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Acciones públicas desarrolladas por la organización

[Charla] Imperialismo y ruptura revolucionaria

El pasado 31 de Marzo, desde el FRML organizamos una charla sobre el Imperialismo y la ruptura revolucionaria, con el objetivo de contribuir a asentar las bases para una comprensión cabal del imperialismo y, mediante la crítica directa a pretendidas rupturas, a todas luces inconsecuentes e insuficientes, impulsar el despliegue de la ruptura revolucionaria, encuadrada en los senderos de la revolución proletaria. En definitiva, mediante la satisfacción de las exigencias teóricas de nuestros días, orientar el pensamiento del proletariado por el curso práctico del comunismo.

 

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La charla fue realizada en un espacio político que persigue, como objetivos fundamentales, poner sobre la mesa los conflictos imperialistas del mundo y señalar, especialmente, al imperialismo otanista. Esto último se explica ya que nuestra actividad se realiza y desarrolla en el interior de sus fronteras. El espacio en sí, la Plataforma Unitària i Popular contra la Guerra i l’OTAN, está compuesto por una gran heterogeneidad de organizaciones y, por tanto, de multitud de concepciones, muchas de ellas antagónicas, acerca del imperialismo y el antiimperialismo. Nosotras, como organización, no limitamos nuestra actividad política al horizonte al que el propio espacio se circunscribe, sino que vamos más allá, pretendiendo abarcar el conjunto contradictorio del sistema imperialista, más allá de la OTAN, o combatiendo caracterizaciones equivocadas del imperialismo y su subversión. Así pues, en la Plataforma, encontramos un espacio político de confrontación ideológica con elementos con interés sincero en cuestiones centrales para las comunistas, que permite, desde nuestras premisas y objetivos políticos, forjar simultáneamente una Línea propia, como herramienta en todos los frentes de lucha, sobre un tema cardinal para la táctica comunista y que afecta, de forma directa, a las tareas que impone la revolución social.

A lo largo de nuestra historia como destacamento, el estudio del imperialismo ha ocupado un lugar privilegiado, si bien es cierto que su socialización no ha sido de amplio alcance (debemos destacar como ejemplos una charla realizada en Mayo del año pasado bajo el nombre de “Imperialismo hoy” y un material fruto de un rico trabajo colectivo, que fue compartido en un espacio de debate con las organizaciones que participaron del mismo). Por ello, y atendiéndonos a la importancia del Imperialismo, invitamos al conjunto del MCEe a la comprensión teórica adecuada de este fenómeno y, para ello, a la discusión del material que adjuntamos, en tanto que parte esencial del avance de la Línea revolucionaria y del retroceso del revisionismo.

Se trata, desde luego, de una problemática central de nuestro movimiento, que atraviesa y vertebra los distintos espacios de acción social y política existentes. No existe ningún espacio de lucha parcial, parcializado al ser circunscrito al terreno de la burguesía por su -ismo particular (los ecosistemas y el ecologismo, los sindicatos y el sindicalismo, la lucha de las mujeres y el feminismo burgués, etc.), tampoco en el propio Movimiento Comunista del Estado español, que no involucre una posición respecto al imperialismo: la aplastante mayoría, por interés velado o por inconsciencia, la de la burguesía. Es por eso que desentrañar su naturaleza y la del antiimperialismo consecuente son tareas de primer orden.

Entendemos que la forja de una posición antiimperialista firme, consecuente, solo puede tener lugar desde y en el marxismo-leninismo. Y no exclusivamente como arma del comunismo contra corrientes de acción y pensamiento que le son ajenas, sino contra sus propias derivas y para su desarrollo, capacitándolo para hacer frente a los combates contemporáneos de la clase obrera revolucionaria. Solo armado de una concepción del mundo que integre al antiimperialismo como piedra de toque puede el proletariado hacer avanzar sus posiciones políticas de vanguardia hacia el alcance de su influjo social. Es en ese proceso en el que encuadramos esta actividad política propagandística -así como las que puedan sucederse-.

Recogemos, en forma de Tesis, los puntos vertebradores del contenido de la charla, como invitación a la lectura detallada del material adjunto:

1. Constituyendo el grado de abstracción en el que se mueven la crítica de la economía política que efectivamente desarrollaron Marx y Lenin, y siendo ésta un paso teórico necesario, es también algo que exige ser ampliado, siendo insuficiente para la comprensión del imperialismo contemporáneo.

2. Hay que explicar el imperialismo, con las cinco características esenciales destacadas por Lenin, como esfuerzo necesario, a través de la expansión económica -con su inserción en áreas extranjeras como última etapa-, para hacer frente a las dificultades de valorizar una masa de plusvalor decreciente, cuya restitución se obtiene asegurando la afluencia de plusvalor adicional del exterior. Por tanto, vinculándolo a un estadio de desarrollo necesario e irreversible del régimen de producción moderno.

3. La aristocracia obrera es la sección de la clase obrera que se beneficia materialmente del imperialismo y de la superexplotación de las obreras de las naciones oprimidas y del proletariado doméstico, que como lugarteniente de la clase capitalista en el movimiento obrero constituye, asimismo, la base material de su conservadurismo político y su subordinación a la ideología burguesa.

4. El crecimiento de las economías europeas de posguerra se da bajo condiciones muy particulares, y no constituye, ni mucho menos, una prueba de que el capital pueda garantizar el crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas -entre ellas la clase productora-. Es indicativo precisamente de lo contrario.

5. La globalización de la producción, y con ella de la clase obrera, tanto en magnitudes absolutas como relativas, es producto de la evolución, impuesta con férrea necesidad, de las relaciones sociales de producción del capital y del trabajo asalariado.

6. Las críticas politicistas y antimonopolistas del imperialismo, además de descansar sobre una comprensión errónea del mismo, son soportes de los proyectos sociales de la pequeña burguesía y la aristocracia obrera, con la pretensión de incluir bajo su paraguas político a sectores no monopolistas de la burguesía.

7. La comprensión y combate de la aristocracia obrera es un sine qua non de la práctica comunista en la actualidad.

8. El eslabón más débil de la cadena imperialista es aquél donde el proletariado es más fuerte en términos ideológicos y políticos; donde se despliega, bajo la forma de Partido Comunista, la dimensión política de la acción revolucionaria del proletariado organizado.

Una vez finalizado el cuerpo de la charla se dio inicio al debate posterior, siendo la primera intervención la de un militante de Unificación Comunista de España (UCE) que, vinculando el capital monopolista al Estado, reconoció exclusivamente el carácter imperialista de la oligarquía española, coaligada con oligarquías extranjeras -principalmente yanqui- de las que depende el Estado español. Enunció, por tanto, que los Estados Unidos son la cabeza del imperialismo actualmente existente y que todos los capitales (monopolistas y de segunda línea) no pueden ponerse al mismo nivel. Así pues, subrayó la imposibilidad de hacer la Revolución sin un enemigo claramente definido, de tal forma que el análisis del enemigo no puede variar en función de nuestra fuerza.

Nuestra posición ante esto, como esgrimieron a lo largo del debate las camaradas, es que si nos limitamos a combatir únicamente a ciertas potencias por su predominancia en las contradicciones principales del imperialismo porque ello pretende congregar a las masas en torno a  unas consignas y reivindicaciones mínimas el objetivo estratégico desaparece del horizonte. El enemigo estratégico, fijado por la permanencia de la claridad analítica del marxismo, es la clase antagonista, la burguesía en su conjunto, así como las relaciones de producción sobre las que surge y se asienta, es decir, el capital como forma de poder social sustantivo. Sin embargo, el proletariado no es hoy una clase independiente políticamente actuante. Es por eso que los pasos deben darse en la dirección de la capacitación política de la clase para poder enfrentar, bajo el antagonismo político, al imperialismo en tanto que sistema mundial. Ahora bien, la lucha de clases adquiere la forma de antagonismo frente a un Estado, y el Partido Comunista no puede enfrentarse al imperialismo norteamericano -ni a cualquiera- sin haber derrocado, previamente, a su “propia” burguesía y haber instaurado el poder político proletario como despliegue de su propia fuerza y capacidad de movilización militar de las masas.

Uno de los presentes arguyó que, en la concreción política del imperialismo durante la charla, se exteriorizó únicamente lo relativo al imperialismo americano, obviando el papel económico y de otro tipo que puedan tener otras potencias opuestas al mismo -el imperialismo ruso y chino-. Resaltó, para concluir, la importancia del análisis teórico de estos, pues, asignando a la cadena imperialista una presunta unidireccionalidad (de arriba a abajo), se pasa por alto la función de otros imperialismos y los conflictos entre ellos.

Desde luego, el imperialismo no es solo una cuestión política -de agresividad-, sino que existen contradicciones entre los diversos imperialismos (chino, ruso, etc.) a todos los niveles, pero por el carácter de la charla no se pudo abordar un análisis geopolítico tan amplio y particularizado en todas las formas fenoménicas del propio imperialismo. Por ello tampoco se abordaron las propias contradicciones entre los países integrantes de la misma OTAN, como por ejemplo Francia – EEUU en Irak. Existe, por lo tanto, la necesidad de tal análisis, precisamente porque en los posicionamientos respecto a conflictos internacionales se pone de manifiesto que la no consideración de estos imperialismos conduce -tal como lo hemos observado en la propia Plataforma- a posiciones de retaguardia de la mano de la burguesía media progresista del país en cuestión involucrado en las pugnas interburguesas. No solo en cuanto a la influencia económica, por ejemplo la exportación de capitales de Rusia, sino a más factores como la labor político-militar que puedan, o no, ejercer, que son dejados de lado.

Un militante de Recortes Cero se unió entonces a la discusión, defendiendo la pertinencia de un frente amplio que aglutinase las diferentes clases (y por tanto intereses dispares) que forman el 90% de la población. Esto se concretó en un posicionamiento favorable a un Frente Interclasista que pretende desembocar directamente  en el Partido o en la Revolución, moviéndose pues, en los caducos esquemas del partido de viejo tipo: se agrupa sindicalmente a la clase bajo el único tejido ideológico al que, en la lucha de resistencia, puede alcanzar, a saber, el burgués y después se la desplaza políticamente a posturas revolucionarias. Esta posición evidencia en este punto las distintas tácticas de construcción del movimiento revolucionario, irreconciliables entre sí. La insuficiencia central de este punto de vista reside en que no parte de la agrupación en torno al interés comunista -expresado en su teoría de vanguardia- para que, en su desarrollo orgánico, se desplieguen los organismos que sirvan para unificar a la clase en su movimiento hacia el comunismo.

Es pues, una reapropiación viciada de la evolución en torno a la táctica de la Internacional Comunista sobre el Frente Único: éste se lleva a cabo dando por supuesta la existencia de la Internacional Comunista y sus secciones nacionales como soporte ideológico-político y la posibilidad de inclinar a sectores vacilantes del Movimiento Obrero en ascenso. Después, se abandonará el momento de tracción política e ideológica, pretendiendo llegar a la unificación y claridad estratégicas a posteriori, sin establecer las mediaciones políticas para ello. El resultado fue su mutación en Frentes Populares y, en última instancia, en la política de reconciliación nacional. En el caso de Recortes Cero, además, esta tesis es enteramente dependiente de la caracterización del Estado Español como un país dominado por el imperialismo. En contraposición a ello, el FRML considera necesario esclarecer un Plan político que recoja cuáles son los vínculos y mediaciones -el hilo rojo- que atraviesan el recorrido desde el embrión prepartidario hasta su constitución en clase revolucionaria, el enfrentamiento antagonista con el conjunto de la sociedad burguesa imperialista y la construcción consciente del comunismo.

Como último recurso, Recortes Cero, cuyos razonamientos fueron solidarios de los del militante de UCE, sostuvo que España no es un país imperialista y que las corporaciones patrias están subordinadas a los capitales americanos. Además, consideró que los Estados Unidos se dedicarían a extraer la plusvalia de España, a saquearla. Vemos pues, que no pueden sino aferrarse a un clavo ardiendo. España vive de explotar, no explotada. En ese contexto, la burguesía monopolista y financiera no solo saquea para su beneficio, sino el del país en su conjunto, pues parte de su beneficio repercute -indirectamente- en el proletariado del Estado español. Para ilustrar esto, de forma rápida y concisa, se puso como ejemplo la educación pública y, en concreto, las tasas universitarias de las cuales la matriculada solo paga el 25% de los costes del uso y disfrute de un curso universitario, asumiendo el estado -que se nutre en buena medida del valor capturado más allá de sus fronteras- los costes del 75% restante. Ante esto, los militantes de UCE y Recortes Cero -de forma conjunta- intentaron reducir la aristocracia obrera a los liberados sindicales, a los traidores, mientras que el conjunto del proletariado viviría únicamente de su trabajo. Por supuesto, el proletariado persiste en los países imperialistas, formando incluso en España la mayoría de la población, pero éste está fragmentado, dividido materialmente -su sector directamente beneficiado por el imperialismo, por un lado, y aquél que accede indirectamente, siendo sus condiciones de vida aquéllas de su simple reproducción, por otro-. Y su subordinación a la influencia política de la aristocracia obrera no constituye un límite absoluto para su acción política como Partido Comunista, su única forma de existencia capaz de hacer entrar en escena la contradicción entre proletariado y burguesía como contradicción principal. Supone, eso sí, una dificultad innegable. Pero sólo haciéndole frente podremos las comunistas dar respuesta a las tareas que, en el proceso de emancipación humana, genérica, nuestra clase nos exige.

Tras la charla y el posterior debate, estuvimos en un ambiente más distendido conversando amistosamente con un camarada de Balanç i Revolució (BiR), a quienes agradecemos su presencia y cuyo gesto saludamos. Si bien es cierto que este modelo de trato y relación política no puede sustituir otros formatos, animamos a que este tipo de encuentros se sigan produciendo en el resto del Estado entre quienes integramos el polo de la reconstitución, porque la experiencia en Barcelona, siendo la primera de estas características, fue enormemente positiva.

En conclusión, el FRML ve necesario el desarrollo de la teoría revolucionaria en todos sus aspectos, con el fin de elevarla a la altura de las tareas de la vanguardia (y a la vanguardia al nivel de la teoría), teniendo en cuenta que pasamos por un momento en que la mayoría de destacamentos renuncian a su desarrollo y, en nombre de la teoría heredada, introducen todo tipo de concepciones o posiciones revisionistas ajenas al marxismo-leninismo -y por tanto a la elaboración de respuestas consecuentemente revolucionarias a los interrogantes de la revolución que son requeridas en su etapa actual-. Este acto, cuyo resultado valoramos positivamente, se enmarca dentro de los objetivos del FRML, que no son solo desarrollar la teoría, sino también su difusión y defensa ante cualquier organización política o individuo, de la mano de su inserción en el avance político de la Línea comunista.

 

Se hace camino al andar

Acerca de la acción política realizada el 24 de diciembre

El camino recorrido

El fin de semana del 24 y 25 de diciembre algunas de nuestras camaradas realizaron una acción política en las calles de Madrid. Esta acción no consistió únicamente en la realización de varios repartos de comida a lo largo de dichos días, sino que sobre esos repartos se asentaron todo un conjunto de tareas políticas que consideramos necesario exponer. En primer lugar, y antes de entrar en una explicación más detallada de cuáles eran estas tareas y los objetivos a los que respondían, nos gustaría explicar cuál fue el desarrollo de la propia acción.

El 23 de diciembre organizamos varias recogidas de comida simultáneas en dos barrios de Madrid. Con estas recogidas se buscaba conseguir el alimento necesario para poder realizar los repartos del día siguiente. Un puesto de recogida de alimentos se situó en el barrio de Carabanchel, y el otro en el de Tetuán, barrios cuya composición de clase es principalmente obrera. Los resultados de esta recogida fueron mucho más que positivos. En apenas unas horas de trabajo, la solidaridad de las personas que colaboraron consiguió reunir un total de más de 300 kilogramos de comida.

Muchas de estas personas se interesaron por la acción que estábamos realizando y por su posible continuidad. Sobre todo en el barrio de Tetuán, pues nos situamos en uno de los Mercadonas donde el Hogar Social Madrid solía organizar sus propias recogidas. No nos reconocían como «los de siempre», y muchas personas, tras interesarse en nuestro proyecto y en sus diferencias con el HSM, decidieron colaborar e incluso establecer un contacto para seguir colaborando en un futuro.

Tras este primer paso, llevamos la comida recogida a casa de una de nuestras camaradas, donde grabamos un vídeo llamando a participar de esta acción a toda persona que quisiera colaborar. Esta parte resulta fundamental para comprender la propia acción. Fue mucha la gente de diversos colectivos, entre ellos comunistas, asociaciones y personas no organizadas, la que se animó a colaborar con nosotras, participando de los diferentes repartos que finalmente llevamos a cabo.

El 24 de diciembre nos centramos principalmente en la preparación de todo lo necesario para poder realizar los repartos aquella misma noche. Gracias a todos los alimentos que recogimos, pudimos preparar alrededor de doscientas raciones que incluían pasta con carne y tomate, entre tres y cuatro piezas de fruta, agua, un trozo de pan y algo de dulce. Varias panaderías colaboraron también con barras de pan, con lo que adicionalmente también se hicieron bastantes bocadillos que, igualmente, se pudieron repartir.

Finalmente, a eso de las siete de la tarde, se estuvo en disposición de poder comenzar con los repartos. Se configuraron varios grupos de trabajo, pues se pretendía llegar al máximo número de zonas y de personas posible. Algunas compañeras estuvieron repartiendo por la zona Centro, abarcando todo lo posible entre la Plaza de España, Templo de Debod, Gran Vía y Preciados. Otras compañeras se centraron en la zona más circundante a la Plaza Mayor, en la cual duermen cientos de personas cada noche. Por último, otro grupo pasó la noche en el descampado que hay tras la estación de Chamartín, un lugar donde viven unas treinta familias en pequeñas tiendas de campaña.

Sin embargo, el trabajo realizado ni empezaba ni terminaba con este reparto de comida. Sobre la base de este primer contacto establecido con estas personas se iniciaba una conversación en todos aquellos casos que fuera posible. Muchas de ellas relataban su historia, comentando cómo se habían visto abocadas a vivir en esa situación. Personas que en algún momento fueron empleadas por la propia industria y el comercio, pero que tras ser expulsadas del trabajo, y tras años en paro, fueron condenadas al frío, el hambre y la miseria de la calle. Una calle que, a la vez que un lugar de lucha, es una permanente amenaza para el proletariado, más aún en las condiciones actuales del sistema productivo, y en la que es muy sencillo entrar pero de la que, por lo que ellas mismas nos contaban, resulta imposible salir.

Existía un claro nexo común entre sus testimonios, pues todos incluían la total falta de esperanza en una sociedad que las había dado de lado, vejado y despojado. Habían sido totalmente repudiadas por sus familias, y la reincorporación a la producción no era ya una opción. Sin embargo, algunas de estas personas eran conscientes de la realidad social que comparten, y de la fuerza que podían conseguir si se «unían». El potencial revolucionario en sus palabras era un hecho, y nosotras, como pretendidas comunistas, tenemos que estar a la altura de la tarea histórica que tenemos por delante.

La existencia de personas en paro y en riesgo de pobreza, y la directa pobreza sin esperanza que sufre toda una capa de la población es una consecuencia del sistema social bajo el que vivimos, y una condición necesaria para que este se reproduzca. Por tanto, acabar con esta inseguridad continua de la clase trabajadora y con la miseria pura a la que amplias capas de ésta a lo largo y ancho del mundo se enfrentan, pasa únicamente por la construcción de un nuevo orden social donde estas situaciones no tengan cabida.

El día 25 de diciembre continuamos con la acción, dado que no repartimos toda la comida el día anterior. Primero estuvimos de nuevo en Chamartín, en el descampado anteriormente descrito. El origen de la mayoría de familias era del Este de Europa, en su mayoría de Rumanía o de Bulgaria. Pudimos hablar en extenso con algunas de las personas allí presentes, ya que una camarada sabe hablar el idioma. Estuvieron dialogando sobre sus condiciones de vida, parcialmente diferentes a las descritas anteriormente , aunque ambas compartan el frío de la calle. Nos describieron que pasaban varios meses seguidos en el Estado, viviendo de pequeños trabajos y de la caridad, y reuniendo un mínimo de dinero para poder mantener económicamente a sus familias, a las que habían dejado en sus países de origen. Cada cierto tiempo realizaban un largo viaje en autobús para reencontrarse con ellas y entregarles el dinero recogido, tras lo que volvían de nuevo al Estado, en un ciclo de vida que no tenían perspectivas de poder romper. También repartimos algo de ropa entre ellas, pues nos habían pedido algo de abrigo y mantas.

Tras esto, fuimos de nuevo a la Plaza Mayor, donde no dejó de contrastar la situación que nos encontramos la noche anterior con la de aquella mañana. Un gran mercado navideño repleto de gente copaba la Plaza, pareciendo ocultar a las cientos de personas que pasaron allí la noche anterior. Prácticamente bajo cada arco había algunas cajas de cartón que esperaban a ser recogidas por la noche para dormir. La última de las personas sin techo con la que tratamos habló de lo dura que era la calle, especialmente en esas fechas.

Por el día, completamente olvidadas, pese a la gente que les rodea.                                                                                   Por la noche, completamente solas, bajo un frío invernal al que no todas sobreviven.

Y sin embargo, esta última persona, tan maltratada y olvidada por la sociedad en que vivimos, hablaba de esa «unidad» de las desposeídas en y por un proyecto de transformación social común, como la única esperanza para salir de la situación en la que se encuentran. Y fue ella la que, pese a la situación en que vivía, terminó dándonos ánimos a nosotras para continuar en esta lucha. Porque no tenemos derecho a fracasar. «Seguid luchando, porque tarde o temprano ganaremos»

Callejones sin salida

Demasiadas veces se ha repetido la manida undécima tesis sobre Feuerbach de Karl Marx y pocas veces nos paramos a reflexionar el significado político de lo que afirma: «de lo que se trata es de transformar la realidad». Y de no comprender correctamente ese aforismo, aparecen dos desviaciones en la práctica política: el pragmatismo cortoplacista y los intentos mecanicistas de transformación inmediata y total de la realidad.

El pragmatismo no analiza la coyuntura desde una perspectiva general, desde un plano histórico, internacional y social. De hecho, su base es la carencia misma de ese análisis. Simplemente se centra en un aspecto de los problemas que encuentra en la realidad diaria. El pragmatismo es parte del cuerpo del reformismo que vemos a diario. Es también la justificación del «mientras tanto», que si bien es consciente de la necesidad de actuar en contra de la miseria que sufre la humanidad (muchas veces exclusivamente de partes de la misma), no va a la raíz de los problemas. Obviando así la unidad del análisis y transformación de la realidad en su conjunto.

Muchas veces suele decirse que «mejor que la gente coma hasta que llegue la revolución». Desde luego que mejor que la gente coma a que la gente pase hambre. Pero el que da más importancia a la limosna que a terminar con el hambre, no está realmente luchando por que la gente coma. Está sosteniendo de facto el sistema que, de forma inherente, crea el hambre. No es incompatible el apoyo a situaciones de emergencia con la organización de una Revolución. Es más, no hay apoyo efectivo más que en el prolongado proceso de preparación de la revolución. Lo que es inviable es predicar que ¡ahora! hay que dar de comer y ¡mañana! (o la semana que viene, o el año que viene o realmente jamás) nos preocuparemos por la Revolución. Si la Revolución no se organiza cada día, cada hora y cada minuto, esta no va a caer del cielo, ya que solo puede ser resultado de su propia organización. Paliar los problemas concretos que puede sufrir la clase obrera y las grandes masas tiene que verse desde la necesidad de organizar la Revolución y en el proceso de su organización.

El problema es complejo, pero la clave es no ver los «problemas inmediatos» y los «problemas revolucionarios» como cuestiones separadas (o unidas pero sin establecer sus relaciones mutuas), sino como cuestiones profundamente relacionadas, y por relaciones definidas. El pragmatismo solo piensa en el ahora, sin apoyarse en el pasado ni en el presente para poder conquistar nuestro futuro. Por ello, pese a sus ingenuas buenas intenciones, no puede resolver los rompecabezas que llevan asolando a la humanidad miles de años (1).

Pero además del pragmatismo, hay otra perspectiva que predomina, el dogmatismo, que le da la vuelta al pragmatismo (o practicismo). En los intentos de la práctica política solo lleva a la frustración, de ella al sectarismo y a la conformación de grupos endogámicos. Mientras que el pragmatismo solo ve lo inmediato, existen otras camaradas que no saben jugar las cartas que les han tocado, que pretenden organizar una Revolución mediante una mera aplicación doblemente mecanicista de concepciones teóricas generales -tendiendo así a la abstracción- sin adecuarse en ningún momento a las condiciones y particularidades de su ‘propia’ formación social.

Por una parte, desprecian el estudio directo de la realidad que les rodea y que se proponen transformar, dedicándose únicamente al balance de otras experiencias históricas. Para construir conscientemente un movimiento revolucionario es necesario realizar un análisis de la situación tanto objetiva como subjetiva de las diferentes clases y las capas que las integran, un conocimiento que debe sintetizarse con lo aprehendido de dicho balance. Ambos son componentes esenciales para el desarrollo de dicho proceso.

Pero, por otra parte, este pretendido balance que realizan es una distorsión de la realidad. Está adaptado a una serie de esquemas predefinidos de los que siempre parten. Por ello, no analizan consecuentemente estas experiencias, sino que intentan materializar en la historia un esquema limitado, en pos de legitimarlo. No es, por tanto, un verdadero balance, capaz de extraer lecciones de manera integral para la construcción de un movimiento comunista cualitativamente superior.

El dogmatismo se trata de una desviación común, por desgracia, que es en gran medida resultado de la escasa y/o mal analizada experiencia política. ¡La política se basa en resolver problemas complejos! Y la resolución de dichos problemas requiere de cuadros políticos dirigentes, de camaradas entrenadas y capacitadas para ello. Esta forja de cuadros pasa, inevitablemente, por conocer transformando mediante la praxis política la realidad social vigente. Estamos construyendo un mundo nuevo en una situación histórica determinada, y por lo general, caminaremos por un sendero en donde no todos nuestros pasos los habrán dado otros antes.

El dogmatismo es pues, un obstáculo de primer nivel. Las fórmulas memorizadas, los esquemas, las frases repetidas como una letanía… todo ello tiene poca utilidad política. Desde luego la formación revolucionaria en la teoría de vanguardia es imprescindible, ¡a dónde iría un barco sin brújula! Pero menospreciar la política como simplemente «poner en práctica la teoría», como plasmación unilateral de la segunda, es un error de base. Asimismo, grandes disputas teóricas son resultado del combate político. Por otra parte, en tanto que la teoría va ligada a la práctica, tener elaborada la primera no es condición suficiente para resolver una determinada problemática, pero sí necesaria. Aunque tampoco debemos olvidar que la propia teoría se desarrolla, se enriquece y evoluciona a través de la praxis.

El pragmatismo solo ve el actuar hoy, dejando de lado la conquista del mañana. La desviación opuesta, cree tener muy claro por qué actuar y para qué hacerlo, pero ignora o menosprecia el acto concreto de transformar la realidad y de conocerla y, en consecuencia, cae en una incapacidad política que termina por derivar en dogmatismo, sectarismo y aislamiento endogámico.

Históricamente, y aún en la actualidad, el MCE se ha ido desarrollando en diferentes direcciones ideológico-políticas. Pese a estas disimilitudes, todas ellas comparten un elemento común, la investigación deficiente -o directamente nula- de los sectores obreros que se han visto, y siguen viéndose, más afectados por el capitalismo. Ese sector de las amplias masas que oscilan peligrosamente sobre la pobreza, aquellas llamadas por Rosa Luxemburgo como la cuarta capa del ejército industrial de reserva proletario.

Una parte de las masas trabajadoras y desempleadas han sido condenadas a la miseria por la sociedad burguesa por ser superfluas para la valorización del capital. Quien no puede ser empleada productivamente (es decir, lucrativamente), no es. Se las condena, por lo tanto, a la pobreza en el sentido específicamente moderno del término. Es decir, a la exclusión social y al despojo de los medios disponibles en la sociedad. Bajo las relaciones sociales anteriores, por grande que fuese la explotación del productor, no existía una exclusión estructural de parte de la clase de los medios para reproducirse.

«La producción capitalista de mercancías es, pues, la primera forma de economía en la historia de la humanidad, en la cual la desocupación y la indigencia de una capa grande y creciente de la población, y la directa pobreza sin esperanza de otra capa igualmente creciente, es no sólo una consecuencia sino también una necesidad, una condición de vida de esta economía. La inseguridad de la existencia de toda la masa trabajadora, su indigencia periódica, o la miseria pura y simple de amplias capas, son por primera vez un fenómeno normal en la sociedad» (2)

Con ello queremos señalar que, al tratarse de un fenómeno moderno, la lucha contra esta miseria no puede darse como buena conciencia, altruismo o filantropía. Todas ellas operan sin entender que descansa en relaciones sociales actuales, que son asimismo mutables. Para ellas se trata de una inclinación por el ser humano necesitado, necesidad a la que se le supone un carácter antropológico. En oposición, las comunistas declaramos al mismo capital como innecesario, incluso una traba, para el desarrollo de las fuerzas productivas humanas y la organización racional de ellas.

Estaríamos sumidas en una ceguera intensa si no viésemos como este sustrato social es quien sufre de manera más intensa, en sus propias carnes, todas las problemáticas que son producidas por el capitalismo y la sociedad de clases. La falta de un análisis sustancial por parte del MCEe no excluye que haya habido momentos en los que se ha cuestionado el papel revolucionario de este sector de masas. Ahora bien, al no tomarse esta cuestión con la envergadura necesaria, haciendo una investigación apropiada para comprender esta problemática en toda su extensión, siempre se ha acabado recurriendo a un estudio insuficiente, unilateral, a veces predefinido en sus conclusiones y estático en cuanto al contenido mismo, como si el desarrollo y evolución de las clases a lo largo de la historia fuera ajeno a su significado. En dicho estudio se ha considerado a esta parte de la clase productora como el lumpenproletariado, y se ha tachado sus posiciones, o carácter, como enteramente contra-revolucionarias. Se ha olvidado, en definitiva, que en las condiciones adecuadas puede luchar en las filas de la revolución, dependiendo del nivel transformador político que tenga el proletariado sobre la misma.

Por lo tanto, este sector de masas puede y debe ser influenciado, para poder ser dirigido, con el objetivo de unirse a las fuerzas sociales revolucionarias. Hacer esto a gran escala, es cierto, precisa de un Partido Comunista actuante, pero no es menos cierto que excluir a este sector en su proceso de formación lo haría nacer endeble.

¿Hacia dónde?

En aras de este objetivo es totalmente esencial conocer la realidad concreta y cambiante de las masas, pues sólo así se podrá articular una táctica-plan determinada. No nos confundamos, no estamos hablando de teorizar la línea política general (en todas sus formas) a seguir, sino a precisar una parte de esta misma línea general. Es nuestro deber concretar, mediante la recogida y estudio -sintetización de ideas de las masas-, la senda a seguir en este aspecto determinado. En base a esta meta es de total necesidad la elaboración de un análisis de la composición de clase del Estado español. No como las generalidades tan dichas y repetidas, sino como síntesis del estudio y del trabajo directo de todas las capas de la sociedad.

El estudio de este sector de masas concreto tiene tres finalidades fundamentales, estrechamente relacionadas con la necesidad de recoger información para cristalizarla, ulteriormente y de forma consciente, en un análisis de la composición de clase del Estado español, pues no hay en la prensa oficial testimonio del pensamiento de las desposeídas sobre su situación, ni sobre la sociedad que las relega a ella.

En primer lugar, no se trata solamente de ese sector que actualmente vive en la miseria (como un ente aislado), sino establecer un claro nexo entre amplios sectores de la clase obrera que se encuentran oscilantes entre la miseria del trabajo asalariado y la miseria de la calle. Rosa Luxemburgo nos ilustra:

«Al exponer las relaciones salariales capitalistas es completamente incorrecto considerar solamente los salarios efectivamente pagados de los trabajadores industriales empleados, lo que ya es una costumbre, incluso entre los obreros, tomada acríticamente de la burguesía y de sus escribas. Todo el ejército de reserva de los parados, desde los obreros calificados transitoriamente desempleados hasta los más pobres, y el pauperismo oficial, entra en la determinación de las relaciones salariales como factor de pleno derecho. Las capas más bajas de necesitados y marginados, de ocupación insignificante o nula, no son una especie de excrecencia que no integra la “sociedad oficial» como lo plantea, por supuesto, la burguesía, sino que están ligadas por todos los eslabones intermedios del ejército de reserva, por lazos vivos internos, con la capa superior de obreros industriales, colocados en la mejor posición».(3)

Y continúa:

«La pobreza y el lumpenproletariado están entre las condiciones de existencia del capitalismo y crecen con él: cuanto mayor es la riqueza social, el capital en funcionamiento y la masa de obreros empleados por él, tanto mayor también la capa de parados en reserva, el ejército de reserva. Cuanto mayor el ejército de reserva en relación con la masa de obreros ocupados, tanto mayor la capa inferior de pobreza, pauperismo y delito. De modo que, junto con el capital y la riqueza, crece igualmente, de forma inevitable, la cantidad de desempleados carentes de salario y, con ellos, la capa de los Lázaro de la clase obrera (la miseria oficial). Esta es, dice Marx, la ley absoluta y universal del desarrollo capitalista». (4)

Su comprensión es esencial para la constitución de la unidad orgánica que forma el partido, siendo esta misma característica propia de la clase:

«De modo que la situación de las capas más bajas del proletariado se mueve según las mismas leyes de la producción capitalista, se amplía y se estrecha por ellas, y junto con la amplia capa de los obreros rurales, así como con su ejército de parados y con todas las capas desde la más alta hasta la más baja, el proletariado constituye un todo orgánico, una clase social, en cuyas diversas gradaciones de miseria y opresión puede captarse correctamente la ley capitalista del salario en su conjunto». (5)

En segundo lugar, la necesidad de combatir la idea lassalleana, aún hoy presente con otra cara política, de la clase obrera como la única clase revolucionaria, y el resto de clases como una masa reaccionaria (Programa de Gotha). Que la clase obrera sea la fuerza dirigente y principal de la revolución no hace de ella la única fuerza revolucionaria.

«El sector más grande del lumpenproletariado […] Son elementos capaces de luchar con gran coraje, pero inclinados a acciones destructivas; si son bien dirigidos pueden devenir en una fuerza revolucionaria» (Mao). (6)

En tercer lugar, nos vemos en la obligación, mediante esta labor, de destruir una de las ideas hegemónicas surgidas de la actual sociedad burguesa: la visión de las integrantes de esta parte de las masas trabajadoras como pacientes. Nuestra posición es que tal concepción es nociva, puesto que consideramos que todas las oprimidas deben ser vistas no solo en el lugar que ocupan en la sociedad actual (sería mantenernos en los márgenes del estrecho pensamiento burgués), sino en aquel que pueden ocupar en el proceso de transformación revolucionaria. Al mantener esta postura tenemos la obligación de examinar, directamente, el carácter de este sector de masas. Esta práctica social (y política) difiere radicalmente del mero asistencialismo. Aquel que desdeña nuestro trabajo con tal epíteto lo hace porque comparte el elemento contemplativo del pensamiento burgués filantrópico, porque no puede ver en él otra cosa que caridad, no puede ver (ni quiere establecer) sus conexiones políticas con la formación del movimiento revolucionario organizado de la clase. Exactamente la misma deficiencia adolecen quienes no ven en el 24 de diciembre sino festividad religiosa, precisamente por tener tan interiorizado (en forma de oposición «radical») el pensamiento religioso.

Sobre Proudhon y sus partidarios Marx escribe: «Ven en la miseria solamente la miseria, sin notar su lado revolucionario, subversivo, el lado que derrocará a la vieja sociedad» (7)

En síntesis, el objetivo que ha perseguido, y sigue persiguiendo esta acción, al no ser meramente puntual, sino integrante de un trabajo constante, es el teje de unas relaciones con este sector de masas concreto que durante tanto tiempo ha sido excluido por parte del MCEe, así como por la ‘sociedad oficial’. Es la constatación de nuestro deber de conocer la realidad concreta y cambiante de las masas, y en este caso, de las personas más perjudicadas por el moderno régimen de producción. Expresa por lo tanto la responsabilidad que tenemos como comunistas de comprender cuál es el potencial revolucionario, generado en su transformación desde la ideología comunista, de nuestra clase, y por ello de nosotras mismas. Para poder ser integradas, en tanto sector de masas, en una táctica-plan general, en manos del partido, como programa de la Revolución.

2) Rosa luxemburg, Introducción a la economía política, p. 144-145.
3) Ibíd., 150.
4) Ibíd., 143.
5) Ibíd., 151.
6) Mao Tse-tung, Ánalisis de las clases de la sociedad china., p. 16 https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/AC26s.html
7) Karl Marx, Miseria de la filosofía. Septima y última observación https://www.marxists.org/espanol/m-e/1847/miseria/005.htm

Sobre los recientes sucesos en la fábrica y entrevista a un camarada de la Michelín Vitoria

Introducción

El pasado día 1 de agosto, un trabajador de una subcontrata de Michelin fallecía por aplastamiento en la planta de Vitoria. Esto nos lleva a una reflexión general sobre la situación social de nuestra clase, de la mano de uno de nuestros camaradas empleados en dicha fábrica. La tasa de incidencia (número de accidentes ocurridos por cada 100.000 trabajadoras) ha crecido en los últimos 3 años de reestructuración económica capitalista un 8,2%, debido a un aumento de la explotación y precarización, pasando de 2.949 accidentes laborales en el año 2012 a 3.190 en el año 2015 (por cada 100.000 trabajadoras). Así, en términos absolutos, el pasado año se registraron en el Estado 449.223 accidentes (1). Constituyendo la conflictividad laboral un elemento inherente al régimen del capital, y siendo también la problemática entre grupos humanos (las clases) con más influjo social, vemos conveniente desarrollar en un futuro un análisis más profundo en torno al carácter estructural de la misma.

Puesta en contexto

La fábrica de Michelin situada en Vitoria, ha sido en los últimos 50 años uno de los motores económicos de Álava, dedicándose especialmente a la fabricación de neumáticos de turismo, habiendo empleado directamente a más de 9.000 personas durante toda esta trayectoria. Según confesaba en abril de este mismo año el director de la planta Amadeo Álvarez al recibir la Medalla de Oro de Álava por sus 5 décadas de historia, la planta es un “centro industrial clave de Euskadi y también a escala internacional dentro del sector de neumáticos”. No es para menos, ya que supone el 13% del PIB de Álava y de cuya producción, por ejemplo de ruedas, es exportado un 80% (2). Actualmente emplea de forma directa a 3.200 personas, habiendo realizado en el último año (datos de abril) más de 220 contrataciones y prometiendo realizar en el futuro “un buen relevo generacional”. Cómo se concreta lo que ellos denominan “un buen relevo generacional” lo veremos después.

Los hechos

El día 1 del mes pasado fallecía un empleado de la fábrica de Michelin de Vitoria sobre la 13:00 del mediodía al ser aplastado por unas mallas de acero. El hombre de 57 años que trabajaba para la subcontrata Endu, que se encarga de trabajos de albañilería, estaba cogiendo el material necesario para hacer unas arquetas cuando se le cayeron en la cabeza las mencionadas mallas, sufriendo un golpe mortal. Estaba solo, cuando se recomienda siempre ir en compañía de otra persona, lo que se desconoce (pero podemos deducir vistas las condiciones de trabajo) era la razón por la que acudió solo a recoger el material. En cualquier caso, nadie tendría que poder hacerlo poniendo en peligro así su integridad. Al cabo de un tiempo, un compañero notó su falta y fue en su busca, encontrándose con el cadáver. Se llamó a los bomberos y a la ambulancia, y el siguiente día se realizó un minuto de silencio a las 12:00 y un parón a la 13:30 en la puerta principal.

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La influencia de la crisis

Hay que entender las crisis como debilitamiento o estancamiento del proceso de acumulación, esto es, «de la reinversión del plusvalor para ampliar la escala de la producción y mejorar la productividad» (3). Y es que, debido al empeoramiento de las condiciones de rentabilidad, la masa de beneficios disminuye y los capitalistas deciden parar sus planes de ampliación (lo cual trae la caída de compras de Medios de Producción, la bajada de actividad económica y el desempleo). Sin embargo, las crisis tienen una función restauradora de la rentabilidad, de destruir todo ese capital sobrante (en relación al escaso beneficio que se produce). Esa destrucción de capital se puede dar de diferentes maneras: quiebras de empresas menos competitivas que dejan activos a precios de ganga para otras empresas más rentables (es por eso que las crisis también son procesos de concentración y centralización de capital), desvalorización de la fuerza de trabajo (es aquí donde podemos encuadrar toda esta cuestión), etc.

Vemos que, para que se generen esas condiciones favorables para la inversión, entre otras formas, el «programa capitalista» se traduce en el aumento de las tasas de explotación de los asalariados. Esto se lleva a cabo mediante la reducción del salario directo, del indirecto (los ingresos percibidos como gasto social: educación, sanidad…) y mediante el empeoramiento de las condiciones laborales (solo en ese contexto podemos entender el aumento de las subcontratas, forma jurídica predilecta de la explotación del trabajo, como el de los accidentes laborales desde 2012). La parte del valor que genera la trabajadora, que se apropia el capitalista como plusvalor, aumenta. Marx nos dice:

«El régimen capitalista de producción, como corresponde a su carácter contradictorio y antagónico, da un paso más y dilapida la vida y la salud del obrero, considerando la degradación de sus mismas condiciones de vida como economía en el empleo del capital constante y, por tanto, como medio para la elevación de la cuota de ganancia» (4).

Por ello, «la producción capitalista es siempre, pese a su tacañería, una dilapidadora en lo que se refiere al material humano, del mismo modo que en otro terreno, gracias al método de la distribución de sus productos por medio del comercio y a su régimen de concurrencia, derrocha los recursos materiales y pierde de un lado para la sociedad lo que por otro lado gana para el capitalista individual» (4).

Ello nos permite sacar a la luz el límite intrínseco en el que se encuentran encuadrados los sindicatos, puesto que las tentativas de aumentar el salario, fuera de una continuidad organizada para la toma del poder, se ven abocadas al fracaso. Al producir una disminución del beneficio empresarial y de la inversión, sin el poder obrero para sostenerlo, queda intacto para el capitalista, a través de la posesión de los medios de producción, el poder económico con el que puede abrir o cerrar la fuente de la inversión cuando vea que las condiciones de valorización no son las más favorables.

Condiciones de trabajo actuales

El capitalista obtiene su ganancia de la explotación de la fuerza de trabajo. La diferencia entre el valor nuevo creado por el obrero en su jornada laboral completa, en condiciones normales, y la parte de la jornada laboral que le es remunerada como salario, es el plusvalor (que no es idéntico a la ganancia, subdivisión de este). Este puede ser definido como «mero coágulo de tiempo de plustrabajo, como nada más que plustrabajo objetivado» y «se presenta en un primer momento como excedente del valor del producto sobre la suma de valor de sus elementos productivos» (5), como valorización del valor. Y el valor de más es precisamente aquél añadido por la trabajadora en la parte de su jornada no remunerada. El plusvalor que, generado por el trabajo no pagado, determina, junto a otros factores, la ganancia del empresario.

A través de subcontratas y ETTs, por ejemplo Michelín o Kaiku, se deshacen de las trabajadoras propias con contratos indefinidos, sustituyéndolas por trabajadoras con contratos mayoritariamente temporales, de una duración mensual renovable. De esta forma, las empresas se quitan responsabilidades, dividen a las trabajadoras menguando su capacidad de lucha unitaria y asociación, y consiguen cubrir los puestos de trabajo necesarios para su proceso de producción con trabajadoras que no solamente perciben un salario menor por mismas o mayores horas de trabajo, sino que además tienen condiciones laborales más limitadas: desde no tener duchas o taquillas como las trabajadoras propias de la empresa, el detrimento de las zonas comunes y acceso a peores materiales/herramientas, hasta no percibir el salario correspondiente a las horas extra o el plus de nocturnidad etc.

Todas estas medidas desembocan en un aumento de la intensidad del trabajo que se manifiesta a su vez en un aumento del riesgo laboral, debido a diversos factores. La sobrecarga de la mano de obra empleada obliga a que las trabajadoras atiendan a más tareas de las propias en la cadena de producción, disminuyendo el rendimiento, tiempo y eficacia en cada una, y creciendo así las prácticas arriesgadas. A su vez, la proliferación de contratos temporales mensuales lleva a una situación de bucle en que las trabajadoras, que han estado unos meses cumpliendo unas funciones concretas, pierden el empleo y buscan otro contrato en la misma empresa, que usualmente las coloca en otra tarea vacante. La situación de inestabilidad crónica que deriva de estos cambios, de la imposibilidad de que las trabajadoras sistematicen sus tareas, lleva a un aumento de las enfermedades y los accidentes laborales, pues no es un hecho casual que, como apuntan las estadísticas del Ministerio de Empleo, los sectores donde más ha crecido el uso de ETTs coinciden en gran medida con los sectores con mayor índice de accidentes registrados (agricultura, ganadería, silvicultura y pesca; industria extractiva; industria manufacturera; construcción; transporte y almacenamiento) (6).

El proceso de producción inmediato, bajo el modo de producción capitalista, deviene social, es socializado con la introducción de la división social del trabajo en el taller, la cooperación, la maquinaria a gran escala, posibilitando la aplicación de los productos generales del desarrollo humano (ciencia, etc.) al proceso mismo. Por otra parte, cabe matizar que:

«no solo en las ‘ideas’, sino en la ‘realidad’, el carácter social (sociabilidad) del trabajo se levanta, frente al obrero, como un elemento extraño y, lo que es más, hostil y antagónico, cuando es objetivado y personificado en el capital» (7).

Este antagonismo se halla fundado, a su vez, en la efectuación de la producción «chocando con los productores y sin consideración para con ellos, no siendo estos más que simples medios de producir, mientras que la riqueza material, devenida un fin en sí, se desarrolla en oposición al hombre y a costa de él» (8).

Con estas nuevas condiciones, el trabajo no pagado crece, y en consecuencia, el plusvalor generado y la tasa de explotación también aumentan. Como hemos visto en anteriores ejemplos, no pagando las horas extras, disminuyendo los tiempos de pausa, teniendo que realizar más trabajo en el mismo lapso de tiempo, etc. se aumenta la producción de plusvalor absoluto y con ello la ganancia. Por lo tanto, es necesario ver que estas cuestiones no difieren de las propias dinámicas del capitalismo, como si de un exceso arcaico se tratase, sino que son interdependientes dentro de la misma estructura de explotación. Como bien dice Marx en el tomo I de El Capital: «La economización de medios sociales de producción (…) se convierte, en manos del capital, en el robo sistemático de las condiciones de vida del trabajador durante el trabajo, en el robo de espacio, de aire, de luz y de los medios personales de protección contra las condiciones nocivas e insalubres del proceso de producción».

Respuesta de las trabajadoras

Este punto es uno de los puntos donde más ha influenciado la crisis, y no precisamente para acentuar la lucha e impulsar la unión de las trabajadoras. Antes de entrar a valorar la respuesta que se ha dado ante este homicidio patronal, nos gustaría exponer brevemente una de las consecuencias de la utilización de las ETT por parte de las empresas. Mediante la subcontratación, la empresa no solo se despreocupa de buena parte del personal sino que consigue en cierta medida separar a las trabajadoras, ya que el hecho de ser contratadas por otra empresa va a determinar totalmente el trabajo en todos sus aspectos. Al ser las condiciones de trabajo, los derechos y el convenio de las trabajadoras de Michelin muchísimo más favorables, entre algunos individuos de los sectores más acomodados de la clase se dan miradas de superioridad hacia los de las subcontratas. Aunque tenemos que aclarar que no es algo de carácter general. La ropa usada también difiere, siendo posible distinguir a primera vista quién trabaja dónde, y el material de los asalariados de la ETT es de peor calidad o muchísimo más reducido (mientras que las empleadas de Michelin recogen el alambre mediante electroimanes por ejemplo, las de las subcontratas lo hacen a mano). En cuanto al espacio, no usan las mismas duchas y vestuarios. Así, un espacio donde se pueden conocer, socializar y poner en común los problemas que les afectan, paso previo a su organización, queda imposibilitado entre las trabajadoras de Michelin y de las subcontratas. Aunque no sea esta la finalidad principal de las ETTs, indudablemente ayuda al proceso de acumulación mantener dividido al personal. La cantidad de parados, de población activa no empleada (lo que en la tradición marxista se ha llamado ‘el ejército industrial de reserva’), y la reforma laboral, así como la ausencia de un proyecto político propio, han incentivado el desinterés de las empleadas por la protesta y la organización (por las más que posibles represalias o incluso despidos que derivarían de tales acciones) aumentando así la pasividad que se ha instaurado entre las trabajadoras. No sólo en el sentido económico la competencia entre trabajadoras es un supuesto del trabajo asalariado.

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De todo ello, llegamos a la respuesta que se dio: prácticamente inexistente. El siguiente día de haber ocurrido el accidente, las empleadas mostraron un total desinterés por lo ocurrido, limitándose a realizar un minuto de silencio y un breve parón (a iniciativa de sindicatos y representantes unitarios). A partir de entonces nada más. Parecía que nada había ocurrido, como si en unas pocas horas todo se hubiera olvidado. En el ambiente no se apreció ningún cambio. Todo lo referente a la muerte quedó relegado a cuestiones burocráticas y a la investigación que estaba pendiente, investigación que está llevando a cabo el Departamento de Seguridad Laboral del Gobierno Vasco Osalan.

Muchas de las empleadas, al ser preguntadas por tal fatal suceso, se limitaban a contestar que no les interesaba el tema, mostrando no ya la falta de unión existente sino también la falta de compañerismo para con su propia clase. Aunque no nos guste este hecho, vemos necesario resaltarlo. No tenemos a la conciencia del proletariado como criterio de verdad, y cuando adopta formas que sirven a su propia dominación es preciso sacarlas a la luz. Quien no critica a la clase obrera el hecho de ser tal no puede ser marxista.

Respuesta de la empresa y de los sindicatos

La reacción de la empresa no es sino la intentar silenciar la muerte. Esto sucede tanto en Michelin como en cualquier otra empresa de tal envergadura. Anteriormente, con la muerte de un trabajador a causa del amianto, se intentó esconder en todo momento que el techo estaba construido de este material. En la fábrica de Mercedes de Vitoria por ejemplo, si hay accidentes laborales no mortales, en muchos casos la empresa le ofrece a la trabajadora en cuestión un buen acuerdo para que esta no denuncie, y así, las estadísticas de Mercedes dicen que no hay apenas accidentes laborales en su fábrica. Cuando se dan abusos sexuales por parte de empleadores a empleadas, la prensa silencia el nombre de la empresa en cuestión (véase el reciente caso de El corte inglés). Aclarar que el trabajador no estaba sindicado, pero aunque lo hubiese estado, poco hubiera cambiado el asunto, ya que simplemente se hubiera echado una mano a la familia en los trámites burocráticos. Por otra parte, tenemos que decir que la propia empresa se encarga de ayudar a ciertos sindicatos como CCOO y UGT y entorpecer a otros según sus intereses. No porque unos sean sindicatos revolucionarios. La expresión misma es un contrasentido, la única existencia revolucionaria de la clase es aquélla bajo la forma de Partido Comunista. El capital se decanta por los primeros, que se pliegan, y pliegan a la clase, al desarrollo pacífico de su dominación social.

Con esto damos paso a la entrevista que realizamos a nuestro camarada sobre toda esta problemática, así como sobre su experiencia particular.

 

Colectivos de Gasteiz y Bilbao del FRML

 

***
(1): http://economia.elpais.com/economia/2016/04/18/actualidad/1460970435_330410.html
(2): http://www.elcorreo.com/alava/araba/201604/28/michelin-medalla-alava-20160428125534.html
(3): https://rolandoastarita.wordpress.com/2016/07/28/crisis-cambiemos-y-programas-capitalistas/
(4): K. Marx, El Capital, tomo III, FCE, p. 99
(5): K.Marx, El Capital, tomo I, Ibid., Capítulo VII.
(6): http://www.empleo.gob.es/estadisticas/ett/ett16MayAv/Avance%20ETT%20(enero-mayo%202016).pdf
http://www.empleo.gob.es/estadisticas/eat/eat16junAv/ATR_06_2016_Resumen.pdf
(7): K. Marx, El Capital. Libro I. Sexto capítulo (inédito). Ediciones Curso, p. 72
(8): Ibíd., p. 89-90.

¡Contra toda opresión!

«Este socialismo es la declaración de la revolución permanente, de la dictadura de clase del proletariado como punto necesario de transición para la supresión de las diferencias de clase en general, para la supresión de todas las relaciones de producción en que éstas descansan, para la supresión de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones sociales»

Karl Marx

Desde el FRML hemos decidido apoyar públicamente el proyecto Contra la homofobia.

Creemos que el estado de nuestro movimiento exige este tipo de iniciativas y sobretodo de una profunda autocrítica respecto a los problemas que se señalan.

La cuestión de la homofobia, del machismo, del racismo, o de  cualquier forma de opresión no es algo ajeno a nuestra conciencia solo por el hecho de llamarnos comunistas.

No se trata de un problema que existe meramente fuera del ámbito de los comunistas, no se trata de una cuestión de «fachas». Por el contrario es algo a lo que nos exponemos todas y todos (y que debemos combatir constantemente en nosotros mismos) solo por el hecho de vivir en esta sociedad y que no va a abandonarnos hasta que nos deshagamos de las causas materiales que posibilitan estas opresiones en cualquiera de sus expresiones.

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Nuestra intención, pues; es combatir las actitudes reaccionarias propias (como vigilancia revolucionaria) y las del conjunto del movimiento (como crítica). Asimismo, no queremos que nuestra firma se quede en letra muerta, apoyando moralmente la iniciativa sino que tenemos la firme voluntad de confrontar lo necesario sobre estas cuestiones, ya que hoy más que nunca son problemas que necesitan ser resueltos dentro del torrente de la Revolución Proletaria.

Igualmente, nos sorprende que ninguna organización comunista participe de esta iniciativa. Invitamos a toda aquella que realmente esté contra toda opresión, a sumarse.

¡Contra toda forma de opresión!

Crónica Fiesta PCE 2015: ¿qué tenemos que celebrar los comunistas?

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 ¿Qué tenemos que celebrar los comunistas? 

Una vez más, y por tercer año consecutivo, asistimos, como consideramos que deben hacer todos los comunistas del Estado, a la Fiesta del PCE. Con el espíritu de encuentro entre camaradas y la reivindicación de aquello que, se supone, ha de unirnos, asumimos tal empresa y nos pusimos manos a la obra.

 Quienes hayan asistido o conozcan el desarrollo de tal Fiesta a lo largo de estos últimos años, habrán percibido el reflejo del proceso de arrodillamiento, de claudicación absoluta, hacia la línea más electoral y reformista del PCE. Hace unos años quizá se podría hablar de la Fiesta como algo del propio PCE, pero con el devenir de los años, la propia Fiesta pasó a ser un chiringuito de IU, para finalmente ser el espacio de la derrota más clara y humillante de los comunistas ante la socialdemocracia, que no es otra cosa que el juego en el que la burguesía tiene sumida a gran parte de los comunistas en el mundo entero. Eso sí, todo ello rodeado de rojas banderas, libros marxistas y muchos accesorios «revolucionarios» para intentar reflejar por fuera lo que por dentro se abandonó hace décadas.

La dureza de nuestras palabras y de una crónica que consideramos más que justa, pretende reflejar el análisis que hacemos de un supuesto Partido Comunista, un Partido que en su día luchó contra el fascismo y un Partido por el que, en su día, dieron su vida nuestros abuelos y nuestras abuelas. De ese Partido hoy no queda más que una caricatura de lo que pudo haber sido, una caricatura que desaparece y se diluye entre la socialdemocracia más abierta mientras agita banderas con la hoz y el martillo, en un alarde de orgullo y de cierta resignación. 

El clima festivalero y las camisetas de «70 aniversario de la victoria antifascista» funcionó perfectamente como tapadera de una realidad que pretenden obviar: que los comunistas no tenemos nada que celebrar, y que celebrar una supuesta Unidad Popular que acaba por concretarse en situarse de la manera más abierta bajo la bota de Podemos es un hecho que refleja un abandono total de proyecto revolucionario alguno. 

Y no nos equivoquemos: los comunistas debemos estar a favor de la Unidad Popular, pero no en abstracto, pues la cuestión es en qué se concreta eso en cada momento. Y, desde luego, lo que hoy significa Unidad Popular no tiene nada que ver con la Revolución y sí con su renuncia, sí con su abandono.

Unos sin saberlo, otros a sabiendas, han celebrado este año, una vez más, la derrota de los comunistas.

¿Dónde estaba la “juventud marxista-leninista”? 

«La Unión de Jóvenes Comunistas tiene que definirse con una sola palabra: vanguardia.  Ustedes,  compañeros,  deben  ser  la vanguardia  de  todos  los movimientos. Los primeros en estar dispuestos para los sacrificios que la Revolución demande, cualquiera que sea la índole de esos sacrificios. Los primeros  en el  trabajo.  Los  primeros  en  el  estudio.  Los primeros  en la defensa del país.«1

«Pues bien, al abordar desde este punto de vista el problema de las tareas de la juventud, debo decir que las tareas de la juventud en general y de las Uniones de Juventudes Comunistas y otras organizaciones semejantes en particular, podrían definirse en una sola palabra: aprender.«2 

Consideramos complementarias y acertadas las palabras de ambos camaradas, en tanto que señalan que las tareas de los jóvenes revolucionarios fue, es y será: aprender a ser vanguardia.

Desde el más sincero respeto a lo que significa ser un revolucionario, pedimos un ejercicio de reflexión a todos aquellos camaradas de la UJCE que no se dignaron a aparecer (salvo excepciones) en las charlas, presentaciones y coloquios que su propio Partido había organizado. Tuvimos que ser jóvenes de otra organización los que fueran a escuchar a los ponentes que, equivocados o no, estaban ahí para ofrecer su punto de vista y, partiendo de eso, consideramos que lo justo con ellos es, por tanto, ir a defender también el nuestro.

Litronas en el cesped, cervezas en la barra y banderas en los hombros. Así es como la juventud del PCE, bajo una desgastada apariencia revolucionaria y siempre portando los símbolos y el romanticismo histórico tradicional del Movimiento Comunista, vacían de contenido (revolucionario) los mismos y hacen de una Fiesta histórica conmemorativa de su propio Partido un lugar donde simplemente se va a «pasar un buen rato», y no un punto de encuentro que permita hacer reflexionar a los camaradas acerca de la pésima situación actual de los comunistas. En lugar de ser conscientes de nuestra decadente situación y afrontar de forma transformadora tal coyuntura, se pinta un agradable escenario en el que todo parece ir viento en popa.

Evidentemente, hay excepciones, y aplaudimos a aquellos camaradas de la UJCE que estuvieron dispuestos a entender la Unidad de los Comunistas en unos términos críticos, a diferencia de aquellos que consideran que la Unidad se limita a militar juntos en una organización, tener el mismo carnet o llevar la misma camiseta.

La Fiesta fue, especialmente desde el punto de vista juvenil, un ejercicio de «folklore marxista» falto de contenido revolucionario.

Evidentemente, no debemos olvidar que hay tiempo para todo, y que la militancia hay que comprenderla en un sentido tan amplio que permita desarrollar todo tipo de vínculos entre los camaradas, sobre todo entre los más jóvenes. Y que todos nos podemos tomar una cerveza juntos y bailar en los conciertos. Pero dedicarse a hacer casi exclusivamente eso en una Fiesta que lo que deberia reflejar es la indignacion de los comunistas ante la mayor de las palizas por parte de la socialdemocracia es renegar por completo de lo que significa «aprender a ser vanguardia».

Al grito de «juventud comunista, marxista-leninista», se alzaron decenas de banderas rojas la noche del sábado 19 en el escenario principal del parque Dolores Ibarruri. Nosotros consideramos que levantar nuestras banderas significa algo mucho más amplio que eso, significa hacer lo que pretendemos conseguir con esta crónica: agitar las conciencias, para agitar la política y recuperar realmente la fuerza ideológica y política que debería haber detrás de tantas banderas, libros y camisetas.

Igualmente, seria injusto cargar toda la responsabilidad a los camaradas más jóvenes de tal comportamiento que se perfila como algo lejano de lo que debe ser la vanguardia en nuestros días. De hecho, buena parte de la responsabilidad de que nuestra generación actúe como tal, no es nuestra, sino de aquellos que nos educan en la política y la ideología revolucionaria. Pero el hecho de que eso sea así no nos debe impedir reflexionar acerca de cómo estamos actuando, de a quién estamos sirviendo realmente, si a la Revolución o a la Burguesía.

Los comunistas no podemos vender la Revolución a cambio de unos votos, ni sustituirla por ejercicios que se basan en mover banderas. Eso no es defender la Revolución, eso es darle la espalda a lo que implica ser comunista. Hoy más que nunca, debemos ser críticos con la situación en la que estamos, debemos reflexionar acerca de qué es eso que nos han vendido como revolucionario.

“Sí se puede, pero no quieren”

La política no funciona como las matemáticas, en política (revolucionaria) sumar 2 y 2 no necesariamente implica 4, puede resultar en 8 e igualmente en -3. Porque en política importa la cantidad, desde luego, pero importa mucho más la calidad. ¿Qué clase de unidad queremos? ¿Con quién? ¿Para hacer qué?

Los comunistas llevamos demasiado tiempo justificando la unidad con aquellos que nada quieren saber del proyecto comunista. Nos justificamos diciendo que es un recurso táctico, aunque sabemos de sobra que realmente no tenemos un plan revolucionario que le dé sentido -de ser posible- a tal recurso. En ocasiones nos llegamos a pensar, ya en delirios profundos, que vamos a dirigir y cambiar la convocatoria reformista de turno y volverla revolucionaria (véase los que hacen trabajo de rapiña en Podemos, los que intentan escalar puestos en Ahora Madrid, quienes aún intentan hacer que IU no muera del todo…).

Llevamos demasiado tiempo uniéndonos a la política burguesa para no afrontar el estado realmente calamitoso de algo que se pueda llamar política proletaria. Nos engañamos intentando pensar que los éxitos de la política burguesa son nuestros. Pero al final, en lugar de haber tomado las riendas de nuestro futuro, simplemente nos dejamos dirigir por la cara más amable de la burguesía.

No merece discusión que los comunistas debemos buscar la unidad, pero sí merece mucha discusión el tipo de unidad que debemos buscar. En ningún caso debe ser una unidad que implique arrodillarse ante un proyecto reaccionario, un proyecto que pretenda poco más que limpiar la cara al capitalismo (incluso aunque se haga llamar «de izquierdas»). La unidad debe fortalecernos, no derrotarnos; por desgracia lo que se viene llamando Unidad Popular es poco más que el camino a que los comunistas seamos neutralizados ¡voluntariamente!

Cuando hablamos de no ser gallinas3 hablamos de tener una visión a medio y largo plazo, y no únicamente una visión cortoplacista (hasta la próxima huelga de estudiantes, conflicto sindical o elecciones…); hablamos de actuar pensando en las tareas que realmente nos están impidiendo avanzar de no cumplirse; hablamos de hacer el trabajo que marque el haber analizado la situación en la que nos encontramos los comunistas y la lucha que debemos desarrollar para salir de este pozo en el que estamos.

La primera unidad que los comunistas debemos conquistar no es la unidad con Podemos ni «popularmente» en otros proyectos electorales, la primera unidad a conquistar es la unidad entre los comunistas que se debe gestar en torno a la tarea de la reconstitución de un verdadero Partido Comunista.

Sin Partido Comunista (con todas las implicaciones políticas e ideológicas, no la mera organización formal), discutir la unidad electoral es olvidarse de que se es comunista para creer que podemos ser parte de los nuevos éxitos reformistas, es creer que realmente los comunistas pintamos algo en los cambios políticos en el Estado pos15M y no darnos cuenta de que están jugando con nosotros para terminar con nosotros.

Está bien soñar, pero pensar que la Unidad Popular tiene o va a tener algo «comunista» no es soñar, es padecer serias alucionaciones; mientras tanto, los sueños posibles quedan relegados al olvido: la Revolución Comunista.

(1)»Qué debe ser un joven comunista», Ernesto Guevara

(2)»Tareas de las Juventudes Comunistas» – Discurso en la I Sesión del III Congreso de Juventudes Comunistas de Rusia, Moscú – 2 de octubre de 1920, Lenin

(3)Adjunto de la octavilla, texto completo aquí.

EL 1 DE MAYO ES UN DÍA DE LUCHA

Hoy, en el 1 de mayo de 2015, conmemoramos la sangre que dos siglos de lucha de clases activa han derramado sobre la faz de la Tierra. Sangre de oprimidos con ansias de emancipación, que todavía se proyectan en el presente en nuestras manos, en las de los sectores del proletariado deseosos de realizar la revolución proletaria. Hoy no es día de fiesta, por mucho que el calendario de la burguesía lo indique. Hoy es día de combate y duelo, en especial, por los trabajadores de Chicago muertos en las huelgas de 1886, en una de las mayores masacres acontecidas en la ciudad yanki.

Una masacre que, en nuestro movimiento, se repitió también bajo la forma de una derrota momentánea, tanto en 1976 con la derrota de los maoístas chinos en la dirección del PCCh, como en 1991, tras la caída definitiva del bloque soviético.

Hoy el proletariado revolucionario está disperso y sin orientación, dando vueltas sin saber qué hacer y como reaccionar a una realidad que les supera. Apenas un par de focos combativos en India y Filipinas siguen abiertos y en lucha contra el capital.

Pero en el resto del mundo, la inacción de nuestra clase campa a sus anchas, estamos débiles, y los «partidos» (tres o cuatro en el Estado español: PCE, PCPE, PCOE, … con la nueva «adquisición» para el proletariado de PML(RC)) apenas llegan a representar a las masas a las que se supone que apelan, siendo Podemos quien da vela en este entierro, o directamente están vendidos al capital.

Sin embargo, hoy surge un nuevo movimiento en busca de una praxis renovada, que lucha por regenerar al proletariado, pugnando por reconstituirlo como sujeto revolucionario en forma de PC. Pero la reconstitución no avanza por sí sola, implica militancia activa. Por tanto, desde aquí llamamos a organizarse por la reconstitución, para así organizar de nuevo la revuelta, que de al traste de una vez con el capitalismo que nos explota y así honrar a todos los oprimidos de la historia aplastados por el capital.

¡Viva el día de los trabajadores!

¡Por la reconstitución del comunismo y el PC!

¡Proletarios del mundo, uníos!

21M, o la mecha espontaneísta que se agotará sin estallar

«La historia se repite dos veces: primero como tragedia, y después, como farsa.»

Karl Marx.

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El título y la cita que encabezan este artículo expresan, a nuestro juicio, bastante bien lo que ocurrió aquel día. Con la ilusoria intensidad del 22M en el recuerdo, varios miles de manifestantes acudieron a un intento de repetir lo sucedido aquella tarde del año anterior. Un momento, el 22M del 2014, que quizá tendríamos que considerar como punto álgido y comienzo del ocaso de un débil movimiento que tomó como símbolo identitario los acontecimientos del 15M y que hoy agoniza, reintegrándose en el orden del Estado burgués bajo las siglas del servilista partido de Pablo Iglesias, Podemos. Organización neonata dentro del parlamentarismo burgués y bastión del populismo de izquierda, que recientemente organizó y protagonizó las Marchas del Cambio, y que, aprovechando la crisis del ala derecha del MCE, ha desgarrado en dos a IU, fagocitando de paso a las envejecidas estructuras del PCE, con el abierto beneplácito y bajo los planes del oportunista Alberto Garzón.

Sin la convocatoria de los grandes sindicatos laborales como guardia y acicate de masas de esta farsa (en el sentido de la famosa frase de Marx antes citada), varias columnas a lo largo del Estado Español se desplazaron al caldero político central madrileño, repitiendo solemnemente su marcha hacia Colón. Pero este año con un número claramente menor de manifestantes, mucho más debilitado, sin llegar a abarrotar las calles como en el año pasado.

El ocaso de lo espontáneo

Tras la llegada de los manifestantes a Colón, se produjo la ya (tristemente) clásica sucesión de discursos de las diversas organizaciones en el stand principal de la manifestación. Desde allí, las organizaciones lanzaban mensajes preñados de falso triunfalismo y de la clásica retórica reformista, que, salvo alguna excepción (y de efecto nulo), eludían quién era el auténtico criminal que soterradamente les movilizaba a manifestarse. Ese criminal, cuyo nombre es casi tabú, es el Capital (bajo la forma de sus guardianes, la burguesía de todo pelaje, y principalmente la imperialista) en alianza con el Estado burgués que, violencia mediante, se afana en protegerlo y en conservar la continuidad de su circulación y reproducción bajo la esclavitud asalariada.

Entre los manifestantes se encontraban tanto miembros de las diversas siglas que plagan el Estado Español (tanto dentro del movimiento reformista como de nuestro movimiento) así como sectores de masas pertenecientes a colectivos antifascistas. Estas últimas, que pueblan nuestros barrios y bullen por revolucionarizarse (1), protagonizaron al anochecer los que fueron los instantes más tensos de la misma.

Alrededor de unos 17 manifestantes fueron detenidos en el violento y desesperante correcalles nocturno contra la policía (emboscada en todos los rincones y calles aledañas a las diversas inervaciones de la manifestación, habiendo prácticamente más policías que manifestantes) por el laberinto urbano, mostrando las limitaciones de esta clase de tentativas, y la más que probable frustración por el fracaso de los compañeros, tanto de los encarcelados como de los que están fuera (con los que nos solidarizamos desde el primer momento). Al igual que en el «Rodea el Congreso» del 25S de 2013 y sus repeticiones farsantes, al igual que el 22M, y al igual que en las manifestaciones en solidaridad con los presos del 21M y los que fueron encarcelados en la Operación Pandora, sufrieron la intensa opresión policial de la que suelen hacer gala. Sin contar además con un Estado en posición de alerta terrorista permanente (por el yihadismo y el movimiento anarquista) que los persigue y que no teme en mostrar las armas para amedrentar al más pintado.

¿Nos quedamos en la inacción? ¿Qué hacemos?

Sin embargo, los comunistas del Estado español hoy se preguntan, ¿si no podemos derribar al sistema que nos oprime con las formas de lucha existentes, qué tenemos que hacer? Pero esta pregunta no es simple contestarla.

Hoy podemos ver con claridad, aunque algunos estén obstinados a no reconocerlo, como un marco limitado de luchas parciales y espontáneas no es suficiente como política de emancipación. «Curiosamente», la burguesía y sus fuerzas del Estado siempre se encuentran AHÍ, aplastando sin miramientos a los oprimidos, al cuerpo social que parasitan. Aunque (de un modo muy loable) los sectores más avanzados del movimiento obrero espontáneo han llegado a superar los marcos de la legalidad burguesa en diversas ocasiones (la PAH y sus escraches, los movimientos antifascistas…), no lo han hecho con la suficiente consistencia, con la independencia política del proletariado necesaria, que sólo es capaz de brindarla el Partido Leninista de Nuevo Tipo.

La clase proletaria se encuentra en un momento histórico en el que es crucial una acción política de nuevo tipo y consciente, que rompa con las dinámicas de la lucha sindical, ya sea reformista o «de clase y combativa». Una práctica que no esté intensamente constreñida por el orden legal burgués y que eleve sistemáticamente a las masas hacia una posición de vanguardia comunista. Hoy es necesario reconstituir al sujeto revolucionario, al proletariado como clase en forma de PC, para poder abrir una nueva ofensiva contra el capital. Pero una práctica revolucionaria exige conocer, pues uno implica a su otro, teniendo siempre a la práctica como momento principal. Y a su vez, conocer implica el estudio, crítica y creación de la teoría revolucionaria, para abrir una nueva posibilidad de ejecución de una praxis comunista renovada. Pues la teoría debe basarse en el principio del «análisis concreto de la situación concreta» en el que tanto insistió Lenin. Y desde aquí, invitamos a todos a organizarse por el estudio y puesta en práctica de la teoría revolucionaria, creando espacios de debate, en los que tratar los temas concretos que planteen los diversos grupos de vanguardia teórica y teórico-práctica, y así conseguir forjar una teoría realmente eficaz para la realidad material en la que nos encontramos.

¡Por la reconstitucion del comunismo y del PC!

Notas:

(1) Muy notorio, aunque insuficiente, resulta el reciente paso dado por las masas estudiantiles de colectivos antifascistas en la creación en Madrid del «Concejo Estudiantil Independiente». Un movimiento estudiantil independiente del Sindicato de Estudiantes, que rompe con la lógica de los «bloques críticos», y que se muestra atrevido en su enfrentamiento con el reformismo patrio y en su propuesta de un «sindicalismo combativo», pero que, como traba, termina caminando sobre planteamientos similares.

Acomodarse a lo que hay para no hacer nada

Banderas, cánticos y consignas abrían el acto de lo que prometía ser una demostración de fuerza del “Partido Comunista”, aquel cuya militancia se despierta junto al trabajador en la fábrica, en las frías mañanas para estar a pie del cañón y luchar para resistir los envites de los patrones (!) contra la clase obrera en sus puestos de trabajo… sin advertir que, simplemente, sin plantear un verdadero proyecto revolucionario, activo y consciente, no están haciendo absolutamente nada, más allá de lanzar y quemar a su militancia a lo que ha habido siempre en este Estado en el ámbito de lucha y que se ha mostrado agotado. La lucha sindical espontánea, para la reproducción de sus condiciones de miseria.

El pasado día 24 de enero tuvo lugar en Madrid un mitin organizado por el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y los Colectivos de Jóvenes Comunistas (CJC), su órgano juvenil. El evento se desarrolló bajo la consigna “unificar luchas para conquistar victorias” y contó con la participación de varias personalidades que ofrecieron una “puesta al día” de los diferentes conflictos laborales y sindicales a nivel estatal.

Entre el público, era notable la numerosa presencia de jóvenes y adultas que en su mayoría provenían de la propia organización o de los CUO (Comités de Unidad Obrera) y FOPS (Frente Obrero Por el Socialismo). Sin embargo, como bien pudimos comprobar personalmente, algunas de ellas con nula o escasa idea previa del contenido y mensaje del evento al que iban a asistir.

Como no era de extrañar, lejos de dar un discurso revolucionario, por mucho “pique a quien le pique partido bolchevique” que se grite, las intervenciones de las distintas personalidades que tomaron parte en el acto estuvieron centradas en el mero sindicalismo, haciendo alardes de las supuestas “victorias” que habían obtenido tras meses y meses de lucha. Incluso, se han llegado a oír llamativas peroratas contra los políticos y sólo los políticos por parte de sus ponentes de las luchas parciales (lo cual apunta más a un discurso 15M que a un discurso propio de unas masas formadas al calor del que pretende ser el “PC”), y otras afirmando que sólo el sindicalismo y “la asamblea como órgano soberano de lucha” les llevará a la victoria… para poder mantener sus puestos de trabajo y sus salarios, sin ninguna trascendencia política en el enfrentamiento contra el Estado burgués más allá de lo inmediato. Evidentemente, cuando ese mismo ponente no se cansaba en afirmar que su lucha adquirió un carácter político, no estaba mintiendo. Las luchas económicas también pueden adquirir ese carácter, pero no un carácter político revolucionario de enfrentamiento entre el proletariado y la burguesía, asumiendo éste su deber histórico. Sólo tendrán carácter reformista en los marcos estrictamente económicos (digna de mención resulta su dicotomía economicista obrero-patrón, frente a la contradicción política proletariado-burguesía), bajo una conciencia obrera aburguesada y alienada (propia de la aristocracia obrera, que ellos no reconocen como existente, o de la pequeña burguesía), y que no aspira a destruir ni superar los marcos que producen y reproducen su miseria. ¡Incluso en medio de manifestaciones corrigen que se lucha contra el patrón mientras otros cantan contra la burguesía! Sin embargo, estamos de nuevo frente al común problema de una mala concepción de lo que significa ser comunista y desarrollar la revolución. Y es que las mejoras salariales, la paralización de los ERE, etc, no constituyen un logro para la emancipación proletaria. Las luchas parciales no nos llevan a destruir la condición de la explotación, si no a dar vueltas y vueltas sobre la misma sin saltar a un plano superior a través de la destrucción del capitalismo para poder crear un nuevo mundo bajo un nuevo modo de producción, el comunismo, en el que la explotación no sea posible. Evidentemente, esto es mejor que nada… si hablamos en abstracto y para lo más inmediato. Pero si lo que pretendemos es realizar la revolución y subvertir lo que hay, hablar de ella no puede quedar más que en palabrería. Esto puede terminar por quemar a las masas y hacer que terminen aceptando discursos muy peligrosos, como el discurso de los sectores fascistas de la sociedad.

Sin embargo, si se hubiese quedado en eso, en una mera reunión de líderes sindicales, el acto hubiese sido cuanto menos correcto. Sin embargo, hacia el final del mitin, Sócrates Fernández y Carmelo Suárez dieron la tonada con un discurso completamente alejado de lo que los líderes sindicales reflejaban (… o quizá no del todo). Para empezar, Sócrates Fernández, secretario general de los CJC, afirmó que estaban planteando un “ambicioso plan de formación de cuadros”. Teniendo en cuenta que ellos esperan a una crisis revolucionaria a raíz de la crisis económica, y que el Estado español está en plena salida de la misma, ¿no es un poco tarde para empezar a generar cuadros dirigentes? La cuestión de la formación de cuadros no es una cuestión táctica, ni puede ser supeditada a la táctica, es una cuestión de estrategia que se debe mantener de un modo permanente en función de las condiciones del momento (es decir, los contenidos de formación varían en función del desarrollo revolucionario, y hoy, en condiciones de reconstitución del PC y sin guerras a la vista, debe primar lo teórico frente a lo práctico, y hablamos de práctica revolucionaria). Diría Lenin: “¡Estudiar, estudiar, estudiar! Y asegurarse de que lo estudiado no quede en letra muerta”. Luego nos encontramos con un encendido discurso de Carmelo Suárez, el secretario general del PCPE, que pese a toda la palabrería revolucionaria, sobre lo subjetivo y la lucha ideológica contra la burguesía, no plantea (lo que resulta desesperante) absolutamente nada que no sea la eterna táctica de la acumulación de fuerzas pacífica en sus órganos sindicales en el marco del capitalismo. Como diría Rosa Luxemburgo contra Kautsky, y Lenin espiritualmente lo asumiría en la realización de Octubre, si van a esperar a que se produzcan las condiciones objetivas, esperarán siempre. Han salido de la “estrategia” frentepopulista para desarrollar otra igual de inoperante. Por tanto, hay que plantear una táctica-plan frente a la táctica-proceso, y trabajar las condiciones subjetivas, un PC que no existe. La acumulación de fuerzas (e incluso las luchas parciales de modo circunstancial y secundario) deben realizarse, claro está, pero entendida dentro de un proceso revolucionario activo en base a una práctica consciente que se enfrente al Estado por el poder político en base al Nuevo Poder, y no fuera del proceso, esperando a que una insurrección surja de la nada. Además, el propio partido llegó a autodenominarse “el Partido de la clase obrera”. Aquí, salta a la vista la errónea visión que tiene el PCPE sobre la noción del Partido Leninista de Nuevo Tipo, ya que éste es una relación social contradictoria entre la vanguardia y las masas en base a muy diversas mediaciones entre ellas. El PC es la fusión de la teoría revolucionaria y la práctica revolucionaria. Y si un partido (u organización) de vanguardia no es capaz de hacerse valer con su propia teoría sobre las masas para la realización de la revolución e ir más allá de una práctica sindical y promesas propias del cretinismo parlamentario que ya han sido ampliamente tratadas, no puede ser el PC por mucho que lo cante. Esta clase de errores es habitual en una organización que entiende el socialismo como un desarrollo sistemático de las fuerzas productivas, y no como una necesidad histórica que tiene la clase trabajadora para hacer frente al capitalismo.

Por si esto no fuera poco, el PCPE y los CJC no dejan de sorprendernos con su más que chocante folklorismo soviético. Lejos de concebir las manifestaciones de cultura como algo temporal, inherentes a la propia transformación dialéctica de la Historia, no faltaron ni las canciones populares ni los ya ampliamente conocidos desfiles de banderas. Su forma de entender nuestro pasado revolucionario se reduce a verlo como algo muerto que recordar, y no como algo vivo de lo que hay que estudiar y criticar para hallar lo mejor de él, y crear una nueva ofensiva revolucionaria.

Somos conscientes de los casos denunciados de machismo dentro de las CJC, y de la cantidad de militantes que han salido o están descontentas con la organización debido a este problema endémico. Uno de nuestros camaradas denunció la actitud machista de algunos de los militantes de las CJC que estaban en el acto, y sabemos que no es un caso aislado. Tenemos que reconocer que la vanguardia también es un aspecto que contiene contradicciones dentro de sí, y puede cometer errores. El problema es que no podemos separar mecánicamente el problema de la cuestión de la mujer y relegarlo a la llegada del socialismo, como el socialismo soviético clásico ha pretendido históricamente, que mágicamente todo eso desaparezca con la transformación económica. La vanguardia somos el sector avanzado de la clase obrera, su forma potencial futura, y si pretendemos serlo tenemos que combatir estos errores en nosotros mismos incluso ahora en los marcos del capitalismo, pues si no, podemos caer en el campo de la reacción. Resulta cuanto menos grave escuchar algunas de las denuncias, en las que se muestra claramente como las CJC y el PCPE no pretenden luchar contra los problemas de machismo en el seno de su organización.

Como conclusión, cabe señalar el gran homenaje que le rindieron a la tergiversación de la táctica revolucionaria marxista-leninista al enarbolar la bandera del unionismo abstracto sin crítica y autocrítica. Y es que el proletariado avanzado debe unirse, sí, pero bajo la lucha interna en torno a un Partido Revolucionario dirigido por la teoría de vanguardia, algo a lo que el PCPE no es capaz de responder. Esperamos lo mejor de su militancia de base, pero sus burócratas superiores demuestran cada vez más que no están por la labor de realizar la revolución.

¡Lenin ha muerto! ¡Viva Lenin!

A día de hoy el conjunto de MCE sigue vagando sin rumbo, dando vueltas sobre sí mismo, tropezando con su sombra y una vez más, sin ser capaz de ofrecer una alternativa revolucionaria real que rompa con los límites tanto del capitalismo como con el revisionismo conciliador. Ante esto, toda una serie de mujeres y hombres a lo largo del Estado español han dicho basta, se han rebelado para comenzar a organizarse en torno a un proyecto político que rompiera con las anteriores formas apolilladas y polvorientas de revisionismo que llevaron al así conocido fracaso del socialismo real, todavía tan presente en la mentalidad y la idiosincrasia de muchos autodenominados comunistas. Este proyecto, que abarca organizaciones de lo más dispares entre los que nosotros nos incluimos pretende, mediante el debate a través de la lucha de dos líneas y el principio maoísta de la unidad-lucha-unidad, servir como herramienta de reconstitución tanto política e ideológica de lo que en un futuro está llamado a ser el Partido Comunista del Estado español.

Es con esta intención y no otra que los camaradas de nuestro colectivo en Bilbao acudieron a la celebración del llamado Lenin Eguna, debido en parte a la rica experiencia que nos ha dado el debate con el ala izquierda del MLNV en nuestra breve historia y para ejercer la lucha de dos líneas, no de forma sistemática, con otros comunistas de Euskal Herria que sabíamos que acudirán a la cita.

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Nosotros partíamos con la firme posición de hacer entender a parte del público que acudió al evento que a día de hoy existen dos Lenin: un Lenin vivo (ese que criticó de la manera más severa al economicismo frente al modelo revolucionario del Partido de Nuevo Tipo, ese que se enfrentó sin miedo a todas esas corrientes revisionistas de su época: Kautsky, Rosa Luxemburgo, los izquierdistas de los años 20, etc…) y un Lenin muerto, que para desgracia del proletariado hace ya casi un siglo que dejó de existir.

Aun con todas las limitaciones de la experiencia soviética es imposible para el proletariado hacer la revolución sin Octubre, como es imposible para el mismo hacerla con éste. Debemos de una vez dejar de lado, si de verdad pretendemos buscar una alternativa revolucionaria, esa actitud idealista que pretende buscar en textos escritos hace 100 años las respuestas o las causas de ese pecado original que hizo que todo empezara a ir mal, a torcerse. Debemos en su lugar ofrecer toda nuestra capacidad para confrontar la realidad que nos rodea y de la que somos parte. Con la firme intención de revivir o, más concretamente, repetir al mejor Lenin, que los revisionistas no paran de acuchillar una y otra vez, acudimos al acto para llevar a cabo la lucha de dos líneas en torno al ala izquierda del MLNV, lo cual consideramos de vital importancia en la actual coyuntura política dentro del movimiento político de Euskal Herria, debido sobre todo al actual descontento general de gran parte de la militancia de base de SORTU, que ve cómo el potencial revolucionario que en su día pudo tener el Movimiento de Liberación Nacional Vasco se diluye en un proyecto claramente parlamentario.

Para nuestra enorme decepción y la de gran parte de los asistentes, los camaradas de Boltxe kolektiboa presentaron un proyecto contemplativo, que como quien mira un álbum de fotos se limita a observar el viraje del movimiento mientras se lamenta al acordarse de lo revolucionarios que fuimos en Euskal Herria durante los años 80. Entre otros muchos errores teóricos que ahora no procede analizar, los integrantes de Boltxe se negaban a confrontar abiertamente con SORTU ahora que las elecciones se hallan próximas. Además de negar o parecer obviar que lo que hizo que el proyecto revolucionario en Euskal Herria fracasara fue su heterogeneidad y priorizar el trabajo político más inmediato frente al análisis de la realidad y una dirección política independiente. Aunque muchos comunistas consecuentes tanto de Euskal Herria como del Estado Español conozcan ya esta pantomima, estos marxistas planteaban como causa, no única pero sí fundamental, la traición a un ideario original puro. Aquellos que traicionaron el legado de comunistas vascos consecuentes como lo fueron Txabi, Pertur o Argala, entre muchos otros, habrían dejado vía libre a la deriva reformista. Lo que los compañeros no ven, es que esta vía libre es constitutiva bajo el capitalismo, y que si se ha abierto camino, deberíamos mirar mejor qué pisamos, pues puede ser consecuencia, y afirmamos que lo es, de la falta de un proyecto político verdaderamente emancipatorio y comunista.

Si Lenin nos habló del poder en gran parte de su obra, sobre todo en el periodo de 1900 hasta 1907, nosotros defendimos el crear espacios de debate comunes para los comunistas y poder volver a constituir la única herramienta real que al proletariado le puede servir para tomar el poder, el Partido de Nuevo Tipo. Mas para ello va siendo hora de que dejemos de lado la marxología erudita ofuscada en hacer exégesis de textos sagrados y abogar por un marxismo militante, afirmativo. Debemos atacar tanto a quienes de los cuadros comunistas pretenden hacer tribunos de la plebe que señalen cada injusticia cometida contra las masas, reduciendo la tarea del transformador en la de sindicalista, como a quienes señalan la necesidad de cuadros teóricos y “políticos”, pero que en la práctica reducen toda su actividad al debate sobre puntualidades de una línea común. Esto conduce a reproducir esa conciencia de círculo que Lenin no se cansaría de criticar una y otra vez en su célebre “¿Qué hacer?”
Estableciendo un paralelismo con lo que está ocurriendo en el Estado Español, hace poco observamos cómo un elemento de esta línea se lamentaba diciendo que no puede romperse de momento con la limitación de seguir reproduciendo esa conciencia de círculo sin llevar la teoría revolucionaria a través de la lucha de dos líneas a múltiples elementos, debido al pequeño número de militantes con los que a día de hoy el ala izquierda comunista cuenta en el Estado español. Curioso paradigma, pues gente hay en abundancia, sobre todo ahora, tras la irrupción de PODEMOS en el panorama político actual. Pero no dejamos de lamentarnos porque nos falte gente para poder acometer nuestro proyecto en todo su potencial, evitando la tentación de reducir y empequeñecer cualquier política radical bajo las garras del historicismo más vulgar. ¿No será que con lo que los comunistas consecuentes a día de hoy no contamos es con cuadros capaces de llevar nuestra teoría, mediante la lucha de dos líneas, a esa vanguardia teórico-práctica que tanto se proclama en abstracto, como en ese suspiro de una criatura oprimida de la que Marx dijo ser la religión?

Si bien a día de hoy la principal desviación es la línea derechista en el conjunto del MCE, esto no supone de ninguna manera que esta desviación teoricista no deba ser combatida por nosotros, pues de no hacerlo solo estaríamos dando alas al liberalismo, a la vez que impedimos el avance de nuestro proyecto revolucionario a lo largo del panorama tanto nacional como internacional, frenando de la misma manera el empuje revolucionario de nuestro proyecto y dilatando de manera innecesaria la existencia del capitalismo como la hegemonía del derechismo más rancio, que a día de hoy en el Estado Español para todos tiene imagen y siglas.

Si queremos seguir avanzando en nuestras posiciones debemos en el presente fortalecer en el seno de nuestras organizaciones a nuestros camaradas, elevándolos a la categoría de auténticos revolucionarios, es decir, de cuadros. Haciendo de ellos no solo simples teóricos que gracias a su formación puedan ayudar a la reconstitución de la ideología revolucionaria, exprimiendo la mitad de su potencial. Tenemos que hacer de estos camaradas también auténticos guías políticos que puedan confrontar a la vanguardia teórica para así extender de esta manera mas y mas las redes e influencias de nuestro movimiento político y teórico.

«Marchamos en grupo compacto, asidos con fuerza de las manos, por un camino abrupto e intrincado. Estamos rodeados de enemigos por todas partes, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión adoptada con toda libertad, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, en la contigua charca, cuyos moradores nos reprochan desde el primer momento el habernos separado en un grupo independiente y elegido el camino de la lucha y nos el de la conciliación. Y de pronto, algunos de los nuestros empiezan a gritar: «¡vamos a esa charca!» Y cuando se les pone en vergüenza, replican: ¡ah, sí, señores, ustedes son libres no sólo de invitarnos, sino de ir a donde mejor les plazca, incluso a la charca; hasta creemos que su sitio de verdad se encuentra precisamente en ella, y estamos dispuestos ayudarles en lo que podamos para que se trasladen ustedes allí! ¡Pero, en ese caso, suelten nuestras manos, no se agarren a nosotros, ni envilezcan la gran palabra libertad, porque también nosotros somos «libres» para ir adonde queramos, libres para luchar no sólo contra la charca, sino incluso contra los que se desvían hacia ella!»

Afirmaba Brecht que “la victoria de la razón sólo puede ser la victoria de los que razonan”. Por ello, en una revolución, y más precisamente en la lucha por ella, no se participa. Ésta se organiza activamente o el significante Lenin no vale absolutamente nada.