¿Una nueva constitución bajo el viejo mundo o una nueva revolución por un nuevo mundo?

En la Alemania de hace dos siglos, que vivía en paralelo y con comedido júbilo la época de la revolución francesa, en plena efervescencia del idealismo alemán, Hegel decía que la esencia del Estado alemán, la sociedad industrial liberal, estaba escindida de su apariencia, la Constitución que regía el país. El Estado necesitaba la liberación de las fuerzas productivas, negando (y por tanto, doblenegando) un viejo Estado fragmentado y enfrentado consigo mismo para transformarlo en un Estado monárquico centralizado.

En el día de hoy, 6 de diciembre, estamos aparentemente en una situación parecida. Un Estado anclado en un pasado franquista y «antidemocrático» que no avanza y que incluso algunos afirman que se «fascistiza». Una constitución que está igual de anquilosada en las mismas raíces podridas que además impide la liberación y sojuzga a los pueblos oprimidos en el Estado español… Pero, ¿en serio nos encontramos en una situación histórica homóloga?

Hoy, el Estado español capitalista mismo, incluso la propia burguesía que rige el poder en connivencia con los sectores de la aristocracia obrera más reaccionaria, comienza a ver como un escollo para su imagen pública la existencia de una vieja corona que apenas tiene incidencia dentro del mismo, más allá de ser una representación cada vez más degradada del Estado español. Y todo ello pese al balón de oxígeno que ha supuesto la abdicación del viejo rey Juan Carlos I y la coronación del nuevo, Felipe de Borbón, en el mes de junio de este año que termina. No hace falta más que ver cómo incluso los sectores más avezados de la progresía humorística burguesa (1) (y el resto del sector progresista en general), en pro de la mercantilización del legítimo sentimiento republicano y del espectáculo, y, en clave puramente ideológica, deslegitima y humoriza de un modo ácido contra todas las figuras de la nobleza. Por tanto, muy probablemente, el cambio a una forma republicana burguesa, con una nueva constitución y un nuevo Estado fundamentados en lo económicamente existente, por muy popular y «trabajadora» (teniendo en cuenta la ambiguedad del término) que se pinte, sólo propicie el ya clásico «cambiarlo todo para que nada cambie». Transformar levemente el Estado para poder seguir defendiendo más eficientemente los derechos del capital, contando además con el consentimiento de los sectores proletarios que luchan sinceramente por la tercera república burguesa sin ni siquiera intuir esta problemática bajo el burdo chantaje de un doloroso pasado de guerra y derrota, la sufrida en el año 39 en la Guerra Civil, que todavía no ha sido posible enterrar.

Entonces, ¿cuál es el modo de proceder de los verdaderos revolucionarios frente al interrogante de una verdadera democracia para el proletariado, que salga de los marcos de la estrecha perspectiva que ofrece la democracia/dictadura burguesa? El único modo posible (o quizá precisamente el «imposible») hoy es el desarrollo de un proceso revolucionario que permita la construcción y desarrollo del Nuevo Poder y la destrucción del Estado burgués imponiendo la dictadura del proletariado para avanzar hacia el comunismo. Una forma completamente distinta de república, bajo un Estado-Comuna, que de verdad ponga en cuestión y destruya las bases económicas en que se fundamentan las contradicciones sociales de clase, género y raza revolucionarizándolas, frente a la que propone la burguesía. ¡Tenemos que construir una república que surja y esté dirigida a cumplir los objetivos históricos de «la parte sin parte» de la sociedad, del proletariado!

También los comunistas tenemos presente una disyuntiva íntimamente entrelazada con el objeto sometido a crítica en el día de hoy, la cuestión nacional. En estos momentos, en diversos puntos del Estado español, entre los que destacan Euskal Herria y Cataluña, diversos movimientos nacionales están en pugna con el Estado español opresor porque se les reconozca el derecho a la autodeterminación política de las naciones. En lo que respecta al caso catalán, ha alcanzado una situación avanzada tras la celebración de un referéndum en el día 9 del mes pasado, desoyendo las negativas a dar legitimidad legal a dicho proceso de autodeterminación por parte del Estado español y del gobierno reaccionario de Rajoy. Sin embargo, la democracia se desarrolló (si bien con una participación baja, del 33% de los llamados a votar, lo que tendría que suscitar un replanteamiento de los apoyos y la verdadera fuerza de ese movimiento nacional) y dio lugar a un apoyo del 80% de los votantes por el sí/sí. Así tenemos una clara victoria política, pero no es más que el comienzo, pues ahora se requiere del verdadero impulso revolucionario (dentro de lo que cabe dentro de esta clase de procesos) que es hacer valer frente al Estado español los resultados del referéndum e intentar conseguir la independencia, enfrentando así al proletariado de la nación oprimida contra la burguesía de la nación opresora.

Sin embargo, el «viejo» sector del MCE dio a aquella expresión de la democracia del pueblo catalán una respuesta bochornosa como leninistas. Pese al apoyo de la autodeterminación política, desde los boicots del PCPC y de RC hasta el apoyo claro de votar ‘NO’ del PTD, muestran cómo el revisionismo más sindicalista deja a merced de las políticas liberales al proletariado de la nación española haciéndole el juego a la burguesía, traicionando a su vez al proletariado de la nación catalana. Muestra, además, cómo es incapaz de realizar el trabajo político necesario para resolver, aunque fuese en los marcos imperialistas, el derecho a la autodeterminación de las naciones, dejando vía libre al proyecto democrático radical pequeño burgués CUP para que hegemonice el movimiento entre las capas populares.

¡Proclaman que el derecho de la autodeterminación política de todas las naciones sólo se puede cumplir en el socialismo(2)(3), cuando Lenin dejó claro que es una tarea histórica burguesa! Sin embargo, el proletariado debe entenderlo como tarea política, significada en el desarrollo de la lucha de clases y de la Revolución Proletaria Mundial. En nuestro caso, en tanto que continúan existiendo estas demandas en los territorios de España, pese a no ser la contradicción principal (debido a que en el territorio español el capitalismo ya se ha realizado), debemos defender la independencia de los pueblos oprimidos, denunciado cualquier pretensión de privilegio nacionalista, para enfrentar a los pueblos oprimidos contra la burguesía nacional española, y así liberar al proletariado del Estado español de la influencia ideológico-política liberal a la que esta última le somete.

Además, es llamativo cómo el PTD cae de lleno en el «practicismo» que refería Lenin, afirmando que la independencia «dividirá al movimiento obrero y popular y debilitará su fuerza, tanto en Cataluña como en el resto de España, y perjudicará sus intereses inmediatos y la lucha por el socialismo» (4). Los marxistas, como ya hemos dejado claro, no mediamos a través de esta política los intereses INMEDIATOS de las masas proletarias, si no que centramos su objetivo en la debilitación de los imperialismos, y en favor de la unión internacional proletaria en camino de la fusión de las naciones, verdadera tarea histórica proletaria con respecto a la cuestión de la nación. No en vano «una nación que oprime a otra no puede ser libre», como diría Marx en el contexto de la liberación irlandesa contra el imperio británico. Así, tan vigente como ayer es el principio leninista de que la realización de la democracia a través de la separación de las naciones es el camino hacia su fusión.

Aún así existe otra realidad todavía más acuciante en el interior mismo de nuestro propio movimiento. Una tarea que hay que cumplir previamente por parte de los revolucionarios de la que tenemos que ser plenamente conscientes. Y es la necesidad de un partido comunista que no existe en nuestro país. El movimiento comunista español hoy es un conglomerado disperso de «partidos» que no constituyen más que destacamentos de vanguardia aislados de las masas en los que el revisionismo, la influencia de las ideas burguesas en nuestra ideología y en los propios revolucionarios, que surgen de las desviaciones y contradicciones del marxismo mismo a falta de lucha de dos líneas en su interior, campa a sus anchas.

Por tanto hoy la tarea central es la de reconstituir el Partido, tanto en lo ideológico como en lo político, para poder ser capaces de elevar el actual movimiento de resistencia a su forma verdadera y revolucionaria, a la de Partido Leninista de Nuevo Tipo, y conferir al proletariado la independencia política con respecto a la burguesía que necesita para realizar su ofensiva final por sí mismo.

Un ejemplo que justifica esta necesidad está de plena actualidad. Podemos. Este proyecto liderado por la mesiánica figura de Pablo Iglesias, que aspira a denominarse «transformador» y que se ha reducido definitivamente a lo más apologético, ha realizado todo un ejercicio de venta ideológica en una de sus últimas comparecencias renunciando a los puntos más cruciales (y pese a todo mínimos) de su programa. La reestructuración de la deuda (que sustituye a la ya típica consigna de la izquierda reformista «no al pago de la deuda»), una clara apuesta por las PYME’s (que ya impulsaron silenciosamente en aquel programa medio impuesto para las elecciones europeas),… revelando el auténtico sello de clase del mismo de una vez por todas. ¡Incluso, los sectores más reaccionarios de la sociedad española afirman que ese programa es «plausible»!

Para poder reconstituir nuestro Partido necesitamos crear escuelas de formación revolucionaria que forjen cuadros proletarios de vanguardia en todos los ámbitos, tanto teóricos como prácticos, para así construir un proyecto revolucionario que nos haga ser capaces de enfrentarnos al poder burgués, arrebatárselo y crear un nuevo mundo. Pues, como diría Lenin: «Salvo el poder, todo es ilusión».

¡Por la reconstitución político-ideológica del Partido Comunista!

¡Por el derecho de la autodeterminación de las naciones en favor de la realización de la democracia!

¡Por una república revolucionaria bajo la bandera roja, que avance hacia el Comunismo!

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(1) Desde el infame programa de prime time «El hormiguero», pasando por payasos serviles como Buenafuente o el Gran Wyoming, hasta la publicación satírica en papel «El jueves». El ataque mediático sistemático de todo el campo humorístico burgués comenzó precisamente desde aquel número de «El jueves» censurado en el día 18 de julio del año 2007. En aquel número, los actuales reyes aparecen dibujados en portada fornicando, y eso pareció ser demasiado inmoral para las pías mentes monárquicas. Este llamativo suceso supuso uno de los choques político-judiciales más sonados entre la burguesía y la monarquía, que causó en su día un ruido mediático considerable.

(2) «…ya que la clase obrera debe tener claro que sólo en el socialismo, como bien dijo Lenin, puede darse la plena independencia de las naciones.» Reconstrucción Comunista.

Fuente: http://blog.reconstruccioncomunista.org/2014/09/sobre-el-9n-en-catalunya_16.html

(3) «El poble català té dret a decidir lliurement el seu futur, el poble català té dret a ser independent si així ho vol. Però els i les comunistes no podem demanar a la classe obrera que segueixi el projecte de la nostra classe antagònica. Per això treballem en l’acumulació de forces per la construcció del Front Obrer i Popular pel Socialisme, única forma d’assolir la llibertat i l’autodeterminació de Catalunya.(…)El Partit Comunista del Poble de Catalunya només pot senyalar que la única sortida és la conquesta del poder per part de la classe obrera i la construcció del Socialisme. L’única ruptura democràtica possible és la ruptura amb el Euro, l’UE i l’OTAN.» PCPC.

Fuente: http://pcpc.cat/el-9n-nova-mobilitzacio-massiva/

(4) Fuente: http://trabajodemocratico.es/content/ante-la-consulta-soberanista-de-catalu%C3%B1a