El fracaso por bandera

Recientemente en el seno de nuestra organización se ha producido un episodio de lucha entre la línea burguesa y la línea revolucionaria, cerrado con la expulsión de algunos militantes de la misma. Pero la expulsión de una camarilla de revisionistas no finiquita el problema de su propia aparición como fenómeno organizativo, político e ideológico, sino que transforma los métodos de lucha desde un problema interno a un problema de orden público.

Como organización comunista que espera aprender de su propia experiencia pasada, el trabajo no ha terminado sino que acaba de empezar. El momento actual pasa por la comprensión de la naturaleza del problema en sus múltiples facetas y el desarrollo de un proceso que asegure que el error cometido no vuelva a desarrollarse.

Igualmente, queremos advertir al conjunto del movimiento de la posible mutabilidad de los rasgos de este grupo de oportunistas en términos políticos e ideológicos. Por nuestra parte se intentará hacer una caracterización de las posturas más avanzadas que han enunciado estos ex-militantes de nuestra organización, pero ya esta tarea mismamente resulta compleja. Cuando la naturaleza de unas posiciones son su abstracción y la ausencia de cohesión discursiva entre los renegados que mencionamos, su evolución resulta impredecible.

De la misma forma que les ha sobrado un plazo de dos semanas para participar de la elaboración de materiales expresando una postura y abanderar en reuniones la opuesta, no nos sorprendería que de aquí en adelante abanderasen cualquier tipo de discurso, de cualquier clase menos la proletaria y de cualquier escuela menos la del socialismo científico.

 

1- Forma y fondo

¿Qué proyecto?

La crítica revolucionaria es una herramienta de clase, es la expresión en la teoría de la posición proletaria en la lucha de clases. Pero en demasiadas ocasiones se ha confundido la crítica con la destrucción de palabra, con las acusaciones y con lo alegatos airados.

La crítica no es esencialmente la destrucción sino la construcción de una superación de lo dado, precisamente porque se propone dejar de ser solo crítica para devenir praxis. Si el proceso de construcción precisa de la destrucción de lo anterior será como momento subordinado. Este proceso se debe entender como «negación de la negación» frente a la mera «negación» que representan las críticas superficiales e inoperantes, el rechazo sin propuesta.

Rechazar algo puede ser el punto de partida de la construcción de su superación, pero la mera negación no es un proyecto válido (a no ser que el nihilismo o protonihilismo se considere proyecto). Es algo que de manera temporal puede unir a un grupo de personas e incluso hacerles pensar que están trabajando en la buena dirección, pero en su enfrentamiento a la transformación de la realidad su incapacidad se vuelve manifiesta en poco tiempo.

Es en este marco limitado de negatividad en el cual se ha desarrollado la polémica internamente, como la mera oposición a decisiones, críticas o trabajo… reflejo de ello han sido las varias reuniones que se han tenido y donde no se hizo presentación de ningún proyecto diferenciado o alguna propuesta superadora del proyecto existente.

Es más, incluso la idea que se propuso en el bloque fraccional de esperar a la convocatoria de una Conferencia para discutir en términos de principios las discrepancias fue algo descartado. Algo que es esperable cuando el enfrentamiento no se produce en el ámbito de las relaciones políticas ni de la lucha ideológica sino en el campo de las relaciones sociales burguesas (amigos, parejas, honor personal, etc…).

Incluso se llegó a manifestar en una reunión que no se iba a discutir sobre el contenido de una decisión sino sobre las formas de una decisión. Esto es no mero reflejo del caso particular de una reunión y una decisión sino la franca perspectiva de (ausencia de) crítica en general a todo lo que se ha rechazado.

La conclusión general del proceso es clara, cuando el leitmotiv son las formas, refleja que el contenido no es defendible. Efectivamente no lo fue en ninguno de los enfrentamientos más directos entre los renegados y los camaradas de la organización.

Entre bambalinas

Pero la ausencia de un proyecto, una propuesta o una simple perspectiva de futuro no era algo que se podían permitir si su intención era arrastrar más material humano a su lado. Era para ellos necesario aparentar lo que no existía, vender humo siendo directos.

En este proceso nos hemos encontrado con las más absurdas declaraciones al respecto de la teoría y la práctica, el marxismo, el leninismo, el Partido, el centralismo democrático, etc… una mezcla de ausencia de formación en el ABC del socialismo científico y una apertura a todo tipo de puntos de vista pequeñoburgueses son los elementos que conforman este discurso.

Pero nada de esto se ha intentado defender abiertamente, se ha escapado de hablar de ello, se ha evitado hablar de los temas cardinales abiertamente frente a quienes podrían dar respuesta. Incluso cuando las sandeces que se estaban diciendo llegaban a oídos nuestros se llegaba a afirmar que «se está manipulando», que «no se está diciendo eso» o que «no se les ha dejado explicarse».

Desde luego, si en las múltiples reuniones que se han tenido no han considerado relevante manifestar cuestiones como el replanteamiento de si son o no leninistas, entendemos que o bien lo consideran algo sin importancia o bien que además de ello primaba la incapacidad para entrar en cuestiones más profundas que la mera palabrería sobre las formas.

En privado, se permitían decir todo tipo de barbaridades a camaradas de la organización que seleccionaban por considerar más permeables a su basura pequeñoburguesa; mientras tanto, al resto se nos vendía una mera discusión sobre formas. Ahora nos toca entrar en el fondo de la cuestión, el cual se ha ignorado por interés oportunista para evitar valorar precisamente la crítica inicial a los que nucleaban la fracción.

Para nosotros el fondo es lo que reviste la mayor importancia, especialmente cuando se hace una apelación constante a las formas como argumento político, perspectiva únicamente válida para debates frívolos de tertulia en prime time. Como comunistas, en última instancia, todo responde a una posición de clase, a una posición reaccionaria o revolucionaria, y para deslindar campos hace falta ir al fondo de toda posición.

 

2- Lo político y lo personal

Hace tiempo que la consigna «lo personal es político» se ha introducido en el ámbito del marxismo, aún cuando su origen es el feminismo radical. Se trata de una de esas positivas incorporaciones de teorías no propiamente comunistas en el corpus teórico del socialismo científico. Pero una consigna no es un análisis totalizador, es algo limitado que cualquiera puede emplear cuando le plazca para lo que le plazca.

Como comunistas no podemos hacer otra cosa que afirmar la validez de la consigna, pero es propio centrar el significado de la misma en el ámbito que tratamos. No estamos aquí hablando del ámbito privado para denunciar comportamientos machistas en la intimidad de una relación de pareja, sino que estamos señalando las implicaciones políticas de las relaciones personales entre camaradas.

Lo que para nosotros es ahora de mayor importancia es esclarecer las implicaciones que tienen las cuestiones personales en las dinámicas de trabajo comunistas y el camino para neutralizar la ideología burguesa en este ámbito. Además, señalar las implicaciones políticas en el trabajo militante de la personalidad y la actitud como limitaciones propias del individuo.

Comunistas y sexualidad

¿Debemos los comunistas estar en contra de las relaciones personales? ¿Debemos limitar nuestro trato al trabajo político?

Son preguntas que no es la primera vez que nos planteamos como militantes, y las conclusiones deben ser claras, pero no como meras consignas sino como principio de vigilancia revolucionaria y autodisciplina.

Los comunistas no estamos en contra de las relaciones personales entre nosotros o con gente de fuera de nuestra esfera política, no estamos en contra de dotar a nuestro trato personal como camaradas de mayor contenido que el desarrollo de la política proletaria, pero lo que sí estamos es en contra de abrir las puertas a todo lo que implican estas afirmaciones en esta sociedad.

Las relaciones personales expresadas como algo «natural» son las relaciones que en esta sociedad se rigen bajo la ideología burguesa y los métodos de trabajo burgueses. No pueden existir otro tipo de «relaciones personales» si no se ha desarrollado la labor adecuada de lucha contra la perspectiva burguesa, pues todo el espacio que no es ocupado consciente y planificadamente por la visión del mundo proletaria, lo ocupa la visión del mundo de la burguesía.

No es sorprendente entonces que cuando en el seno de una organización se da rienda suelta al desarrollo de relaciones personales sin contraponer la crítica al amiguismo de manera constante, lo que efectivamente se desarrolle sea este amiguismo. No es sorprendente entonces señalar cómo a una camarilla de renegados les mueve antes el «trato personal», la «confianza», etc… que los criterios políticos e ideológicos.

Algunos de estos renegados se sorprendían de que se señalase esto, que se señalasen las relaciones de pareja, las amistades, etc… como factor que les estaba llevando a juntarse para «desarrollar una crítica». ¿Qué les unía de lo contrario? Sus responsabilidades en la organización no tenían relación, su conocimiento de la problemática era dispar… no les unía una crítica (política/ideología) sino la intención de hacer una crítica (respuesta a otra crítica tomada como un ataque personal).

Cuando se une para llegar a concretar una crítica, incluso varía el contenido de la misma en función de la coyuntura, lo que une no puede ser la crítica misma. Pero incluso aceptando que de manera espontánea estaban de acuerdo en la necesidad de hacer una crítica por motivos que no fueran el reflejo de su trastocado orden de prioridades, ¿dónde está esa crítica? Para divagar en los campos de la pequeña burguesía, el utopismo, el adanismo y el practicismo en general… no hace falta ni concretar una crítica. ¿Quizá por eso aún hoy no hemos visto algo sistemático que no sea un cúmulo de lamentaciones sobre procedimientos orgánicos?

La lucha contra las limitaciones

Lenin hablaba de que cometer errores es humano, igual de humano que es el tener dificultades, limitaciones, tareas que se nos dan mejor y tareas que se nos dan peor… no se puede tratar a un militante como una máquina que todo lo puede asumir y todo lo va a hacer bien.

Partiendo de esto, hay dos posibles procesos: el militante puede superarse constantemente, adquirir una autodisciplina fuerte y conseguir cada vez hacer mejor su trabajo asumiendo sus errores; el militante puede acomodarse, tomar sus limitaciones como los límites de lo aspirable y «mientras sea monje, tocaré la campana».

Únicamente la superación constante es comunista, incluso cuando esa superación constante se expresa como permanecer firmes ante los nuevos retos y no un permanente aumento de la capacidad, pues superarse es también superar la crudeza y dureza de la militancia comunista, superar el desgaste constante de buscar transformar la sociedad.

Por otra parte, acomodarse es la muerte de cualquier revolucionario, es transformarse en un chiste, es fracasar antes de intentarlo o haber muerto en el intento. ¿Cómo puede un comunista acomodarse? Renegando. Nadie puede esperar que una tarea tan inmensa como cambiar el mundo permita la comodidad.

«Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.

Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose:

– ¡Ni me agradan, están tan verdes…!» Fábulas de Esopo

Pero no todos los renegados se quieren presentar como renegados, en nuestra organización ya hemos tenido que tratar con muchos oportunistas que han intentado esto mismo. Como ejemplo más reciente el de Guardia Revolucionaria (¿se sumarán estos nuevos renegados a los anteriores?). Pero si no se quieren presentar como renegados, tienen que presentarse como algo distinto, algo que se amolde a sus limitaciones y al mismo tiempo les presente como revolucionarios. ¡Lo primero es defender el honor propio!

Aquí llega la parte creativa, en la cual se encuadran los absurdos que también se mencionaron antes. Nos encontramos ante el proceso de cosmovisionización de las limitaciones personales, de la elaboración/reformulación de una «teoría revolucionaria» que se ajuste a lo que se es incapaz de hacer personalmente, que llevado al plano social refleja lo que como clase se es.

Entiéndase que aquí incapacidad no es algo objetivo, no se trata de ser incapaz de saltar 10 metros, se trata de no tener la voluntad de hacer algo. Es una limitación subjetiva. Empleamos el término incapacidad no como algo realmente imposible sino como lo que desde la perspectiva de quien hace este ejercicio de oportunismo se presenta como imposible (o como desagradable, a evitar o negativo).

El comportamiento fraccional

Llegados al punto en el cual nuestros renegados empiezan a dudar de su continuidad en un mismo proyecto, se plantea para ellos la necesidad de dejar de trabajar de facto en el proyecto. Estos elementos en la práctica hacía semanas que no eran parte de la organización, aunque su formalización como expulsados tardase algún tiempo más. Formar parte de un proyecto implica someterse a su funcionamiento, a su centralismo democrático, a su disciplina. De todo ello carecían estas personas que lejos de entenderse como parte de un proyecto, se veían a sí mismos como consentidores de las actividades. Una posición totalmente pasiva que únicamente se vuelve activa para oponerse a aquello que va contra sus personas en términos que ellos toman como personales (y no políticos).

Aunque estas gentes ahora rechazan «tantos análisis» y reclaman «más práctica», a nosotros nos sigue pareciendo importante ser comunistas y por lo tanto analizar la realidad transformándola. Esto que ellos han hecho no es algo nuevo, es la vieja política fraccional contra la cual lidiaron los bolcheviques en el proceso de su triunfo político e imposición de la línea revolucionaria. Lenin se expresa muy claramente en «Un paso adelante, dos pasos atrás» (aclaramos a nuestros amigos de la falta de análisis que no se trata de un libro sobre clases de bachata) sobre el funcionamiento reaccionario y los clamores vacíos contra el «burocratismo» cuando interesa:

«Está claro, me parece, que los clamores contra el famoso burocratismo no son más que un medio de encubrir el descontento por la composición de los organismos centrales, no son más que una hoja de parra que oculta una palabra solemnemente empeñada en el Congreso y a la que se ha faltado. ¡Eres un burócrata, porque has sido designado por el Congreso sin mi voluntad y contra ella! ¡Eres un formalista, porque te apoyas en las decisiones formales del Congreso, y no en mi consentimiento! ¡Obras de un modo brutalmente mecánico, porque te remites a la mayoría «mecánica» del Congreso del Partido y no prestas atención a mi deseo de ser cooptado! ¡Eres un autócrata, porque no quieres poner el poder en manos de la vieja tertulia de buenos compadres que defienden su «continuidad» de círculo con tanta mayor energía cuanto que le es más desagradable la desaprobación directa de ese mismo espíritu de círculo por parte del Congreso.»

Mientras no había esencialmente algo que fuera contra sus intereses, el centralismo democrático era algo asumido de palabra pero no puesto en práctica. El funcionamiento al unísono era solo una ilusión, acompañada de información reducida sobre su trabajo y su no-trabajo. Cuando se tomaron medidas para evitar los problemas que estaban generando en la organización unas formas de trabajo incompetentes, el asunto se tornó algo personal. ¡Estás manchando mi honor! ¡A mi me tienen en un pedestal por lo mucho que trabajo!

De la noche a la mañana, camaradas a quienes nuestros renegados reconocían en su duro trabajo, se habían vuelto unos «gilipollas», con «actitud deleznable», precisamente por atentar contra la comodidad en la que se encontraban. Cuestiones con las cuales se estaba de acuerdo hace unos meses, tanto como para escribirlas en publicaciones de la organización, ahora se ponían en duda. Elementos fundamentales del socialismo científico se tendrían que «ver en la práctica» si ellos eran base para criticarles y señalarles como lo que son. ¡Todo vale contra estas gentes que no me permiten ser lo que quiero ser!

¡Queremos hacer una crítica! Magnífico, los comunistas siempre debemos estar en disposición de criticar aquello injusto en perspectivas de avanzar, pensando en el beneficio colectivo. ¿Casualmente les apetece a ustedes hacer una crítica cuando se han tomado medidas en contra de su comodidad? ¡Sospechoso!

¡Queremos hablar con más gente para hacer esa crítica! ¿Es que acaso son ustedes incapaces de elaborar esa crítica? ¿O es que su intención es otra distinta de la superación de algún error?

Cuando uno busca primero conformar un grupo de afinidad y luego «elabora una crítica», no está pretendiendo otra cosa que no sea conformar una camarilla, ejercer presión para imponer su punto de vista y conformarse como fracción. Si hay una crítica justa, se puede defender; si no la hay, el motivo de que alguien te apoye en una contienda debe ser de otra índole. ¿Es sorprendente ahora que este grupo de personas integre a varias parejas, ex-parejas, relaciones familiares y amistades? ¿Qué es lo principal, la crítica revolucionaria o una contienda personal de aquellas personas que consideran dañada su buena imagen como genuinos comunistas?

Lenin continúa:

«Quisieron convencerle [al Partido] por la negativa de un sector del Partido a trabajar bajo la dirección de los odiados organismos centrales. Pero ningún organismo central de ningún partido del mundo podrá demostrar que es capaz de dirigir a personas que no quieran someterse a la dirección. No someterse a la dirección de los organismos centrales equivale a una negativa a seguir en el Partido, equivale a deshacer el Partido, no es una medida de persuasión, sino una medida de destrucción.»

¿Quieren ustedes hacer «otra cosa» con su vida que no sea la Revolución? ¿Buscan otro proyecto distinto que sea «realmente comunista»? Perfecto, tienen la puerta abierta para irse a donde les plazca, de hacer lo que consideren y abanderar lo que más placer les produzca dentro de su perspectiva pequeñoburguesa hedonista. Pero dejen ya la charlatanería despechada sobre lo «mal que se les ha tratado», sobre los «errados métodos» cuando se ha luchado contra el fraccionalismo y sobre el resto de ingeniosas sandeces en las cuales invierten el tiempo en lugar de habernos aclarado a todos lo que realmente proponen.

Se les llena la boca de acusaciones que no tienen que defender, que meramente tienen que encontrar a quien confíe en que ustedes tienen razón. Pero incluso ustedes se engañan, ni los que les acompañan están seguros de eso que dicen, ¿pero acaso ustedes mismos se lo creen? Burocratismo, paternalismo, unilateralidad, dogmatismo, teoricismo, amenazas… y así podrían seguir tomando ideas de los clásicos del marxismo para conformar su discurso. Mientras se practica el trabajo fraccional, mientras se trata con gente externa problemas de la organización buscando apoyos (bastante endebles) y filtrando información según se considera, se reclaman cuentas al resto. Haz lo que bien digo y lo que mal hago.

Acusar es muy fácil, demostrarlo argumentadamente y someterlo en tiempo y forma a la posibilidad de respuesta no tanto. ¿O de qué manera se puede calificar a la intención de cortar las intervenciones de otros camaradas en una reunión? ¿O de pretender ignorar esas intervenciones y su contenido haciendo un reduccionismo psicologista del discurso? ¿De predisposición a la lucha ideológica? ¡Dejen de hacer el ridículo y busquen otro entretenimiento mejor!

Todas las acusaciones han sido ya desmontadas dentro de la organización, y esto los fraccionalistas lo saben de sobra. Su discurso no deja de saltar de tema en tema, de escapar de todo aquello que un rato antes abanderaban y se les ha tirado abajo con la fuerza de la crítica revolucionaria. Pero el problema no lo tienen con nosotros, están escapando de sus propias contradicciones, que van a terminar por aflorar tarde o temprano. Su cabezonería lo único que va a hacer es posponer el momento en el cual terminen por rectificar o terminar abiertamente de renegar.

 

3- «Más práctica, menos análisis»

Pero entremos de lleno en el grueso de esta nueva teorización que nos ofrecen estas personas expulsadas de nuestra organización, o mejor dicho, vamos a hacer el mejor intento posible por comprender lo que proponen. Nos gustaría que una confrontación tan grande, antagónica de todo punto, se hubiera -por parte de los expulsados- expresado en algún material mínimamente sistemático para poder hacer una valoración de sus propuestas. ¡Nuestro gozo en un pozo!

Lo cierto es que, ni cuando se intentó llevar la polémica a cauces que hiciesen de la confrontación de principios el elemento cardinal, se dignaron estas personas a mostrar sus ideas abiertamente. En la última reunión de la cual fueron partícipes como miembros de la organización se propuso precisamente sistematizar la «crítica» por escrito, algo que se negó de facto por parte de uno de los jefes fraccionales con que «tenía exámenes» (aparentemente para contar milongas sobre la «política tóxica» sí tenía tiempo… ¿quizá es lo único que funcionaba para intentar tirar de gente?).

La perspectiva nunca fue plantear un debate constructivo, literalmente este mismo jefe renegado manifestó en privado «Está claro que ninguna de nosotras quiere dejar a camaradas tan válidas atrás, y hay que hacer todo lo posible por conseguir que vengan con nosotras, pero dilatar este proceso más allá del domingo creo que solo socaba el salirnos con la fuerza que ahora tenemos».

Sabían que el tiempo jugaba en su contra, el tiempo significaba que la demagogia se acababa, que las mentiras tenían un fin y que no se iba a permitir el juego sucio sin responder. Lo suyo era una carrera desesperada por ver a quién más se podía engañar con una «crítica» que es reflejo de lo que ellos mismos son: una unión de intereses burgueses, sazonada con diversas ideas que aparentan ser comunistas.

Vamos a ver algunos ejemplos, que consideramos que son ilustrativos.

No somos practicistas, pero hay que hacer practicismo

Transcribimos literalmente una nota de voz de uno de los renegados, en este caso ex-miembro del colectivo de Sevilla. En él responde a otra persona de este mismo colectivo que discrepa con algunas cosas que están defendiendo los expulsados:

«Yo estoy de acuerdo contigo y creo que… Igual, vamos, no creo que nadie hubiera dicho lanzarse a un sindicalismo por sindicalismo sino simplemente… Que… Que ya basta de… Balances, balances y balances absurdos cuando no hay trabajo real.

Que lo que tenemos que empezar a hacer un trabajo real, además en el F siempre se nos ha vendido la moto… De qué íbamos hace? una teoría cuando… Que la teoría la hacemos conforme nuestra práctica, yo creo que eso es lo que hay que entender y creo que en realidad lo que tú has querido decir, ¿no?.

Entonces no es sólo una cosa o la otra, pero es que para poder sistematizar… Eh…. Una teoría actual es que hace falta… Conocer la realidad y salir de nuestra casa. Y creo que eso es lo que hay que tomar como primero. Y evidentemente no hay que lanzarse a hacer cosas sin pensar… Eh… Sin pensaba me refiero… Sin en buscarle luego un sentido ¿sabes? Sino simplemente por hacer… vamos, no creo que nadie diga eso.

Y yo qué se…

En realidad yo creo que todos estamos de acuerdo con eso, lo que criticamos bastante fue el hecho de eso, de analizar demasiado las cosas, de hacer demasiados balances, demasiados textos, cuando luego el trabajo real es mínimo.

Y que hay que empezar haciendo un trabajo real, que teoría ya hay mucha, ya Lenin, Marx, han sistematizado mucha teoría pero sistematizaron pa su tiempo. ¿Sabes? Y de manera general, ahora lo que nos toca es concretar la realidad, un trabajo y en base a eso podremos hablar, podremos sistematiza… Cosas. Pero si no tenemos nada pues no podemos hacer nada»

En realidad sí que se ha propuesto ese practicismo que tanto niegan portar por bandera (el practicismo no es meramente sindicalismo, el sindicalismo es una forma determinada), cuando literalmente se llama a «ir a la PAH» (¿con qué objetivo?) y cuando despojan al balance de toda su esencia.

El Balance, como nuestro liquidador pretende desconocer, no tiene un carácter mecánico, sino dialéctico. Es decir, no supone meramente el estudio de las experiencias históricas revolucionarias, extrayendo de ellas las consecuentes lecciones y aportes universales, sino que va más allá, es algo constante -en tanto que diario- en la vida militante de una comunista, pudiendo así identificar los errores y aciertos de la propia práctica política (y social). Esto resulta fundamental para corregir, durante el mismo proceso -o trabajo- los errores cometidos y transformarse a la par que se desarrollan los cambios en la realidad existente, suponiendo un avance y una elevación cualitativa gradual. Así pues, el Balance debe producirse, necesariamente, de forma paralela al propio «trabajo real» y no como algo posterior a este. Pero esto no es todo, aparentemente estudiar el pasado y la propia práctica que la organización ha desarrollado y desarrolla son «balances absurdos». En cambio podemos contraponer un «trabajo real» (¿qué caracteriza la realidad de ese trabajo, el hacerlo fuera de casa?), que esencialmente se trata de los puntos comunes del revisionismo clásico.

Pero va más allá este renegado, se atreve a hablar de la forma en la cual hay que desarrollar la teoría revolucionaria. Dice «la teoría la hacemos conforme a nuestra práctica», ¡brillante! ¿Qué práctica produce qué teoría? ¡Eso ya no se atreve a determinar! De la misma forma que no se atrevía a responder a si seguían considerando al Partido Comunista la mediación necesaria en un proceso revolucionario comunista. ¿Es que quizá aún no han ido a suficientes manifestaciones para tenerlo claro? ¿Es que prefieren tenerlo claro intentando parar un desahucio? ¿O quizá impidiendo una charla reaccionaria en la Universidad?

Lo suyo es una reducción al absurdo de la relación entre teoría y práctica desde un punto de vista comunista. No se trata de realizar una práctica general para obtener una teoría general, se trata de análisis concreto de la situación concreta. De la misma forma que la organización decidió acercarse a la realidad de un sector profundo de las masas proletarias, estudia otros problemas sin hacer llamamientos a un «trabajo real» que no es más que fraseología barata para vender un practicismo nada novedoso.

No nos parece equiparable hacer un análisis de clases del Estado Español, a hacer un balance de la historia del MCE; no nos parece equiparable la necesaria capacitación política de nuestros cuadros, a la adquisición de una cosmovisión teóricamente sólida del papel de un militante comunista. Disolver las diferentes formas de abordar problemas diferentes en un clamor general a la «práctica», a «conocer la realidad», etc… es hacer un llamamiento esencialmente al practicismo, que es lo único que se puede hacer abordando el problema de tal forma. Una práctica revolucionaria únicamente se puede basar en el análisis concreto de la realidad concreta, en esto no se pronuncia esta persona.

Tampoco se trata de hacer lo que se sugiere como contrapunto al practicismo, «buscarle luego un sentido». No se trata de tirarse a la piscina sin hacer análisis (recordemos los balances absurdos) y luego buscar una racionalización de lo que se ha hecho o buscar una justificación a la acción. No se trata de un atentado sobre el cual luego decidir o no reclamar la autoría. ¡Lo que critican es analizar demasiado las cosas! ¡Lo que falta es hacer más práctica!

Pero lo mejor llega cuando se atreve a hablar de los clásicos y su papel en todo esto… ¡Marx y Lenin ya han sistematizado mucha teoría! ¿Quizá hicieron eso porque no se limitaron a hacer practicismo junto al resto de no-comunistas? ¿Quizá hicieron eso en base a analizar profundamente la realidad? Bochornosas afirmaciones… ¡Ahora toca hacer trabajo y ya luego podremos hablar!

¿Pero es que se nos quiere vender que el socialismo científico es el mero resultado de una serie de experiencias puntuales a las que luego «se les busca sentido»? ¿Es que se pretende de un plumazo ignorar la inmensísima labor multidisciplinar que desarrollaron precisamente Marx y Lenin para poder llegar a proponer algo justo como base de un movimiento emancipatorio en su realidad concreta? ¿O es que «eso ya está hecho»? ¿Qué nos falta entonces?

¡Y esta es la manifestación más sistemática de su visión de la teoría y la práctica! De aquí en adelante, cuando se reniega del socialismo científico, lo único que queda es utopismo. Veamos alguna muestra…

Las tareas están… ahí fuera

De nuevo, veamos una transcripción literal de algunos fragmentos de una reunión más larga. Que de entrada quede claro que no existe «contexto» del cual sea posible sacar esto como para que originalmente tuviera un sentido comunista, a no ser que un chiste fuera lo que estaban haciendo como propuesta política. En esta ocasión se trata de un ex-miembro del colectivo de Madrid y uno de los jefecillos de la fracción:

«Pero lo primero que hay que hacer es romper con nuestra concepción de la política, y luego salir ahí fuera y empezar a conocer. Que puede sonar un poco empirista pero es lo único que tenemos, dejarnos de tanto análisis, análisis y análisis porque realmente, en el momento en que veamos los verdaderos focos de lucha, en el momento en que veamos las brechas del sistema en la calle, en ese momento tendremos clarísimo lo que hay que hacer. Lo que pasa es que parece que nos da miedo, miedo a asumir las tareas que tenemos como comunistas y es mucho más fácil y mucho más cómodo quedarnos en nuestros análisis, y quedarnos en nuestro estudio desde casa, porque al final este estudio será para otro día dar otro estudio, y otro estudio, y así no llegamos a nada, y acabaremos claudicando, como han claudicado tantas organizaciones antes que nosotros»

Sí, quizá suena empirista, parece empirista y huele a empirismo… porque es empirismo, porque sólo puede llevar a un trabajo practicista. ¡No se sorprenda de que suene a lo que es!

¿Pero acaso pretender encontrar una respuesta política revolucionaria en una manifestación de la lucha de clases sin perspectivas comunistas es empirista? Sí, es empirista.

¿Pero acaso dejarnos de «análisis, análisis y análisis» no es el camino directo a rebajar nuestra perspectiva como comunistas al nivel de la lucha espontánea? Sí, es rebajar el nivel.

¿Pero no es un absurdo responder al teoricismo académico que ni puede ni quiere concretar una política revolucionaria con una práctica ciega que pretende ver la luz «en la lucha»? Sí, y además es una respuesta más emotiva que consciente.

¿Pero no han claudicado en la historia del Movimiento Comunista del Estado español muchas más organizaciones por quemarse en una práctica ciega que por hacer «demasiados análisis»? Sí, y además en nombre de la práctica ahora mismo están claudicando ellos.

Pero veamos más del mismo individuo:

«[…] es que creo que precisamente hay que romper con todo lo que somos, y hay que empezar a construir teoría revolucionaria, y un proyecto revolucionario no desde arriba, no desde el legado teórico histórico, sino desde lo que tenemos ahora para trabajar. ¿Por qué no se define una línea de masas, coño? Porque intentamos adaptar nuestros esquemas, intentamos adaptar nuestras premisas a lo que existe, sin ir a lo que existe y construir después, efectivamente, sobre la lucha de clases del EE un verdadero proyecto revolucionario»

Quizá, señor empirista, porque hacen falta análisis de clases para definir una línea de masas que no consista esencialmente en acercarse de forma muy amable a «la clase» para «ayudarle». ¡Desde luego si el objetivo es hacer «algo», la línea de masas es tan simple como «hacerlo con alguien»! Pero para quienes somos comunistas y pretendemos transformar el mundo con una perspectiva emancipadora y no un asistencialismo que «ayude» a «la clase» no es tan sencillo.

Pero da un paso más allá que su colega sevillano, atreviéndose a renegar del legado histórico de la lucha de clases de casi dos siglos del proletariado revolucionario para decir que hace falta hacer una teoría revolucionaria «desde abajo», desde lo que tenemos «ahora para trabajar» (o mejor dicho, a lo que estas personas reducen el trabajo comunista).

¿Qué se adapta equivocadamente? ¿El Partido aquí no es necesario? ¿El centralismo democrático quizá? ¿El materialismo histórico? ¿La dialéctica materialista? ¡Por favor, concreten en qué critican! ¡No se limiten a ser unos charlatanes que repiten las consignas manidas que recuerdan de lo que hace apenas una semanas habrían criticado!

«Yo tampoco te voy a decir cuales son las tareas de los comunistas a día de hoy, porque yo sinceramente no sé cuales son esas tareas. Se cuales no son estas tareas, que no son ni las de la LR ni las nuestras [aquí se refiere a las del FRML]. Lo que tenemos que hacer es salir ahí fuera y ver cuales son nuestras tareas»

Aquí, meramente podemos recordar a Mao:

«Si usted no ha investigado un problema, se le priva del derecho a opinar sobre él. ¿Es esto demasiado brutal? No, en lo más mínimo. Puesto que no ha investigado el estado actual del problema ni sus antecedentes, e ignora su esencia, cualquier opinión que exprese al respecto no pasará de ser un disparate. Decir disparates, como todo el mundo sabe, no resuelve nada; así, ¿qué habría de injusto en privarlo del derecho a opinar? Muchos camaradas no hacen más que lanzar disparates con los ojos cerrados; esto es una vergüenza para un comunista. ¿Cómo puede un comunista decir tonterías con los ojos cerrados?» Contra el culto a los libros, Mao Tse-tung

¿Cómo puede un comunista hacerlo? Transformándose en un renegado.

El dichoso balance

¿Acaso nuestros renegados descartan la función del balance histórico y el balance constante de la actividad como base para avanzar hacia una praxis más justa? Parece que los balances, balances y más balances son una absurdez, algo que refleja meramente el «miedo a la realidad». Reconocen que no hay una teoría revolucionaria justa hoy capaz de ser base para la emancipación de la humanidad, pero niegan el proceso necesario para capacitarnos con una teoría tal, para desarrollarla y para aprehenderla.

¿Su propuesta? Véase:

«Es como que, contínuamente, se habla de los mismo «fusión del socialismo científico con las masas, con las asociaciones de trabajadores, con no se que, con no se cuanto», cuando realmente a lo mejor es al revés. Es que no hay un socialismo científico adaptado a la realidad de un país imperialista y de un centro imperialista como el nuestro, y lo que tenemos que hacer es construir una nueva teoría, pero no como esquemas que adoptamos de otras experiencias y que los intentamos meter a piñón aquí, porque eso lo único que hace es incapacidad política, y es dar vueltas sobre lo mismo, sino todo lo contrario, vamos honestamente a vivir con las masas, vamos honestamente a luchar con ellas y vamos honestamente a ir a los… donde hay, verdaderamente, lucha proletaria y nuestra clase»

¿Suena nuevamente empirista? Quizá es porque además de ser una pose moral asistencialista, su base es un empirismo practicista. Si estamos con las masas «honestamente» sabremos lo que hay que hacer, de lo contrario seremos incapaces de hacer política. ¿Pero qué política somos capaces de hacer hoy? ¿Quizá una burguesa?

Recordemos algo que decía uno de esos señores que habían «sistematizado teoría, pero pa su tiempo», precisamente cuando se preguntaba «¿Qué hacer?»:

«[…] todo lo que sea prosternarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del elementos consciente”, el papel de la socialdemocracia, equivale –en absoluto independientemente de la voluntad de quien lo hace –a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros»

O quizá mejor explicado por un camarada de este mismo señor ruso:

«Expliquémonos más detenidamente. En nuestro tiempo pueden existir sólo dos ideologías: la burguesa y la socialista. La diferencia entre ellas consiste, entre otras cosas, en que la primera, es decir, la ideología burguesa, es mucho más antigua, está más difundida y ha arraigado más profundamente en la vida que la segunda; con las concepciones burguesas tropezamos en todas partes y en todos los terrenos, en nuestro propio ambiente y en el extraño, mientras que la ideología socialista empieza a dar los primeros pasos, no hace sino empezar a abrirse camino. Huelga señalar que si se trata de la difusión de las ideas, la ideología burguesa, es decir, la conciencia tradeunionista, se difunde con mucha más facilidad y abarca mucho más ampliamente el movimiento obrero espontáneo que la ideología socialista, que está dando tan sólo sus primeros pasos»

¡Menos análisis! ¡Más salir de casa! ¿A hacer qué? A reproducir ideología burguesa. A subordinar las tareas de los comunistas, «honestamente», a la espontaneidad del movimiento de masas. Claro que hay que «salir de casa», pero utilizar tal expresión como consigna vacía, sin dotar de un contenido concreto a la misma y sin encuadrarla dentro de una perspectiva superior, es hacer un llamamiento al espontaneísmo más vulgar.

Pero cuidado, llega el punto de iluminación, que no es otra cosa que volver abiertamente atrás hacia la ideología pequeñoburguesa propia:

«[…] creo que ese es el núcleo, creo que enrevesamos demasiado las cosas, que le damos demasiada importancia a análisis sobre personalidades, sobre individuos, sobre un millón de cuestiones y realmente no nos centramos en los verdaderos problemas que son los que están ahí fuera tío. Creo que nuestro punto de vista está totalmente corrupto por una manera de entender la política que hemos aprendido, y creo que debemos romper con esa manera de entenderla tío, y sinceramente, esto es que no es un problema ni hay culpas de invididuos que sean responsables de todo esto. Todos, absolutamente todos, hemos caído en la misma manera de entender la política, es que es normal, es que no había otra forma de suponer y comprender el control al final de la realidad que nos rodea. Si nos ponemos a pensar en tareas imposibles de abordar como: ¿que es hacer la revolución? ¿que es establecer un poder militar? ¿sobre qué es el nuevo poder?»

El problema consiste en que hemos entendido mal la política, una «política corrupta» es lo que desarrollamos como organización (o en general, como comunistas). Se trata de otra cosa. ¿De qué se trata? No se nos aclara realmente aunque algo más adelante se nos hace una exposición misticista de algo que quizá es una «política no tóxica».

Nuevamente, se da «demasiada importancia a los análisis», ¿cómo puede un comunista sostener eso? ¿cómo puede además hacerlo en un momento donde no hay un referente claro como podría ser la Internacional hace un siglo? Se trata de la consecuencia última de no afrontar las duras tareas que nos esperan, buscar un atajo, o pretender buscar un atajo. ¡Salir a la calle! ¡Ayudar a nuestra clase! No se trata de nada original, como ya hemos dicho. Muchos lo han hecho ya y muchos lo siguen haciendo hoy sin dárselas de que han reformulado la política comunista y están desarrollando una nueva cosmovisión revolucionaria. ¡Se llaman como mucho activistas!

Pero esto puede degenerar más:

«[…] las verdaderas tareas políticas, las dejamos de lado, por eso se ponía a colación el audio de I. , porque deberíamos tener vergüenza de estar a esto, cuando nuestras verdaderas tareas políticas son ayudar a nuestra clase, pero claro, nuestras verdaderas tareas políticas ahora mismo no son ayudar a nuestra clase, es darle la importancia, al fin y al cabo, a la personalidad, a las reflexiones, a la concepción errónea de no se qué y no se cuantos, a los espacios de socialización, cuando todo esto debería ser mucho más natural, no se debería reflexionar horas y horas sobre espacios de socialización, deberíamos tener super claro que para ser buenos camaradas tenemos que vivir juntos, y sentirnos, y querernos y follarnos, y punto y no hay más problema. Pero sin embargo reflexionamos, sobre que son las relaciones, que es la camadarería, sobre no se cuantos… y damos vueltas y vueltas, y más vueltas, sobre los mismos problemas, y eso al final nos hace no avanzar. Podemos ser los mejores psicólogos del mundo ahora mismo, podemos tener una comprensión súper viciada de las relaciones sociales, ¿pero y qué pasa con nuestra clase tío? ¿qué pasa con las verdaderas tareas que están ahí fuera que no son tan fáciles de abordar?»

La misma persona que un rato antes no sabía cuáles eran las tareas de los comunistas ahora asegura que son «ayudar a nuestra clase». Si se refiere a ayudar a que encuentren la senda de su autoemancipación como elemento para la emancipación de la realidad, de acuerdo. Pero por experiencia hemos visto que aquí «ayudar» es desarrollar asistencialismo y honestamente llorar la miseria de quien vive en la calle o está a las puertas de ello.

¡Todo debería ser más natural! ¿Pero acaso la naturaleza humana no es social? ¿No es un reflejo de la ideología dominante en cada época, que sin duda hoy aquí es la idelogía burguesa? ¿No se está diciendo en resumidas cuentas que las claves de relación entre comunistas tienen que ser burguesas? ¡Es que desarrollar una camaradería sólida, militante y no caer en amiguismos es complicado! ¡Demasiado hemos querido analizar eso! ¿Acaso no puedo simplemente llevarme bien con gente que dice ser tan comunista como yo?

¿Y qué pasa con nuestra clase? Pues pasa lo de siempre, que seguirá huérfana de las herramientas para emanciparse, ya que quienes deberían trabajar por la reconstitución del Partido Comunista prefieren dedicarse a hablar de que deberíamos follar todos con todos. Nadie le impide a usted, señor renegado, follar con quien se lo permita, pero no intente hacer pasar esto por algo relacionado con la emancipación de nuestra clase.

Desde luego, si los «balances absurdos» y los «análisis y más análisis» se van a cambiar por reflexiones de charlatanes sobre política, relaciones sociales y sexualidad… nuestra organización solo puede insistir en las tareas que se ha marcado, trabajando por transformar la realidad analizándola, y analizar la realidad transformándola.

 

4- Medidas

En la medida en que ya se dejaba claro al inicio que no se trata este de un problema resuelto por la vía organizativa, sino meramente aplazado con la expulsión de un número determinado de elementos reaccionarios. Debemos dar el siguiente paso y reflexionar sobre las vías concretas de lucha contra estas tendencias en etapas previas a su manifestación con cierto grado de poder político. Esto es, combatirlas mejor y más prontamente.

Los detalles concretos de la campaña de rectificación pertenecen a la vida interna de nuestra organización, pero sí nos parece interesante señalar los principios generales de esta campaña, que se podrían resumir de la siguiente manera:

  1. Comprensión en toda medida del fondo político e ideológico de la polémica, trascendiendo los límites de la superficialidad orgánica y/o demagoga.
  2. Comprensión profunda de los principios del centralismo democrático en su aplicación en el seno de nuestra organización.
  3. Constatación práctica del cumplimiento de estos principios y su asociada disciplina y diligencia en el trabajo militante.
  4. Comprensión del elemento de lucha constante en todos los sentidos, comprensión de la necesidad de polémicas como esta para avanzar como militantes y colectividad, lucha contra la idea de «desarrollo armonioso».
  5. Aprehensión de la necesidad militante de tomar la iniciativa en la lucha de líneas, no pretender ser actores al margen de un conflicto.

 

«Las distintas ideas incorrectas que existen en esta organización del Partido tienen su origen, como es lógico, en el hecho de que la base de dicha organización está compuesta, en su gran mayoría, de campesinos y otros elementos procedentes de la pequeña burguesía; pero el hecho de que los organismos dirigentes del Partido no hayan combatido de manera coordinada y resuelta esas ideas incorrectas, ni hayan educado suficientemente a sus militantes en la línea justa, es también causa importante de su existencia y desarrollo» Sobre la rectificación de las ideas erróneas en el Partido, Mao Tse-tung

Se hace camino al andar

Acerca de la acción política realizada el 24 de diciembre

El camino recorrido

El fin de semana del 24 y 25 de diciembre algunas de nuestras camaradas realizaron una acción política en las calles de Madrid. Esta acción no consistió únicamente en la realización de varios repartos de comida a lo largo de dichos días, sino que sobre esos repartos se asentaron todo un conjunto de tareas políticas que consideramos necesario exponer. En primer lugar, y antes de entrar en una explicación más detallada de cuáles eran estas tareas y los objetivos a los que respondían, nos gustaría explicar cuál fue el desarrollo de la propia acción.

El 23 de diciembre organizamos varias recogidas de comida simultáneas en dos barrios de Madrid. Con estas recogidas se buscaba conseguir el alimento necesario para poder realizar los repartos del día siguiente. Un puesto de recogida de alimentos se situó en el barrio de Carabanchel, y el otro en el de Tetuán, barrios cuya composición de clase es principalmente obrera. Los resultados de esta recogida fueron mucho más que positivos. En apenas unas horas de trabajo, la solidaridad de las personas que colaboraron consiguió reunir un total de más de 300 kilogramos de comida.

Muchas de estas personas se interesaron por la acción que estábamos realizando y por su posible continuidad. Sobre todo en el barrio de Tetuán, pues nos situamos en uno de los Mercadonas donde el Hogar Social Madrid solía organizar sus propias recogidas. No nos reconocían como «los de siempre», y muchas personas, tras interesarse en nuestro proyecto y en sus diferencias con el HSM, decidieron colaborar e incluso establecer un contacto para seguir colaborando en un futuro.

Tras este primer paso, llevamos la comida recogida a casa de una de nuestras camaradas, donde grabamos un vídeo llamando a participar de esta acción a toda persona que quisiera colaborar. Esta parte resulta fundamental para comprender la propia acción. Fue mucha la gente de diversos colectivos, entre ellos comunistas, asociaciones y personas no organizadas, la que se animó a colaborar con nosotras, participando de los diferentes repartos que finalmente llevamos a cabo.

El 24 de diciembre nos centramos principalmente en la preparación de todo lo necesario para poder realizar los repartos aquella misma noche. Gracias a todos los alimentos que recogimos, pudimos preparar alrededor de doscientas raciones que incluían pasta con carne y tomate, entre tres y cuatro piezas de fruta, agua, un trozo de pan y algo de dulce. Varias panaderías colaboraron también con barras de pan, con lo que adicionalmente también se hicieron bastantes bocadillos que, igualmente, se pudieron repartir.

Finalmente, a eso de las siete de la tarde, se estuvo en disposición de poder comenzar con los repartos. Se configuraron varios grupos de trabajo, pues se pretendía llegar al máximo número de zonas y de personas posible. Algunas compañeras estuvieron repartiendo por la zona Centro, abarcando todo lo posible entre la Plaza de España, Templo de Debod, Gran Vía y Preciados. Otras compañeras se centraron en la zona más circundante a la Plaza Mayor, en la cual duermen cientos de personas cada noche. Por último, otro grupo pasó la noche en el descampado que hay tras la estación de Chamartín, un lugar donde viven unas treinta familias en pequeñas tiendas de campaña.

Sin embargo, el trabajo realizado ni empezaba ni terminaba con este reparto de comida. Sobre la base de este primer contacto establecido con estas personas se iniciaba una conversación en todos aquellos casos que fuera posible. Muchas de ellas relataban su historia, comentando cómo se habían visto abocadas a vivir en esa situación. Personas que en algún momento fueron empleadas por la propia industria y el comercio, pero que tras ser expulsadas del trabajo, y tras años en paro, fueron condenadas al frío, el hambre y la miseria de la calle. Una calle que, a la vez que un lugar de lucha, es una permanente amenaza para el proletariado, más aún en las condiciones actuales del sistema productivo, y en la que es muy sencillo entrar pero de la que, por lo que ellas mismas nos contaban, resulta imposible salir.

Existía un claro nexo común entre sus testimonios, pues todos incluían la total falta de esperanza en una sociedad que las había dado de lado, vejado y despojado. Habían sido totalmente repudiadas por sus familias, y la reincorporación a la producción no era ya una opción. Sin embargo, algunas de estas personas eran conscientes de la realidad social que comparten, y de la fuerza que podían conseguir si se «unían». El potencial revolucionario en sus palabras era un hecho, y nosotras, como pretendidas comunistas, tenemos que estar a la altura de la tarea histórica que tenemos por delante.

La existencia de personas en paro y en riesgo de pobreza, y la directa pobreza sin esperanza que sufre toda una capa de la población es una consecuencia del sistema social bajo el que vivimos, y una condición necesaria para que este se reproduzca. Por tanto, acabar con esta inseguridad continua de la clase trabajadora y con la miseria pura a la que amplias capas de ésta a lo largo y ancho del mundo se enfrentan, pasa únicamente por la construcción de un nuevo orden social donde estas situaciones no tengan cabida.

El día 25 de diciembre continuamos con la acción, dado que no repartimos toda la comida el día anterior. Primero estuvimos de nuevo en Chamartín, en el descampado anteriormente descrito. El origen de la mayoría de familias era del Este de Europa, en su mayoría de Rumanía o de Bulgaria. Pudimos hablar en extenso con algunas de las personas allí presentes, ya que una camarada sabe hablar el idioma. Estuvieron dialogando sobre sus condiciones de vida, parcialmente diferentes a las descritas anteriormente , aunque ambas compartan el frío de la calle. Nos describieron que pasaban varios meses seguidos en el Estado, viviendo de pequeños trabajos y de la caridad, y reuniendo un mínimo de dinero para poder mantener económicamente a sus familias, a las que habían dejado en sus países de origen. Cada cierto tiempo realizaban un largo viaje en autobús para reencontrarse con ellas y entregarles el dinero recogido, tras lo que volvían de nuevo al Estado, en un ciclo de vida que no tenían perspectivas de poder romper. También repartimos algo de ropa entre ellas, pues nos habían pedido algo de abrigo y mantas.

Tras esto, fuimos de nuevo a la Plaza Mayor, donde no dejó de contrastar la situación que nos encontramos la noche anterior con la de aquella mañana. Un gran mercado navideño repleto de gente copaba la Plaza, pareciendo ocultar a las cientos de personas que pasaron allí la noche anterior. Prácticamente bajo cada arco había algunas cajas de cartón que esperaban a ser recogidas por la noche para dormir. La última de las personas sin techo con la que tratamos habló de lo dura que era la calle, especialmente en esas fechas.

Por el día, completamente olvidadas, pese a la gente que les rodea.                                                                                   Por la noche, completamente solas, bajo un frío invernal al que no todas sobreviven.

Y sin embargo, esta última persona, tan maltratada y olvidada por la sociedad en que vivimos, hablaba de esa «unidad» de las desposeídas en y por un proyecto de transformación social común, como la única esperanza para salir de la situación en la que se encuentran. Y fue ella la que, pese a la situación en que vivía, terminó dándonos ánimos a nosotras para continuar en esta lucha. Porque no tenemos derecho a fracasar. «Seguid luchando, porque tarde o temprano ganaremos»

Callejones sin salida

Demasiadas veces se ha repetido la manida undécima tesis sobre Feuerbach de Karl Marx y pocas veces nos paramos a reflexionar el significado político de lo que afirma: «de lo que se trata es de transformar la realidad». Y de no comprender correctamente ese aforismo, aparecen dos desviaciones en la práctica política: el pragmatismo cortoplacista y los intentos mecanicistas de transformación inmediata y total de la realidad.

El pragmatismo no analiza la coyuntura desde una perspectiva general, desde un plano histórico, internacional y social. De hecho, su base es la carencia misma de ese análisis. Simplemente se centra en un aspecto de los problemas que encuentra en la realidad diaria. El pragmatismo es parte del cuerpo del reformismo que vemos a diario. Es también la justificación del «mientras tanto», que si bien es consciente de la necesidad de actuar en contra de la miseria que sufre la humanidad (muchas veces exclusivamente de partes de la misma), no va a la raíz de los problemas. Obviando así la unidad del análisis y transformación de la realidad en su conjunto.

Muchas veces suele decirse que «mejor que la gente coma hasta que llegue la revolución». Desde luego que mejor que la gente coma a que la gente pase hambre. Pero el que da más importancia a la limosna que a terminar con el hambre, no está realmente luchando por que la gente coma. Está sosteniendo de facto el sistema que, de forma inherente, crea el hambre. No es incompatible el apoyo a situaciones de emergencia con la organización de una Revolución. Es más, no hay apoyo efectivo más que en el prolongado proceso de preparación de la revolución. Lo que es inviable es predicar que ¡ahora! hay que dar de comer y ¡mañana! (o la semana que viene, o el año que viene o realmente jamás) nos preocuparemos por la Revolución. Si la Revolución no se organiza cada día, cada hora y cada minuto, esta no va a caer del cielo, ya que solo puede ser resultado de su propia organización. Paliar los problemas concretos que puede sufrir la clase obrera y las grandes masas tiene que verse desde la necesidad de organizar la Revolución y en el proceso de su organización.

El problema es complejo, pero la clave es no ver los «problemas inmediatos» y los «problemas revolucionarios» como cuestiones separadas (o unidas pero sin establecer sus relaciones mutuas), sino como cuestiones profundamente relacionadas, y por relaciones definidas. El pragmatismo solo piensa en el ahora, sin apoyarse en el pasado ni en el presente para poder conquistar nuestro futuro. Por ello, pese a sus ingenuas buenas intenciones, no puede resolver los rompecabezas que llevan asolando a la humanidad miles de años (1).

Pero además del pragmatismo, hay otra perspectiva que predomina, el dogmatismo, que le da la vuelta al pragmatismo (o practicismo). En los intentos de la práctica política solo lleva a la frustración, de ella al sectarismo y a la conformación de grupos endogámicos. Mientras que el pragmatismo solo ve lo inmediato, existen otras camaradas que no saben jugar las cartas que les han tocado, que pretenden organizar una Revolución mediante una mera aplicación doblemente mecanicista de concepciones teóricas generales -tendiendo así a la abstracción- sin adecuarse en ningún momento a las condiciones y particularidades de su ‘propia’ formación social.

Por una parte, desprecian el estudio directo de la realidad que les rodea y que se proponen transformar, dedicándose únicamente al balance de otras experiencias históricas. Para construir conscientemente un movimiento revolucionario es necesario realizar un análisis de la situación tanto objetiva como subjetiva de las diferentes clases y las capas que las integran, un conocimiento que debe sintetizarse con lo aprehendido de dicho balance. Ambos son componentes esenciales para el desarrollo de dicho proceso.

Pero, por otra parte, este pretendido balance que realizan es una distorsión de la realidad. Está adaptado a una serie de esquemas predefinidos de los que siempre parten. Por ello, no analizan consecuentemente estas experiencias, sino que intentan materializar en la historia un esquema limitado, en pos de legitimarlo. No es, por tanto, un verdadero balance, capaz de extraer lecciones de manera integral para la construcción de un movimiento comunista cualitativamente superior.

El dogmatismo se trata de una desviación común, por desgracia, que es en gran medida resultado de la escasa y/o mal analizada experiencia política. ¡La política se basa en resolver problemas complejos! Y la resolución de dichos problemas requiere de cuadros políticos dirigentes, de camaradas entrenadas y capacitadas para ello. Esta forja de cuadros pasa, inevitablemente, por conocer transformando mediante la praxis política la realidad social vigente. Estamos construyendo un mundo nuevo en una situación histórica determinada, y por lo general, caminaremos por un sendero en donde no todos nuestros pasos los habrán dado otros antes.

El dogmatismo es pues, un obstáculo de primer nivel. Las fórmulas memorizadas, los esquemas, las frases repetidas como una letanía… todo ello tiene poca utilidad política. Desde luego la formación revolucionaria en la teoría de vanguardia es imprescindible, ¡a dónde iría un barco sin brújula! Pero menospreciar la política como simplemente «poner en práctica la teoría», como plasmación unilateral de la segunda, es un error de base. Asimismo, grandes disputas teóricas son resultado del combate político. Por otra parte, en tanto que la teoría va ligada a la práctica, tener elaborada la primera no es condición suficiente para resolver una determinada problemática, pero sí necesaria. Aunque tampoco debemos olvidar que la propia teoría se desarrolla, se enriquece y evoluciona a través de la praxis.

El pragmatismo solo ve el actuar hoy, dejando de lado la conquista del mañana. La desviación opuesta, cree tener muy claro por qué actuar y para qué hacerlo, pero ignora o menosprecia el acto concreto de transformar la realidad y de conocerla y, en consecuencia, cae en una incapacidad política que termina por derivar en dogmatismo, sectarismo y aislamiento endogámico.

Históricamente, y aún en la actualidad, el MCE se ha ido desarrollando en diferentes direcciones ideológico-políticas. Pese a estas disimilitudes, todas ellas comparten un elemento común, la investigación deficiente -o directamente nula- de los sectores obreros que se han visto, y siguen viéndose, más afectados por el capitalismo. Ese sector de las amplias masas que oscilan peligrosamente sobre la pobreza, aquellas llamadas por Rosa Luxemburgo como la cuarta capa del ejército industrial de reserva proletario.

Una parte de las masas trabajadoras y desempleadas han sido condenadas a la miseria por la sociedad burguesa por ser superfluas para la valorización del capital. Quien no puede ser empleada productivamente (es decir, lucrativamente), no es. Se las condena, por lo tanto, a la pobreza en el sentido específicamente moderno del término. Es decir, a la exclusión social y al despojo de los medios disponibles en la sociedad. Bajo las relaciones sociales anteriores, por grande que fuese la explotación del productor, no existía una exclusión estructural de parte de la clase de los medios para reproducirse.

«La producción capitalista de mercancías es, pues, la primera forma de economía en la historia de la humanidad, en la cual la desocupación y la indigencia de una capa grande y creciente de la población, y la directa pobreza sin esperanza de otra capa igualmente creciente, es no sólo una consecuencia sino también una necesidad, una condición de vida de esta economía. La inseguridad de la existencia de toda la masa trabajadora, su indigencia periódica, o la miseria pura y simple de amplias capas, son por primera vez un fenómeno normal en la sociedad» (2)

Con ello queremos señalar que, al tratarse de un fenómeno moderno, la lucha contra esta miseria no puede darse como buena conciencia, altruismo o filantropía. Todas ellas operan sin entender que descansa en relaciones sociales actuales, que son asimismo mutables. Para ellas se trata de una inclinación por el ser humano necesitado, necesidad a la que se le supone un carácter antropológico. En oposición, las comunistas declaramos al mismo capital como innecesario, incluso una traba, para el desarrollo de las fuerzas productivas humanas y la organización racional de ellas.

Estaríamos sumidas en una ceguera intensa si no viésemos como este sustrato social es quien sufre de manera más intensa, en sus propias carnes, todas las problemáticas que son producidas por el capitalismo y la sociedad de clases. La falta de un análisis sustancial por parte del MCEe no excluye que haya habido momentos en los que se ha cuestionado el papel revolucionario de este sector de masas. Ahora bien, al no tomarse esta cuestión con la envergadura necesaria, haciendo una investigación apropiada para comprender esta problemática en toda su extensión, siempre se ha acabado recurriendo a un estudio insuficiente, unilateral, a veces predefinido en sus conclusiones y estático en cuanto al contenido mismo, como si el desarrollo y evolución de las clases a lo largo de la historia fuera ajeno a su significado. En dicho estudio se ha considerado a esta parte de la clase productora como el lumpenproletariado, y se ha tachado sus posiciones, o carácter, como enteramente contra-revolucionarias. Se ha olvidado, en definitiva, que en las condiciones adecuadas puede luchar en las filas de la revolución, dependiendo del nivel transformador político que tenga el proletariado sobre la misma.

Por lo tanto, este sector de masas puede y debe ser influenciado, para poder ser dirigido, con el objetivo de unirse a las fuerzas sociales revolucionarias. Hacer esto a gran escala, es cierto, precisa de un Partido Comunista actuante, pero no es menos cierto que excluir a este sector en su proceso de formación lo haría nacer endeble.

¿Hacia dónde?

En aras de este objetivo es totalmente esencial conocer la realidad concreta y cambiante de las masas, pues sólo así se podrá articular una táctica-plan determinada. No nos confundamos, no estamos hablando de teorizar la línea política general (en todas sus formas) a seguir, sino a precisar una parte de esta misma línea general. Es nuestro deber concretar, mediante la recogida y estudio -sintetización de ideas de las masas-, la senda a seguir en este aspecto determinado. En base a esta meta es de total necesidad la elaboración de un análisis de la composición de clase del Estado español. No como las generalidades tan dichas y repetidas, sino como síntesis del estudio y del trabajo directo de todas las capas de la sociedad.

El estudio de este sector de masas concreto tiene tres finalidades fundamentales, estrechamente relacionadas con la necesidad de recoger información para cristalizarla, ulteriormente y de forma consciente, en un análisis de la composición de clase del Estado español, pues no hay en la prensa oficial testimonio del pensamiento de las desposeídas sobre su situación, ni sobre la sociedad que las relega a ella.

En primer lugar, no se trata solamente de ese sector que actualmente vive en la miseria (como un ente aislado), sino establecer un claro nexo entre amplios sectores de la clase obrera que se encuentran oscilantes entre la miseria del trabajo asalariado y la miseria de la calle. Rosa Luxemburgo nos ilustra:

«Al exponer las relaciones salariales capitalistas es completamente incorrecto considerar solamente los salarios efectivamente pagados de los trabajadores industriales empleados, lo que ya es una costumbre, incluso entre los obreros, tomada acríticamente de la burguesía y de sus escribas. Todo el ejército de reserva de los parados, desde los obreros calificados transitoriamente desempleados hasta los más pobres, y el pauperismo oficial, entra en la determinación de las relaciones salariales como factor de pleno derecho. Las capas más bajas de necesitados y marginados, de ocupación insignificante o nula, no son una especie de excrecencia que no integra la “sociedad oficial» como lo plantea, por supuesto, la burguesía, sino que están ligadas por todos los eslabones intermedios del ejército de reserva, por lazos vivos internos, con la capa superior de obreros industriales, colocados en la mejor posición».(3)

Y continúa:

«La pobreza y el lumpenproletariado están entre las condiciones de existencia del capitalismo y crecen con él: cuanto mayor es la riqueza social, el capital en funcionamiento y la masa de obreros empleados por él, tanto mayor también la capa de parados en reserva, el ejército de reserva. Cuanto mayor el ejército de reserva en relación con la masa de obreros ocupados, tanto mayor la capa inferior de pobreza, pauperismo y delito. De modo que, junto con el capital y la riqueza, crece igualmente, de forma inevitable, la cantidad de desempleados carentes de salario y, con ellos, la capa de los Lázaro de la clase obrera (la miseria oficial). Esta es, dice Marx, la ley absoluta y universal del desarrollo capitalista». (4)

Su comprensión es esencial para la constitución de la unidad orgánica que forma el partido, siendo esta misma característica propia de la clase:

«De modo que la situación de las capas más bajas del proletariado se mueve según las mismas leyes de la producción capitalista, se amplía y se estrecha por ellas, y junto con la amplia capa de los obreros rurales, así como con su ejército de parados y con todas las capas desde la más alta hasta la más baja, el proletariado constituye un todo orgánico, una clase social, en cuyas diversas gradaciones de miseria y opresión puede captarse correctamente la ley capitalista del salario en su conjunto». (5)

En segundo lugar, la necesidad de combatir la idea lassalleana, aún hoy presente con otra cara política, de la clase obrera como la única clase revolucionaria, y el resto de clases como una masa reaccionaria (Programa de Gotha). Que la clase obrera sea la fuerza dirigente y principal de la revolución no hace de ella la única fuerza revolucionaria.

«El sector más grande del lumpenproletariado […] Son elementos capaces de luchar con gran coraje, pero inclinados a acciones destructivas; si son bien dirigidos pueden devenir en una fuerza revolucionaria» (Mao). (6)

En tercer lugar, nos vemos en la obligación, mediante esta labor, de destruir una de las ideas hegemónicas surgidas de la actual sociedad burguesa: la visión de las integrantes de esta parte de las masas trabajadoras como pacientes. Nuestra posición es que tal concepción es nociva, puesto que consideramos que todas las oprimidas deben ser vistas no solo en el lugar que ocupan en la sociedad actual (sería mantenernos en los márgenes del estrecho pensamiento burgués), sino en aquel que pueden ocupar en el proceso de transformación revolucionaria. Al mantener esta postura tenemos la obligación de examinar, directamente, el carácter de este sector de masas. Esta práctica social (y política) difiere radicalmente del mero asistencialismo. Aquel que desdeña nuestro trabajo con tal epíteto lo hace porque comparte el elemento contemplativo del pensamiento burgués filantrópico, porque no puede ver en él otra cosa que caridad, no puede ver (ni quiere establecer) sus conexiones políticas con la formación del movimiento revolucionario organizado de la clase. Exactamente la misma deficiencia adolecen quienes no ven en el 24 de diciembre sino festividad religiosa, precisamente por tener tan interiorizado (en forma de oposición «radical») el pensamiento religioso.

Sobre Proudhon y sus partidarios Marx escribe: «Ven en la miseria solamente la miseria, sin notar su lado revolucionario, subversivo, el lado que derrocará a la vieja sociedad» (7)

En síntesis, el objetivo que ha perseguido, y sigue persiguiendo esta acción, al no ser meramente puntual, sino integrante de un trabajo constante, es el teje de unas relaciones con este sector de masas concreto que durante tanto tiempo ha sido excluido por parte del MCEe, así como por la ‘sociedad oficial’. Es la constatación de nuestro deber de conocer la realidad concreta y cambiante de las masas, y en este caso, de las personas más perjudicadas por el moderno régimen de producción. Expresa por lo tanto la responsabilidad que tenemos como comunistas de comprender cuál es el potencial revolucionario, generado en su transformación desde la ideología comunista, de nuestra clase, y por ello de nosotras mismas. Para poder ser integradas, en tanto sector de masas, en una táctica-plan general, en manos del partido, como programa de la Revolución.

2) Rosa luxemburg, Introducción a la economía política, p. 144-145.
3) Ibíd., 150.
4) Ibíd., 143.
5) Ibíd., 151.
6) Mao Tse-tung, Ánalisis de las clases de la sociedad china., p. 16 https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/AC26s.html
7) Karl Marx, Miseria de la filosofía. Septima y última observación https://www.marxists.org/espanol/m-e/1847/miseria/005.htm