¿CREER O RECONOCER? LA CUESTIÓN DE LA VANGUARDIA Y EL PARTIDO DE NUEVO TIPO.

La existencia de la vanguardia del proletariado no es cuestión de creer o no creer en ella. No es un Jesucristo que aparece para salvar a las masas en ese burdo sentido tan clásico y mecanicista (1) (ni siquiera saldrá, por ejemplo, Lenin de su sarcófago en el Kremlin para liderar postmorten la nueva revolución como el capitulo aquel de los Simpson). Por tanto, no forma parte del ámbito de la fe, si no del ámbito de la realidad objetiva. Es una contradicción objetiva y real, que existe de forma inevitable y espontánea en el seno mismo de la clase, lo queramos o no. De poco sirve soslayarla desde el plano moral, porque ya cuando hay un mínimo de liderazgo hay vanguardia.

La vanguardia y la táctica sindical

Resulta palpable y más que evidente que dentro de la clase existen sectores (ya sea de la clase burguesa, pequeñoburguesa o proletaria) claramente más avanzados, aventajados en lo que respecta al conocimiento de la necesidad, la misión histórica del proletariado, que es la abolición de la sociedad de clases con todas las sutilezas y complicaciones teóricas (el conocimiento profundo del materialismo histórico) que ello conlleva. A ésta se le opone aquellas masas que no luchan contra el capital en los marcos del mismo (las masas desorganizadas) o incluso aquellas que luchan contra el patronazgo o las fuerzas del Estado por reformas de las condiciones salariales y de vida (efímeras) dentro de dichos marcos sin conciencia revolucionaria, por muy «de clase y combativo» que sea su modo de actuación. Claro está, contando con toda la gran cantidad de matices (y por tanto contradicciones) que hay incluso dentro de los sectores de la vanguardia (que este corto apunte no pretende abordar, pero constituye una importante cuestión, sobretodo en un período como el nuestro, la reconstitución del PC, abordarla con el suficiente detalle), que no es en absoluto un todo homogéneo.

No puede resolverse esta problemática (como muchos pretenden) afirmando que la totalidad de la clase en la lucha espontánea constituye por sí sin más, como causa de sí misma (como si pretendieramos que la clase fuese una especie de Dios), una clase de vanguardia y que posee, o que puede generar la teoría revolucionaria por sí misma. Por sí mismas, sin necesidad de explicarlas, las masas más hondas pueden entender las contradicciones que hay en la realidad (todo oprimido sabe que le oprimen, que se aprovechan de él, y sabe cuales son, más o menos, las opresiones que hay en el mundo. Las masas no son en absoluto tontas, no hay que ser redundantes en lo obvio, pues no genera conciencia revolucionaria), lo que no pueden hacer, por muy diversos motivos, es comprender las contradicciones, llegar a su núcleo esencial para poder saber como subvertirlas e ir más allá. La teoría de vanguardia, el materialismo histórico, no se genera espontáneamente de la lucha de las masas, si no que proviene de fuera del movimiento espontáneo de éstas. Eso sí, no desde fuera de la lucha de clases, sino dentro. Ésto exige no tratar a las masas más hondas (Preguntémonos, ¿qué masas hoy? ¿Y qué línea de masas (2) llevar a cabo?) de una manera INMEDIATA. Si no, ¿para qué demonios sirve el Partido Comunista? La tesis de que el proletariado es una clase de vanguardia es cierta, pero con muchos matices y reconociendo las contradicciones que la clase alberga, lo que requieren diversas herramientas de mediación (en forma de PC). No reconocerlo, generalmente lleva a las «estrechas formas de actividad práctica» (tradeunionista, sindical), que Lenin tanto denunciaría en su «¿Qué hacer?» y que algunos de nuestros camaradas, mal que nos pese, se obstinan en reproducir incluso bajo la bandera del leninismo.

El partido de nuevo tipo y sus negaciones

El partido leninista de nuevo tipo, como dijimos el mes pasado en la crítica al PCPE, es la relación social entre la vanguardia y las masas, la fusión entre la teoría revolucionaria y las masas que ascienden a la teoría. Entre medias de ambos existen miles y miles de eslabones de transición, y cada uno se relaciona con la teoría de diversos modos. Los elementos de vanguardia más avanzada simplemente necesitan acceder a la teoría para tomar conciencia de su situación como clase y sus misiones históricas. Sin embargo, los elementos de masa honda no se concienciarán de su misión histórica del mismo modo. Aquí entra en juego el Nuevo Poder, pues necesitan experimentar de forma empírica, por su propia experiencia, el poder que les brinda el nuevo Estado para su liberación. Y si, por algún casual, algún elemento de masa (o uno de sus líderes, la vanguardia natural) espontáneamente se interesa por la teoría no lo hará como elemento de masa sin más, si no como teórico del socialismo (ya diría Rosa Luxemburgo que «No se puede arrojar contra los obreros insulto más grosero ni calumnia más indigna que la frase ‘las polémicas teóricas son sólo para los académicos’. «). La misión del PC de hecho no es dominar al proletariado de un modo tiránico ni suplantar a proletariado, sino dirigirlo.

Evidentemente, que exista una vanguardia no justifica que esta vanguardia juguetee con los senderos del personalismo ni el paternalismo con respecto a las masas. El primero ha supuesto grandes derrotas para el proletariado (las muertes de Stalin por parte de la URSS, Mao por parte de China, Hoxha de Albania, Gonzalo del Perú…) que fueron irreparables, pues todas aquellas revoluciones fracasaron o degeneraron tristemente con la caída de sus cabezas. También tenemos que combatir seriamente las concepciones paternalistas (Corea del Norte y la familia Kim, por ejemplo), que consideran al proletariado como a un niño que tiene que ser «cuidado por su partido-madre». No, el Partido Comunista es el partido y estado-cómuna de la clase, a parte de ser la relación social vanguardia-masas. Y a su vez, como los comunistas concebimos, el Estado, y por tanto el PC, nace para desaparecer y suprimir las clases. Quien pretenda otra cosa, quien pretenda que el PC no debe extinguirse, es que no quiere que desaparezcan las clases y es un puro estafador.

Notas:

(1) En el sentido del verticalismo, que la dirección de flujo de poder e informaciones funciona siempre de arriba a abajo, completamente en contra de los principios del centralismo democrático.

(2) La «línea de masas» constituyen las leyes que rigen la mediación entre los elementos de vanguardia y los elementos de masas (de diversas clases) potencialmente revolucionarizables.

VICTORIA O MUERTE

Tras tanto tiempo los comunistas viendo simplemente fracaso tras fracaso, viendo como la única forma en la que se ha conseguido no ser el colmo de la marginalidad es rebajando el discurso a algo que a fin de cuentas no es revolucionario, tendemos a caer en una forma de modestia del fracasado.

Nos referimos a expresiones del estilo «estamos poniendo nuestro granito de arena», «nuestro objetivo es aportar algo», lo que a fin de cuentas nos lleva a esa expresión tantas veces repetida (por los que fracasan): lo importante es participar.

De ninguna manera un comunista puede ver las cosas bajo ese prisma, de ninguna manera podemos pensar que lo importante es hacer algo sin pensar si hacemos o no lo correcto. Porque nuestra empresa es de las que determinan la vida de los camaradas, no un entretenimiento. Aquí, como en su día decía el Che, únicamente hay dos opciones al final: la victoria o la muerte.

Los comunistas no podemos trabajar pensando en aportar un poquito, en hacer algo, en ayudar y con ello conformarnos. Debemos preocuparnos por hacer todo lo que podamos para ganar, debemos preocuparnos no por hacer algo sino por hacer lo necesario.

Debemos tener una visión totalizadora, todo lo que suceda nos incumbe. Se debe insistir en los tiempos que corren en que los comunistas no estamos para aportar nuestro granito de arena sino para tomar el cielo por asalto.

No estamos para intentarlo, sino para triunfar. Todo lo demás es inaceptable.

Sociología del fascismo

En numerosas ocasiones, cuando los jóvenes comunistas comienzan a formarse, se encuentran con la problemática de no saber encuadrar claramente un movimiento reaccionario y de tal importancia como lo fue el fascismo. El joven militante se encontrara arrojado a todo un extenso catálogo de lo que es el fascismo: El estado Español es fascista, la PAH es fascista, el socialismo soviético es  otra forma de fascismo e incluso tu tío anticomunista que te da la brasa en las cenas de navidad parece ser fascista.

Ante todo este batiburrillo de ideas, el deber de todo comunista es formarse y conocer la realidad actual, pues para acabar con el fascismo hay que hacer otra cosa además de palabras o en este caso concreto palabrería, esto es, ¡conocer! Los errores en nuestro proceso hasta convertirnos en auténticos cuadros comunistas son siempre posibles y corregibles (y de hecho, los habrá), pero la estrechez de espíritu a la hora de conocer y actuar es lo que caracteriza al reaccionario a diferencia de al militante comunista. Es por tanto que este artículo pretende servir como una guía introductoria a todo joven comunista, para contribuir a su formación como al resto de compañeros suyos.

Introducción

Antes de analizar el propio carácter del fascismo, creemos necesario estudiar el ambiente en el cual surge el fascismo, para comprender su naturaleza política. El fascismo surge en medio de la mayor crisis mundial del capitalismo y no de manera casual, por mucho que la historiografía burguesa se ensañe en hacerlo pasar como tal:

Tras el fin de la primera guerra mundial el capitalismo a lo largo del globo se agitaba en una enorme crisis global  que en lo político se concretaba en el estallido revolucionario mundial con la apertura del ciclo revolucionario de Octubre con el triunfo de la insurrección en Rusia y la posterior toma de poder por parte de los bolcheviques en 1917. En lo económico la crisis de 1929, agito como nunca la  economía imperialista y sus flujos de mercado mundiales, que se habían visto debilitados tras el fin del continuo intercambio de mercancías a costa del desarrollo del conflicto a lo largo del globo (especialmente en Europa) , arruinando a gran parte de esa clase media que se había formado durante los felices años veinte a costa de los beneficios que acarreo la primera guerra mundial y que más tarde compondría la base social de la que se nutrirían los movimientos fascistas o de ultraderecha tras el llamado crack. Por otro lado, pero no separado por ello la multiplicación de los conflictos interimperialistas entre los distintos eslabones de la cadena mundial abrió el paso hacia nuevos y complejos movimientos ultrarreaccionarios de masas que ensalzaban el peor de los chovinismos y las interpretaciones absurdas del superhombre. Además y para colmo de una burguesía que seguía sumida en sus feroces luchas internas las tesis de la III Internacional respecto a las luchas de liberación nacional  imprimieron un giro popular a las luchas de los pueblos como con el inicio de la revolución China o de forma anterior la revolución campesina en México en 1910 (no por ello sin otra guía que la burguesía nacional).

Es en medio de esta situación donde apareció el fascismo como un complejo movimiento reaccionario de masas, sobre todo en los Estados europeos que por una u otra razón que no podemos detenernos a explicar aquí  se habían sumado tarde a los engranajes del capitalismo mundial, no pudiendo desarrollar complejos mecanismos de consenso social que controlaran e integrarán de forma eficaz a parte de las clases oprimidas por parte de la burguesía. Al mismo tiempo y criticando la ya repetida hasta la saciedad tesis de Dimitrov no consideramos que el fascismo sea en última instancia la fase más descarnada de la fase superior del capitalismo, el imperialismo y que por ende sea una fase necesaria en el desarrollo capitalista. En cambio, rescatando la famosa premisa de Rosa Luxemburgo consideramos que la llegada al poder del fascismo no es otra cosa que el triunfo de la barbarie ante el la incapacidad de imposición de la clase obrera y la posterior construcción del socialismo. Como planteaba la tesis de Walter Benjamin «Cada fascismo es un índice de una falsa revolución» y en este caso el ascenso del nazismo en la Alemania de los años 30 no es otra cosa que el reflejo de una estrategia caduca por parte de la tercera internacional.

La III Internacional: De la defensa de un proyecto revolucionario al economicismo vulgar

Después del definitivo triunfo de la revolución rusa tras el fin de la guerra civil la Internacional Comunista planteó en su segundo congreso la estabilización en Europa del capitalismo tras el fracaso tanto de los levantamientos en Alemania –donde el el movimiento obrero internacional perdió a una de sus cabezas más lúcidas, Rosa Luxemburgo- como tras la caída del gobierno de coalición revolucionario en la república soviética de Hungría y el definitivo cese de la indignación proletaria por la intervención internacional por parte de las potencias imperialistas en la guerra civil rusa en  Francia y Gran Bretaña, donde la debilidad de sus respectivos partidos comunistas locales hacía parecer lejana cualquier posibilidad de alzamiento revolucionario.

Para analizar estos sucesos quizás sea antes necesario analizar que el triunfo de los bolcheviques no se debía a estar en el momento justo en el lugar adecuado, sino entender que el PCUS había sido un partido que vio la luz a través de años y años de encarnizada lucha contra el absolutismo zarista y la lucha ideológica más feroz entre las distintas facciones de la socialdemocracia de aquel país. Fue en el lejano país oriental de Europa donde se forjó un nuevo tipo de teoría revolucionaria, basado directamente en las luchas de las masas del proletariado y  naturalmente, integradas dentro de las organizaciones de los partidos, acorde a una táctica-plan. Fue la revolución rusa de 1905 lo que dio origen a uno de los mas importante análisis histórico estratégico de tipo científico en la historia del marxismo: Los Resultados y perspectivas del más tarde renegado Trotsky. Al mismo tiempo la construcción “sistemática” de una teoría política marxista de la lucha de clases, en el aspecto organizativo y táctico fue obra de Lenin. La escala de esta revolución ideológica transformó toda la arquitectura del materialismo histórico de modo permanente. En poco menos de 20 años fue Lenin quien creó los conceptos y los métodos necesarios para llevar a cabo la conquista del poder en Rusia. Los modos específicos de combinar la propaganda y la agitación, dirigir huelgas y manifestaciones, forjar alianzas con los diversos sectores de la sociedad rusa, cimentar la base política y la formación de los miembros del partido, abordar la cuestión nacional y luchar con las diversas desviaciones teóricas tanto a nivel nacional como internacional fueron comprobadas en la arena de lo real, es decir, la práctica política. Diversas actividades consideradas prácticas adquirieron un decisivo carácter teórico que convirtió a los bolcheviques en revolucionarios profesionales.

El influjo que abrió la gran revolución de Octubre hizo que muchos revolucionarios, honestos e inteligentes, tratarán de repetir la experiencia rusa sin la capacidad que años y años de lucha habían otorgado en forma de experiencia a sus camaradas rusos. Todo esto se tradujo en una subordinación a lo expresado por la tercera internacional, de manera dogmática, tratando de repetir esquemáticamente a Lenin, lo que no hizo sino repetir esquemáticamente un fracaso tras otro, dando igual el cariz que el movimiento internacional asumiera como suyo.

Con la táctica del frente único, – impuesta en el VI congreso de la Internacional Comunista de manera férrea-, que aglutinaba desde socialistas a comunistas sin ningún tipo de debate, poniendo por encima de todo objetivo lo cuantitativo sobre lo cualitativo se perdió no solo la independencia táctica, sino que además las mejores mentes que dio el marxismo occidental se separaron definitivamente de toda actividad política. (Recordemos que Gramsci fue encarcelado con la siguiente frase “Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante 20 años”, Lukács, que había sido vicecomisario del pueblo para la educación en la República Soviética de Húngara escribió en 1928 una crítica a las posiciones infantiles de la tercera internacional, en lo referente a la línea del “tercer periodo”: Calificar las organizaciones reformistas de socialfascistas y la negación nihilista de toda distinción entre regímenes democrático burgueses y dictaduras fascistas como instrumentos de dominación capitalista. Por ello fue amenazado de ser expulsado del Partido comunista de Hungría y se le privó de ocupar ningún cargo político en el partido…El resto de la historia es conocida, Lukács abandonó toda actividad revolucionaria para dedicarse a escribir textos sobre la epistemología del marxismo, abriendo y a la vez cerrando de manera profética el camino a ese torremarfilismo que hoy conocemos con el nombre de marxismo occidental)

Visto el error táctico que supuso la negación nihilista entre democracia burguesa y el fascismo, la tercera internacional, con Dimitrov a la cabeza propuso la creación del frente único como salvaguarda revolucionaria para detener el avance del fascismo, situación contradictoria en grado sumo, más cuando desde la misma tercera internacional se acusaba a la socialdemocracia de colaboracionista con el fascismo, de ocultar y encubrir a la clase obrera los verdaderos propósitos reaccionarios del fascismo o cuanto más de ser otra cara de la misma moneda.

El error aquí es claro, lejos de estudiar lo viejo (La socialdemocracia que había defendido posiciones socialchovinistas durante la primera guerra mundial y había suprimido los alzamientos comunistas) a través de lo nuevo (El movimiento fascista que estaba siendo apoyado por los grandes industriales del mundo) la III Internacional asumió en sus análisis que el fascismo no era más que una respuesta transitoria y desesperada de la burguesía y que en cambio era mucho más peligrosa la socialdemocracia que el fascismo, analizaba lo nuevo a través de lo viejo, buscando las respuestas ocultas para comprender la crisis revolucionaria de los años 20 o los efectos del gran Crack de Wall Street en el viraje socialchovinista de la socialdemocracia en 1914 o 1918.

Por tanto podemos deducir que es necesario el balance ideológico respecto a la experiencia de la tercera internacional respecto al tratamiento político del fascismo, pues solo así conseguiremos avanzar en nuestro proyecto de rearticulación de un nuevo paradigma revolucionario. El fracaso del movimiento comunista no se debe a su propia incapacidad como agente político para producir verdad revolucionaria, sino a su propia incapacidad para analizar una realidad que le supera, ya que su propio fracaso histórico en una época determinada no pone en evidencia que las bases del marxismo sean falsas y que su capacidad revolucionaria se haya diluido , sino que simplemente los comunistas no han realizado el debido análisis teórico o que la autocrítica inherente a un sistema como el materialismo dialéctico no han sido fructíferas o realizada siquiera. Históricamente, hemos visto, en numerosas ocasiones, cómo muchas grandes obras de nuestros pensadores del marxismo han degenerado y se han transformado en un conjunto de frases vacías que no pueden aportarnos demasiado en la coyuntura actual más que bajo la forma de la crítica, pues si estas líneas están capacitadas para recorrer el difícil camino que conduce a la crítica de las armas, habrá alcanzado su objetivo, todo lo contrario es letra muerta.

Tras la situación descrita en la introducción, vemos cómo si bien el fascismo había sido definido como el último suspiro de una parte de la gran burguesía agonizante a través de la más extrema reacción política y económica, este se había generalizado no solo en un país como Alemania, sino que se había convertido en un fenómeno internacional  y, en muchos países, como Alemania, Italia (con la rica experiencia revolucionaria que el movimiento por la ocupación de fábricas de Turín había transmitido) o Austria, hacía retroceder, de modo manifiesto e innegable, a los movimientos comunistas, guiados, eso sí, por tácticas suicidas que no hacían sino debilitar y desgastar a sacrificados militantes que resistían en la clandestinidad o en las prisiones. Al fortalecimiento del fascismo internacional correspondía el fracaso del movimiento obrero en una fase de la historia que ya había sido vaticinada por aquellos marxistas –que, de hecho, habían renunciado a su práctica para la transformación social– como la fase donde “[el capitalismo] estaba económicamente maduro para producir la dislocación del imperialismo”. Es más que interesante y reveladora, a nuestro parecer, la visión esquemática y evolucionista de dichas tesis, más propias de un Kautsky que de un leninista consecuente. A ello se añadía el recuerdo persistente de la incapacidad de la Internacional obrera, al comienzo de la primera guerra mundial, y el estrangulamiento de los movimientos comunistas revolucionarios de 1918 a 1923 fuera de la URSS. Al igual que ahora, en aquella época también se hizo manifiesta la necesidad de un balance histórico del nuevo fenómeno al cual el movimiento obrero se enfrentaba. La consecuencia de no realizarse, llevó a la segunda guerra mundial, que, a los ojos de la historia, vemos que fue el refugio de las ruinas de Europa –valga la paradoja–

Cabe subrayar en este aspecto, y volviendo de los años 30 hasta el día de hoy, que, quien haya seguido y participado en los movimientos populares de los últimos años, marcados por efervescencia social de la pequeña burguesía y la aristocracia obrera, tras el 15M, habrá podido observar el fracaso de IU (representante natural de estos sectores tras el inicio de la crisis) debido, sobre todo, a que su visión de la realidad estaba (y aún lo está) cerrada al estricto campo de la denuncia socioeconómica, de la denuncia del hambre, la miseria material…etc. Esta práctica no les convierte en exclusivos, porque el hambre y las penurias no son algo que la burguesía desee, incluso la iglesia católica se permite, con su ambigua y desmemoriada moralidad, denunciar estas situaciones y llevar a cabo actos y campañas “contra la pobreza”. En el espectro político del Estado, ha tenido que aparecer PODEMOS, que ha sido capaz de captar los factores subjetivos de la historia española reciente (Pacto del 78, hasta la actualidad) y la ideología de masas en su evolución y sus contradicciones, para dar una respuesta política y pragmática a los problemas de las clases que representa. Haciendo un breve inciso, en su momento, el famoso charlatán FurorVlog comentó que su voto iba a ir a PODEMOS “porque son una fuerza real, no una oposición al régimen como IU”. Y, realmente, y por una vez, sin que sirva de precedente, nosotros no podemos estar más de acuerdo con él. Cabe además destacar la curiosa la relación entre PODEMOS y Carl Shmitt, el sociólogo del régimen del III Reich y autor de referencia de estos políticos de “nueva hornada”. Por desgracia, la historia se repite y  una vez más como farsa, los comunistas vamos a rebufo de la vieja socialdemocracia.

Como se puede observar, el mal uso y/o abandono del materialismo dialéctico por parte de los revisionistas a la hora de analizar la realidad, su defensa del historicismo más vulgar, anticipa la bancarrota del movimiento comunista internacional. Por lo tanto, mientras no se comprenda la necesidad de reconstitución ideológica y la exploración de nuevas formas de llevar a cabo nuestra línea de masas seguiremos lamentándonos en un callejón sin salida. Solo bajo esta última guía se podrá llevar una nueva orientación que nos marque en el camino a constituir como ideología hegemónica entre la clase obrera.

El fascismo, nueva ideología como poder material

La ideología de cada formación social no tiene como única función el reflejar el proceso económico de esta sociedad, sino más bien el de anclarlo en las estructuras representables dentro de las gentes de esa sociedad. Los individuos están sometidos a sus condición de existencia de dos maneras: de manera directa, por la repercusión inmediata de su situación económica y social, y de manera indirecta, por la estructura ideológica de la sociedad; deben, pues, desarrollar siempre, en su estructura psíquica, una contradicción que corresponde a la contradicción existente entre las repercusiones de su situación material y las repercusiones de la estructura ideológica de la sociedad. El trabajador está sometido tanto a su situación de clase como a la ideología general de la sociedad burguesa. Pero los miembros de las diferentes capas sociales no son únicamente objetos de esas influencias, sino que, al mismo tiempo, las reproducen, repitiendo la vieja premisa de la ideología que Marx ya formuló: “no lo saben, pero lo hacen”. Como hemos visto, por tanto, en tanto que sujetos actuantes, inevitablemente, su pensamiento y su acción deben estar tan cargados de contradicciones como la sociedad capitalista de donde ha surgido. Mas, en la medida en que una ideología transforma la estructura  psíquica de los hombres, no solo reproduce, sino, lo que es mucho más importante, que se convierte en fuerza activa, en potencia material sobre las especies de hombres que han sido, de este modo, transformados concretamente y que, en consecuencia, actúan de una manera transformada y contradictoria. Solo así se puede explicar cómo en plena crisis económica muchos obreros siguen votando a partidos abiertamente reaccionarios como el PP y el PNV e CIU, en los nacionalismos periféricos, ya que estos partidos representan en el imaginario la figura de la estabilidad, del orden.

“El orden actual se presenta como algo armoniosamente ordenado, establemente coordinado. (…) El sentido común suele predicar que más vale una gallina hoy que un huevo mañana. Sin embargo el sentido común es un terrible negrero. Más cuando para conseguir la gallina se vuelve necesario romper el huevo” A. Gramsci

Es de esta manera, únicamente de esta, como se hace posible el efecto de retorno de la ideología de una sociedad sobre la base económica de la que ha surgido, pues el capitalismo nunca se acaba de volver fruta madura sin un partido comunista que empuje los factores subjetivos del proletariado. El «efecto de retorno» pierde su carácter aparentemente metafísico si puede ser tomado en su materialidad como estructura psíquica del hombre que actúa, afectando por ende a los factores subjetivos. En tanto que tal, este es el objeto de una psicología científica, es decir, marxista y por ende transformadora. Nos resulta, como ya decíamos antes, interesante y revelador ver cómo el marxismo oficial de aquel entonces hizo caso omiso y no prestó ningún tipo de valor ni atención a cuestiones tan fundamentales que ofrecían no solo una capacidad mucho más precisa de análisis para el fenómeno fascista, sino también una nueva respuesta teórica (de la que se derivaría una práctica concreta) para hacer frente a los monstruos de entreguerras. El economicismo y el mecanicismo sí que mostraron sus estertores.

El fascismo, la ideología de la clase media

Pero, en lugar de lamentarnos, ahondemos un poco más en las cuestiones ideológicas; el trabajador medio, como decíamos, es portador de una contradicción: simultáneamente, es capaz de una postura revolucionaria (por su situación económica) y, a la vez, posee una traba burguesa (por ejemplo, su contacto con la ideología dominante). Su estructura psíquica, por tanto, también contiene esta contradicción. Si, en consecuencia, entendemos que el trabajador no es revolucionario intrínsecamente, sino que se manifiesta dicha contradicción en su interior, lograr una solución significa que este trabajador enfrente a las fuerzas psíquicas conservadoras con las fuerzas psíquicas revolucionarias. La mística fascista es reaccionaria, pero si la tachamos de psicosis, no obtenemos una nueva práctica para combatirla; solo si la analizamos de forma materialista, podemos hacerle frente. Para realizar esta tarea es necesario aprehender las relaciones existentes entre la ideología y la situación social, y los análisis socioeconómicos que no van más allá son inoperantes.

En cambio, en las clases medias, aunque, de facto, ya estén proletarizadas económicamente en tiempos de crisis, el miedo a pasar a formar parte del proletariado les convierte en miembros sumamente predispuestos a asumir como suyas ideologías reaccionarias. En el sujeto representante de la clase media, al igual que en el obrero, también se encuentra una contradicción; por un lado, los sentimientos de revuelta (contra el gran capital que lo ha arruinado), por el otro, los objetivos y contenidos reaccionarios. El fascismo, con sus diatribas contra la gran burguesía, con su explicitación de la violencia y la primacía de la acción -muchas veces sin sentido-, apelando al espíritu, combinado con grandes dosis de chovinismo y retórica reaccionaria, supo cómo armonizar los elementos contradictorios del representante medio de la clase media, del portador de la ideología pequeño-burguesa.

La clase obrera, por consiguiente, debido a su lugar en la producción, desarrolla de manera natural, en sus centros de trabajo (y por su situación familiar), una conciencia de clase en sí. En cambio, la clase media, que tiene una ideología competitiva e individual debido a su lugar en la producción (y debido a cómo este se refleja después en las estructuras familiares), en el pequeño comercio, se convierte en el sujeto idóneo para adoptar una ideología neonihilista, violenta, individualista y fluctuante como lo es el fascismo.

No debemos perder de vista que toda organización social produce en las masas las estructuras que le son necesarias para lograr sus objetivos fundamentales (“la ideología de la clase dominante es la ideología dominante de cada época”). Solo así, atendiendo a que en cada individuo pueden encontrarse estructuras psíquicas que lo lleven a aceptar la guerra, el imperialismo o el fascismo, y siendo conscientes de que éstas existen como principios generales de la sociedad de clases, un sector del proletariado y las clases medias vieron el fascismo con buenos ojos. Además, la clase que posee los medios de producción material, también posee los medios de producción intelectual, espiritual… Los pensamientos de los obreros, por lo tanto, están sometidos y expuestos a esta ideología que, como hemos visto antes, es capaz no solo de reproducirse en el obrero, sino de actuar como fuerza material en su efecto de retorno.

¿Pero cómo se transmite esta ideología? Según W. Reich, en Psicología de masas del fascismo, la conexión de la estructura socioeconómica, de la estructura sexual de la sociedad y la reproducción ideológica de la sociedad se produce en los 4-5 primeros años de la vida y en el seno de la familia. Por lo tanto, la institución de la familia es una fábrica de estructura e ideología que reproduce las contradicciones que existen en la sociedad. De ahí también que no solo los nazis fueran fervorosos defensores de la familia patriarcal y tradicional, sino que, aún a día de hoy, son muy escasos aquellos que se plantean la necesidad de la abolición de esta organización social histórica que nace juntamente con la propiedad privada.

La estructura familiar de las familias pequeño-burguesas es una reproducción de las estructuras del Estado. El padre, que representa al Estado, es la figura de autoridad, la que ejerce la represión sobre los demás miembros de la familia. Aun así, los niños desarrollan una identificación con el padre, es decir, con la autoridad. Esta identificación va a ser determinante a la hora de definir la dirección que tomará la ideología pequeño-burguesa en momentos de excepción. Además, la competitividad del pequeño-burgués también se extiende a la competitividad entre familias pequeño-burguesas (comerciantes, campesinos…), que no ven en sus semejantes sino rivales, que es lo que, de hecho, son: rivales por una cuota de mercado que cada vez es más estrecha y que conduce a la tan temida proletarización. Este sentimiento de rechazo frente a lo externo, juntamente con la identificación con la autoridad, puede explicar porque el nacionalismo exacerbado es una característica que la pequeña burguesía, bajo el influjo del fascismo, desarrolla tan bien.

Para entender, entonces, cómo el discurso fascista pudo, en general, calar tan bien sobre grandes capas de la población (concretamente, en las ideológicamente pequeño-burguesas), hay que reparar en el propio discurso fascista, en cómo fue capaz de golpear y aprovecharse de las contradicciones internas de la pequeña burguesía. En el discurso fascista hay una voluntad de rebelión contra la autoridad (el padre) al mismo tiempo que un reconocimiento y sumisión a esta, es decir, que no se pretende superar el sistema de cosas que permite que haya una autoridad, sino que la rebelión busca ser un correctivo para esta autoridad. Las analogías con la identificación del pequeñoburgués con la autoridad son evidentes. Por ejemplo, el funcionario sabe que su existencia como tal depende de las autoridades y su consciencia se forma por su posición respecto a la autoridad pública y a la nación (siente que forma parte de su unidad e incluso toma parte de sus características y cualidades). A pesar de su explotación (quizá su economía no ni mejor que la del proletario medio), su postura intermedia entre la autoridad y el obrero le impide desarrollar solidaridad de ningún tipo. Lo mismo sucede con las capas medias en el Estado o en la empresa. Esta transformación desarrolla un conflicto entre su situación económica y su ideología.

Aprovechándose de estas contradicciones típicas de la pequeña burguesía, el discurso fascista, un discurso característicamente carente de argumentaciones y que rezumaba vehemencia, creció de forma exponencial. A pesar de esto, en el propio movimiento fascista también se halla una gran contradicción que, en el caso de Alemania, se puso de manifiesto rápidamente. Por un lado, Hitler era consciente de que necesitaba un movimiento de masas (pequeño-burguesas) organizadas políticamente; se dio cuenta de que la socialdemocracia era un fracaso y una traba, al igual que los caducos partidos burgueses, y comprendió, cosa que muchos marxistas no hicieron después con el fenómeno del fascismo, que era necesario construir una nueva visión fundamental del mundo que pudiera combatir a la visión marxista y estuviese dotada de una voluntad de conquista:

cuanto más reflexionaba en aquella época sobre la idea de un necesario cambio de actitud de los gobiernos, más me daba cuenta de que no existía nada válido para reemplazar esta doctrina. Era insensato y más que estúpido suponer que el fanático del internacionalismo que se había separado de su partido de clase iba a volver inmediatamente a un partido burgués, o sea, a otra organización de clase”.  Hitler

Pero el fascismo, que empieza por apelar a las masas revoltosas contra la gran burguesía, que propone algunas medidas anticapitalistas y no duda en llamar a la revolución, a medida que avanza, que va adquiriendo poder, se le va cayendo la careta y queda patente que su discurso no es más que un fino velo que envuelve los intereses del gran capital y de la gran burguesía. Como dice el viejo dicho latino, verba volant. En consecuencia, se da una contradicción entre los intereses objetivos del fascismo (proteger al gran capital) y los intereses de las masas fascistas (pequeño burguesas). Si sabemos que el fascismo tiene su base en las clases medias,  en la ideología pequeño-burguesa, pero que en realidad es el garante de los intereses económicos del gran capital, para poder elaborar un análisis del que se derive una nueva práctica a la hora de combatir el fascismo, debemos tener en cuenta qué cambio se opera en las clases medias para que acepten y se apropien de la ideología fascista, y no seguir repitiendo el axioma de que el fascismo es la extrema reacción económica, o la dictadura abierta y terrorista del capital, que, a pesar de ser cierto, este argumento no es capaz de articular una política nueva. Para vencer al fascismo es más importante saber cuáles son los intereses de las masas que engrosan las filas del fascismo antes que los de la mano que les paga, al igual que para comprender la gravedad es más importante el analizar porque cae la manzana que el mismo hecho que la manzana cae.

A pesar de no ser algo mayoritario, y a riesgo de extendernos, creemos que es necesario ver, aunque sea de forma somera, cómo penetra la ideología fascista en el proletariado, y lo importante que resulta poder atajarlo. Principalmente, la incursión del fascismo en las masas proletarias se da por dos vías: una, el lumpen-proletariado (a través de la corrupción material), otra, la aristocracia obrera (a través de la corrupción material y la influencia ideológica). Algo que debemos tener muy presente es que, a pesar de que la fábrica o la propaganda revolucionaria tengan efecto en el obrero, los detalles cotidianos, la influencia de la ideología pequeño-burguesa, son constantes y casi imperceptibles. Por eso, como ya sabemos que el obrero no es revolucionario en sí, siempre se encuentra ante dos posibilidades: identificarse con su clase o, por el contrario, con la clase superior, la pequeña burguesía.

Los análisis simplistas del fascismo que hizo la IIIa Internacional, con Dimitrov a la cabeza, consideraban que la socialdemocracia era un aliado natural del fascismo, es decir, que el fascismo podía avanzar no tanto por la ausencia de una organización contra él (en su caso, el frente popular) sino por la horrible traición de la socialdemocracia a la causa revolucionaria, volviendo a los reproches de antaño. A diferencia de esto, se puede observar que, en los países que han desarrollado más el capitalismo, a pesar de haber una mayor tradición de movimiento obrero organizado, existe una menor consciencia de clase (se producen menos levantamientos, el reformismo está asentado…) que en los países donde el capitalismo es aún incipiente. Esto sucede porque, en los países donde el capitalismo está más desarrollado, ya existen unas estructuras burguesas tácticamente elaboradas para ideologizar al obrero; por el contrario, en los países donde el capitalismo está menos desarrollado, al no haber ningún tipo de política social, la asimilación e identificación de los obreros con lo pequeñoburgués es mucho más difícil y compleja.

El militante obrero socialdemócrata desarrolla una identificación con el dirigente y, a pesar de reconocer sin problema los errores que estos cometen, creen concienzudamente que sus dirigentes, por su condición de dirigentes, saben lo que se hacen, que todo forma parte de un plan (como muchos arguyen para justificar el rápido viraje ideológico de PODEMOS). Por lo tanto, cuando este trabajador, totalmente empapado de ideología pequeñoburguesa, se encuentra en una situación de crisis, no tiene más remedio que acudir al mejor sustituto de la socialdemocracia, si no permanece indeciso y vacilante, al partido fascista. Es entonces cuando depende del carácter apropiado o erróneo de la táctica del partido revolucionario el que abandone esta tendencia y que lleve a una plena consciencia de su posición real en el proceso de producción capitalista. Creemos que esta explicación explica de forma más satisfactoria el trasvase que se produce desde las filas de la socialdemocracia a las del fascismo.

Conclusión

Con el fin del socialismo del siglo XX, representado en la caída del muro de Berlín se abre para los comunistas una nueva etapa, una nueva etapa que vendría a subvertir el orden de la famosa undécima tesis sobre Feuerbach:

“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” KARL MARX

En la actual coyuntura, se presenta como imprescindible para toda aplicación de una política comunista afirmativa dar la vuelta a la famosa tesis y convertir en contradicción principal el análisis y el balance del por qué del fracaso de la aplicación de la ideología comunista, eso sí, sin olvidar que la práctica a través de la lucha de dos líneas y el principio de Unidad-Lucha-Unidad, si realmente queremos llegar a una unidad comunista real. Hace falta barrer con las tesis que se hasta ahora se habían dado por ciertas para que, a la luz de la crítica y de la praxis, que es, en última instancia, la luz que más ilumina, se demuestre qué queda de lo viejo a través de lo nuevo, qué experiencia es hoy válida para la política de los comunistas.

El fracaso del movimiento comunista no se debe a su propia incapacidad como agente político para producir verdad revolucionaria, sino a su propia incapacidad para analizar una realidad que le supera, ya que su propio fracaso histórico, en una época determinada, no pone en evidencia que las bases del marxismo sean falsas y que su capacidad revolucionaria se haya diluido (sistema capitalista que genera violencia y miseria a su alrededor, clases sociales enfrentadas, fusión entre poder político y económico…etc), sino que simplemente los comunistas no han realizado el debido análisis teórico o que la autocrítica inherente a un sistema como el materialismo dialéctico no ha sido fructífera o realizada siquiera. En el momento actual y tras el fracaso del marxismo revolucionario como ideología hegemónica esto nos hace plantearnos toda una serie de preguntas: ¿Qué hacer? ¿Quiénes somos? ¿En nombre de quien actuamos? En este sentido y no en ningún otro debe ir dirigida nuestra actividad si realmente queremos hacer por transformar la realidad concreta actual. En nuestra realidad inmediata, en cambio, no nos vale con ofrecer un camino como comunismo o capitalismo, no se trata en estos momentos ya de elegir entre lo viejo o lo nuevo de manera simple, cayendo en el materialismo vulgar. Lo que es preciso aprehender (y PODEMOS lo ha entendido muy bien) es que debemos elaborar, mediante la práctica, un camino nuevo a partir de la experiencia que la historia nos ha legado. Mientras no seamos capaces de ofrecer algo que rompa con la actual táctica-proceso que tanto predican los revisionistas, estaremos repitiendo letra muerta, estancados en un lodo que amenaza incluso con tragarse a algunos de nuestros compañeros, que, si bien son conscientes de esta realidad, al no tener una alternativa que ofrecer (más allá de refritos de la experiencia soviética), continúan tan estancados como los distintos destacamentos revisionistas del Estado Español

 

EL ESTADO DE LA NACIÓN Y EL ESTADO DE LOS COMUNISTAS

No dejará nunca de sorprendernos que exista gente que cree compatible defender a Podemos y ser comunista, que crea que el reformismo más descarado es compatible con un proyecto revolucionario o incluso, yendo más allá, que crean necesario a Podemos como paso previo a una revolución futura, que no se sabe de dónde va a salir ni cómo se va a organizar.

Sorprendente, pero cierto. Y mientras sea cierto, debemos trabajar por aclarar las cosas. Por suerte Pablo Iglesias nos está ayudando en nuestras tareas a la hora de deslindar campos entre reforma y revolución. ¡Ya era hora! Luego de haber vivido en la ambigüedad para ganar lo máximo posible, esa ambigüedad comienza a definirse como reformismo, como «un capitalismo de cara humana», como un «vamos a eliminar superficialmente los problemas, aunque la raíz siga estando».

Durante su intervención en la respuesta que hizo Podemos al Debate sobre el Estado de la Nación, Pablo Iglesias dijo lo siguiente, que transcribimos literalmente:

«Yo sé que hacen falta ricos para que la economía de mercado funcione, yo lo sé. [¿Se lamenta?] Pero necesitamos ricos responsables y con un mínimo sentido del patriotismo. No puede ser que solo se ajusten el cinturón los de abajo mientras los de arriba cada vez ganan más, es una vergüenza para la democracia que aumente la desigualdad, es una vergüenza que aumente el número de millonarios cuando buena parte de los trabajadores son pobres y no lo vamos a consentir cuando gobernemos. Sabemos que necesitamos a los ricos, pero les vamos a pedir responsabilidad. [Aplausos]»

¿Cómo es eso de que necesitamos ricos responsables? ¿Qué es un rico responsable?

No hace mucho aparecieron las declaraciones de un miembro del Consejo Ciudadano, que se expresaban así:

«Hay sectores del capitalismo emprendedor que saben que necesitan un país con menos desigualdad social, que entienden que así expanden su mercado.»

Y también:

«Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander.»

El miembro que afirmaba esto es Jesús Montero Delgado, participante en la fundación de Podemos y a día de hoy secretario municipal de Podemos en Madrid. Ah, y «curiosamente» Secretario General de la UJCE entre 1984 y 1989.

Entonces, ¿qué es mejor, casta o burguesía?

El año pasado circuló por las redes un artículo titulado «¿Por qué es mejor hablar de casta que de burguesía?», del blog «Les communards», el cual es administrado por un declarado seguidor de Podemos, el infame Theorie Und Praxis, que se reclama revolucionario y comunista. El artículo intentaba justificar la terminología de Podemos en nombre de la revisión del lenguaje en la táctica política (cosa que debe hacerse, pero no en el campo del oportunismo). Y llegaba a la siguiente conclusión:

«Lo que importa es decirlo, no cómo se diga. El cómo da igual. El cómo solo puede importarles a quienes ven la política como una suerte de tradiciones y símbolos irrenunciables, esto es a gente que ve la política como algo identitario y estético, no como la lucha por el poder. La política se mide por los resultados [estrictamente electorales, parece dar a entender], no hay más.»

Sí, claro está, lo importante es decirlo (o mejor dicho, no decirlo, sino hacerse entender). Pero mucha gente en nombre de hacerse entender lo que hace es cambiar el contenido. ¿Cómo puede pretenderse que «por unos ricos patriotas» lleve a entender «por el comunismo y el fin de las clases»? ¿Se puede tener más jeta?

Sí, es necesario adaptar el discurso a los oyentes, a los lectores, a la gente a la que en determinado momento uno se dirije. Pero una cosa es hacer entender un concepto con ejemplos, explicaciones, empleo de términos más comunes o algo similar… y otra cosa cambiar el discurso revolucionario por un discurso reformista que es mucho más sencillo de difundir (porque es totalmente acorde con la ideología burguesa en términos generales, aunque aparente ir en contra de una forma concreta de esa ideología).

El discurso de Podemos es ideología burguesa, el del PSOE también y el del PP igual. ¡Pero no son iguales! Existen muchas formas de expresar la ideología de una misma clase, sobre todo si comprendemos que dentro de esa misma clase (u alianza de clases) hay sectores diferenciados.

Resulta que cuando se hablaba de casta no se hablaba de burguesía, se hablaba de los enemigos políticos de Podemos, se hablaba de aquellos que no quieren conceder más reformas, que no quieren repartir una parte mayor del pastel imperialista con una capa privilegiada de trabajadores (la aristocracia obrera).

Resulta que hay una burguesía que no es casta, que es patriota y responsable, que quiere calmar los aires contestatarios que empezaron con el 15M concediendo migajas a aquellos que dirigen a la clase obrera hoy en día. Resulta que «¿Es delito tener una empresa en España? Nosotros creemos que no.» como decía a los medios Carolina Bescansa (responsable de la Secretaría de Análisis Político y Social de Podemos) defendiendo a Monedero y su patrimonio.

Resulta que del rojo y azul del viejo bipartidismo nos ha salido una renovación morada, pero no una renovación social, no un nuevo sistema social, no el camino hacia el fin de la explotación del hombre por el hombre, sino una reformulación de las alianzas dentro del capitalismo. A la burguesía Podemos le lanza un mensaje claro «o con nosotros y paz social, o sin nosotros y barbarie».

¿Y los comunistas, cómo nos quedamos? ¿Soñando con que Podemos no sea lo que aparenta? ¿Esperando con ilusión a que nos vuelvan a engañar?

Claro que podemos, claro que podemos terminar con el capitalismo.

Sí se puede, pero no así.

Sí se puede, pero no con esta gente.

Podemos, debemos y lo haremos. Pero para ello hace falta desembarazarse de falsas ilusiones. Hace falta prepararse para luchar.

Por una nueva educación

Sería una completa pérdida de tiempo reproducir aquí de nuevo toda la colección de consignas acerca de la “educación pública y de calidad” que desde las JSE hasta CJC reclaman. O recitar una vez más lo perjudicial que es la nueva ley de educación (LOMCE), las becas que vamos a perder, lo precaria que cada vez se vuelve más la educación financiada por el Estado burgués, etc…

No es nuestra tarea volver a repetir eso, sino ir más allá, analizar las implicaciones de clase de la educación bajo el capitalismo. Nosotros, como militantes comunistas, no podemos tener por tarea prioritaria otra cosa que analizar la raíz de asunto, la esencia que explica lo que superficialmente vemos y sentimos todos los que formamos parte del estudiantado. Y en base a ello trazar la ligazón entre esa lucha estudiantil que se reduce a lo sindical reformista y las tareas actuales en el camino de la Reconstitución del Partido Comunista.

Una cuestión de clases

En la sociedad de clases, cada persona existe como miembro de una determinada clase, y todas las ideas, sin excepción, llevan su sello de clase.

Mao Tse-Tung

Día y noche, cuando comes, cuando trabajas o cuando estudias, todo lo que hacemos está marcado por la sociedad de clase en la que vivimos. Sin estudiar la realidad desde ese punto de vista no se puede llegar a ninguna conclusión coherente con la realidad material. La educación no es una excepción, sino más bien un asunto profundamente penetrado por la cuestión clasista a nivel ideológico.

Cuando hablamos de la precarización de la educación pública, nos centramos únicamente en estudiar la educación desde el punto de vista de los conocimientos técnicos necesarios para desempeñar tal o cual tarea. En ese aspecto, es cierto que la educación accesible a la gran mayoría cada vez tiene un nivel más bajo, cada vez tiene menos recursos a su alcance y por lo tanto es de menor calidad el resultado de tal educación. Es decir, que los futuros proletarios tienen una capacitación menor.

El aspecto técnico de la educación no puede entenderse si se desliga de la realidad del modo de producción capitalista, de los “períodos de bonanza” y de las crisis, de la posición del Estado español en el entramado de relaciones imperialistas… en resumen, de las necesidades concretas de formación de proletarios para cumplir las demandas del sistema productivo. Debemos arrancar de raíz la idea errada de que la situación actual de la educación se debe a un Ministro de Educación “muy hijo puta”, o un Presidente del Gobierno “que nos quiere volver tontos”, o cualquier idea por el estilo.

Las causas de la situación actual de la educación pública no pueden buscarse en tal o cual cabeza de turco en el Parlamento burgués, sino en el propio sistema productivo, en el capitalismo. Concretamente, debemos estudiar en profundidad qué lugar ocupa el Estado español en el bloque imperialista europeo-estadounidense y cuál es la situación general de ese bloque. Pues de ahí extraeremos las necesidades concretas de proletarios que tiene la burguesía, y por tanto el papel que tendrá la educación pública, como maquinaria de suministro de estos futuros proletarios llamados estudiantes.

Pero al mismo tiempo que estudiamos la cuestión técnica, debemos estudiar la cuestión de clase que también lleva la educación pública incorporada. Vienen al caso unas palabras entre Clara Zetkin y Lenin:

—No se queje usted tan amargamente del analfabetismo, camarada Lenin —intervine yo—; pues, seguramente, que hasta cierto punto ha servido para facilitar la revolución. Gracias a él, el cerebro de los obreros y los campesinos no se ha visto atascado y apestado de ideas y concepciones burguesas. En esos cerebros, la propaganda y la agitación caen en tierra virgen. Es más fácil sembrar y cosechar en tierra como esa que no donde antes de labrar hay que desarraigar toda una selva de prejuicios.

—Sí, es exacto —replicó Lenin—; pero sólo hasta cierto punto; mejor dicho, dentro de una cierta etapa de lucha. El analfabetismo era perfectamente compatible con la lucha por la conquista del Poder, con la necesidad de destruir la vieja máquina del Estado. Pero, ¿acaso nosotros destruimos por el sólo gusto de destruir? No; destruimos para construir otra cosa mejor. Y el analfabetismo se concilia mal, no se concilia, en modo alguno, en la obra constructiva. Y esta obra ha de ser, según Marx, realizada por los propios obreros, y también por los campesinos, añado yo, si quieren emanciparse. Nuestro régimen soviético facilita estas tareas. Gracias a él, miles de trabajadores aprenden a laborar constructivamente en los diversos Soviets y órganos soviéticos. Son hombres y mujeres “en lo mejor de la vida”, como ustedes suelen decir. Se trata, por tanto, y esto es lo que interesa, de gentes que, en su mayoría, se han criado bajo el antiguo régimen y, por consiguiente, sin educación y sin cultura. Hoy, estos hombres pugnan apasionadamente por alcanzar la cultura y la educación que no les dieron. Nosotros nos esforzamos cuanto podemos por incorporar a la labor de los Soviets a nuevos hombres y nuevas mujeres educándolos de este modo práctica y teóricamente. (1)
La educación pública, que proporciona el Estado burgués como “comité central” de la burguesía, no educa simplemente a los hombres para desarrollar tal o cual tarea, sino que los educa para ser proletarios, para trabajar bajo el yugo de la burguesía en el sistema capitalista. Eso significa que la educación pública liga siempre la formación técnica con la formación ideológica (en el peor de los sentidos), en la búsqueda de la implantación de prejuicios burgueses en la cabeza de todo proletario.

La comprensión de esos dos aspectos es esencial para ligar la lucha estudiantil con la lucha general contra el capitalismo, la lucha por la Revolución Socialista.

La respuesta espontánea

[…] la relación entre lo consciente y lo espontáneo ofrece un magno interés general y debe ser analizado con todo detalle.

V.I. Lenin

La reducción de la comprensión de la cuestión estudiantil al mero aspecto formal nos lleva al panorama actual de sindicalismo estudiantil. Este panorama limita la actividad a la lucha contra tal o cual medida, y materializa sus máximas aspiraciones en una “educación pública, de calidad” a la que según se presente la situación, se le añadirán adjetivos como “laica”, “feminista”, “para todos”, etc…

Veamos algunas declaraciones de organizaciones estudiantiles:

«Desde Estudiantes en Movimiento mostramos de nuevo nuestro más profundo rechazo a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) impulsada por el gobierno del Partido Popular. Dicha reforma educativa implicaría, como ya hemos analizado en anteriores ocasiones, una brutal precarización de la educación pública porque empobrece el nivel, segrega al alumnado y elitiza el sistema» (2)

«Por todo esto y todas las reivindicaciones que venimos reclamando, desde Estudiantes en Movimiento llamamos al conjunto del estudiantado a la jornada de movilización de este 7, 8 y 9 de Mayo y convocatoria de Huelga Educativa el 9 de mayo, a movilizarse por sus derechos y por la educación pública, gratuita y de calidad.» (3)

«Estamos en un momento decisivo en la lucha. El gobierno de Rajoy y el ministro Wert tienen previsto aprobar su ley en los próximos meses. Si el gobierno no cede tenemos fuerza y condiciones para continuar y endurecer la movilización. La lucha educativa cuenta con la simpatía de la inmensa mayoría de la sociedad y se puede transformar en una movilización general todavía más potente que logre echar atrás todos los ataques del PP.

¡Sí se puede!» (4)

Esta situación no puede elevarse más allá sin introducir el estudio del aspecto de clase. Sin añadir a la ecuación una cosmovisión revolucionaria.

La respuesta consciente, por una Nueva Educación

Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante.

Marx y Engels

El quid no está, hermano, en los edificios; lo importante es educar al hombre nuevo, pero vosotros, los pedagogos, no hacéis más que sabotearlo todo: el edificio no os gusta y las mesas no son como deben ser. Os falta eso… ¿sabes qué?… El fuego revolucionario.

A. Makárenko

Mientras el aspecto técnico reduce la lucha al marco del capitalismo, el aspecto de clase liga y eleva la lucha de los estudiantes al movimiento general del proletariado en su emancipación. La educación pública, en tanto que en manos de la burguesía, nunca va a educar a los hombres más que como proletarios, por mucha calidad y muy pública “de todos” que sea.

Es por ello que el aspecto más importante es aquí el de clase, es el que va a liberar a la educación de las cadenas de las necesidades del modo de producción capitalista, es el que va a determinar si los hombres van a seguir siendo “hombres formados en un terreno ultraespecífico que se ciñan al esquema productivo sin cuestionarlo” (Marx) o bien si estos van a ser hombres universalmente formados.

La lucha dentro de los márgenes del capitalismo, ciertamente, no puede ir más allá de la mejora del aspecto formal, de la búsqueda de una educación burguesa de mejor calidad. Es por tanto que, al margen de esta educación, debemos forjar otra distinta. Debemos desarrollar la formación en el socialismo científico por parte de los estudiantes más avanzados, pues mientras la burguesía educa proletarios, nosotros debemos formar a esos proletarios elevarlos a proletarios revolucionarios, proletarios con conciencia de clase para sí que comprendan las implicaciones históricas de la lucha de clase y estén dispuestos a cambiar radicalmente todo el orden social existente, imponiendo la dictadura revolucionaria del proletariado.

Eso debemos entender por Nueva Educación en las condiciones actuales, la enseñanza enfocada a producir proletarios revolucionarios, pues la situación actual así lo requiere. En el futuro, si nuestra lucha triunfa, podremos hablar de otro tipo de Nueva Educación. Que además se seguir formando a los hombres como luchadores contra la explotación, pueda educarlos de manera integral, como hombres universalmente capaces.

¡La lucha de los estudiantes revolucionarios es la lucha de los proletarios revolucionarios!

***
(1) Clara Zetkin, Recuerdos sobre Lenin

(2) http://estudiantesenmovimiento.org/?p=224

(3) http://estudiantesenmovimiento.org/?p=197

(4) http://www.sindicatodeestudiantes.net/index.php/noticias/movimiento-estudiantil/estatal/1527-fuera-la-reforma-franquista-del-pp-lomce-fuera-el-decreto-de-becas-y-el-tasazo

EL FEMINISMO: DE LA RESISTENCIA A LA TRANSFORMACIÓN

Hoy 8m, vista la situación de deriva en la que se encuentra el movimiento comunista en general, y en particular en lo que respecta a la liberación de la mujer dado el auge de planteamientos pequeñoburgueses, las camaradas nos vemos obligadas a reivindicar las palabras que la revolucionaria Inessa Armand pronunció en 1917:

“Si la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo, el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer.”

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Las palabras de Armand no dejaban lugar a dudas, la construcción del socialismo como proceso indispensable de transición al comunismo pasa necesariamente por la liberación de la mujer.

Atendiendo a cómo se reproduce esta violencia estructural dentro del sistema capitalista, el discurso “novísimo” en boga no sirve, pues a pesar de reconocer sobre el papel el carácter estructural de la opresión heteropatriarcal, insiste en dar respuestas erróneas basadas en ideas individualistas que nada pueden aportar a la liberación de la mujer. Planteamientos individualistas ajenos a lo revolucionario, que como tales, no inciden en la raíz del problema – el heteropatriarcado como sistema – sino que actúan en la superficie, en los momentos concretos de exteriorización de actitudes machistas.

Es decir, no es cuestión de hablar de reparto de tareas en el hogar, sino de acabar con la concepción burguesa de familia. Un modelo de familia monógama y heterosexual que empuja a la mujer a lo que Lenin acuñó como “esclavitud doméstica”. La cual no es más que una forma barata para el capital, aunque no para la clase trabajadora, de producir fuerza de trabajo que además nos permite diferenciar la opresión de género en el seno de las distintas clases: la misión de la mujer burguesa es producir futuros herederos y el de la mujer trabajadora mantener las generaciones de trabajadoras/es para hoy (cuidados) y para mañana (procreación), además de incorporarse a las filas de la producción para mantener los salarios a la baja, realizando las mujeres trabajadoras el mismo trabajo por un salario mucho menor, eso sí, llenando el bolsillo del capital. También nos permite comprender que los avances de las mujeres hacia la liberación en los países imperialistas han sido a costa de cargar a mujeres inmigrantes de los países oprimidos. Luego no hablamos de una liberación real de la mujer, más bien de un traspaso de tareas producto de las transformaciones del capitalismo.

Debemos enfrentarnos a la teoría feminista hegemónica teniendo en cuenta siempre su complejo entramado. Toca retomar el estudio, retomarlo en el sentido de hacer un análisis necesario de la realidad del movimiento feminista, tomando las conclusiones correctas y desechando desviaciones, reconstruyendo nuestra posición, tomando una nueva orientación al respecto y devolviendo al marxismo su carácter de teoría emancipadora.

Resulta fácil abrazar la causa de las mujeres trabajadoras, formar asambleas, organizar huelgas y manifestaciones para reclamar el derecho a la igualdad salarial o al aborto libre. Es una lucha obvia a la que damos nuestro apoyo incondicional, pero la lógica de la realidad capitalista es mucho más compleja, por eso nuestra tarea es destruir el capitalismo que perpetúa la existencia del machismo para asegurar su propia existencia. Por eso, sabedoras de las limitaciones de las teorías feministas hegemónicas, nuestro objetivo es impulsar la lucha de dos líneas en el seno de la vanguardia feminista.

Con este objetivo, es nuestro deber fortalecer las denuncias contra toda expresión machista en la sociedad, pero muy especialmente en el seno de nuestro movimiento. Debemos tener entre nuestras metas acabar con todos esos actos reaccionarios de falsos camaradas que pudren nuestras organizaciones. Apremia erradicar a aquellos que afirman que el movimiento comunista no tiene por objetivo más que la superación de la contradicción capital-trabajo, a aquellos que no entienden la visión totalizadora que guía a las y los comunistas capaces de entender que hablar del movimiento comunista es hablar del movimiento por la eliminación de todo tipo de opresión.

El objetivo de la toma de conciencia revolucionaria requiere de la voluntad de las y los trabajadores de defender los intereses de todos y todas las oprimidas en la sociedad, como parte de la lucha por el socialismo.

Podemos decir que desde sus orígenes la tradición marxista ha asumido la lucha por la liberación de la mujer; si bien han sido necesarias varias revisiones para actualizar estas tesis, fueron pioneras en su momento como contribución a la comprensión de la opresión de las mujeres.

De hecho, la tarea de toda comunista no debe ser otra que la de ser plenamente conscientes de que la cuestión feminista ha sido una de las mayores limitaciones que han quemado al movimiento comunista a nivel internacional. Como ejemplo paradigmático tenemos la experiencia soviética, donde a pesar de los avances logrados en un principio en 1917 con la conquista del poder de las masas en armas, no se consiguió erradicar la ideología heteropatriarcal que siguió reproduciéndose hasta desembocar en los años 30 en medidas reaccionarias dirigidas a reforzar el concepto de familia nuclear burguesa, y a criminalizar el aborto y la homosexualidad. No es de extrañar por lo tanto que en el panorama actual encontremos una escisión entre los movimientos comunista y feminista como dos corrientes ideológicas separadas.

Demasiadas han sido ya las camaradas que debido a la falta de lucha contra lo viejo en nuestro seno han acabado abrazando discursos contrarios a los intereses de las mujeres explotadas. Nuestras limitaciones y respuestas vergonzosamente reaccionarias y liberales anteponiendo el colegueo y la unidad –a fin de cuentas amparando y dando cobijo a actitudes machistas, homófobas etc. en el movimiento– nos han costado, como cabía esperar, una derrota teórica y política. Debemos dejar claro que es por tanto tarea inmediata de todas las y los comunistas del Estado español, analizar todas las limitaciones que aún no hemos conseguido superar en nuestros métodos de trabajo para así poder desplegar todo nuestro potencial revolucionario.

El camino iniciado para conseguir la igualdad entre hombre y mujeres se concluirá tras erradicar la raíz del problema. Solo acabando con el sistema capitalista que amamanta y al mismo tiempo se nutre del heteropatriarcado podremos dar un carácter verdaderamente emancipador al movimiento de liberación de la mujer. Solo analizando los problemas concretos de la mujer podemos ofrecer una alternativa verdaderamente revolucionaria y estar a la altura que exigen las circunstancias del momento.