Una falsa autocrítica: sobre el ex-camarada Samuel

«En el trato con los camaradas, debemos adoptar el método dialéctico y no el metafísico. ¿Qué significa aquí el método dialéctico? Significa tratar todas las cosas de manera analítica, reconocer que todo hombre puede incurrir en errores y no descalificar completamente a alguien por el hecho de haberlos cometido. Lenin dijo que no hay en el mundo persona alguna que no cometa errores. Toda persona necesita el apoyo de otras […]

Pienso que es inadecuada toda idea que lo lleve a uno a echárselas de sabelotodo y omnipotente como Dios. Así las cosas, ¿qué actitud debemos tomar para con los camaradas que incurren en errores? Hacer análisis y adoptar el método dialéctico y no el metafísico. […]

El concepto fundamental de la dialéctica es la unidad de los contrarios. Si se lo acepta, ¿cómo se debe entonces tratar a los camaradas que han cometido errores? En primer lugar, luchar contra ellos a fin de liquidar completamente sus ideas erróneas y, en segundo, ayudarles. O sea, primero luchar y, segundo, ayudar. Partiendo de la buena voluntad, ayudarles a corregir sus errores de modo que tengan una salida.

En cuanto a otro tipo de gentes, el método debe ser distinto. Para con personas como Trotski o como Chen Tu-hsiu, Chang Kuo-tao y Kao Kang en China, no había manera de asumir una actitud de ayuda, pues ellos eran incurables. Hubo, además, otros individuos incurables como Hitler, Chiang Kai-shek y el zar; con ellos no podíamos hacer otra cosa que derribarlos, porque existía una incompatibilidad absoluta entre ellos y nosotros. En este sentido, no tenían un carácter doble sino único».

Método dialéctico para la unidad interna del Partido, Mao Tse-tung

Para quien esté al tanto de la polémica reciente en la que la organización se ha posicionado firmemente, el nombre de Samuel no resultará desconocido. A nuestra organización se la ha tachado públicamente de machista, misógina y de amparar a individuos que arrastran estas actitudes, esencialmente a raíz de Samuel y su comportamiento.

Desde hace casi dos meses, antes de que trascendiera públicamente el tema, esta persona fue expulsada de la organización. En el momento en que se le expulsa, había una investigación abierta en lo referido a conocer la totalidad de sus actitudes patriarcales. Tras esto, se mantuvo una relación de trabajo en lo relativo a la profundización de dicha investigación y a comenzar a trazar una hoja de ruta de su posible autocrítica.

Con la presente comunicamos que esta relación de trabajo queda rota por completo ante la imposibilidad de conseguir que este llegue a propiciar un cambio real, efectivo, en sus comportamientos reaccionarios en el ámbito patriarcal y en el de su perspectiva como comunista. Esta persona no tiene ya relación alguna con nuestra organización.

Pero además, nuestra responsabilidad como comunistas nos obliga a poner en claro el trabajo con él, centrándonos en este último periodo en el cual hemos intentado que rectifique sus posiciones y comportamientos.

Trayectoria militante de Samuel

Antes de adentrarnos en una valoración pormenorizada de las actitudes reaccionarias de Samuel y de los materiales que nos remitió, consideramos necesario esclarecer cuál ha sido la manera de concebir la militancia por parte de Samuel y cuál es su estado actual con respecto a la organización.

Samuel fue militante de la organización hasta finales del mes de junio, momento en que se le expulsa de la misma. Éramos conscientes de las limitaciones que tenía para desarrollar correctamente su militancia, y de la manera en que concebía y abordaba las relaciones sociales en general, tanto con camaradas de la organización como en otros ámbitos de su vida.

Históricamente, el único terreno donde se ha desenvuelto en sus quehaceres militantes es en el de la teoría. Siempre se encontró cómodo en ella, y toda su iniciativa individual se restringía a ese ámbito. Para nosotras, como organización revolucionaria, podía ser funcional en la medida en la que se encuadrase en la división del trabajo en su conjunto. Es necesario saber extraer de cada camarada todo lo que pueda aportar a la revolución. Encontrar la labor en la que más pueda sumar y generar los espacios que le permitan llevarla a cabo, logrando que supere sus limitaciones teórico-políticas (o que estas no neutralicen a otras grandes aportaciones que pudiera realizar).

Sin embargo, su concepción del mundo, y por ello de la militancia, dificultó y puso grandes trabas a nuestra labor de elevación. Ello, unido a otras notorias limitaciones sociales básicas que reforzaban la primera, lo condujo a una concepción insuficiente de lo que significa ser militante comunista. Terminó adaptando su desarrollo militante a sus inclinaciones, y no trabajó en ellas en función de su desarrollo militante.

La comodidad en el plano teórico no se puede comprender aislada de su incomprensión de las relaciones sociales, buscando siempre compensar la una por medio de la otra. En vez de dotarse de las herramientas que la teoría nos puede aportar para la elaboración y asunción de las bases del comunismo revolucionario (y por ello de nuestro avance político como destacamento), encontró en ella un refugio para eludir sus limitaciones en el resto de ámbitos. Esto hizo deficiente la teoría misma.

En un primer momento, pareció mostrar una actitud consecuente con sus limitaciones políticas, que en buena medida descansan en aquellas de socialización. Razón por la que se inició un largo trabajo colectivo que pretendía transformar a Samuel. Sabíamos que sería un proceso complejo y duro, pero creíamos que sería posible transformar su concepción del mundo y, con ella, la forma en que abordaría la praxis comunista y el resto de relaciones sociales. Este proceso no dio frutos reales en ningún momento. Toda crítica y todo trabajo que se hacía con él, encaminado a la superación de sus limitaciones, terminaba a lo sumo con una asunción verbal de lo señalado. Una asunción formal que, como podréis constatar en estos materiales, no se ha traducido en una verdadera interiorización de la nueva concepción del mundo que queríamos forjar.

Por parte de la colectividad también se le criticaron reiteradamente otros aspectos de su militancia. Críticas de las que se distanciaba continuamente con narrativas focalizadas en casos concretos, que no son más que manifestación de la problemática general que eludía con ellos. De nada sirven sus profundizaciones acerca de la profesionalización de la vanguardia, cuando continuamente violaba el centralismo democrático (salvo para mostrar precisamente que la profundización teórica no es suficiente). De nada sirven sus reflexiones sobre la subordinación del interés personal al colectivo cuando su actividad diaria estaba plagada de actitudes liberales (salvo para confirmar que la reflexión es condición necesaria pero no suficiente de la rectificación). Y lo que es más despreciable, de nada sirven las pretendidas aportaciones que hizo a la cuestión de la mujer cuando, en la relación que mantuvo con Jiang, no paró de reproducir actitudes de maltrato psicológico y de opresión sistemática.

En el momento en que fue expulsado de la organización, mostró una aparente predisposición a asumir realmente todo comportamiento reaccionario y a hacer todo lo necesario para poder superarlo. Por ello consideramos en aquel momento la posibilidad de -desde fuera de toda relación organizativa- trabajar con él para lograr que iniciase un prolongado proceso de autocrítica. Sin embargo, este trabajo fue del todo ineficaz, sirviendo únicamente para la constatación de los motivos por los que Samuel está incapacitado para ser comunista.

Existe una continuidad entre los tres textos de pretendida autocrítica que Samuel presenta a la organización durante este proceso de trabajo y el conjunto de su trayectoria militante. No hablamos de algo diferenciado, sino que constituye una materialización más de un mismo obstáculo, de la misma limitación objetiva, en este caso acerca de la cuestión patriarcal.

Este hilo común se disfraza con transiciones aparentes entre las tres autocríticas. De la primera a la segunda, que llevó a cabo en menos de dos días desde que nos reunimos con él para criticar severamente la primera, se observan exclusivamente modificaciones de tipo literario y la supresión de ciertos episodios. De alguna forma, su pretensión se reducía en hacerla más agradable al público. El reenfoque era imposible. Nos volvimos a reunir con él para despedazar el segundo material. De nuevo, asintió sobre el contenido de lo criticado. Sin embargo, su siguiente paso continuó en la línea de lo precedente. En esta ocasión, en vez de modificaciones literarias, estilísticas, introdujo desarrollos teóricos en ámbitos que en nada favorecían la comprensión crítica de su proceder. Lo sustantivo se mantuvo inalterado. Suplementa la narrativa con una explicación científica sobre los efectos del alcohol en el organismo humano, una teorización de Bourdieu sobre la construcción de la mirada, etc.

Por otra parte, sus materiales (1) son el intento de la abstracción, cada uno a su manera, de un problema real. Una narración, en muchos casos, de sucesos de los que él parece no ser partícipe. En otros momentos, pretendidos desarrollos teóricos ajenos a esta narración y al enriquecimiento auxiliar de la misma. En general, la coartada de unos comportamientos reaccionarios disolviendo el nexo entre lo sucedido y quien lo ha realizado.

Teníamos claro, y así se lo transmitimos, que la autocrítica no iba a ser una carta de disculpa a aceptar o no por nuestra parte. Que no iba a ser una decisión sobre la concesión de algún tipo de «perdón divino» si nos era pedido con el adecuado ángulo de genuflexión. Nuestra concepción de la autocrítica es la rectificación efectiva, tangible, constatable en la práctica e inmersa en un proceso colectivo.

Para nosotras sus textos no sirven ni tan siquiera como declaración de intenciones, porque constatan que no ha entendido aún su papel luego de haber sido criticado reiteradas veces por nosotras y por terceras. Los textos que se propuso redactar a lo máximo que podrían haber llegado es a una comprensión de sus errores y de los pasos necesarios para su rectificación. La prueba final de sus rectificaciones, en todo caso, no estaba en la redacción de un texto, pero demostrar el haber comprendido la crítica y su papel cuanto menos era un paso necesario.

Insistimos continuamente en esta idea, y en el enfoque que debía adquirir durante el proceso de autocrítica. Sin embargo, la constatación de los hechos muestra que, más allá de comprenderlo, ha profundizado en las mismas actitudes que ya venía desarrollando. Nos encontramos frente a una desvinculación de los actos cometidos, a excluirse como sujeto de los hechos de los que es parte y que ha reproducido, a una negativa a asumir sus consecuencias, a una simple búsqueda del perdón, a una actitud profundamente reaccionaria: a un comportamiento impropio de alguien que pretende ser comunista.

Sentenciamos, por tanto, que la crítica que hemos efectuado a Samuel no puede quedarse únicamente en el ámbito interno, pasando a formar parte de nuestra responsabilidad como comunistas la elaboración de este material. Alguien que es incapaz de afrontar las consecuencias de sus actos machistas y liberales -y que por tanto no puede superarlos- no es más que un reaccionario. Y, como tal, ha de ser desenmascarado frente al conjunto del movimiento mostrando lo que en su práctica demuestra que es. Puede servir, asimismo, de pauta para aprender a combatir casos del estilo allí donde se den. Las críticas públicas tienen como objetivo, no solo la superación y el avance de un elemento o una organización concreta, sino del movimiento comunista en su totalidad.

Análisis de su(s) «autocrítica(s)»

La relación entre ambas se inició como un intento de relación de «nuevo tipo», en la cual se pretenderían evitar comportamientos reaccionarios propios de esta sociedad. Pese a esta supuesta conceptualización teórica de la relación que en un principio tuvieron, el resultado fue justo el contrario. Bajo una sociedad clasista, es imposible desarrollar una relación enteramente «liberada» o de «nuevo tipo». En mayor o menor medida, esta reproducirá cierto grado de dominación y de poder. Hasta que logremos la abolición de las clases sociales y de toda forma de opresión, pretender llevar una relación totalmente liberada, mientras la organización social actual la hace imposible, es un utopismo que parte de concepciones ajenas al marxismo.

Samuel incurrió en este error idealista, pensando que sus acciones individuales podían estar por encima del capitalismo patriarcal, y considerando que podía afrontar una relación de estas características en el contexto actual. El error no reside en oponerse actualmente a ese tipo de actitudes, sino en que, al pensar que se encuentran ya superadas, se incurre en la omisión del combate activo y consciente. Ser conscientes de esta realidad no nos puede hacer caer en posturas nihilistas. De este razonamiento, hay quien podría concluir que hemos de evitar toda relación sexo-afectiva, o incluso toda relación social de la que pudiéramos participar. Como comunistas, hemos de luchar precisamente por lo contrario: siendo conscientes de los aspectos reaccionarios que podemos reproducir en nuestros comportamientos, hemos de luchar tanto individual como colectivamente contra ellos, contra la totalidad social que los posibilita y produce, en un proceso de transformación, por tanto revolucionario, de la sociedad.

Desde el primer momento en que él toma conciencia de este hecho, debió haber iniciado un proceso por la superación de las conductas burguesas que reproducía al relacionarse. Al no haber hecho este trabajo activo que toda comunista ha de llevar a cabo, el resultado de sus comportamientos en la relación con Jiang fue el contrario al planteado. Por ello, él se desenvolvió en la relación de pareja bajo los preceptos aceptados en esta sociedad burguesa. Consideró a Jiang como su propiedad privada, creyéndose con la legitimidad y el derecho para exigir de ella lo que él considerase.

A lo largo del trabajo que hemos realizado con Samuel, hemos incidido con él en esta idea acerca de las relaciones sociales. Sin embargo, este señalamiento no ha servido para que tome conciencia de su responsabilidad activa en esta cuestión. En vez de reconocer su actitud profundamente reaccionaria a la hora de no preocuparse por detectar y trabajar sus comportamientos, ha caído en un determinismo social como medio de autojustificación.

Para evitar afrontar interiormente las consecuencias de sus actos, decide escudarse continuamente en la influencia que su medio social ha tenido y tiene continuamente sobre él. No negamos que existan limitaciones debido a su desarrollo vital y social, pero no las aceptamos como justificación. En alguna ocasión menciona que no existe «justificación posible al respecto», pero en ningún momento asume ni interioriza su responsabilidad al no haber luchado, desde que toma conciencia de esta situación, contra la perniciosa influencia social existente.

Además, al inicio de su última »autocrítica», menciona que se trata de un «primer eslabón de un largo proceso personal de combate contra el patriarcado capitalista». Pero en boca suya, no son más que palabras vacías. Palabras que no significan nada cuando él mismo no asume que ese combate debió iniciarlo en el preciso instante en el que comenzó a considerarse comunista y en el que tomó conciencia de la sociedad de tan marcado carácter patriarcal en que vivimos. Palabras que no significan nada cuando no asume las consecuencias que dicha actitud liberal y machista tiene, que han sido las de reproducir sistemáticamente comportamientos reaccionarios, tanto con Jiang como con camaradas y mujeres con las que ha tenido contacto durante este periodo.

Profundizando en el momento en que comenzó a reproducir, de manera más abierta, su dominación sobre ella, él comenta lo siguiente sobre sus sentimientos: «En el primer mes yo aún no estaba enamorado. Fue al ver de un modo más palpable la situación vital real que sufría en casa, cuando empecé a sentir algo por ella». En este preciso instante Samuel constata la debilidad emocional y vital que en ese momento tenía Jiang, y es cuando empieza a ejercer, a través de estas vías, su control sobre ella. El desarrollo de ese supuesto sentimiento de «amor» va vinculado, por tanto, a un fuerte carácter compasivo, controlador y paternalista, que manifestará de manera cada vez más explícita.

Esta concepción, tras un periodo largo de trabajo con él, logra aceptarla de palabra, manifestando una asunción formal en su última autocrítica. Sin embargo, valoramos que la exposición que hace sobre este punto es insatisfactoria:

En primer lugar, nos encontramos con que en ningún momento repara en las consecuencias que esta actitud paternalista pudo tener sobre Jiang. No repara en cómo sus comportamientos pudieron, por ejemplo, afectar a su progreso militante. Refiere el trato paternalista y de desprecio altanero que tiene con respecto a materiales teóricos que ella elaboraba (precisamente sobre feminismo), siendo actitudes que sospechamos no debió manifestar únicamente aquí, y de las cuales nunca analiza las consecuencias que pudieron tener. Realiza todo el análisis sobre el paternalismo en sí mismo, sin tener en cuenta en ningún momento a la propia víctima.

En segundo lugar, termina sentenciando lo siguiente: «En aras de mejorar ésto, debería evitar convertirme en una autoridad que decida qué es y qué no es lo que le conviene a, qué tenga que hacer o cómo tenga que hacer X cosa a mi pareja». Después de decir ser consciente y haber interiorizado todos estos aspectos, es inaceptable que hable en estos términos. Continuamente, a lo largo del material, utiliza tiempos condicionales para hacer referencias a tareas y obligaciones que tiene, inapelablemente, que llevar a cabo si quiere hacer efectiva autocrítica alguna. Convertirnos en una autoridad constante sobre nuestras parejas no es algo que »deberíamos evitar», es algo contra lo que hemos de luchar de manera consciente en todo momento, y no únicamente como individuos, sino con todo el apoyo de la colectividad a la que pertenecemos y a la que él renunció a acudir.

Consideramos necesario plasmar una de las problemáticas que tiene que enfrentar una colectividad revolucionaria y que él también menciona: la cuestión de forjar una sana e imprescindible confianza entre las camaradas. La mayoría, debido a la ideología dominante, tenemos interiorizada en nosotras una serie de prejuicios burgueses como aquello que la sociedad clasista denomina «vida privada».

En la sociedad burguesa se entiende, pues, que todas tenemos una vida privada, y que en ella no puede interferir ningún factor externo, una esfera escindida del dominio público, donde quedaría todo lo que en ella ocurre. Conduce a la consideración de que somos nosotras mismas como individuos las únicas que pueden decidir sobre el desarrollo de sus vidas privadas «ajenas» a la militancia. Sin embargo, esto no es más que una quimera. Con el desarrollo del proceso revolucionario, es decir de la reconstitución del Partido y la subsiguiente praxis política, cada vez las militantes tenderán a integrarse más multilateralmente en la colectividad dejando de lado el individualismo en el cual se nos educa. Esta idea no lleva a que el Partido se convierta en un «gran hermano», distopía liberal donde las haya, que controle todo lo que hagan todas sus militantes, pero es necesario un conocimiento profundo de las camaradas, no solo para confiar en ellas, sino para combatir en última instancia toda ideología burguesa que puedan reproducir de manera consciente e inconsciente.

Estamos ante una de las razones por las que las problemáticas de la vida burguesa se deben socializar con las camaradas. Así, en el caso de ser capaces de ayudar a que la persona en concreto supere una serie de limitaciones, lo hagan. Samuel, en este caso, decidió quedarse toda la problemática para sí mismo, informando de forma mínima y muy superficial. De tal manera que la organización no sabía, por su parte, hasta qué punto se estaban reproduciendo actitudes reaccionarias.

El excamarada no socializó como debía una problemática de esta gravedad, cayendo por completo en las garras de la ideología dominante. Es más, no solo no la compartió por los cauces adecuados, sino que recurría a vías como Twitter para desahogarse al margen de la colectividad. Samuel interiorizó una concepción errónea acerca de las relaciones de camaradería, ya que demostró que las camaradas no son aquellas en las que tiene que depositar su confianza, haciendo una división metafísica entre la vida militante y la vida burguesa.

Lo que acabamos de exponer, era algo que Samuel había aprendido pero no aprehendido, es decir, lo había comprendido en un marco estrechamente teórico pero no lo había asimilado en un marco teórico-práctico. Este divorcio entre teoría y práctica es muy recurrente en él, algo de lo que también dice ser consciente, y no deja de expresar ideología burguesa, que siempre suele presentar a la teoría y a la práctica como externas entre sí.

Pasaba por unos momentos donde se encontraba totalmente alienado en una lógica destructiva de la que no podía salir. Esta situación es caldo de cultivo para que se reproduzcan todo tipo de actitudes liberales en él y que no se comporte como un militante comunista. Debemos comprender que en una colectividad, todas somos responsables de nuestros actos individuales, pues tanto los errores como los aciertos de una camarada, lo son de toda la organización. Es por esto que todo lo que ocurra en nuestra vida puede llegar a afectar muy negativamente a nuestra actividad militante y por tanto a la actividad de la colectividad. En lugar de ser consecuente con los valores comunistas que decía haber asimilado, adquirió una actitud liberal y reaccionaria, ocultando las actitudes que llevó a cabo en todo momento. Actitudes de las que reconoce haber sido parcialmente consciente mientras las cometía.

Él mismo comenta lo siguiente al respecto: «Para la superación de mis conductas reaccionarias, dado al temor que tenía en colectivizar mi problema con todo detalle para resolverlo de forma revolucionaria por miedo a posibles represalias políticas completamente justas, oculté algunas actitudes reaccionarias graves (…)». Aquí queda reflejada una despreciable actitud liberal, profundamente contrarrevolucionaria. Aunque la reconozca formalmente, en la tónica general de los tres escritos, no es capaz de asumir las consecuencias de la misma. Durante todo ese periodo de tiempo puso sus intereses personales, primero, por encima de los de Jiang, y segundo, por encima de los de la colectividad revolucionaria.

Profundizando en sus mecanismos de control: celos y maltrato psicológico

Samuel desarrolló, fruto de la concepción que realmente tenía interiorizada sobre las relaciones de pareja, un fuerte sentimiento de propiedad sobre Jiang. Además de las despreciables actitudes paternalistas y condescendientes que hemos relatado más arriba, también cometió otros fuertes comportamientos reaccionarios sobre ella, ejerciendo un control y un seguimiento de su actividad en extremos obsesivos. No respetó su intimidad en ningún momento, ni su derecho a relacionarse sin su control continuo.

Debido a esta necesidad de control, manifestó en todo momento una actitud celosa que llegó a ser obsesiva. Los celos, en las relaciones de pareja, no son únicamente un producto surgido de la incapacidad de ejercer un determinado control sobre lo que es considerado como propiedad; sino que constituyen, a la vez, un mecanismo de control en sí mismo. Frente a determinados sucesos en la relación, desarrolló sentimientos de celos cada vez mayores, y estos, a su vez, los exteriorizaba con ella como mecanismo de chantaje emocional, para asegurarse esa parcela de control que sentía amenazada, y con ella su «masculinidad».

Los mecanismos a través de los cuales ejercía ese control eran muy variados, y fueron modificándose y ampliándose a lo largo de la propia relación y después de esta. Como hemos descrito, el chantaje emocional fue uno de los mecanismos clave para ejercerlo, afianzarlo y desarrollarlo cada vez más. Este es un punto en que no repara en su primer material, y solamente es asumido por él de manera formal en lo referente a algunas ocasiones concretas en siguientes materiales. No es capaz de asumir esto como una constante siempre presente en esta relación, una constante que, después de diez meses terminada la relación, y después de meses de trabajo con él al respecto, no ha sido capaz de asimilar.

Nos referimos, en concreto, al continuo tono victimista que muestra a lo largo de las tres «autocríticas». Desde un primer momento, y como hemos señalado al principio del material, enfoca el desarrollo como si de una narración se tratase. En ningún momento encontramos una verdadera autocrítica comunista, ni encontramos una actitud consecuente con las acciones que ha estado cometiendo, sino simple y llanamente una descripción.

Lo que verdaderamente busca es el perdón de las partes implicadas, la aceptación y reintegración en la colectividad y en los círculos de amistades de los que ha sido expulsado.Y para conseguir esto, en vez de asumir hasta las últimas consecuencias la cadena continuada de actitudes reaccionarias, se vuelve a posicionar como una víctima, como la parte que principalmente ha sufrido a lo largo de este proceso. Busca que, en definitiva, el conjunto del movimiento comprenda que él sufría cuando la controlaba, que él vivía destrozado cuando ella hablaba con otras personas, que comprobó en sus carnes lo complicado que era llevar una relación abierta: que seamos condescendientes con un agresor que, realmente, si no ejercía su control, lo pasaría aún peor.

Reproduce, por tanto, ese chantaje emocional que en todo momento ejerció sobre Jiang. Pretende que le compadezca su propia víctima, nosotras y el conjunto del movimiento para que aceptemos unas autocríticas que distan mucho de una mínima comprensión de sus comportamientos machistas y sus nefastas consecuencias.

Entre otras cosas, declara «lloré frente a ella rogándole que me dijera que me quería», después de decir que había soportado unos celos que le impidieron comer. Dice: »soporté silenciosamente todas sus muestras de afecto», mientras las que tenía con otro camarada le resultaban »fuertemente dolorosas». En una autocrítica no hay cabida para reflejar estas valoraciones subjetivas que solo pretenden autojustificar sus comportamientos y su conciencia respecto a ellos. Reconoce de palabra que los celos y el chantaje emocional son algo reaccionario, pero si lo que realmente debería asumir, que es el cómo cohartó por medio de este chantaje a sus relaciones personales y su avance, no aparece en ningún momento, sólo podemos decir que no ha comprendido absolutamente nada de su conducta.

»La relación se tamagochizó»

Conscientemente o no, Samuel vuelve a actuar de forma liberal a la hora de definir la relación con Jiang. A pesar de habérselo señalado explícitamente en varias ocasiones, y existiendo mil formas distintas de decir que una relación se digitalizó/virtualizó por el uso de las redes telemáticas, Samuel insiste en utilizar en todas sus autocríticas la misma expresión: «Se convirtió en un jueguecillo de envíos de ‘tequieros’, stickers y en apoyos en momentos en los que estuviera triste. La relación se tamagochizó».

Es totalmente significativo el uso de la palabra »tamagochizar» en un caso como este. Un tamagotchi es una mascota virtual, algo que tienes que cuidar, que controlar, que »proteger». El uso de esta expresión por su parte, pese a los varios señalamientos, dicen mucho de cómo conceptualizaba la relación, y son el reflejo de los comportamientos que acabó cometiendo: control continuo, celos cada vez más intensos, actitudes paternalistas e infantilización de la agredida.

Samuel afirma que la relación se estaba tornando en algo que no le gustaba, y era precisamente esta relación prácticamente virtual que tenían él y Jiang. No obstante, las relaciones que desarrollaba fuera de su militancia siempre seguían el mismo patrón: el peso de estas se centraba principalmente en lo virtual. Bien a través de Twitter, bien a través de Telegram, Samuel siempre se focalizaba en estas vías a la hora de relacionarse, consecuencia simultánea de su insociabilidad.

Durante el tiempo en que fue militante, vimos esta incapacidad de asentar relaciones fuera de las redes. Una persona que pretende ser vanguardia debe saber desenvolverse entre las masas, sobre todo si se pretende hacer un trabajo político revolucionario. Por ello, por parte de la organización, se puso el peso en precisamente lo contrario, en que desarrollara relaciones políticas fuera de la comodidad de las redes sociales. Sin embargo, ni siquiera así Samuel conseguía abrirse a sus camaradas para tratar esta problemática, ocultando deliberadamente información vital para poder solucionarla. Prefiriendo exteriorizar sus sentimientos a través de Twitter antes que con las personas con las que pretendía hacer la revolución.

De rivalidades…

Los celos de Samuel cada vez eran más fuertes, siendo él incapaz de gestionarlos. Se llega a un punto en el que afirma que le «daba la sensación de que todo el mundo creía que yo era un pringado por no proteger lo que era mío». ¡Proteger lo que es suyo! ¿Se puede ser acaso dueño de una persona, de la decisión sobre su vida y su cuerpo? Para una comunista es impensable. Dentro de este sistema se ven los celos como algo completamente natural, incluso como muestra de sincero amor por la otra persona. Pero esto no es más que una quimera. Una forma burda de esconder ideología burguesa de lo más reaccionaria. Y la reprodujo de forma totalmente consciente.

Y esto va más allá, pues dice que «sentía una fuerte ansiedad posesiva que se ocultaba bajo un sentimiento de inferioridad con respecto a posibles ‘rivales’ amorosos/sexuales». Es aquí donde se muestra el punto álgido de las actitudes celosas: la mujer es vista como algo a conquistar y a proteger frente a otros «rivales», frente al resto de propietarios. También se le señaló, en varias ocasiones, el hecho de que esa rivalidad o sentimiento de competencia se diera únicamente con hombres, como él mismo sentencia en los materiales, diciendo, por ejemplo, que tratará de «obviar al resto de hombres con quien pudiera estar la otra persona». De nuevo, aquí se reproduce otra actitud patriarcal que no ha sido capaz de reconocer: además de identificar a las personas con quien ella hablaba como amenazas de su pretendida propiedad, estas personas eran en su mayoría hombres.

Definición de la relación

El propio Samuel señala que «en aquel preciso momento, una aclaración profundizada podría haberme evitado poner tantas expectativas (en el sentido de cerrada o abierta en lo amoroso) en la relación y la podría haber salvado». Afirma que, en caso de que ella hubiera aclarado los términos de la relación, el desarrollo de los acontecimientos hubiera sido distinto. Después de haber incurrido en formas de maltrato sistemático -supuestamente reconocidas-, da lecciones sobre cómo ella podría haberlo evitado. Incurre en justificaciones continuas para no afrontar las consecuencias de sus actos y, encima, descarga parte de la responsabilidad activa sobre quien sufrió las consecuencias de estos. Habla en unos términos que demuestran que dista mucho de alcanzar el primer paso de una autocrítica sincera.

No obstante, incluso si no tuvieran una relación abierta, en ningún caso es considerable prohibir o controlar el relacionarse con otras personas. Aún así Samuel sentía unos profundos celos por la actual pareja de Jiang, y progresivamente »aumentaría en mí las dudas y acrecentaría mi posesividad», en palabras suyas. A pesar de ser una relación abierta, Samuel seguía manteniendo las ideas de posesividad hacia ella, marcando territorio frente a sus «rivales». Esto queda perfectamente reflejado cuando dice «pensaba entonces que si eramos novios, por muy relación abierta que fuese, novios eramos, y que a sus buenos amigos tendría que comunicárselo». Esto demuestra su concepción patriarcal de las relaciones, en la necesidad de «marcar» a su pareja y, así, tenerla bajo control: que todos sepieran que es su novia, su propiedad.

No respetar el centralismo democrático

Esta actitud de control no la ejerció únicamente sobre ella, pues la extendió al plano de su trato con la colectividad. Trataba de conocer al máximo posible la relación que ella guardaba con otras camaradas. Buscaba información en conversaciones que no le procedían y procuraba saber con quién y sobre qué hablaba ella. Se saltó continuamente el centralismo democrático dentro de la organización. Pretendía conocer lo que no tenía que conocer. Llegaba, incluso, a mirar los móviles de las camaradas para ver con quién estaban hablando. Trasladó sus actitudes posesivas con su pareja al trato con las militantes. En sus propias palabras: «Pues también comencé a no respetar la privacidad de mis camaradas para comprobar si hablaban o no con ella, por si sabían de algo o tenían algo con Jiang. E incluso, más allá, en busca de información que no me procedía».

Ya hemos hablado con anterioridad de lo que significa el centralismo democrático, y uno de los aspectos fundamentales de este es el de que cada camarada tiene que saber la información justa y necesaria para poder realizar de forma óptima su trabajo político. No puede saber más (se caería en asamblearismo) o menos (se caería en burocratismo o secretismo) de lo que necesita, y de lo que permite su avance consciente. Él demostró querer saberlo todo respecto a Jiang, incluso a costa de la seguridad de sus camaradas y de su organización. Que una persona que acaba de entrar a militar no comprenda esto al principio es natural, pero Samuel llevaba ya mucho tiempo. Decía comprenderlo de palabra, en la teoría. En la práctica era evidente que no ha sido capaz de aprehenderlo. La teoría no se asimila hasta que se es capaz de llevarla al terreno de la práctica de forma correcta, y por tanto, concluimos que tampoco comprendió nunca el centralismo democrático, aunque diera lecciones sobre el mismo.

Uno de los mayores problemas que sufre el movimiento comunista y sus militantes es la desvinculación que se hace entre teoría y práctica, consecuencia de la incomprensión de las mediaciones necesarias para llevar a término las tareas que exige la lucha de clases, limitación manifestada en Samuel y que nunca logró superar. Asegura constantemente rectificar sus actitudes en la teoría, algo que nunca convergió con su praxis. Él se muestra «fuertemente combativo y beligerante contra tales conductas por lo menos a nivel teórico», pero reconoce que «a nivel práctico es otra (y más dolorosa y difícil) historia». Está claro que reconoce su limitación. Sin embargo, reiteradamente nos ha demostrado que no la ha superado. No vincula su conocimiento transformador, también ausente, y el reconocimiento de sus errores que lo imposibilitan. A pesar de la ayuda y apoyo que recibió por parte de las camaradas incurría de nuevo en el mismo error. Ante las flagrantes contradicciones que mostraba en su práctica, nos dimos cuenta de que Samuel no es capaz de actuar de manera consecuente con la teoría que dice haber asimilado. Es por ello que concluimos que sigue y va a seguir sin comprender ni asumir los comportamientos que ha mostrado.

Sobre el creciente control y sus consecuencias

Además, siguiendo el tono de la justificación de sus actos, se excusa en la presunta «voluntariedad» de Jiang al ceder ante sus controles y obsesiones: «Recuerdo incluso que cuando ella me enseñaba de forma voluntaria su móvil solía poner caras de fastidio». «Voluntaria», después de que le cuestionara continuamente sus amistades de Twitter. «Voluntaria», después de gritarle y llorar para que le dijera que le quería. «Voluntaria», después de asegurarse de que todo conocido tenía constancia de que ella era »suya». «Voluntaria», después de ejercer un control explícito e implícito sobre toda su actividad telemática. «Voluntaria», después de insistir continuamente ante sus negativas para mantener relaciones.

La voluntariedad de Jiang con Samuel no existía cuando la coaccionaba continuamente con sus acciones. Que utilice este término para justificar su dolor al leer las conversaciones que mantenía con otros camaradas es repugnante y tremendamente inmundo.

Por otro lado, debemos señalar una vez más la falta de comprensión por parte de Samuel de la gravedad de sus conductas. Tener la osadía de autodenominarse comunista tras haber llevado a cabo tal cantidad de actitudes machistas y ultra-reaccionarias supone una falta de criterio supina. Debido a la ideología dominante, una persona puede cometer este tipo de comportamientos sin reparar en lo reaccionario de los mismos o, aunque repare, justificar continuamente la dominación que ejerce. Samuel, por el contrario, era un militante organizado que había tomado parte en reuniones, lecturas y trabajos acerca de la cuestión de la mujer, pero no interiorizó nada sobre los mismos. Además de haber sido un reaccionario, tomó una actitud liberal continua que no ha de ser consentida en nuestras filas.

La excusa va de la mano de una tremenda confesión: «Unos ataques y una tensión que se desvanecían y aliviaban al instante en el momento en que yo comprendía que ella ya estaba en casa». Que sus celos y su ansiedad se calmaran solo cuando comprobaba que ella estaba sola, denotaban un deseo clarísimo de aislar a Jiang socialmente. Se trataba de un »conmigo o con nadie» consecuencia de los cada vez mayores celos y posesividad que desarrolló.

El resultado del cúmulo de comportamientos reaccionarios fue una intensificación de estos, que Samuel pretendía canalizar con sus familiares. «Posiblemente impidió con mucho que sus peores consecuencias terminaran cayendo sobre Jiang» -dice al respecto- «dudo de todos modos que le pudiera poner nunca la mano encima, ni a nadie a quien se supone que quiero». El hecho de que exprese la aparente posibilidad de agresiones físicas, la sencilla «duda», y el aumento de la agresividad es sintomático. Pues por una parte, puede ser un aliciente para darle menos relevancia al maltrato psicológico (hacerlo más «comprensible»), el cual realmente se produjo, y por otra parte, denota el no comprender la gravedad de sus actos, ratificando la línea victimista de su autocrítica.

Presiones en la relación

En esta sociedad clasista se sobreentiende que el establecer una relación de pareja permite a la parte dominante, en este caso masculina, exigir consideraciones especiales (a la parte dominada) en muchos ámbitos. Uno de ellos es el de la sexualidad. Se entiende que si una persona mantiene una relación de estas características está obligada a mantener relaciones sexuales con su pareja, y socialmente se le constriñe para ello. Poco importa la voluntad de ambos individuos. Poco importan los condicionantes subjetivos de aquella persona que se ve sometida a esta exigencia -tales como antecedentes traumáticos o complejos sobre una misma-. Poco importan las consecuencias que de esta presión pueden derivarse.

Samuel, haciendo uso de este beneficio otorgado, insistió continuamente en mantener relaciones sexuales con Jiang. En ningún momento aceptó su negativa a la hora de mantener sexo, algo que ella manifestó de diversas formas, tanto verbalmente como por medio del lenguaje corporal. En vez de respetar esta negativa, que era suficiente por sí misma, requirió de una explicación para saber por qué ella se negaba. Además, él fue conocedor en septiembre de la violación que ella sufrió, algo que no impidió que siguiera presionándola para obtener el beneficio sexual que buscaba.

La consecuencia de esta presión tan grave y tan continuada que ejerció no se manifestó únicamente en un plano emocional para ella. Estas presiones llegaron a condicionar en gran parte la actitud y el comportamiento de Jiang en todos sus ámbitos vitales.

Acerca de las supuestas «promesas sexuales»

En todas sus autocríticas relata cómo ella le «lanzaba indirectas» para tener relaciones sexuales, mediante frases que considera como «sugerentes», o incluso algún que otro GIF pornográfico. Este tipo de mensajes no tienen por qué constituir indirectas, ni siquiera hay que presuponer que la otra persona tenga una predisposición a tener sexo en el futuro. Y, aunque una persona haya explicitado querer mantener relaciones, está en su derecho de decir que no en cualquier momento, haya dicho lo que haya dicho anteriormente.

Incurre en un error gravísimo, pues lo que interpreta como insinuaciones sexuales lo acaba considerando como un «estallido de promesas». Reproduce, pues, un fuerte componente de dominación, ya que da por supuesto que dichas «promesas» no podían ser rectificadas una vez formuladas. En cualquier momento de la relación entre dos personas, incluso en medio del mismo acto sexual, la otra persona puede mostrar una negativa a continuar que, sea cual sea la situación y sean cuales sean las «promesas previas», hay que respetar.

Las actitudes que Samuel adoptó y que, de hecho, continúa adoptando ante esta problemática, nos hacen insistir de nuevo en que una persona así no tendrá cabida, de ninguna manera, en las filas de la vanguardia revolucionaria.

Debemos criticar con contundencia las actitudes referidas a los celos que sentía hacia Jiang y su entorno, no solo durante la relación, sino también tras la ruptura. Uno de esos episodios fue cuando ella decidió tener relaciones con su nueva pareja. Hace referencia a este hecho diciendo que este «quebró todo el mundo», monstrando una valoración subjetiva y reaccionaria de no haber conseguido lo que en esta sociedad se considera un «logro», haberse acostado con una mujer.

Dentro de la lógica del capitalismo patriarcal, el hombre debe mostrarse como el dominante dentro de las relaciones y dentro de la propia sociedad. Es por ello que con cuantas más mujeres haya tenido relaciones sexuales, mayor estatus tendrá. Al no alcanzar este objetivo, y al ver que una persona que no era él sí lo había conseguido, los celos se apoderaron de él, pues no luchó conscientemente contra los mismos. Como ya hemos expresado, las comunistas no podemos seguir la lógica de la ideología dominante. No podemos reproducir conductas reaccionarias ni dejarnos guiar por estas, cosa que Samuel no supo combatir en su relación.

Así como no combatió conscientemente las actitudes reaccionarias anteriormente mencionadas, tampoco evitó presionar de forma sexual y emocional a su, por entonces, pareja. Presión que, como ya hemos dicho, condicionó en gran parte las actitudes de la agredida. Entre otras cosas, aparte de ceder ante controles (como por ejemplo mostrar conversaciones, etc), llegó a practicarle sexo oral para saciar así sus ansias y rebajar la presión sexual que él le ejercía.

Conclusiones finales

Son muchas las conclusiones que se pueden extraer del balance y del proceso de investigación que hemos estado realizando. Algunas de ellas, las hemos ido plasmando a lo largo del material, y algunas otras podrán ser constatadas por vosotras mismas al leer los documentos que él mismo presenta. Sea como fuere, consideramos necesario sintetizar una breve conclusión a modo de cierre.

A partir de los documentos que escribe como hoja de ruta de una autocrítica, podemos analizar que no existe una comprensión clara de qué es una autocrítica. En su mayoría, estos textos se resumen en una cronología de los hechos sucedidos, comentada con un enfoque dirigido a que se comprenda su posición en estos. A nuestro juicio, este tipo de redacción refleja una necesidad de empatía del lector para con él mismo, fruto de la búsqueda de perdón que demuestra. Además, continuamente se justifica, alejándose del papel activo de agresor que ha desarrollado en esta relación.

Un escrito de autocrítica es un lugar donde se debe hacer una profunda e intensa reflexión de las actitudes que se han tenido, de por qué se han cometido esas estas y de cómo superar dichas conductas reaccionarias. Lo demás es papel mojado. Todas las valoraciones subjetivas, todos los desarrollos teóricos aislados de las praxis real y todo lo que busque huir de la responsabilidad activa que uno mismo tiene en las actitudes que comete no es más que letra muerta.

Por otra parte, en caso de que el material fuera radicalmente distinto y se adecuara a lo exigido de él como pretendido comunista, de nada serviría que aquí lo «perdonásemos» y lo condecórasemos como caramada válido que ha superado sus limitaciones por el simple hecho de decirlo nosotras. Esto es algo que deberá constatarse en la praxis diaria, y no por medio de un simple documento. Ese tipo de práctica no es propia de una organización revolucionaria. Si hemos procedido a la elaboración de un material de estas características, es porque consideramos que hemos de ser justos con la realidad de sus actos y sobre todo con sus consecuencias, expresándolas al conjunto del Movimiento Comunista.

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(1) Autocríticas (textos) remitidas a la organización por Samuel: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/08/Autocríticas_Samuel.txt