por la “mujer en general”. Al mando de la ideología burguesa, el feminismo burgués lucha por los intereses de las mujeres de la clase dominante. Desde sus comienzos, el movimiento de mujeres se ha divido en dos direcciones diametralmente opuestas: una se organiza bajo las banderas de la burguesía y otra bajo las del proletariado, es por esto que siempre que las mujeres proletarias vayan a la zaga del movimiento feminista burgués, supeditarán sus intereses a los de la clase dominante.

Debemos señalar que caracterizar un movimiento según la procedencia de clase de sus componentes sería partir de un análisis totalmente antimaterialista, al entender que la composición de clase de un movimiento político determina el sello de clase de sus ideas. Nada más lejos de la realidad. En lo tocante a los intereses sociales y políticos propios de la clase obrera, lo fundamental de su caracterización nace de la dirección ideológicamente consciente, esta es, la ideología revolucionaria como máxima expresión del socialismo científico en su puesta primeramente analítica y, en segundo lugar, su capacidad transformadora en el terreno de la práctica. Esto se concretaría a través del papel del partido de vanguardia en su tarea de otorgar esa dirección proletaria consciente a lo real, pues es aquí donde la ideología proletaria se materializa. Cuáles son y cómo se llevan a la esfera de lo concreto esas ideas son los elementos que debemos tener en cuenta a la hora de diferenciar un movimiento u otro, y no la mayor o menor interseccionalidad de clase de sus sujetos. En consecuencia, el movimiento de liberación de mujeres debe plantearse desde la necesidad de reconstitución del Partido Comunista, a fin de otorgarle una visión superadora del marco de la sociedad de clases.

Ahora bien, a la visión del feminismo burgués se contrapone la del feminismo de clase, que se presenta como la teoría revolucionaria que emancipará a la mujer. Sin duda, la denominación puede llevar a pensar tal cosa. No obstante, nos encontramos ante una posición muy aceptada dentro del movimiento comunista, no solo en el ámbito feminista, sino en muchos otros: el de asumir teorías de forma acrítica e introducirlas dentro de la teoría marxista sin su necesaria transformación, es decir, eclecticismo. Reconocemos, como comunistas, que esto no es obra del azar, pues históricamente el movimiento comunista ha tenido serias deficiencias respecto al tratamiento de la cuestión de la mujer, dejando de lado esta y otras problemáticas y relegando su resolución al desarrollo natural del socialismo. Esta posición se sigue manteniendo en muchos destacamentos comunistas, fruto de su revisionismo y de su incomprensión del comunismo como cosmovisión.

Esta deficiencia teórico-práctica respecto a la cuestión de la mujer es lo que ha provocado que distintas corrientes que surgieron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX hayan sido asimiladas por un gran número de mujeres -tanto comunistas como no comunistas-. Ante esto, el movimiento comunista, en decadencia desde hace décadas, no se encontró con fuerzas de responder desde posiciones revolucionarias. Es por eso que en vez de desarrollar una teoría de la emancipación de la mujer desde el propio marxismo se ha puesto un “parche” con estas nuevas teorías, lo que provoca unas serias deficiencias teóricas que se reflejan en una práctica muy limitada.

Es por esto que nosotras compartimos la visión de Lise Vogel: «no necesitamos efectuar una nueva síntesis teórica entre el marxismo -o el socialismo- y el feminismo. Más bien, lo que debe hacerse es desarrollar la propia teoría marxista» (Lise Vogel, Marxismo y feminismo). Como comunistas somos dialécticas, entendemos que el marxismo no es una teoría acabada, completa y absoluta, sino que está en constante desarrollo. Las condiciones históricas cambian, las relaciones sociales no son las mismas que hace cien años, la condición de la mujer ha variado. Por todo esto, el marxismo debe seguir desarrollándose con nuevos aportes. No se trata de rechazarlos totalmente, pero tampoco integrarlos de forma acrítica, sin estudio ni análisis ni transformación.

Finalmente señalar que ser comunista implica tener una cosmovisión proletaria, que se opone a la cosmovisión burguesa. Esta abarca todos los campos del conocimiento, y todos deben ser desarrollados desde el marxismo en pos de que el proletariado cuente con una herramienta para su propia liberación. Por supuesto, la cosmovisión comunista integra la lucha por la emancipación de la mujer. Nuestra lucha contra la burguesía debe ser en todos los campos y en todos los frentes. Luchamos contra toda forma de opresión.

Pero como bien se ha demostrado durante toda la existencia de las clases sociales, la burguesía siempre subordina al proletariado independientemente del sexo de los opresores y los oprimidos.

“Toda la existencia de las clases sociales” abarca buena parte de la historia de la humanidad y toda la historia escrita. En ella encontramos múltiples clases y antagonismos de clases y, en la mayor parte de ella, la burguesía no ha existido. Es complicado que “siempre” subordine al proletariado cuando este tampoco existía. O ignoran por completo el elemento y carácter histórico que define a clases y proletariado, o la torpeza de su redacción es mayúscula.

Es cierto, por otra parte, que esta subordinación de clase se da independientemente del sexo, por ser precisamente subordinación de clase y no de otra cosa. Pura tautología. Pero además esta afirmación sería falsa si obviamos que su configuración histórica acontece distintamente para hombres y para mujeres, para países dominantes y dominados, etc.

Es por esto que el feminismo siempre ha supuesto avances para las mujeres burguesas, pero no para las proletarias. Y la cuestión femenina, es como ya se ha dicho, el estudio de la opresión de las proletarias y su camino a la emancipación desde el marxismo.

Consideramos que el feminismo burgués sí ha supuesto un cierto avance para la mujer proletaria, sin embargo interno a la totalidad social que la mantiene en su condición de oprimida, y que muchas veces la refuerza.

«En conclusión, el capitalismo mediante la incorporación económica de la mujer sienta bases para su movilización reivindicativa; pero el capitalismo sólo es capaz de dar una igualdad jurídica formal a las mujeres, en modo alguno puede emanciparlas» (Movimiento Femenino Popular, El marxismo, Mariátegui y el movimiento femenino).

En otras palabras, los avances para las mujeres proletarias solo han venido de la mano de las mejoras legales dentro del Estado burgués y por tanto únicamente en el plano formal y jurídico del mismo. Porque entendemos que los avances formales tienen como límite las relaciones burguesas, tanto económicas como ideológicas sobre las que se asientan, sabemos que estos avances también están sujetos a retrocesos. Cuando las contradicciones económicas se intensifican, los avances reconocidos formalmente también pueden retroceder, demostrándose así que la extensión de derechos democráticos solo puede ser sostenida por la burguesía cuando estos no entran en contradicción con sus propios intereses corporativos.

Avances que están limitados a mejoras formales en tanto que no exista un partido revolucionario que no solo tenga en cuenta estas mejoras de carácter democrático, sino que yendo un paso más allá, revolucione las relaciones tanto económicas, políticas e ideológicas burguesas para superarlas cualitativamente y así poner las condiciones, desde la extensión de Nuevo Poder, de la emancipación de la mujer.

Por otra parte, el feminismo de clase no deja de ser feminismo y lo anterior resulta contradictorio con la afirmación posterior que sostiene que “el feminismo de clase ha conseguido grandes avances revolucionarios para las mujeres proletarias”.

El feminismo de clase ha conseguido grandes avances revolucionarios para las mujeres proletarias (sic!). Basta echar la vista atrás para recordar los Movimientos Populares de Mujeres o destacamentos femeninos de las pasadas experiencias, en Perú con Sendero Luminoso y en la China Popular. Las mujeres que vivieron esta historia se abrieron camino a su emancipación desde el marxismo-leninismo, lideradas por el Partido Comunista y sin recurrir al feminismo (sic!).

El discurso que sostienen da cabezadas aturdido. Primero se afirma que el feminismo de clase ha conseguido grandes avances revolucionarios para las mujeres proletarias e inmediatamente se afirma lo contrario: que las mujeres que vivieron esta historia se abrieron camino a su emancipación desde el marxismo-leninismo y sin recurrir al feminismo.

Esta alabanza hacia el feminismo de clase vuelve a dejarnos clara la falta de cohesión ideológica con respecto a la cuestión del feminismo por parte de las autoras de la crítica. No obstante, Jiang dejó muy claras sus posiciones en un texto que redactó y publicó en un espacio de confrontación ideológica al que tiene acceso la organización en su conjunto, posiciones antagónicas con partes del confuso desarrollo teórico que ahora ella misma firma. En un extracto de dicho escrito, titulado ¿Feminismo o marxismo?, Jiang sentencia lo siguiente:

«Feminismo y marxismo son ideologías irreconciliables. Hablar de feminismo y marxismo nos da a entender que existen dos sistemas opresores paralelos, el patriarcado y el capitalismo, y nos lleva al idealismo de que puede existir esa unión femenina interclasista que acabará con la opresión de la mujer. Las feministas burguesas pueden aspirar a un marco de igualdad que tan solo será una parte igual de la desigualdad. Pueden conseguir el mismo salario que los hombres, el mismo poder que ellos, la misma posición que ellos dentro del sistema burgués: las mujeres burguesas serán igual de opresoras que los hombres burgueses.

Por todas estas razones no existe un “feminismo de clase”, porque el feminismo, lleve el apellido que lleve, siempre pertenece a una ideología, la ideología burguesa, y consecuentemente con su ideología, sirve a los intereses de las mujeres de la clase burguesa. Las feministas autodenominadas marxistas, deberán elegir entre ser feministas o ser marxistas-leninistas».

Como podemos observar, las personas que tanto señalan la importancia de desarrollar una línea firme en la cuestión de la mujer, tienen un discurso que es de todo menos firme. Estamos desconcertadas de que en tan pocas líneas puedan acumular tantas contradicciones con respecto a su visión de esta cuestión, y que pretendan presentar estos párrafos como algo coherente.

El FRML siempre ha mostrado un tonteo con el feminismo burgués hasta ahora, por lo que hemos podido comprobar. De todas maneras, anteriormente tampoco le daban un mínimo de importancia y eso explica bastantes cosas que vamos a exponer. Refrescando lo mencionado antes. La camarada Jiang criticó que nunca se trabajaba la cuestión de la mujer o el feminismo en las reuniones.

Ya de primera mano podemos comprobar una extraña contradicción que nos ha resultado llamativa. Se afirma al mismo tiempo que, por una parte, siempre hemos demostrado un tonteo con el feminismo burgués y, por otro lado, que no le dábamos importancia al feminismo. Las vacilaciones en la crítica de Guardia Revolucionaria son constantes, no solo en materia de teoría (como hemos mostrado más arriba) sino incluso en los propios argumentos de crítica contra el FRML.

Respecto al supuesto desinterés por la cuestión de la mujer, queremos recalcar de nuevo que, precisamente en la práctica, no se daba. Ya fuese tratando algún material, asistiendo a actos sobre feminismo, comentando en las reuniones continuamente la situación del movimiento feminista y la del feminismo dentro del MCEe, en conversaciones con diferentes camaradas, etc., con la premilitancia siempre se terminaba por abordar esta cuestión.

Y esta era la actividad que podía percibir Jiang como premilitante ya que, en la propia militancia, el tema de la cuestión de la mujer también era y es recurrente, y las militantes discuten asiduamente sobre diversos aspectos de esta problemática. De nuevo, de lo que ella no tenía conocimiento resulta que no sucedía, y aun así pretenden aleccionarnos sobre qué es el centralismo democrático.

Creemos firmemente que las comunistas deben predicar con el ejemplo. Antes de criticar a las demás algo, debemos mirar en nosotras mismas la posibilidad de criticarnos eso mismo. Conocer y aplicar a una misma lo que se pretende aplicar a las demás no es una mera cuestión moralizante, es esencialmente la vía al conocimiento concreto de lo que implica aquello que señalamos. A este respecto en la Parte V ya expresamos:

«Por otra parte, si el feminismo no ha sido abordado con la importancia que le corresponde no ha sido, entre otros elementos, sino por el pasotismo de varias camaradas encargadas de ello, como Deliaida, firmantes de la propia crítica. Es verdad, y somos conscientes, que este tipo de deficiencias debieron ser criticadas en su momento con mayor contundencia. Otra de las camaradas que componía la Comisión Feminista reconoció precisamente la falta de implicación y dirección de la propia Comisión por parte de Deliaida. Precisamente sobre la base de este balance y en función de las nuevas perspectivas de trabajo, la Comisión volvió a reestructurarse y ahora está en funcionamiento. Es fundamental la implicación para con las responsabilidades que cada una tiene. Sin esto, las palabras son letra muerta. Y precisamente aquellas que hoy alzan la bandera de lo revolucionario y se atreven a criticarnos por no abordar la cuestión de la mujer, son quienes menos legitimidad tienen para decir esto, pues ha sido en gran parte responsabilidad suya el que no hayamos estado a la altura de estas tareas. Evidentemente, nosotras como organización también tenemos responsabilidad en este sentido. Sería iluso no reconocerlo o negarlo. Pero a nuestro parecer, aquellas que menos han aportado, realmente son las primeras en criticarnos los errores a los que ellas mismas han contribuido. Lo que no hace inexistentes estos mismos errores» (Respuesta a «Guardia Revolucionaria»: Parte V. La crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas). (1)

Después de mucho insistir y hacer llegar su voz a los oídos sordos que hacían quiénes decidían qué se debe tratar, mandaron el primer texto que se encontraron de Kollontai para complacer a la camarada y que dejara así de insistir.

Esta afirmación de nuevo muestra (y es algo que hemos reiterado en nuestras respuestas) que si algo no estaba en su constancia, era que no sucedía o que se hacía de manera arbitraria. Cuando comentan: “después de mucho insistir y hacer llegar su voz a los oídos sordos que hacían quiénes decidían qué se debe tratar” dan a entender que se hacía caso omiso a las críticas que nos realizaban las premilitantes. Esto ha quedado ya reflejado en un material previo, en un audio de una reunión en la que se explica a las premilitantes lo valioso de sus críticas. Mas no solo eso. En el momento en el que la ex-camarada le hizo saber esto a una de sus encargadas, esta se lo comunicó inmediatamente a la dirección de Madrid, la cual eligió que se tratara en la premilitancia el texto de Kollontai de “Los fundamentos sociales de la cuestión femenina”. Este texto no se eligió porque fuera “el primer texto que encontraran de Kollontai”, sino porque consideraban que era un texto básico para iniciarse en la visión marxista de la cuestión de la mujer. No se “mandó” simplemente “para complacer a la camarada y que dejara así de insistir” sino porque asumimos que lo que nos señaló Jiang era justo.

Es nuestra obligación señalar o matizar de forma extensa las palabras “mandaron el primer texto que se encontraron de Kollontai para complacer a la camarada”. Por una parte, queda totalmente reflejado por las firmantes de la crítica que las encargadas de la premilitancia de Madrid no hicieron “oídos sordos” a las críticas por parte de la ex-camarada, sino que se tomaron en consideración. Por otra parte en la conversación del Anexo 1 se indica cómo las responsables de la premilitancia y la dirección de Madrid están valorando las críticas.

En caso de no haberse prestado atención a las críticas, no se hubiera tomado la decisión de mejorar la relación formativa militancia-premilitancia. No entendemos por qué, si el objetivo de su crítica era corregir una actitud incorrecta, en el momento en que se empezó a corregir (y superar el error) en la práctica se use el término “mandar”. Esta palabra refleja la dinámica que se mantiene en la enseñanza burguesa, en la que la profesora manda tareas a las alumnas y estas de forma inconsciente las asumen. Una comunista no puede tener esta actitud pasiva respecto a su formación militante. Y, si bien se demuestra iniciativa e interés al criticar cualquier aspecto de la formación, se muestra una actitud totalmente liberal si no se señala el desacuerdo con algún texto escogido y se asume desganadamente.

Como comunistas no entendemos que la formación colectiva sea una relación en la que algunas camaradas manden sobre otras o tomen únicamente un papel de profesoras. Entendemos la formación colectiva como una dinámica donde todas las camaradas enseñan pero a la vez aprenden de las cuestiones tratadas. Es decir, que son a la vez profesoras y alumnas.

«Nunca debemos fingir lo que no sabemos; “no hay que sentir vergüenza de consultar a los de abajo”, por el contrario, debemos escuchar las opiniones de los cuadros de los niveles inferiores. Ser alumno antes de llegar a ser maestro. Consultar a los cuadros de abajo antes de dar órdenes» (Mao, Métodos de trabajo de los comités del Partido).

«Los comunistas deben asimismo dar ejemplo en el estudio. En todo momento, deben ser alumnos de las masas populares a la vez que sus maestros» (Mao, El papel del Partido Comunista de China en la guerra nacional).

También decir, que la camarada Deliaida era la responsable de reunirse con GKB en nombre del FRML para elaborar trabajo teórico sobre el tema de la mujer, con el fin de en un futuro poder crear una plataforma, charla, conferencia, escrito público… Sobre el asunto. Cuando la camarada salió de la organización, el FRML mostró la importancia que se da a la cuestión de la mujer, cortando las relaciones con GKB, dejando así el trabajo realizado en vano.

Esta narrativa es absolutamente interesada. Antes de nada, es necesario aclarar que esa relación con GKB no fue en ningún momento satisfactoria. La propia Delia lo manifestó múltiples veces. Por otra parte se asumía como un trabajo individual de la persona encargada, que además se llevaba a cabo sin dedicación (no se leían los textos establecidos, se reiteraban en la misma temática sin avanzar un solo paso en todos los meses de trabajo, etc.). Tras la salida de Delia y un balance de la trayectoria y la actualidad de ese trabajo, se decide abandonar no porque esté ausente la única persona que se interesase por él (como aquí se dibuja), sino porque no era un trabajo rentable, que se llevase a cabo en base a objetivos políticos fijados y que sirviese a ellos. Se sostiene aquí que es muestra de la poca importancia que se le da a esta cuestión, cuando es precisamente lo contrario. Si se quiere abordar esta cuestión con la máxima seriedad que merece, no puede basarse ni apoyarse en un trabajo que no es efectivamente comunista.

Y como es típico del centrismo, dejaban pasear por la organización diferentes líneas ideológicas respecto al feminismo y la cuestión femenina. Pero más característico era su desinterés por ambas cosas y eso es algo que se representaba en la práctica.

Ya se ha aclarado esto con anterioridad, y remitimos a lo redactado en la Parte V:

«Toda persona que se acerca a nosotras lo hace tras desenvolverse en un movimiento espontáneo y en una realidad social determinadas. Muchas de ellas traen consigo unos posicionamientos y unas concepciones ajenas al marxismo, algo que no debería extrañarnos: según lo dicho resulta ser un reflejo de la vieja sociedad en que nos encontramos y que debemos subvertir. Lo verdaderamente importante aquí no reside, pues, en las simpatías que determinadas personas sientan cuando ingresan o llevan poco tiempo premilitando en la organización, sino en el desarrollo consciente de una lucha ideológica por la superación de dichas posiciones que traen de partida. (…)

Para empezar a militar no se exige tener unos mínimos de formación, sino tener predisposición a formarse en el socialismo científico. Es en el desarrollo de la militancia donde se concreta la lucha de dos líneas, cuyo fin es lograr la unidad ideológica y política (unidad-lucha-unidad). Lo que se pide es compromiso con la revolución, tanto para formarse teóricamente como para hacer trabajo político, de manera que la militante pueda aportar a la organización y, a la vez, la organización a la militante» (Respuesta a «Guardia Revolucionaria»: Parte V. La crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas). (2)

Queda de manifiesto nuestra posición respecto a la lucha ideológica contra el feminismo burgués dentro del FRML. Como se ha señalado, es del todo natural que entren camaradas con una serie de posiciones erróneas -pensar lo contrario sería del todo idealista-. Nuestro deber es llevar a cabo la correspondiente lucha de líneas contra estas posiciones, algo que, por otra parte, se realiza de manera constante dentro de nuestra organización. Lucha consciente contra todo vestigio de la ideología burguesa y, por supuesto, contra el feminismo burgués.

Por otra parte, resulta cuanto menos curioso que en este mismo documento se acuse al FRML de centrismo por dejar “pasear por la organización diferentes líneas ideológicas respecto al feminismo y la cuestión femenina”. Ha quedado reflejado que no somos precisamente nosotras las que no tienen una posición firme sobre esta cuestión. En su crítica se dejan ver varias líneas ideológicas. Se defiende por una parte el feminismo de clase y por otra se defiende que la emancipación de la mujer viene de manos del marxismo-leninismo. ¿Qué posición de las dos defiende Guardia Revolucionaria? ¿Cómo es posible que Jiang -firme defensora de que todo feminismo es reaccionario- apoye lo que aquí se dice? Resulta evidente que se toma lo que más interesa de cada corriente en un vano intento de presentar una visión revolucionaria de la cuestión de la mujer. Además de criticarnos a nosotras precisamente aquello de lo que adolecen, pretenden sentar cátedra en un tema del que muestran, si no nula comprensión, un muy limitado conocimiento.

Los militantes narraban tan libremente cómo les gustaban las mujeres comunistas, de un físico determinado y que pensaran como ellos. Nada de lucha de dos líneas de por medio: mujeres tenían que ser moldeables a su gusto.

La valía de una camarada como cuadro revolucionario debe ser medida por factores muy diferentes a los roles que son asignados a las mujeres en esta sociedad, tales como su compromiso militante o su capacidad para el desarrollo de un determinado trabajo comunista. En ningún momento ninguna camarada ha de ser valorada por variables como su físico o por una “moldeabilidad” ideológica adaptada más a los gustos personales que a los intereses de la revolución. Quien lo haga, estará incurriendo en comportamientos profundamente reaccionarios que deberán ser combatidos desde el momento en que se detecten. Y no solo hemos de combatir conductas reaccionarias como esta desde el preciso instante en que las cometemos, sino también las raíces interiores que permiten que estas sigan reproduciéndose. Cada una de nosotras aún sigue impregnada de barro, y como hemos expresado en anteriores materiales, el proceso de transformación revolucionaria de la sociedad no puede darse aislado de la lucha consciente contra todo lo reaccionario que pervive en cada una de nosotras.

Más allá, entendemos que las militantes comunistas no podemos evitar el desarrollo de sentimientos de afecto o de atracciones personales en nuestros espacios de trabajo. Si bien la confluencia ideológica y el trabajo político con otra persona pueden generar una vinculación que permita el desarrollo de diversos sentimientos, la “moldeabilidad” de la otra persona no puede ser algo que determine el surgimiento de ese afecto. Esto reflejaría la reproducción de unos roles de dominación contra los que hemos de luchar.

Las actitudes que aquí se critican serían verdaderamente graves, pues se estaría cayendo en una completa cosificación de las camaradas mujeres. Solo se concreta en una situación determinada una actitud de estas características, que comentaremos a continuación. Nosotras, como ya hemos expresado, consideramos fundamental luchar contra dichas actitudes y contra las raíces que las generan, y así lo aplicamos en nuestra praxis militante diaria.

Un miembro del CC, Miguel Ángel (sic!), intentó ligar con una comunista diciéndole que, por su grado de formación, le estaba enamorando. Lo que el FRML no quiere entender es que las mujeres nos formamos en el marxismo-leninismo porque nuestro objetivo es la emancipación de la humanidad, no para enamorarles. Una camarada de las aquí presentes se encontraba delante de tal vergonzosa situación. Le criticó pues esa actitud alegando que los espacios de debate no son espacios de ligoteo, a lo que Miguel Ángel contestó que no sabía de qué hablaba, hasta que repitió el llamativo proceso de autocrítica-confesión mencionado anteriormente, pues no vimos ningún cambio en torno a esto (sic!).

Lo primero de todo señalar la ignorancia de las firmantes de las críticas, o la tergiversación consciente, pues el camarada Miguel Ángel nunca ha estado en el Comité Central. Explicado esto pasamos a esclarecer los hechos.

Ya que las firmantes de la crítica no especifican ni contextualizan “el espacio de debate” al que se refieren nos vemos con la obligación de hacerlo nosotras. El grupo en cuestión se le conoce por el nombre de “Formación Comunista”. Es importante tener en consideración que dicho grupo no es la organización, y por lo tanto no todo el que pertenece a dicho grupo pertenece a la misma. Es un espacio donde hay veces que se plasman debates extensos sobre diferentes cuestiones tanto formativas como de actualidad, pero otras veces adquiere dinámicas de un grupo más informal. En definitiva, no es únicamente un espacio de debate como tal, sino un espacio para elementos interesados en el comunismo que da la posibilidad de debatir de forma colectiva.

La crítica se refiere a una camarada que entró en un grupo de Telegram el 26 de noviembre de 2015. A esta camarada se le hizo una pregunta sobre feminismo, la cual respondió de la siguiente manera: “El comunismo busca la liberación de las clases oprimidas. La mujer está entre esas clases. Denominarse feminista y comunista me parece una redundancia absurda y que acaba llevando a la mayoría de mujeres al revisionismo”. Varios mensajes después, tanto de otros camaradas como de Miguel Ángel, este último respondió: “Nos estás enamorando jaja”, a lo que la camarada respondió sin darle importancia a lo señalado.

Tiempo después, en concreto el día 24 de diciembre de 2015, Jiang le señala esto al camarada, y Miguel Ángel reconoce que es una actitud incorrecta. Adjuntamos en el Anexo 2 la breve conversación que tuvieron sobre esto.

Aclarados los hechos, decir que coincidimos plenamente con lo señalado: “Las mujeres nos formamos en el marxismo-leninismo porque nuestro objetivo es la emancipación de la humanidad, no para enamorarles”.

Reconocemos que todavía en gran parte del MCEe se reproduce la conducta reaccionaria de ver a las mujeres comunistas únicamente como apéndices de los hombres comunistas, cuando se las debe ver como camaradas en iguales condiciones, ya que forman -y deben formar cada vez más- parte activa de la revolución. Si esto no es así, no podría considerarse la consecución una revolución socialista. Pues precisamente las mujeres, mitad de la clase obrera, no serían partícipes de la lucha contra sus posiciones de doblemente oprimidas en el capitalismo patriarcal. “Si la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo, el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer” (Inessa Armand). Ante esto, se agradece a Jiang que hiciera esa crítica pues el camarada ha superado una serie de concepciones erróneas que tenía, y se insta a que se señalen y se combatan estas actitudes por parte de todo el movimiento.

Ahora bien, por una parte se dice que el camarada repitió un discurso vacío sobre la “autocrítica-confesión”. Sobre esto se ha confrontado ya en comunicados anteriores:

«En la crítica por su parte se nos acusa de hacer un ejercicio de “confesión religiosa” del estilo de reconocer nuestros pecados en el momento y volver a cometerlos posteriormente sin ningún reparo. Ante una crítica justa, las comunistas debemos realizar una autocrítica, que no es más que un proceso de superación de limitaciones en la práctica. Sin embargo, en el momento justo en el que se nos señala, lo único que podemos hacer es iniciar este proceso de autocrítica mediante un reconocimiento, verbal o escrito, de esta actitud y su intención de superación» (Respuesta a «Guardia Revolucionaria»: Parte V, la crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas). (3)

Además, se da a entender de esta equivocación del camarada que en el FRML se defiende que las mujeres están únicamente para enamorar a los hombres. Incluso se afirma que “no vimos ningún cambio respecto a esto”. ¿A qué se refieren? ¿Dónde, cuándo y con quién se repitieron estas actitudes? Si no es así, ¿a qué viene esto? Más acusaciones vacías. De nuevo, extrapolar una situación concreta a la completa realidad de una organización comunista. Somos al final nosotras las que, reiteradamente, tienen que aportar todas las pruebas de las acusaciones que se nos hacen. Tanto para demostrar las que son falsas, como para demostrar las que son ciertas.

El FRML permite estas actitudes por “no ser graves”, por “no tener importancia”… Resumidamente, por “no ser malas actitudes”, a su ver. Es un desprecio a las comunistas contestar con intentos de seducción a las posiciones que exponen las camaradas en el debate.

Esta vez ponen entre comillas frases con la intención de atribuírnoslas, para intentar reforzar esa imagen que vagamente intentan proyectar de nosotras. Pero una vez más, son acusaciones sin base alguna, por lo que deberán aportar las pruebas sobre lo que nos acusan o quedarán de nuevo de manifiesto sus intenciones oportunistas.

Como ya hemos expuesto, coincidimos plenamente en lo reaccionario de estas actitudes y en la necesidad de una lucha consciente y colectiva para impedir que estas se reproduzcan. Está claro que un debate no se puede interrumpir con actitudes que rompan con su dinámica, pues esto únicamente serviría para que se perdiera el hilo y se transformara la formación en un simple monólogo donde la otra parte se lo toma a juego. Sin embargo, donde se daban estas actitudes no era en un espacio de militancia, sino en un grupo de debate de Telegram llamado Formación Comunista. Hay una diferencia cualitativa entre ambos espacios, pues uno está compuesto de militantes comunistas, y el otro, de diferentes personas que entran con un grado muy diferente de conciencia.

No negamos que dichas actitudes se reprodujeran en el grupo, mas de lo que se nos imputa es que desde el FRML se permitieran estas actitudes, cuando se han señalado con contundencia cuando se han cometido. En las ocasiones en las que no se señalaba había un debate posterior donde se discutía sobre estas propias actitudes y las implicaciones que tenían para una comunista. Pero como ya hemos dicho, este espacio de debate era un grupo de Telegram. Muchas personas que han pasado por él no reconocían sus actitudes o las reiteraban de manera consciente, y estas se seguían combatiendo. También hay muchas otras que en vez de señalar las limitaciones de las personas del grupo preferían salirse del mismo con diferentes excusas, en vez de luchar contra estas posiciones. Reiteramos de nuevo que muchas de las personas que entran en este grupo no eran ni son comunistas.

No obstante, como se ha señalado más arriba, el camarada Miguel Ángel rectificó sus actitudes ante la crítica de Jiang y de muchas otras personas, al igual que muchas otras componentes del grupo. Precisamente la formación comunista implica este tipo de cosas, superación individual a través de la colectividad. Sin duda este es un proceso complicado, y otras personas prefieren señalar con el dedo en vez de tender la mano.

Por otra parte, y al respecto de las dinámicas que se reproducen en este tipo de espacios, nos gustaría aclarar lo siguiente: no podemos realizar una separación mecánica entre la militancia y nuestras actividades más personales, pues si pretendemos constituirnos como comunistas debemos actuar como tales en todo contexto y situación de nuestro día a día. En todos los espacios en que una comunista puede tener presencia, ha de actuar como tal. Estaríamos cayendo en una forma de liberalismo si, en vez de hacer agitación y propaganda, de investigar o de conocer transformando a las masas, permanecemos indiferentes frente a ellas. Por ello, si participamos en un espacio donde hay presencia de personas que quieren organizarse para transformar la sociedad, tenemos que tener muy claro nuestros objetivos para definir correctamente nuestra praxis en el mismo.

Muchas personas, más allá de participar con un objetivo revolucionario en este tipo de espacios, persiguen únicamente la realización de determinados intereses individuales. Esto, a priori, no tendría por qué constituir algo negativo. Una persona, por ejemplo, puede ingresar en un espacio así buscando únicamente conocimientos históricos y teóricos. Sin embargo, a partir de determinados debates, se le podría acabar transformando, haciendo que subordine esas inquietudes individuales a los intereses colectivos, y que así se organice y trabaje en las filas revolucionarias aportando lo mejor de sí misma.

Hay otro tipo de personas, y es el caso que queremos abordar, que se dejan guiar por otro tipo de intereses individuales, valorando el establecer relaciones personales como un factor principal por encima del trabajo político que en dicho espacio se ha de realizar. Aquí cabría, además, realizar una distinción, pues algunas de ellas solo buscan su propio beneficio personal en materia de deseo sexual, una actitud profundamente reaccionaria que es y debe ser criticada desde el momento en que se detecte. Reiteramos, una vez más, que las camaradas “nos formamos en el marxismo-leninismo porque nuestro objetivo es la emancipación de la humanidad, no para enamorarles”; y por ello no vamos a permitir este tipo de actitudes ni en nuestras filas ni en ningún tipo de espacio en donde nos encontremos.

Como hemos recalcado en la mayoría de nuestros materiales, es del todo necesario constituir fuertes lazos de confianza revolucionaria y de afinidad entre las camaradas. La camaradería es el grado máximo de amistad, y los lazos que en ella se establecen han de ser construidos de la manera adecuada para que sean lo más fértiles posibles, contribuyendo así a la correcta consolidación y desarrollo de nuestra praxis militante. En ella, la vigilancia revolucionaria ha de ser implacable y el trabajo político incansable, para así evitar y combatir las actitudes reaccionarias que han sido señaladas.

Al igual que se toma en serio el compromiso de los camaradas, su militancia y su formación, también ha de ser así en las camaradas. Las organizaciones comunistas deben ocuparse con toda firmeza de que sus militantes no reproduzcan actitudes patriarcales.

Estamos totalmente de acuerdo con lo expresado en estas líneas. Como hemos plasmado ya a lo largo de nuestras respuestas, es necesario desarrollar una lucha consciente contra lo oscuro que aún permanece en nuestro interior. Hay que combatir tanto los comportamientos reaccionarios que seguimos teniendo, como las raíces que permiten que sigan reproduciéndose, en un proceso de transformación de toda la sociedad.

El papel de la colectividad en este proceso de transformación es fundamental, y la misma ha de aportar las herramientas -teóricas y políticas- necesarias para llevarlo a cabo. Es por ello que, todo destacamento comunista, debe desarrollar una línea política en torno a la cuestión de la mujer que permita superar las limitaciones en las que el MCI se ha mantenido históricamente.

En el mismo espacio de debate se encontraba, además del secretario ya mencionado, un militante con destacada rimbombancia en la organización, por su fuerza sobre esta: Manolo o, también conocido como “Unión Marxista”, por su cuenta de Twitter. Cuando salía como tema a debatir el machismo o la opresión femenina en el capitalismo, Manolo no dudaba ni un segundo en querer ser el protagonista, con frases tan llamativas como “¿y los hombres qué?”, dignas de un propio liberal; en otra ocasión chantajeó a un camarada para mantener relaciones sexuales con él y, ante su negativa, mostró un visible enfado.

En este párrafo observamos la cristalización de aquello que han realizado a lo largo de todo el documento. De manera claramente oportunista, continúan atribuyendo supuestas citas en boca de nuestras camaradas, pretendiendo conformar una imagen distorsionada de nuestra línea política y nuestra praxis militante. Intentan presentar como una crítica revolucionaria un material cargado de descontextualizaciones y valoraciones subjetivas, entrando en un juego que no ayuda en nada al esclarecimiento de los hechos y a una superación revolucionaria de los mismos.

Al respecto del tema del chantaje, referenciamos de nuevo a la investigación ya realizada sobre las acusaciones de violación que, anteriormente, recaían sobre el camarada Manolo (4). Como ya expresamos en nuestra declaración de intenciones (5), sabíamos que sobre él recaían determinadas acusaciones e hicimos todo lo posible por investigar a fondo lo ocurrido, para así poder alcanzar una solución revolucionaria de una problemática tan grave como esta.

En este material tampoco se concreta nada acerca del propio chantaje, con lo que seguimos atadas de pies y manos para poder avanzar en ningún tipo de investigación al respecto de las actitudes que el camarada pudo tener en la relación que mantuvieron. Entendemos todo el conjunto de condicionantes que pueden existir para que alguien que conoce o que directamente ha sufrido alguna situación de acoso o de violación no lo denuncie abiertamente, y por ello comprendemos que en este material se haya preferido no concretarlo. Sin embargo, en ningún momento han abierto una vía de comunicación privada que haya permitido esclarecer los hechos, rechazando asimismo todas las que nosotras hemos podido proponer para ello.

Además, este militante, defendía que el patriarcado oprimía por igual a hombres y a mujeres y, a veces, incluso más a los hombres. Tan pronto defendía esto como también defendía que el patriarcado no existe. En este espacio de debate se llegó al nivel de hacer llorar a una mujer que se iniciaba en el marxismo, hablando sobre los destacamentos de mujeres (y despreciándolos). Acto en el que estos dos militantes fueron protagonistas.

Una de las tergiversaciones más destacables de todas las presentes en el material se encuentra precisamente en este párrafo, cuando habla acerca de los posicionamientos del camarada Manolo con respecto a la cuestión del patriarcado. Entendemos que hacen referencia a las posiciones que defendió en el ya mencionado grupo Formación Comunista.

Actualmente, existen dentro del Movimiento Comunista múltiples corrientes teóricas que analizan la cuestión de la mujer desde perspectivas muy distintas. Por tanto, no se puede hablar de “patriarcado” en general, pues es una palabra que va ligada a la concepción que cada corriente tenga sobre dicha estructura. Algunas de estas corrientes no desarrollan sus análisis sobre la cuestión de la mujer desde una perspectiva marxista, y llegan a concebir el patriarcado como algo ajeno a la sociedad de clases. Estas posiciones van ligadas, por tanto, a una práctica limitada que, pese a sus buenas intenciones, no camina de manera adecuada hacia la emancipación de la humanidad en su conjunto. En palabras de Anuradha Ghandy:

«Ellas [feministas radicales y feministas socialistas] están restringiendo sus actividades prácticas a la organización de grupos pequeños, la construcción de comunidades alternativas, la propaganda general y la movilización en torno a demandas específicas. Esta es una forma de práctica economicista. Estas actividades en sí mismas son útiles para organizar gente en un nivel básico, pero no son suficientes para acabar con el capitalismo y llevar el proceso de emancipación de la mujer hacia delante» (Anuradha Ghandy, Scripting the Change).

El camarada Manolo nunca ha defendido posiciones como las que aquí se le pretenden imputar. Negar la existencia del patriarcado como una estructura ajena a la sociedad de clases no es, de ninguna manera, negar la existencia de una forma de opresión sistemática sobre la mujer. Aquello que él señaló en el grupo de Formación Comunista fue lo erróneo de concebir el patriarcado como determinadas corrientes actualmente hacen, destacando algunas de las problemáticas ideológicas que conlleva. Es necesario señalar lo erróneo de estas concepciones y desarrollar una lucha de líneas adecuada para que cada vez más personas superen dichas limitaciones teórico-políticas, incorporándose así a un verdadero movimiento revolucionario.

Para poder desarrollar una línea política firme y justa en torno a la cuestión de la mujer es imprescindible esclarecer, desde una perspectiva comunista, la cuestión del “patriarcado”, algo que resulta necesario para poder seguir caminando en el proceso de reconstitución que estamos llevando a cabo. Por ello, se está produciendo una labor de investigación, debate y lucha de líneas a muchos niveles diferentes en torno a esta y otras cuestiones que encontrarán una necesaria cristalización pública. Gracias a esta labor nos dotamos de herramientas cada vez más eficaces, que nos permiten y nos permitirán seguir luchando por el fin de toda forma de opresión.

Por último, el debate al que se hace referencia al final de su párrafo se inició hablando acerca de los espacios no mixtos. Más adelante, en este material, hablaremos sobre los mismos en mayor profundidad, entrando ahora únicamente en lo referente al propio debate. Entre las cuestiones que se trataron sobre los espacios no mixtos, se encontraba el hecho de la empatía que puede existir entre las camaradas a causa de la opresión a la que son sometidas. La mujer, en concreto, encontró en un espacio no mixto mucho apoyo y comprensión a la hora de socializar sus problemáticas. En ningún momento se trató de despreciar este tipo de destacamentos, como se indica, pero al tratarse de una cuestión tan delicada y al no abordarse con toda la sensibilidad necesaria, se provocó así una reacción en la compañera que nunca debió haber sucedido.

El seguidismo que se da en el FRML hacia los militantes más altos, da lugar a que nadie criticara estas actitudes estando en desacuerdo o no y, como consecuencia, poniendo a la orden del día hechos de este tipo. Hacer caso ciego a los “jefes” de la organización, interiorizando el elitismo y defendiendo este argumentando que ellos son los más formados en marxismo. La figura de jefe ha de ser abolida, y el elitismo no tiene cabida en las organizaciones que realmente son comunistas.

Primero veamos, en oposición, qué dice la tradición marxista al respecto de la figura del “jefe”: «los alemanes han alcanzado ya suficiente desarrollo del pensamiento político, tienen suficiente experiencia política para comprender que, sin “una docena” de jefes de talento (los talentos no surgen por centenares), de jefes probados, preparados profesionalmente, instruidos por una larga práctica y bien compenetrados, ninguna clase de la sociedad contemporánea puede luchar con firmeza» (Lenin, ¿Qué hacer?). Además, para no dar lugar a equívoco, asevera: «Ninguna clase ha alcanzado en la historia instaurar su dominio sin promover a sus propios jefes políticos, a sus representantes de vanguardia, capaces de organizar el movimiento y dirigirlo» (Lenin, Tareas urgentes de nuestro movimiento). Tras su crítica, en apariencia a cierto elitismo, se esconde un odio anarquizante, producto de la concepción pequeñoburguesa de la organización, hacia la forja de jefes políticos de la clase, de su vanguardia consciente. Afirmando “la figura de jefe ha de ser abolida” pasan directamente al campo enemigo del marxismo, cuya bandera dicen alzar para defender, y defender para aplicar. Aquí se refleja a la perfección, en esta cuestión organizativa particular, la perspectiva pequeñoburguesa que engloba toda la crítica, y que omite deliberadamente todo lo asociado a nuestros posicionamientos ideológicos.

Sin embargo, las acusaciones no reflejan la realidad de nuestra organización. El FRML es relativamente joven y en nuestro seno no se encuentran todavía revolucionarias profesionales a las que poder adoptar como “jefes”, por lo que nunca se ha intentado perpetuar esta figura dentro de la organización. De nuevo, las firmantes de esta crítica lanzan una acusación al aire sin aportar prueba alguna. Si en algún momento se ha dado una situación como ellas describen nos sería de gran ayuda que se nos informara al respecto, dado que es una actitud que hay que criticar para poder avanzar colectivamente. En una organización que se pretende comunista no se pueden permitir los hechos que aquí se señalan.

En el FRML hemos sido espectadores de una gran variedad de actitudes reaccionarias contra las mujeres.

En una sociedad en la que se dan con regularidad actitudes reaccionarias no es posible dejar de ser espectadores de las mismas, no es posible suprimirlas cuando se producen, bajo las condiciones sociales actuales, como por necesidad natural. Lo relevante, sin embargo, es la actitud que se toma hacia estas, con qué consecuencia y firmeza se combaten, así como los elementos que se ponen sobre la mesa para evitar que se repitan, y la política que se lleva a cabo para acabar con las relaciones sociales que se desprenden de las relaciones de producción actuales y que son su garantía.

En base a lo anteriormente dicho, no podemos evitar que se den este tipo de actitudes pero, cuando han sido detectadas colectivamente, hemos actuado con total contundencia, en aras de superar dichos errores. Vemos necesario señalar también cómo la crítica se eleva a nivel de la organización en base a unos hechos que se han dado en una célula concreta y en un momento determinado, dejando patente que la voluntad de este material no es superadora, sino más bien oportunista, farsante y difamadora.

Un militante conocido como Samuel (y Tauk o Csundanderes por las cuentas que ha usado y usa en Twitter) reproducía preocupantes actitudes con el objetivo de tener sexo, actitudes de las que el FRML se desentendía. Este militante mantenía una relación de pareja con la camarada Jiang. Samuel le insistía sin descanso para tener sexo con ella, pidiéndole explicaciones sobre por qué no quería, pues no aceptaba sus “no”. Se vio obligada entonces a darle razones, explicó que por las consecuencias que tuvieron en ella una reciente violación no estaba preparada para tener sexo. Aun así, alegaba que era su novia y tenían que tener sexo. El FRML justificaba esto con que este militante era un principiante en las relaciones de pareja y que había que entenderle. No se le llamó la atención siquiera. La organización hacía tantas veces ojos ciegos a estas actitudes, y oídos sordos a las críticas de la camarada (sic!), que el militante no tuvo ningún obstáculo para convertirse en un agresor sexual.

Sobre Samuel, ex-militante, ya hemos emitido un comunicado en el que criticamos sus actitudes reaccionarias, tanto con Jiang como respecto a su militancia. Igualmente, hacemos autocrítica en lo que concierne a nuestra deficiente, en muchos aspectos, forma de actuar respecto a la relación que mantenían. Reiteramos la crítica hacia Samuel en este aspecto. Presionar a cualquier persona para tener sexo se encuentra enmarcado dentro de la lógica reaccionaria del patriarcado, que reproduce la estructura de dominante/dominada. Como comunistas debemos ser, por tanto, mucho más conscientes de ello y combatir todo comportamiento burgués de forma mucho más contundente. En estos párrafos se critica concretamente las insistencias sexuales de Samuel:

«En esta sociedad clasista se sobreentiende que el establecer una relación de pareja permite a la parte dominante, en este caso masculina, exigir consideraciones especiales (a la parte dominada) en muchos ámbitos. Uno de ellos es el de la sexualidad. Se entiende que si una persona mantiene una relación de estas características está obligada a mantener relaciones sexuales con su pareja, y socialmente se le constriñe para ello. Poco importa la voluntad de ambos individuos. Poco importan los condicionantes subjetivos de aquella persona que se ve sometida a esta exigencia -tales como antecedentes traumáticos o complejos sobre una misma-. Poco importan las consecuencias que de esta presión pueden derivarse.

Samuel, haciendo uso de este beneficio otorgado, insistió continuamente en mantener relaciones sexuales con Jiang. En ningún momento aceptó su negativa a la hora de mantener sexo, algo que ella manifestó de diversas formas, tanto verbalmente como por medio del lenguaje corporal. En vez de respetar esta negativa, que era suficiente por sí misma, requirió de una explicación para saber por qué ella se negaba. Además, él fue conocedor en septiembre de la violación que ella sufrió, algo que no impidió que siguiera presionándola para obtener el beneficio sexual que buscaba» (Una falsa autocrítica: sobre el ex-camarada Samuel). (6)

Estos comportamientos, como cualesquiera igualmente reaccionarios, no son justificables de ninguna manera. No conocemos cual fue la conversación concreta en la que se pretendió justificar a Samuel por su inexperiencia. Pero en el caso de haberse dado, esto constituiría un gran error. Las camaradas, lejos de tratar de respaldar estas actitudes, debemos criticarlas abiertamente. De no ser así, no seremos capaces jamás de superar nuestros comportamientos burgueses. Como comunistas asumimos la crítica y la autocrítica como un principio a seguir, y es algo que se desarrolla en todas las instancias de la organización. De lo contrario, el liberalismo camparía a sus anchas haciendo estragos entre nosotras como revolucionarias, impidiendo el correcto avance de la colectividad.

Todas las relaciones dentro de esta sociedad están íntegramente influenciadas por la ideología dominante. Es nuestro deber como comunistas saber identificar y combatir las conductas ajenas a la visión revolucionaria. Y, sobre todo, educarnos para que cada una de nosotras pueda combatirlas de manera eficiente. Es por esto, que la colectividad es un factor vital en las relaciones personales entre comunistas -o entre comunistas y personas que no lo son-. Juega un papel mucho más relevante de lo que la lógica burguesa individualista tiende a hacernos pensar.

Sin duda debemos hacer autocrítica por la falta de flujo de información, necesaria para haber actuado contundentemente en esta relación de pareja. Aunque las encargadas directas de la premilitancia de Jiang y la dirección de Madrid no conocieron cual era la situación de esta relación, es cierto que Jiang informó acerca de determinados comportamientos reaccionarios de Samuel a algunas camaradas. Estas deberían haberlo transmitido a las instancias adecuadas para que la organización fuese capaz de actuar en respuesta a esta problemática.

Cabe destacar que también trataba a la camarada como si fuera una propiedad privada suya, algo de lo que el FRML estaba al tanto pero que también en esto se desentendía. Vía Telegram, abría una conversación privada con camaradas que, en ese entonces, también militaban en el FRML (Galander y Pavka), para decirles que Jiang era su novia, que la camarada debía serle fiel y leal. Cuando la camarada le dejó claro que no iba a darle sexo, Samuel decidió cortar la relación alegando que solo estaba con ella para no estar solo. Acto totalmente repugnante y despreciable. Pero además, este militante, le contó a la camarada que “le costaba concentrarse con las camaradas cerca”. Es decir, que trabajando con ellas o simplemente estando a su lado, solo pensaba en tener sexo con ellas. También contó que cuando iba a encontrarse con alguna camarada, iba en parte con la intención de al menos liarse con ella.

Para extendernos más en la percepción que Samuel tenía de propiedad privada sobre ella, reproducimos los párrafos del documento de crítica al ex-camarada en los que hablamos sobre ello:

«Samuel desarrolló, fruto de la concepción que realmente tenía interiorizada sobre las relaciones de pareja, un fuerte sentimiento de propiedad sobre Jiang. Además de las despreciables actitudes paternalistas y condescendientes que hemos relatado más arriba, también cometió otros fuertes comportamientos reaccionarios sobre ella, ejerciendo un control y un seguimiento de su actividad en extremos obsesivos. No respetó su intimidad en ningún momento, ni su derecho a relacionarse sin su control continuo.

Debido a esta necesidad de control, manifestó en todo momento una actitud celosa que llegó a ser obsesiva. Los celos, en las relaciones de pareja, no son únicamente un producto surgido de la incapacidad de ejercer un determinado control sobre lo que es considerado como propiedad; sino que constituyen, a la vez, un mecanismo de control en sí mismo. Frente a determinados sucesos en la relación, desarrolló sentimientos de celos cada vez mayores, y estos, a su vez, los exteriorizaba con ella como mecanismo de chantaje emocional, para asegurarse esa parcela de control que sentía amenazada, y con ella su “masculinidad”. (…)

Y esto va más allá, pues dice que “sentía una fuerte ansiedad posesiva que se ocultaba bajo un sentimiento de inferioridad con respecto a posibles ‘rivales’ amorosos/sexuales”. Es aquí donde se muestra el punto álgido de las actitudes celosas: la mujer es vista como algo a conquistar y a proteger frente a otros “rivales”, frente al resto de propietarios. También se le señaló, en varias ocasiones, el hecho de que esa rivalidad o sentimiento de competencia se diera únicamente con hombres, como él mismo sentencia en los materiales, diciendo, por ejemplo, que tratará de “obviar al resto de hombres con quien pudiera estar la otra persona”. De nuevo, aquí se reproduce otra actitud patriarcal que no ha sido capaz de reconocer: además de identificar a las personas con quien ella hablaba como amenazas de su pretendida propiedad, estas personas eran en su mayoría hombres. (…)

No obstante, incluso si no tuvieran una relación abierta, en ningún caso es considerable prohibir o controlar el relacionarse con otras personas. Aun así Samuel sentía unos profundos celos por la actual pareja de Jiang, y progresivamente “aumentaría en mí las dudas y acrecentaría mi posesividad”, en palabras suyas. A pesar de ser una relación abierta, Samuel seguía manteniendo las ideas de posesividad hacia ella, marcando territorio frente a sus “rivales”. Esto queda perfectamente reflejado cuando dice “pensaba entonces que si eramos novios, por muy relación abierta que fuese, novios eramos, y que a sus buenos amigos tendría que comunicárselo”. Esto demuestra su concepción patriarcal de las relaciones, en la necesidad de “marcar” a su pareja y, así, tenerla bajo control: que todos supieran que es su novia, su propiedad» (Una falsa autocrítica: sobre el ex-camarada Samuel). (7)

Es cierto que la información que por entonces la organización manejaba era limitada. Por un lado, existe gran parte que no hemos conocido hasta que Jiang se ha marchado y la ha publicado, o hasta que Samuel ha redactado sus pretendidas autocríticas. Por otro lado, información que ella transmitió a camaradas estando dentro de la organización no fue a la vez comunicada a las instancias capaces de actuar en consecuencia. Y entre los por entonces camaradas que imposibilitaron dar una respuesta a las actitudes reaccionarias de Samuel, se encuentran precisamente Galander y Pavka. Uno de ellos, firmante de esta crítica. Un mensaje en el que un camarada te dice que su novia “ha de serle fiel y leal” ha de abordarse con la seriedad que merece. Las militantes deben informar por las vías existentes a las direcciones que, por tener una perspectiva más global del colectivo, pueden considerar cual es la mejor respuesta ante cada situación, cosa que ellos no hicieron.

Por otra parte, no cabe duda de que la actitud de Samuel no es la de una comunista cuando afirma que “le costaba concentrarse con las camaradas cerca”. Un error que reprodujo él, y que es común en el movimiento comunista, es el de considerar a las mujeres como un mero apéndice de la revolución. Inconscientemente (o conscientemente, según el caso) se mantiene la idea de que las mujeres no pueden ser un elemento activo dentro del proceso revolucionario. ¿Qué significa que él no se pudiera concentrar con las camaradas cerca? Su presencia turbaba a Samuel y le impedía realizar lo más diligentemente su trabajo político. Por tanto, se incurre en el liberalismo al prestar más atención a los deseos personales que a las exigencias políticas; al igual que se incurre en una actitud patriarcal, al cosificar a la mujer comunista considerándola como un mero objeto de deseo en vez de considerarla como una igual, como una combatiente de vanguardia.

El FRML tenía conocimiento sobre todo lo narrado (sic!), pero defendía las posiciones de este militante exponiendo que, como era la primera vez que mantenía una relación de pareja, no sabía cómo tratar a esta. Que como nunca había tenido sexo, no sabía cómo actuar para tenerlo por primera vez y que, por esa razón, había que entender y comprender su manera de actuar. No hay excusa que valga para legitimar el acoso y la dominación masculina y, muchísimo menos, en un comunista.

No conocemos la situación concreta a la que se refiere en la que nosotras apoyásemos las actitudes machistas de Samuel. De hecho, las camaradas de su colectivo no conocíamos apenas cuál era la situación de su relación. Nosotras, como comunistas, debemos comprender de dónde surge un problema como primer paso para abordarlo. De nada sirve la actitud liberal de pasar por alto cualquier tipo de comportamientos burgueses de las camaradas. Nuestro deber como comunistas es criticar estos errores y establecer las vías para su superación a través de la ayuda que brinden las camaradas más avanzadas a las que menos lo están.

Debemos señalar que estamos totalmente de acuerdo en que “no hay excusa que valga para legitimar el acoso y la dominación masculina y, muchísimo menos, en un comunista”. La ideología dominante está presente hasta en el más recóndito lugar del movimiento comunista. Esta reproduce el individualismo, el egoísmo, el idealismo y el amiguismo. Se considera más a una persona por tener una buena relación con ella que por su práctica real. Es normal que esto sea recurrente en la sociedad capitalista, pero desde luego que no se puede permitir en las filas revolucionarias. Como comunistas que somos, luchamos contra la ideología burguesa allí donde se presente. En el aspecto de las relaciones entre camaradas debemos tener especial vigilancia revolucionaria. El liberalismo puede trocar la relación de camaradería en una relación de pura amistad, destruyendo las bases políticas en las que se debe construir el vínculo entre comunistas. Creemos necesario sacar a colación nuestras palabras respecto a esto:

«La camaradería es el grado máximo de amistad. Una amistad revolucionaria, para con tus camaradas y tu clase en general. Pero en esa relación el elemento que domina es la cosmovisión revolucionaria, a la cual se ha de subordinar cualquier grado de afinidad personal con tal o cual individuo» (Respuesta a «Guardia Revolucionaria»: Parte II, precedentes críticos). (8)

Es por esto que, una cosmovisión revolucionaria se opone diametralmente a la concepción de amiguismo propia de la ideología burguesa. Lo político prima sobre lo personal. La crítica entre camaradas debe ser implacable, sea cual sea la simpatía que se sienta hacia la otra persona.

Los comunistas tenemos una alta consciencia que nos permite analizar sin demasiada dificultad la ideología que hay en los actos de las personas. Una organización que se autodenomine comunista, que conscientemente permite actitudes reaccionarias reproducidas por sus militantes, campa más por el camino a la reacción que por el camino a la revolución.

Al leer este párrafo, nuestra sorpresa no puede ser más mayúscula. Cuando hace apenas unas líneas han emitido unas acusaciones sobre elitismo hacia determinadas personas de nuestra organización, ahora afirman que “los comunistas tenemos una alta consciencia que nos permite analizar sin demasiada dificultad la ideología que hay en los actos de las personas”. De manera prácticamente automática, se atribuye a las comunistas una capacidad que, por el contrario, ha de ser forjada a través de un trabajo colectivo largo y costoso. Las comunistas no forjamos una “alta consciencia” de la nada; por medio de elementos como el estudio y el trabajo político, que llevamos a cabo inmersas en la colectividad revolucionaria, nos transformamos como comunistas.

En la sociedad de clases actual se desarrollan actitudes burguesas como reflejo de unas relaciones materiales concretas. Las comunistas somos hijas de esa sociedad y de esas actitudes, y saber identificarlas significa llegar a ese nivel de consciencia requiriendo de la totalidad de una cosmovisión que desde luego no surge espontáneamente, sino con la superación de nuestras contradicciones en el trabajo diario gracias a la lucha contra todo vestigio burgués. Un esfuerzo mayúsculo si comprendemos las limitaciones que encontramos en esa misma realidad que nos ha criado y de la cual no nos hemos -ni podemos- separar en el actual contexto.

Sin embargo, detrás de sus palabras se esconde una aclaradora confesión. Además de reproducir el elitismo que decían criticar, permiten comprender el cúmulo de actitudes liberales y reaccionarias que muchas de las firmantes cometieron en su paso por la organización. Estas fueron combatidas por nosotras desde el primer momento, pero para ellas, resulta mucho más sencillo centrar la atención en la paja en el ojo ajeno antes que hacer el trabajo mínimo necesario para combatir la viga en el propio.

Por un lado, como ya hemos explicado en anteriores documentos, el hecho de vivir en una sociedad en la que se reproducen actitudes liberales hace que muchas de las actitudes se produzcan de manera no consciente, ya que muchas de las personas que las reproducen las practican de manera naturalizada. Esto no nos debe escandalizar sino que por el contrario, debe motivar una lucha activa para combatirlo.

Precisamente por este punto la militancia comunista no solo exige el cumplimiento de unas tareas políticas sino que, de alguna manera, implica una inclinación por superar de manera colectiva (la única manera posible) todas aquellas limitaciones y desviaciones liberales, que se producen en la vida burguesa, con vigilancia revolucionaria y con la crítica de la mano. Esta vida colectiva no solo intenta corregirlas, en la medida en la que es posible hoy en día, sino que pretende transformarlas, y como comunistas tenemos el deber precisamente de obrar con el ejemplo.

Por otro lado, y dicho esto, reiteramos: es verdad que en la trayectoria del camarada Samuel ha habido prácticas reaccionarias, pero de constatar esto a decir que la organización a sabiendas de esta situación hacía oídos sordos, no solo nos parece interesado -precisamente porque no se ha demostrado con una sola prueba-, sino que constituye un ejercicio total de cinismo y falta de seriedad hacia la causa de la emancipación de la mujer. El hecho de conectar unos hechos con otros por su proximidad y no por su demostración y constatación con la realidad es precisamente hacer, no solo un flaco favor a la seriedad que el tema merece, sino demostrar una actitud completamente destructiva para con la organización.

Como no es menester de las comunistas achicarnos frente a los señalamientos, abordamos todos y cada uno de ellos con la seriedad y la justeza que requieren. Además, y como hemos expresado a lo largo del material, algunas de ellas constituyen tergiversaciones o, directamente, falsas acusaciones, que combatimos aportando las pruebas necesarias al respecto. La manera que tienen de ejercer la crítica constituye una práctica contraria a la cosmovisión revolucionaria.

Es del todo inaceptable que un mísero párrafo de concatenación de hechos individuales termine cerrándose con una conclusión que supuestamente quiere demostrar que la práctica habitual de nuestra organización está del lado de la reacción. ¡Pero qué clase de comunistas son las que después de intentar pasar hechos falsos por verdaderos intentan, concluyendo en una simple línea, vincular ciertas actitudes reaccionarias de un ya exmilitante a la práctica generalizada de la organización! Entendemos que esto no puede tener ninguna cabida en el movimiento y no solo se van a desmentir sino que se deben señalar estas actitudes liberales por parte de estas ex-camaradas.

Cada organización debe tener un destacamento para las militantes en el que traten los problemas de género y, tras sacar las conclusiones, comunicárselas al resto de la organización para tratarlas. Pero el FRML rechazó tener en la organización ese espacio pues, según el CC, no era necesario.

Precisamente este fue uno de los temas a tratar el pasado mes de agosto de 2015 durante nuestra 2ª Conferencia. Concretamente se debatió el balance de la que entonces era la Comisión Feminista. En primer lugar, queremos señalar que esto no lo decidió el CC de manera unilateral, sino de manera colectiva por parte de todas las delegadas de todas las células que participaron en dicha Conferencia. Es más, todas las mujeres de la organización -fueran delegadas o no- estuvieron convocadas a participar en la propia Conferencia. No entendemos cómo en concreto Delia (que pertenecía a dicha comisión y estuvo en la misma) puede afirmar esto, pues es rotundamente falso.

En segundo lugar, en ningún momento se rechazó la creación de un espacio donde se tratasen de manera específica las cuestiones de género y que estuviera en contacto estrecho con otras comisiones y los colectivos, ya que es algo considerado imprescindible y obligatorio dentro de toda organización que se considere revolucionaria. Lo que no se valoró como adecuado es el hecho de que tal espacio fuera no mixto.

Que el espacio de la organización donde se trate específicamente la opresión de la mujer y la lucha contra el capitalismo patriarcal esté formado exclusivamente por mujeres y que estas, por tanto, sean las únicas que tomen una lucha activa, acentúa la división de géneros dentro de la organización revolucionaria. Permite que el trabajo y la conciencia activa sobre esta cuestión sean responsabilidad únicamente de las camaradas mujeres y en concreto de la comisión, cuando es deber intrínseco de toda comunista y militante de la organización.

En la 2ª Conferencia algunas camaradas señalaron la necesidad de creación de un espacio no mixto argumentando que las mujeres de la organización iban a tener mayor facilidad para hablar de las problemáticas relativas a la opresión de la mujer, tanto a nivel general como a nivel particular-personal. Aquí debemos aclarar algo. El espacio que se pretendía crear era un espacio primeramente de análisis y elaboración teórica y práctica de la opresión de la mujer de manera general. Para estudiar y ayudar a solucionar casos concretos -problemas personales- de camaradas afectadas por dicha opresión debe construirse el espacio concreto adecuado. Sabemos que ante problemáticas de esta índole, una persona que haya pasado por una situación similar (otra mujer) puede comprender mejor a la camarada, y ésta se puede sentir más cómoda con otras camaradas mujeres.

Asimismo defendemos que, aunque estas divisiones en el trato entre grupos sociales existen y no las podemos obviar, debemos tender a su superación. Son rasgos de este sistema capitalista patriarcal. Por ello es importante trabajar para construir una confianza entre todas las camaradas. La clave de las relaciones entre comunistas no debe residir en el género de la persona con la que se trata, sino en la confianza que da el hecho de identificarte política e ideológicamente con otras comunistas.

Por tanto, no negamos que haya casos en los que puedan aparecer mujeres que por su coyuntura personal se sientan más cómodas discutiendo determinadas problemáticas con mujeres comunistas antes que con hombres comunistas. Pero generalizar tal coyuntura nos parece errado. El elemento que debe primar en nuestras relaciones es el carácter proletario de las mismas, y en la medida en que sea otro elemento el determinante, hay que tender a superarlo. Pues una relación no forjada sobre esta base solo puede conducir a perpetuar las relaciones de opresión que se dan bajo el capitalismo.

De ninguna manera, como parece que las firmantes afirman, las mujeres de la organización pueden llegar a las conclusiones de manera completa y simplemente comunicar las decisiones al resto de militantes de la organización para que sean meras ejecutoras. No. Ningún militante debe eludir esta cuestión y delegar el trabajo en las mujeres. Es nuestro deber como comunistas luchar contra toda opresión, saber dirigir todas las manifestaciones de esta lucha múltiple contra el sistema capitalista, saber “dictar un programa positivo de acción” efectivamente revolucionario a todos los grupos oprimidos. Para conseguir esto es indispensable ir a todas las clases y capas de la población, «enviar a todas partes destacamentos de nuestro ejército» (Lenin, ¿Qué hacer?).

Asimismo, en la Conferencia, teniendo en cuenta que la supervisión del estado de las camaradas (problemáticas económicas, personales, vitales, etc.) ya la ejercía la Comisión Organizativa, se decidió que en el caso específico de una problemática de género, hubiese una estrecha colaboración entre las dos instancias de la organización. Acordando, de esta manera, generar el espacio concreto de trabajo, colaborando la Comisión Feminista y la Comisión Organizativa paralelamente a las necesidades, problemáticas y limitaciones que fueran surgiendo con las camaradas, y valorando que el mismo pudiera ser no mixto si la situación concreta lo requería.

Tras la inadecuada gestión del trabajo por parte de la Comisión Feminista (entre otras cosas no estableció los nexos oportunos con otros colectivos, realizó un escaso trabajo teórico sin ninguna finalidad concreta, tuvo dificultades técnicas, falta de compromiso debido a la situación personal de alguna de las camaradas, etc.), se decide crear la Comisión de la Cuestión de la Mujer, la cual nace a modo de rechazo y superación del modelo de trabajo anteriormente reproducido. Esta nueva comisión se constituyó formalmente a mediados de junio de 2016. Por lo tanto, es falso que el FRML no se preocupe o que no “consideremos necesario” un espacio que trate la cuestión de la mujer. Es cierto, sin embargo, que no consideremos necesario un espacio como el que nos exhortan a tener las firmantes de la crítica de Guardia Revolucionaria.

Finalmente, creemos necesario plasmar parte del balance que realiza la propia Comisión Feminista en la 2ª Conferencia al respecto al camino que estábamos recorriendo en lo referente a la cuestión de la mujer y la lucha contra las actitudes machistas. No deja de ser llamativo que Delia, integrante de dicha Comisión, ahora firme un documento de estas características, pues está negando los progresos que en nuestro seno se estaban dando (y que ella misma reconoció). Lo mostramos a continuación:

«Desde la CF queremos destacar como algo muy positivo la evolución que ha tenido el FRML en tres sentidos distintos pero complementarios:

En sus reacciones frente a actitudes machistas por parte de militantes, donde hemos ganado en contundencia: Hemos visto, en la medida en la que hemos podido siendo solo 2 personas a efectos prácticos en la CF, como cada vez nuestros/as camaradas denuncian con menos rubor comentarios machistas que quizás antes no hubiesen criticado, aun reconociendo esa actitud como reaccionaria, por pensar que era un tema menor y que el resto vería la denuncia como “algo sacado de quicio”.

En la nueva posición que toma la cuestión de género dentro de la organización. Por un lado, en un sentido puramente organizativo, nos hemos dado cuenta de que el FRML entiende que el papel de las mujeres dentro de las organizaciones comunistas roza lo anecdótico y que eso es un problema urgente que deriva de un concreto trato de ninguneo y desprecio general del movimiento comunista hacia el feminismo, el activismo LGTBI+ y la cuestión de género. Y lo que es más importante, nos hemos dado cuenta de que este reconocimiento no se queda en, un formalismo de palabras vacías, de limitarse a decir lo importante que es el ingreso de mujeres en la organización, sino que se empiezan a dar pasos para ello. Un buen ejemplo es el hecho de que se haya decidido que hoy, aquí, estuviésemos todas las mujeres de la organización en un intento de avanzar hacia nuestra inclusión, así como para ponernos en contacto entre nosotras.

Por otro lado, también ha ganado peso como concepto; es decir, la importancia que tiene analizar y estudiar los géneros, comprender su origen y función en las sociedades de clase, es una cuestión que ha ganado cada vez más importancia en el FRML. La formación teórica en este tema ha de incluirse en la formación general, nuestros camaradas nos han hecho saber que son conscientes de ello y nos han pedido en reiteradas ocasiones material o consejo. En este sentido, la CF tiene todavía mucho trabajo urgente por delante, de ahí la autocrítica: reconocemos que nuestra lentitud a la hora de tratar textos para elaborar esa lista de materiales de formación es un error que necesitamos sanar lo antes posible. Y estamos en marcha».

La camarada Jiang fue violada por un revisionista ajeno al FRML. Después de comunicárselo a la organización, Manolo y otro militante del CC, León, decidieron no creerla por falta de pruebas. El seguidismo tan destacado en el FRML hacia estos militantes, llevó a que muchos no creyeran el testimonio de la víctima. Estos hechos no pueden reproducirse en una organización comunista. No posicionarte con una víctima de violación te lleva inevitablemente a posicionarte con el opresor. Una organización que reproduce estas actitudes está del lado de la reacción. Una víctima no necesita pruebas para que sus camaradas la ayuden (sic!). Sin embargo, el FRML pide pruebas para creer a una víctima de violación y, sin embargo, creen a un violador que no posee pruebas de no haber violado a una mujer.

Se nos acusa de no haber creído que Jiang había sufrido una violación. No solo esto es falso, pues todas las camaradas la creímos y dimos nuestro apoyo, sino que además nos posicionamos como organización. Es decir, ofrecimos respaldo como FRML con las medidas que ella considerara necesarias tomar contra su violador. Y Pavka en concreto fue consciente de esto desde el principio.

En ningún momento se le piden pruebas ni se deduce que lo que cuenta no es verosímil. Más bien, por los apoyos que la organización le da, se deduce lo contrario. Incluso se nos llega a criticar en un material posterior que hubo una reunión en la que Manolo y León debatieron las consecuencias que podía traer el que ella hubiera mentido. ¿En base a qué se afirma esto? ¿Qué pruebas tienen para afirmar tal cosa? Una vez más entramos en la narrativa política. Si supuestamente una ola de secretismo cubre a la “vieja guardia”, ¿cómo iban a saber qué (supuestas) reuniones se tienen?

Pudimos cometer errores al tratar este tema con ella y algunas camaradas pudieron no ser lo suficientemente empáticas. Pero lo que no vamos a tolerar es que afirme que la organización no le dio apoyo en esto o que no la creyó, cuando muchísimas militantes, y muy de cerca el secretario de Madrid, hablaron con ella horas (y poseemos numerosas conversaciones) sobre esta cuestión intentando darle ánimos y apoyarla en la medida en que nos era posible.

Las medidas principales que la organización ofreció a Jiang fueron:

  • Principalmente se le ofrece hablar con la responsable de feminismo de Iniciativa Comunista y que supiesen a qué tipo de elemento iban a aceptar en sus filas, puesto que la organización del violador estaba en proceso de integrarse a IC. En varias reuniones con Jiang se acaba llegando a la conclusión de que esta podría ser la mejor opción. Sin embargo, por razones inherentes a la propia Jiang, esto nunca llega a hacerse. Que tengamos constancia es lo que Jiang ha acabado haciendo una vez fuera de nuestra organización.
  • También se le ofrece una vivienda, debido a la grave situación que ella sufría en casa. Entendemos que ella prefiriese no dejar su casa (con todas las complicaciones que eso le pueden traer), pero ante esta situación grave consideramos que tener una vivienda segura en un momento dado puede ser de gran importancia.
  • Como última medida que estaba a su disposición, se le ofrece un abogado por si quiere denunciar. Se nos ha criticado que le ofreciésemos esta medida como algo inútil y carente de valor (como si esta hubiera sido la única opción que se le da). De ninguna manera, como hemos visto, el único apoyo que se le da es el apoyo legal. Y desde luego, si tenemos la disponibilidad de esta vía, vamos a ponerla a disposición de la víctima si así la situación lo requiere.

En todo momento se le dice que se tomará la decisión que ella considere oportuna. De ninguna manera se reduce a las opciones que la organización ofrece, ya que se valora junto a ella. Como ella misma nos manifestó, la que tiene la última palabra y debe llevar la iniciativa en todo esto es Jiang. Teniendo esto en cuenta, la organización poco más podía ofrecer. No nos consolamos con esto, y por tanto pedimos que si alguien puede aportar otras medidas que deberían haberse ofrecido o criticar las que se ofrecieron, sería del todo positivo -como lo han sido ya las aportaciones que nos han ofrecido militantes de otras organizaciones-.

Por último, cabe señalar que estamos de acuerdo con los puntos finales que expresan las firmantes. En este sentido, desde la organización se dio total apoyo a Jiang ante la situación de la que nos informó. En ningún caso se puso en duda su versión y ni mucho menos se creyó al violador. Como hemos visto le propusimos una serie de medidas para hacer frente a estos hechos que ella rechazó -lo cual es comprensible dada su situación-. Pero esto dejaba a la organización sin mucho más margen de maniobra. Si alguien considera que se pudo haber actuado de una forma más correcta ante esto, agradeceríamos que se nos informara al respecto, en aras de afrontar mejor este tipo de situaciones en el futuro.

En el Anexo 3 transcribimos una reunión del 20 de octubre de 2015 en la que participan León y Manolo, los miembros del Comité Central a los que se les acusa de no haberla creído. Lejos de no creerla, vemos como los presentes en la reunión -entre ellos el propio Pavka- abordan con la seriedad que merece esta problemática y las distintas vías para su resolución. Se concluye que Manolo y Pavka quedarán con ella, escucharán cuál es su perspectiva, presentarán propuestas y se le comunicará que la organización está dispuesta a respaldarla en la que sea su última decisión.

Además Manolo, en una ocasión, le tocaba “de juego” los pechos a esta camarada delante de varios militantes, quienes se reían. No podemos tolerar estas actitudes por mucho que se respalden en que “es de broma”. Muchas mujeres dejan que las manoseen sólo porque no saben cómo reaccionar, cómo huir de la situación, o cómo quitarse las manos del otro de encima por miedo a su reacción. No han sido pocas veces las malas actitudes que las mujeres hemos recibido por llamarle la atención a un hombre que nos estaba incomodando. Los hombres y, sobre todo los comunistas (por ser estos quienes deben elevar su conciencia para ser vanguardia), deben entender que no han de tocar sin previo permiso a una mujer y, por supuesto, entender que no solo basta con entenderlo, sino que también debemos no llevar a cabo estas acciones.

Ninguna de las camaradas que asistieron al evento (en otra ocasión Jiang ha dicho que esto se dio en la fiesta del PCE de septiembre de 2015) recuerdan nada parecido a que Manolo tocase los pechos de Jiang. Agradeceríamos si pudiera especificar en qué ocasión se dio esto y qué camaradas estuvieron delante. Si esto se hubiera dado, pedimos disculpas y lo criticamos como la actitud reaccionaria que es. Sin embargo, sin nada de información sobre la mesa poca crítica podemos hacer.

Juanjo (Tesla_El_Rojo en Twitter), a quien ya conoceréis por la denuncia pública que se le hizo, contaba que lo primero que piensa cuando una mujer entraba a premilitar a la organización, era en si estaría buena. También narró que uno de sus trucos para conseguir un lío o sexo era darle alcohol a la otra persona (el motivo de la denuncia). Apología de la violación, muy bien recibida en el FRML. Nada sorprendente pero que inevitablemente nos sorprende. Al respecto de la cuestión femenina y tras el escándalo del militante ya nombrado, el FRML hizo pública una declaración en donde hablaba de que “no son perfectos” y de que “cometen errores”. Y nuestra pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a tener que aguantar las mujeres comunistas agresiones en nuestras filas, y la constante justificación de estas, alegando la imposibilidad de una actitud libre de agresiones hacia las mujeres por la sociedad patriarcal en la que vivimos?

En este comunicado piden a los lectores que contribuyan a la manera que puedan: el intento de justificación de ciertas actitudes machistas por la sociedad actual se termina derrumbando por su propio peso, sonando más a un intento de (valga la redundancia) justificar un comportamiento que el de una explicación fundamentada.

¿Exactamente de qué manera se pide a las lectoras para que contribuyan a justificar actitudes machistas? Volvemos a lo mismo de siempre, a lo que se ha estado haciendo durante toda la crítica, afirmar cosas que bien saben son falsas. Parece que no se tenga pudor a la hora de tergiversar y mentir sobre cualquier cuestión siempre y cuando quede bien en el conjunto de la crítica y sirva para demonizar al contrario. Nada más lejos de la realidad, con el comunicado se pretendió expresar una autocrítica sincera por parte del camarada Juanjo que, en su intento de corregir actitudes reaccionarias (algo para lo que, como a todas, aún nos queda una vida entera por hacer), solo recibió el linchamiento por parte de usuarios de Twitter. En ningún momento, por parte de nadie que aún siga en la organización, se ha pretendido justificar ninguna actitud machista. Nuestra tarea es combatirlas y superarlas conscientemente. Dejamos aquí dos comentarios que hizo el camarada Juanjo en la autocrítica, suponiendo que esto es a lo que llaman “justificar actitudes machistas”:

«En mi avance como militante comunista, me di cuenta de que esa insistencia no era propia de un comunista, sino que incurría en una forma de acoso, pues no respeté el no de ambas chicas» (Autocrítica del camarada Juanjo). (9)

«Reconozco que el uso del alcohol como medio para ligar constituye un comportamiento reaccionario. Si siguiera desarrollando esta errónea práctica podría estar volviendo a cometer abusos» (íbidem). (10)

También es notorio comentar el argumento acerca de la “carencia de información”. Siempre ha existido información sobre las conductas reaccionarias, otra cosa bien distinta es lo que se haya decidido hacer con esta información; hacer “investigaciones” sobre actitudes de las que la organización es más que consciente (sic!), no es otra cosa que quitar valor y veracidad a las críticas y al testimonio de la víctima; es más, la actitud del FRML ante un caso de violación no ha sido otra que humillar a la mujer víctima de una violación dudando constantemente de su palabra y pidiendo pruebas al respecto.

Se afirma que “siempre ha existido información sobre las conductas reaccionarias”, pero que con esta información sobre la mesa no se tomaba ninguna medida. Nada más lejos de la realidad (no volveremos a entrar en la gratuidad de lo que se nos imputa), sobre todo si tenemos en cuenta que la gran parte de las críticas que ahora se nos hacen no se hicieron cuando estas personas militaban en la organización. Si esto fuera así, si las críticas hubieran sido claras y en su momento, no habríamos tenido que sacar una Declaración Pública (11) pidiendo a las personas del movimiento que dispusiesen de información sobre supuestas actitudes reaccionarias de camaradas nuestras que las pusiesen en nuestro conocimiento. En especial de la supuesta violación del camarada Manolo.

¿Se quiere decir, por ejemplo, que disponíamos de toda la información sobre esa supuesta violación, que no era más que un rumor? ¿Se pretende presentar como una actitud equivocada que una organización investigue si se están dando conductas reaccionarias en sus filas? Máxime si la información no llega ni por los cauces adecuados ni se conoce desde “siempre” (cosa que entendemos completamente, ya que una persona que ha sufrido un caso de agresión sexual o violación puede no denunciar hasta tiempo después).

No entendemos cómo una organización revolucionaria puede tomar medidas ante actitudes reaccionarias y superarlas si no investiga y conoce qué comportamientos se han dado en su seno y quiénes los han llevado a cabo, además de qué errores se han podido cometer en la propia actuación de la organización. Es necesario recordar aquí las palabras de Mao:

«¿No puede usted resolver un problema? ¡Pues bien, póngase a investigar su situación actual y sus antecedentes! Cuando haya investigado cabalmente el problema dejándolo claro, sabrá cómo resolverlo. Toda conclusión se saca después de haber investigado, y no antes. (…) Debe subrayarse que esto [sacar conclusiones antes de haber investigado] no conducirá en absoluto a ninguna solución eficaz, a ninguna idea provechosa» (Mao, Contra el culto a los libros).

Se contrapone, además, la investigación con el testimonio de la víctima. ¡Cuando de lo que trata la investigación es de saber todo lo que ha pasado y de cómo la organización ha actuado! ¡No de quitar veracidad o ir en contra del testimonio de nadie! El propio testimonio es una parte vertebral si se quieren esclarecer los hechos. No por el hecho de investigar todo lo que ha ocurrido al detalle y los errores que se han cometido (para de verdad superar los errores hay que ser plenamente consciente de lo que se ha hecho y no hecho mal) se está dejando de creer a la víctima o se le está negando apoyo. Precisamente en el caso de Jiang volvemos a recordar -aunque se afirme lo contrario de manera recurrente y sin pruebas- que desde la organización se la creyó desde el primer momento y nos pusimos a su disposición para apoyarla en las medidas que ella creyese más oportunas.

Como conclusión, es notorio señalar que durante la elaboración de este comunicado el FRML ha intentado contactar con algunos de los firmantes del presente documento de forma individual con el pretexto de “realizar investigaciones”. Esta comunicación se ha realizado repetidas veces aun habiéndoles aclarado previamente que se les contestaría más adelante; no sólo esto, sino aun aclarando ciertas cuestiones que se nos pedían, han seguido atosigando escribiendo mensajes de forma insistente o a realizando llamadas telefónicas (no parecen comprender que, si nos hemos desentendido de su colectivo, es por algo).

Ante la acusación de violación a uno de nuestros camaradas no nos queda otra opción, si realmente queremos llegar al fondo del asunto, que investigar el tema (12). Nos resulta cuanto menos absurdo que se pretenda que aceptemos sin conocimiento de hecho una acusación de tal calibre. ¿Cuál era la otra opción? ¿Dejar pasar el asunto a la espera de que se nos responda (cuando lo que se estaba dando era una situación generalizada de silencio)? ¿O quizás expulsar al camarada Manolo de la organización sin siquiera molestarnos a investigar para intentar descubrir la verdad de los hechos?

No entendemos cómo se nos puede criticar que investiguemos algo tan grave como una violación. Que de forma infantil y egoísta se priorice no ser “atosigado” a aportar información para resolver este asunto. Además, en base a la investigación realizada por nuestra parte, ha quedado patente que la acusación era completamente falsa. Quizás las firmantes de este material nos critican que investiguemos porque no quieren que se llegue al fondo del asunto. Más aún, cuando al llegar al fondo del mismo se ha destapado una trama de mentiras, en la que, como se ha señalado en anteriores materiales, se inventó una violación para acusar al FRML de machista y reaccionario. ¿Qué tipo de críticas podemos esperar de aquellos que están dispuestos a mentir sobre algo tan grave como una violación? Desde luego, estas críticas estarán, y de hecho están, viciadas por el oportunismo más rastrero.

Es por esto que no entendemos que se nos critique el hecho de intentar contactar con estas camaradas para plantearles los hechos y que tengan la oportunidad de defender sus críticas y posiciones y que, encima, se nos acuse de atosigar (cuando realmente solo se realizaron tres llamadas). Si realmente se pretende ser comunista, no se puede obviar la necesidad de esclarecer todo lo que sea necesario, desentenderse de dar explicaciones al movimiento. Las acusaciones y críticas deben llevarse hasta el final.

Nos resulta igualmente contradictorio que afirmen desentenderse de nosotras mientras, por otro lado, desarrollen no una; sino tres críticas enteras hacia la organización. Manifestando cuestiones que por nuestra parte ya se estaban investigando internamente. Entendemos que estas personas se hayan podido desentender de la organización por ciertas cosas con las que no estaban de acuerdo. Incluso pueden (y deben) criticar estas cosas. Es totalmente legítimo. Pero en el mismo momento en que deciden hacer esto contraen un compromiso con la clase, como comunistas. Tienen el compromiso de hacer llegar sus críticas, de defender y aclarar lo que defienden. Tienen el compromiso de solventar esos errores con sus críticas. Es una actitud completamente liberal escudarse en que ya se hablará cuando ellas quieran, y si no se habla con nosotras es por algún motivo. Y todo esto mientras se dedicaban a rumorear y a difundir estas críticas por diversos espacios, demostrando la falta del carácter superador de las mismas.

Debido al curioso historial del FR grabando conversaciones, tergiversando según qué información y haciendo preguntas comprometidas para intentar “pillarnos” en algo, sobra decir que no vamos a caer en su trillado juego de las llamadas, los mensajes, los textos de vuelta o el saber si se nos ha grabado o no.

Se vuelve a hacer referencia al tema de las grabaciones, sobre el cual ya hablamos en un documento anterior. Citamos aquí una parte del mismo:

«Es cierto que se ha grabado. Pero nunca con la intención de manipular o tergiversar, sino más bien todo lo contrario, para evitarlo. Grabando se tiene acceso permanente a conversaciones antiguas de las que se puede extraer información cuando la situación la requiera, como es el caso de nuestra publicación reciente de una de esas reuniones en aras de mostrar al conjunto del movimiento la seriedad con la que se abordaban y abordarán las diversas problemáticas.

En definitiva, grabar las conversaciones no solo no perjudica, sino que ayuda precisamente a conocer en profundidad lo que se dijo, lo que no se dijo y cómo se dijo, no dejando lugar a dudas. El ejemplo más claro es la crítica que hoy nos atañe, en la que todas las conversaciones grabadas que guarden relación podrán ser usadas como prueba para llegar al fondo del asunto. ¿Qué problema se tiene con todo esto? ¿Acaso se teme que se destapen las mentiras y calumnias?» (Respuesta a «Guardia Revolucionaria»: Parte V, La crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas). (13)

Grabar conversaciones ha servido para poner todas sus mentiras y falsedades en tela de juicio. No sobra decir quién ha tergiversado ni cuántas veces durante el documento entero y quiénes han aportado las pruebas debidas contra discursos oportunistas. No para “pillar” sino para aclarar en la medida de lo posible las calumnias que sobre nosotras han pretendido verter. Sin duda comprendemos el temor de las firmantes a que sus palabras queden grabadas.

El oportunismo juega con discursos contradictorios, con medias verdades, con manipulaciones y, por tanto, todo aquello que pueda poner encima de la mesa tal comportamiento va a ser tildado de trabajo de espionaje, pues es el único argumento al que se puede recurrir para intentar encubrir su propio oportunismo.

Camaradas, a esto se le llama vigilancia revolucionaria; a esto se le llama tener constancia de lo dicho y de lo hecho; a esto se le llama ir de frente en la ideología, en política revolucionaria; a esto se le llama estar dispuestas a asumir nuestras palabras y nuestros actos.

Sin embargo, solo aquellas que sean efectivamente comunistas y que, por tanto, estén dispuestas a enfrentarse a su propia realidad, serán capaces de asumir las responsabilidades que se derivan de la praxis militante, tanto de una misma, como de la colectividad a la que pertenece.

***

(1) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-v-la-critica-la-autocritica-y-la-lucha-de-dos-lineas/

(2) Ibídem.

(3) Ibídem.

(4) http://blog.frml.es/index.php/354/

(5) http://blog.frml.es/index.php/declaracion-publica/

(6) http://blog.frml.es/index.php/una-falsa-autocritica-sobre-el-ex-camarada-samuel/

(7) Ibídem.

(8) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/

(9) http://pastebin.com/raw/UFXe7Ty2

(10) Ibídem.

(11) http://blog.frml.es/index.php/declaracion-publica/

(12) http://blog.frml.es/index.php/354/

(13) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-v-la-critica-la-autocritica-y-la-lucha-de-dos-lineas/

Anexo 1: Conversación de Jiang con la camarada Laura: anexo-1

Anexo 2: Conversación de Jiang con el camarada Miguel Ángel: anexo-2

Anexo 3: Reunión del Comité Central hablando sobre el caso de Jiang: anexo-3

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