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Primer paso por la Reconstitución: disolución del FRML

Hace algo más de 4 años que nació el FRML. A lo largo de este breve periodo de tiempo, algunos de los integrantes de este proyecto hemos empezado a comprender lo que significa realmente la militancia comunista hoy, mediante la lucha contra todo aquello que se nos ha opuesto en el duro camino, permitiéndonos crecer, con avances y retrocesos, con amigos y enemigos. Siempre con el ánimo de superar todo muro, toda piedra, todo escollo que la burguesía y el revisionismo nos impone en nuestros días a los revolucionarios.

La principal tarea hoy para todo comunista organizado debe ser la elaboración y aplicación de un Plan de Reconstitución del Partido Comunista (en nuestro caso, en el Estado Español) integrado en el marco de la comprensión del conjunto del Proceso Revolucionario, es decir, de una teoría de la Revolución. Dicha labor hace mucho que está de forma superficial entre nuestros planes; pero no con el carácter e importancia que hoy le otorgamos, no en los términos que hoy entendemos que ha de darse, no con la comprensión que hoy tenemos de qué significa efectivamente su elaboración, no inserto dentro de un plan sistemático que aborde el conjunto de las problemáticas que han de ser tratadas y superadas en el camino de la Revolución.

La profundización que al respecto de esta nueva perspectiva estratégica desde hace tiempo se lleva desarrollando en nuestra organización, nos ha permitido constatar que no existe tal Plan para el caso estatal, sobre la base de cuáles son los elementos que hay que tratar y cómo han de tratarse para que pueda hablarse efectivamente de Plan de Reconstitución. Pues solo desde lo concreto se puede valorar con perspectivas reales la superación de lo existente. Dicho análisis nos ha conducido, en consecuencia, a comprender en lo particular hasta qué punto la naturaleza ideológica, política y orgánica del FRML se presenta como antagónica ante esta insoslayable tarea.

El primer y principal plano para entender cuán lejos estaba el FRML de servir a la que, señalamos, es la obligación fundamental de los comunistas, es el ideológico. Sin una orientación concreta, que marque objetivos, «amigos y enemigos», prioridades y permita jerarquizar las tareas, es imposible un ejercicio de planificación y, por tanto, de realización de la Revolución. Todo lo que se desarrolle sin una claridad y una ligazón con unos elementos generales (para cualquier organización comunista del mundo) y particulares (para cualquier organización comunista en el Estado Español) del socialismo científico, supone viajar sin brújula ni mapa en un mar de incertidumbres, de desviaciones, de eclecticismo y, por ende, conlleva navegar hacia una derrota asegurada.

A partir de ahí, las demás mediaciones sobre las que se asienta la actividad de una organización (política y orgánica) no pueden sino verse arrastradas por tal carencia. Dando lugar a una producción ideológica desorganizada y desnortada; a un trabajo político sin bases firmes ni objetivos prefijados en el que prácticamente todo vale “si de alguna manera encaja con lo que hay que hacer”, siendo la determinación de «qué hay que hacer» radicalmente vaga; y a una realidad orgánica caduca que ha llegado a permitir la convivencia de «múltiples FRML». Así, si el rumbo no lo marca una orientación ideológica revolucionaria, clara y concreta, en forma de Plan Político sistemático y totalizador, no queda sino que el rumbo lo marquen los ajustes y desajustes de la burguesía y el revisionismo. No queda sino marchar a la zaga de los pasos de aquellos a quienes, se supone, intentamos combatir. La pretendida política revolucionaria se convierte en un chiste que le ríe las gracias al enemigo de turno o que como mucho le hace cosquillas. Pero que no marca los ritmos, que no se mueve sino en el estrecho margen que aquél le da en su camino. Y que, por tanto, no tiene camino propio.

En un primer momento, tras clarificar un mínimo los nuevos elementos, pensamos que algunos cambios internos harían posible un viraje como el que nos planteamos, pero a medida que ahondamos en ellos y los fuimos enfrentando con la realidad de la organización nos dimos cuenta de que esto no era posible. Las propias bases sobre las que estaba asentado el proyecto habían dado lugar a una realidad política con una identidad propia que no tenía esencialmente puntos comunes con la nueva perspectiva, la cual se levanta sobre una comprensión radicalmente distinta de la ideología, la política y la organización. Se trata del viejo debate: Reforma o Revolución.

Se nos presenta como absolutamente necesario hacer valer nuestra proyección de futuro, pero el FRML es un obstáculo en su camino. Es, pues, imprescindible la disolución de dicha entidad. Ahora, debemos organizarnos sobre la base clara de qué es lo que tenemos que hacer, de cuál es el siguiente paso: la elaboración del Plan de Reconstitución del Partido Comunista en el Estado español. Por tanto, no es el fin de un proceso, pues la lucha sigue siendo la misma, sino de una etapa dentro del mismo, que nos permite dar lugar a una realidad superadora.

Los objetivos, ritmos y tiempos que nos hemos marcado nos imponen unas dinámicas de trabajo determinadas y en la medida en que los resultados nos lo exijan y permitan, actuaremos en consecuencia dando a conocer nuestro proyecto.

Esto es todo lo que hoy debemos y podemos decir sobre la nueva senda que estamos empezando a recorrer, guiados por el mismo espíritu que nos lleva inspirando desde nuestro comienzo: el necesario triunfo de la Revolución Comunista.

[Editorial] Hilo Rojo – nº1

El Estado español ha transitado ya por las dinámicas de inserción en el régimen común de la burguesía occidental. Etapa que se vistió con el PSOE en el poder y la internacionalización de las multinacionales que antes restringían su actividad al ámbito del Estado (prácticamente todo el sector público y buena parte de las privadas). Todo ello con el complemento del apacible consenso post-Bretton Woods y el retroceso político-ideológico del comunismo. Con la generalización y consumación de la dinámica internacional de la globalización del capital monopolista español bajo el auspicio de Aznar, se coronan los intentos de la burguesía española por engrosar las filas en el concierto económico internacional imperialista.

Paralelamente a la globalización se origina un ascenso de movimientos de rechazo y de protesta en países occidentales-capitalistas, con eco en y como eco de movimiento de insubordinación en prácticamente el conjunto de territorios. Posteriormente, bajo la condensación de ciertos elementos programáticos más o menos sistematizados, entra en escena el 15M. En su forma de rechazo (al bipartidismo, sistema de financiación de partidos, corrupción, paro juvenil, etc.), quisiéralo o no, se incluía una vertiente propositiva respecto al funcionamiento estatal o al ordenamiento económico y jurídico (reforma  electoral, lucha contra la  corrupción, separación efectiva de los poderes públicos, creación de mecanismos de control ciudadano, etc.). Su carácter interclasista envuelto en el cariz generalista de sus proposiciones, su amplitud comunicativa y el protagonismo de la variable generacional hicieron concurrir a amplios estratos de la población. Pero, debido a la ausencia de porfía entre el programa del Comunismo (abanderado por un Partido Comunista) y el orden existente, el referente y el resultante de cualquier movimiento de masas ha de ser un programa burgués. En la actualidad, a pesar de la puesta en evidencia que supuso tal movimiento para las instituciones de representatividad burguesa, incluso bajo el inevitable carácter clasista de su programa, presenciamos el cierre de una ventana de oportunidad como movimiento de masas.

Podemos supo coagular muchos de los elementos programáticos y dotarlos de una plataforma político-organizativa. No hay traición, pero tampoco continuidad. La burguesía se ha desecho de una mecánica de alternancia: dos partidos y un movimiento social que no habla de política. Pero ha conseguido algo más importante para su recomposición y el afianzamiento de la estabilidad del campo social: la política ha pasado a transitar sus cauces naturales -el Estado burgués- y las masas tras ella -las correas políticas que las vinculan a los cauces naturales de la política-. A condición, eso sí, de cortar el hilo conductor de la protesta real para anudarlo fuera del espacio de influencia de la disidencia proletaria.

Es preciso retomar una máxima que ha de ser, aun viciada como lo estuvo por la herencia espontaneísta y movimentista del maoísmo, también el punto de partida de una nueva acometida proletaria: la confianza en las masas. No porque las masas, por sí mismas, vayan a ser sujeto de transformación social. Ante todo, confianza en la capacidad de la concepción del mundo proletaria para su desarrollo político como movimiento comunista, como Partido. Y, desde él, en la incorporación de las masas revolucionarias, de vanguardia, en la dimensión histórica de la lucha política por el Comunismo.

El escenario político burgués transita una situación excepcional. La calma en el mar del movimiento de masas y en la lucha económica -solo rota por eventos particulares como la lucha de los estibadores-, así como la confrontación interburguesa encuadrada en el ámbito programático, parecen anunciar una atmósfera sosegada.

¡Y una vez más… el sindicato!

Dentro de la situación política general del Estado español se encuadran también las actividades de los agentes sociales sindicales. Pero no nos centraremos en su papel de mediación obrera de la relación del capital, sino en la posición del MCEe en relación al mismo y a sus horizontes.

El sindicato pudo ser en otra época, la del movimiento obrero en ascenso, aquello que está en juego en la lucha entre burguesía y proletariado en el proceso de desencadenamiento de la revolución social.

Para la burguesía el sindicato era y debía mantenerse siendo un órgano integrado al capitalismo, un instrumento de presión sobre las masas obreras dentro del sistema existente. Reivindicaciones, presiones, negociación, todo ello participa perfectamente del orden capitalista y es utilizado por él para la regulación de la tasa de explotación y la pacificación de la conflictividad social.

Para el proletariado se trataba de transformar el sindicato, de hacerlo un instrumento de la voluntad de las masas obreras y de elaboración de su programa: un instrumento para tomar conciencia de la oposición antagónica entre esta voluntad y el estado capitalista. A su vez, para integrarlo en el proceso revolucionario bajo el todo único del partido.

En la actualidad el movimiento obrero está dividido. El sindicato no es ya un dispositivo del capital en abstracto, una vez ha vencido al proletariado en su seno y ha mitigado sus contradicciones internas. Los sindicatos han pasado a ser aparatos de encuadramiento en manos y al servicio de la aristocracia obrera. Y, debido a que la tarea principal de los comunistas en la actualidad pasa por hacer avanzar la lucha ideológica entre quienes se proponen la superación del régimen social actual frente al dominio burgués en el terreno de las ideas, el sindicato no puede ser un lugar para ello.

En tanto que la tarea histórica del proletariado es el comunismo, acabar con las clases y el estado, el sindicato no puede ser su epicentro. En el interior del sindicato no cabe lucha entre marxismo y otras corrientes del movimiento obrero. El desplazamiento del proletariado a posiciones ideológicas y políticas comunistas, y la consiguiente obtención de una magnitud social de su movimiento revolucionario, exigen que se desencadene desde lo que la clase del comunismo tiene hoy como medio para la continuidad organizada de la lucha comunista, su destacamento de vanguardia.

El sindicato es un instrumento en beneficio de unos «intereses inmediatos» que falsamente se hacen pasar por los del proletariado raso, que concurre en el sindicato únicamente como afiliado nominal, formal, sin participación efectiva en la vida sindical. Es precisamente el segmento y estrato social aristobrero el que dota de la poca vitalidad, impregnada hasta los pulmones de conservadurismo y celo corporativo, de la que goza hoy el sindicalismo.

Imponer el sindicato como la organización “natural”, la organización de “base” de los trabajadores, eso que va de soi, es la vía directa para hacer pasar por el rasero del proceso de reproducción de la fisionomía pactista y socialreformista del sindicato, vanguardia en apresar a la lucha de resistencia bajo el armazón estatal en tanto que agente social de derecho y grupo de interés, todo movimiento social. A esto se reduce el significado del nuevo descubrimiento, en materia de movilización, que creen haber realizado los sindicatos «alternativos» al buscar unirse con los movimientos sociales.

Marx señaló que “la burguesía no ve en el proletario más que al obrero”. El sindicalismo, que reproduce a su escala el pensar burgués, no ve en la clase obrera sino una categoría económica, una función del capital, capital variable y fuerza de trabajo. Cuando al sindicalista se le pregunta «¿puede ser la clase obrera hoy sujeto revolucionario?» la respuesta es: definamos primero a la clase obrera. No es, nos dirá, el clásico hombre blanco y trabajador industrial. La clase obrera es todo aquel que vende se fuerza de trabajo para sobrevivir. Y, como sobreañadido, se agregará que sí, que podría ser revolucionaria. Ni rastro del proletario, de la clase del comunismo, constituida por su lucha política. En Miseria de la filosofía leemos: «Mientras el proletariado no está aún lo suficientemente desarrollado para constituirse como clase; mientras, por consiguiente, la lucha misma del proletariado contra la burguesía no reviste todavía carácter político…». Es decir, su constitución como clase y el carácter político de su lucha convergen.

A día de hoy, «cuando las fuerzas productivas se han desarrollado en el seno de la propia burguesía hasta el grado de dejar entrever las condiciones materiales necesarias para la emancipación del proletariado y para la edificación de una sociedad nueva», cuando estalla el conflicto entre el desarrollo material de la producción y su forma social, las condiciones de su constitución son la existencia de su movimiento revolucionario organizado, del Partido Comunista, que dirija su actividad contra el metabolismo social del capital y, por tanto, contra sí misma como capital. El sociólogo nos hablará de las similitudes y diferencias de los obreros, de sus hábitos y costumbres. Pero no sabe nada de dos o más obreras, reunidas, discutiendo en torno al comunismo y haciendo de su política una realidad. La clase obrera como realidad política es una tarea más que un hecho.

El sindicalismo supone la abdicación política a dos niveles.

No se interesa por preguntar por los amigos y los enemigos de la revolución. Para el sindicalismo el enemigo es el patrón. No como resultado de una reflexión profunda. De hecho, en el terreno de las ideas no tiene por qué serlo. Buena parte del sindicalismo se reclama enemigo del capitalismo, lo que sea que eso signifique. Su enemigo es el patrón individual por el estrecho margen de actividad que le impone su estructuración práctica. Aunque se lo propusiera, no podría tener por enemigo al estado burgués y el sistema social moderno. Y si lo consiguiese habría dejado de ser sindicato. En la medida en que mantiene al proletariado, ya constituido tiempo ha en clase, en los confines de la lucha económica vuelta corporativa, eterniza el dominio de las condiciones de producción sobre los productores.

Como llegó a expresar genialmente el maoísmo francés, el sindicalismo no recoge el balance del fracaso de la Comuna de París, sus límites y exigencias, sino su fracaso mismo. La Comuna no atacó Versalles, no habló de desarrollar la guerra prolongada contra la burguesía. El sindicalismo, y los comunistas de retaguardia que lo avalan como medio de construcción de movimiento revolucionario, excluyen la discusión y solución, la elaboración de respuestas consecuentemente revolucionarias a los interrogantes de la revolución en nuestros días.

Para el marxismo el enemigo es la formación económico-social capitalista y todos sus baluartes de los que se vale en los distintos espacios de lucha. Para su combate requiere análisis, tareas y mediaciones propias. Pero… ¿cuál es su estado actual?

Los comunistas en nuestra realidad contemporánea

Merece la pena comprobar cuál es la situación política actual del movimiento obrero en el Estado. La lucha de clases comprende una contradicción entre los diferentes proyectos sociales de las clases que conforman la sociedad. Uno de los aspectos que debe evidenciarse en esta contradicción es el grado de afianzamiento de esta lucha por parte del proletariado y por parte de la burguesía, en otras palabras; qué clase está ganando esta guerra. La realidad desde hace bastantes años atrás se nos presenta como una derrota constante en las luchas obreras. Nuestra clase en la actualidad se está viendo despojada de una práctica ligada a una teoría revolucionaria, desde el fracaso de la conclusa ola revolucionaria el marxismo es para las grandes masas algo acabado, algo que no merece la pena recuperar y que no tiene nada que decir sobre política y transformación social.

Esta situación hace que la lucha económica y a corto plazo frente al burgués individual ponga la zancadilla a su lucha política como clase, para lo que requiere la realidad de su Partido con la toma de poder mediante el ejercicio de su dictadura revolucionaria como eje constitutivo. Y las razones del tropiezo son principalmente que las autodenominadas organizaciones comunistas están ahogadas en el seguidismo de este tipo práctica gremial. Lo que se traduce en: derrotas, derrotas y más derrotas.Y, más importante, ¡el derrota tras derrota no es seguido de un «hasta la victoria final»!

Teniendo en consideración la situación de conjunto nos preguntamos: ¿realmente, tenemos algo que celebrar? Cuando nos encontramos en el seno de una ininterrumpida guerra social, de una confrontación estratégica entre intereses históricos, debido a la forma antagónica que reviste la relación entre las clases poseedoras, la parte ociosa de la sociedad, y los desposeídos, todas nuestras acciones deben estar ligadas a la superación de esta división social clasista, es decir, a la conquista de la sociedad sin clases. No podemos caer en el error clásico del revisionismo de ver el 1º de mayo como un día de celebración, como si dispusiésemos de una tradición en la que un día cada 365 nos toque salir en bloque (¿bloque con quién? ¿para qué?) a reivindicar las prosaicas consignas de siempre. Tenemos que ensayar el 1º de mayo como un día, al igual que el resto, de lucha, y no de lucha sindical, sino de lucha revolucionaria, no de una lucha para mejorar parcialmente nuestra situación como clase, sino de lucha para acabar con las clases. Es por eso que publicamos hoy el primer número de nuestro órgano ideológico.

A fin de cuentas, camaradas, la mejor forma de recordar y continuar la lucha de todos aquellos caídos, a todas aquellas victorias y derrotas, es luchando en el presente por la abolición de la explotación en cualquiera de sus formas. ¡Ahí reside la genialidad histórica del proletariado! ¡Su lucha se encamina a acabar con todas las clases, incluso consigo mismo en tanto clase! ¡Ahí reside su potencial revolucionario! ¡Nada que perder, ni que celebrar, en el mundo creado a imagen y semejanza de la burguesía! ¡Todo por ganar en las filas de la revolución!

En la situación deplorable que nos encontramos las comunistas es palpable, y cualquier comunista sabe en mayor o menor medida que el comunismo pasa por sus horas bajas, que los casi 10 años de crisis no han provocado ningún tipo de incorporación masiva por parte del proletariado a la causa comunista. La ecuación clásica «crisis» igual a «revolución» queda superada por la fuerza de los hechos.Ante nuestra derrota no existe por parte del Movimiento Comunista una voluntad sincera de hacer autocrítica, es decir, de analizar el porqué de nuestro fracaso, histórico (en el pasado ciclo) y político (hoy).

Desde el movimiento solo vemos distintas formas de delegar responsabilidad. Se aniquila uno de los grandes principios del marxismo, el que establece que son las contradicciones internas las que hacen que entren en funcionamiento las contradicciones externas. Es decir, el principal problema no reside en que el proletariado no se incorpore, por h o por b, en masa al Movimiento Comunista, sino en que las comunistas no somos capaces de conquistarlo.

La línea que siguen la gran mayoría de las organizaciones comunistas está estrechamente ligada con las cuestiones por las que más se preocupan, con cómo jerarquizan sus prioridades. Salvo la honrosa excepción de alguna organizacion descaradamente revisionista, todas suelen coincidir, grosso modo, en que sus inquietudes pasan por la llegada al comunismo y por la revolución proletaria. No obstante, si a falta de pan, buenas son tortas, ¿cuáles son las tortas que le son buenas al revisionismo a falta de pan?

El ábanico de destacamentos comunistas que se proponen de manera inmediata la conquista de amplias masas es especialmente variopinto. De forma totalmente desesperada se observa la pretensión de lanzarse directamente a hegemonizar toda huelga o conflicto laboral, desde la premisa de que las comunistas han de estar siempre con las masas en lucha. La lógica subyacente es simple: la dirección táctica de la lucha dada es la única forma de hacer avanzar la posición estratégica del comunismo. Este es otro indicativo de la lógica desesperada, desnortada, que lleva a desestimar el análisis de la composición de clase y las posibilidades subjetivas de determinada lucha espontánea. Abjura de la exigencia de revolucionarizar a las masas, lo que exige que no sean las amplias masas y que tal proceso no se dé desde la dirección táctica sino desde la ideología.

Por otra parte, nos encontramos en 2017, bajo el signo del centenario de la histórica -una de las raras excepciones en las que la política deviene histórica- Revolución de Octubre. En mayor o menor medida, todas las organizaciones se apuntan en masa a la celebración de este acto, pero no bajo una voluntad de extraer las lecciones de la Revolución con sus existos y limitaciones, sino con el afán de aplaudir de forma acrítica y romántica, algo que no contribuye en absoluto a avanzar en la superación de la experiencia anterior. Al contrario, la oscurece en una fiesta de color rojo que reafirma el tropiezo comunista con la misma piedra. Por parte del polo más reformista del movimiento asisitmos a viejas cantinelas, al ensimismamiento por la política parlamentaria, es decir, a la búsqueda de una forma mejor, más efectiva, de gestión del estado del capital. Este sector, a pesar de que existen militantes honestos en su seno, está imbuido del oportunismo más procaz. Su falta de vergüenza es tal que llegan llamarse a sí mismos «representantes de la clase obrera en las instituciones». Precisamente el que la proclama de «representante» de la clase se realice sin formar parte de su movimiento revolucionario, ¡sin que éste exista!, es la prueba fehaciente de la poca seriedad con la que afrontan la construcción consciente del comunismo.

Perspectivas: las verdaderas tareas de los comunistas hoy

El abanico de perspectivas es variado y diverso en función de cada organización. Hoy en día, debido a la completa dispersión del movimiento obrero, podemos encontrarnos a muchos sectores que hablan de unidad, unidad y unidad de los movimientos de luchas parciales, de movimientos comunistas y de movimientos populares en general. Esto hace que gran parte de la militancia comunista se dedique a ir tras ellos, a su retaguardia, pregonando sus proclamas sin mayor horizonte. Debemos preguntarnos: ¿es positiva o negativa esa unión?

La revolución proletaria es un movimiento del conjunto de las amplias masas populares, bajo dirección obrera, en favor de su propia liberación y de la de toda la humanidad. Es un proceso histórico que aglutina a toda una clase en contra de otra, para lo que efectivamente la unidad proletaria es necesaria. El meollo reside en que no basta con reivindicar la unidad, como si ésta fuese la fórmula secreta, por fin descubierta, de los alquimistas para transformar el plomo de la lucha espontánea en el oro de la Revolución. Debemos tener meridiano que, cuando sea posible, será una unidad bajo unos principios firmes y con unos objetivos definidos, dando por supuesta la unión del movimiento y el punto de vista de clase, el desarrollo orgánico de la acción de Partido, una vez reconstituido.

Por otro lado, la crisis política burguesa siempre hace que dentro de sectores del movimiento vean en ésta una posibilidad de alinear al proletariado bajo su línea. Estos sectores abrazan la teoria de la desestabilización. Esta teoría establece que cuanta mayor incertidumbre política más alta es la probabilidad de intervención comunista, de unificación efectiva del movimiento. En definitiva, se regala la iniciativa política al enemigo de clase, definiendo la política comunista por su relación subalterna a las contradicciones interburguesas.

Entre comunistas debe incrementarse la producción y discusión de crítica revolucionaria. A día de hoy, el único discurso aceptable sobre la clase obrera es la autocrítica de la historia y del presente del movimiento obrero organizado. Solo cabe revolucionarizarlas desde los parámetros del Partido y para servir a su movimiento político.

Quienes consideramos la Reconstitución la tarea política principal que tenemos hoy los comunistas por delante, no hacemos referencia sino al hecho de elevar la conciencia del proletariado, pero elevarla al nivel del Partido Comunista, pues es el instrumento de su propia liberación: a la altura de la nueva situación histórica y las nuevas tareas de la lucha de clases.

El Partido Comunista no se debe entender como una sigla, ni como un mero grupo de comunistas que sostienen que quieren hacer la Revolución, ni si quiera como un grupo de comunistas que está supuestamente ligado a las masas.

El Partido no es una sigla, porque eso lo reduce a una mera denominación, a un simple nombre, en el mejor caso a simple organización, cuando lo que lo caracteriza es ante todo lo que bajo dicho nombre se construye. Siglas hay hoy decenas y muchas de ellas incluyen las palabras “partido comunista”. Pero a la vista está que la relación entre el proletariado y la Revolución dista de ser aquella en la que se podría pensar si el Partido proletario de nuevo tipo fuera hoy una realidad actuante. Las masas obreras están huérfanas de un horizonte al que caminar y de una herramienta que se lo permita. No reconocer hoy esto es errar de todo punto en el análisis más básico de la realidad social. Reconocerlo, es reconocer la inexistencia del Partido.

El Partido no es un grupo de comunistas, porque los comunistas lo son ante todo en relación al cumplimiento de su papel histórico como vanguardia, y si la realidad de las masas es la horfandad a la que antes hemos hecho referencia, huelga señalar que la vanguardia no está cumpliendo con su papel, no está actuando como tal. No reconocer hoy esto es errar de todo punto en el análisis del estado actual de los comunistas. Reconocerlo, es reconocer la inexistencia del Partido.

Pero el Partido tampoco es un grupo de comunistas “ligado” orgánicamente a las masas, pues dicha ligazon no se puede reducir a “defender sus intereses sindicales” (escribiendo un comunicado de apoyo a tal o cual lucha, acompañándolas en sus huelgas o manifestaciones o incluso creando sindicatos desde las supuestas siglas comunistas). Los comunistas que hoy están ligados a las masas lo están o bien en relación al sindicalismo o bien en relación al parlamentarismo (o a ambas). Es decir, que la relación que se da entre las masas y los comunistas no es una relación revolucionaria, esto es, que dicha ligazon no se da con una perspectiva comunista constatable en el pensar, el hacer y el organizarse de las masas -sus vínculos ideológicos y políticos en movimiento hacia el comunismo-. Sino que simplemente se limitan a secundar las luchas de las masas desde el  marco que el propio capitalismo ofrece. Una lucha para la cual las masas no necesitan comunistas (1), ¡elaboran jefes de barricada y estructuras organizativas nada desdeñables por sí mismas! Sin embargo… para su lucha comunista, revolucionaria, ¡son como agua de mayo, nadie más apropiado ni más imprescindible! ¡Y es para asumir esta impostergable tarea precisamente para la que las comunistas no están dispuestas a dejarse la piel! Esto es así y décadas de práctica reiterativa en esta dirección confirman que la relación que de facto se desarrolla entre tales comunistas y las masas no tiene nada que ver con aquella en la que cabría pensar si el Partido Comunista estuviera vertebrando la acción de la clase en relación al resto de clases.

Porque… ¿cuáles son los resultados que ha dado esta política? ¿Acaso las masas hoy están más cerca que hace, por ejemplo, 20 años, de la Revolución? Desde luego, nadie en su sano juicio podría afirmar esto. De hecho, las masas se encuentran hoy más atrasadas, más descactivadas, más ligadas a las posiciones de la burguesía, más atomizadas y más enfrentadas que hace 20 años. Entonces, ¿de qué sirve esa línea que algunos supuestos comunistas se empeñan en mantener fracaso tras fracaso? ¿hasta cuándo nuestra clase va a seguir sufriendo la impotencia de aquellos que en nombre de “ligarse a las masas” se dedican a denfender el reformismo más abierto? Ligarse a las masas es una necesidad, la cuestión es que en lo que a día de hoy se ha concretado, bajo la línea del conjunto del revisionismo, no ha conducido a las mismas más que al estrepitoso fracaso y a los comunistas al más oscuro olvido. No reconocer hoy esto es errar de todo punto en el análisis actual de la relación entre los comunistas y las masas. Reconocerlo, es reconocer la inexistencia del Partido.

Entonces, ¿qué es el Partido Comunista?

Nosotras, entendemos que el Partido Comunista es el vínculo ideológico, político y organizativo indisoluble  del proletariado con sus tareas históricas como clase revolucionaria. Hace entrar a la política en el curso de la historia.

Y es en esa relación donde juegan un papel determinante las comunistas, la vanguardia. Pues son ellas quienes posibilitan la existencia y desarrollo de dicha ligazón a modo de relación social que construye efectivamente un proceso revolucionario encaminado hacia una sociedad comunista.

Las masas por sí solas no caminan hacia el comunismo, aunque sea su aspiración más profunda. Precisan de la dirección de aquellas que son conscientes de que la tarea del proletariado es la Revolución. Y dicha consciencia se concreta en que la vanguardia se ponga al servicio más absoluto del proletariado, esto es, que entregue todos sus esfuerzos a la toma de consciencia de la clase obrera de su papel histórico. Ante todo de las dificultades para desempeñarlo: es preciso poner sobre la mesa que la ideología no viene dada, que la política es inexistente y la organización artesanal.

El revisionismo de todo tipo ha reducido el marxismo a un método de análisis. Marx desentrañó los secretos de la sociedad moderna, ¡nada que ver con los communards, los bolcheviques, los guardias rojos…! A lo sumo, hacen de la política comunista algo que se reduce a y se agota en el antagonismo. Pero el punto de vista de clase que dirige la política no es una herramienta táctica en la lucha de clases, un instrumento que se extenúe en el combate contra el poder estatal burgués en todas sus formas. La política marxista es la materialidad del proceso de emancipación humana.Y se define no por un contra, sino por su relación positiva de edificación, del lado de la clase obrera revolucionaria y de las amplias masas, de las formas proletarias de ejercicio la dictadura de clase, como avance del modo de vida comunista, embrión y base de apoyo de la sociedad sin clases.

Para ello, lo cual es hoy tarea y no realidad, deben establecerse los ejes definitorios de la identidad política del proletariado. Estos ejes son orgánicamente correlativos, y avanzan de la mano cuando la contradicción proletariado / burguesía es asumida conscientemente por el primero. En primer término, la relación de la clase consigo misma, su unidad como movimiento revolucionario en la lucha de clases bajo la forma partido de nuevo tipo. Relación, asimismo, con las masas populares de las que el partido es núcleo dirigente desde la movilización política que posibilita el Programa. Y, en último término, relación política antagonista con su enemigo de clase, la burguesía y su viejo estado, la cual es una realidad desde el momento mismo de reconstitución del partido.

El camino es largo, pero conocerlo y comenzar a andar en la dirección correcta no es simplemente el primer paso en el escarpado camino de la Revolución, sino que nos sitúa en un punto de partida radicalmente distinto al que llevamos anclados los comunistas desde hace varias décadas, supone avanzar el grueso del recorrido del mismo.

¡Hacer de los interrogantes de la revolución el orden del día de las comunistas!
¡Viva la política marxista!
¡Por la reconstitución del Partido Comunista!

(1) No debe extraerse de aquí la errada idea de que los cuadros comunistas solo deben capacitarse en labores ajenas al funcionar de la esponteneidad de las masas. Muy al contrario, para nosotras solo merece el calificativo de cuadro de vanguardia el camarada que se ha capacitado omnímodamente para ejercer cualquier tarea que la revolución requiera. Las masas ciertamente no precisan comunistas en su espontaneidad, pero los comunistas sí precisan tener la capacidad de mediar en dicha espontaneidad: elevarla, dirigirla, transformarla.

Hilo Rojo – nº1

Hoy, Primero de Mayo, hemos decidido dar un paso más hacia adelante en nuestra determinación de cumplir con las tareas que las comunistas tenemos asignadas hoy.

Con ello anunciamos la apertura de Hilo Rojo, nuestro órgano de expresión ideológica, en el camino a la Reconstitución del Partido Comunista en el Estado español; así como la publicación del Editorial de su primer número.

Editorial de Hilo Rojo – nº1

Toda aquella persona que quiera recibir un ejemplar puede solicitarlo a las militantes de nuestra organización o escribiendo mediante el formulario de contacto de nuestra web.

El fracaso por bandera

Recientemente en el seno de nuestra organización se ha producido un episodio de lucha entre la línea burguesa y la línea revolucionaria, cerrado con la expulsión de algunos militantes de la misma. Pero la expulsión de una camarilla de revisionistas no finiquita el problema de su propia aparición como fenómeno organizativo, político e ideológico, sino que transforma los métodos de lucha desde un problema interno a un problema de orden público.

Como organización comunista que espera aprender de su propia experiencia pasada, el trabajo no ha terminado sino que acaba de empezar. El momento actual pasa por la comprensión de la naturaleza del problema en sus múltiples facetas y el desarrollo de un proceso que asegure que el error cometido no vuelva a desarrollarse.

Igualmente, queremos advertir al conjunto del movimiento de la posible mutabilidad de los rasgos de este grupo de oportunistas en términos políticos e ideológicos. Por nuestra parte se intentará hacer una caracterización de las posturas más avanzadas que han enunciado estos ex-militantes de nuestra organización, pero ya esta tarea mismamente resulta compleja. Cuando la naturaleza de unas posiciones son su abstracción y la ausencia de cohesión discursiva entre los renegados que mencionamos, su evolución resulta impredecible.

De la misma forma que les ha sobrado un plazo de dos semanas para participar de la elaboración de materiales expresando una postura y abanderar en reuniones la opuesta, no nos sorprendería que de aquí en adelante abanderasen cualquier tipo de discurso, de cualquier clase menos la proletaria y de cualquier escuela menos la del socialismo científico.

 

1- Forma y fondo

¿Qué proyecto?

La crítica revolucionaria es una herramienta de clase, es la expresión en la teoría de la posición proletaria en la lucha de clases. Pero en demasiadas ocasiones se ha confundido la crítica con la destrucción de palabra, con las acusaciones y con lo alegatos airados.

La crítica no es esencialmente la destrucción sino la construcción de una superación de lo dado, precisamente porque se propone dejar de ser solo crítica para devenir praxis. Si el proceso de construcción precisa de la destrucción de lo anterior será como momento subordinado. Este proceso se debe entender como «negación de la negación» frente a la mera «negación» que representan las críticas superficiales e inoperantes, el rechazo sin propuesta.

Rechazar algo puede ser el punto de partida de la construcción de su superación, pero la mera negación no es un proyecto válido (a no ser que el nihilismo o protonihilismo se considere proyecto). Es algo que de manera temporal puede unir a un grupo de personas e incluso hacerles pensar que están trabajando en la buena dirección, pero en su enfrentamiento a la transformación de la realidad su incapacidad se vuelve manifiesta en poco tiempo.

Es en este marco limitado de negatividad en el cual se ha desarrollado la polémica internamente, como la mera oposición a decisiones, críticas o trabajo… reflejo de ello han sido las varias reuniones que se han tenido y donde no se hizo presentación de ningún proyecto diferenciado o alguna propuesta superadora del proyecto existente.

Es más, incluso la idea que se propuso en el bloque fraccional de esperar a la convocatoria de una Conferencia para discutir en términos de principios las discrepancias fue algo descartado. Algo que es esperable cuando el enfrentamiento no se produce en el ámbito de las relaciones políticas ni de la lucha ideológica sino en el campo de las relaciones sociales burguesas (amigos, parejas, honor personal, etc…).

Incluso se llegó a manifestar en una reunión que no se iba a discutir sobre el contenido de una decisión sino sobre las formas de una decisión. Esto es no mero reflejo del caso particular de una reunión y una decisión sino la franca perspectiva de (ausencia de) crítica en general a todo lo que se ha rechazado.

La conclusión general del proceso es clara, cuando el leitmotiv son las formas, refleja que el contenido no es defendible. Efectivamente no lo fue en ninguno de los enfrentamientos más directos entre los renegados y los camaradas de la organización.

Entre bambalinas

Pero la ausencia de un proyecto, una propuesta o una simple perspectiva de futuro no era algo que se podían permitir si su intención era arrastrar más material humano a su lado. Era para ellos necesario aparentar lo que no existía, vender humo siendo directos.

En este proceso nos hemos encontrado con las más absurdas declaraciones al respecto de la teoría y la práctica, el marxismo, el leninismo, el Partido, el centralismo democrático, etc… una mezcla de ausencia de formación en el ABC del socialismo científico y una apertura a todo tipo de puntos de vista pequeñoburgueses son los elementos que conforman este discurso.

Pero nada de esto se ha intentado defender abiertamente, se ha escapado de hablar de ello, se ha evitado hablar de los temas cardinales abiertamente frente a quienes podrían dar respuesta. Incluso cuando las sandeces que se estaban diciendo llegaban a oídos nuestros se llegaba a afirmar que «se está manipulando», que «no se está diciendo eso» o que «no se les ha dejado explicarse».

Desde luego, si en las múltiples reuniones que se han tenido no han considerado relevante manifestar cuestiones como el replanteamiento de si son o no leninistas, entendemos que o bien lo consideran algo sin importancia o bien que además de ello primaba la incapacidad para entrar en cuestiones más profundas que la mera palabrería sobre las formas.

En privado, se permitían decir todo tipo de barbaridades a camaradas de la organización que seleccionaban por considerar más permeables a su basura pequeñoburguesa; mientras tanto, al resto se nos vendía una mera discusión sobre formas. Ahora nos toca entrar en el fondo de la cuestión, el cual se ha ignorado por interés oportunista para evitar valorar precisamente la crítica inicial a los que nucleaban la fracción.

Para nosotros el fondo es lo que reviste la mayor importancia, especialmente cuando se hace una apelación constante a las formas como argumento político, perspectiva únicamente válida para debates frívolos de tertulia en prime time. Como comunistas, en última instancia, todo responde a una posición de clase, a una posición reaccionaria o revolucionaria, y para deslindar campos hace falta ir al fondo de toda posición.

 

2- Lo político y lo personal

Hace tiempo que la consigna «lo personal es político» se ha introducido en el ámbito del marxismo, aún cuando su origen es el feminismo radical. Se trata de una de esas positivas incorporaciones de teorías no propiamente comunistas en el corpus teórico del socialismo científico. Pero una consigna no es un análisis totalizador, es algo limitado que cualquiera puede emplear cuando le plazca para lo que le plazca.

Como comunistas no podemos hacer otra cosa que afirmar la validez de la consigna, pero es propio centrar el significado de la misma en el ámbito que tratamos. No estamos aquí hablando del ámbito privado para denunciar comportamientos machistas en la intimidad de una relación de pareja, sino que estamos señalando las implicaciones políticas de las relaciones personales entre camaradas.

Lo que para nosotros es ahora de mayor importancia es esclarecer las implicaciones que tienen las cuestiones personales en las dinámicas de trabajo comunistas y el camino para neutralizar la ideología burguesa en este ámbito. Además, señalar las implicaciones políticas en el trabajo militante de la personalidad y la actitud como limitaciones propias del individuo.

Comunistas y sexualidad

¿Debemos los comunistas estar en contra de las relaciones personales? ¿Debemos limitar nuestro trato al trabajo político?

Son preguntas que no es la primera vez que nos planteamos como militantes, y las conclusiones deben ser claras, pero no como meras consignas sino como principio de vigilancia revolucionaria y autodisciplina.

Los comunistas no estamos en contra de las relaciones personales entre nosotros o con gente de fuera de nuestra esfera política, no estamos en contra de dotar a nuestro trato personal como camaradas de mayor contenido que el desarrollo de la política proletaria, pero lo que sí estamos es en contra de abrir las puertas a todo lo que implican estas afirmaciones en esta sociedad.

Las relaciones personales expresadas como algo «natural» son las relaciones que en esta sociedad se rigen bajo la ideología burguesa y los métodos de trabajo burgueses. No pueden existir otro tipo de «relaciones personales» si no se ha desarrollado la labor adecuada de lucha contra la perspectiva burguesa, pues todo el espacio que no es ocupado consciente y planificadamente por la visión del mundo proletaria, lo ocupa la visión del mundo de la burguesía.

No es sorprendente entonces que cuando en el seno de una organización se da rienda suelta al desarrollo de relaciones personales sin contraponer la crítica al amiguismo de manera constante, lo que efectivamente se desarrolle sea este amiguismo. No es sorprendente entonces señalar cómo a una camarilla de renegados les mueve antes el «trato personal», la «confianza», etc… que los criterios políticos e ideológicos.

Algunos de estos renegados se sorprendían de que se señalase esto, que se señalasen las relaciones de pareja, las amistades, etc… como factor que les estaba llevando a juntarse para «desarrollar una crítica». ¿Qué les unía de lo contrario? Sus responsabilidades en la organización no tenían relación, su conocimiento de la problemática era dispar… no les unía una crítica (política/ideología) sino la intención de hacer una crítica (respuesta a otra crítica tomada como un ataque personal).

Cuando se une para llegar a concretar una crítica, incluso varía el contenido de la misma en función de la coyuntura, lo que une no puede ser la crítica misma. Pero incluso aceptando que de manera espontánea estaban de acuerdo en la necesidad de hacer una crítica por motivos que no fueran el reflejo de su trastocado orden de prioridades, ¿dónde está esa crítica? Para divagar en los campos de la pequeña burguesía, el utopismo, el adanismo y el practicismo en general… no hace falta ni concretar una crítica. ¿Quizá por eso aún hoy no hemos visto algo sistemático que no sea un cúmulo de lamentaciones sobre procedimientos orgánicos?

La lucha contra las limitaciones

Lenin hablaba de que cometer errores es humano, igual de humano que es el tener dificultades, limitaciones, tareas que se nos dan mejor y tareas que se nos dan peor… no se puede tratar a un militante como una máquina que todo lo puede asumir y todo lo va a hacer bien.

Partiendo de esto, hay dos posibles procesos: el militante puede superarse constantemente, adquirir una autodisciplina fuerte y conseguir cada vez hacer mejor su trabajo asumiendo sus errores; el militante puede acomodarse, tomar sus limitaciones como los límites de lo aspirable y «mientras sea monje, tocaré la campana».

Únicamente la superación constante es comunista, incluso cuando esa superación constante se expresa como permanecer firmes ante los nuevos retos y no un permanente aumento de la capacidad, pues superarse es también superar la crudeza y dureza de la militancia comunista, superar el desgaste constante de buscar transformar la sociedad.

Por otra parte, acomodarse es la muerte de cualquier revolucionario, es transformarse en un chiste, es fracasar antes de intentarlo o haber muerto en el intento. ¿Cómo puede un comunista acomodarse? Renegando. Nadie puede esperar que una tarea tan inmensa como cambiar el mundo permita la comodidad.

«Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.

Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose:

– ¡Ni me agradan, están tan verdes…!» Fábulas de Esopo

Pero no todos los renegados se quieren presentar como renegados, en nuestra organización ya hemos tenido que tratar con muchos oportunistas que han intentado esto mismo. Como ejemplo más reciente el de Guardia Revolucionaria (¿se sumarán estos nuevos renegados a los anteriores?). Pero si no se quieren presentar como renegados, tienen que presentarse como algo distinto, algo que se amolde a sus limitaciones y al mismo tiempo les presente como revolucionarios. ¡Lo primero es defender el honor propio!

Aquí llega la parte creativa, en la cual se encuadran los absurdos que también se mencionaron antes. Nos encontramos ante el proceso de cosmovisionización de las limitaciones personales, de la elaboración/reformulación de una «teoría revolucionaria» que se ajuste a lo que se es incapaz de hacer personalmente, que llevado al plano social refleja lo que como clase se es.

Entiéndase que aquí incapacidad no es algo objetivo, no se trata de ser incapaz de saltar 10 metros, se trata de no tener la voluntad de hacer algo. Es una limitación subjetiva. Empleamos el término incapacidad no como algo realmente imposible sino como lo que desde la perspectiva de quien hace este ejercicio de oportunismo se presenta como imposible (o como desagradable, a evitar o negativo).

El comportamiento fraccional

Llegados al punto en el cual nuestros renegados empiezan a dudar de su continuidad en un mismo proyecto, se plantea para ellos la necesidad de dejar de trabajar de facto en el proyecto. Estos elementos en la práctica hacía semanas que no eran parte de la organización, aunque su formalización como expulsados tardase algún tiempo más. Formar parte de un proyecto implica someterse a su funcionamiento, a su centralismo democrático, a su disciplina. De todo ello carecían estas personas que lejos de entenderse como parte de un proyecto, se veían a sí mismos como consentidores de las actividades. Una posición totalmente pasiva que únicamente se vuelve activa para oponerse a aquello que va contra sus personas en términos que ellos toman como personales (y no políticos).

Aunque estas gentes ahora rechazan «tantos análisis» y reclaman «más práctica», a nosotros nos sigue pareciendo importante ser comunistas y por lo tanto analizar la realidad transformándola. Esto que ellos han hecho no es algo nuevo, es la vieja política fraccional contra la cual lidiaron los bolcheviques en el proceso de su triunfo político e imposición de la línea revolucionaria. Lenin se expresa muy claramente en «Un paso adelante, dos pasos atrás» (aclaramos a nuestros amigos de la falta de análisis que no se trata de un libro sobre clases de bachata) sobre el funcionamiento reaccionario y los clamores vacíos contra el «burocratismo» cuando interesa:

«Está claro, me parece, que los clamores contra el famoso burocratismo no son más que un medio de encubrir el descontento por la composición de los organismos centrales, no son más que una hoja de parra que oculta una palabra solemnemente empeñada en el Congreso y a la que se ha faltado. ¡Eres un burócrata, porque has sido designado por el Congreso sin mi voluntad y contra ella! ¡Eres un formalista, porque te apoyas en las decisiones formales del Congreso, y no en mi consentimiento! ¡Obras de un modo brutalmente mecánico, porque te remites a la mayoría «mecánica» del Congreso del Partido y no prestas atención a mi deseo de ser cooptado! ¡Eres un autócrata, porque no quieres poner el poder en manos de la vieja tertulia de buenos compadres que defienden su «continuidad» de círculo con tanta mayor energía cuanto que le es más desagradable la desaprobación directa de ese mismo espíritu de círculo por parte del Congreso.»

Mientras no había esencialmente algo que fuera contra sus intereses, el centralismo democrático era algo asumido de palabra pero no puesto en práctica. El funcionamiento al unísono era solo una ilusión, acompañada de información reducida sobre su trabajo y su no-trabajo. Cuando se tomaron medidas para evitar los problemas que estaban generando en la organización unas formas de trabajo incompetentes, el asunto se tornó algo personal. ¡Estás manchando mi honor! ¡A mi me tienen en un pedestal por lo mucho que trabajo!

De la noche a la mañana, camaradas a quienes nuestros renegados reconocían en su duro trabajo, se habían vuelto unos «gilipollas», con «actitud deleznable», precisamente por atentar contra la comodidad en la que se encontraban. Cuestiones con las cuales se estaba de acuerdo hace unos meses, tanto como para escribirlas en publicaciones de la organización, ahora se ponían en duda. Elementos fundamentales del socialismo científico se tendrían que «ver en la práctica» si ellos eran base para criticarles y señalarles como lo que son. ¡Todo vale contra estas gentes que no me permiten ser lo que quiero ser!

¡Queremos hacer una crítica! Magnífico, los comunistas siempre debemos estar en disposición de criticar aquello injusto en perspectivas de avanzar, pensando en el beneficio colectivo. ¿Casualmente les apetece a ustedes hacer una crítica cuando se han tomado medidas en contra de su comodidad? ¡Sospechoso!

¡Queremos hablar con más gente para hacer esa crítica! ¿Es que acaso son ustedes incapaces de elaborar esa crítica? ¿O es que su intención es otra distinta de la superación de algún error?

Cuando uno busca primero conformar un grupo de afinidad y luego «elabora una crítica», no está pretendiendo otra cosa que no sea conformar una camarilla, ejercer presión para imponer su punto de vista y conformarse como fracción. Si hay una crítica justa, se puede defender; si no la hay, el motivo de que alguien te apoye en una contienda debe ser de otra índole. ¿Es sorprendente ahora que este grupo de personas integre a varias parejas, ex-parejas, relaciones familiares y amistades? ¿Qué es lo principal, la crítica revolucionaria o una contienda personal de aquellas personas que consideran dañada su buena imagen como genuinos comunistas?

Lenin continúa:

«Quisieron convencerle [al Partido] por la negativa de un sector del Partido a trabajar bajo la dirección de los odiados organismos centrales. Pero ningún organismo central de ningún partido del mundo podrá demostrar que es capaz de dirigir a personas que no quieran someterse a la dirección. No someterse a la dirección de los organismos centrales equivale a una negativa a seguir en el Partido, equivale a deshacer el Partido, no es una medida de persuasión, sino una medida de destrucción.»

¿Quieren ustedes hacer «otra cosa» con su vida que no sea la Revolución? ¿Buscan otro proyecto distinto que sea «realmente comunista»? Perfecto, tienen la puerta abierta para irse a donde les plazca, de hacer lo que consideren y abanderar lo que más placer les produzca dentro de su perspectiva pequeñoburguesa hedonista. Pero dejen ya la charlatanería despechada sobre lo «mal que se les ha tratado», sobre los «errados métodos» cuando se ha luchado contra el fraccionalismo y sobre el resto de ingeniosas sandeces en las cuales invierten el tiempo en lugar de habernos aclarado a todos lo que realmente proponen.

Se les llena la boca de acusaciones que no tienen que defender, que meramente tienen que encontrar a quien confíe en que ustedes tienen razón. Pero incluso ustedes se engañan, ni los que les acompañan están seguros de eso que dicen, ¿pero acaso ustedes mismos se lo creen? Burocratismo, paternalismo, unilateralidad, dogmatismo, teoricismo, amenazas… y así podrían seguir tomando ideas de los clásicos del marxismo para conformar su discurso. Mientras se practica el trabajo fraccional, mientras se trata con gente externa problemas de la organización buscando apoyos (bastante endebles) y filtrando información según se considera, se reclaman cuentas al resto. Haz lo que bien digo y lo que mal hago.

Acusar es muy fácil, demostrarlo argumentadamente y someterlo en tiempo y forma a la posibilidad de respuesta no tanto. ¿O de qué manera se puede calificar a la intención de cortar las intervenciones de otros camaradas en una reunión? ¿O de pretender ignorar esas intervenciones y su contenido haciendo un reduccionismo psicologista del discurso? ¿De predisposición a la lucha ideológica? ¡Dejen de hacer el ridículo y busquen otro entretenimiento mejor!

Todas las acusaciones han sido ya desmontadas dentro de la organización, y esto los fraccionalistas lo saben de sobra. Su discurso no deja de saltar de tema en tema, de escapar de todo aquello que un rato antes abanderaban y se les ha tirado abajo con la fuerza de la crítica revolucionaria. Pero el problema no lo tienen con nosotros, están escapando de sus propias contradicciones, que van a terminar por aflorar tarde o temprano. Su cabezonería lo único que va a hacer es posponer el momento en el cual terminen por rectificar o terminar abiertamente de renegar.

 

3- «Más práctica, menos análisis»

Pero entremos de lleno en el grueso de esta nueva teorización que nos ofrecen estas personas expulsadas de nuestra organización, o mejor dicho, vamos a hacer el mejor intento posible por comprender lo que proponen. Nos gustaría que una confrontación tan grande, antagónica de todo punto, se hubiera -por parte de los expulsados- expresado en algún material mínimamente sistemático para poder hacer una valoración de sus propuestas. ¡Nuestro gozo en un pozo!

Lo cierto es que, ni cuando se intentó llevar la polémica a cauces que hiciesen de la confrontación de principios el elemento cardinal, se dignaron estas personas a mostrar sus ideas abiertamente. En la última reunión de la cual fueron partícipes como miembros de la organización se propuso precisamente sistematizar la «crítica» por escrito, algo que se negó de facto por parte de uno de los jefes fraccionales con que «tenía exámenes» (aparentemente para contar milongas sobre la «política tóxica» sí tenía tiempo… ¿quizá es lo único que funcionaba para intentar tirar de gente?).

La perspectiva nunca fue plantear un debate constructivo, literalmente este mismo jefe renegado manifestó en privado «Está claro que ninguna de nosotras quiere dejar a camaradas tan válidas atrás, y hay que hacer todo lo posible por conseguir que vengan con nosotras, pero dilatar este proceso más allá del domingo creo que solo socaba el salirnos con la fuerza que ahora tenemos».

Sabían que el tiempo jugaba en su contra, el tiempo significaba que la demagogia se acababa, que las mentiras tenían un fin y que no se iba a permitir el juego sucio sin responder. Lo suyo era una carrera desesperada por ver a quién más se podía engañar con una «crítica» que es reflejo de lo que ellos mismos son: una unión de intereses burgueses, sazonada con diversas ideas que aparentan ser comunistas.

Vamos a ver algunos ejemplos, que consideramos que son ilustrativos.

No somos practicistas, pero hay que hacer practicismo

Transcribimos literalmente una nota de voz de uno de los renegados, en este caso ex-miembro del colectivo de Sevilla. En él responde a otra persona de este mismo colectivo que discrepa con algunas cosas que están defendiendo los expulsados:

«Yo estoy de acuerdo contigo y creo que… Igual, vamos, no creo que nadie hubiera dicho lanzarse a un sindicalismo por sindicalismo sino simplemente… Que… Que ya basta de… Balances, balances y balances absurdos cuando no hay trabajo real.

Que lo que tenemos que empezar a hacer un trabajo real, además en el F siempre se nos ha vendido la moto… De qué íbamos hace? una teoría cuando… Que la teoría la hacemos conforme nuestra práctica, yo creo que eso es lo que hay que entender y creo que en realidad lo que tú has querido decir, ¿no?.

Entonces no es sólo una cosa o la otra, pero es que para poder sistematizar… Eh…. Una teoría actual es que hace falta… Conocer la realidad y salir de nuestra casa. Y creo que eso es lo que hay que tomar como primero. Y evidentemente no hay que lanzarse a hacer cosas sin pensar… Eh… Sin pensaba me refiero… Sin en buscarle luego un sentido ¿sabes? Sino simplemente por hacer… vamos, no creo que nadie diga eso.

Y yo qué se…

En realidad yo creo que todos estamos de acuerdo con eso, lo que criticamos bastante fue el hecho de eso, de analizar demasiado las cosas, de hacer demasiados balances, demasiados textos, cuando luego el trabajo real es mínimo.

Y que hay que empezar haciendo un trabajo real, que teoría ya hay mucha, ya Lenin, Marx, han sistematizado mucha teoría pero sistematizaron pa su tiempo. ¿Sabes? Y de manera general, ahora lo que nos toca es concretar la realidad, un trabajo y en base a eso podremos hablar, podremos sistematiza… Cosas. Pero si no tenemos nada pues no podemos hacer nada»

En realidad sí que se ha propuesto ese practicismo que tanto niegan portar por bandera (el practicismo no es meramente sindicalismo, el sindicalismo es una forma determinada), cuando literalmente se llama a «ir a la PAH» (¿con qué objetivo?) y cuando despojan al balance de toda su esencia.

El Balance, como nuestro liquidador pretende desconocer, no tiene un carácter mecánico, sino dialéctico. Es decir, no supone meramente el estudio de las experiencias históricas revolucionarias, extrayendo de ellas las consecuentes lecciones y aportes universales, sino que va más allá, es algo constante -en tanto que diario- en la vida militante de una comunista, pudiendo así identificar los errores y aciertos de la propia práctica política (y social). Esto resulta fundamental para corregir, durante el mismo proceso -o trabajo- los errores cometidos y transformarse a la par que se desarrollan los cambios en la realidad existente, suponiendo un avance y una elevación cualitativa gradual. Así pues, el Balance debe producirse, necesariamente, de forma paralela al propio «trabajo real» y no como algo posterior a este. Pero esto no es todo, aparentemente estudiar el pasado y la propia práctica que la organización ha desarrollado y desarrolla son «balances absurdos». En cambio podemos contraponer un «trabajo real» (¿qué caracteriza la realidad de ese trabajo, el hacerlo fuera de casa?), que esencialmente se trata de los puntos comunes del revisionismo clásico.

Pero va más allá este renegado, se atreve a hablar de la forma en la cual hay que desarrollar la teoría revolucionaria. Dice «la teoría la hacemos conforme a nuestra práctica», ¡brillante! ¿Qué práctica produce qué teoría? ¡Eso ya no se atreve a determinar! De la misma forma que no se atrevía a responder a si seguían considerando al Partido Comunista la mediación necesaria en un proceso revolucionario comunista. ¿Es que quizá aún no han ido a suficientes manifestaciones para tenerlo claro? ¿Es que prefieren tenerlo claro intentando parar un desahucio? ¿O quizá impidiendo una charla reaccionaria en la Universidad?

Lo suyo es una reducción al absurdo de la relación entre teoría y práctica desde un punto de vista comunista. No se trata de realizar una práctica general para obtener una teoría general, se trata de análisis concreto de la situación concreta. De la misma forma que la organización decidió acercarse a la realidad de un sector profundo de las masas proletarias, estudia otros problemas sin hacer llamamientos a un «trabajo real» que no es más que fraseología barata para vender un practicismo nada novedoso.

No nos parece equiparable hacer un análisis de clases del Estado Español, a hacer un balance de la historia del MCE; no nos parece equiparable la necesaria capacitación política de nuestros cuadros, a la adquisición de una cosmovisión teóricamente sólida del papel de un militante comunista. Disolver las diferentes formas de abordar problemas diferentes en un clamor general a la «práctica», a «conocer la realidad», etc… es hacer un llamamiento esencialmente al practicismo, que es lo único que se puede hacer abordando el problema de tal forma. Una práctica revolucionaria únicamente se puede basar en el análisis concreto de la realidad concreta, en esto no se pronuncia esta persona.

Tampoco se trata de hacer lo que se sugiere como contrapunto al practicismo, «buscarle luego un sentido». No se trata de tirarse a la piscina sin hacer análisis (recordemos los balances absurdos) y luego buscar una racionalización de lo que se ha hecho o buscar una justificación a la acción. No se trata de un atentado sobre el cual luego decidir o no reclamar la autoría. ¡Lo que critican es analizar demasiado las cosas! ¡Lo que falta es hacer más práctica!

Pero lo mejor llega cuando se atreve a hablar de los clásicos y su papel en todo esto… ¡Marx y Lenin ya han sistematizado mucha teoría! ¿Quizá hicieron eso porque no se limitaron a hacer practicismo junto al resto de no-comunistas? ¿Quizá hicieron eso en base a analizar profundamente la realidad? Bochornosas afirmaciones… ¡Ahora toca hacer trabajo y ya luego podremos hablar!

¿Pero es que se nos quiere vender que el socialismo científico es el mero resultado de una serie de experiencias puntuales a las que luego «se les busca sentido»? ¿Es que se pretende de un plumazo ignorar la inmensísima labor multidisciplinar que desarrollaron precisamente Marx y Lenin para poder llegar a proponer algo justo como base de un movimiento emancipatorio en su realidad concreta? ¿O es que «eso ya está hecho»? ¿Qué nos falta entonces?

¡Y esta es la manifestación más sistemática de su visión de la teoría y la práctica! De aquí en adelante, cuando se reniega del socialismo científico, lo único que queda es utopismo. Veamos alguna muestra…

Las tareas están… ahí fuera

De nuevo, veamos una transcripción literal de algunos fragmentos de una reunión más larga. Que de entrada quede claro que no existe «contexto» del cual sea posible sacar esto como para que originalmente tuviera un sentido comunista, a no ser que un chiste fuera lo que estaban haciendo como propuesta política. En esta ocasión se trata de un ex-miembro del colectivo de Madrid y uno de los jefecillos de la fracción:

«Pero lo primero que hay que hacer es romper con nuestra concepción de la política, y luego salir ahí fuera y empezar a conocer. Que puede sonar un poco empirista pero es lo único que tenemos, dejarnos de tanto análisis, análisis y análisis porque realmente, en el momento en que veamos los verdaderos focos de lucha, en el momento en que veamos las brechas del sistema en la calle, en ese momento tendremos clarísimo lo que hay que hacer. Lo que pasa es que parece que nos da miedo, miedo a asumir las tareas que tenemos como comunistas y es mucho más fácil y mucho más cómodo quedarnos en nuestros análisis, y quedarnos en nuestro estudio desde casa, porque al final este estudio será para otro día dar otro estudio, y otro estudio, y así no llegamos a nada, y acabaremos claudicando, como han claudicado tantas organizaciones antes que nosotros»

Sí, quizá suena empirista, parece empirista y huele a empirismo… porque es empirismo, porque sólo puede llevar a un trabajo practicista. ¡No se sorprenda de que suene a lo que es!

¿Pero acaso pretender encontrar una respuesta política revolucionaria en una manifestación de la lucha de clases sin perspectivas comunistas es empirista? Sí, es empirista.

¿Pero acaso dejarnos de «análisis, análisis y análisis» no es el camino directo a rebajar nuestra perspectiva como comunistas al nivel de la lucha espontánea? Sí, es rebajar el nivel.

¿Pero no es un absurdo responder al teoricismo académico que ni puede ni quiere concretar una política revolucionaria con una práctica ciega que pretende ver la luz «en la lucha»? Sí, y además es una respuesta más emotiva que consciente.

¿Pero no han claudicado en la historia del Movimiento Comunista del Estado español muchas más organizaciones por quemarse en una práctica ciega que por hacer «demasiados análisis»? Sí, y además en nombre de la práctica ahora mismo están claudicando ellos.

Pero veamos más del mismo individuo:

«[…] es que creo que precisamente hay que romper con todo lo que somos, y hay que empezar a construir teoría revolucionaria, y un proyecto revolucionario no desde arriba, no desde el legado teórico histórico, sino desde lo que tenemos ahora para trabajar. ¿Por qué no se define una línea de masas, coño? Porque intentamos adaptar nuestros esquemas, intentamos adaptar nuestras premisas a lo que existe, sin ir a lo que existe y construir después, efectivamente, sobre la lucha de clases del EE un verdadero proyecto revolucionario»

Quizá, señor empirista, porque hacen falta análisis de clases para definir una línea de masas que no consista esencialmente en acercarse de forma muy amable a «la clase» para «ayudarle». ¡Desde luego si el objetivo es hacer «algo», la línea de masas es tan simple como «hacerlo con alguien»! Pero para quienes somos comunistas y pretendemos transformar el mundo con una perspectiva emancipadora y no un asistencialismo que «ayude» a «la clase» no es tan sencillo.

Pero da un paso más allá que su colega sevillano, atreviéndose a renegar del legado histórico de la lucha de clases de casi dos siglos del proletariado revolucionario para decir que hace falta hacer una teoría revolucionaria «desde abajo», desde lo que tenemos «ahora para trabajar» (o mejor dicho, a lo que estas personas reducen el trabajo comunista).

¿Qué se adapta equivocadamente? ¿El Partido aquí no es necesario? ¿El centralismo democrático quizá? ¿El materialismo histórico? ¿La dialéctica materialista? ¡Por favor, concreten en qué critican! ¡No se limiten a ser unos charlatanes que repiten las consignas manidas que recuerdan de lo que hace apenas una semanas habrían criticado!

«Yo tampoco te voy a decir cuales son las tareas de los comunistas a día de hoy, porque yo sinceramente no sé cuales son esas tareas. Se cuales no son estas tareas, que no son ni las de la LR ni las nuestras [aquí se refiere a las del FRML]. Lo que tenemos que hacer es salir ahí fuera y ver cuales son nuestras tareas»

Aquí, meramente podemos recordar a Mao:

«Si usted no ha investigado un problema, se le priva del derecho a opinar sobre él. ¿Es esto demasiado brutal? No, en lo más mínimo. Puesto que no ha investigado el estado actual del problema ni sus antecedentes, e ignora su esencia, cualquier opinión que exprese al respecto no pasará de ser un disparate. Decir disparates, como todo el mundo sabe, no resuelve nada; así, ¿qué habría de injusto en privarlo del derecho a opinar? Muchos camaradas no hacen más que lanzar disparates con los ojos cerrados; esto es una vergüenza para un comunista. ¿Cómo puede un comunista decir tonterías con los ojos cerrados?» Contra el culto a los libros, Mao Tse-tung

¿Cómo puede un comunista hacerlo? Transformándose en un renegado.

El dichoso balance

¿Acaso nuestros renegados descartan la función del balance histórico y el balance constante de la actividad como base para avanzar hacia una praxis más justa? Parece que los balances, balances y más balances son una absurdez, algo que refleja meramente el «miedo a la realidad». Reconocen que no hay una teoría revolucionaria justa hoy capaz de ser base para la emancipación de la humanidad, pero niegan el proceso necesario para capacitarnos con una teoría tal, para desarrollarla y para aprehenderla.

¿Su propuesta? Véase:

«Es como que, contínuamente, se habla de los mismo «fusión del socialismo científico con las masas, con las asociaciones de trabajadores, con no se que, con no se cuanto», cuando realmente a lo mejor es al revés. Es que no hay un socialismo científico adaptado a la realidad de un país imperialista y de un centro imperialista como el nuestro, y lo que tenemos que hacer es construir una nueva teoría, pero no como esquemas que adoptamos de otras experiencias y que los intentamos meter a piñón aquí, porque eso lo único que hace es incapacidad política, y es dar vueltas sobre lo mismo, sino todo lo contrario, vamos honestamente a vivir con las masas, vamos honestamente a luchar con ellas y vamos honestamente a ir a los… donde hay, verdaderamente, lucha proletaria y nuestra clase»

¿Suena nuevamente empirista? Quizá es porque además de ser una pose moral asistencialista, su base es un empirismo practicista. Si estamos con las masas «honestamente» sabremos lo que hay que hacer, de lo contrario seremos incapaces de hacer política. ¿Pero qué política somos capaces de hacer hoy? ¿Quizá una burguesa?

Recordemos algo que decía uno de esos señores que habían «sistematizado teoría, pero pa su tiempo», precisamente cuando se preguntaba «¿Qué hacer?»:

«[…] todo lo que sea prosternarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del elementos consciente”, el papel de la socialdemocracia, equivale –en absoluto independientemente de la voluntad de quien lo hace –a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros»

O quizá mejor explicado por un camarada de este mismo señor ruso:

«Expliquémonos más detenidamente. En nuestro tiempo pueden existir sólo dos ideologías: la burguesa y la socialista. La diferencia entre ellas consiste, entre otras cosas, en que la primera, es decir, la ideología burguesa, es mucho más antigua, está más difundida y ha arraigado más profundamente en la vida que la segunda; con las concepciones burguesas tropezamos en todas partes y en todos los terrenos, en nuestro propio ambiente y en el extraño, mientras que la ideología socialista empieza a dar los primeros pasos, no hace sino empezar a abrirse camino. Huelga señalar que si se trata de la difusión de las ideas, la ideología burguesa, es decir, la conciencia tradeunionista, se difunde con mucha más facilidad y abarca mucho más ampliamente el movimiento obrero espontáneo que la ideología socialista, que está dando tan sólo sus primeros pasos»

¡Menos análisis! ¡Más salir de casa! ¿A hacer qué? A reproducir ideología burguesa. A subordinar las tareas de los comunistas, «honestamente», a la espontaneidad del movimiento de masas. Claro que hay que «salir de casa», pero utilizar tal expresión como consigna vacía, sin dotar de un contenido concreto a la misma y sin encuadrarla dentro de una perspectiva superior, es hacer un llamamiento al espontaneísmo más vulgar.

Pero cuidado, llega el punto de iluminación, que no es otra cosa que volver abiertamente atrás hacia la ideología pequeñoburguesa propia:

«[…] creo que ese es el núcleo, creo que enrevesamos demasiado las cosas, que le damos demasiada importancia a análisis sobre personalidades, sobre individuos, sobre un millón de cuestiones y realmente no nos centramos en los verdaderos problemas que son los que están ahí fuera tío. Creo que nuestro punto de vista está totalmente corrupto por una manera de entender la política que hemos aprendido, y creo que debemos romper con esa manera de entenderla tío, y sinceramente, esto es que no es un problema ni hay culpas de invididuos que sean responsables de todo esto. Todos, absolutamente todos, hemos caído en la misma manera de entender la política, es que es normal, es que no había otra forma de suponer y comprender el control al final de la realidad que nos rodea. Si nos ponemos a pensar en tareas imposibles de abordar como: ¿que es hacer la revolución? ¿que es establecer un poder militar? ¿sobre qué es el nuevo poder?»

El problema consiste en que hemos entendido mal la política, una «política corrupta» es lo que desarrollamos como organización (o en general, como comunistas). Se trata de otra cosa. ¿De qué se trata? No se nos aclara realmente aunque algo más adelante se nos hace una exposición misticista de algo que quizá es una «política no tóxica».

Nuevamente, se da «demasiada importancia a los análisis», ¿cómo puede un comunista sostener eso? ¿cómo puede además hacerlo en un momento donde no hay un referente claro como podría ser la Internacional hace un siglo? Se trata de la consecuencia última de no afrontar las duras tareas que nos esperan, buscar un atajo, o pretender buscar un atajo. ¡Salir a la calle! ¡Ayudar a nuestra clase! No se trata de nada original, como ya hemos dicho. Muchos lo han hecho ya y muchos lo siguen haciendo hoy sin dárselas de que han reformulado la política comunista y están desarrollando una nueva cosmovisión revolucionaria. ¡Se llaman como mucho activistas!

Pero esto puede degenerar más:

«[…] las verdaderas tareas políticas, las dejamos de lado, por eso se ponía a colación el audio de I. , porque deberíamos tener vergüenza de estar a esto, cuando nuestras verdaderas tareas políticas son ayudar a nuestra clase, pero claro, nuestras verdaderas tareas políticas ahora mismo no son ayudar a nuestra clase, es darle la importancia, al fin y al cabo, a la personalidad, a las reflexiones, a la concepción errónea de no se qué y no se cuantos, a los espacios de socialización, cuando todo esto debería ser mucho más natural, no se debería reflexionar horas y horas sobre espacios de socialización, deberíamos tener super claro que para ser buenos camaradas tenemos que vivir juntos, y sentirnos, y querernos y follarnos, y punto y no hay más problema. Pero sin embargo reflexionamos, sobre que son las relaciones, que es la camadarería, sobre no se cuantos… y damos vueltas y vueltas, y más vueltas, sobre los mismos problemas, y eso al final nos hace no avanzar. Podemos ser los mejores psicólogos del mundo ahora mismo, podemos tener una comprensión súper viciada de las relaciones sociales, ¿pero y qué pasa con nuestra clase tío? ¿qué pasa con las verdaderas tareas que están ahí fuera que no son tan fáciles de abordar?»

La misma persona que un rato antes no sabía cuáles eran las tareas de los comunistas ahora asegura que son «ayudar a nuestra clase». Si se refiere a ayudar a que encuentren la senda de su autoemancipación como elemento para la emancipación de la realidad, de acuerdo. Pero por experiencia hemos visto que aquí «ayudar» es desarrollar asistencialismo y honestamente llorar la miseria de quien vive en la calle o está a las puertas de ello.

¡Todo debería ser más natural! ¿Pero acaso la naturaleza humana no es social? ¿No es un reflejo de la ideología dominante en cada época, que sin duda hoy aquí es la idelogía burguesa? ¿No se está diciendo en resumidas cuentas que las claves de relación entre comunistas tienen que ser burguesas? ¡Es que desarrollar una camaradería sólida, militante y no caer en amiguismos es complicado! ¡Demasiado hemos querido analizar eso! ¿Acaso no puedo simplemente llevarme bien con gente que dice ser tan comunista como yo?

¿Y qué pasa con nuestra clase? Pues pasa lo de siempre, que seguirá huérfana de las herramientas para emanciparse, ya que quienes deberían trabajar por la reconstitución del Partido Comunista prefieren dedicarse a hablar de que deberíamos follar todos con todos. Nadie le impide a usted, señor renegado, follar con quien se lo permita, pero no intente hacer pasar esto por algo relacionado con la emancipación de nuestra clase.

Desde luego, si los «balances absurdos» y los «análisis y más análisis» se van a cambiar por reflexiones de charlatanes sobre política, relaciones sociales y sexualidad… nuestra organización solo puede insistir en las tareas que se ha marcado, trabajando por transformar la realidad analizándola, y analizar la realidad transformándola.

 

4- Medidas

En la medida en que ya se dejaba claro al inicio que no se trata este de un problema resuelto por la vía organizativa, sino meramente aplazado con la expulsión de un número determinado de elementos reaccionarios. Debemos dar el siguiente paso y reflexionar sobre las vías concretas de lucha contra estas tendencias en etapas previas a su manifestación con cierto grado de poder político. Esto es, combatirlas mejor y más prontamente.

Los detalles concretos de la campaña de rectificación pertenecen a la vida interna de nuestra organización, pero sí nos parece interesante señalar los principios generales de esta campaña, que se podrían resumir de la siguiente manera:

  1. Comprensión en toda medida del fondo político e ideológico de la polémica, trascendiendo los límites de la superficialidad orgánica y/o demagoga.
  2. Comprensión profunda de los principios del centralismo democrático en su aplicación en el seno de nuestra organización.
  3. Constatación práctica del cumplimiento de estos principios y su asociada disciplina y diligencia en el trabajo militante.
  4. Comprensión del elemento de lucha constante en todos los sentidos, comprensión de la necesidad de polémicas como esta para avanzar como militantes y colectividad, lucha contra la idea de «desarrollo armonioso».
  5. Aprehensión de la necesidad militante de tomar la iniciativa en la lucha de líneas, no pretender ser actores al margen de un conflicto.

 

«Las distintas ideas incorrectas que existen en esta organización del Partido tienen su origen, como es lógico, en el hecho de que la base de dicha organización está compuesta, en su gran mayoría, de campesinos y otros elementos procedentes de la pequeña burguesía; pero el hecho de que los organismos dirigentes del Partido no hayan combatido de manera coordinada y resuelta esas ideas incorrectas, ni hayan educado suficientemente a sus militantes en la línea justa, es también causa importante de su existencia y desarrollo» Sobre la rectificación de las ideas erróneas en el Partido, Mao Tse-tung

Sobre los recientes sucesos en la fábrica y entrevista a un camarada de la Michelín Vitoria

Introducción

El pasado día 1 de agosto, un trabajador de una subcontrata de Michelin fallecía por aplastamiento en la planta de Vitoria. Esto nos lleva a una reflexión general sobre la situación social de nuestra clase, de la mano de uno de nuestros camaradas empleados en dicha fábrica. La tasa de incidencia (número de accidentes ocurridos por cada 100.000 trabajadoras) ha crecido en los últimos 3 años de reestructuración económica capitalista un 8,2%, debido a un aumento de la explotación y precarización, pasando de 2.949 accidentes laborales en el año 2012 a 3.190 en el año 2015 (por cada 100.000 trabajadoras). Así, en términos absolutos, el pasado año se registraron en el Estado 449.223 accidentes (1). Constituyendo la conflictividad laboral un elemento inherente al régimen del capital, y siendo también la problemática entre grupos humanos (las clases) con más influjo social, vemos conveniente desarrollar en un futuro un análisis más profundo en torno al carácter estructural de la misma.

Puesta en contexto

La fábrica de Michelin situada en Vitoria, ha sido en los últimos 50 años uno de los motores económicos de Álava, dedicándose especialmente a la fabricación de neumáticos de turismo, habiendo empleado directamente a más de 9.000 personas durante toda esta trayectoria. Según confesaba en abril de este mismo año el director de la planta Amadeo Álvarez al recibir la Medalla de Oro de Álava por sus 5 décadas de historia, la planta es un “centro industrial clave de Euskadi y también a escala internacional dentro del sector de neumáticos”. No es para menos, ya que supone el 13% del PIB de Álava y de cuya producción, por ejemplo de ruedas, es exportado un 80% (2). Actualmente emplea de forma directa a 3.200 personas, habiendo realizado en el último año (datos de abril) más de 220 contrataciones y prometiendo realizar en el futuro “un buen relevo generacional”. Cómo se concreta lo que ellos denominan “un buen relevo generacional” lo veremos después.

Los hechos

El día 1 del mes pasado fallecía un empleado de la fábrica de Michelin de Vitoria sobre la 13:00 del mediodía al ser aplastado por unas mallas de acero. El hombre de 57 años que trabajaba para la subcontrata Endu, que se encarga de trabajos de albañilería, estaba cogiendo el material necesario para hacer unas arquetas cuando se le cayeron en la cabeza las mencionadas mallas, sufriendo un golpe mortal. Estaba solo, cuando se recomienda siempre ir en compañía de otra persona, lo que se desconoce (pero podemos deducir vistas las condiciones de trabajo) era la razón por la que acudió solo a recoger el material. En cualquier caso, nadie tendría que poder hacerlo poniendo en peligro así su integridad. Al cabo de un tiempo, un compañero notó su falta y fue en su busca, encontrándose con el cadáver. Se llamó a los bomberos y a la ambulancia, y el siguiente día se realizó un minuto de silencio a las 12:00 y un parón a la 13:30 en la puerta principal.

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La influencia de la crisis

Hay que entender las crisis como debilitamiento o estancamiento del proceso de acumulación, esto es, «de la reinversión del plusvalor para ampliar la escala de la producción y mejorar la productividad» (3). Y es que, debido al empeoramiento de las condiciones de rentabilidad, la masa de beneficios disminuye y los capitalistas deciden parar sus planes de ampliación (lo cual trae la caída de compras de Medios de Producción, la bajada de actividad económica y el desempleo). Sin embargo, las crisis tienen una función restauradora de la rentabilidad, de destruir todo ese capital sobrante (en relación al escaso beneficio que se produce). Esa destrucción de capital se puede dar de diferentes maneras: quiebras de empresas menos competitivas que dejan activos a precios de ganga para otras empresas más rentables (es por eso que las crisis también son procesos de concentración y centralización de capital), desvalorización de la fuerza de trabajo (es aquí donde podemos encuadrar toda esta cuestión), etc.

Vemos que, para que se generen esas condiciones favorables para la inversión, entre otras formas, el «programa capitalista» se traduce en el aumento de las tasas de explotación de los asalariados. Esto se lleva a cabo mediante la reducción del salario directo, del indirecto (los ingresos percibidos como gasto social: educación, sanidad…) y mediante el empeoramiento de las condiciones laborales (solo en ese contexto podemos entender el aumento de las subcontratas, forma jurídica predilecta de la explotación del trabajo, como el de los accidentes laborales desde 2012). La parte del valor que genera la trabajadora, que se apropia el capitalista como plusvalor, aumenta. Marx nos dice:

«El régimen capitalista de producción, como corresponde a su carácter contradictorio y antagónico, da un paso más y dilapida la vida y la salud del obrero, considerando la degradación de sus mismas condiciones de vida como economía en el empleo del capital constante y, por tanto, como medio para la elevación de la cuota de ganancia» (4).

Por ello, «la producción capitalista es siempre, pese a su tacañería, una dilapidadora en lo que se refiere al material humano, del mismo modo que en otro terreno, gracias al método de la distribución de sus productos por medio del comercio y a su régimen de concurrencia, derrocha los recursos materiales y pierde de un lado para la sociedad lo que por otro lado gana para el capitalista individual» (4).

Ello nos permite sacar a la luz el límite intrínseco en el que se encuentran encuadrados los sindicatos, puesto que las tentativas de aumentar el salario, fuera de una continuidad organizada para la toma del poder, se ven abocadas al fracaso. Al producir una disminución del beneficio empresarial y de la inversión, sin el poder obrero para sostenerlo, queda intacto para el capitalista, a través de la posesión de los medios de producción, el poder económico con el que puede abrir o cerrar la fuente de la inversión cuando vea que las condiciones de valorización no son las más favorables.

Condiciones de trabajo actuales

El capitalista obtiene su ganancia de la explotación de la fuerza de trabajo. La diferencia entre el valor nuevo creado por el obrero en su jornada laboral completa, en condiciones normales, y la parte de la jornada laboral que le es remunerada como salario, es el plusvalor (que no es idéntico a la ganancia, subdivisión de este). Este puede ser definido como «mero coágulo de tiempo de plustrabajo, como nada más que plustrabajo objetivado» y «se presenta en un primer momento como excedente del valor del producto sobre la suma de valor de sus elementos productivos» (5), como valorización del valor. Y el valor de más es precisamente aquél añadido por la trabajadora en la parte de su jornada no remunerada. El plusvalor que, generado por el trabajo no pagado, determina, junto a otros factores, la ganancia del empresario.

A través de subcontratas y ETTs, por ejemplo Michelín o Kaiku, se deshacen de las trabajadoras propias con contratos indefinidos, sustituyéndolas por trabajadoras con contratos mayoritariamente temporales, de una duración mensual renovable. De esta forma, las empresas se quitan responsabilidades, dividen a las trabajadoras menguando su capacidad de lucha unitaria y asociación, y consiguen cubrir los puestos de trabajo necesarios para su proceso de producción con trabajadoras que no solamente perciben un salario menor por mismas o mayores horas de trabajo, sino que además tienen condiciones laborales más limitadas: desde no tener duchas o taquillas como las trabajadoras propias de la empresa, el detrimento de las zonas comunes y acceso a peores materiales/herramientas, hasta no percibir el salario correspondiente a las horas extra o el plus de nocturnidad etc.

Todas estas medidas desembocan en un aumento de la intensidad del trabajo que se manifiesta a su vez en un aumento del riesgo laboral, debido a diversos factores. La sobrecarga de la mano de obra empleada obliga a que las trabajadoras atiendan a más tareas de las propias en la cadena de producción, disminuyendo el rendimiento, tiempo y eficacia en cada una, y creciendo así las prácticas arriesgadas. A su vez, la proliferación de contratos temporales mensuales lleva a una situación de bucle en que las trabajadoras, que han estado unos meses cumpliendo unas funciones concretas, pierden el empleo y buscan otro contrato en la misma empresa, que usualmente las coloca en otra tarea vacante. La situación de inestabilidad crónica que deriva de estos cambios, de la imposibilidad de que las trabajadoras sistematicen sus tareas, lleva a un aumento de las enfermedades y los accidentes laborales, pues no es un hecho casual que, como apuntan las estadísticas del Ministerio de Empleo, los sectores donde más ha crecido el uso de ETTs coinciden en gran medida con los sectores con mayor índice de accidentes registrados (agricultura, ganadería, silvicultura y pesca; industria extractiva; industria manufacturera; construcción; transporte y almacenamiento) (6).

El proceso de producción inmediato, bajo el modo de producción capitalista, deviene social, es socializado con la introducción de la división social del trabajo en el taller, la cooperación, la maquinaria a gran escala, posibilitando la aplicación de los productos generales del desarrollo humano (ciencia, etc.) al proceso mismo. Por otra parte, cabe matizar que:

«no solo en las ‘ideas’, sino en la ‘realidad’, el carácter social (sociabilidad) del trabajo se levanta, frente al obrero, como un elemento extraño y, lo que es más, hostil y antagónico, cuando es objetivado y personificado en el capital» (7).

Este antagonismo se halla fundado, a su vez, en la efectuación de la producción «chocando con los productores y sin consideración para con ellos, no siendo estos más que simples medios de producir, mientras que la riqueza material, devenida un fin en sí, se desarrolla en oposición al hombre y a costa de él» (8).

Con estas nuevas condiciones, el trabajo no pagado crece, y en consecuencia, el plusvalor generado y la tasa de explotación también aumentan. Como hemos visto en anteriores ejemplos, no pagando las horas extras, disminuyendo los tiempos de pausa, teniendo que realizar más trabajo en el mismo lapso de tiempo, etc. se aumenta la producción de plusvalor absoluto y con ello la ganancia. Por lo tanto, es necesario ver que estas cuestiones no difieren de las propias dinámicas del capitalismo, como si de un exceso arcaico se tratase, sino que son interdependientes dentro de la misma estructura de explotación. Como bien dice Marx en el tomo I de El Capital: «La economización de medios sociales de producción (…) se convierte, en manos del capital, en el robo sistemático de las condiciones de vida del trabajador durante el trabajo, en el robo de espacio, de aire, de luz y de los medios personales de protección contra las condiciones nocivas e insalubres del proceso de producción».

Respuesta de las trabajadoras

Este punto es uno de los puntos donde más ha influenciado la crisis, y no precisamente para acentuar la lucha e impulsar la unión de las trabajadoras. Antes de entrar a valorar la respuesta que se ha dado ante este homicidio patronal, nos gustaría exponer brevemente una de las consecuencias de la utilización de las ETT por parte de las empresas. Mediante la subcontratación, la empresa no solo se despreocupa de buena parte del personal sino que consigue en cierta medida separar a las trabajadoras, ya que el hecho de ser contratadas por otra empresa va a determinar totalmente el trabajo en todos sus aspectos. Al ser las condiciones de trabajo, los derechos y el convenio de las trabajadoras de Michelin muchísimo más favorables, entre algunos individuos de los sectores más acomodados de la clase se dan miradas de superioridad hacia los de las subcontratas. Aunque tenemos que aclarar que no es algo de carácter general. La ropa usada también difiere, siendo posible distinguir a primera vista quién trabaja dónde, y el material de los asalariados de la ETT es de peor calidad o muchísimo más reducido (mientras que las empleadas de Michelin recogen el alambre mediante electroimanes por ejemplo, las de las subcontratas lo hacen a mano). En cuanto al espacio, no usan las mismas duchas y vestuarios. Así, un espacio donde se pueden conocer, socializar y poner en común los problemas que les afectan, paso previo a su organización, queda imposibilitado entre las trabajadoras de Michelin y de las subcontratas. Aunque no sea esta la finalidad principal de las ETTs, indudablemente ayuda al proceso de acumulación mantener dividido al personal. La cantidad de parados, de población activa no empleada (lo que en la tradición marxista se ha llamado ‘el ejército industrial de reserva’), y la reforma laboral, así como la ausencia de un proyecto político propio, han incentivado el desinterés de las empleadas por la protesta y la organización (por las más que posibles represalias o incluso despidos que derivarían de tales acciones) aumentando así la pasividad que se ha instaurado entre las trabajadoras. No sólo en el sentido económico la competencia entre trabajadoras es un supuesto del trabajo asalariado.

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De todo ello, llegamos a la respuesta que se dio: prácticamente inexistente. El siguiente día de haber ocurrido el accidente, las empleadas mostraron un total desinterés por lo ocurrido, limitándose a realizar un minuto de silencio y un breve parón (a iniciativa de sindicatos y representantes unitarios). A partir de entonces nada más. Parecía que nada había ocurrido, como si en unas pocas horas todo se hubiera olvidado. En el ambiente no se apreció ningún cambio. Todo lo referente a la muerte quedó relegado a cuestiones burocráticas y a la investigación que estaba pendiente, investigación que está llevando a cabo el Departamento de Seguridad Laboral del Gobierno Vasco Osalan.

Muchas de las empleadas, al ser preguntadas por tal fatal suceso, se limitaban a contestar que no les interesaba el tema, mostrando no ya la falta de unión existente sino también la falta de compañerismo para con su propia clase. Aunque no nos guste este hecho, vemos necesario resaltarlo. No tenemos a la conciencia del proletariado como criterio de verdad, y cuando adopta formas que sirven a su propia dominación es preciso sacarlas a la luz. Quien no critica a la clase obrera el hecho de ser tal no puede ser marxista.

Respuesta de la empresa y de los sindicatos

La reacción de la empresa no es sino la intentar silenciar la muerte. Esto sucede tanto en Michelin como en cualquier otra empresa de tal envergadura. Anteriormente, con la muerte de un trabajador a causa del amianto, se intentó esconder en todo momento que el techo estaba construido de este material. En la fábrica de Mercedes de Vitoria por ejemplo, si hay accidentes laborales no mortales, en muchos casos la empresa le ofrece a la trabajadora en cuestión un buen acuerdo para que esta no denuncie, y así, las estadísticas de Mercedes dicen que no hay apenas accidentes laborales en su fábrica. Cuando se dan abusos sexuales por parte de empleadores a empleadas, la prensa silencia el nombre de la empresa en cuestión (véase el reciente caso de El corte inglés). Aclarar que el trabajador no estaba sindicado, pero aunque lo hubiese estado, poco hubiera cambiado el asunto, ya que simplemente se hubiera echado una mano a la familia en los trámites burocráticos. Por otra parte, tenemos que decir que la propia empresa se encarga de ayudar a ciertos sindicatos como CCOO y UGT y entorpecer a otros según sus intereses. No porque unos sean sindicatos revolucionarios. La expresión misma es un contrasentido, la única existencia revolucionaria de la clase es aquélla bajo la forma de Partido Comunista. El capital se decanta por los primeros, que se pliegan, y pliegan a la clase, al desarrollo pacífico de su dominación social.

Con esto damos paso a la entrevista que realizamos a nuestro camarada sobre toda esta problemática, así como sobre su experiencia particular.

 

Colectivos de Gasteiz y Bilbao del FRML

 

***
(1): http://economia.elpais.com/economia/2016/04/18/actualidad/1460970435_330410.html
(2): http://www.elcorreo.com/alava/araba/201604/28/michelin-medalla-alava-20160428125534.html
(3): https://rolandoastarita.wordpress.com/2016/07/28/crisis-cambiemos-y-programas-capitalistas/
(4): K. Marx, El Capital, tomo III, FCE, p. 99
(5): K.Marx, El Capital, tomo I, Ibid., Capítulo VII.
(6): http://www.empleo.gob.es/estadisticas/ett/ett16MayAv/Avance%20ETT%20(enero-mayo%202016).pdf
http://www.empleo.gob.es/estadisticas/eat/eat16junAv/ATR_06_2016_Resumen.pdf
(7): K. Marx, El Capital. Libro I. Sexto capítulo (inédito). Ediciones Curso, p. 72
(8): Ibíd., p. 89-90.

Una falsa autocrítica: sobre el ex-camarada Samuel

«En el trato con los camaradas, debemos adoptar el método dialéctico y no el metafísico. ¿Qué significa aquí el método dialéctico? Significa tratar todas las cosas de manera analítica, reconocer que todo hombre puede incurrir en errores y no descalificar completamente a alguien por el hecho de haberlos cometido. Lenin dijo que no hay en el mundo persona alguna que no cometa errores. Toda persona necesita el apoyo de otras […]

Pienso que es inadecuada toda idea que lo lleve a uno a echárselas de sabelotodo y omnipotente como Dios. Así las cosas, ¿qué actitud debemos tomar para con los camaradas que incurren en errores? Hacer análisis y adoptar el método dialéctico y no el metafísico. […]

El concepto fundamental de la dialéctica es la unidad de los contrarios. Si se lo acepta, ¿cómo se debe entonces tratar a los camaradas que han cometido errores? En primer lugar, luchar contra ellos a fin de liquidar completamente sus ideas erróneas y, en segundo, ayudarles. O sea, primero luchar y, segundo, ayudar. Partiendo de la buena voluntad, ayudarles a corregir sus errores de modo que tengan una salida.

En cuanto a otro tipo de gentes, el método debe ser distinto. Para con personas como Trotski o como Chen Tu-hsiu, Chang Kuo-tao y Kao Kang en China, no había manera de asumir una actitud de ayuda, pues ellos eran incurables. Hubo, además, otros individuos incurables como Hitler, Chiang Kai-shek y el zar; con ellos no podíamos hacer otra cosa que derribarlos, porque existía una incompatibilidad absoluta entre ellos y nosotros. En este sentido, no tenían un carácter doble sino único».

Método dialéctico para la unidad interna del Partido, Mao Tse-tung

Para quien esté al tanto de la polémica reciente en la que la organización se ha posicionado firmemente, el nombre de Samuel no resultará desconocido. A nuestra organización se la ha tachado públicamente de machista, misógina y de amparar a individuos que arrastran estas actitudes, esencialmente a raíz de Samuel y su comportamiento.

Desde hace casi dos meses, antes de que trascendiera públicamente el tema, esta persona fue expulsada de la organización. En el momento en que se le expulsa, había una investigación abierta en lo referido a conocer la totalidad de sus actitudes patriarcales. Tras esto, se mantuvo una relación de trabajo en lo relativo a la profundización de dicha investigación y a comenzar a trazar una hoja de ruta de su posible autocrítica.

Con la presente comunicamos que esta relación de trabajo queda rota por completo ante la imposibilidad de conseguir que este llegue a propiciar un cambio real, efectivo, en sus comportamientos reaccionarios en el ámbito patriarcal y en el de su perspectiva como comunista. Esta persona no tiene ya relación alguna con nuestra organización.

Pero además, nuestra responsabilidad como comunistas nos obliga a poner en claro el trabajo con él, centrándonos en este último periodo en el cual hemos intentado que rectifique sus posiciones y comportamientos.

Trayectoria militante de Samuel

Antes de adentrarnos en una valoración pormenorizada de las actitudes reaccionarias de Samuel y de los materiales que nos remitió, consideramos necesario esclarecer cuál ha sido la manera de concebir la militancia por parte de Samuel y cuál es su estado actual con respecto a la organización.

Samuel fue militante de la organización hasta finales del mes de junio, momento en que se le expulsa de la misma. Éramos conscientes de las limitaciones que tenía para desarrollar correctamente su militancia, y de la manera en que concebía y abordaba las relaciones sociales en general, tanto con camaradas de la organización como en otros ámbitos de su vida.

Históricamente, el único terreno donde se ha desenvuelto en sus quehaceres militantes es en el de la teoría. Siempre se encontró cómodo en ella, y toda su iniciativa individual se restringía a ese ámbito. Para nosotras, como organización revolucionaria, podía ser funcional en la medida en la que se encuadrase en la división del trabajo en su conjunto. Es necesario saber extraer de cada camarada todo lo que pueda aportar a la revolución. Encontrar la labor en la que más pueda sumar y generar los espacios que le permitan llevarla a cabo, logrando que supere sus limitaciones teórico-políticas (o que estas no neutralicen a otras grandes aportaciones que pudiera realizar).

Sin embargo, su concepción del mundo, y por ello de la militancia, dificultó y puso grandes trabas a nuestra labor de elevación. Ello, unido a otras notorias limitaciones sociales básicas que reforzaban la primera, lo condujo a una concepción insuficiente de lo que significa ser militante comunista. Terminó adaptando su desarrollo militante a sus inclinaciones, y no trabajó en ellas en función de su desarrollo militante.

La comodidad en el plano teórico no se puede comprender aislada de su incomprensión de las relaciones sociales, buscando siempre compensar la una por medio de la otra. En vez de dotarse de las herramientas que la teoría nos puede aportar para la elaboración y asunción de las bases del comunismo revolucionario (y por ello de nuestro avance político como destacamento), encontró en ella un refugio para eludir sus limitaciones en el resto de ámbitos. Esto hizo deficiente la teoría misma.

En un primer momento, pareció mostrar una actitud consecuente con sus limitaciones políticas, que en buena medida descansan en aquellas de socialización. Razón por la que se inició un largo trabajo colectivo que pretendía transformar a Samuel. Sabíamos que sería un proceso complejo y duro, pero creíamos que sería posible transformar su concepción del mundo y, con ella, la forma en que abordaría la praxis comunista y el resto de relaciones sociales. Este proceso no dio frutos reales en ningún momento. Toda crítica y todo trabajo que se hacía con él, encaminado a la superación de sus limitaciones, terminaba a lo sumo con una asunción verbal de lo señalado. Una asunción formal que, como podréis constatar en estos materiales, no se ha traducido en una verdadera interiorización de la nueva concepción del mundo que queríamos forjar.

Por parte de la colectividad también se le criticaron reiteradamente otros aspectos de su militancia. Críticas de las que se distanciaba continuamente con narrativas focalizadas en casos concretos, que no son más que manifestación de la problemática general que eludía con ellos. De nada sirven sus profundizaciones acerca de la profesionalización de la vanguardia, cuando continuamente violaba el centralismo democrático (salvo para mostrar precisamente que la profundización teórica no es suficiente). De nada sirven sus reflexiones sobre la subordinación del interés personal al colectivo cuando su actividad diaria estaba plagada de actitudes liberales (salvo para confirmar que la reflexión es condición necesaria pero no suficiente de la rectificación). Y lo que es más despreciable, de nada sirven las pretendidas aportaciones que hizo a la cuestión de la mujer cuando, en la relación que mantuvo con Jiang, no paró de reproducir actitudes de maltrato psicológico y de opresión sistemática.

En el momento en que fue expulsado de la organización, mostró una aparente predisposición a asumir realmente todo comportamiento reaccionario y a hacer todo lo necesario para poder superarlo. Por ello consideramos en aquel momento la posibilidad de -desde fuera de toda relación organizativa- trabajar con él para lograr que iniciase un prolongado proceso de autocrítica. Sin embargo, este trabajo fue del todo ineficaz, sirviendo únicamente para la constatación de los motivos por los que Samuel está incapacitado para ser comunista.

Existe una continuidad entre los tres textos de pretendida autocrítica que Samuel presenta a la organización durante este proceso de trabajo y el conjunto de su trayectoria militante. No hablamos de algo diferenciado, sino que constituye una materialización más de un mismo obstáculo, de la misma limitación objetiva, en este caso acerca de la cuestión patriarcal.

Este hilo común se disfraza con transiciones aparentes entre las tres autocríticas. De la primera a la segunda, que llevó a cabo en menos de dos días desde que nos reunimos con él para criticar severamente la primera, se observan exclusivamente modificaciones de tipo literario y la supresión de ciertos episodios. De alguna forma, su pretensión se reducía en hacerla más agradable al público. El reenfoque era imposible. Nos volvimos a reunir con él para despedazar el segundo material. De nuevo, asintió sobre el contenido de lo criticado. Sin embargo, su siguiente paso continuó en la línea de lo precedente. En esta ocasión, en vez de modificaciones literarias, estilísticas, introdujo desarrollos teóricos en ámbitos que en nada favorecían la comprensión crítica de su proceder. Lo sustantivo se mantuvo inalterado. Suplementa la narrativa con una explicación científica sobre los efectos del alcohol en el organismo humano, una teorización de Bourdieu sobre la construcción de la mirada, etc.

Por otra parte, sus materiales (1) son el intento de la abstracción, cada uno a su manera, de un problema real. Una narración, en muchos casos, de sucesos de los que él parece no ser partícipe. En otros momentos, pretendidos desarrollos teóricos ajenos a esta narración y al enriquecimiento auxiliar de la misma. En general, la coartada de unos comportamientos reaccionarios disolviendo el nexo entre lo sucedido y quien lo ha realizado.

Teníamos claro, y así se lo transmitimos, que la autocrítica no iba a ser una carta de disculpa a aceptar o no por nuestra parte. Que no iba a ser una decisión sobre la concesión de algún tipo de «perdón divino» si nos era pedido con el adecuado ángulo de genuflexión. Nuestra concepción de la autocrítica es la rectificación efectiva, tangible, constatable en la práctica e inmersa en un proceso colectivo.

Para nosotras sus textos no sirven ni tan siquiera como declaración de intenciones, porque constatan que no ha entendido aún su papel luego de haber sido criticado reiteradas veces por nosotras y por terceras. Los textos que se propuso redactar a lo máximo que podrían haber llegado es a una comprensión de sus errores y de los pasos necesarios para su rectificación. La prueba final de sus rectificaciones, en todo caso, no estaba en la redacción de un texto, pero demostrar el haber comprendido la crítica y su papel cuanto menos era un paso necesario.

Insistimos continuamente en esta idea, y en el enfoque que debía adquirir durante el proceso de autocrítica. Sin embargo, la constatación de los hechos muestra que, más allá de comprenderlo, ha profundizado en las mismas actitudes que ya venía desarrollando. Nos encontramos frente a una desvinculación de los actos cometidos, a excluirse como sujeto de los hechos de los que es parte y que ha reproducido, a una negativa a asumir sus consecuencias, a una simple búsqueda del perdón, a una actitud profundamente reaccionaria: a un comportamiento impropio de alguien que pretende ser comunista.

Sentenciamos, por tanto, que la crítica que hemos efectuado a Samuel no puede quedarse únicamente en el ámbito interno, pasando a formar parte de nuestra responsabilidad como comunistas la elaboración de este material. Alguien que es incapaz de afrontar las consecuencias de sus actos machistas y liberales -y que por tanto no puede superarlos- no es más que un reaccionario. Y, como tal, ha de ser desenmascarado frente al conjunto del movimiento mostrando lo que en su práctica demuestra que es. Puede servir, asimismo, de pauta para aprender a combatir casos del estilo allí donde se den. Las críticas públicas tienen como objetivo, no solo la superación y el avance de un elemento o una organización concreta, sino del movimiento comunista en su totalidad.

Análisis de su(s) «autocrítica(s)»

La relación entre ambas se inició como un intento de relación de «nuevo tipo», en la cual se pretenderían evitar comportamientos reaccionarios propios de esta sociedad. Pese a esta supuesta conceptualización teórica de la relación que en un principio tuvieron, el resultado fue justo el contrario. Bajo una sociedad clasista, es imposible desarrollar una relación enteramente «liberada» o de «nuevo tipo». En mayor o menor medida, esta reproducirá cierto grado de dominación y de poder. Hasta que logremos la abolición de las clases sociales y de toda forma de opresión, pretender llevar una relación totalmente liberada, mientras la organización social actual la hace imposible, es un utopismo que parte de concepciones ajenas al marxismo.

Samuel incurrió en este error idealista, pensando que sus acciones individuales podían estar por encima del capitalismo patriarcal, y considerando que podía afrontar una relación de estas características en el contexto actual. El error no reside en oponerse actualmente a ese tipo de actitudes, sino en que, al pensar que se encuentran ya superadas, se incurre en la omisión del combate activo y consciente. Ser conscientes de esta realidad no nos puede hacer caer en posturas nihilistas. De este razonamiento, hay quien podría concluir que hemos de evitar toda relación sexo-afectiva, o incluso toda relación social de la que pudiéramos participar. Como comunistas, hemos de luchar precisamente por lo contrario: siendo conscientes de los aspectos reaccionarios que podemos reproducir en nuestros comportamientos, hemos de luchar tanto individual como colectivamente contra ellos, contra la totalidad social que los posibilita y produce, en un proceso de transformación, por tanto revolucionario, de la sociedad.

Desde el primer momento en que él toma conciencia de este hecho, debió haber iniciado un proceso por la superación de las conductas burguesas que reproducía al relacionarse. Al no haber hecho este trabajo activo que toda comunista ha de llevar a cabo, el resultado de sus comportamientos en la relación con Jiang fue el contrario al planteado. Por ello, él se desenvolvió en la relación de pareja bajo los preceptos aceptados en esta sociedad burguesa. Consideró a Jiang como su propiedad privada, creyéndose con la legitimidad y el derecho para exigir de ella lo que él considerase.

A lo largo del trabajo que hemos realizado con Samuel, hemos incidido con él en esta idea acerca de las relaciones sociales. Sin embargo, este señalamiento no ha servido para que tome conciencia de su responsabilidad activa en esta cuestión. En vez de reconocer su actitud profundamente reaccionaria a la hora de no preocuparse por detectar y trabajar sus comportamientos, ha caído en un determinismo social como medio de autojustificación.

Para evitar afrontar interiormente las consecuencias de sus actos, decide escudarse continuamente en la influencia que su medio social ha tenido y tiene continuamente sobre él. No negamos que existan limitaciones debido a su desarrollo vital y social, pero no las aceptamos como justificación. En alguna ocasión menciona que no existe «justificación posible al respecto», pero en ningún momento asume ni interioriza su responsabilidad al no haber luchado, desde que toma conciencia de esta situación, contra la perniciosa influencia social existente.

Además, al inicio de su última »autocrítica», menciona que se trata de un «primer eslabón de un largo proceso personal de combate contra el patriarcado capitalista». Pero en boca suya, no son más que palabras vacías. Palabras que no significan nada cuando él mismo no asume que ese combate debió iniciarlo en el preciso instante en el que comenzó a considerarse comunista y en el que tomó conciencia de la sociedad de tan marcado carácter patriarcal en que vivimos. Palabras que no significan nada cuando no asume las consecuencias que dicha actitud liberal y machista tiene, que han sido las de reproducir sistemáticamente comportamientos reaccionarios, tanto con Jiang como con camaradas y mujeres con las que ha tenido contacto durante este periodo.

Profundizando en el momento en que comenzó a reproducir, de manera más abierta, su dominación sobre ella, él comenta lo siguiente sobre sus sentimientos: «En el primer mes yo aún no estaba enamorado. Fue al ver de un modo más palpable la situación vital real que sufría en casa, cuando empecé a sentir algo por ella». En este preciso instante Samuel constata la debilidad emocional y vital que en ese momento tenía Jiang, y es cuando empieza a ejercer, a través de estas vías, su control sobre ella. El desarrollo de ese supuesto sentimiento de «amor» va vinculado, por tanto, a un fuerte carácter compasivo, controlador y paternalista, que manifestará de manera cada vez más explícita.

Esta concepción, tras un periodo largo de trabajo con él, logra aceptarla de palabra, manifestando una asunción formal en su última autocrítica. Sin embargo, valoramos que la exposición que hace sobre este punto es insatisfactoria:

En primer lugar, nos encontramos con que en ningún momento repara en las consecuencias que esta actitud paternalista pudo tener sobre Jiang. No repara en cómo sus comportamientos pudieron, por ejemplo, afectar a su progreso militante. Refiere el trato paternalista y de desprecio altanero que tiene con respecto a materiales teóricos que ella elaboraba (precisamente sobre feminismo), siendo actitudes que sospechamos no debió manifestar únicamente aquí, y de las cuales nunca analiza las consecuencias que pudieron tener. Realiza todo el análisis sobre el paternalismo en sí mismo, sin tener en cuenta en ningún momento a la propia víctima.

En segundo lugar, termina sentenciando lo siguiente: «En aras de mejorar ésto, debería evitar convertirme en una autoridad que decida qué es y qué no es lo que le conviene a, qué tenga que hacer o cómo tenga que hacer X cosa a mi pareja». Después de decir ser consciente y haber interiorizado todos estos aspectos, es inaceptable que hable en estos términos. Continuamente, a lo largo del material, utiliza tiempos condicionales para hacer referencias a tareas y obligaciones que tiene, inapelablemente, que llevar a cabo si quiere hacer efectiva autocrítica alguna. Convertirnos en una autoridad constante sobre nuestras parejas no es algo que »deberíamos evitar», es algo contra lo que hemos de luchar de manera consciente en todo momento, y no únicamente como individuos, sino con todo el apoyo de la colectividad a la que pertenecemos y a la que él renunció a acudir.

Consideramos necesario plasmar una de las problemáticas que tiene que enfrentar una colectividad revolucionaria y que él también menciona: la cuestión de forjar una sana e imprescindible confianza entre las camaradas. La mayoría, debido a la ideología dominante, tenemos interiorizada en nosotras una serie de prejuicios burgueses como aquello que la sociedad clasista denomina «vida privada».

En la sociedad burguesa se entiende, pues, que todas tenemos una vida privada, y que en ella no puede interferir ningún factor externo, una esfera escindida del dominio público, donde quedaría todo lo que en ella ocurre. Conduce a la consideración de que somos nosotras mismas como individuos las únicas que pueden decidir sobre el desarrollo de sus vidas privadas «ajenas» a la militancia. Sin embargo, esto no es más que una quimera. Con el desarrollo del proceso revolucionario, es decir de la reconstitución del Partido y la subsiguiente praxis política, cada vez las militantes tenderán a integrarse más multilateralmente en la colectividad dejando de lado el individualismo en el cual se nos educa. Esta idea no lleva a que el Partido se convierta en un «gran hermano», distopía liberal donde las haya, que controle todo lo que hagan todas sus militantes, pero es necesario un conocimiento profundo de las camaradas, no solo para confiar en ellas, sino para combatir en última instancia toda ideología burguesa que puedan reproducir de manera consciente e inconsciente.

Estamos ante una de las razones por las que las problemáticas de la vida burguesa se deben socializar con las camaradas. Así, en el caso de ser capaces de ayudar a que la persona en concreto supere una serie de limitaciones, lo hagan. Samuel, en este caso, decidió quedarse toda la problemática para sí mismo, informando de forma mínima y muy superficial. De tal manera que la organización no sabía, por su parte, hasta qué punto se estaban reproduciendo actitudes reaccionarias.

El excamarada no socializó como debía una problemática de esta gravedad, cayendo por completo en las garras de la ideología dominante. Es más, no solo no la compartió por los cauces adecuados, sino que recurría a vías como Twitter para desahogarse al margen de la colectividad. Samuel interiorizó una concepción errónea acerca de las relaciones de camaradería, ya que demostró que las camaradas no son aquellas en las que tiene que depositar su confianza, haciendo una división metafísica entre la vida militante y la vida burguesa.

Lo que acabamos de exponer, era algo que Samuel había aprendido pero no aprehendido, es decir, lo había comprendido en un marco estrechamente teórico pero no lo había asimilado en un marco teórico-práctico. Este divorcio entre teoría y práctica es muy recurrente en él, algo de lo que también dice ser consciente, y no deja de expresar ideología burguesa, que siempre suele presentar a la teoría y a la práctica como externas entre sí.

Pasaba por unos momentos donde se encontraba totalmente alienado en una lógica destructiva de la que no podía salir. Esta situación es caldo de cultivo para que se reproduzcan todo tipo de actitudes liberales en él y que no se comporte como un militante comunista. Debemos comprender que en una colectividad, todas somos responsables de nuestros actos individuales, pues tanto los errores como los aciertos de una camarada, lo son de toda la organización. Es por esto que todo lo que ocurra en nuestra vida puede llegar a afectar muy negativamente a nuestra actividad militante y por tanto a la actividad de la colectividad. En lugar de ser consecuente con los valores comunistas que decía haber asimilado, adquirió una actitud liberal y reaccionaria, ocultando las actitudes que llevó a cabo en todo momento. Actitudes de las que reconoce haber sido parcialmente consciente mientras las cometía.

Él mismo comenta lo siguiente al respecto: «Para la superación de mis conductas reaccionarias, dado al temor que tenía en colectivizar mi problema con todo detalle para resolverlo de forma revolucionaria por miedo a posibles represalias políticas completamente justas, oculté algunas actitudes reaccionarias graves (…)». Aquí queda reflejada una despreciable actitud liberal, profundamente contrarrevolucionaria. Aunque la reconozca formalmente, en la tónica general de los tres escritos, no es capaz de asumir las consecuencias de la misma. Durante todo ese periodo de tiempo puso sus intereses personales, primero, por encima de los de Jiang, y segundo, por encima de los de la colectividad revolucionaria.

Profundizando en sus mecanismos de control: celos y maltrato psicológico

Samuel desarrolló, fruto de la concepción que realmente tenía interiorizada sobre las relaciones de pareja, un fuerte sentimiento de propiedad sobre Jiang. Además de las despreciables actitudes paternalistas y condescendientes que hemos relatado más arriba, también cometió otros fuertes comportamientos reaccionarios sobre ella, ejerciendo un control y un seguimiento de su actividad en extremos obsesivos. No respetó su intimidad en ningún momento, ni su derecho a relacionarse sin su control continuo.

Debido a esta necesidad de control, manifestó en todo momento una actitud celosa que llegó a ser obsesiva. Los celos, en las relaciones de pareja, no son únicamente un producto surgido de la incapacidad de ejercer un determinado control sobre lo que es considerado como propiedad; sino que constituyen, a la vez, un mecanismo de control en sí mismo. Frente a determinados sucesos en la relación, desarrolló sentimientos de celos cada vez mayores, y estos, a su vez, los exteriorizaba con ella como mecanismo de chantaje emocional, para asegurarse esa parcela de control que sentía amenazada, y con ella su «masculinidad».

Los mecanismos a través de los cuales ejercía ese control eran muy variados, y fueron modificándose y ampliándose a lo largo de la propia relación y después de esta. Como hemos descrito, el chantaje emocional fue uno de los mecanismos clave para ejercerlo, afianzarlo y desarrollarlo cada vez más. Este es un punto en que no repara en su primer material, y solamente es asumido por él de manera formal en lo referente a algunas ocasiones concretas en siguientes materiales. No es capaz de asumir esto como una constante siempre presente en esta relación, una constante que, después de diez meses terminada la relación, y después de meses de trabajo con él al respecto, no ha sido capaz de asimilar.

Nos referimos, en concreto, al continuo tono victimista que muestra a lo largo de las tres «autocríticas». Desde un primer momento, y como hemos señalado al principio del material, enfoca el desarrollo como si de una narración se tratase. En ningún momento encontramos una verdadera autocrítica comunista, ni encontramos una actitud consecuente con las acciones que ha estado cometiendo, sino simple y llanamente una descripción.

Lo que verdaderamente busca es el perdón de las partes implicadas, la aceptación y reintegración en la colectividad y en los círculos de amistades de los que ha sido expulsado.Y para conseguir esto, en vez de asumir hasta las últimas consecuencias la cadena continuada de actitudes reaccionarias, se vuelve a posicionar como una víctima, como la parte que principalmente ha sufrido a lo largo de este proceso. Busca que, en definitiva, el conjunto del movimiento comprenda que él sufría cuando la controlaba, que él vivía destrozado cuando ella hablaba con otras personas, que comprobó en sus carnes lo complicado que era llevar una relación abierta: que seamos condescendientes con un agresor que, realmente, si no ejercía su control, lo pasaría aún peor.

Reproduce, por tanto, ese chantaje emocional que en todo momento ejerció sobre Jiang. Pretende que le compadezca su propia víctima, nosotras y el conjunto del movimiento para que aceptemos unas autocríticas que distan mucho de una mínima comprensión de sus comportamientos machistas y sus nefastas consecuencias.

Entre otras cosas, declara «lloré frente a ella rogándole que me dijera que me quería», después de decir que había soportado unos celos que le impidieron comer. Dice: »soporté silenciosamente todas sus muestras de afecto», mientras las que tenía con otro camarada le resultaban »fuertemente dolorosas». En una autocrítica no hay cabida para reflejar estas valoraciones subjetivas que solo pretenden autojustificar sus comportamientos y su conciencia respecto a ellos. Reconoce de palabra que los celos y el chantaje emocional son algo reaccionario, pero si lo que realmente debería asumir, que es el cómo cohartó por medio de este chantaje a sus relaciones personales y su avance, no aparece en ningún momento, sólo podemos decir que no ha comprendido absolutamente nada de su conducta.

»La relación se tamagochizó»

Conscientemente o no, Samuel vuelve a actuar de forma liberal a la hora de definir la relación con Jiang. A pesar de habérselo señalado explícitamente en varias ocasiones, y existiendo mil formas distintas de decir que una relación se digitalizó/virtualizó por el uso de las redes telemáticas, Samuel insiste en utilizar en todas sus autocríticas la misma expresión: «Se convirtió en un jueguecillo de envíos de ‘tequieros’, stickers y en apoyos en momentos en los que estuviera triste. La relación se tamagochizó».

Es totalmente significativo el uso de la palabra »tamagochizar» en un caso como este. Un tamagotchi es una mascota virtual, algo que tienes que cuidar, que controlar, que »proteger». El uso de esta expresión por su parte, pese a los varios señalamientos, dicen mucho de cómo conceptualizaba la relación, y son el reflejo de los comportamientos que acabó cometiendo: control continuo, celos cada vez más intensos, actitudes paternalistas e infantilización de la agredida.

Samuel afirma que la relación se estaba tornando en algo que no le gustaba, y era precisamente esta relación prácticamente virtual que tenían él y Jiang. No obstante, las relaciones que desarrollaba fuera de su militancia siempre seguían el mismo patrón: el peso de estas se centraba principalmente en lo virtual. Bien a través de Twitter, bien a través de Telegram, Samuel siempre se focalizaba en estas vías a la hora de relacionarse, consecuencia simultánea de su insociabilidad.

Durante el tiempo en que fue militante, vimos esta incapacidad de asentar relaciones fuera de las redes. Una persona que pretende ser vanguardia debe saber desenvolverse entre las masas, sobre todo si se pretende hacer un trabajo político revolucionario. Por ello, por parte de la organización, se puso el peso en precisamente lo contrario, en que desarrollara relaciones políticas fuera de la comodidad de las redes sociales. Sin embargo, ni siquiera así Samuel conseguía abrirse a sus camaradas para tratar esta problemática, ocultando deliberadamente información vital para poder solucionarla. Prefiriendo exteriorizar sus sentimientos a través de Twitter antes que con las personas con las que pretendía hacer la revolución.

De rivalidades…

Los celos de Samuel cada vez eran más fuertes, siendo él incapaz de gestionarlos. Se llega a un punto en el que afirma que le «daba la sensación de que todo el mundo creía que yo era un pringado por no proteger lo que era mío». ¡Proteger lo que es suyo! ¿Se puede ser acaso dueño de una persona, de la decisión sobre su vida y su cuerpo? Para una comunista es impensable. Dentro de este sistema se ven los celos como algo completamente natural, incluso como muestra de sincero amor por la otra persona. Pero esto no es más que una quimera. Una forma burda de esconder ideología burguesa de lo más reaccionaria. Y la reprodujo de forma totalmente consciente.

Y esto va más allá, pues dice que «sentía una fuerte ansiedad posesiva que se ocultaba bajo un sentimiento de inferioridad con respecto a posibles ‘rivales’ amorosos/sexuales». Es aquí donde se muestra el punto álgido de las actitudes celosas: la mujer es vista como algo a conquistar y a proteger frente a otros «rivales», frente al resto de propietarios. También se le señaló, en varias ocasiones, el hecho de que esa rivalidad o sentimiento de competencia se diera únicamente con hombres, como él mismo sentencia en los materiales, diciendo, por ejemplo, que tratará de «obviar al resto de hombres con quien pudiera estar la otra persona». De nuevo, aquí se reproduce otra actitud patriarcal que no ha sido capaz de reconocer: además de identificar a las personas con quien ella hablaba como amenazas de su pretendida propiedad, estas personas eran en su mayoría hombres.

Definición de la relación

El propio Samuel señala que «en aquel preciso momento, una aclaración profundizada podría haberme evitado poner tantas expectativas (en el sentido de cerrada o abierta en lo amoroso) en la relación y la podría haber salvado». Afirma que, en caso de que ella hubiera aclarado los términos de la relación, el desarrollo de los acontecimientos hubiera sido distinto. Después de haber incurrido en formas de maltrato sistemático -supuestamente reconocidas-, da lecciones sobre cómo ella podría haberlo evitado. Incurre en justificaciones continuas para no afrontar las consecuencias de sus actos y, encima, descarga parte de la responsabilidad activa sobre quien sufrió las consecuencias de estos. Habla en unos términos que demuestran que dista mucho de alcanzar el primer paso de una autocrítica sincera.

No obstante, incluso si no tuvieran una relación abierta, en ningún caso es considerable prohibir o controlar el relacionarse con otras personas. Aún así Samuel sentía unos profundos celos por la actual pareja de Jiang, y progresivamente »aumentaría en mí las dudas y acrecentaría mi posesividad», en palabras suyas. A pesar de ser una relación abierta, Samuel seguía manteniendo las ideas de posesividad hacia ella, marcando territorio frente a sus «rivales». Esto queda perfectamente reflejado cuando dice «pensaba entonces que si eramos novios, por muy relación abierta que fuese, novios eramos, y que a sus buenos amigos tendría que comunicárselo». Esto demuestra su concepción patriarcal de las relaciones, en la necesidad de «marcar» a su pareja y, así, tenerla bajo control: que todos sepieran que es su novia, su propiedad.

No respetar el centralismo democrático

Esta actitud de control no la ejerció únicamente sobre ella, pues la extendió al plano de su trato con la colectividad. Trataba de conocer al máximo posible la relación que ella guardaba con otras camaradas. Buscaba información en conversaciones que no le procedían y procuraba saber con quién y sobre qué hablaba ella. Se saltó continuamente el centralismo democrático dentro de la organización. Pretendía conocer lo que no tenía que conocer. Llegaba, incluso, a mirar los móviles de las camaradas para ver con quién estaban hablando. Trasladó sus actitudes posesivas con su pareja al trato con las militantes. En sus propias palabras: «Pues también comencé a no respetar la privacidad de mis camaradas para comprobar si hablaban o no con ella, por si sabían de algo o tenían algo con Jiang. E incluso, más allá, en busca de información que no me procedía».

Ya hemos hablado con anterioridad de lo que significa el centralismo democrático, y uno de los aspectos fundamentales de este es el de que cada camarada tiene que saber la información justa y necesaria para poder realizar de forma óptima su trabajo político. No puede saber más (se caería en asamblearismo) o menos (se caería en burocratismo o secretismo) de lo que necesita, y de lo que permite su avance consciente. Él demostró querer saberlo todo respecto a Jiang, incluso a costa de la seguridad de sus camaradas y de su organización. Que una persona que acaba de entrar a militar no comprenda esto al principio es natural, pero Samuel llevaba ya mucho tiempo. Decía comprenderlo de palabra, en la teoría. En la práctica era evidente que no ha sido capaz de aprehenderlo. La teoría no se asimila hasta que se es capaz de llevarla al terreno de la práctica de forma correcta, y por tanto, concluimos que tampoco comprendió nunca el centralismo democrático, aunque diera lecciones sobre el mismo.

Uno de los mayores problemas que sufre el movimiento comunista y sus militantes es la desvinculación que se hace entre teoría y práctica, consecuencia de la incomprensión de las mediaciones necesarias para llevar a término las tareas que exige la lucha de clases, limitación manifestada en Samuel y que nunca logró superar. Asegura constantemente rectificar sus actitudes en la teoría, algo que nunca convergió con su praxis. Él se muestra «fuertemente combativo y beligerante contra tales conductas por lo menos a nivel teórico», pero reconoce que «a nivel práctico es otra (y más dolorosa y difícil) historia». Está claro que reconoce su limitación. Sin embargo, reiteradamente nos ha demostrado que no la ha superado. No vincula su conocimiento transformador, también ausente, y el reconocimiento de sus errores que lo imposibilitan. A pesar de la ayuda y apoyo que recibió por parte de las camaradas incurría de nuevo en el mismo error. Ante las flagrantes contradicciones que mostraba en su práctica, nos dimos cuenta de que Samuel no es capaz de actuar de manera consecuente con la teoría que dice haber asimilado. Es por ello que concluimos que sigue y va a seguir sin comprender ni asumir los comportamientos que ha mostrado.

Sobre el creciente control y sus consecuencias

Además, siguiendo el tono de la justificación de sus actos, se excusa en la presunta «voluntariedad» de Jiang al ceder ante sus controles y obsesiones: «Recuerdo incluso que cuando ella me enseñaba de forma voluntaria su móvil solía poner caras de fastidio». «Voluntaria», después de que le cuestionara continuamente sus amistades de Twitter. «Voluntaria», después de gritarle y llorar para que le dijera que le quería. «Voluntaria», después de asegurarse de que todo conocido tenía constancia de que ella era »suya». «Voluntaria», después de ejercer un control explícito e implícito sobre toda su actividad telemática. «Voluntaria», después de insistir continuamente ante sus negativas para mantener relaciones.

La voluntariedad de Jiang con Samuel no existía cuando la coaccionaba continuamente con sus acciones. Que utilice este término para justificar su dolor al leer las conversaciones que mantenía con otros camaradas es repugnante y tremendamente inmundo.

Por otro lado, debemos señalar una vez más la falta de comprensión por parte de Samuel de la gravedad de sus conductas. Tener la osadía de autodenominarse comunista tras haber llevado a cabo tal cantidad de actitudes machistas y ultra-reaccionarias supone una falta de criterio supina. Debido a la ideología dominante, una persona puede cometer este tipo de comportamientos sin reparar en lo reaccionario de los mismos o, aunque repare, justificar continuamente la dominación que ejerce. Samuel, por el contrario, era un militante organizado que había tomado parte en reuniones, lecturas y trabajos acerca de la cuestión de la mujer, pero no interiorizó nada sobre los mismos. Además de haber sido un reaccionario, tomó una actitud liberal continua que no ha de ser consentida en nuestras filas.

La excusa va de la mano de una tremenda confesión: «Unos ataques y una tensión que se desvanecían y aliviaban al instante en el momento en que yo comprendía que ella ya estaba en casa». Que sus celos y su ansiedad se calmaran solo cuando comprobaba que ella estaba sola, denotaban un deseo clarísimo de aislar a Jiang socialmente. Se trataba de un »conmigo o con nadie» consecuencia de los cada vez mayores celos y posesividad que desarrolló.

El resultado del cúmulo de comportamientos reaccionarios fue una intensificación de estos, que Samuel pretendía canalizar con sus familiares. «Posiblemente impidió con mucho que sus peores consecuencias terminaran cayendo sobre Jiang» -dice al respecto- «dudo de todos modos que le pudiera poner nunca la mano encima, ni a nadie a quien se supone que quiero». El hecho de que exprese la aparente posibilidad de agresiones físicas, la sencilla «duda», y el aumento de la agresividad es sintomático. Pues por una parte, puede ser un aliciente para darle menos relevancia al maltrato psicológico (hacerlo más «comprensible»), el cual realmente se produjo, y por otra parte, denota el no comprender la gravedad de sus actos, ratificando la línea victimista de su autocrítica.

Presiones en la relación

En esta sociedad clasista se sobreentiende que el establecer una relación de pareja permite a la parte dominante, en este caso masculina, exigir consideraciones especiales (a la parte dominada) en muchos ámbitos. Uno de ellos es el de la sexualidad. Se entiende que si una persona mantiene una relación de estas características está obligada a mantener relaciones sexuales con su pareja, y socialmente se le constriñe para ello. Poco importa la voluntad de ambos individuos. Poco importan los condicionantes subjetivos de aquella persona que se ve sometida a esta exigencia -tales como antecedentes traumáticos o complejos sobre una misma-. Poco importan las consecuencias que de esta presión pueden derivarse.

Samuel, haciendo uso de este beneficio otorgado, insistió continuamente en mantener relaciones sexuales con Jiang. En ningún momento aceptó su negativa a la hora de mantener sexo, algo que ella manifestó de diversas formas, tanto verbalmente como por medio del lenguaje corporal. En vez de respetar esta negativa, que era suficiente por sí misma, requirió de una explicación para saber por qué ella se negaba. Además, él fue conocedor en septiembre de la violación que ella sufrió, algo que no impidió que siguiera presionándola para obtener el beneficio sexual que buscaba.

La consecuencia de esta presión tan grave y tan continuada que ejerció no se manifestó únicamente en un plano emocional para ella. Estas presiones llegaron a condicionar en gran parte la actitud y el comportamiento de Jiang en todos sus ámbitos vitales.

Acerca de las supuestas «promesas sexuales»

En todas sus autocríticas relata cómo ella le «lanzaba indirectas» para tener relaciones sexuales, mediante frases que considera como «sugerentes», o incluso algún que otro GIF pornográfico. Este tipo de mensajes no tienen por qué constituir indirectas, ni siquiera hay que presuponer que la otra persona tenga una predisposición a tener sexo en el futuro. Y, aunque una persona haya explicitado querer mantener relaciones, está en su derecho de decir que no en cualquier momento, haya dicho lo que haya dicho anteriormente.

Incurre en un error gravísimo, pues lo que interpreta como insinuaciones sexuales lo acaba considerando como un «estallido de promesas». Reproduce, pues, un fuerte componente de dominación, ya que da por supuesto que dichas «promesas» no podían ser rectificadas una vez formuladas. En cualquier momento de la relación entre dos personas, incluso en medio del mismo acto sexual, la otra persona puede mostrar una negativa a continuar que, sea cual sea la situación y sean cuales sean las «promesas previas», hay que respetar.

Las actitudes que Samuel adoptó y que, de hecho, continúa adoptando ante esta problemática, nos hacen insistir de nuevo en que una persona así no tendrá cabida, de ninguna manera, en las filas de la vanguardia revolucionaria.

Debemos criticar con contundencia las actitudes referidas a los celos que sentía hacia Jiang y su entorno, no solo durante la relación, sino también tras la ruptura. Uno de esos episodios fue cuando ella decidió tener relaciones con su nueva pareja. Hace referencia a este hecho diciendo que este «quebró todo el mundo», monstrando una valoración subjetiva y reaccionaria de no haber conseguido lo que en esta sociedad se considera un «logro», haberse acostado con una mujer.

Dentro de la lógica del capitalismo patriarcal, el hombre debe mostrarse como el dominante dentro de las relaciones y dentro de la propia sociedad. Es por ello que con cuantas más mujeres haya tenido relaciones sexuales, mayor estatus tendrá. Al no alcanzar este objetivo, y al ver que una persona que no era él sí lo había conseguido, los celos se apoderaron de él, pues no luchó conscientemente contra los mismos. Como ya hemos expresado, las comunistas no podemos seguir la lógica de la ideología dominante. No podemos reproducir conductas reaccionarias ni dejarnos guiar por estas, cosa que Samuel no supo combatir en su relación.

Así como no combatió conscientemente las actitudes reaccionarias anteriormente mencionadas, tampoco evitó presionar de forma sexual y emocional a su, por entonces, pareja. Presión que, como ya hemos dicho, condicionó en gran parte las actitudes de la agredida. Entre otras cosas, aparte de ceder ante controles (como por ejemplo mostrar conversaciones, etc), llegó a practicarle sexo oral para saciar así sus ansias y rebajar la presión sexual que él le ejercía.

Conclusiones finales

Son muchas las conclusiones que se pueden extraer del balance y del proceso de investigación que hemos estado realizando. Algunas de ellas, las hemos ido plasmando a lo largo del material, y algunas otras podrán ser constatadas por vosotras mismas al leer los documentos que él mismo presenta. Sea como fuere, consideramos necesario sintetizar una breve conclusión a modo de cierre.

A partir de los documentos que escribe como hoja de ruta de una autocrítica, podemos analizar que no existe una comprensión clara de qué es una autocrítica. En su mayoría, estos textos se resumen en una cronología de los hechos sucedidos, comentada con un enfoque dirigido a que se comprenda su posición en estos. A nuestro juicio, este tipo de redacción refleja una necesidad de empatía del lector para con él mismo, fruto de la búsqueda de perdón que demuestra. Además, continuamente se justifica, alejándose del papel activo de agresor que ha desarrollado en esta relación.

Un escrito de autocrítica es un lugar donde se debe hacer una profunda e intensa reflexión de las actitudes que se han tenido, de por qué se han cometido esas estas y de cómo superar dichas conductas reaccionarias. Lo demás es papel mojado. Todas las valoraciones subjetivas, todos los desarrollos teóricos aislados de las praxis real y todo lo que busque huir de la responsabilidad activa que uno mismo tiene en las actitudes que comete no es más que letra muerta.

Por otra parte, en caso de que el material fuera radicalmente distinto y se adecuara a lo exigido de él como pretendido comunista, de nada serviría que aquí lo «perdonásemos» y lo condecórasemos como caramada válido que ha superado sus limitaciones por el simple hecho de decirlo nosotras. Esto es algo que deberá constatarse en la praxis diaria, y no por medio de un simple documento. Ese tipo de práctica no es propia de una organización revolucionaria. Si hemos procedido a la elaboración de un material de estas características, es porque consideramos que hemos de ser justos con la realidad de sus actos y sobre todo con sus consecuencias, expresándolas al conjunto del Movimiento Comunista.

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(1) Autocríticas (textos) remitidas a la organización por Samuel: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/08/Autocríticas_Samuel.txt

Respuesta a «Guardia Revolucionaria»: Parte V, la crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas

Es significativo que el estilo en el que se imputa la crítica se centre en una serie de frases de carácter general o incluso frases con carácter retórico, pretendiendo absolutizar ciertas prácticas o limitaciones por parte de nuestra organización. Intentando hacer pasar subrepticiamente una suerte de «a buen entendedor, pocas palabras». Pero nada más lejos de la realidad, nosotras no nos vemos reflejadas en sus imputaciones por mucho que se intenten expresar con carácter retórico, presuponiendo tácitamente su validez.

Así que, ante nuestra impresión, no solo respondimos y responderemos a cuestiones concretas que son en su parcialidad, o incluso totalidad, falsas (demostrado con hechos concretos en las anteriores respuestas antes de esta misma crítica). Por el contrario, aprovechamos para esclarecer ideológicamente las limitaciones que se han demostrado, tanto en la concepción meramente teórica como en la actividad práctica, por parte de las firmantes de la actual crítica.

Entendemos que una autocrítica debe abarcar tanto los aspectos concretos de los errores que se han producido en la organización, como las limitaciones políticas que dicha organización reproduce en su seno. Nosotras hemos intentado mantener una actitud honesta hacia estas críticas y una disposición absoluta a recibirlas. No solo desde instancias internas de la organización sino desde elementos exteriores a esta. El problema reside en que en ciertas ocasiones las «críticas» que se han imputado por parte de terceras personas no han llegado a los requisitos en los que una crítica comunista debe ser realizada, más cuando interpretan retroactivamente los hechos de tal manera que se muestren serviles a sus intereses políticos inmediatos.

Es innegable que la lucha ideológica activa en el seno de una organización es imprescindible para evolucionar y madurar como marxistas–leninistas y para llegar a ser vanguardia. Cada uno de nosotros hemos nacido en el capitalismo y por ende hemos sido educados por su ideología. Esta es la razón por la que tenemos que apostar innegablemente por la lucha de dos líneas constante: la ideología proletaria, la cual adoptamos del marxismo-leninismo, contra la ideología burguesa, el liberalismo. La lucha de dos lineas, funciona en el interior de la organización por medio de la crítica; todos los comunistas tenemos que estar abiertos a ser criticados y a criticar para superar cada contradicción, para hacer sucumbir todas las ideas o actitudes reaccionarias, revisionistas, burguesas, o llámese como se quiera: todo vestigio posible de la ideología burguesa.

No somos educados por ninguna ideología, somos educados en ella a través de los aparatos ideológicos, institucionales o no, que funcionan como correa de transmisión de esta. Esta no domina enteramente a todo individuo que existe en la sociedad moderna, ni el liberalismo es su única manifestación (expresa con más regularidad concepciones pequeñoburguesas). En la medida en que existe una clase que es, en sus condiciones de vida, potencialmente revolucionaria, existe la base material para la formación de ideas revolucionarias; cuando esta clase no tiene nada que perder en la sociedad actual y se adueña de la perspectiva de la emancipación humana, pueden brotar ideas comunistas: en el proletariado convergen ambas. Y el proletariado se organiza políticamente, atravesado por ambas instancias para luchar de forma unitaria. Es por ello que la lucha de dos líneas atraviesa cada momento del proceso de su constitución como clase revolucionaria, pero no es ni mucho menos exclusivamente la crítica lo que la hace «funcionar en el interior».

La crítica es una característica esencial, de las más destacables, es cierto. Asimismo, cada actividad que lleva a cabo toda militante forma parte de esta lucha vertebradora, cada palabra que dice, cada propuesta o sugerencia que hace, cada expresión de iniciativa, cada perspectiva justa sobre cualquier problemática, cada creación política, cada paso en la profundización teórica, es muestra de la vitalidad de la línea proletaria; así como cada actitud o comportamiento reaccionario, y cada silencio y vacilación, muestra del dominio de la línea burguesa. Es decir, la propia experiencia vital es atravesada por la lucha de dos líneas, paralelamente a la masificación de la actividad consciente entre la clase, que se forma como sujeto social autoconsciente de su situación y su misión histórica. Y si es la línea proletaria la que manda, la experiencia misma se desarrolla en beneficio de esa lucha, en respuesta a las necesidades de la praxis colectiva. He ahí el porqué de la indistinción, en la sociedad clasista, entre movimiento político y social en el movimiento histórico proletario (Marx, Miseria de la filosofía).

Comprendemos la necesidad de que «todos los comunistas tenemos que estar abiertos a ser criticados y a criticar para superar cada contradicción» y hemos sido las primeras en señalarlo constantemente a cada premilitante, a cada militante, a cada persona con la que trabajásemos. Esto se reitera en el significativo audio adjunto en la Parte III, en el que en presencia de Jiang y Riurik se refuta todo lo que nos achacan (1).

Sobre hacer sucumbir las ideas burguesas, una única matización: debe entenderse exclusivamente como derrota positiva en la praxis cotidiana, como hacer imposible su repetición, en la medida en que esté en nuestras manos hacerlo, pues hay problemáticas personales (económicas, que requieran ayuda profesional, etc.) que desgraciadamente no están en nuestras manos (posibilidades) solventar en las condiciones presentes.

Profundicemos sobre que se sostenga precisamente de la crítica que, como vehículo de la lucha de dos líneas, ha de ser realizada «en el interior de la organización», aceptándolo como teóricamente correcto, cuando han mostrado no estar en condiciones de plasmarlo en su actividad cotidiana.

Jamás subordinaremos lo político a lo organizativo, y por ello no exigiremos que alguien permanezca orgánicamente ligado cuando diverja en lo tocante a la línea ideológica y política. De hecho, deberá ser expulsada de no resolverse positivamente la lucha de líneas. La concepción previa es muestra de organicismo, donde lo ideológico se subordina a lo organizativo, propio de las formaciones de viejo cuño, de las que nos desvinculamos no solo de palabra sino en los hechos. Teniendo esto en consideración, es preciso subrayar que estas personas, al menos de palabra, compartían la línea política de la organización cuando militaban en ella. Cuando la abandonan (salvo Jiang), todas comparten la línea general y no quisieron dar salida interna a ninguna crítica, a pesar de que han existido siempre los cauces suficientes, y no se ha dejado de invitar a emplearlos, pues siempre hemos considerado la crítica una instancia necesaria de la política. Nos hemos repetido sobre este punto, y lo haremos tantas veces como sea necesario.

Particularicemos esta problemática. Jiang abandona la organización con una crítica bajo el brazo, la cual ha sido contextualizada y contestada públicamente (2). El texto se valora internamente con la máxima seriedad. Se acepta lo que de ella es justo, se critica lo que no. Se pone al tanto a toda la militancia. Debido a la proximidad del camarada Galander, actual pareja de Jiang y hasta hace poco militante de nuestra organización, se decide tratar pormenorizadamente la crítica en persona con él. Es significativo que, sobre la caricatura que construye Jiang del FRML, Galander nos transmitiese que ella pensaba que en esa reunión se le iba a exigir al camarada que rompiese la relación. En cualquier caso, la crítica se comenta exhaustivamente, punto por punto, con el propio Galander. Él considera satisfactorias las respuestas que se le dan y reconoce parte del enfoque de Jiang como generalizaciones abstractas.

Sin embargo, no es la única reunión que se produce con Galander para abordar la cuestión. Esa temática particular y la de la centralidad de la crítica se reiteran en múltiples reuniones, tanto individuales y monotemáticas como en reuniones de colectivo. Arrastrábamos justificada preocupación sobre su estilo de trabajo pasivo, especialmente atento a lo teórico, que se abordó como en todo colectivo al más alto nivel. Por otra parte, mostraba una indiferencia notoria a las labores cotidianas, priorizando su labor en espacios como Twitter a su participación en las vías que abre la organización para la puesta en relación de las inquietudes colectivas de las militantes.

Repetidas veces se le criticó, y repetidas veces volvimos a observar la reproducción de tales actitudes. En la última reunión con esta persona, en la que abandonó de mutuo acuerdo (él venía también con la idea de abandonar la organización), por su actitud pusilánime ante la crítica, calificó él mismo su actividad como «liberal y centrista». Así pues dejó oxidarse, ante su indiferencia, los medios que repetidas y reiteradas veces pusimos en sus manos, como lo hicieron previamente las cinco firmantes, para solventar cualquier duda o crítica que dispusiese.

Al tratarse de una cuestión que hemos trabajado y sistematizado, aprovechamos para reproducir la reflexión de un camarada, que compartió ante la militancia y premilitancia:

«‘La crítica que, al principio, es inevitablemente post festum, se transforma cada vez más resueltamente en un intercambio de experiencias tácticas y organizativas concretas y generales, las cuales se orientan también cada vez más hacia el futuro’ (G. Lukács, Historia y conciencia de clase).

La ligazón entre crítica revolucionaria y compromiso militante es mayor de lo que pudiera aparentar. Es característico de quien concibe la militancia de forma burguesa no elaborar constantemente en colectivo y con carácter político la crítica revolucionaria, que es el paso previo a la praxis revolucionaria. La realización de la crítica sincera es un termómetro perfecto de la implicación de un militante. Quien la recibe o formula como ofensa personal, quien no la realiza por mantenerse en buenos términos con alguien, o evita hacerla por las complicaciones que traería muestra un nivel de conciencia que no es el suficiente para un militante de vanguardia. Más bien, se ajusta a la del alumno que, temeroso ante la respuesta del profesor, prefiere callarse. Es inaceptable reproducir este tipo de conductas en una colectividad comunista, y absolutamente perjudicial.»

Un poco más adelante, comenta lo que sigue sobre las reuniones de colectivo:

«desde una perspectiva pasiva, éstas se entienden como el espacio de nuestra vida en el que se condensa nuestra actividad militante, al que se restringe. Muy al contrario, el comunista entiende éstas como el lugar del balance íntegro de la actividad que engloba nuestra entera vida. Las reuniones son lugares de reflexión y decisión colectiva, en las que se evalúa lo que se ha hecho y se determina lo que se va a llevar a cabo fuera de ellas.»

Concluye vinculando la problemática a la cuestión de la iniciativa comunista:

«El comunista sincero y consecuente trata de hacer cada vez más su militancia el “hábito” central y articulador de su desarrollo personal y social, por ello político, y más aún la superación práctica de toda forma primitiva y restringida de la misma. Todo ello articulado con las tareas de la organización en cada etapa de la lucha de la clase obrera revolucionaria, o en su defecto, de la constitución de esta clase. Sólo así podemos hacer predominar lo consciente. Sólo así alcanza la iniciativa individual su verdadera realidad.»

Ejemplifiquemos esta cuestión. Ha habido militantes que se han referido a sus secretarios para llamar la atención sobre un error ortográfico en un tuit de la organización, o sobre que no se expresaban claramente ciertas ideas. Puede parecer una pequeñez. Muy al contrario, es una muestra de sincero espíritu revolucionario, de compromiso. Alguien que identifica su línea política actual con la de la organización y su vida con la causa obrera trata cada expresión concreta de las mismas con la mayor delicadeza, diligencia y preocupación.

Sin embargo, alguien que no ha comprendido lo que la militancia implica (como era caso del arriba mencionado), puede conocer las acusaciones (ya desmentidas) de violación sobre el camarada Manolo y las críticas que Jiang estaba elaborando y, ¡ni siquiera informar o pedir explicaciones sobre ello!

¡Que les vaya bien a este tipo de impresentables!

La marcha de estos elementos refuerza la capacidad militante de la organización, su carácter proletario.

Funciona del mismo modo en el interior de cada comunista, con la autocrítica como arma; todos los comunistas hemos de luchar contra el burgués que llevamos dentro, debe sucumbir ante los revolucionarios que nos proponemos llegar a ser. Y con respecto al colectivo al que va dirigido esta misiva, entramos en el FRML con la falsa expectativa (sic!) de que esta organización tenía como principio fundamental la lucha de clases en su seno.

Es preciso realizar cierta matización del enfoque teórico que aquí se introduce. En una sociedad de clases, las clases fundamentales de ésta se organizan políticamente, en mayor o menor medida. Cualquier configuración política se desarrolla en el interior de los antagonismos de clase y por tanto tiene «como principio fundamental la lucha de clases». Los historiadores burgueses pueden admitir la lucha de clases como principio fundamental de la evolución social, y no son por ello marxistas.

Lo que tenemos como principio fundamental es la autotransformación de la clase oprimida en humanidad emancipada, y precisamos de la lucha de clases, lo más abierta y masificada posible, para alcanzarlo. Concebir como «principio fundamental» de una organización comunista la lucha de clases, un choque de fuerzas, el primero y último de carácter político, es reducir la perspectiva marxista a la más burda Realpolitik. Lukács (Táctica y ética) lo recuerda:

«El hecho de la lucha de clases no es más que una descripción sociológica y una elevación del acontecer a la condición de una legalidad que tiene lugar en la realidad social; la intención de la lucha de clases del proletariado rebasa, sin embargo, este hecho. (…) La lucha de clases no es una mera lucha de clases (si se limitase a eso, solo se encontraría realmente regulada por la Realpolitik), sino que es un medio para la liberación de la humanidad, un medio para el verdadero comienzo de la historia humana».

¡Cuán ignorantes fuimos! Nos encontramos con ideas que abarcan desde actitudes que podrían cambiarse poniendo compromiso (si su dueño lo quería, claro) hasta actitudes extremadamente reaccionarias —tales como bromear sobre opresiones o negar el testimonio de mujeres que sufrieron violencia de género — que eran abonadas cada vez que se las criticaban o pasadas por alto, como si no fueran nada importante (con el clásico “ya se discutirá en el futuro”).

Viene al caso que recordemos aquí las palabras de un comunista chino, que emplea una bella metáfora para explicarnos el proceso de superación y transformación de los remanentes de la sociedad burguesa:

«Una persona que sale del fango tiene el cuerpo manchado de barro, ¿es eso algo extraño? Ciertamente que no. Es del todo natural. Sería, más bien, sorprendente y extremadamente inconcebible que no hubiera absolutamente cosas sórdidas en las filas del Partido Comunista. Podemos decir que, mientras existan en la sociedad cosas sórdidas, clases, influjo de las clases explotadoras, existirán necesariamente, en una determinada medida, cosas parecidas en el Partido. Precisamente porque hay cosas sórdidas tanto en la sociedad como en el Partido, éste tiene por tarea el transformar la sociedad, y es necesario que sus miembros se transformen, se eduquen y se acostumbren a la lucha. Así, debemos proseguir no sólo la lucha contra todo lo que es tenebroso y retrógrado en la sociedad, sino también debemos proseguir la lucha en el interior del Partido, contra los elementos vacilantes, oscilantes, que reflejan todo eso en el Partido.» Liu Shaoqui, Para ser un buen comunista.

¿Vamos a ser tan ingenuos de pensar que por formar parte de una colectividad revolucionaria dejaremos de reproducir de forma absoluta actitudes reaccionarias? Desde el FRML somos conscientes de que (al formar parte de esta sociedad y a través de elementos como la educación, la familia, las relaciones sociales más básicas, etc.) vamos a reproducir dichas actitudes.

Es por ello que como organización en todo momento llevamos a cabo una vigilancia revolucionaria para identificarlas y combatirlas. Evidentemente en algún momento ésta habrá sido menos contundente de lo que debería, pero gracias a la crítica y autocrítica constante en el seno de la organización (que las firmantes de la crítica niegan sin aportar pruebas) hemos sido capaces de mejorarla, para poder actuar de forma más directa y rápida frente a esos casos, para poder combatirlos y resolverlos.

Respecto a las acusaciones, pasan ya de castaño oscuro. No sólo se generaliza («cada vez»), sino que se miente abiertamente. Esto no se ha tolerado nunca. Si se tiene constancia de algo de esto, rogamos que se señalen casos concretos, de otro modo la crítica es improductiva y cortocircuita su vínculo con cualquier praxis superadora.

La teoría que no supera su escisión con el desarrollo real y el movimiento de masas -y que no aspira a superarla- no es más que un cadáver hediondo, se «proponga» lo que se proponga como fin. Por ello, exigimos (puesto que las firmantes se dicen comunistas, estamos en el derecho de exigir) que se señalen casos concretos. La investigación pertinente se abrirá de inmediato como ya se ha hecho con anterioridad.

Las militantes de una organización comunista somos expresión de la sociedad en que vivimos. Claro que entrará gente a la organización con ideas reaccionarias, pues nadie nace siendo comunista. Pero una vez más, cogen la parte por el todo y deducen, de posibles errores contingentes, que la línea ideológica es reaccionaria y no proletaria.

Con esto, nos referimos a que ninguna organización comunista está exenta de tener elementos con posiciones reaccionarias entre sus filas. Podríamos enumerar casos en cada una de ellas, incluso en las que más coquetean con el feminismo. Vivimos en el seno de una sociedad donde existen tales posiciones y, por tanto, las tenemos parcialmente interiorizadas. La diferencia es que las comunistas pretendemos enfrentarlas para superarlas.

No obstante, estas actitudes no deben tener cabida en un destacamento de vanguardia, y, por tanto, deben ser y son combatidas, pues nuestro objetivo es la revolución. Por tanto estamos comprometidas a combatirlas, tanto en nuestras filas como en las filas de cualquier otra organización. Esta afirmación de que las críticas eran pasadas por alto no tiene ningún fundamento. Con cada crítica justa reforzamos nuestra línea revolucionaria, y todas las críticas justas son tratadas y valoradas como ya hemos demostrado en las anteriores respuestas.

Nos gustaría que se concrete en qué momento «su dueño» ha impedido una crítica. Estas ex-camaradas pudieron realizar sus críticas y no fueron impedidas por ningún miembro de la organización. También nos gustaría que se concretase quiénes son esos dueños o a qué se refieren. Entendemos que, quizá, se puedan referir al Comité Central, pero ante la ausencia total de ninguna prueba o aporte que clarifique el término, creemos que una vez más queda patente que este material, más que una crítica, tiende a la narrativa política, dado que no tiene ningún fundamento material (cuanto menos que podamos constatar). Por tanto, creemos del todo inaceptables que estas acusaciones tengan cabida en un movimiento que pretende ser revolucionario.

Se reafirman de nuevo en que no se creyó a una persona que sufrió violencia de género (cuestión ya señalada esencialmente como falsa, sobre la cual se entrará en profundidad, crítica y autocríticamente, en un material futuro). Se pretenden generalizar estos hechos, dando a entender que es una actuación normal en el FRML. Una práctica que implicaría que se realiza de forma consciente de alguna manera y con objetivos reaccionarios. Por otra parte, el clásico «ya se discutirá en el futuro» da entender que la crítica realizada se pasaba totalmente por alto. Creemos que hay muchos errores que hemos podido cometer y cometeremos en el futuro, pero cualquier persona que haya pasado por aquí no puede sostener que se le ha negado el hacer críticas, que se ha pasado de sus críticas o que no tenía medios para abordarlas.

Respecto a esta cuestión -la postergación de la crítica- hemos hablado ya en Precedentes críticos (3):

«El fin de semana del Primero de Mayo, como bien saben las camaradas que estuvieron presentes en Madrid, fue muy ajetreado. La carga de trabajo que las camaradas de la organización tenían encima era muy elevada, acostándose muchas de ellas a las 6 de la mañana. Cuando el secretario se enteró de que el camarada no estaba en Madrid, decidieron aplazar el tema para concertar una reunión con él y expresarle la crítica por los cauces adecuados (el cual no es Telegram, por supuesto), ya que había cuestiones de trabajo más prioritarias. La lucha consciente contra las actitudes liberales en el colectivo de Madrid se manifiesta de diferentes formas (reuniones individuales, críticas colectivas, praxis diaria, etc.).

Cada caso concreto se aborda con las formas necesarias y en los tiempos que se consideren adecuados. Una vez más, la camarada, desde el desconocimiento absoluto, presupone que no se van a tomar las medidas adecuadas y decide hablar con el militante en cuestión, empujándole a realizar una autocrítica que llegaría al día siguiente. En vez de socializar el problema con quien debía hacerlo, decide actuar por voto propio, demostrando una absoluta falta de comprensión del funcionamiento del colectivo y del centralismo democrático.

Aquí se manifiesta de nuevo su concepción de una organización comunista. Parece que entiende que si algo pasa, ella debe estar enterada y, si no, es que no está pasando.»

La crítica en el FRML se convertía en una práctica hostil, pues se tomaban como ofensas (sic!) a los individuos militantes o a la organización. Todos podíamos captar cuestiones erróneas, pero en muchos casos se hacía caso omiso (sic!) de las críticas de ciertos miembros alegando que tienen baja formación (sic!), que no tenían experiencia como militantes (sic!), que se equivocaban o que directamente no tenían razón —sin contraargumentar (sic!), por supuesto—, y más evasivas para esquivar las críticas (sic!) y seguir practicando su liberalismo desde su individualismo (sic!), a seguir paseando a su ‘yo burgués’ bajo una bandera roja. Y, qué curioso, en las críticas hacia la ‘vieja guardia’ (sic!) de la organización la razón estaba siempre del lado de la vieja guardia.

El problema de la crítica y su aceptación en nuestra sociedad tiene siempre un componente de oposición al cambio, e igualmente también tiene siempre un componente de deshonor. Se asume en nuestra sociedad que el potencial surge del individuo, que el individuo es siempre lo más importante, que la libertad como individuo que obra y piensa «por sí mismo», que el individuo autoproduce sus condiciones vitales y los presupuestos de su actividad, etc. Es otra forma de expresar parte de la ideología burguesa, de expresar aquello que Mao llamaría liberalismo en el seno de una colectividad revolucionaria.

El rechazo a la crítica tiene ahí su raíz, su origen. Sin comprender ese origen, no se pueden superar las limitaciones a la hora de aceptar la crítica, estudiar la crítica e incorporar en la práctica los elementos justos que en ella residen. De esto hemos hablado ya a lo largo del material en varias ocasiones, esto es algo insalvable cuando la crítica que se nos remite tiene tan poca diversidad de temas y tan poca profundización en los mismos. Pero aún así nos parece necesario contestar a todas las veces que se repita una mención a un tema ya tratado.

Nos encontramos en términos concretos en el punto de siempre. Aún participando de la elaboración de esta respuesta más de una veintena de militantes de la organización, no encontramos constancia del momento de la supuesta hostilidad hacia las críticas, no encontramos tampoco otras pruebas de ello en las críticas que se nos hacen, y desde luego no encontramos constatación de un patrón generalizado como para tachar a la organización en su conjunto de ello. Igualmente, consideramos que ésta es una buena oportunidad para el desarrollo de nuestra línea, para el aporte de elementos más allá de la respuesta a las acusaciones sin pruebas.

Tampoco encontramos en qué momento se han ignorado las críticas de ninguna camarada, ni que esa omisión fuera en base a la baja formación, ni a la falta de experiencia militante, ni que ningún problema se cerrase sin la argumentación oportuna. La gratuidad de las críticas siempre bien acompañada de la ausencia de pruebas, de la falta de mención de casos concretos, sin poner apellidos a quienes tienen las prácticas mencionadas. Entendemos que si se puede llegar a afirmar la generalidad de la crítica en un colectivo amplio, es una labor sencilla el señalar unos cuantos casos de forma concisa que estaríamos plenamente dispuestos a analizar.

Es importante que sepamos diferenciar (sin disociar) al individuo de las posiciones que sostiene en un momento determinado. La visión del mundo no es algo inmutable, es algo que vivamente se desarrolla en la práctica militante y en la práctica del ser social en general. Siendo ésta mutable, el tratamiento de una camarada o ex-camarada debe centrarse no tanto en las ideas que pueda profesar en un momento dado, sino en la relación entre sus ideas y su propia persona. La disposición de la camarada para cambiar en relación a las posibilidades que ofrecen sus condiciones, son los elementos que constituyen el criterio que empleamos para determinar la capacidad que tenemos de incidir con nuestra crítica y provocar un cambio.

Conocer la forma de actuar de una camarada, conociendo con ello su visión del mundo, es lo único que nos puede ayudar a dar significado a sus palabras. Hay quien, en su dinámica de disociar la teoría de la práctica, o intentar conciliar ambos extremos con un nexo incongruente, detesta el hablar de una misma o el que se hable de otros. Estos elementos, que hacen de sus palabras un escudo donde esconder la materialidad de su actividad, tachan nuestra insistencia en conocer a los emisores de la crítica como falacia ad hominem, como un argumento falso.

No creemos que ninguna camarada tenga que ocultar su forma de actuar en ningún ámbito, ni nos parece poco relevante conocer en profundidad y colectivamente este extremo. Puesto que es precisamente fuera de los ámbitos de lo «políticamente correcto» donde muchos elementos se quitan la careta y actúan de la forma que realmente piensan, es donde realmente se manifiesta lo más asentado de su cosmovisión. No nos sirven para nada las sonoras buenas palabras cuando éstas son contradictorias con lo que luego se hace. Es en la práctica donde se «tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento» (Marx). Es aquí donde el conjunto de la crítica que se nos remite termina de resquebrajarse.

En relación al problema de las «viejas guardias» se continúa con la línea de la gratuidad de las críticas, pero aquí volvemos a encontrarnos con un punto hipócrita. En la tradición comunista esta terminología puede tener esencialmente dos contenidos, que no son excluyentes. Por una parte, el reconocimiento de la autoridad de la veteranía, en el sentido del haber pasado por más experiencias prácticas y el conjunto de lecciones extraídas por ello. Por otra parte, la nominación despectiva de quienes se encuentran fuera de la comprensión del momento político actual, habiéndose quedado anquilosados en algo previo.

Por nuestra parte entendemos que «viejas guardias» son aquellas que Mao tacharía como «darse aires de veterano; desdeñar las tareas pequeñas pero no estar a la altura de las grandes; ser negligente en el trabajo y flojo en el estudio», entendemos que vieja guardia es quien en nombre de la autoridad que se la ha reconocido en el pasado (justamente o no), hace uso de su imagen para incumplir las responsabilidades colectivas, para tomarse licencias por encima del resto, etc.

Vieja guardia no es quien lleva más tiempo militando, vieja guardia es quien demuestra haberse quedado en el pasado, es quien demuestra no querer avanzar, es quien demuestra que la ideología de la vieja clase burguesa le ha impregnado por completo. Vieja guardia, Pavka, eres tú. Igual que otros como tú, que demostrando su forma reaccionaria de actuar terminaron por preferir escapar de sus contradicciones (y de la reunión del Comité Central donde se te explicaron), eludirlas cobardemente, en lugar de afrontarlas. No eres el primero ni serás el último.

Jamás se ha subestimado la justeza de una crítica por quién la emita, ni siquiera la propia crítica por el hecho de serlo. Toda crítica emitida tanto por personas con bastante formación, como por aquellas sin ninguna, se evalúa por su correspondencia con la realidad, no por el sujeto de su enunciación. Si se ha considerado que alguien con poca formación no tenía razón en cualquier problemática ha sido porque la evaluación de la misma nos ha llevado a esa conclusión. Es el único procedimiento sinceramente materialista. Es curioso leer que las críticas a la «vieja guardia» eran aparcadas sin más consideración, cuando por parte de ninguna de estas cinco personas se emitió nunca ninguna a algo llamado «vieja guardia». Y en la medida en que en algún momento se pudieran hacer determinadas valoraciones sobre tal o cual camarada de entre las que se denominan como «vieja guardia», estas fueron valoradas. Recordamos, por ejemplo, determinadas valoraciones al respecto de alguna camarada en la propia 2ª Conferencia, donde fueron examinadas y debatidas públicamente. Insistimos en la cuestión más arriba señalada: son muchas las críticas que se nos pueden y deben hacer como comunistas, pero si hay alguna que no ha tenido nunca cabida, es precisamente la de que en la organización no se aceptan las críticas.

Es conveniente aclarar también, en la misma línea de las acusaciones de «vieja guardia» que la concepción que en nuestro seno se aplica al respecto de los cargos dista mucho de la que puede darse en otras organizaciones, en las que tener un cargo es sinónimo de colgarse una medalla en el pecho. Como comunistas entendemos que tener un cargo no es motivo para «dejarse» en las labores militantes, sino todo lo contrario. La persona que ostenta un cargo tiene una responsabilidad, la cual se considera que debe asumir en función de la conciencia que demuestra. Pretendemos que a mayor nivel de conciencia, más responsabilidad ha de asumir una camarada. La que ostenta un cargo, igualmente, está sometida a una especial vigilancia en la medida en que como responsable de determinadas parcelas de la organización, tiene que rendir cuentas con su trabajo ante la misma. Quien no lo ha hecho, ha sido criticada. Quien lo ha reiterado, ha sido degradada y finalmente expulsada. Esta situación (también entre altos cargos) ha ocurrido, y no nos pensamos libres de ella ni en la actualidad ni en el futuro. Y tanto si dicho trabajo es desarrollado como si no, se hace balance del mismo. El balance, histórico y de la política actual, es un elemento central de nuestra organización. Es lo que nos hace avanzar como colectividad.

Es significativo que las personas que han tenido cargos de entre las firmantes de la crítica no cumplieran con sus responsabilidades (Deliaida y Pavka). Sin embargo, hay un camarada de entre ellas que si intentó (precisamente quién más limitaciones tenía) aportar a la comisión a la que pertenecía: Raptzich. Por otra parte, reproducimos una reflexión del mismo Raptzich en el balance autocrítico que hizo sobre la Comisión de la Cuestión Nacional: “No soy capaz de adecuar mis ideas en texto de forma correcta y mucho menos con caracter marxista”. En vistas a lo que firma, valoramos que esta reflexión sigue siendo acertada. De este camarada, hemos hablado ya en materiales anteriores (4).

Tras varios meses de premilitancia, una camarada criticó que en las reuniones de formación para los premilitantes no se había tocado en ningún momento la cuestión de la mujer. La respuesta que recibió es que la cuestión femenina es algo secundario y que hay cosas más importantes a tratar. Más tarde, mandaron un texto de Kollontai para contentarla (sic!) y, como era de esperar, no volvió a tratarse. Como ya se ha mencionado con anterioridad ocurrió lo mismo con la cuestión del uso de las redes sociales: un militante dijo que “ya se discutiría en su momento”, cosa que evidentemente no se hizo (sic!).

El proceso en que una camarada transita de la premilitancia a la militancia es realmente complejo. En él se han de abordar e interiorizar una multitud de cuestiones de cara a que se adquiera una cosmovisión proletaria cada vez mayor, la cual se verá reflejada en la praxis diaria militante de dicha camarada. Las reuniones de premilitancia son un espacio generado que consideramos fundamental para el correcto desarrollo de este proceso. En ellas se tratan multitud de elementos y de problemáticas. Además de esto, sirven para desarrollar espacios de socialización entre camaradas, los cuales consideramos del todo necesarios.

Uno de los ejes centrales de las reuniones de premilitancia es precisamente el tratamiento de materiales escritos con contenido teórico-político. Ni la cosmovisión proletaria ni la formación teórica pueden adquirirse únicamente mediante el tratamiento de dichos materiales, pero estos resultan imprescindibles para su adquisición.

Profundizando en ello, esta labor no persigue el aumentar la formación teórica individual de cada camarada como fin en sí mismo. Esta formación teórica tiene que ir enfocada a una actividad política, pues el fin de toda comunista es la transformación revolucionaria de la sociedad, no su mera contemplación crítica. La teoría se volvería ciega si se desvincula de una práctica política concreta, si no piensa su propia interioridad a la política. Pues el hecho contrario nos haría caer en unas posiciones teoricistas, en la autocomplacencia personal. Miraríamos de arriba abajo, obviando que el mirar cada vez más alto es, en función del contexto, tanto o más relevante. Nos convertiríamos en una sarta de intelectuales pequeñoburguesas en lugar de en militantes comunistas.

Sin embargo, en dichas reuniones coinciden diferentes camaradas, las cuales se encuentran en un estado cualitativamente diferente de su desarrollo como cuadros comunistas. Precisamente por las particularidades concretas de cada camarada, se torna especialmente difícil la elección de los materiales: mientras deben servir a la totalidad de la colectividad, han de estar adaptados a las capacidades y objetivos de cada una de nuestras camaradas.

La determinación de cuestiones principales o secundarias se establece como mediación para la búsqueda de materiales que pudieran cumplir con las premisas ya descritas. Sin embargo, en el caso particular de Jiang se demostró continuamente no comprender dichas premisas fundamentales, concibiendo la formación por el principio de «qué me puede aportar la colectividad a mí» en lugar de «qué puedo aportar yo a la colectividad».

Todos los textos pueden aportar en mayor o menor medida a la colectividad. Pero no es lo mismo leer en beneficio de nuestra praxis política colectiva actual a Lenin que a Adorno, por ejemplo, sin subestimar la relevancia intelectual de ningún pensador. Sobre todo ahora, cuando nos encontramos ante la tarea política principal de la reconstitución del Partido Comunista. Por ello, las reuniones de premilitancia no se pueden enfocar de manera unilateral, abordando una determinada parcela de todo aquello que debemos estudiar críticamente e interiorizar: se deben tratar muchas cuestiones como la filosofía, la historia, la economía política, etc. De esta manera la formación teórica tiene que tender a ser lo más universal posible (siempre teniendo en cuenta nuestras propias limitaciones).

La formación teórica no se adquiere únicamente mediante el tratamiento de determinados materiales y temáticas. Su perspectiva es multilateral. Mediante el trabajo político y el balance colectivo del mismo, también se pueden extraer valiosas lecciones sobre esta cuestión. Es por ello que, en múltiples ocasiones, el trabajo político se realizaba en actos que trataban la cuestión de la mujer, y de los cuales se extraían conclusiones en las reuniones de colectivo. Adicionalmente a esto, tras el tratamiento específico del material escrito, siempre se generaba un espacio de discusión y debate en torno a varias cuestiones. Nos atrevemos a decir que, si no en todos, en la gran mayoría de estos espacios se desarrollaron, en mayor o menor medida, debates en torno a la cuestión de la mujer y al feminismo.

Con respecto a la crítica que señaló la camarada: es del todo justa. Durante un periodo de varios meses no se escogieron materiales específicos para el tratamiento de la cuestión de la mujer. Agradecemos a la camarada que expresara dichas críticas. Pues si bien se trataban materiales relacionados con la cuestión de la mujer en muchas otras instancias de la organización (incluidas reuniones de premilitancia a otros niveles del Estado), en el caso de Madrid no fue así. La Dirección de Madrid asumió como justa la crítica, reconociendo el error y haciendo efectiva la autocrítica en la práctica.

Creemos necesario traer aquí lo referido en un documento anterior:

«Respecto a que no se trata el feminismo en las reuniones de premilitancia: si bien es cierto que no se habían trabajado demasiados materiales acerca de esta cuestión, también nos gustaría señalar que en gran parte, si no en todas las reuniones de formación, se habla de ello. A raíz de la crítica de la camarada en torno a esta cuestión, se decide empezar a darle mayor peso. Sobre esta idea se busca un material adecuado para empezar a introducir nociones básicas sobre la cuestión de la mujer. Se decide tratar el texto de “Los fundamentos sociales de la cuestión femenina”, de Kollontai. Se piensa en este texto, dada la cercanía y facilidad de comprensión, con el objetivo de seguir profundizando en la cuestión.» (Respuesta a Guardia Revolucionaria Parte II, Precedentes críticos) (5).

Cabe señalar que el texto de Kollontai no fue aleatoriamente escogido. Tras la proposición de dicho texto, se discutió si ese era o no el material adecuado para ese momento preciso. Así se decidió en base a un análisis de las necesidades del colectivo. Que fuera acertado o errado es otra cuestión. Pero lo que no fue es aleatorio. Nunca se elige un texto de forma aleatoria. ¡Al contrario! En el proceso de selección de textos para la premilitancia se tiene que tener en cuenta no solo las necesidades de las nuevas premilitantes, sino la propia coyuntura política. Esto es, las necesidades del propio movimiento.

Finalmente, con respecto al hecho de que se considere la cuestión de la mujer como secundaria, hemos de decir que es completamente falso. Cuando ella (Jiang) socializó la crítica con el secretario, él le transmite la importancia fundamental de la cuestión de la mujer, algo que queda reflejado en el Anexo 1.

Cabe añadir que, de nuevo, a otra camarada presente se le llamó la atención por hablar con militantes que no eran de su provincia. No entendiendo el por qué (lógicamente) (sic!), y en un intento de por lo menos debatirlo, intentó hablar con el secretario, quien resistente a que le lleven la contraria (sic!), terminó la conversación de modo hostil tratando a la camarada de tonta “por no saber ver” (sic!) por qué no podía relacionarse y haciéndola llorar, hecho que no es raro, pues no fue la primera vez que ciertos militantes causan llantos en “las que están por debajo”. ¡Casualmente mujeres! Mujeres de dentro y de fuera de la organización (sic!).

En este párrafo se aborda una problemática que hemos comentado extensamente en la Parte III de nuestras respuestas a la crítica de Guardia Revolucionaria (6). Antes de abordar el desarrollo completo y profundizar en las respuestas, recomendamos la lectura del Anexo 2, donde se refleja la conversación a la que hacen referencia.

Somos un destacamento comunista que pretende transformar y subvertir las relaciones sociales existentes. Por ello, realmente no evitamos que se produzcan relaciones personales entre camaradas, sino que fomentamos e impulsamos unas relaciones de camaradería. Estas relaciones se fundamentan en lo político, pues se erigen sobre una confluencia en unos objetivos revolucionarios comunes, de tal manera que sirven para la consecución de las tareas políticas que dichas personas, y nosotras como destacamento, nos hemos marcado.

Estas relaciones de camaradería deben, por tanto, avanzar en la construcción de relaciones sociales de nuevo tipo. Es decir, deben tender a eliminar cualquier vestigio de ideología burguesa que impida la construcción de nuevas relaciones, libres de las relaciones burguesas de producción. Dado el estado actual de desarrollo del proceso revolucionario, nos encontramos con una gran dificultad a la hora de combatir la reproducción de relaciones basadas en intereses personales. Pero como organización preocupada por extender la forma de hacer política proletaria, no podemos admitir que cualquier relación social se produzca al margen de las tareas políticas de la organización. Debemos realizar una lucha consciente e implacable contra tal forma de concebir las relaciones personales.

Si entendemos que el Partido, hoy en día inexistente, pretende subvertir la totalidad de las relaciones sociales burguesas y la sociedad burguesa de la que brotan, tenemos que entender que la vida personal de cada militante debe, necesariamente, extenderse proporcionalmente a la amplitud de las tareas políticas revolucionarias. Este proceso transita necesariamente por la reproducción parcial y la transformación tanto objetiva como subjetiva de las relaciones burguesas en las que toda camarada está inmersa, teniendo en muchas ocasiones que sacrificar parte o incluso la totalidad de éstas. Para una comunista estos «sacrificios» no son tales cuando entiende el proceso material por el que estas relaciones deben modificarse hasta que emerjan regular y conscientemente de la realidad histórica del Comunismo.

Entendemos que quien se considera comunista adquiere una responsabilidad para con su clase; adquiere una responsabilidad de redimir los fracasados intentos históricos, y de consumar las futuras tareas necesarias para abolir la relación de capital que produce al proletariado (7).

Esta manera de concebir las relaciones sociales se reflejaba en la práctica tanto de Jiang como de Deliaida. También se reprodujo en camaradas que continúan hoy en la organización. Se realizó una crítica colectiva a dichas actitudes que alcanzó a un número dado de militantes, entre las que se encontraban ellas. Su caso, por tanto, no fue más que una concreción de un proceso de lucha de líneas contra vestigios de la ideología burguesa que muchas de nosotras teníamos interiorizados. Por ello, es un error pintar estas críticas como algo encaminado a reducir la importancia de las mujeres en las funciones relevantes de la organización, acusándonos de misóginas.

En este caso concreto, el camarada Miguel Ángel tuvo una postura desacertada. A pesar de que la intención fue hacer que la ex-premilitante concluyera por sus propios medios lo que él quería transmitir (el por qué no desarrollar una relación basada en el amiguismo con camaradas con las que no desempeñaba trabajo político alguno), no lo transmitió de la manera adecuada. Fue muy rudo en sus palabras y pretendió que la ex-camarada comprendiera súbitamente algo difícil de asimilar. Como se puede ver en el Anexo 2 (y es algo que se omite en la crítica), horas después de terminar la conversación el camarada Miguel Ángel le remitió reiteradas disculpas, así como se compartió con la organización lo sucedido, criticando su conducta como parte del proceso de autocrítica, y con el fin de que no volviera a suceder. Algunas camaradas tienen limitaciones a la hora de transmitir lo que quieren explicar (y la manera adecuada según la persona). Es por ello que hemos reforzado y reforzaremos la vigilancia revolucionaria al respecto.

En ningún momento se trata a la camarada de tonta, como se puede observar. Aunque entendemos que se haya sentido como señala, pues ningún militante debería hablar de esa manera con alguien menos formado. Si esta actitud que mantuvo el camarada afectó a tal punto de hacer llorar a la ex-camarada no se tuvo constancia de ello. Igualmente volvemos a pedir disculpas si esto ocurrió.

De la misma forma que nos gustaría disculparnos por los casos donde un trato incorrecto de la crítica (emitir una crítica sin considerar que tiene por objetivo conseguir que alguien rectifique y no meramente constatar un error) ha podido llevar a los extremos de los llantos, nos gustaría criticar el señalamiento errado de esta cuestión como cardinal. La emisión de una crítica que adopta formas erradas y no consigue su objetivo transformador (desencadenar un proceso de autocrítica) no se limita ni se expresa en términos generales con llantos de nadie, sino que se constata su forma errada cuando dicha autocrítica no existe. Nos disculpamos por los llantos, desde luego, pero esencialmente nos disculpamos por no haber conseguido que alguien haga autocrítica.

Específicamente, sobre el señalamiento magnificado de los llantos en una mujer, creemos que es una reproducción velada de los roles de género, una reproducción de la imagen de mujer como «sexo débil», y el empleo demagogo de esa reproducción de roles con un interés político de demonización de nuestra organización y sus militantes. El error que se nos debe señalar es el no haber sabido hacer una crítica con potencialidad transformadora, no el que esta crítica pudiera provocar lágrimas en nadie.

Que una crítica pueda llegar a las lágrimas, es posiblemente un error. Lo aceptamos y asumimos la necesidad de rectificar ese extremo, asumimos que ninguna camarada en nuestra organización debería abordar de forma tan errada la comunicación con las camaradas. Pero el señalamiento de que específicamente se trata de mujeres, nos parece una muestra de paternalismo patriarcal. No hay un trato diferenciado de base según el sexo/género en nuestra organización, y de existir de manera particularizada, nuestro intento es siempre buscar la mejor forma de incorporar a las camaradas al trabajo político según sus circunstancias concretas.

Además, cuando se daba un “proceso” de autocrítica —raro suceso—(sic!), estas se asemejaban a las personas que cometen cuantas iniquidades se les antoja, pues van a la iglesia a confesarse para volver a pecar. Se reconocía un error delante de la persona que lo señalaba, y se volvía a repetir. “No podemos ser perfectos” era la excusa estándar. La lucha de dos líneas era constantemente pausada o aplazada, y cuando no, la burguesa machacaba cada vez más a la proletaria. Además, el FRML aspira a caracterizarse en parte por su número de militantes y no por su línea política. Cantidades de militantes podía conseguir, sin embargo, la línea política es algo extraordinariamente fundamental de lo que siempre han carecido.

Nos escandaliza que se tache de «raro suceso» la autocrítica en nuestra organización cuando ha habido y hay mecanismos en cada colectivo para canalizar estas críticas. Un ejemplo de la presencia de autocrítica (y de L2L) en el FRML, es la 2ª Conferencia, donde se realizó un balance respecto del trabajo realizado en todos los niveles de la organización, criticando los errores para ser superados -de forma que la ideología sea el conductor de la organización- replanteándose así el trabajo hecho para adaptarlo y elevarlo por encima de sus limitaciones. En dicha conferencia estuvieron convocadas como delegadas tres de las firmantes, donde pudieron exponer todas las críticas que consideraron necesarias. Nuestro asombro es mayúsculo al leer que se sostiene que estos mecanismos nunca existieron en la organización.

Por poner un ejemplo de uno de los grandes errores que se señalaron en el balance de nuestro trabajo, creemos conveniente hablar de las Comisiones. Todas ellas tenían particularidades concretas que las diferenciaban, pero compartían elementos comunes. Véase, la propia naturaleza de las mismas: servir al desarrollo político-ideológico interno y externo de determinadas parcelas de la realidad social en la que estamos inmersos. Y es precisamente en esa misma naturaleza en la que se desarrolló el problema que queremos poner de ejemplo. Existía una disociación en la relación que debe haber entre la teoría y la práctica. Es decir, que los criterios para abordar lo teórico no estaban ligados realmente a la propia actualidad de la realidad socio-política que pretendíamos transformar. La perspectiva del trabajo teórico no partía de facto de un análisis exhaustivo de la realidad que orientase el trabajo y el funcionamiento de las comisiones en general. Y aunque este fenómeno se diera con mayor intensidad en unas comisiones que en otras, era denominador común de todas ellas.

Este problema (y en general cualquiera) no se puede solucionar con el simple reconocimiento del mismo, pero sí estamos ante el primer paso para solventarlo. A día de hoy, con esta limitación encima de la mesa, se pretende que cada vez que se aborde cualquier trabajo no se incurra en este error. Para ello, actuamos especialmente vigilantes, pues somos conocedores de que hemos incurrido colectivamente en dicho error. Esa vigilancia unida a un espíritu de superación real de nuestra práctica diaria es lo que nos está permitiendo que en cada espacio se vayan superando ésta y otras limitaciones.

En dicha Conferencia se abordó pormenorizadamente cada una de las comisiones y sus miembros acudieron a la misma con un balance bajo el brazo. Esto no solo se hizo con respecto a las Comisiones, sino también con respecto a los Comités y a los Colectivos. Se abordaron todos y cada uno de los espacios existentes en la organización y se sacaron conclusiones del trabajo que se estaba haciendo bien y del trabajo que se estaba haciendo mal. Esto último que señalamos, que no es otra cosa que hacer balance de nuestro trabajo, es algo que hacemos cada día en cada uno de los espacios en los que se desarrolla la militancia, incluso fuera de ella. Y la consecuencia de ese balance diario, en la perspectiva de un marco temporal más amplio, nos permite observarnos a nosotras mismas como militantes en un periodo de tiempo relativamente amplio y sacar conjuntamente las lecciones fundamentales que nos permitan abordar el próximo período revolucionario con una orientación superadora.

Es inaceptable que se nos hable de penitencia cristiana cuando el más claro ejemplo de compresión moralista de la militancia lo componen los elementos que conforman la crítica. En concreto, el hecho de mantener silencio frente a la organización, y de guardarse de formular las críticas oportunas ya es un signo de liberalismo y de la falta de poder subordinar su subjetividad burguesa a la proletaria, a saber, a aceptar como necesario el trabajo que la línea de la organización mantiene.

No estar a la altura del trabajo y guardarse de los errores en silencio, pero en el momento en el que eran manifiestos estos errores aceptarlos con un simple reconocimiento, ¡es la forma cristiana de confesión! Por supuesto, esto no venía de la mano de intentar superar estos errores como militantes, sino que se mantenía una manifiesta intencionalidad de poder seguir practicando este estilo de trabajo pobre y de poca diligencia.

Este elemento se demuestra en todas y cada una de las firmantes, como un estilo común en su concepción de la militancia, intentando subordinar ésta a sus inclinaciones individualistas. Una concepción que siempre han sostenido y que nunca han estado dispuestas a cambiar, siendo incapaces de formular otra, reconociendo su manera errada de concebir el trabajo y su imposibilidad manifiesta de superar la línea ideológica y política de la organización. Dicho esto, queda patente que la única manera de poder adaptar su idea limitada de la militancia, era saliéndose de la misma y a partir de ahí reconstruir los hechos de tal manera que pudiera justificarse su manera personalista de entender la militancia, en otras palabras, su manera burguesa de concebirla. En última instancia justificar su falsa conciencia frente a una idea normativa de ser militante comunista.

Nuestra organización, como todo elemento dentro de esta sociedad, reproduce elementos propios de ésta (como la ideología burguesa). Eso significa que esta contradicción se repite y queda reflejada a través de la lucha de dos líneas. La presencia de la lucha de dos líneas es el reconocimiento de que la lucha de clases y las contradicciones entre la ideología burguesa y la proletaria están presentes en el seno de toda organización comunista. ¿Pero cómo se llega a plasmar esta lucha de dos líneas? La realidad es que la actividad política que tiene lugar en el seno de nuestra organización no se asemeja en absoluto a la ficción narrativa ante la que nos encontramos.

Nuestra organización no considera que la lucha de dos líneas sea algo tan simple o reduccionista como únicamente reconocer un error (aunque esto ya es el primer paso para desarrollar de forma correcta una lucha de dos líneas y forme parte de esta), sino que en todo momento se defiende la necesidad, de una vez identificado y reconocido el error, tenga lugar una lucha directa y constante contra este para poder superarlo.

Esto se traduce en la creación de espacios por parte de la organización, donde tengan lugar todos los procesos de crítica y autocrítica internos para poder llevar a cabo una lucha de dos líneas correcta. Pero no solo eso, sino que en todo momento nuestra organización considera fundamental, y así lo ha demostrado en la práctica (aunque cierto es, en algunos momentos ésta no ha sido todo lo contundente que debía), una vigilancia revolucionaria para poder identificar los errores propios de la ideología burguesa que puedan germinar dentro de nuestra organización.

Respecto a la acusación «la (línea) burguesa machacaba cada vez más a la proletaria» cabe señalar una vez más lo erradas que están las firmantes de la crítica. Un ejemplo de ello son los procesos de crítica y autocrítica que se inician en el seno de la organización en el caso de que una militante o premilitante no desarrolle un trabajo político acorde a sus capacidades o no pueda desarrollarlo debido a sus limitaciones objetivas. Es decir, la organización abre vías para acabar con la germinación de elementos reaccionarios (ideología burguesa) en su seno.

Los procesos de autocrítica se pueden saldar o bien con la superación de las limitaciones de la propia camarada o bien con la reivindicación, aun solo de facto, de dichos errores. Ante lo cual lo que hay que analizar es si existe un punto de encuentro entre lo que la camarada quiere aportar y lo que la organización necesita. Evidentemente estos procesos no son tan simples, sino que entrañan mucha mayor complejidad. Fundamentalmente porque en la práctica no se presentan las situaciones de manera clara, sino que requieren de un desarrollo que permita comprobar qué es lo que realmente busca la propia camarada: si superar sus errores y avanzar o mantenerse con un compromiso limitado (pero necesario) y tener un status diferenciado al de militante.

Teniendo esto en cuenta nos surge la siguiente cuestión: ¿En base a qué se fundamenta «la (línea) burguesa machacaba cada vez más la proletaria» y «van a la iglesia a confesarse para volver a pecar»? Es notoria una vez más (ya que es el patrón de toda la «crítica») la fraseología grandilocuente y las acusaciones vacías de contenido. Por otro lado, vemos necesario que desde las firmantes de la crítica se especifique en qué se basan para presentarse como la verdadera «línea proletaria». Por decirlo de otra manera, ¿pueden realmente presentarse así elementos que han demostrado reproducir actitudes reaccionarias y propias de la ideología burguesa (como el liberalismo)? Para ser línea proletaria no basta con autodenominarse como tal, sino que tendrían, por un lado, que haber desarrollado una propia línea política diferente a la mayoritaria dentro del FRML, cosa que nunca propusieron ni desarrollaron; y por el otro, probar que, esa línea que supuestamente tendrían que haber propuesto, fuera correcta en la realidad material.

Se nos podrá alegar que esta línea política proletaria puede haberse desarrollado una vez estas personas han abandonado la organización y han comenzado a trabajar en otra colectividad. Nos encantaría, pues, que nos presentaseis vuestro proyecto, pues de ser más justo que aquel que nosotras sostenemos, no dudaremos en reivindicarnos en él. Sin embargo, si esta crítica resulta ser la concreción de ella, podemos afirmar rotundamente que aún distan mucho de forjar una verdadera línea proletaria.

Se nos acusa de priorizar lo cuantitativo frente a lo cualitativo. Es una acusación que no se concreta de ninguna manera. En todo momento, pretendemos huir de concepciones masistas o cuantitativas de la organización revolucionaria, por lo que si hemos caído en dichas desviaciones, pedimos que se nos señale mediante ejemplos concretos.

Entendemos que esta acusación se formula como consecuencia de la supuesta ausencia de línea política en la organización, algo que ya ha sido respondido en la Parte I. Como ya hemos expresado, no entendemos en base a qué se reafirman en estas palabras. Sobre todo teniendo en cuenta el caso de Jiang, que a pesar de haber estado un largo periodo de tiempo en la organización y, a pesar de creer que estaba cualificada para dar el paso, nunca llegó a militar. Por poner otro caso, un militante del FRML, a pesar de ser el único miembro en su región nunca abandonó la premilitancia hasta que, meses después, habiéndose trasladado a Madrid, se consideró que estaba capacitado para dar el salto. Si de verdad la organización priorizara lo cuantitativo, ¿no hubiera pasado Jiang a militar cuando lo pidió? Y en el segundo caso, ¿por qué no pasó esta persona a militar si hubiera supuesto la presencia del FRML en una nueva comunidad? Se podrían poner más ejemplos, pero insistimos en que no se ha presentado base alguna para sustentar estas afirmaciones.

La relación entre lo cuantitativo y lo cualitativo solo puede ser abordada desde el punto de vista revolucionario. Como organización consideramos que la reconstitución consiste en la superación de la disociación entre el comunismo y las masas más avanzadas de la clase obrera, condición y actualidad de la existencia de un partido revolucionario y de vanguardia. Como organización entendemos la reconstitución como el desarrollo de forma paralela de la reconstitución ideológica, entendido como la actualización de la teoría revolucionaria a nuestro contexto y condiciones, con el objetivo de crear una unidad ideológica (hegemonía) que permita organizar a todos los elementos de vanguardia bajo una línea o unas posiciones revolucionarias, y de la reconstitución política, es decir, luchar por convertir o articular (por falta de ello) un movimiento político revolucionario qua partido comunista. Ahora bien, este proceso de reconstitución no puede tener lugar de forma contemplativa, sino que se desarrollará acorde al trabajo político constante de las camaradas para entender y transformar, a su capacidad de dar respuesta a las tareas que la lucha de clases, y no ninguna vanguardia, impone. Por lo tanto como organización abogamos por la cualidad de las militantes para poder elevarlas a la condición de verdaderos elementos de vanguardia, de dirigentes políticas, y no por la simple suma de militantes como si por ello ya estuviéramos más próximos de cambiar la realidad. No estamos de acuerdo en la suma indiscriminada de elementos para poder avanzar, sino en el desarrollo propio de dichos elementos.

La organización no se ha guiado únicamente por criterios cuantitativos. Somos conscientes de que una fuerza política cualitativamente cohesionada y concentrada dispone de una efectividad política mayor que cualquier conglomerado militante que destaca solo por su número de componentes.

“Una minoría con la línea revolucionaria correcta, ya no es una minoría”. Cuando se afirma esto, se dice únicamente en un sentido: la minoría deja de serlo en la medida en que, constituida sobre la ideología comunista, avanza en los pasos que el desarrollo histórico requiere para incorporar progresivamente a las masas a la política, es decir, en la medida en que avanza para dejar de ser minoría. No es, como algunos pueden pensar, la reivindicación de la minoría en nuestras filas, sino la afirmación de que si esta tiene la línea correcta (y ello se va demostrando en su capacidad para construir movimiento revolucionario) dejará progresivamente de ser una minoría. Lo importante no es, por tanto, los que somos hoy, sino los que podemos ser mañana. La potencialidad, enraizada a nuestra labor actual, es expresión de nuestra línea política.

Una organización revolucionaria no puede pretender nunca «tener militantes por tener más militantes», ni tampoco, en nombre del antimasismo, conformarse con ser un puñado de ellos. La cuestión es que, con carácter general, debemos ser cada día más y cada día más elevados. Construir Partido es construir relaciones sociales. Es establecer acuerdos políticos entre nosotros en base a nuestro compromiso. Es articular los compromisos y las conciencias en un proyecto común, donde tiene (pues debe tener) cabida todo aquel que esté dispuesto a aportar, por poco que sea. La revolución no la hacen «los imprescindibles», porque solo la colectividad revolucionaria, articulada a la iniciativa de las masas, es imprescindible.

Entraban a premilitar personas de dispares principios ideológicos y por falta de atención a este aspecto, en la organización se montaba una barra libre de principios (sic!). Lo más característico que nos encontramos fue la simpatía por el feminismo burgués. Y nosotros, como marxistas-leninistas, consideramos que debemos desechar los movimientos interclasistas que beneficien a las burguesas y aplasten a las proletarias.

Antes de nada, hemos de aclarar que lo referente a la cuestión de la mujer se desarrollará en mayor profundidad en la última parte del bloque de respuestas críticas, que trata específicamente sobre este tema.

En primer lugar, tenemos que terminar de plasmar una concepción que hemos esbozado a lo largo de todo el material. En la medida en la que seguimos desarrollándonos bajo una sociedad de clases, las contradicciones y particularidades que en ella se dan se verán reflejadas, en mayor o menor medida, en el seno de nuestro destacamento. Para poder transformar toda la sociedad no es necesario, únicamente, una lucha externa, sino también el desarrollo de una lucha interna contra todas las concepciones erróneas propias. Así, en este proceso revolucionario, iremos resolviendo nuestras contradicciones internas y superando concepciones propias del viejo mundo.

Toda persona que se acerca a nosotras lo hace tras desenvolverse en un movimiento espontáneo y en una realidad social determinadas. Muchas de ellas traen consigo unos posicionamientos y unas concepciones ajenas al marxismo, algo que no debería extrañarnos: según lo dicho resulta ser un reflejo de la vieja sociedad en que nos encontramos y que debemos subvertir. Lo verdaderamente importante aquí no reside, pues, en las simpatías que determinadas personas sientan cuando ingresan o llevan poco tiempo premilitando en la organización, sino en el desarrollo consciente de una lucha ideológica por la superación de dichas posiciones que traen de partida.

Esto se concreta en una vigilancia revolucionaria y una lucha activa para confrontar las ideas burguesas para que las camaradas avancen cada vez más en su conciencia proletaria. Nos oponemos firmemente a dicha «barra libre de principios» de la que nos acusan.

Para empezar a militar no se exige tener unos mínimos de formación, sino tener predisposición a formarse en el socialismo científico. Es en el desarrollo de la militancia donde se concreta la lucha de dos líneas, cuyo fin es lograr la unidad ideológica y política (unidad-lucha-unidad). Lo que se pide es compromiso con la revolución, tanto para formarse teóricamente como para hacer trabajo político, de manera que la militante pueda aportar a la organización y, a la vez, la organización al militante.

Por esto, nos oponemos totalmente a diversas organizaciones que sí utilizan esta barra libre de ideología. Organizaciones que congregan diversas luchas parciales y espontáneas sin tratarlas desde una auténtica perspectiva revolucionaria, demostrando así la verdadera barra libre de principios (que en la crítica se señala) y denotando en su práctica política un claro oportunismo. Esta práctica demuestra una clara intención de hacer avanzar unas siglas, pero no la de hacer avanzar al movimiento revolucionario.

Nos resulta llamativo cuanto menos que se nos acuse de «barra libre de principios» al mismo tiempo que se nos critica que «la vieja guardia» imponga su línea supuestamente reaccionaria a la totalidad de la organización. Se afirman cosas, incluso contradictorias, según convenga.

Concretando en el ejemplo que se pone, en nuestra organización han existido y existirán camaradas que puedan sentir mayor o menor atracción por dichas corrientes teóricas, que adoptan un enfoque no proletario de la cuestión de la mujer. Sin embargo, esto más allá de ser negativo, ha permitido la generación de una lucha ideológica en torno a una cuestión crucial que todo destacamento comunista debe abordar.

Sin embargo, consideramos del todo inaceptable que se forme la impresión general de que en nuestra organización posee un carácter ecléctico frente a esta y otras cuestiones. Creemos que quien formula esta crítica no conoce o directamente tergiversa esta imagen para justificar estas acusaciones. Precisamente la etapa de premilitancia trata de establecer un desarrollo tanto en lo tocante a cuestiones teóricas como en el hábito de formar relaciones de camaradería, forjando así una cosmovisión revolucionaria.

Por otra parte, si el feminismo no ha sido abordado con la importancia que le corresponde no ha sido, entre otros elementos, sino por el pasotismo de varias camaradas encargadas de ello, como Deliaida, firmantes de la propia crítica. Es verdad, y somos conscientes, que este tipo de deficiencias debieron ser criticadas en su momento con mayor contundencia. Otra de las camaradas que componía la Comisión Feminista reconoció precisamente la falta de implicación y dirección de la propia Comisión por parte de Deliaida. Precisamente sobre la base de este balance y en función de las nuevas perspectivas de trabajo, la Comisión volvió a reestructurarse y ahora está en funcionamiento. Es fundamental la implicación para con las responsabilidades que cada una tiene. Sin esto, las palabras son letra muerta. Y precisamente aquellas que hoy alzan la bandera de lo revolucionario y se atreven a criticarnos por no abordar la cuestión de la mujer, son quienes menos legitimidad tienen para decir esto, pues ha sido en gran parte responsabilidad suya el que no hayamos estado a la altura de estas tareas. Evidentemente, nosotras como organización también tenemos responsabilidad en este sentido. Sería iluso no reconocerlo o negarlo. Pero a nuestro parecer, aquellas que menos han aportado, realmente son las primeras en criticarnos los errores a los que ellas mismas han contribuido. Lo que no hace inexistentes estos mismos errores.

Una vez hemos desarrollado la manera en que confrontamos con las diferentes concepciones burguesas que las camaradas pueden tener en el seno de nuestro destacamento, hemos de concretar algunas prácticas propias de la camarada Jiang con respecto a esta cuestión. Lejos de pujar por el desarrollo de una lucha ideológica revolucionaria para la superación de dichas posiciones, gozan de un total liberalismo que hemos de reflejar.

Por una parte, en el Anexo 3, se adjunta una conversación «privada» entre Jiang y Juanjo, en la que ella califica a la camarada Laura de feminista (burguesa, entendemos) y a Teresa de no haber practicado lucha ideológica con ella. Esta lucha de líneas debería haberse dado por parte de la camarada contra Laura, pero no menos contra Jiang. Mientras que Laura podría considerarse feminista, lo hacía desde una perspectiva de clase, comprendiendo que si una es comunista necesariamente ha de luchar contra la opresión de la mujer. Sin embargo, Jiang, de forma idealista, consideraba el hecho de no denominarse «feminista» como factor principal, y no la consideración sobre la concepción del desarrollo histórico correspondiente. Nosotras no entendemos que sea el hecho de autodenominarse de una u otra forma lo que lleve una práctica política correcta. Marx se repite sobre este asunto:

«Así como en la vida privada se distingue entre lo que un hombre piensa y dice de sí mismo y lo que realmente es y hace, en las luchas históricas hay que distinguir todavía más entre las frases y las figuraciones de los partidos y su organismo efectivo y sus intereses efectivos, entre lo que se imaginan ser y lo que en realidad son.» (Marx, El dieciocho Brumario de Louis Bonaparte).

En otro lugar, «no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí» (Marx, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política).

Lo determinante, lo principal, es, en oposición, la concepción del mundo y la praxis colectiva que a esta acompaña como respuesta a las exigencias de la lucha de clases en cada etapa de su desarrollo. La nominación de éstas o bajo qué título se integran en procesos políticos es en ciertas ocasiones secundaria, lo que no implica que irrelevante. Esto es visible en el hecho de que, aunque a sí mismos siempre se considerasen comunistas (8), Marx y Engels no se rasgaron las vestiduras por luchar en las filas de la «socialdemocracia» internacional. Asimismo, cuando Lenin pone sobre la mesa el cambio de nominación del Partido a Partido Comunista, y lo hace como parte de una ruptura mayor con los supuestos ideológicos y políticos de la socialdemocracia de entonces, esta cuestión tiene un carácter inapelable.

Por otra parte, su práctica, lejos de ser comunista o feminista de clase, hemos visto cómo se acerca a la del «feminismo» más reaccionario. O, para ser más exactos, a posiciones de utilización de elementos del feminismo para el interés individual. Ejemplos de esto es cuando pretende utilizar argumentos como el «no es no» (Anexo 4) para imponer sus posiciones políticas liberales en situaciones que nada tienen que ver con el acoso sexual y eludiendo así su obligación como comunista de denunciar actitudes supuestamente machistas (lo que ya fue refutado).

Jiang, como indica Juanjo en el Anexo 3, podría haber criticado directamente a Teresa, y no hacerlo de forma privada a otra camarada. Pero entendemos que no lo hiciese así, puesto que ella misma reconoce, refiriéndose a las críticas: «Sólo te las digo. Sin pretender nada». Tanto esto como la conversación del Anexo 4 evidencian la perspectiva de la ex-camarada en cuanto a la crítica. Si se lanzan las críticas sin pretender nada, ¿por qué y para qué se realizan? Seguro que, desde una perspectiva revolucionaria, no se hacen.

Finalmente, refiriéndonos al caso de Riurik y no precisamente por su parte, ¡se llega incluso a la instrumentalización e invención de una violación con el fin de obtener rédito político! Pues dichos rumores fueron difundidos por diferentes sectores del movimiento. Y nosotras nos preguntamos: ¿Qué tiene que decir el propio Riurik sobre esto? ¿Lo han usado sin más o ha sido cómplice en toda esta farsa? ¿Qué tienen que decir las propias difusoras de esta mentira? ¿Y son estas mismas las que ahora sacan la bandera de «la verdad sobre el FRML»?

Desde luego, para nosotras no merecen ningún tipo de respeto aquellas que son capaces de llegar a este punto tan rastrero y especialmente insultante con las víctimas de violaciones o agresiones con tal de hacerse un hueco en la política.

Otra cuestión es el debate nulo en torno a la reconstitución (algo irónico pues el FRML aboga por la reconstitución del comunismo): se trataron como mucho dos textos relativos al tema y se mencionó de pasada, sin especificar qué prácticas concretas se estaban realizando al respecto.

Tratar la reconstitución no es algo que se centre sólo en un ámbito teórico-libresco. Es decir, no basta con estudiar textos que desarrollen la cuestión. Estas personas asumen que no se trata la reconstitución por el hecho de que no se traten textos que de manera explícita versen sobre el tema. Los textos, si bien son muy útiles y es imprescindible tratarlos para extraer sus lecciones universales, son a su vez limitados. Estos plasman una concreción histórica y de una práctica política concreta que no se puede calcar a nuestra realidad, pues las condiciones materiales no se mantienen inalterables. No podemos desarrollar ningún culto a los libros. No podemos pensar que en ellos vamos a encontrar las soluciones a todos nuestros problemas. Pues la única manera de superar limitaciones es en la práctica. Sólo podemos asimilar la teoría si sabemos llevarla al plano de lo concreto (plano no excluye la teoría, sino que la vincula a sí). Aun comprendiendo la importancia de los textos que aborden profundamente la reconstitución, también debemos tener en cuenta las limitaciones y necesidades de cada premilitante. Es necesario haber asimilado primero los principios ideológicos fundamentales y las cuestiones básicas de la militancia -centralismo democrático, colectividad, etc.- para poder comprender plenamente la reconstitución, para dar lugar a su traducción política. La asimilación de estos principios básicos es vital para sentar las bases sobre las que se forje la vanguardia obrera. No pretendemos formar seguidoras ciegas, sino forjar militantes de vanguardia.

Toda nuestra práctica política se orienta en todo momento hacia la reconstitución del Partido Comunista. Por tanto, como destacamento, toda nuestra actividad política, tanto individual como colectiva, está subordinada a este fin. Aunque no se mencione explícitamente en toda reunión es el eje vertebrador de nuestra praxis. La concepción sesgada de que la reconstitución solo se aborda en el plano teórico conforma una visión parcial de esta, pues es esencialmente una tarea política. Debemos comprender que cuando llevamos a cabo una práctica revolucionaria, nos estamos guiando por una teoría revolucionaria. Y la teoría realmente se asimila cuando se lleva al plano de la práctica comunista, de su fusión. Afirmamos pues, que la política es un ejercicio donde la teoría se manifiesta de forma concreta, y está siempre presente en nuestro obrar. Sobre esto, citamos un extracto de un documento previamente publicado:

«Igualmente, si cada vez que hablamos no hablamos sino esencialmente de reconstitución, ¿de qué hablamos pues? Cada vez que criticamos algo al MCEe, cada vez que nos criticamos algo a nosotras mismas como organización y como individuos que forman parte de la misma, cada vez que planteamos un trabajo teórico o político determinado, ¿de qué hablamos sino de reconstitución?» (Respuesta a Guardia Revolucionaria Parte II. Precedentes críticos) (9).

Es este espíritu de reconstitución presente en cada una de las facetas de nuestra línea política el que al parecer no hemos sabido transmitir de la mejor manera a las premilitantes. Sin duda hemos de hacer autocrítica al respecto. En base a esto, se está abordando la formación de la premilitancia con un nuevo enfoque: enfatizando en la vinculación a la reconstitución de cada aspecto de la vida militante, y fomentando una comprensión de la problemática más completa, gracias a la elaboración de materiales concretos de la cuestión y de la explicación exhaustiva de los mismos.

Tras largas y duras luchas ideológicas por estas simpatías, se pudo conseguir que algún militante cambiase su visión y dejase de apoyar reivindicaciones burguesas. Pero estos militantes se contentaban con haber aprendido algo nuevo, no se molestaban en seguir la lucha ideológica con sus demás camaradas, dejándoles así bañados en ideología reaccionaria.

Lo que aquí se menciona quedó expuesto en la crítica que presenta la ex-camarada Jiang tras su salida de la organización. Dicha crítica fue analizada en la Parte II, por lo que nos reiteramos en lo que se concluyó en su momento:

«Se habla de que gracias a la lucha de Jiang comenzamos a variar nuestras posturas acerca del feminismo. Estaría bien que hablara con las camaradas que tuvieron el placer de presenciar, en la II Conferencia, la lucha ideológica que se realizó contra determinadas posiciones propias del feminismo burgués con respecto a los Espacios No-Mixtos dentro de la organización. Estaría bien que hablara con determinadas camaradas que entraron con posiciones muy arraigadas propias del transfeminismo cuál es su postura con respecto a la cuestión de género ahora mismo. ¿Que no hay lucha ideológica? La lucha ideológica se da. Otra cosa bien distinta es que tanto los tiempos como las formas no hayan sido marcadas por ella.

Critica que haya camaradas que se definan feministas en la organización, probablemente las haya, y entrarán muchos así. Si realmente comprendiera lo que es la L2L sabría que la transformación en las posiciones de una camarada no se dan de la noche a la mañana, sino que se dan a través de un largo proceso de lucha ideológica y política y sobre todo a través de la propia praxis militante de la camarada. Claro que se combaten todos los aspectos de la ideología burguesa dentro de la organización, y de forma consciente. Y respecto a que no se trata el feminismo en las reuniones de premilitancia, nos difama, pues precisamente cuando ella nos criticó eso (que consideramos justo) la semana siguiente se trató el texto de Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, de Kollontai». (Respuesta a Guardia Revolucionaria Parte II. Precedentes críticos) (10).

Siempre se hablaba de autocrítica, se les llenaba la boca de reivindicar que la crítica y la autocrítica son cien por cien necesarias para el avance. Pero, como bien se dice: hablan de marxismo y practican liberalismo (sic!). Tal fue el caso que se dio cuando la célula de Madrid se rompió (sic!). Éramos seis y nada más que quedó uno. El proceso comenzó con un primer camarada que se fue por dar por hundida la organización en el centrismo (sic!). Alrededor de un mes más tarde, salió la segunda camarada exponiendo una crítica.

Poco podemos decir salvo que se trata de una reconstrucción falsa y completamente oportunista de los hechos. ¿A quién se refieren como el primer camarada que abre el proceso, el cual se va por “dar a la organización hundida en el centrismo”? Las ex-camaradas entre los firmantes que salen antes que Jiang son Delia (entonces premilitante), Pavka (militante), Raptzich (militante) y Riurik (premilitante), ninguno de los cuales abandona alegando motivos ideológicos, únicamente personales. Remitimos al comunicado (11), en el que se detalla con más profundidad la salida de ambos.

La siguiente premilitante en salir fue Jiang, exponiendo una crítica a su salida que, si bien señalaba algunos errores cometidos por nuestra parte, la mayoría de los argumentos carecían de carácter superador. Buscaba únicamente una excusa para esconder las verdaderas razones de su salida. De ser esto de otra manera, la crítica debería haber sido expuesta por cauces adecuados, tras un análisis justo y con un objetivo de avance y superación. Se profundiza en esta cuestión en (12).

Las siguientes en abandonar la organización fueron, simultáneamente, tres premilitantes del colectivo de Madrid. Todas ellas siguieron el mismo proceso, expresando su disconformidad con la organización de manera ambigua y sin referirse a ningún aspecto concreto, casi sin dar motivo alguno. De la misma forma, tuvieron en común el no haber criticado ninguna de esas cuestiones mientras premilitaban. Aquí las últimas conversaciones con cada una de ellas (Anexo 5).

Crítica a la que acusaron de tener un contenido inventado. Después se reclamó la crítica afirmando que fue hecha para (palabras literales del secretario) “echar pestes a la organización”. A la semana de salir ella, salieron otros tres camaradas. ¿Hizo, pues, el FRML autocrítica tras perder cinco miembros por su fatal política? Para nada, les pareció más fácil y cómodo culpar a la segunda camarada de que se disolviera la célula. (sic!) Sus razones fueron que esta camarada les comió el cerebro a los demás para que abandonaran la organización. ¡Pues vaya con la crítica y la autocrítica! Algunos entramos sin saber lo que era el centrismo, y ahora todos lo señalamos.

El «contenido inventado» se ha probado como tal. Además respaldaba intereses ajenos a los ideológicos o políticos. La crítica no se despachó a priori por «tener un contenido inventado». Dicha crítica se estudió. Los aspectos que hemos considerado justos y los que hemos criticado están expuestos en el documento «precedentes críticos», donde se muestra el proceso de crítica y autocrítica colectivo que desarrollamos. Se nos acusa de que «hablan de marxismo y practican liberalismo», porque no desarrollamos crítica ni autocrítica cuando se fueron las camaradas mencionadas, cosa que se demostró falsa (13). Tampoco entendemos cómo pueden saber los procesos que se han llevado o no a cabo sobre esta cuestión estando fuera de la organización. De nuevo recordemos cómo fue realizada la crítica de Jiang (la única que se nos remitió): al momento de marcharse y sin posibilidad de discutir los puntos con ella, pues cortó toda vía de comunicación. Bien podrían aplicarse el «hablan de marxismo y practican liberalismo», ya que vemos cómo -de palabra- defienden totalmente la crítica y le dan una importancia suprema, pero ninguna de ellas llevó a cabo el proceso adecuado, o directamente no lo realizaron.

La crítica que hacemos no es sólo al contenido, o en menor medida a éste, sino a la forma en la que se está intentado hacer política, pretendiendo usar instrumentos revolucionarios, como la crítica, con fines oportunistas. Aclarar que no toda crítica que se haga contra posiciones erróneas implica que dicha crítica sea revolucionaria. Nuestra crítica en este sentido va no sólo contra las difamaciones sino contra el que se pretende valer de este estilo para hacer política, denunciándolo ante el movimiento.

Vemos necesario referenciar la autocrítica de Jiang en su crítica »Contra la reacción» (14): «Me encontraba más pendiente de otros asuntos que de pararme a pensar en lo que me había dicho. Reconocí mi error y califico mi actitud como liberalismo por no haber querido analizar lo que me había contado». Esta crítica se responderá más extensamente en otro documento.

En la crítica por su parte se nos acusa de hacer un ejercicio de «confesión religiosa» del estilo de reconocer nuestros pecados en el momento y volver a cometerlos posteriormente sin ningún reparo. Ante una crítica justa, las comunistas debemos realizar una autocrítica, que no es más que un proceso de superación de limitaciones en la práctica. Sin embargo, en el momento justo en el que se nos señala, lo único que podemos hacer es iniciar este proceso de autocrítica mediante un reconocimiento, verbal o escrito, de esta actitud y su intención de superación. Por lo tanto, Jiang nos acusa de reconocer los pecados de palabra y volver a cometerlos de facto. Es curioso que afirme esto cuando ella misma necesariamente ha de pasar por el mismo proceso en su autocrítica. Y no solo eso, sino que se excusa en estar «más pendiente de otros asuntos que de pararme a pensar en lo que me había dicho». No tenemos que buscar excusas a nuestras críticas, sino asumir los errores y luchar para superarlos.

Respecto a lo que se comenta de que el secretario acusó a Jiang de que se había ido de la organización «echando pestes», es cierto que el camarada expresó esto en una conversación a otro premilitante (Anexo 6). Reconocemos que esta no es la manera correcta de expresar una problemática tan seria. También es cierto que el secretario le dice a este que cualquier crítica que tenga se la puede hacer llegar a él. Por lo tanto, los cauces para que el ex-camarada comunicase sus críticas nunca estuvieron cerrados.

Se afirma que la salida de estas cinco premilitantes supuso la ruptura y disolución de la célula de Madrid. Esta es una afirmación totalmente arbitraria, pues estas premilitantes ni siquiera tenían conocimiento de la existencia de la mayoría de nosotras -y así debía de ser en base al centralismo democrático-. Se califican estas salidas como triunfos cuando la realidad es que se fueron por sucumbir ante posiciones totalmente liberales. La autocrítica no debe ir enfocada a mantener a estas camaradas sino a por qué no se pudo evitar que surgieran estas posiciones reaccionarias.

Por lo tanto, quienes han demostrado activa y pasivamente, teórica y prácticamente profesar el liberalismo son todas y cada una de las firmantes del documento, demostrándose en cada uno de los casos, no en la misma medida, es cierto, que no son capaces de integrarse a la vida militante de manera no individualista.

De acuerdo a esto, la minoría debe estar subordinada a la mayoría, es decir, el comité a los militantes y premilitantes, y todos deben estar abiertos necesariamente a criticar y a ser criticados. Lo mínimo que debe cumplir una persona para entrar en una organización es estar de acuerdo con la línea política de dicha organización (requisito que obviamente exige que dicha organización siga alguna línea política).

De nuevo se repiten las mismas acusaciones, no tenemos nada más que añadir respecto a este tema que lo que ya se comentó en la Parte III:

»En primer lugar, hemos de empezar puntualizando que la concepción acerca de las minorías y las mayorías, y su relación entre sí, que exponen al principio del anterior párrafo, es incorrecta. Es un error contraponer, como si de realidades antagónicas se tratara, la existencia de diferentes instancias en la organización, algo que ejemplifican en una contradicción entre Comité Central, militancia y premilitancia. Esta subordinación de cada militante individual y de cada instancia de la organización al resto de la colectividad se da por la existencia de unos principios que son hegemónicos en nuestro destacamento. Si bien la minoría se subordina a la mayoría, esto es debido a que puede existir una contradicción entre los principios ideológicos, políticos y, en último término, organizativos, de distintos grupos e individualidades; y no entre una instancia de la organización y quienes no se encuentran en la misma. Plantear esto significa, sin duda, no comprender ni lo más mínimo el centralismo democrático.

Consideramos oportuno añadir que el Comité Central es una expresión de la mayoría y de su línea, al haber sido votado por las delegadas y representantes de esa mayoría en Conferencia. Por lo tanto es absurdo y totalmente erróneo presentar al Comité Central como una minoría supeditada al resto de militantes: es parte integral de la colectividad revolucionaria.

Por otra parte, entender el desarrollo o la existencia de una línea política únicamente como su materialización escrita es una concepción errada contra la cual hemos de luchar. Tener una línea política no es algo tan simplista ni reduccionista como escribir un documento (¡como si eso fuera suficiente!), sino que debe tener génesis y a la vez aplicarse en la realidad existente, transformándola. Además, es esencialmente necesario atravesar un periodo de análisis, de desarrollo y de lucha de líneas en torno a todas las problemáticas que se dan en el Movimiento Comunista y en el conjunto de nuestra realidad social para poder forjar una línea justa. Este proceso se torna tarea principal para que su materialización devenga y refleje unas concepciones asumidas e interiorizadas en nuestra praxis colectiva como destacamento revolucionario.

Es por ello que antes de plasmar en algún tipo de documento público nuestra línea política, ha sido y sigue siendo necesario impulsar y desarrollar un proceso de análisis y de lucha de líneas interno para poder seguir constituyéndola. La constitución de esa línea política es algo que se da de manera continua a partir de unos principios básicos que tratamos de llevar a la práctica; y es solo a través de su aplicación como puede devenir en el desarrollo de una línea claramente definida». (Respuesta a Guardia Revolucionaria Parte III. Centralismo democrático) (15).

Para concluir: es propio de camaradas que, aberrando la realidad social moderna y su situación en ella, idealizan la moral y organización comunista en su realidad actual, encontrando ahí su salvación definitiva, su huida a las penurias actuales, en vez de la única política que es capaz de hacerles frente. No podemos justificar esta perspectiva en ningún caso, pues consecuencia de ella es la desmoralización y vacilaciones ante la mínima embestida y exigencia política. Nos curtimos en la lucha, como las espadas en el fuego, y no tememos encontrarnos entre martillo y yunque.

«El Partido Comunista, se preguntarán entonces, ¿no defiende él todo lo que es justo? ¿No son los comunistas los hombres mejores? ¿Por qué existen todavía en el Partido Comunista personas tan miserables y cosas tan feas? ¿No es esto extraño?». Antes de adherirse al Partido, ciertos jóvenes camaradas estaban profundamente descontentos con la sociedad tal como es, veían bien que no encontrarían solución en ninguna parte y que solamente el Partido Comunista les ofrecía una esperanza luminosa. Pensaban que todo iría a su gusto, que todo marcharía según los deseos, desde que se hubieran adherido al Partido. Pero, después de haberlo hecho o de haber llegado a las bases revolucionarias, han constatado que en el Partido también había insuficiencias y errores, y que no todo podía satisfacerles en la vida práctica (pues muchas cosas de las que les hubieran satisfecho no están conformes con el interés del Partido y de la revolución). Así, han encontrado que la realidad no se correspondía exactamente con lo que se habían figurado y algunos de ellos han comenzado a dudar y a extrañarse. Se han preguntado: «¿Por qué ocurren también tales cosas en el Partido Comunista?» Hay personas que, antes de venir a Yenan y entrar en la Escuela militar y política anti-japonesa, pensaban que todo era allí tan perfecto como se lo habían imaginado. Pero, después de su llegada a Yenan y de su entrada en la Escuela, han descubierto que todo no marchaba a su satisfacción. Entonces, se han admirado a su vez: «¿Por qué ocurren cosas decepcionantes en Yenan y en la Escuela?», y al no encontrar respuesta a su cuestión, algunos incluso se han entregado al pesimismo y a la desesperación.» (Liu Shaoqi, Para ser un buen comunista).

Y añadimos nosotras: en su caso, a la reacción.

***

(1) Audio adjunto en la Parte III, reunión de premilitancia con Jiang y Riurik. http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Parte-1.mp3
(2) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/
(3) Ibídem
(4) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-i-contexto-general/
(5) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/
(6) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-iii-centralismo-democratico/
(7) «La producción de capitalistas y trabajadores asalariados es entonces un producto fundamental del proceso de valorización del capital. La economía usual, que sólo tiene en cuenta las cosas producidas, se olvida de esto por completo» (Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Borrador) 1857-1858, Siglo XXI Editores, p. 475)
(8) «‘Marx y yo’, dijo Engels, ‘nunca quisimos llamarnos socialdemócratas, puesto que preferíamos la denominación de comunistas'» (Charles Rappoport, citado en Conversaciones con Marx y Engels, H. M. Enzensberger, Anagrama, 2009, p. 492).
(9) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/
(10) Ibídem
(11) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-i-contexto-general/
(12) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/
(13) Ibídem
(14) https://guardiarevolucionaria.wordpress.com/2016/07/11/contra-la-reaccion/
(15) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-iii-centralismo-democratico/

Anexo 1: Conversación sobre feminismo Jiang-Miguel Ángel: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Anexo1_ParteV.txt
Anexo 2: Conversación sobre las relaciones personales Jiang-Miguel Ángel: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Anexo2_ParteV.txt
Anexo 3: Conversación sobre «feminismo burgués» con Juanjo: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Anexo3_ParteV.txt
Anexo 4: Conversación sobre el secretismo de Jiang entre Juanjo y la misma Jiang: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Conversaci%C3%B3n_Jiang_Juanjo.txt
Anexo 5: Conversaciones con los ex-premilitantes de Madrid: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Anexo5_ParteV.txt
Anexo 6: Conversación sobre la salida de Jiang de la organización Willy-Miguel Ángel: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Anexo5_ParteV.txt

Respuesta a “Guardia Revolucionaria”: Parte IV, clandestinidad

Lenin advirtió de la extraordinaria necesidad de la clandestinidad en el partido (en nuestro caso, organizaciones revolucionarias). Es necesaria la clandestinidad por el trabajo de la organización, que forma a los militantes para dirigir la revolución, formar el Partido Comunista y hacer tambalear lo que llamarán “el viejo mundo”. El hecho de que los comunistas nos preparemos para hacer perecer el orden existente requiere seguridad. Lo más característico de ello dentro de las organizaciones, es el uso de seudónimos y no andar paseando nuestra imagen física (por redes sociales, sobre todo) como ciertas organizaciones revisionistas.

De nuevo dejan en evidencia que no comprenden el funcionamiento del centralismo democrático, tildando -como nos ha remitido Jiang en su crítica (1)- de secretismo el hecho de que una premilitante tenga acceso restringido a cierta información de carácter interno.

En lo que respecta al uso de seudónimos y al «andar paseando nuestra imagen física» nos sorprende que se nos acuse de esto por parte de quienes precisamente incurren flagrantemente en estos mismos errores. Hacemos referencia en concreto a dos de las personas que firman la crítica de Guardia Revolucionaria. Una de ellas (Deliaida) tiene una red social con su nombre y apellidos de forma abierta. Y el problema no es que se use, pues puede estar justificado por determinadas circunstancias (laborales, por ejemplo), sino que se difunda entre diferentes miembros de la organización, como en este caso se hizo, sin ninguna motivación política (lo cual nuevamente se relaciona con el enfoque personal y no político de las relaciones que se establecían con otros militantes).

Confundiríamos clandestinidad con anonimato si nos limitásemos a desvincular formalmente nuestra vida política de lo que mostramos en la «personal», sin entender la relación de subordinación que ha de darse entre una y otra. Es decir, es perjudicial para la firmeza y la cohesión del trabajo político tener redes sociales «privadas» si se vincula lo que se comparte en ellas descuidadamente con la vida militante. No estamos libres de haber incurrido en dicho error, pero es llamativo que quien firma con esta severidad no lo comprenda en su forma más elemental.

La otra persona (Riurik), usa un canal de YouTube en el cual expone su cara -actividad que podría entenderse en caso de llevar a cabo un trabajo político revolucionario, que en la práctica desde luego no realiza-. El no mostrar la cara o dejarse ver no son de por sí desechables. Caeríamos en el conspirativismo. En determinadas condiciones, tanto cuando el trabajo político (o exigencias personales inapelables, como la laboral arriba señalada) lo impliquen, será obligatorio hacerlo.

Es significativo que precisamente nos adviertan, desde pretendidas posiciones revolucionarias, de cuál es la importancia central de los seudónimos. Jiang, por ejemplo, tras 5 meses de premilitancia, y tras haberle sido expuesta esta centralidad, no dudaba en preguntar a otro camarada, cuál era su nombre real, insistiendo varias veces y haciendo sugerencias, jugando a adivinarlo. Desde luego, la actitud del camarada también ha sido criticada y a día de hoy ha demostrado haber superado este tipo de errores.

Pues aceptamos entonces que cada cual tiene que saber lo necesario para realizar su función, no obstante, dicha premisa no excluye la rendición de cuenta y el secretismo (sic!): el FRML confunde clandestinidad con una ola de secretismo (sic!) dentro de la propia organización.

El secretismo es una actitud burocrática que se concreta en ocultar intencionalmente información a quien debería conocerla, para con ello lograr un fin político reaccionario. El secretismo implica precisamente lo opuesto a la clandestinidad. Mientras la clandestinidad limita la información para asegurar el desarrollo revolucionario, el secretismo limita la información para mantener una posición reaccionaria o para lograrla.

Entendemos que secretismo es conocer críticas a camaradas que únicamente se socializan cuando se puede dar una rentabilidad personal a ellas.

Entendemos que secretismo es reprochar a camaradas que transmitan a los órganos adecuados de la organización la información que se tiene al respecto de esas mismas críticas.

Entendemos que secretismo es que se difundan rumores calumniando a camaradas de la organización como violadores, pero que no se hable ni con el acusado ni con la organización para denunciar claramente si el caso es cierto.

Entendemos que secretismo es que se le dé más importancia a la privacidad de las conversaciones en el marco de una confrontación política, que al contenido de esas conversaciones y lo que ello aclara en dicha confrontación.

Si con secretismo hacen referencia a que una premilitante no conozca a todas las militantes de una célula (en vez de a las que tiene que conocer); si con secretismo hacen referencia a no conocer todo lo que se hace o se deja de hacer, todo lo que se decide o deja de decidir en la organización (en vez de aquello que le compete por razón de su función); si con secretismo hacen referencia a no conocer quién milita o deja de militar en la organización, quién está o deja de estar en un cargo (en vez de conocer esa información en la medida en que se precisa por razón de su trabajo), desde luego, se está confundiendo el secretismo con la clandestinidad.

La clandestinidad es precisamente lo contrario, pues se trata de no desvelar información a quienes no tienen motivos políticos para conocerla.

Por otra parte, consideraremos varias de las cuestiones relativas no solo a cómo se aborda la clandestinidad a nivel técnico, sino a la información que puede ser relevante de cara al Estado y que se ha hecho pública por cada una de las partes en litigio. Son comentadas en este texto, así como en sectores del movimiento que han leído y aportado positivamente sus dudas a las respuestas publicadas con anterioridad, y merecen una contestación aparte, que ampliaremos en el futuro.

Con respecto a la cuestión anteriormente mencionada sobre los seudónimos, varios miembros fueron regañados por usar su nombre real, ¡cuando no sabían que debían usar seudónimos porque nadie se lo dijo! Incluso varios militantes fueron regañados por no decirle a un premilitante que usara seudónimo. Con la excusa de clandestinidad, excluían a miembros (sic!) que llegaban a tener la sensación de no ser nada en la organización, de no ser útiles en nada. De hecho, la actitud de ciertos individuos era tan hostil que hacía que otros miembros del colectivo se encontraran mal con el simple hecho de pensar en que tenían que coincidir con ellos.

Se nos acusa de «regañar» a las camaradas, lo cual expresa y generaliza injustamente un claro carácter paternalista. Las comunistas no «regañan» a las camaradas, les señalan errores y limitaciones con ánimo de superarlos colectivamente. Si se refieren al error que las militantes encargadas de la premilitancia de Madrid cometieron al no comentar a X camaradas en concreto este asunto, asumimos el error por completo. Pero nos parece absurdo intentar utilizar este argumento para criticar a una organización in toto. Más aún cuando la cuestión de los seudónimos es algo que se aplica con carácter general en toda la organización y que esto que se señalan no constituye sino una excepción a la regla.

Creemos que se debe aclarar el caso concreto que se plantea, en el que un premilitante se presentó con su nombre real por desconocer la mecánica que se estaba llevando en torno al uso de seudónimos. La relevancia de dicho error, independientemente de quién fuera la responsable, es bastante relativa. En el contexto actual los seudónimos están planteados simplemente como herramienta que permita desarrollar un mejor trabajo político.

En el futuro también supondrán un elemento imprescindible de cara a la seguridad y es por ello por lo que es necesario comenzar a interiorizar estas dinámicas. Aunque en el momento histórico en el que nos encontramos el hecho de conocer el nombre real de una camarada no es decisivo, pues no llega a implicar el peor de los peligros a los que ahora mismo nos enfrentamos, siempre y cuando se tienda a lo contrario.

Con respecto a la afirmación de que «se excluían a miembros que llegaban a tener la sensación de no ser nada en la organización», de nuevo no se aporta ningún ejemplo concreto. Se deja una vez más en evidencia la incomprensión del centralismo democrático, pues esperaban ser incluidas en todas las tareas que ellas consideraran sin tener en cuenta las necesidades de la organización en su totalidad, confundiendo esto con el hecho de no tener ellas dicha responsabilidad. Confusión cuya responsabilidad recae en la dirección de Madrid y en las encargadas de la premilitancia, quienes no fueron capaces de transmitir correctamente dichas necesidades a las premilitantes.

Sobre la cuestión de actitudes hostiles: en ningún momento se transmite esa sensación de las premilitantes a las responsables. De hecho, la información que llega a través de estas a la dirección de Madrid es que se respira un espíritu de camaradería y de buen ambiente a la hora de trabajar. Este es el caso, por ejemplo, de Jiang, quien en una conversación con la camarada Laura, una de las encargadas de la premilitancia, sostiene todo lo contrario de la sensación que aquí se transmite.

Este contraste entre los hechos transmitidos por las encargadas de la premilitancia y la crítica ahora presentada pilló por sorpresa totalmente a las camaradas, y por esto, sería de agradecer que se aportaran ejemplos de estas actitudes para poder corregirlas.

Se usaba un servicio de mensajería móvil que no muestra el teléfono; sin embargo, si alto cargo del FRML pedía tu número, otros tenían que dárselo o se lo tenías que dar, sin recibir ninguna explicación. Tal fue la sorpresa de dos de los autores presentes: llegaban continuas llamadas (sic?!) al móvil de militantes tras salir de la organización, militantes a los que nunca dieron su número. Tal era el nivel que tuvimos que bloquear sus números (sic!) para no recibir más llamadas.

Debemos hacer autocrítica, pues asumíamos que cualquier premilitante podría comprender, sin dar mayores explicaciones, que el teléfono se le solicitaba para poder contactar con ella en caso de que otras vías no estuvieran disponibles o la situación de urgencia fuera tal como para preferir esta vía.

Entendemos que es posible no comprender que uno milita en una organización dando su vida por una causa, y que aportar un número de teléfono en este proceso es un evento menor sin importancia. Insistiremos más en explicar esta cuestión con futuros premilitantes de la misma forma que agradecemos la apreciación por parte de estos premilitantes, puesto que nunca con anterioridad nos había sucedido tal cuestión por incomprensión de los premilitantes.

Por otra parte, al respecto del señalamiento de «alto cargo» no comprendemos a qué se refieren, si a la dirección de colectivo, de la organización o alguna deidad confabulada con nuestra organización. Entendemos que la información necesaria para el trabajo político es la que se comparte, con quien de la organización la precise independientemente de las responsabilidades que ostente.

Respecto a las llamadas telefónicas comentadas, estas se enmarcan en la imposibilidad de contactar con algunos premilitantes, que se van de la organización, por otros medios. La dramatización que se expone es de todo punto desorbitada, al premilitante que más llamadas se le realizaron fue a Riurik, llamándole una vez con motivo de las críticas que no había hecho al salirse pero ahora hacía en redes sociales (ante el bloqueo en Telegram al secretario de colectivo de Madrid) y en dos ocasiones otro camarada de la organización con motivo de la investigación al respecto de la supuesta violación que había sufrido.

Entendemos que cuando camaradas (militantes de nuestra organización o no) toman la determinación de emitir una crítica con el objetivo de que el movimiento en su conjunto avance, lo último que les va a suponer un problema es exponer y defender dicha crítica en cualquiera de los ámbitos. No conseguimos comprender el motivo por el cual nuestros intentos para abordar de la manera más directa la crítica (cuando intentamos hablar con Jiang) o una salida de la organización sin motivo aparente por parte de otros premilitantes, suponen un acoso para nadie. (2)

Si hay una crítica justa, tendrá defensa más allá del escudo de un escrito. Si hay motivos para dejar la organización, exactamente lo mismo. La única explicación que se nos ocurre para que nuestras intenciones constructivas se rechazasen de pleno, es que tales intenciones no existían por parte de Jiang (inicialmente) y por parte de quienes se le suman posteriormente. Aún a día de hoy, ninguna de estas personas se ha prestado a confrontar abiertamente las acusaciones que aquí se vierten, determinación que para nosotros es significativa, pues por un lado no es actitud comunista y por otro hace brillar la debilidad de la crítica redactada.

Además, el FRML cuenta con una práctica que supera lo turbio: nos grababan a escondidas. Sí, es cierto que en las reuniones que hacíamos las grabábamos con la aplicación del móvil y todos disponíamos de este conocimiento (sic!). Pero no sabíamos ni a dónde iban esos audios ni cómo se iban a utilizar. A una de las personas que escribe esta carta se le confesó (sic!) por un militante que, en ocasiones, se grababa a escondida fuera de la reunión o de otras actividades.

Es cierto que se ha grabado. Pero nunca con la intención de manipular o tergiversar, sino más bien todo lo contrario, para evitarlo. Grabando se tiene acceso permanente a conversaciones antiguas de las que se puede extraer información cuando la situación la requiera, como es el caso de nuestra publicación reciente de una de esas reuniones en aras de mostrar al conjunto del movimiento la seriedad con la que se abordaban y abordarán las diversas problemáticas.

En definitiva, grabar las conversaciones no solo no perjudica, sino que ayuda precisamente a conocer en profundidad lo que se dijo, lo que no se dijo y cómo se dijo, no dejando lugar a dudas. El ejemplo más claro es la crítica que hoy nos atañe, en la que todas las conversaciones grabadas que guarden relación podrán ser usadas como prueba para llegar al fondo del asunto. ¿Qué problema se tiene con todo esto? ¿Acaso se teme que se destapen las mentiras y calumnias?

Nosotras no tememos a la verdad, pues como dijo Lenin «la verdad siempre es revolucionaria». Pero nos oponemos a la concepción teológica de la verdad: si es verdad, tarde o temprano triunfará, relegando así el papel consciente a algo secundario y superfluo. Para un marxista, la verdad, por ser tal, no se impone en el curso del mundo, es necesario imponerla activamente, materializarla históricamente (3).

Debemos tener claro que todas tenemos una responsabilidad sobre nuestras palabras, y debemos responder sobre las mismas fuera cual fuera el momento en el que se desarrollaran los acontecimientos. Es norma en la sociedad en general, y en el movimiento en particular como expresión de la misma y sus tendencias, el pretender que las palabras son algo efímero, las cuales se pueden usar en cualquier momento para exponer situaciones que no son verdad y así extraer un rédito político o un beneficio personal de un conflicto. Precisamente grabar nuestras reuniones es la mejor forma que tenemos de hacer que la lengua oral, forma de comunicación que priorizamos sobre lo escrito, sobreviva de la misma forma.

Dicho esto, y acorde a lo ya mencionado anteriormente, ¿a quién realmente está perjudicando el hecho de que se graben conversaciones de interés político? Puede que a quien usa la palabra para difamar y para distorsionar la realidad con ánimo oportunista, haciendo uso de la escasa memoria a largo plazo de quien se desinteresa por el análisis profundo de los acontecimientos.

Por poner ejemplos concretos, usaban la grabadora del móvil con las personas que quedaban con ellos para hablar de que estaban interesadas en premilitar. O cuando se debatía con alguien, de la organización o ajeno a ella, de algo de interés, también se le grababa. En algún caso se subieron audios de personas ajenas a la organización a un servidor al que solo pueden acceder los miembros. No podíamos saber lo mencionado antes, “por clandestinidad”. No podíamos hablar con alguien sin pensar que nos grababan. Un alto cargo llegó a confesar en cierto momento que estas grabaciones podían usarse como “chivatazos”. (sic!) Debíamos aceptar que nos grabasen sin saberlo y sin saber el uso que se les daba a los audios por ser órdenes de arriba. Tampoco sabíamos dónde iban nuestras cuotas. “Dar el dinero y ya”. (sic!!!!) Hasta donde llegaba nuestro conocimiento, el dinero bien podría ser usado para cosas no relativas al FRML.

En referencia a las grabaciones que implican a personas ajenas a la organización, creemos que es totalmente legítimo si se considera que estas pueden servir para el aprendizaje de otras camaradas (por ejemplo, tratando colectivamente lo que en ellas se desarrolla). En todo caso, no es una práctica que se realice a la ligera, sino con un fin determinado y si se considera previamente necesaria por parte de quienes las hacen.

Además, queremos dejar patente que tales grabaciones pueden servir para clarificar posturas de ciertas organizaciones que, de puertas a fuera, defienden unos postulados y, en conversaciones privadas, los contrarios. En este caso no nos referimos a cuestiones organizativas de carácter interno, que entendemos que deben ser privadas, sino a contradicciones flagrantes de carácter ideológico o político. De la misma manera que el trato cercano con algunas organizaciones, o el intento de establecer relaciones con ellas, nos ha mostrado la política real que se encuentra detrás de las declaraciones de «unidad comunista» o la pretendida diligencia militante. Si el estado del movimiento fuera otro, no tendríamos que ocupar el papel en ocasiones más de periodistas de investigación a cámara oculta que de militantes comunistas que intentan hacer lo posible para que el movimiento avance.

No se trata de «grabar por grabar», sino de hacerlo precisamente para socializar las conclusiones de un trabajo político más allá de las propias valoraciones de aquellas camaradas que han asistido a tal evento, participado de tal reunión, generado determinado debate, etc…

El tema de las grabaciones internas ya se ha explicado. Su empleo es para fines políticos, para poder avanzar en el tratamiento de los problemas, para socializar la forma en la cual se desarrolla el trabajo de los militantes de una forma que aporte información suficiente como para extraer lecciones y depurar errores, precisamente para poder hacer autocrítica. Porque con información veraz, contrastable y que no de lugar a múltiples y radicalmente dispares interpretaciones es como únicamente se puede potenciar la autocrítica. Esa es nuestra posición al respecto, en contra de quienes de facto llevan la autocrítica a los absurdos de jardín de infancia, donde la autoridad de la profesora te imponía «pedir perdón» (sin necesidad de comprensión ni superación de ningún error) como forma blanda de escarnio público.

Sobre el tema de los «chivatazos» no sabemos a qué se refieren, a quién se refieren ni qué pruebas ofrecen al respecto de esto. Aunque ya no nos sorprenden acusaciones tan airadas sin prueba alguna, es la dinámica general de su escrito.

En cuanto a las cuotas partimos de la base de que no se ha mencionado ni un solo indicio de la insinuada malversación de fondos y por lo tanto entendemos que estamos ante una calumnia arbitraria, sin prueba alguna y únicamente alegando el desconocimiento del destino de las cuotas. Vuelven a poner su limitación subjetiva como límite de la realidad que no llegan a conocer. Nuevamente se tiene que mencionar el tema de las cuotas, del que ya hablamos anteriormente en otra parte de nuestra respuesta. De la cual citamos lo siguiente:

“Sobre las cuotas ya se ha hablado muchas veces, no hay una cuota fija que pague de facto cada camarada (pues no todas las camaradas tienen la misma capacidad económica ni las mismas necesidades). De hecho, parte de las cuotas es destinada a aquellas camaradas con dificultades económicas para que puedan desarrollar su actividad política. Cada camarada aporta lo que cree que puede aportar a la organización, y no nos confundamos, más dinero no implica necesariamente más compromiso. Además, si tenía inquietudes al respecto del destino del dinero, podría haberlo socializado sin problemas”. (4)

A lo cual añadimos, a riesgo de repetirnos, que el desconocimiento de los gastos de la organización se relaciona más con las limitaciones de la premilitancia que con una ocultación de información. Con anterioridad en la misma crítica que se nos hace, se intenta marcar un punto de inflexión entre el manejo de las finanzas por parte de Pavka y el manejo posterior de las finanzas, desde el punto de vista de la premilitancia. Nos parece que aquí hay algo sonoramente errado, puesto que las finanzas son recaudadas a nivel de colectivo y no a nivel de un encargado que contacta individualmente con los militantes y premilitantes.

Incluso suponiendo que Pavka hubiera gestionado esas cuotas directamente en Madrid (por ser militante del colectivo) nuevamente debemos destacar que si a la premilitancia informaba del empleo de las cuotas de manera concisa, esto responde más a un ejercicio de liberalismo (otro más) que de justeza con su responsabilidad. Hay gastos económicos que son evidentes y a vista de todos, como el empleo de fondos para material agitativo (pegatinas, carteles, etc…) pero hay otros que ni lo son ni lo deben ser.

Parece que aquí, más que un punto justo al respecto de una información que fuera necesaria para la labor de quienes reclaman que no se daba, se está haciendo un ejercicio de demagogia al estilo de las reclamas de «transparencia» entre los partidos políticos de la burguesía.

Igualmente, el objetivo de cualquier gasto de la organización tiene estricto carácter político, no solo para sufragar los gastos propios de toda actividad militante en los momentos actuales, sino también para ayudar a otras camaradas que no disponen de medios económicos suficientes para desarrollar trabajo político, tanto cubriéndoles el gasto en la medida que se precise (total o parcialmente) como no exigiéndole el pago de las cuotas, como era el caso de esto último, por ejemplo, y precisamente, de uno de los firmantes de la crítica.

Lo más contradictorio de todo es que mientras por un lado el Comité Central vierte todos sus esfuerzos en conocer cada una de las conversaciones que se mantienen dentro y fuera de la organización (sic!), a la hora de enfrentarse a situaciones que realmente necesitarían la puesta en común de toda la información que poseen, se niega de ellas o se les hace caso omiso. Por ejemplo, cuando un camarada abandonaba o era expulsado de la organización, no se nos daba ningún tipo de explicación exponiéndonos así a que las actitudes condenables (siempre según el criterio del Comité Central (sic!)) siguieran reproduciéndose.

Tanto el Comité Central como los órganos de dirección de los diferentes colectivos y la Comisión Organizativa, tienen el deber de estar al tanto e informarse de las cuestiones personales (estrictamente hablando, que influyeran en la vida militante) y políticas a las que se enfrentan todas las camaradas. Este es un principio básico del funcionamiento de una organización comunista, pues para tomar decisiones coherentes se requiere un análisis exhaustivo de cada problemática y la situación global que la rodea. La información se requiere para el correcto funcionamiento de la organización en su conjunto, y en ningún caso se trata de un control burocrático por parte del Comité Central.

Por ejemplo, al principio de que la organización empezase a caminar se daban bastantes casos de desconocimiento del resto de la vida de las camaradas, precisamente porque desconocíamos hasta qué punto nos correspondía conocerlo como camaradas. Y precisamente por ello no podíamos hacer análisis justos de la aportación de tal o cual camarada.

Por regla general, no puede aportar lo mismo una persona que está en una situación socio-económica especialmente grave que alguien que tiene una comodidad mucho mayor en ese sentido. Como es el caso de uno de los firmantes de esta crítica: Raptzich, a cuya situación personal se hace referencia en uno de los materiales ya publicados (5). Tampoco es lo mismo una camarada que está estudiando y a la vez está trabajando, que una camarada que solamente está estudiando.

La situación de cada camarada en particular hay que tenerla siempre en cuenta. De lo contrario el trato no sería el adecuado a su situación real. No se exige un mínimo igual para todo el mundo, pues su máximo tampoco es el mismo. Esto quiere decir que la aportación de una camarada determinada puede parecernos mayor o menor, pero lo determinante es en qué medida esa camarada se está entregando a su clase en función de sus propias condiciones y evolución.

Cada vez que una camarada abandona la organización se hace un balance de los motivos. Este balance nace de un análisis de su contexto. Su contexto, a su vez, se compone de su vida burguesa y de su vida militante, así como de su perspectiva de estas, que no son sino los dos polos de una misma unidad. Esta se valora en su desarrollo, su evolución, unido íntimamente al papel que la organización ha tenido en el desarrollo de la misma. De esta manera podemos conocer tanto sus errores como sus aciertos y de qué manera nosotras hemos incidido o dejado de incidir en el desarrollo de los mismos.

Una vez se ha realizado el balance pertinente y se han llegado a unas conclusiones, se pone a disposición de las camaradas que se considera necesario. Este ha sido el caso de todas y cada una de las camaradas que firman la crítica de Guardia Revolucionaria, pues acerca de todas se ha hecho balance y se ha compartido con todas aquellas que debían conocer tal información. Con Pavka especialmente, debido a la relevancia de su de sus errores y de su cargo en la organización (hasta entonces miembro del CC), se generalizó la información a toda militante y premilitante (6).

El criterio para que una camarada tenga que conocer esto no es el de si pertenece o no a su colectivo, pues en caso de que hubiera pertenecido, es evidente que necesitaría tanto conocerlo como haber aportado en el balance. El criterio es si en el desarrollo de su trabajo precisa de la información y las conclusiones de validez general que aporta el balance o hasta qué punto la necesita. De nuevo, cada cual tiene que saber lo que tiene que saber para hacer lo que tiene que hacer.

Y aquí, no nos conformamos con afirmar contundentemente que esto es así. Vamos un paso más allá y aportamos las pruebas que tenemos. Prestándolas al conjunto del movimiento (como el audio al que hemos hecho referencia más arriba), De hecho, de no ser esto así, no habríamos podido contestar con la rapidez y contundencia que hemos demostrado en estos materiales. Pues sería materialmente imposible contestar con tanta celeridad si tales balances no se hubieran abordado en gran medida con la profundidad y activamente por parte de la gran mayoría de la organización que aquí se pone de manifiesto, actuando como un puño unitario.

Aprovechando la cuestión de la trata de la información expropiada de forma oculta (sic!), nos gustaría resaltar el caso de la camarada Jiang. Esta camarada ha denunciado en diferentes ocasiones, tanto públicamente como a miembros de la organización, la actitud reaccionaria y la agresión sexual que sufrió por parte de su camarada Samuel (@TaukSein y @Csudanderes para quienes le conozcan de Twitter). Altos cargos de la organización no se creían la denuncia de Jiang y en un claro intento de humillar a la camarada (sic!) exigían pruebas y daban falso apoyo, pues lo único que hacían era proteger al agresor. (sic!) Aunque todos los componentes de la célula de Madrid del FRML y cada uno de los componentes del Comité Central tuvieran desde el principio absolutamente toda la información que necesitaban para tomar medidas, hicieron caso omiso de ellas, no compartieron esta información con los camaradas del resto de provincias y, para colmo y en un insultante intento de lavar su imagen (que tenemos claro, es insalvable), llaman a la colaboración de cualquier tipo de información externa para investigar actitudes como la que comentamos que tuvo Samuel (que por supuesto, no es la única investigación que tiene por delante el FRML), ¡cuando tienen toda la información de mano de la agredida desde el principio! (sic!)

La problemática que aquí se manifiesta no nos parece de poca importancia, y al respecto se está trabajando en un informe específico. Pero consideramos apropiado hacer unas aclaraciones preliminares en torno a ello.

La crítica que Jiang socializa en la organización al respecto de Samuel, aunque ciertamente señalaba aspectos reaccionarios del comportamiento de este en la relación tóxica que mantenían ambos, no exponía el caso de agresión sexual que ahora señala (que como se amplían en la otra crítica que se le hace a la organización, entendemos que hace referencia al sexo oral que mantienen). Esta crítica se socializó con posterioridad a la ruptura de la relación que ambos mantenían y que comentaremos en profundidad en un material específico.

No es hasta que ella sale de la organización y un tercero nos lo transmite cuando obtenemos la información de que ambos llegan a mantener alguna forma de relación sexual. Ni ella ni Samuel transmiten esto en el curso de la investigación al respecto de esta problemática. Nuevamente nos encontramos con el mismo problema, ante la falta de información, la organización es ciega. Nuevamente, el secretismo que se mantiene por parte de algunos expremilitantes y exmilitantes es la raíz del problema que le pretenden imputar a la organización.

***

(1) Aquí aparece por primera vez la acusación de secretismo: http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/

(2) http://blog.frml.es/index.php/354/

(3) Brecht, La vida de Galileo: 

«EL PEQUEÑO MONJE. -¿Y no cree que la verdad, cuando es la verdad, se impone también sin nosotros? GALILEO.- No, no, no. Sólo se impone tanta verdad como nosotros imponemos; la victoria de la Razón sólo puede ser la victoria de los que razonan.»

(4) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/

(5) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-i-contexto-general/

(6) http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Parte-3.mp3

Respuesta a «Guardia Revolucionaria»: Parte III, centralismo democrático.

«Si insisto en esta distorsión entre los conceptos y su aplicación, es porque compruebo con inquietud en los jóvenes un fetichismo del texto, una creencia de que si las cosas han sido escritas, han sido hechas. Pero eso ocurre muy rara vez; aún en la actualidad se escribe algo de una manera y luego se lo realiza a la inversa.» Victor Fay

El centralismo democrático es el principio organizativo fundamental que debe tener como base toda organización revolucionaria y marxista-leninista. Es fundamental y un criterio irrenunciable en toda organización que se considere comunista. El centralismo exige una firme disciplina que realiza una perfecta simbiosis entre la crítica y la autocrítica. Por supuesto, este principio de crítica y autocrítica constante es exigido en todos los miembros de la organización, desde la premilitancia de base hasta los componentes del comité central, dando lugar por tanto a una resolución final acordada por todos.

Desde luego que el principio del centralismo democrático tiene una aplicación general a cualquier instancia organizativa de la colectividad. Pero al mismo tiempo que es un eje vertebrador de esta relación colectiva, es un elemento que se concreta en las condiciones de militancia de cada camarada individualmente. Esto significa que la forma en la que se expresan los derechos y obligaciones de cada uno no es unívoca, sino que es múltiple. No es esperable por ejemplo que a nivel de Comité Central se acepten determinados errores, como la incomprensión de lo prioritario de la militancia frente a las relaciones de pareja; mientras que en esto mismo sí sería comprensible que se errase cuando tratamos con premilitantes. No es una mera división burocrática, se trata de ser justos con el nivel de conciencia que cada camarada demuestra en su práctica diaria. Se trata de hacer que cada camarada pueda aportar lo máximo posible sin comprometer el trabajo del resto de camaradas, de dar trabajo a todo el mundo en sus condiciones de conciencia al mismo tiempo que se lucha por elevar esas condiciones en todos los casos particulares.

De acuerdo a esto, la minoría debe estar subordinada a la mayoría, es decir, el comité a los militantes y premilitantes, y todos deben estar abiertos necesariamente a criticar y a ser criticados. Lo mínimo que debe cumplir una persona para entrar en una organización es estar de acuerdo con la línea política de dicha organización (requisito que obviamente exige que dicha organización siga alguna línea política).

En primer lugar, hemos de empezar puntualizando que la concepción acerca de las minorías y las mayorías, y su relación entre sí, que exponen al principio del anterior párrafo, es incorrecta. Es un error contraponer, como si de realidades antagónicas se tratara, la existencia de diferentes instancias en la organización, algo que ejemplifican en una contradicción entre Comité Central y militancia y premilitancia. Esta subordinación de cada militante individual y de cada instancia de la organización al resto de la colectividad se da por la existencia de unos principios que son hegemónicos en nuestro destacamento. Si bien la minoría se subordina a la mayoría, esto es debido a que puede existir una contradicción entre los principios ideológicos, políticos y, en último término, organizativos, de distintos grupos e individualidades; y no entre una instancia de la organización y quienes no se encuentran en la misma. Plantear esto significa, sin duda, no comprender ni lo más mínimo el centralismo democrático.

Consideramos oportuno añadir que el Comité Central es una expresión de la mayoría y de su línea, al haber sido votado por las delegadas y representantes de esa mayoría en Conferencia. Por lo tanto es absurdo y totalmente erróneo presentar al Comité Central como una minoría supeditada al resto de militantes: es parte integral de la colectividad revolucionaria.

Por otra parte, entender el desarrollo o la existencia de una línea política únicamente como su materialización escrita es una concepción errada contra la cual hemos de luchar. Tener una línea política no es algo tan simplista ni reduccionista como escribir un documento (¡como si eso fuera suficiente!), sino que debe tener génesis y a la vez aplicarse en la realidad existente, transformándola. Además, es esencialmente necesario atravesar un periodo de análisis, de desarrollo y de lucha de líneas en torno a todas las problemáticas que se dan en el Movimiento Comunista y en el conjunto de nuestra realidad social para poder forjar una línea justa. Este proceso se torna tarea principal para que su materialización devenga y refleje unas concepciones asumidas e interiorizadas en nuestra praxis colectiva como destacamento revolucionario.

Es por ello que antes de plasmar en algún tipo de documento público nuestra línea política, ha sido y sigue siendo necesario impulsar y desarrollar un proceso de análisis y de lucha de líneas interno para poder seguir constituyéndola. La constitución de esa línea política es algo que se da de manera continua a partir de unos principios básicos que tratamos de llevar a la práctica; y es solo a través de su aplicación como puede devenir en el desarrollo de una línea claramente definida.

Reproducimos aquí un fragmento redactado anteriormente que explica esta cuestión:

«Quien solo es capaz de “ver” la línea cuando la misma está escrita es porque no le da importancia a su desarrollo real. Lo principal no es “escribir sobre algo” si no desarrollarlo sobre la materia y en la medida en que devenga necesario (y hoy lo es) plasmarlo. Pero si no se ve el desarrollo real y se pretende sustituir éste, dejando de lado lo esencial (su desarrollo sobre la materia) es porque realmente la pretensión de esta persona no es la transformación de la realidad, sino su mera observación “crítica”.»(1)

Dado el estado actual en que nos encontramos como destacamento, y el período de desarrollo que hemos estado experimentando en los últimos tiempos, consideramos que hoy sí hemos alcanzado una constitución colectiva de nuestra línea política que es necesario plasmar de manera escrita. Algo que haremos próximamente sin falta.

Todos los miembros trabajan de forma constante a través de los principios expuestos por anterioridad, que supongan el exilio del liberalismo e individualismo—la organización es una fábrica y los miembros son sus máquinas—. En resumen, nadie puede ser irrelevante en la organización y todos influyen en el funcionamiento de esta. La organización se constituye de forma democrática y todos los militantes son responsables de que esto se cumpla. Lo cual quiere decir —haciendo de nuevo referencia a lo dicho antes de las máquinas— que todos los militantes actúan como organización y no como individuos. Cada militante puede exponer sus propuestas o ideas en el debate y estas propuestas/ideas han de ser debatidas en la correspondiente reunión en la que se dará una resolución final. La organización tiene y debe que exigir (sic!) y esperar una gran responsabilidad por parte del comité, de los altos cuadros, dada la posición que ocupan ellos. Estos deben ser ejemplos de marxistas-leninistas, que practican sin cuartel el centralismo.

Estamos totalmente de acuerdo. Por supuesto que cada camarada debe exponer sus propuestas o ideas en el debate (2). Pero esto choca con la forma en que estas camaradas están ejerciendo la crítica. En ningún momento cuando estaban dentro de la organización (que es el momento en el que, como bien dicen, debían aportar al debate colectivo) se manifiestan estas críticas, existiendo espacios y canales abiertos para ello. No es sino hasta que estas camaradas salen de la organización (algunas llevan meses fuera y se fueron por razones no precisamente ideológicas) que estas nos han llegado.

Como decía el Partido Comunista de Perú, “alzamos las banderas para defenderlas, y las defendemos para aplicarlas”. Comprobemos pues si el Frente Revolucionario Marxista Leninista ha aplicado lo que tanto afirmar practicar.

Desde luego, lo que la organización afirma debe estar siempre en consonancia con lo que hace, de lo contrario sería justo que se nos tachase de oportunistas. Pero no nos parece demasiado honesto hablar de que se va a proceder a «comprobar» si la organización aplica sin precisamente aportar el elemento esencial en dicho proceso. Un elemento que permita constatar el nexo entre lo que se dice y lo que realmente se puede demostrar, más allá de la confianza que pueda transmitir el testimonio de nadie, sencillamente aportar pruebas.

El FRML sostiene cumplir los principios del centralismo democrático, pues al fin y al cabo se trata de una organización “marxista-leninista”, por ser una organización supuestamente revolucionaria. Pero tras esta mendacidad orgullosa se esconde la realidad; el colectivo denomina ‘centralismo democrático’ a su centralismo burocrático. Los altos cargos revisionistas de esta organización afirman henchidos de falsa modestia superar contradicciones y practicar la lucha de dos líneas. Si realmente existe esta lucha de dos líneas, desde luego la línea burguesa está ganando con sobrada ventaja.

El centralismo aplicado se tacha de burocrático. Aquí hacen lo mismo que en relación a cada paso de la organización, absolutizan uno de sus momentos, el centralismo, como lo único existente. Pero en cambio, se trata este de un elemento más en una realidad multilateral en el proceso de aplicación del centralismo democrático. Existen momentos en la militancia en los cuales impera la aplicación de las decisiones que bajan desde los órganos de dirección. Existen momentos en los cuales se comentan esas decisiones y lo acertado o errado de las mismas en cada condición concreta. Existen momentos en los cuales se critica a los órganos de dirección y a sus miembros. Existen momentos en los que mismamente se vota quién pertenece a esos órganos. Como venimos siendo acostumbrados por parte de estas personas, se acusa de revisionistas sin apoyarlo en evidencias. Es más, las acusaciones además de brillar por la sonoridad de sus calumnias, brillan sobre todo por la ausencia de los datos que aportan para sostenerlas.

Todo funciona de arriba abajo. Los de abajo, los militantes y premilitantes —estos últimos los más despreciados en la organización— deben aceptar sin discutir las órdenes de arriba.

Entendemos, por su posición dentro de la organización y por su estado de conciencia, que sea especialmente complicado para una premilitante comprender en profundidad el funcionamiento del centralismo democrático y conocer otras materializaciones de este a otras instancias. Podemos conceder a las premilitantes el beneficio de la duda, de que estas palabras se basan en el desconocimiento de la realidad de la organización y aplican aquí algún ejercicio de suposición del funcionamiento de la organización. Pero desde luego lo que no podemos admitir como error por desconocimiento, es que una persona que ha estado en el Comité Central de la organización, y que en su paso por él ha violado repetidas veces el centralismo democrático y la subordinación de sus intereses personales a los de la colectividad, firme este documento y pretenda dar lecciones sobre centralismo democrático. Con más razón, esta persona debería ser la que aporte pruebas y defienda estas graves acusaciones hacia la organización, en lugar de agachar la cabeza y funcionar como «tiro la piedra y escondo la mano». Precisamente por este tipo de cuestiones consideramos oportuno exponer un balance acerca de cuáles fueron las actitudes que desarrollaron los responsables de esta crítica. En el caso concreto del ex-miembro del CC, hacemos referencia a Pavka, sobre cuya trayectoria comentamos diversos elementos que resultaba necesario poner en contexto (3)

En primera instancia, el Comité Central funciona al unísono, si bien cierto (sic!) que los desacuerdos se discuten, bajo una falsa arrogancia de “tenemos que estar todos de acuerdo” siempre se acaba optando por las decisiones defendidas por las mismas personas, dos individuos en particular.

En el FRML el poder de hacer y deshacer no lo disponen individuos, menos aún dos, sino órganos legislativos y ejecutivos compuestos por individuos. Confunden alegremente ambas dimensiones, en el marco general de la caricatura que construyen. Parecen lamentar que, a pesar de que se desarrolle la lucha ideológica con la máxima crudeza, el CC funcione al unísono. Su desprecio por el centralismo se camufla como pasión por la democracia. Es manifiesto que, bajo estos postulados, no encabezarán nunca la acción unitaria del proletariado.

En aras de la no democracia interna, al elevar cargos, siempre se elegían gente (sic!) afín a la línea cantante del central, lo que parece lo más “lógico” pero, no obstante, se concretaba en elevar a gente que simplemente defendía órdenes superiores sin rechistar.

Esto es muestra del desconocimiento de la situación real por parte de quienes enarbolan las ideas precedentes. En el CC se han dado discrepancias y se ha discutido tenazmente, pero como órgano unitario está obligado a actuar unívocamente y sin fracturas. Fenómeno que se interpreta como «siempre mandan los mismos», haciendo más ridícula su incomprensión de la materialización del centralismo democrático, aunque se defiende en términos teórico-generales, no como praxis. Es de especial relevancia observar cómo en todo el material que comentamos la teoría en torno a lo que debería ser el centralismo democrático no se desarrolla como parte de una praxis colectiva, sino como elemento de una crítica contemplativa.

Igualmente, en lo que literalmente se expone, se acepta como «lógico» (asumimos que se refieren a que es correcto, o cuanto menos no criticado por ellas) que se eleven cargos, aceptando pues la cooptación a órganos de dirección. Pero al mismo tiempo se critica a quien se eleva a dichos órganos. Se califica a dichas militantes como «defensoras de órdenes sin rechistar», a la vez que algo más arriba se admitía que los desacuerdos se discuten (según ellas, bajo una falsa arrogancia, que no terminamos de entender ni de encontrar su existencia). Entendemos que si ciertamente se elevaba a militantes premiando que estos no tuvieran una actitud crítica, los mismos desacuerdos de los que se habla no existirían, y la misma necesidad de discutirlos sería inexistente. Se escuchan campanas y no se sabe dónde.

Nuevamente, ninguna información se aporta al respecto, y nuevamente nos parece surrealista que una persona que ha pasado por el Comité Central de la organización pueda defender esto. Pues existe constancia de diversas formas de las discusiones pasadas y presentes en el Comité Central y de otros órganos. También existe constancia de que los miembros de Comité Central (entre ellos Pavka) fueron votados en nuestra 2ª Conferencia. ¿Se incluye él entre las sumisas que aceptaban sin rechistar las órdenes? ¿No era capaz él de defender las posiciones que tenía en esas discusiones que se dicen por «falsa arrogancia»? ¿Qué le impedía exponer sus críticas y cuándo estas fueron ignoradas? ¿Nos puede hacer referencia a la reunión concreta del Comité Central para que busquemos en la grabación de la misma y/o en el acta de ésta?.

Igualmente, nos parece oportuno comentar, que en una conversación que Pavka mantiene con Deliaida reconoce no haber siquiera escuchado los audios de la II Conferencia. Pero lo peor de todo no es que habiendo sido delegado en la misma tuviera la responsabilidad de hacerlo, ¡sino que con más razón aún cuando de la misma sale elegido miembro del CC! Pavka no pudo aceptar ordenes sin rechistar, pues ni siquiera se hizo eco de las principales ordenes y directrices: las del conjunto de la organización reunida en Conferencia y a la cual tenía la responsabilidad de representar. Camarada, ni tan si quiera te dignaste a escuchar lo que el conjunto de la organización había decidido que debía orientar nuestra línea política. Tú mismo, camarada, eres el mejor ejemplo para referenciar aquello que ahora nos criticas.

Transcribimos, a continuación, lo que Pavka dice en dicha conversación a este respecto:

“(…) Entiendo, yo es que lo que me estás contando ahora lo desconocía bastante, como no estuve en la Conferencia y tampoco escuché los audios… (…)”

Cuando se intentaba criticar dichas elevaciones, en aras de afianzar la democracia interna y que los militantes más novatos asumiesen cargos era la mejor forma de que tomasen dinámicas de trabajo colectivo, se hacía mofa de la crítica alegando que en puestos importantes tiene que estar “gente de confianza”, dejando de lado la validez político-ideológica de muchos camaradas en aras del burocratismo.

Nos gustaría aquí hacer referencia al audio último, entre los minutos 8:55 al 11:55, en donde se refleja cómo en una reunión de premilitancia se abordó el tema del amiguismo y la necesidad de la crítica colectiva en la organización. (4)

Además, nos parece adecuado que se revise una conversación entre el camarada Juanjo y Jiang, donde esta última le recrimina el que Juanjo transmita al secretario de colectivo lo que ella le comenta. (5)

Es aquí adecuado recuperar lo que ya escribimos con anterioridad al respecto de una crítica similar:

«La simplificación de la bidireccionalidad del centralismo democrático solo puede llevar a confusión si no se explica lo que sube y lo que baja. No es lo mismo lo que se espera de una instancia superior de la organización, que de una premilitante. Mientras la toma de decisiones generales es menester de las instancias superiores, el trabajo diario y la remisión de todas las consideraciones al respecto de lo aplicado (en su forma concreta) es tarea de cada una de las camaradas que lo ponen en práctica. Si cualquier cosa subiera y cualquier cosa bajase la diferencia entre una organización en base al centralismo democrático y una asamblea sería un matiz burocrático. Sería variar los intermediarios para que al final todo el mundo hablase con todo el mundo acerca de todo y todo el mundo supiese todo de todos. Esto no es solo imposible, sino además innecesario e inoperativo. El centralismo democrático no es una cuestión de fetiche, sino de operatividad en base a las necesidades que se han de afrontar en todo proceso revolucionario».(6)

También se señala que en los puestos de dirección tiene que haber gente de confianza, y dentro de esto se encierra parte de verdad, aunque en el comunicado se plantea como una justificación del centralismo burocrático. Las decisiones acerca de quién asume qué cargos de dirección se toman en colectivo y en base a la praxis diaria que muestra cada camarada, no en base únicamente a la confianza hacia esa persona (lo que significaría caer en el puro amiguismo). La composición del CC se vota en Conferencia por delegadas de cada colectivo.

Es el avance teórico, político y organizativo lo que permite a una premilitante pasar a militar, y a una militante pasar a formar parte de los órganos de dirección de la organización. Suponiendo cada una de estas transiciones un aumento de las responsabilidades y de la carga de trabajo del camarada. En estos términos, la validez político-ideológica de una persona y la confianza hacia ella convergen progresivamente. No se trata de un privilegio, y es por ello por lo que tampoco se espera lo mismo de una premilitante que de una militante, y por lo que tampoco tienen acceso al mismo tipo de información. Un cargo debe implicar siempre la asunción de nuevas responsabilidades para con la organización, nunca medallas que colgarse en el traje.

Se afirma que los desacuerdos serán discutidos “en futuras reuniones” (cosa que nunca sucede). Su disciplina burguesa llegaba a tales puntos de abroncar a camaradas por cometer errores, por no entender alguna cuestión, o por desconocer algo de lo que no han sido informados por los mismos que los abroncan. La clásica receta elitista de menospreciar y hacer sentir mal a los camaradas menos formados.

De nuevo, nos gustaría volver a hacer referencia a dos audios que publicamos al final de este documento, en donde podemos observar; por una parte, un caso práctico de apertura colectiva de un espacio de crítica – autocrítica, previa explicación de la significación que tienen, para nosotras, esos espacios, esta vez del minuto 11:55 en adelante (7); y por otra parte, la materialización con la premilitancia de las condiciones que exigimos para formar parte de nuestra organización: únicamente compromiso y ganas de transformar la sociedad. (8)

No se echan broncas, se hacen críticas. De ninguna manera se tolera que se abronque a camaradas por cometer uno u otro error. Sin embargo, un camarada sí cayó en estas actitudes. Automáticamente se le criticó de manera directa y el camarada pidió disculpas. Más adelante, en este documento, nos detendremos más extensamente en esta cuestión.

Entendemos que nadie nace formado. La formación es un proceso continuo que en ningún momento puede darse enteramente por finalizado, en ninguno de sus planos. Como seres humanos, formados en y por relaciones sociales determinadas, cometemos errores. Por ello, abroncar a una camarada por una limitación propia de esta sociedad sería una actitud burocrática y reaccionaria, algo que reconocemos y contra lo que luchamos de manera consciente. La crítica y la autocrítica, como bien se dice en el comunicado «es fundamental y un criterio irrenunciable en toda organización que se considere comunista», mas esta no es realmente útil si no se lleva por los cauces adecuados, de tal manera que sirva para ser conscientes de una serie de errores o limitaciones, y así poder superarlos. Cuando un problema requiere de la acción consciente para ser superado, se vuelve imposible de superar si este permanece inconsciente. Debe mostrarse como condición de su superación. En caso contrario, la crítica se torna destructiva, eclipsando y restándole relevancia a la propia herramienta de la crítica.

Las decisiones descendían de Dios sabe dónde, (sic?!) y así debían ser acatadas. En ningún momento se dio ninguna pincelada de cómo se originaban estas decisiones, de cómo se seleccionaban los textos para el trabajo teórico. El camarada Pavka, que era el que se ocupaba de recaudar fondos, siempre nos informaba sobre cómo se invertía la cuota bimensual. Pero cuando salió de la organización, no estaba permitido informar sobre esto a los premilitantes.

Para responder a esta cuestión, de nuevo remitimos a lo ya dicho en un documento anterior:

«Sobre las cuotas ya se ha hablado muchas veces, no hay una cuota fija que pague de facto cada camarada (pues no todas las camaradas tienen la misma capacidad económica ni las mismas necesidades). De hecho, parte de las cuotas es destinada a aquellas camaradas con dificultades económicas para que puedan desarrollar su actividad política. Cada camarada aporta lo que cree que puede aportar a la organización, y no nos confundamos, más dinero no implica más compromiso. Además, si tenía inquietudes al respecto del destino del dinero, podría haberlo socializado sin problemas». (9)

Se dice que las decisiones debían ser acatadas directamente. Sin embargo, en ningún momento se corta la vía para hacer críticas, tal como se plantea en el comunicado. De hecho, la dirección de Madrid acudía periódicamente (no muchas veces por la carga de trabajo que tiene) a las reuniones de premilitancia para comentar esta serie de cuestiones. Y de hecho las propias reuniones se tomaban positivamente. Incluso en una de ellas, varias camaradas que ahora materializan este documento, expresaron limitaciones que estaban superando.

Por otra parte, nos gustaría desarrollar cómo elegimos los textos para la premilitancia, algo que dicen desconocer y que nos gustaría aclarar. La formación de la premilitancia como futuros cuadros comunistas es un proceso progresivo, en el cual se debe profundizar tanto en aspectos teóricos como prácticos. La formación teórica es de vital importancia, siendo del todo necesaria la adquisición de nociones básicas acerca del marxismo-leninismo, para así ir interiorizando progresivamente una cosmovisión comunista cada vez más elevada. Esta es una cuestión de suma importancia, pues para lograr una elevación teórica, es necesario saber qué textos debe tratar cada premilitante. Por tanto, en la elección concreta de materiales para la formación teórica, procuramos tener siempre en cuenta tanto la propia formación previa de cada camarada como la coyuntura política en la que nos encontramos. En definitiva, se trata de buscar el punto de encuentro entre las necesidades formativas individuales y colectivas. Es este el punto de apoyo y de referencia para poder avanzar como individualidad que sirve a la colectividad.

Un texto no sólo es destacable por cómo se vaya a conceptualizar su contenido, extrayendo conclusiones de validez general o vinculándolo a condiciones históricas, pasadas o actuales; sino que su propia elección determina ya un objetivo en base a una necesidad, lejos de toda aleatoriedad. Debemos señalar que no es fácil elegir los textos para la formación teórica, y además es una tarea que no compete a las premilitantes, sino a las camaradas encargadas de su formación y a la dirección en base al desarrollo de las propias premilitantes.

Aún así, incidir de nuevo en que desde la dirección de Madrid y desde las camaradas encargadas de la formación de las premilitantes se instó hasta la saciedad a que cualquier duda, crítica o valoración del trabajo que se estaba llevando a cabo fuera puesto en colectivo mediante los cauces adecuados para ello. Como ocurrió con la crítica de Jiang al escaso tratamiento de textos feministas en las reuniones formación, crítica que consideramos justa pues no se estaba abordando esta cuestión de la manera deseable, la cuál sería trabajada formalmente en la siguiente reunión. También es necesario mencionar que, aunque apenas se trataron materiales de la cuestión de la mujer, sí se hablaba muy a menudo de este tema en las reuniones.

En el audio que adjuntamos al final del documento se refleja con toda claridad cuál era la importancia y el tratamiento que desde el colectivo de Madrid se otorgaba a la premilitancia. En todo momento se les animó a que expresaran activamente las críticas y las dudas que tuvieran.

Para que el lector pueda comprender mejor la cuestión, a continuación se presenta un ejemplo práctico de como el FRML “trataba” las decisiones y los desacuerdos. En una determinada ocasión se nos comunicó que los miembros de la organización ya no podrían crear blogs ni espacios para publicar contenido individual, pues el trabajo comunista es un trabajo colectivo. Hubo una cierta discusión al respecto con un camarada más experimentado, que afirmó que el tema sería discutido en reuniones posteriores. No hace falta adivinar mucho para ver que el tema no fue discutido en ningún momento. Una decisión de nuevo arbitraria que no admitía ningún tipo de debate al respecto (o el que admitía era extremadamente superficial, contrario a la autocrítica que debería presentar un colectivo revolucionario).

En este caso no podían haber puesto mejor ejemplo, pues un camarada del FRML recuerda haber tenido una conversación con Jiang y con Riurik en la que les preguntaba por qué Riurik no podía seguir con el blog que había abierto. Ambas camaradas le explicaron los motivos, que suscribieron. Por lo tanto, si eran capaces de explicar a otra persona los motivos por los que no se permitía proseguir con el blog, ¿cómo es posible que digan ahora no haberlos entendido nunca? Por otra parte, aún quedándole dudas al camarada en cuestión, decidió preguntar al secretario de su colectivo para aclarar sus ideas con respecto a este tema. Las dudas se resolvieron ese mismo día y sin ningún intento de escaqueo, como se denuncia en el párrafo anterior.

Entrando a concretar esta situación, el problema realmente residía en que el camarada Riurik no desarrollaba correctamente su trabajo político. Él comunicaba en todo momento encontrarse muy limitado por diferentes responsabilidades burguesas, tanto las directamente académicas como la obligación familiar de estar la mayoría de los fines de semana fuera del lugar de trabajo de su colectivo.

Por ello, se entró a valorar colectivamente el hecho de que empezara con el desarrollo de un blog político, ya que entendemos por una parte que esto mostraba una tendencia liberal a hacer lo que uno mismo considera y/o disfruta antes que lo que colectivamente se precise y/o sufra; además de que buscamos constantemente que la emulación de cada camarada, su iniciativa, se desarrolle encuadrada en el torrente de la labor colectiva.

Es necesario aclarar que nosotras no consideramos reaccionario que nuestras militantes desarrollen sus propios blogs o canales de youtube por iniciativa propia, así como su presencia en determinadas redes sociales. Sin embargo, esto en ningún momento puede ni debe perjudicar a nuestras responsabilidades colectivas como militantes revolucionarias.

Si alguien considera que es necesario abordar una actividad de este tipo y además se considera capacitado para ello, lo que tiene que hacer es poner en conocimiento de la colectividad tal cuestión. Y es ella, la colectividad, la que ha de tomar la decisión sobre si es o no necesario, o hasta qué punto lo es, y a quiénes ha de implicar. De lo contrario, se cae en hacer lo que a cada cual le apetezca, cuando le apetezca y como le apetezca. Entendemos que este tipo de actitudes solo son comprensibles cuando uno no forma parte de colectividad alguna, pero jamás cuando está inserto en ella. Pues si no, ¿cuál es la diferencia entre actuar por cuenta propia y actuar como parte de una colectividad?.

Integrarse en una colectividad es un reto para el que muchos no están ni quieren estar preparados. Pertenecer a una colectividad es reconocer una autoridad por encima de uno mismo y esa potestad no la tiene sino la colectividad misma.

En otra ocasión, se prohibió a dos camaradas de diferentes provincias mantener contacto tras conocer que mantenían debates y comentaban dudas sobre lecturas que estuvieran realizando. Por supuesto, sin opción a debatir la decisión tomada desde arriba. Desde ese momento se estableció en la organización la norma de que estaba prohibido mantener relaciones interpersonales con camaradas con los que no estuviéramos llevando a cabo un trabajo conjunto del que estuviese al tanto el Comité Central. A esto nos gustaría añadirle que, hasta ese momento, miembros del Comité Central habían impulsado lecturas conjuntas aparte de lo establecido en el plan de trabajo de la organización. Entendemos a la perfección que las relaciones deban subordinarse al trabajo político, pero, ¿cómo se pretende llevar a cabo una vigilancia revolucionaria y evitar actitudes reaccionarias por parte de nuestros camaradas si se nos prohibía conocernos?

Como bien indican las ex-camaradas, las relaciones deben subordinarse al trabajo político y no al amiguismo. De ninguna forma se prohíbe conocernos entre nosotras. Es necesario que las camaradas que comparten actividad política desarrollen una buena relación de camaradería para facilitar el propio desarrollo del trabajo político. Pero la relación que se daba entre las dos personas que mencionan no tenía base en la política, sino en la amistad burguesa. Y esto es algo que la propia Deliaida reconoce, precisamente, en la conversación que más arriba mencionábamos entre ella y Pavka. Y, desde luego, al otro camarada implicado se le criticó lo mismo, habiendo demostrado hasta el día de hoy, haber interiorizado tal crítica. Transcribimos directamente del audio de la conversación (de finales de octubre de 2015) lo que ella misma señala a este respecto:

«(…) es verdad que hablamos más por colegueo que por temas de la Comisión (feminista)»

Igualmente, conviene señalar que las relaciones deben estar más restringidas si precisamente una de las partes es premilitante, periodo en el cual se da un proceso de conocimiento mutuo que marca la relación individuo-colectividad.

Si bien es cierto que las relaciones entre camaradas dentro de una organización son algo que los cuadros altos pueden entender, no se entendió por ciertos sectores de la militancia de base y premilitancia. En ningún momento se prohíbe a las camaradas tener contacto entre ellas o con gente de fuera de la organización. ¡Eso sería absurdo! Pero sí es cierto que como comunistas debemos entender que las relaciones personales deben estar supeditadas a la política, si esta es abordada desde la perspectiva del jefe político, del militante de vanguardia que aspiramos a ser, que el individuo debe quedar supeditado a la organización, a la clase y a la revolución. Esto es algo difícil de explicar y, en el caso de Jiang, el camarada Miguel Ángel no supo abordarlo con la mayor diligencia posible. Fue muy rudo en sus palabras hacia ella y es comprensible que se pudiera sentir como describe, pues un militante no debería hablar en ese tono a una persona con menor formación política. Lo que también es cierto es que esta conversación se compartió con la organización y se criticó la posición de Miguel Ángel al respecto. El primer paso de la superación de esta actitud fue la disculpa del camarada hacia Jiang, y para continuar, como todo proceso de autocrítica, la vigilancia revolucionaria para no volver a incurrir en este tipo de conductas burocráticas.
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(1) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/
(2) Aquí se encuentra un extracto de audio de una reunión con la premilitancia de Madrid (entre los premilitantes se encuentran Jiang y Riurik) http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Parte-1.mp3
(3) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-i-contexto-general/
(4) Fragmento de la reunión con la premilitancia: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Parte-3.mp3
(5) http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Conversación_Jiang_Juanjo.txt
(6) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/
(7) Fragmento de la reunión con la premilitancia: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Parte-3.mp3
(8) Audio de reunión con la premilitancia: http://blog.frml.es/wp-content/uploads/2016/07/Parte-2.mp3
(9) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/

 

Sumario crítico

 

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Ponemos aquí, a disposición de todos el conjunto de contenidos del intercambio que se sigue desarrollando, de críticas entre nuestra organización y algunos expremilitantes y exmilitantes. Conjunto de contenidos que creemos necesario abordar para esclarecer la realidad del papel de los revolucionarios y el de los reaccionarios.

 

Jiang:

Juanjo:

FRML:

  • Declaración Pública de la organización expresando su actitud al respecto de este tipo de casos, buscando ayuda para mejorar en su tratamiento y expresando la autocrítica colectiva por los posibles errores cometidos: http://blog.frml.es/index.php/declaracion-publica/

FRML:

  • Crónica de la investigación de una violación, material donde se desarrolla el proceso que la organización ha seguido investigando acusaciones recientes a un camarada de ser un violador (a pesar de que algunas de las implicadas prefieran señalar su «derecho a la privacidad» de las conversaciones frente al investigar casos de violación) y la conclusión del mismo sobre el uso político rastrero de las agresiones de género para sacar beneficio: http://blog.frml.es/index.php/354/

Guardia Revolucionaria:

Jiang: 

FRML:

  • Explicación de los motivos para dar determinada información, ante el interés oportunista de la pretendida clandestinidad junto al triunfo de la falsedad y contra la oportunidad de desarrollar una investigación justa de la realidad: http://blog.frml.es/index.php/por-que-aportamos-pruebas/

Reboiras: 

FRML: 

FRML: 

FRML:

FRML:

Jiang: 

FRML: 

FRML:

[Actualizado a las 21:45 del 10/10/16]