Archivo de la categoría: Antiguo blog

Publicaciones del antiguo blog en Tumblr

Pinceladas sobre la táctica revolucionaria

Vivimos tiempos en los que la radicalización de las condiciones de vida de la clase obrera se reflejan también en la radicalización de las posturas por parte de los, lato sensu, revolucionarios.

Esta radicalización se refleja en todo tipo de actitudes, aventurismo de todo tipo, pero aquí lo que nos interesa analizar es la tendencia general al interés por la teoría revolucionaria.

Este interés tiene especial importancia entre los jóvenes, los nuevos militantes que se incorporan a ese dolor de cabeza que podemos llamar Movimiento Comunista. Ese interés nosotros lo aplaudimos, ¿qué mejor situación que esa? La cuestión ideológica sigue siendo hoy el principal aspecto del trabajo de militancia revolucionaria.

El problema llega que en tanto que es un fenómeno general ese interés, los burócratas revisionistas no pueden permitir que se les escape de las manos. Es por ello que hoy más que nunca vemos como ferozmente algunos intentan recuperar los 4 tópicos absurdos acerca de la teoría, las falacias comunes que ya aburren a muchos, pero que aún no han sido comprendidas y criticadas por muchísimos más.

Es necesario desarrollar la más decidida lucha contra la ideología burguesa en el seno del Movimiento Comunista, es necesario hacer que el socialismo científico sea hegemónico.

En base a esto, ofrecemos algunos apuntes generales sobre la táctica-plan revolucionaria de los comunistas.

Un plan

Merece la pena recuperar las palabras de Lenin a principios del siglo pasado, pues la situación actual guarda similitudes con la pasada. En un folleto se expresaba de la siguiente forma:

No sólo debemos comprender qué organización necesitamos y para qué labor; tenemos también que trazar un plan concreto de esta organización, a fin de que se pueda emprender su creación en todos los aspectos. Dada la urgencia e importancia del asunto, nos decidimos por nuestra parte a someter a la consideración de los camaradas el bosquejo de un plan que desarrollaremos con más detalle en un folleto en preparación. (1)

Una de la cuestiones fundamentales que distinguen la visión de Lenin del proceso revolucionario, del que por aquél entonces tenían los mencheviques y otros grupos, era el papel del plan en ese proceso revolucionario. Para Lenin, como el albañil que levanta un muro y usa un hilo para hacerla recta, o el arquitecto que hace el plano para construir un gran edificio, era necesario tener un plan sólido, que marcara la línea general a seguir por el Partido a la hora de desarrollar el proceso revolucionario. Todos sabemos que levantar un muro no es simplemente poner ladrillos unos encima de otros, hace falta tener una idea clara sobre lo que hay que hacer para lograr, de manera efectiva, hacerlo.

Mientras tanto, sus enemigos políticos criticaban a Lenin de subestimar la espontaneidad, de retrasar el desarrollo del movimiento revolucionario, etc… Mientras ellos desarrollaban una táctica-proceso, Lenin sostenía la necesidad de una táctica-plan. Es necesario nuevamente incidir sobre la diferencia esencial, aún no clara hoy por parte de algunos, entre una táctica u otra:

Pero ¿en qué consiste el papel de la socialdemocracia sino en ser el “espíritu” que no sólo se cierne sobre el movimiento espontáneo, sino que eleva a este último al nivel de “su programa”? Porque no ha de consistir en seguir arrastrándose a la zaga del movimiento, lo que, en el mejor de los casos, sería inútil para el propio movimiento y, en el peor de los casos, nocivo en extremo. Pero Rabócheie Dielo no sólo sigue esta “táctica-proceso”, sino que la erige en principio, de modo que sería más justo, llamar a esta tendencia seguidismo (de la palabra “seguir a la zaga”) en vez de oportunismo. (2)

La táctica-proceso se definía por la búsqueda de los éxitos alcanzables día a día, es decir, abogaba por el posibilismo en base al movimiento espontáneo de los obreros en su lucha sindical. Para comprender esto mejor, podemos recordar la crítica que Lenin hizo a Paul Levi, que dice lo siguiente:

Paul Levi desea ahora hacer méritos especiales ante la burguesía -y, por consiguiente, ante sus agentes, ante la II Internacional y la Internacional II y media-, reeditando las precisas obras de Rosa Luxemburgo en las que ella estaba equivocada.

Contestemos a esto con dos líneas de una buena fábula rusa: a veces, las águilas vuelan más bajo que las gallinas; pero las gallinas jamás podrán elevarse a la altura de las águilas. Rosa Luxemburgo se equivocó en el problema de la independencia de Polonia; se equivocó al enjuiciar en 1903 el menchevismo; se equivocó en la teoría de la acumulación del capital; se equivocó en julio de 1914, cuando defendió con Plejánov, Vandervelde, Kautsky y otros la unidad de los bolcheviques y los mencheviques; se equivocó en sus escritos de la cárcel, en 1918 (por lo demás, ella misma corrigió, al salir a la calle, a fines de 1918 y principios de 1919, la mayor parte de sus errores). Pero, a pesar de todos los errores, Rosa Luxemburgo fue y seguirá siendo una águila. (3)

¡Exacto! Cuando Lenin habla de táctica-plan, habla de elevarse a lo más alto y al mismo tiempo bajar a lo más bajo. Está ligando lo abstracto y lo concreto en su relación contradictoria. Mientras el plan, por una parte, resuelve las cuestiones más elevadas (ideológicas) a las que el Partido se enfrenta, la táctica es la puesta en marcha en la práctica de las ideas contenidas en el plan. Es la ligazón entre la teoría y la práctica que permite formar una praxis efectivamente revolucionaria.

Por otra parte, las gallinas que no saben volar o no quieren volar, jamás podrán resolver los problemas más elevados, jamás podrán comprender que el capitalismo es una totalidad y como totalidad que abarca toda la realidad actual, debe superarse. Las gallinas se conforman con ir picoteando aquello que está a una distancia corta de sus picos, mientras tanto las águilas ascienden, observan, bajan y actúan.

No llegar a comprender el capitalismo como una totalidad, nos lleva a la postura reformista. El que no comprenda que no se trata de aplicar paliativos a problemas concretos derivados del capitalismo, sino que se trata de terminar con el capitalismo, no tendrá ningún problema en admitir el camino de las reformas y rechazar los sacrificios del camino revolucionario. Saber elevarnos cuando es necesario, es el único camino a comprender el capitalismo como un todo, y el movimiento revolucionario como el ataque a esa totalidad.

Una táctica

Vista la cuestión del plan y su especial importancia (¡postura acertada!) para Lenin, debemos analizar la cuestión de la táctica. Es decir, si el plan era la resolución teórica de los problemas más elevados de la revolución, la táctica es la resolución práctica de los problemas diarios. Pero ambas cuestiones no se presentan como polos separados, sino como la contradicción dialéctica táctica-plan.

Centrándonos ya en la cuestión de la táctica, debemos insistir en la lucha contra el dogmatismo en la concepción de ésta, tanto a izquierda como a derecha. Lenin expresó claramente la actitud de flexibilidad en la táctica de la siguiente manera:

Lo único que hace falta para que marchemos hacia la victoria más firmemente y más seguros, es que los comunistas de todos los países actuemos en todas partes y hasta el fin, guiados por la convicción de la necesidad de una flexibilidad máxima en nuestra táctica. Lo que actualmente hace falta al comunismo, que crece magníficamente, sobre todo en los países adelantados, es esta conciencia y el acierto para aplicarla en la práctica. (4)

Mas, es común que estas palabras de Lenin se confundan, especialmente sacándolas de todo contexto y tomando otras partes de su obra como justificación de tal o cual práctica. Entre las citas más cacareadas, destacan:

No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios, significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas […] (5)

Y desde luego, no podemos olvidarnos de la cita por excelencia:

[…] la lucha en la tribuna parlamentaria es obligatoria para el partido del proletariado revolucionario, precisamente para educar a los elementos atrasados de su clase, precisamente para despertar e ilustrar a la masa aldeana analfabeta, ignorante y embrutecida. Mientras no tengáis fuerza para disolver el parlamento burgués y cualquiera otra institución reaccionaria, estáis obligados a trabajar en el interior de dichas instituciones, precisamente porque hay todavía en ellas obreros idiotizados por el clero y por la vida en los rincones más perdidos del campo. De lo contrario, corréis el riesgo de convertiros en simples charlatanes. (6)

Y en base a ello, podemos extraer la táctica actual de la mayoría del revisionismo a nivel estatal, es decir, concretar la actividad revolucionaria de los comunistas en la práctica sindical y en la carrera electoral. ¡Bravo! ¡No habéis entendido nada!

Recordemos aquí también, antes de resolver este entuerto, lo que decía Lenin acerca de los “amigos de pueblo”, que al igual que la mayoría del revisionismo actual, se presentaban como los primeros defensores de éste… ya es sabido, y no como nosotros, que “no estamos con las masas”, que “mientras ellas se mueren de hambre” nosotros nos dedicamos al “trabajo de monasterio” en lugar de luchar junto a ellas… ¡Absurdo!

Todo este pasaje es típico en grado sumo para darse cuenta de lo poco que la gente entiende El Capital y a Marx. Anonadados por la inmensa fuerza probatoria de lo expuesto, se deshacen en reverencias ante Marx y lo alaban; pero, al mismo tiempo, pasan completamente por alto el contenido fundamental de su doctrina y continúan, como si tal cosa […] El señor Mijailovski debería ensalzar menos a Marx y leerlo con mayor aplicación, o mejor, meditar más en serio en lo que lee. (7)

Los críticos precisamente de los que “dedicamos demasiado tiempo a los libros” y que no “trabajamos en la calle” son los que luego prefieren tirar a la basura el análisis concreto de las condiciones concretas en las que Lenin hacía tal o cual crítica a un izquierdismo concreto. En lugar de extraer las lecciones universales contenidas en toda la praxis previa del proletariado revolucionario, hacen lo que consideran y tienen más a mano y luego, en caso de ser necesario justificarse frente a esos “teoricistas molestos”, toman dogmáticamente tal o cual fragmento sacado de contexto histórico. ¿Tiene eso algo que ver con el estudio revolucionario?

Los revisionistas consideran que la aceptación de todos los medios de lucha significa que pueden hacer literalmente lo que les dé la gana, en cualquier situación. ¡No señores! ¿Qué es la admisión de todos los métodos de lucha sin el análisis concreto de lo aplicable de cada método? Es eclecticismo, ¡es creer que un albañil puede pintar una pared a martillazos porque el martillo esté entre sus herramientas de trabajo! Nuevamente Lenin, lo deja clarísimo:

Cuando se quiere hablar de táctica, confundir la admisión en principio de todos los medios de lucha, de todos los planes y procedimientos con tal de que sirvan para lograr el fin propuesto, con la exigencia de guiarse en un momento político concreto por un plan aplicado a rajatabla equivale a confundir que la medicina admite todos los sistemas terapéuticos con la exigencia de que en el tratamiento de una enfermedad concreta se siga siempre un sistema determinado. (8)

Mientras tanto, algunos seguirán defendiendo que lo importante es mover las piernas, que lo importante es andar, y que para ello no hace falta pensar demasiado. Sí, en efecto, estamos de acuerdo en que el movimiento no requiere per se grandes dosis de conciencia, pero ¿quieren ustedes simplemente andar o también quieren llegar a algún lugar en concreto? En ese caso, le harán falta tanto las piernas como la cabeza.

_____

(1) ¿Por dónde empezar?, V. I. Lenin

(2) ¿Qué hacer?, V. I. Lenin

(3) Notas de un publicista, V. I. Lenin

(4) La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, V. I. Lenin

(5) Ibíd.

(6) Ibíd.

(7) Quiénes son los “amigos del pueblo” y como luchan contra los socialdemócratas, V. I. Lenin

(8) ¿Qué hacer?, V. I. Lenin

La dictadura del proletariado y el PCE

* Este texto pertenece a un folleto repartido por algunos camaradas del FRML durante la Fiesta del PCE de este año.

Es un fenómeno común en el degenerado Movimiento Comunista actual, el creer que el socialismo científico ha salido puramente de la cabeza de Marx, Engels, Lenin o cualquier otro autor de relevancia. Se olvida habitualmente que el socialismo científico no es una teoría nacida en la inteligencia sino reflejo en la inteligencia de la realidad material y concatenación del desarrollo intelectual anterior. Marx aclaró este punto en su día, dejando claro qué había aportado él:

Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases.

Queda aclarado que Marx no descubrió la lucha de clases, y con ello también se saca que la admisión de la lucha de clases no es algo perteneciente únicamente al campo de la Revolución. La burguesía puede reconocer la lucha de clases, famosa es la cita de Warren Buffet al respecto. Si hoy en día se evita hablar de lucha de clases es porque el socialismo científico, al asimilar la realidad de la lucha de clases, esta tomó un carácter revolucionario. Hablar de lucha de clases ya no significaba describir la realidad de las clases, o las luchas económicas dentro del marco del sistema capitalista, sino hablar del proyecto del proletariado revolucionario para la superación del capitalismo, las clases y de por lo tanto la lucha de clases misma.

Pero el PCE tiene otros planes a la hora de tratar la lucha de clases, su reconocimiento de la realidad de la lucha de clases no se ve ligada al reconocimiento del único desarrollo revolucionario posible de tal lucha. Para el PCE la dictadura del proletariado no es admisible a día de hoy, lo que supone la negación no solo de un concepto marxista (que algunos consideran “leninista”) sino la negación del alma misma del marxismo.

Merece la pena confrontar a la luz del socialismo científico la postura de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao… con la que hoy toma gran parte del PCE (y UJCE) sin detenerse a reflexionar sobre su significado.

El Estado no es neutral

En la Guía Programática, documento aprobado en el último Congreso del PCE, se dice lo siguiente respecto a la cuestión del Estado:

Por un estado federal, participativo, solidario y republicano donde se reconozca explícitamente la diversidad nacional y se asiente en la libre unión de sus pueblos, que ensanche la democracia y regularice la participación popular.

Aquí se ignora por completo la esencia de clase de todo Estado, por el contrario se pone mucho más peso en la forma de este Estado que no sabemos aún a qué clase pertenece. Se habla de “ensanche” de “la democracia”, pero tampoco se menciona para qué clase es esa democracia. También se habla de la “regularización de la participación popular”, ¿pero de qué forma va a participar? ¿votando? ¿defendiendo con el fusil los logros de su lucha tenaz?

Por otra parte, la regularización supone que ya existe la participación de las amplias masas en las decisiones políticas. Esto es cierto, cada 4 años renovamos a los representantes de la burguesía, por lo menos ahora podemos decidir quién nos va a mentir y traicionar para cumplir con los que realmente representa. Aparentemente para el PCE tiene mayor importancia perfeccionar la máquina estatal burguesa que romperla. La dictadura del proletariado no tiene lugar dentro de esta concepción burguesa del Estado y la lucha de clases.

Ya que hace tiempo que el PCE rechazó el “leninismo”, o cuanto menos lo que quedaba de las lecciones de Lenin ahí dentro, insistiremos en recordar la obra de Marx y Engels respecto al estudio de la problemática del Estado.

En su Crítica al programa de Gotha, Marx critica el programa del Partido Obrero Alemán (este Marx era un izquierdista que solo quería desunir a “la izquierda”, está claro), y allí concluye que:

Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado.

Es decir, que el Estado es principalmente la dictadura revolucionaria del proletariado, esa es su esencia en el período entre el capitalismo y la desaparición definitiva de las clases sociales.

¿Por qué por su parte el PCE prefiere recordar en su lugar que podemos cambiar el Estado burgués actual por otro (que no sabemos si es burgués, proletario u otra cosa, porque se les “olvida” mencionar la cuestión de clase) federal, con un sistema electoral mejor, prescindiendo de la monarquía, etc…?

Prosiguiendo con Engels merece la pena hacer una breve parada en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, en la que declara lo siguiente:

[…] el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado. Sin embargo, por excepción, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas, que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra.

Engels, al contrario que el PCE, considera que el Estado es una herramienta para la represión de una clase hacia otra, concretamente de la burguesía hacia el proletariado y el resto de clases populares. Además hemos incluido la cita entera, en la que comenta una excepción que se dio en el caso de las monarquías absolutas, en las que en algunos momentos la nobleza y la ascendente burguesía competían por el Poder.

Lo citamos precisamente para destacar que el paso del Estado burgués a la dictadura del proletariado no puede ser la toma del Estado burgués y la puesta en funcionamiento de este para nuestros fines. Sino que se debe destruir el Estado burgués y edificar el Estado-comuna proletario, construcción de la cual las experiencias soviética y china deben darnos lecciones para su perfeccionamiento.

Sobre ello Marx hablaba así en una carta a Ludwig Kugelmann:

[no se trata de] hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla, y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular[…]

A esto el PCE opone una idea mucho más adecuada a “nuestros tiempos” (de hegemonía del reformismo y revisionismo), ganar unas elecciones y reformar el capitalismo.

La esencia del Estado

Poner el Estado por encima de la lucha de clases y de las clases es un error tan común como grave. Si se considera que el Estado es simplemente una estructura por encima de todos, no es muy sorprendente esperar que se proponga la lucha por administrar esta estructura como la tarea principal.

¿Y esto cómo se logra? Pues, volviendo a caer en un error gravísimo, tomando el parlamento como lo esencial del Estado y luchando por conseguir una mayoría en él. El parlamento no es más que un teatro de los representantes de la burguesía, la actividad real no se realiza allí, sino entre bambalinas. Pues el Estado es esencialmente una máquina burocrática y militar, secundariamente asume otras funciones necesarias para la adecuada reproducción de las condiciones para la perpetuación del modo de producción capitalista.

Por ejemplo, la administración de la educación pública no responde a la bondad de la burguesía que ahora cree que los obreros deben ser cultos, sino a la necesidad misma de obreros instruidos de manera concreta en la etapa actual de desarrollo de las fuerzas productivas.

El carácter burocrático del Estado se basa en los privilegios del funcionariado sobre el proletariado medio. Es esta posición la que supone un voto de apoyo al actual estado de cosas, y no una postura consecuentemente revolucionaria. El desarrollo de la aristocracia obrera en los países imperialistas ha supuesto la mejor correa de transmisión entre los intereses de la burguesía y la claudicación en la lucha revolucionaria.

Desde los sindicatos de cúpulas vendidas a supuestos partidos comunistas que han renegado de la verdadera lucha.

Marx comentaba en La Guerra Civil en Francia:

La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo. […] Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos. Los cargos públicos dejaron de ser propiedad privada de los testaferros del Gobierno central.

Así actuó la Comuna de París, destruyendo la burocracia y los privilegios de los trabajadores administrativos.

¿Proceso constituyente?

El aspecto fundamental del posicionamiento del PCE pasa por la sustitución de la dictadura del proletariado por un “proceso constituyente”.

Esto significa que se pone en primer plano una cuestión formal, la redacción de una nueva constitución, y se “olvida”… o siendo generosos se pone en segundo plano la cuestión esencial de clase.

Esta es una mala comprensión del significado de la cuestión del Poder, que como ya dijo Lenin:

El problema del poder del Estado es el fundamental en toda revolución. Sin comprenderlo claramente no puede ni pensarse en participar de modo consciente en la revolución y mucho menos en dirigirla.

Y seguía explicando un poco después en el mismo texto, como el Nuevo Poder se enfrenta al viejo Estado.

¿En qué consiste la dualidad de poderes? En que junto al Gobierno Provisional, gobierno de la burguesía, se ha formado otro gobierno, débil aún, embrionario, pero existente sin duda alguna y en vías de desarrollo: los Soviets de diputados obreros y soldados.

En cambio para el PCE la cuestión del Poder es algo mucho más sencillo, el Poder nace de un acuerdo formal, de tal o cual constitución. E incluso Cayo Lara, coordinador general de IU, declaró en su momento esto:

Al socialismo o casi al socialismo se puede llegar con la Constitución [la del 78]

Pero como con esa constitución únicamente se llega “casi al socialismo”, debemos asegurarnos de matizarla para llegar al socialismo “del todo”. Eso, según la lógica del PCE, no se puede hacer de otra manera que con el “Poder” de la urna electoral. Así se declaraba en Mundo Obrero:

Que nadie se confunda ni intente confundir a nuestro pueblo: la única opción para la puesta en marcha del Nuevo Proceso Constituyente es ganar elecciones, generar nuevas mayorías políticas, sociales y electorales mediante el empoderamiento de nuestro pueblo, de todos los que hoy somos y nos reconocemos en los de abajo.

Merece la pena recordar las palabras de Lenin, que como ya hemos visto nada distan en esta cuestión de las de Marx y Engels:

“Os prometo cualquier cosa que deseéis”, dice el zar, “Solamente permitidme conservar el poder, dejadme cumplir con mis propias promesas”. Esa es la idea principal del manifiesto del zar, la cual obviamente tenía que desembocar en una decidida lucha. “Os concedo todo menos el poder”, declara el zarismo. “Salvo el poder todo es ilusión”, contesta el pueblo revolucionario.

Y también las palabras de Mao, que dejan poco lugar a dudas:

Todos los comunistas tienen que comprender esta verdad: El Poder nace del fusil.

Pero en cambio al PCE le parece más adecuado formular la cuestión como “el Poder nace de la Constitución”, “salvo ganar las elecciones todo es ilusión” y desde luego no se nos debe olvidar que nuestra tarea es “asaltar los cielos con la fuerza de la urna”.

Bien deberían tener en consideración las palabras de Engels:

¿Por qué intentan convencerse de que pueden obtener por vía parlamentaria lo que sólo pueden obtener por vía revolucionaria, por la fuerza de las armas?

Nosotros no vamos a criticar que, como partido burgués, intenten ganar su lugar en la maquinaria estatal burguesa. Eso sí, que dejen de actuar en nombre de los comunistas y la lucha por el socialismo y el comunismo, que dejen de engañar a sus bases más consecuentes. El único camino es el del socialismo científico, que hoy se concreta en la tarea de la Reconstitución del Partido de Nuevo Tipo.

Esta es la tarea de todo comunista consecuente, esté encuadrado en el PCE o en cualquier otra sigla existente hoy.

¡Por la Reconstitución del Partido Comunista!

¡Abajo el revisionismo y el reformismo!

¡Viva el socialismo científico!

La práctica y el practicismo

En su obra “¿Qué hacer?”, Lenin comenta:

«Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre esta idea en unos momentos en que a la prédica de moda del oportunismo se une la afición a las formas más estrechas de la actividad práctica. Y para la socialdemocracia rusa, la importancia de la teoría es mayor aún, debido a tres circunstancias que se olvidan con frecuencia. En primer lugar, nuestro partido sólo empieza a organizarse, sólo comienza a formar su fisonomía y dista mucho de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revolucionario que amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el contrario, precisamente los últimos tiempos se han distinguido (como predijo hace ya mucho Axelrod a los “economistas”) por una reanimación de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas. En estas condiciones, un error “sin importancia” a primera vista puede tener las más tristes consecuencias, y sólo gente miope puede considerar inoportunas o superfluas las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual “matiz” puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa durante muchísimos años.»

(Las negritas son nuestras)

Merece la pena recordar estas palabras de Lenin en un tiempo en el que, al igual que entonces, “la prédica de moda del oportunismo se une la afición a las formas más estrechas de la actividad práctica”. Vivimos una época de ascenso de la lucha espontánea de las masas, lucha que el revisionismo establecido no hace más que seguir con esperanzas de llegar a ser meramente algún día su vanguardia orgánica, práctica.

Nuestra casi machacona insistencia por la teoría revolucionaria no es un capricho “teoricista”, es una necesidad marcada por los principios de la teoría marxista del conocimiento, que el revisionismo olvida.

El criterio es la práctica.

Dice Marx en sus Tesis sobre Feuerbach:

«El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.»

Y de esto algunos extraen: ¿Para qué estudiar la teoría si es “un problema práctico”? ¿para qué debatir cuestiones candentes de importancia cardinal para nuestra lucha si “no es un problema teórico”?… Así piensan gran parte de las luminarias revisionistas, así desprecian a Marx en nombre de Marx.

Esto sucede cuando el socialismo científico no se toma como la base para investigar un problema, sino como la forma para justificar (a base de citas tomadas aisladas de todo contexto y del conjunto del socialismo científico) una postura tomada como cierta a priori de toda investigación.

Marx no se confunde al decir que el criterio para determinar lo objetivo de determinado pensamiento es ponerlo en práctica, que la certeza de algo se demuestra en la realidad material y no en gruesos libros. Pero este no es el único aspecto de la teoría marxista del conocimiento, tomarlo como el único es caer en el empirismo y desarrollar con ello una praxis practicista.

En su litigio con los empiriocriticistas rusos, Lenin reflexionaba sobre el tema lo siguiente:

«El primer postulado de la teoría del conocimiento es, indudablemente, que las sensaciones son el único origen de nuestros conocimientos. Reconociendo este primer postulado, Mach embrolla el segundo postulado importante: el de la realidad objetiva, que es dada al hombre en sus sensaciones, o que es el origen de las sensaciones humanas. Partiendo de las sensaciones se puede ir por la línea del subjetivismo, que lleva al solipsismo (“los cuerpos son complejos o combinaciones de sensaciones”), y se puede ir por la línea del objetivismo, que lleva al materialismo (las sensaciones son imágenes de los cuerpos, del mundo exterior). Para el primer punto de vista – el del agnosticismo o, yendo un poco más lejos, el del idealismo subjetivo – no puede haber verdad objetiva. Para el segundo punto de vista, es decir, el del materialismo, es esencial el reconocimiento de la verdad objetiva. Esta vieja cuestión filosófica de las dos tendencias o más bien de las dos conclusiones posibles que se desprenden de los postulados del empirismo y del sensualismo, no está resuelta, ni desechada, ni superada por Mach, sino que está embrollada por sus escamoteos con la palabra “elemento”, etc La negación de la verdad objetiva por Bogdánov es el resultado inevitable de todo el machismo y no una desviación de él.»

V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo (Las negritas son nuestras)

Es decir, que aún partiendo de la práctica (las sensaciones) se puede terminar en una interpretación subjetiva de ella, en el idealismo. Esto es lo que hace en gran medida el practicista, que rechaza la teoría en nombre de la práctica, las contrapone con más que sonadas expresiones, a saber, “yo te digo lo que hay en la calle”.

Lo histórico y social del conocimiento

¿Pero qué es lo que nos permite desarrollar cada vez una praxis más elevada? ¿Es acaso el reduccionismo practicista? Los practicistas consideran que la teoría es algo innecesario o cuanto menos algo para dejar en segundo plano. Ellos tienen la idea de que la práctica les dará todas las claves para hacer la Revolución. Por ello ven un crimen teoricista simplemente imaginar una actividad revolucionaria que no sea principalmente en la calle.

Se olvidan de que la actividad humana avanza de generación en generación precisamente por la concatenación con la actividad anterior. Que si hoy existen ordenadores es porque ayer se hicieron calculadoras, que si Octubre triunfó es porque fracasó La Comuna de Paris. ¿Y como se produce tal concatenación? ¡Estudiando la actividad pasada, señores!

Los practicistas no tienen problema alguno en aceptar que “la práctica es la base de la teoría” (¡cosa que es cierta!), pero luego se olvidan de que la teoría “a su vez, sirve a la práctica” (Mao Tse-tung, Sobre la práctica). Se olvidan de que la práctica de una época determinada debe realizarse sobre toda la práctica anterior, y esa práctica anterior es lo que se refleja en la teoría.

¿Cómo se pueden superar los errores sin estudiarse? ¿Cómo podemos hacer hoy la Revolución sin estudiar el fracaso pasado? Simplemente no se puede, creerlo es ignorar lo histórico del conocimiento, no entenderlo de manera dialéctica (como el desarrollo de la contradicción teoría-práctica) sino de manera metafísica, de forma aislada la práctica de hoy de la de ayer.

Pero además (y para colmo), los practicistas ignoran que el conocimiento en tanto que histórico también es social. Se permiten el lujo de hacer oídos sordos a todos los que (a diferencia de ellos) no despreciamos la teoría de forma tan descarada, ni hacemos de ella letra muerta ni un credo. Quizá, si en lugar de despreciar la labor de otros que “no están en la calle” la tomaran un poco más en consideración no tendríamos que repetir errores (incluso los ya superados hace 100 y 200 años).

Sí, efectivamente el éxito de la práctica es el criterio para determinar lo cierto de un pensamiento. Pero, ¿podemos afirmar el éxito absoluto de la praxis revolucionaria pasada? No. Por ello no queda otra que estudiar el pasado de forma crítica antes de poner en marcha la nueva praxis, justa con las lecciones de la experiencia pasada y a la altura del desarrollo actual de la sociedad capitalista y las ciencias.

El que no quiera comprender esta necesidad, no hará más que caer en una praxis incapaz y en el idealismo de la utilidad de esa praxis.