Crónica Fiesta PCE 2015: ¿qué tenemos que celebrar los comunistas?

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 ¿Qué tenemos que celebrar los comunistas? 

Una vez más, y por tercer año consecutivo, asistimos, como consideramos que deben hacer todos los comunistas del Estado, a la Fiesta del PCE. Con el espíritu de encuentro entre camaradas y la reivindicación de aquello que, se supone, ha de unirnos, asumimos tal empresa y nos pusimos manos a la obra.

 Quienes hayan asistido o conozcan el desarrollo de tal Fiesta a lo largo de estos últimos años, habrán percibido el reflejo del proceso de arrodillamiento, de claudicación absoluta, hacia la línea más electoral y reformista del PCE. Hace unos años quizá se podría hablar de la Fiesta como algo del propio PCE, pero con el devenir de los años, la propia Fiesta pasó a ser un chiringuito de IU, para finalmente ser el espacio de la derrota más clara y humillante de los comunistas ante la socialdemocracia, que no es otra cosa que el juego en el que la burguesía tiene sumida a gran parte de los comunistas en el mundo entero. Eso sí, todo ello rodeado de rojas banderas, libros marxistas y muchos accesorios «revolucionarios» para intentar reflejar por fuera lo que por dentro se abandonó hace décadas.

La dureza de nuestras palabras y de una crónica que consideramos más que justa, pretende reflejar el análisis que hacemos de un supuesto Partido Comunista, un Partido que en su día luchó contra el fascismo y un Partido por el que, en su día, dieron su vida nuestros abuelos y nuestras abuelas. De ese Partido hoy no queda más que una caricatura de lo que pudo haber sido, una caricatura que desaparece y se diluye entre la socialdemocracia más abierta mientras agita banderas con la hoz y el martillo, en un alarde de orgullo y de cierta resignación. 

El clima festivalero y las camisetas de «70 aniversario de la victoria antifascista» funcionó perfectamente como tapadera de una realidad que pretenden obviar: que los comunistas no tenemos nada que celebrar, y que celebrar una supuesta Unidad Popular que acaba por concretarse en situarse de la manera más abierta bajo la bota de Podemos es un hecho que refleja un abandono total de proyecto revolucionario alguno. 

Y no nos equivoquemos: los comunistas debemos estar a favor de la Unidad Popular, pero no en abstracto, pues la cuestión es en qué se concreta eso en cada momento. Y, desde luego, lo que hoy significa Unidad Popular no tiene nada que ver con la Revolución y sí con su renuncia, sí con su abandono.

Unos sin saberlo, otros a sabiendas, han celebrado este año, una vez más, la derrota de los comunistas.

¿Dónde estaba la “juventud marxista-leninista”? 

«La Unión de Jóvenes Comunistas tiene que definirse con una sola palabra: vanguardia.  Ustedes,  compañeros,  deben  ser  la vanguardia  de  todos  los movimientos. Los primeros en estar dispuestos para los sacrificios que la Revolución demande, cualquiera que sea la índole de esos sacrificios. Los primeros  en el  trabajo.  Los  primeros  en  el  estudio.  Los primeros  en la defensa del país.«1

«Pues bien, al abordar desde este punto de vista el problema de las tareas de la juventud, debo decir que las tareas de la juventud en general y de las Uniones de Juventudes Comunistas y otras organizaciones semejantes en particular, podrían definirse en una sola palabra: aprender.«2 

Consideramos complementarias y acertadas las palabras de ambos camaradas, en tanto que señalan que las tareas de los jóvenes revolucionarios fue, es y será: aprender a ser vanguardia.

Desde el más sincero respeto a lo que significa ser un revolucionario, pedimos un ejercicio de reflexión a todos aquellos camaradas de la UJCE que no se dignaron a aparecer (salvo excepciones) en las charlas, presentaciones y coloquios que su propio Partido había organizado. Tuvimos que ser jóvenes de otra organización los que fueran a escuchar a los ponentes que, equivocados o no, estaban ahí para ofrecer su punto de vista y, partiendo de eso, consideramos que lo justo con ellos es, por tanto, ir a defender también el nuestro.

Litronas en el cesped, cervezas en la barra y banderas en los hombros. Así es como la juventud del PCE, bajo una desgastada apariencia revolucionaria y siempre portando los símbolos y el romanticismo histórico tradicional del Movimiento Comunista, vacían de contenido (revolucionario) los mismos y hacen de una Fiesta histórica conmemorativa de su propio Partido un lugar donde simplemente se va a «pasar un buen rato», y no un punto de encuentro que permita hacer reflexionar a los camaradas acerca de la pésima situación actual de los comunistas. En lugar de ser conscientes de nuestra decadente situación y afrontar de forma transformadora tal coyuntura, se pinta un agradable escenario en el que todo parece ir viento en popa.

Evidentemente, hay excepciones, y aplaudimos a aquellos camaradas de la UJCE que estuvieron dispuestos a entender la Unidad de los Comunistas en unos términos críticos, a diferencia de aquellos que consideran que la Unidad se limita a militar juntos en una organización, tener el mismo carnet o llevar la misma camiseta.

La Fiesta fue, especialmente desde el punto de vista juvenil, un ejercicio de «folklore marxista» falto de contenido revolucionario.

Evidentemente, no debemos olvidar que hay tiempo para todo, y que la militancia hay que comprenderla en un sentido tan amplio que permita desarrollar todo tipo de vínculos entre los camaradas, sobre todo entre los más jóvenes. Y que todos nos podemos tomar una cerveza juntos y bailar en los conciertos. Pero dedicarse a hacer casi exclusivamente eso en una Fiesta que lo que deberia reflejar es la indignacion de los comunistas ante la mayor de las palizas por parte de la socialdemocracia es renegar por completo de lo que significa «aprender a ser vanguardia».

Al grito de «juventud comunista, marxista-leninista», se alzaron decenas de banderas rojas la noche del sábado 19 en el escenario principal del parque Dolores Ibarruri. Nosotros consideramos que levantar nuestras banderas significa algo mucho más amplio que eso, significa hacer lo que pretendemos conseguir con esta crónica: agitar las conciencias, para agitar la política y recuperar realmente la fuerza ideológica y política que debería haber detrás de tantas banderas, libros y camisetas.

Igualmente, seria injusto cargar toda la responsabilidad a los camaradas más jóvenes de tal comportamiento que se perfila como algo lejano de lo que debe ser la vanguardia en nuestros días. De hecho, buena parte de la responsabilidad de que nuestra generación actúe como tal, no es nuestra, sino de aquellos que nos educan en la política y la ideología revolucionaria. Pero el hecho de que eso sea así no nos debe impedir reflexionar acerca de cómo estamos actuando, de a quién estamos sirviendo realmente, si a la Revolución o a la Burguesía.

Los comunistas no podemos vender la Revolución a cambio de unos votos, ni sustituirla por ejercicios que se basan en mover banderas. Eso no es defender la Revolución, eso es darle la espalda a lo que implica ser comunista. Hoy más que nunca, debemos ser críticos con la situación en la que estamos, debemos reflexionar acerca de qué es eso que nos han vendido como revolucionario.

“Sí se puede, pero no quieren”

La política no funciona como las matemáticas, en política (revolucionaria) sumar 2 y 2 no necesariamente implica 4, puede resultar en 8 e igualmente en -3. Porque en política importa la cantidad, desde luego, pero importa mucho más la calidad. ¿Qué clase de unidad queremos? ¿Con quién? ¿Para hacer qué?

Los comunistas llevamos demasiado tiempo justificando la unidad con aquellos que nada quieren saber del proyecto comunista. Nos justificamos diciendo que es un recurso táctico, aunque sabemos de sobra que realmente no tenemos un plan revolucionario que le dé sentido -de ser posible- a tal recurso. En ocasiones nos llegamos a pensar, ya en delirios profundos, que vamos a dirigir y cambiar la convocatoria reformista de turno y volverla revolucionaria (véase los que hacen trabajo de rapiña en Podemos, los que intentan escalar puestos en Ahora Madrid, quienes aún intentan hacer que IU no muera del todo…).

Llevamos demasiado tiempo uniéndonos a la política burguesa para no afrontar el estado realmente calamitoso de algo que se pueda llamar política proletaria. Nos engañamos intentando pensar que los éxitos de la política burguesa son nuestros. Pero al final, en lugar de haber tomado las riendas de nuestro futuro, simplemente nos dejamos dirigir por la cara más amable de la burguesía.

No merece discusión que los comunistas debemos buscar la unidad, pero sí merece mucha discusión el tipo de unidad que debemos buscar. En ningún caso debe ser una unidad que implique arrodillarse ante un proyecto reaccionario, un proyecto que pretenda poco más que limpiar la cara al capitalismo (incluso aunque se haga llamar «de izquierdas»). La unidad debe fortalecernos, no derrotarnos; por desgracia lo que se viene llamando Unidad Popular es poco más que el camino a que los comunistas seamos neutralizados ¡voluntariamente!

Cuando hablamos de no ser gallinas3 hablamos de tener una visión a medio y largo plazo, y no únicamente una visión cortoplacista (hasta la próxima huelga de estudiantes, conflicto sindical o elecciones…); hablamos de actuar pensando en las tareas que realmente nos están impidiendo avanzar de no cumplirse; hablamos de hacer el trabajo que marque el haber analizado la situación en la que nos encontramos los comunistas y la lucha que debemos desarrollar para salir de este pozo en el que estamos.

La primera unidad que los comunistas debemos conquistar no es la unidad con Podemos ni «popularmente» en otros proyectos electorales, la primera unidad a conquistar es la unidad entre los comunistas que se debe gestar en torno a la tarea de la reconstitución de un verdadero Partido Comunista.

Sin Partido Comunista (con todas las implicaciones políticas e ideológicas, no la mera organización formal), discutir la unidad electoral es olvidarse de que se es comunista para creer que podemos ser parte de los nuevos éxitos reformistas, es creer que realmente los comunistas pintamos algo en los cambios políticos en el Estado pos15M y no darnos cuenta de que están jugando con nosotros para terminar con nosotros.

Está bien soñar, pero pensar que la Unidad Popular tiene o va a tener algo «comunista» no es soñar, es padecer serias alucionaciones; mientras tanto, los sueños posibles quedan relegados al olvido: la Revolución Comunista.

(1)»Qué debe ser un joven comunista», Ernesto Guevara

(2)»Tareas de las Juventudes Comunistas» – Discurso en la I Sesión del III Congreso de Juventudes Comunistas de Rusia, Moscú – 2 de octubre de 1920, Lenin

(3)Adjunto de la octavilla, texto completo aquí.