Un 25N por un mundo nuevo

Hoy 25N, día mundial contra la violencia de género las y los comunistas no sólo debemos denunciar la violencia a la cual el género oprimido se ve sometido por el sistema patriarcal. Debemos, no sólo denunciar a los diversos machistas que pululan en el seno de nuestras organizaciones así como en la sociedad en general. Debemos ante todo analizar cómo se reproduce esta violencia estructural para así poder combatirla y destruirla, pues el movimiento comunista no sólo se plantea entre sus objetivos el acabar con la contradicción capital-trabajo -por mucho que los más diversos liquidadores, tanto internos como externos, se esfuercen en presentarlo así- sino que tratándose de una visión totalizadora pretende acabar con cualquier forma de opresión: ya sea de género, nacional, clasista… o cualquier otra.

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Por ello, escribimos este comunicado con una doble intención: por un lado, para aportar algunos elementos sobre nuestra visión de la cuestión de género, y por otro lado, fomentar la lucha de dos líneas en el seno de la vanguardia.

Balance, negación y negación de la negación

Lejos de entrar en complejos debates antropológicos y sociológicos que arrojen luz sobre los orígenes del patriarcado como sistema social, nuestro análisis se va a centrar en la coyuntura actual respecto al feminismo, aunque para ello nos es indispensable tratar una serie de cuestiones básicas sobre el papel de la mujer dentro del sistema capitalista:

El sistema capitalista, que vio la luz en medio de una violenta transición entre el modo de producción tributario (concretamente el modelo feudal en el caso europeo), forjó a fuego en su historia por primera vez una clara división sexual del trabajo, relegando a la mujer a la esfera del hogar, reduciéndola a través de su papel social en el matrimonio a una ama de casa, a una criada y productora de la futura fuerza de trabajo. Como acuñó Lenin: esclavitud doméstica. Aun habiendo tenido un papel imprescindible en la acumulación original que daría luego lugar al capitalismo a través de diversas actividades económicas que se llevaban a cabo en la esfera doméstica (como la conversión y cardado de la lana, actividad mercantil básica en la Inglaterra del siglo XIII) y mercantil local junto con la trata de esclavos y el descubrimiento de América, la mujer siguió subyugada al hombre bajo el sistema capitalista, perdiendo incluso gran parte del prestigio social que el género femenino tuvo en importantes culturas europeas como la anglosajona en la etapa precapitalista.

Continuando con este hilo argumentativo, la irrupción del capitalismo en Europa vino acompañada de toda una serie de cambios legislativos e ideológicos que permitirían establecer una superestructura que rompiera con el parasitismo propio del sistema feudal europeo: la destrucción de la tenencia comunal de la tierra; el empobrecimiento masivo y la inanición y la creación en la población de un proletariado sin tierra, empezando por las mujeres más mayores que, al no poseer una tierra que cultivar, dependían de una ayuda estatal para subsistir. También se amplió el control del Estado sobre el cuerpo de las mujeres, al criminalizar el control que éstas ejercían sobre su capacidad reproductiva y su sexualidad. Tengamos en cuenta que bajo el capitalismo -y sobre todo en la fase superior de este, el imperialismo- el control de la natalidad se convierte en una herramienta de la lucha de clases: la burguesía debe controlar dónde se produce y para quién para mantener fijos los ritmos de mercado propios de un sistema basado en la explotación como lo es el capitalismo.

A través de la llamada “ideología de la feminidad”, (subproducto de la industrialización repetido hasta la saciedad a través de todos los aparatos productores de ideología del Estado), en aquella época las revistas femeninas y las novelas de ideal romántico, la mujer pasó a ser considerada una simple moradora de una esfera totalmente escindida del ámbito del trabajo productivo: el hogar.

La irrupción del socialismo científico -teniendo a Marx y Engels como iniciadores- y su método de análisis-transformación, fue lo que por primera vez arrojó al mundo la visión de que lo real concreto es toda una suma de contradicciones y que por tanto en las sociedades de clases lo real en general no puede existir, otorgándole así un carácter verdaderamente emancipador a la lucha de la liberación de la mujer, que vio por vez primera su horizonte libre de las limitaciones que hasta ahora el movimiento feminista había arrastrado a través de sus numerosas vertientes, tales como la lucha por el sufragio femenino. Sucesos tales como el incendio de la fábrica textil de Triangle Shirtwaist (donde 140 mujeres proletarias, la mayoría inmigrantes, perdieron la vida) no hicieron sino divorciar definitivamente aquello que desde su mismo nacimiento llevaba escrito su sello de fractura debido a su claro carácter interclasista: el feminismo burgués frente al feminismo proletario, que veía en el sistema capitalista como un límite en el cual la mujer no puede ser emancipada, ya que el capitalismo perpetúa  la condición de doblexplotación de las mujeres para mantener la tasa de salarios a la baja y así poder obtener mas beneficios.

La implantación del socialismo tras el triunfo de la Revolución de Octubre en 1917 en Rusia supuso enormes beneficios para las mujeres proletarias del país, que vieron como numerosas cadenas que hasta entonces les habían atado fueron rotas bajo el gobierno revolucionario de las masas obreras en armas, la dictadura del proletariado. Aun suponiendo un enorme hito en la historia de la liberación de la mujer, diversas limitaciones del régimen soviético a la hora de la construcción del socialismo (como la visión unilateral del desarrollo de las fuerzas productivas en descuido del ámbito de la superestructura) permitieron que la ideología patriarcal siguiera persistiendo y reproduciéndose en el seno de la nueva sociedad. Reflejo de esto son los diversos pasos atrás dados durante los años 30 en la Unión Soviética, tales como la penalización del aborto, la persecución de la homosexualidad o el fortalecimiento de la familia, ello impulsado desde el propio PCUS. La experiencia china, si bien supuso una superación de la experiencia soviética gracias en gran parte al importante papel que bajo la tutela de Mao Tse-tung tuvo la construcción del socialismo en China (importancia en crear nuevas conciencias sociales, comportamientos y actitudes a través de la Revolución Cultural), no supo tampoco acabar con las diversas limitaciones que un estado semifeudal como el chino arrastraba tras de sí.

Toda esta experiencia nos aporta un riquísimo campo de trabajo en el cual trabajar en una de las mayores limitaciones que lastró al movimiento comunista internacional durante el anterior ciclo junto con el triunfo de la línea revisionista en todos los países del llamado “socialismo real”.

Estando entre nuestros objetivos el análisis crítico del anterior ciclo para así, a través de la negación de la negación llegar a lo “nuevo”, a la producción de verdad ideológica tras pulir y eliminar lo viejo en un complejo proceso dialéctico,  superar el actual divorcio entre el feminismo y el marxismo en dos vertientes ideológicas diferentes e incluso opuestas se presenta para nosotros como un objetivo básico a la hora de desarrollar nuestra línea.

El comunismo, al ser una cosmovisión emancipadora asume como objetivo propio la liberación de la mujer como uno de sus objetivos, por lo tanto es cierto que sería absurdo hablar de feminismo y marxismo como dos corrientes distintas que se apoyan mutuamente a través de la ya famosa teoría de la interseccionalidad. Mas no caigamos en el simple juego de las conclusiones unilaterales y analizemos el actual paradigma en el Estado Español.

Es un hecho que sólo un necio podría negar que actualmente la línea de masas concreta de las/los comunistas respecto a las figuras de referencia del movimiento feminista es una batalla en la que vamos perdiendo y en la que llevamos las de perder a menos que establezcamos una nueva orientación en lo que a esta concierne. Junto con fallos serios causados, suponemos, por una ignorancia de los principios teóricos defendidos por la mayoría de corrientes feministas que a día de hoy “conviven” en el Estado español y gran parte del mundo (incluidas buena parte de las que podríamos calificar de “feminismo institucional” en tanto que forman parte directa, en calidad de asesoras, funcionarias y legisladoras, del aparato del Estado español), encontramos fragmentos de análisis necesarios y correctos, que nos pueden ayudar en nuestra tarea.

Es por tanto absurdo el tratar de encasquetar como contempladoras/es a quienes decimos que antes de hablar como charlatanas/es debemos estudiar la teoría feminista para así superarla, siguiendo el análisis dialéctico de la historia para poder hacer de nuestra teoría algo concreto. Hacer lo contrario sólo nos puede hacer caer en posiciones marxeológicas que, sin pensar con serenidad las implicaciones reales que tiene defenderlas, nos llevarán a posiciones que hace más de 100 años fueron superadas ya incluso por la propia burguesía.

Es muestra de nuestra propia debilidad tanto teórica como política el no haber conquistado todavía a todas esas feministas que siendo marxistas prefieren formar sus propios movimientos y organizaciones independientes de nuestro proyecto revolucionario debido sobretodo a que ven en nuestro proyecto la misma limitación que observan en las organizaciones revisionistas como CJC: defensa de líneas abiertamente reaccionarias respecto a la liberación social de la mujer, comportamientos liberales de camaradas que fuera del trabajo de militancia reproducen y perpetúan actitudes abiertamente reaccionarias y que son amparados en pos de la unidad del movimiento para que este se muestre al mundo sin fisuras, así como acosadores que no son vetados de nuestros espacios. Un error particularmente doloroso si viene de boca de quienes pretenden estar haciendo un balance superador de los errores históricos del marxismo durante el siglo XX, pues no hacen si no representar a través de ridículas teorías un corriente de pensamiento abiertamente machista, a consecuencia, creemos, de su falta de  formación teórica en lo que -en un claro ejemplo de unilateralidad- denominan feminismo, pareciendo querer obviar que incluso dentro del mismo movimiento feminista existen corrientes con contradicciones incluso antagónicas e irreconciliables entre sí.

De esa manera, como dijo Lenin, nuestra respuesta sólo puede ser una “Estudiar, estudiar, estudiar, estudiar y estudiar y una vez estudiado comprobar que todo ello no queda en letra muerta”. Sino, simplemente estaremos negando el feminismo, pero no superándolo. Haciendo una breve comparación con el ejemplo clásico de la negación de la negación que Hegel nos dio, no estaríamos negando la espiga para conseguir la semilla que daría lugar a una nueva espiga, sino que en su lugar simplemente estamos destrozándola.

Es por tanto tarea inmediata de todas/os las/os comunistas del Estado Español, analizar y superar todas las limitaciones que aún no hemos conseguido superar en nuestros métodos de trabajo para así poder desplegar todo nuestro potencial revolucionario.

¡Lenin ha muerto! ¡Viva Lenin!

A día de hoy el conjunto de MCE sigue vagando sin rumbo, dando vueltas sobre sí mismo, tropezando con su sombra y una vez más, sin ser capaz de ofrecer una alternativa revolucionaria real que rompa con los límites tanto del capitalismo como con el revisionismo conciliador. Ante esto, toda una serie de mujeres y hombres a lo largo del Estado español han dicho basta, se han rebelado para comenzar a organizarse en torno a un proyecto político que rompiera con las anteriores formas apolilladas y polvorientas de revisionismo que llevaron al así conocido fracaso del socialismo real, todavía tan presente en la mentalidad y la idiosincrasia de muchos autodenominados comunistas. Este proyecto, que abarca organizaciones de lo más dispares entre los que nosotros nos incluimos pretende, mediante el debate a través de la lucha de dos líneas y el principio maoísta de la unidad-lucha-unidad, servir como herramienta de reconstitución tanto política e ideológica de lo que en un futuro está llamado a ser el Partido Comunista del Estado español.

Es con esta intención y no otra que los camaradas de nuestro colectivo en Bilbao acudieron a la celebración del llamado Lenin Eguna, debido en parte a la rica experiencia que nos ha dado el debate con el ala izquierda del MLNV en nuestra breve historia y para ejercer la lucha de dos líneas, no de forma sistemática, con otros comunistas de Euskal Herria que sabíamos que acudirán a la cita.

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Nosotros partíamos con la firme posición de hacer entender a parte del público que acudió al evento que a día de hoy existen dos Lenin: un Lenin vivo (ese que criticó de la manera más severa al economicismo frente al modelo revolucionario del Partido de Nuevo Tipo, ese que se enfrentó sin miedo a todas esas corrientes revisionistas de su época: Kautsky, Rosa Luxemburgo, los izquierdistas de los años 20, etc…) y un Lenin muerto, que para desgracia del proletariado hace ya casi un siglo que dejó de existir.

Aun con todas las limitaciones de la experiencia soviética es imposible para el proletariado hacer la revolución sin Octubre, como es imposible para el mismo hacerla con éste. Debemos de una vez dejar de lado, si de verdad pretendemos buscar una alternativa revolucionaria, esa actitud idealista que pretende buscar en textos escritos hace 100 años las respuestas o las causas de ese pecado original que hizo que todo empezara a ir mal, a torcerse. Debemos en su lugar ofrecer toda nuestra capacidad para confrontar la realidad que nos rodea y de la que somos parte. Con la firme intención de revivir o, más concretamente, repetir al mejor Lenin, que los revisionistas no paran de acuchillar una y otra vez, acudimos al acto para llevar a cabo la lucha de dos líneas en torno al ala izquierda del MLNV, lo cual consideramos de vital importancia en la actual coyuntura política dentro del movimiento político de Euskal Herria, debido sobre todo al actual descontento general de gran parte de la militancia de base de SORTU, que ve cómo el potencial revolucionario que en su día pudo tener el Movimiento de Liberación Nacional Vasco se diluye en un proyecto claramente parlamentario.

Para nuestra enorme decepción y la de gran parte de los asistentes, los camaradas de Boltxe kolektiboa presentaron un proyecto contemplativo, que como quien mira un álbum de fotos se limita a observar el viraje del movimiento mientras se lamenta al acordarse de lo revolucionarios que fuimos en Euskal Herria durante los años 80. Entre otros muchos errores teóricos que ahora no procede analizar, los integrantes de Boltxe se negaban a confrontar abiertamente con SORTU ahora que las elecciones se hallan próximas. Además de negar o parecer obviar que lo que hizo que el proyecto revolucionario en Euskal Herria fracasara fue su heterogeneidad y priorizar el trabajo político más inmediato frente al análisis de la realidad y una dirección política independiente. Aunque muchos comunistas consecuentes tanto de Euskal Herria como del Estado Español conozcan ya esta pantomima, estos marxistas planteaban como causa, no única pero sí fundamental, la traición a un ideario original puro. Aquellos que traicionaron el legado de comunistas vascos consecuentes como lo fueron Txabi, Pertur o Argala, entre muchos otros, habrían dejado vía libre a la deriva reformista. Lo que los compañeros no ven, es que esta vía libre es constitutiva bajo el capitalismo, y que si se ha abierto camino, deberíamos mirar mejor qué pisamos, pues puede ser consecuencia, y afirmamos que lo es, de la falta de un proyecto político verdaderamente emancipatorio y comunista.

Si Lenin nos habló del poder en gran parte de su obra, sobre todo en el periodo de 1900 hasta 1907, nosotros defendimos el crear espacios de debate comunes para los comunistas y poder volver a constituir la única herramienta real que al proletariado le puede servir para tomar el poder, el Partido de Nuevo Tipo. Mas para ello va siendo hora de que dejemos de lado la marxología erudita ofuscada en hacer exégesis de textos sagrados y abogar por un marxismo militante, afirmativo. Debemos atacar tanto a quienes de los cuadros comunistas pretenden hacer tribunos de la plebe que señalen cada injusticia cometida contra las masas, reduciendo la tarea del transformador en la de sindicalista, como a quienes señalan la necesidad de cuadros teóricos y “políticos”, pero que en la práctica reducen toda su actividad al debate sobre puntualidades de una línea común. Esto conduce a reproducir esa conciencia de círculo que Lenin no se cansaría de criticar una y otra vez en su célebre “¿Qué hacer?”
Estableciendo un paralelismo con lo que está ocurriendo en el Estado Español, hace poco observamos cómo un elemento de esta línea se lamentaba diciendo que no puede romperse de momento con la limitación de seguir reproduciendo esa conciencia de círculo sin llevar la teoría revolucionaria a través de la lucha de dos líneas a múltiples elementos, debido al pequeño número de militantes con los que a día de hoy el ala izquierda comunista cuenta en el Estado español. Curioso paradigma, pues gente hay en abundancia, sobre todo ahora, tras la irrupción de PODEMOS en el panorama político actual. Pero no dejamos de lamentarnos porque nos falte gente para poder acometer nuestro proyecto en todo su potencial, evitando la tentación de reducir y empequeñecer cualquier política radical bajo las garras del historicismo más vulgar. ¿No será que con lo que los comunistas consecuentes a día de hoy no contamos es con cuadros capaces de llevar nuestra teoría, mediante la lucha de dos líneas, a esa vanguardia teórico-práctica que tanto se proclama en abstracto, como en ese suspiro de una criatura oprimida de la que Marx dijo ser la religión?

Si bien a día de hoy la principal desviación es la línea derechista en el conjunto del MCE, esto no supone de ninguna manera que esta desviación teoricista no deba ser combatida por nosotros, pues de no hacerlo solo estaríamos dando alas al liberalismo, a la vez que impedimos el avance de nuestro proyecto revolucionario a lo largo del panorama tanto nacional como internacional, frenando de la misma manera el empuje revolucionario de nuestro proyecto y dilatando de manera innecesaria la existencia del capitalismo como la hegemonía del derechismo más rancio, que a día de hoy en el Estado Español para todos tiene imagen y siglas.

Si queremos seguir avanzando en nuestras posiciones debemos en el presente fortalecer en el seno de nuestras organizaciones a nuestros camaradas, elevándolos a la categoría de auténticos revolucionarios, es decir, de cuadros. Haciendo de ellos no solo simples teóricos que gracias a su formación puedan ayudar a la reconstitución de la ideología revolucionaria, exprimiendo la mitad de su potencial. Tenemos que hacer de estos camaradas también auténticos guías políticos que puedan confrontar a la vanguardia teórica para así extender de esta manera mas y mas las redes e influencias de nuestro movimiento político y teórico.

«Marchamos en grupo compacto, asidos con fuerza de las manos, por un camino abrupto e intrincado. Estamos rodeados de enemigos por todas partes, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión adoptada con toda libertad, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, en la contigua charca, cuyos moradores nos reprochan desde el primer momento el habernos separado en un grupo independiente y elegido el camino de la lucha y nos el de la conciliación. Y de pronto, algunos de los nuestros empiezan a gritar: «¡vamos a esa charca!» Y cuando se les pone en vergüenza, replican: ¡ah, sí, señores, ustedes son libres no sólo de invitarnos, sino de ir a donde mejor les plazca, incluso a la charca; hasta creemos que su sitio de verdad se encuentra precisamente en ella, y estamos dispuestos ayudarles en lo que podamos para que se trasladen ustedes allí! ¡Pero, en ese caso, suelten nuestras manos, no se agarren a nosotros, ni envilezcan la gran palabra libertad, porque también nosotros somos «libres» para ir adonde queramos, libres para luchar no sólo contra la charca, sino incluso contra los que se desvían hacia ella!»

Afirmaba Brecht que “la victoria de la razón sólo puede ser la victoria de los que razonan”. Por ello, en una revolución, y más precisamente en la lucha por ella, no se participa. Ésta se organiza activamente o el significante Lenin no vale absolutamente nada.