[Editorial] Hilo Rojo – nº1

El Estado español ha transitado ya por las dinámicas de inserción en el régimen común de la burguesía occidental. Etapa que se vistió con el PSOE en el poder y la internacionalización de las multinacionales que antes restringían su actividad al ámbito del Estado (prácticamente todo el sector público y buena parte de las privadas). Todo ello con el complemento del apacible consenso post-Bretton Woods y el retroceso político-ideológico del comunismo. Con la generalización y consumación de la dinámica internacional de la globalización del capital monopolista español bajo el auspicio de Aznar, se coronan los intentos de la burguesía española por engrosar las filas en el concierto económico internacional imperialista.

Paralelamente a la globalización se origina un ascenso de movimientos de rechazo y de protesta en países occidentales-capitalistas, con eco en y como eco de movimiento de insubordinación en prácticamente el conjunto de territorios. Posteriormente, bajo la condensación de ciertos elementos programáticos más o menos sistematizados, entra en escena el 15M. En su forma de rechazo (al bipartidismo, sistema de financiación de partidos, corrupción, paro juvenil, etc.), quisiéralo o no, se incluía una vertiente propositiva respecto al funcionamiento estatal o al ordenamiento económico y jurídico (reforma  electoral, lucha contra la  corrupción, separación efectiva de los poderes públicos, creación de mecanismos de control ciudadano, etc.). Su carácter interclasista envuelto en el cariz generalista de sus proposiciones, su amplitud comunicativa y el protagonismo de la variable generacional hicieron concurrir a amplios estratos de la población. Pero, debido a la ausencia de porfía entre el programa del Comunismo (abanderado por un Partido Comunista) y el orden existente, el referente y el resultante de cualquier movimiento de masas ha de ser un programa burgués. En la actualidad, a pesar de la puesta en evidencia que supuso tal movimiento para las instituciones de representatividad burguesa, incluso bajo el inevitable carácter clasista de su programa, presenciamos el cierre de una ventana de oportunidad como movimiento de masas.

Podemos supo coagular muchos de los elementos programáticos y dotarlos de una plataforma político-organizativa. No hay traición, pero tampoco continuidad. La burguesía se ha desecho de una mecánica de alternancia: dos partidos y un movimiento social que no habla de política. Pero ha conseguido algo más importante para su recomposición y el afianzamiento de la estabilidad del campo social: la política ha pasado a transitar sus cauces naturales -el Estado burgués- y las masas tras ella -las correas políticas que las vinculan a los cauces naturales de la política-. A condición, eso sí, de cortar el hilo conductor de la protesta real para anudarlo fuera del espacio de influencia de la disidencia proletaria.

Es preciso retomar una máxima que ha de ser, aun viciada como lo estuvo por la herencia espontaneísta y movimentista del maoísmo, también el punto de partida de una nueva acometida proletaria: la confianza en las masas. No porque las masas, por sí mismas, vayan a ser sujeto de transformación social. Ante todo, confianza en la capacidad de la concepción del mundo proletaria para su desarrollo político como movimiento comunista, como Partido. Y, desde él, en la incorporación de las masas revolucionarias, de vanguardia, en la dimensión histórica de la lucha política por el Comunismo.

El escenario político burgués transita una situación excepcional. La calma en el mar del movimiento de masas y en la lucha económica -solo rota por eventos particulares como la lucha de los estibadores-, así como la confrontación interburguesa encuadrada en el ámbito programático, parecen anunciar una atmósfera sosegada.

¡Y una vez más… el sindicato!

Dentro de la situación política general del Estado español se encuadran también las actividades de los agentes sociales sindicales. Pero no nos centraremos en su papel de mediación obrera de la relación del capital, sino en la posición del MCEe en relación al mismo y a sus horizontes.

El sindicato pudo ser en otra época, la del movimiento obrero en ascenso, aquello que está en juego en la lucha entre burguesía y proletariado en el proceso de desencadenamiento de la revolución social.

Para la burguesía el sindicato era y debía mantenerse siendo un órgano integrado al capitalismo, un instrumento de presión sobre las masas obreras dentro del sistema existente. Reivindicaciones, presiones, negociación, todo ello participa perfectamente del orden capitalista y es utilizado por él para la regulación de la tasa de explotación y la pacificación de la conflictividad social.

Para el proletariado se trataba de transformar el sindicato, de hacerlo un instrumento de la voluntad de las masas obreras y de elaboración de su programa: un instrumento para tomar conciencia de la oposición antagónica entre esta voluntad y el estado capitalista. A su vez, para integrarlo en el proceso revolucionario bajo el todo único del partido.

En la actualidad el movimiento obrero está dividido. El sindicato no es ya un dispositivo del capital en abstracto, una vez ha vencido al proletariado en su seno y ha mitigado sus contradicciones internas. Los sindicatos han pasado a ser aparatos de encuadramiento en manos y al servicio de la aristocracia obrera. Y, debido a que la tarea principal de los comunistas en la actualidad pasa por hacer avanzar la lucha ideológica entre quienes se proponen la superación del régimen social actual frente al dominio burgués en el terreno de las ideas, el sindicato no puede ser un lugar para ello.

En tanto que la tarea histórica del proletariado es el comunismo, acabar con las clases y el estado, el sindicato no puede ser su epicentro. En el interior del sindicato no cabe lucha entre marxismo y otras corrientes del movimiento obrero. El desplazamiento del proletariado a posiciones ideológicas y políticas comunistas, y la consiguiente obtención de una magnitud social de su movimiento revolucionario, exigen que se desencadene desde lo que la clase del comunismo tiene hoy como medio para la continuidad organizada de la lucha comunista, su destacamento de vanguardia.

El sindicato es un instrumento en beneficio de unos “intereses inmediatos” que falsamente se hacen pasar por los del proletariado raso, que concurre en el sindicato únicamente como afiliado nominal, formal, sin participación efectiva en la vida sindical. Es precisamente el segmento y estrato social aristobrero el que dota de la poca vitalidad, impregnada hasta los pulmones de conservadurismo y celo corporativo, de la que goza hoy el sindicalismo.

Imponer el sindicato como la organización “natural”, la organización de “base” de los trabajadores, eso que va de soi, es la vía directa para hacer pasar por el rasero del proceso de reproducción de la fisionomía pactista y socialreformista del sindicato, vanguardia en apresar a la lucha de resistencia bajo el armazón estatal en tanto que agente social de derecho y grupo de interés, todo movimiento social. A esto se reduce el significado del nuevo descubrimiento, en materia de movilización, que creen haber realizado los sindicatos “alternativos” al buscar unirse con los movimientos sociales.

Marx señaló que “la burguesía no ve en el proletario más que al obrero”. El sindicalismo, que reproduce a su escala el pensar burgués, no ve en la clase obrera sino una categoría económica, una función del capital, capital variable y fuerza de trabajo. Cuando al sindicalista se le pregunta “¿puede ser la clase obrera hoy sujeto revolucionario?” la respuesta es: definamos primero a la clase obrera. No es, nos dirá, el clásico hombre blanco y trabajador industrial. La clase obrera es todo aquel que vende se fuerza de trabajo para sobrevivir. Y, como sobreañadido, se agregará que sí, que podría ser revolucionaria. Ni rastro del proletario, de la clase del comunismo, constituida por su lucha política. En Miseria de la filosofía leemos: “Mientras el proletariado no está aún lo suficientemente desarrollado para constituirse como clase; mientras, por consiguiente, la lucha misma del proletariado contra la burguesía no reviste todavía carácter político…”. Es decir, su constitución como clase y el carácter político de su lucha convergen.

A día de hoy, “cuando las fuerzas productivas se han desarrollado en el seno de la propia burguesía hasta el grado de dejar entrever las condiciones materiales necesarias para la emancipación del proletariado y para la edificación de una sociedad nueva”, cuando estalla el conflicto entre el desarrollo material de la producción y su forma social, las condiciones de su constitución son la existencia de su movimiento revolucionario organizado, del Partido Comunista, que dirija su actividad contra el metabolismo social del capital y, por tanto, contra sí misma como capital. El sociólogo nos hablará de las similitudes y diferencias de los obreros, de sus hábitos y costumbres. Pero no sabe nada de dos o más obreras, reunidas, discutiendo en torno al comunismo y haciendo de su política una realidad. La clase obrera como realidad política es una tarea más que un hecho.

El sindicalismo supone la abdicación política a dos niveles.

No se interesa por preguntar por los amigos y los enemigos de la revolución. Para el sindicalismo el enemigo es el patrón. No como resultado de una reflexión profunda. De hecho, en el terreno de las ideas no tiene por qué serlo. Buena parte del sindicalismo se reclama enemigo del capitalismo, lo que sea que eso signifique. Su enemigo es el patrón individual por el estrecho margen de actividad que le impone su estructuración práctica. Aunque se lo propusiera, no podría tener por enemigo al estado burgués y el sistema social moderno. Y si lo consiguiese habría dejado de ser sindicato. En la medida en que mantiene al proletariado, ya constituido tiempo ha en clase, en los confines de la lucha económica vuelta corporativa, eterniza el dominio de las condiciones de producción sobre los productores.

Como llegó a expresar genialmente el maoísmo francés, el sindicalismo no recoge el balance del fracaso de la Comuna de París, sus límites y exigencias, sino su fracaso mismo. La Comuna no atacó Versalles, no habló de desarrollar la guerra prolongada contra la burguesía. El sindicalismo, y los comunistas de retaguardia que lo avalan como medio de construcción de movimiento revolucionario, excluyen la discusión y solución, la elaboración de respuestas consecuentemente revolucionarias a los interrogantes de la revolución en nuestros días.

Para el marxismo el enemigo es la formación económico-social capitalista y todos sus baluartes de los que se vale en los distintos espacios de lucha. Para su combate requiere análisis, tareas y mediaciones propias. Pero… ¿cuál es su estado actual?

Los comunistas en nuestra realidad contemporánea

Merece la pena comprobar cuál es la situación política actual del movimiento obrero en el Estado. La lucha de clases comprende una contradicción entre los diferentes proyectos sociales de las clases que conforman la sociedad. Uno de los aspectos que debe evidenciarse en esta contradicción es el grado de afianzamiento de esta lucha por parte del proletariado y por parte de la burguesía, en otras palabras; qué clase está ganando esta guerra. La realidad desde hace bastantes años atrás se nos presenta como una derrota constante en las luchas obreras. Nuestra clase en la actualidad se está viendo despojada de una práctica ligada a una teoría revolucionaria, desde el fracaso de la conclusa ola revolucionaria el marxismo es para las grandes masas algo acabado, algo que no merece la pena recuperar y que no tiene nada que decir sobre política y transformación social.

Esta situación hace que la lucha económica y a corto plazo frente al burgués individual ponga la zancadilla a su lucha política como clase, para lo que requiere la realidad de su Partido con la toma de poder mediante el ejercicio de su dictadura revolucionaria como eje constitutivo. Y las razones del tropiezo son principalmente que las autodenominadas organizaciones comunistas están ahogadas en el seguidismo de este tipo práctica gremial. Lo que se traduce en: derrotas, derrotas y más derrotas.Y, más importante, ¡el derrota tras derrota no es seguido de un “hasta la victoria final”!

Teniendo en consideración la situación de conjunto nos preguntamos: ¿realmente, tenemos algo que celebrar? Cuando nos encontramos en el seno de una ininterrumpida guerra social, de una confrontación estratégica entre intereses históricos, debido a la forma antagónica que reviste la relación entre las clases poseedoras, la parte ociosa de la sociedad, y los desposeídos, todas nuestras acciones deben estar ligadas a la superación de esta división social clasista, es decir, a la conquista de la sociedad sin clases. No podemos caer en el error clásico del revisionismo de ver el 1º de mayo como un día de celebración, como si dispusiésemos de una tradición en la que un día cada 365 nos toque salir en bloque (¿bloque con quién? ¿para qué?) a reivindicar las prosaicas consignas de siempre. Tenemos que ensayar el 1º de mayo como un día, al igual que el resto, de lucha, y no de lucha sindical, sino de lucha revolucionaria, no de una lucha para mejorar parcialmente nuestra situación como clase, sino de lucha para acabar con las clases. Es por eso que publicamos hoy el primer número de nuestro órgano ideológico.

A fin de cuentas, camaradas, la mejor forma de recordar y continuar la lucha de todos aquellos caídos, a todas aquellas victorias y derrotas, es luchando en el presente por la abolición de la explotación en cualquiera de sus formas. ¡Ahí reside la genialidad histórica del proletariado! ¡Su lucha se encamina a acabar con todas las clases, incluso consigo mismo en tanto clase! ¡Ahí reside su potencial revolucionario! ¡Nada que perder, ni que celebrar, en el mundo creado a imagen y semejanza de la burguesía! ¡Todo por ganar en las filas de la revolución!

En la situación deplorable que nos encontramos las comunistas es palpable, y cualquier comunista sabe en mayor o menor medida que el comunismo pasa por sus horas bajas, que los casi 10 años de crisis no han provocado ningún tipo de incorporación masiva por parte del proletariado a la causa comunista. La ecuación clásica “crisis” igual a “revolución” queda superada por la fuerza de los hechos.Ante nuestra derrota no existe por parte del Movimiento Comunista una voluntad sincera de hacer autocrítica, es decir, de analizar el porqué de nuestro fracaso, histórico (en el pasado ciclo) y político (hoy).

Desde el movimiento solo vemos distintas formas de delegar responsabilidad. Se aniquila uno de los grandes principios del marxismo, el que establece que son las contradicciones internas las que hacen que entren en funcionamiento las contradicciones externas. Es decir, el principal problema no reside en que el proletariado no se incorpore, por h o por b, en masa al Movimiento Comunista, sino en que las comunistas no somos capaces de conquistarlo.

La línea que siguen la gran mayoría de las organizaciones comunistas está estrechamente ligada con las cuestiones por las que más se preocupan, con cómo jerarquizan sus prioridades. Salvo la honrosa excepción de alguna organizacion descaradamente revisionista, todas suelen coincidir, grosso modo, en que sus inquietudes pasan por la llegada al comunismo y por la revolución proletaria. No obstante, si a falta de pan, buenas son tortas, ¿cuáles son las tortas que le son buenas al revisionismo a falta de pan?

El ábanico de destacamentos comunistas que se proponen de manera inmediata la conquista de amplias masas es especialmente variopinto. De forma totalmente desesperada se observa la pretensión de lanzarse directamente a hegemonizar toda huelga o conflicto laboral, desde la premisa de que las comunistas han de estar siempre con las masas en lucha. La lógica subyacente es simple: la dirección táctica de la lucha dada es la única forma de hacer avanzar la posición estratégica del comunismo. Este es otro indicativo de la lógica desesperada, desnortada, que lleva a desestimar el análisis de la composición de clase y las posibilidades subjetivas de determinada lucha espontánea. Abjura de la exigencia de revolucionarizar a las masas, lo que exige que no sean las amplias masas y que tal proceso no se dé desde la dirección táctica sino desde la ideología.

Por otra parte, nos encontramos en 2017, bajo el signo del centenario de la histórica -una de las raras excepciones en las que la política deviene histórica- Revolución de Octubre. En mayor o menor medida, todas las organizaciones se apuntan en masa a la celebración de este acto, pero no bajo una voluntad de extraer las lecciones de la Revolución con sus existos y limitaciones, sino con el afán de aplaudir de forma acrítica y romántica, algo que no contribuye en absoluto a avanzar en la superación de la experiencia anterior. Al contrario, la oscurece en una fiesta de color rojo que reafirma el tropiezo comunista con la misma piedra. Por parte del polo más reformista del movimiento asisitmos a viejas cantinelas, al ensimismamiento por la política parlamentaria, es decir, a la búsqueda de una forma mejor, más efectiva, de gestión del estado del capital. Este sector, a pesar de que existen militantes honestos en su seno, está imbuido del oportunismo más procaz. Su falta de vergüenza es tal que llegan llamarse a sí mismos “representantes de la clase obrera en las instituciones”. Precisamente el que la proclama de “representante” de la clase se realice sin formar parte de su movimiento revolucionario, ¡sin que éste exista!, es la prueba fehaciente de la poca seriedad con la que afrontan la construcción consciente del comunismo.

Perspectivas: las verdaderas tareas de los comunistas hoy

El abanico de perspectivas es variado y diverso en función de cada organización. Hoy en día, debido a la completa dispersión del movimiento obrero, podemos encontrarnos a muchos sectores que hablan de unidad, unidad y unidad de los movimientos de luchas parciales, de movimientos comunistas y de movimientos populares en general. Esto hace que gran parte de la militancia comunista se dedique a ir tras ellos, a su retaguardia, pregonando sus proclamas sin mayor horizonte. Debemos preguntarnos: ¿es positiva o negativa esa unión?

La revolución proletaria es un movimiento del conjunto de las amplias masas populares, bajo dirección obrera, en favor de su propia liberación y de la de toda la humanidad. Es un proceso histórico que aglutina a toda una clase en contra de otra, para lo que efectivamente la unidad proletaria es necesaria. El meollo reside en que no basta con reivindicar la unidad, como si ésta fuese la fórmula secreta, por fin descubierta, de los alquimistas para transformar el plomo de la lucha espontánea en el oro de la Revolución. Debemos tener meridiano que, cuando sea posible, será una unidad bajo unos principios firmes y con unos objetivos definidos, dando por supuesta la unión del movimiento y el punto de vista de clase, el desarrollo orgánico de la acción de Partido, una vez reconstituido.

Por otro lado, la crisis política burguesa siempre hace que dentro de sectores del movimiento vean en ésta una posibilidad de alinear al proletariado bajo su línea. Estos sectores abrazan la teoria de la desestabilización. Esta teoría establece que cuanta mayor incertidumbre política más alta es la probabilidad de intervención comunista, de unificación efectiva del movimiento. En definitiva, se regala la iniciativa política al enemigo de clase, definiendo la política comunista por su relación subalterna a las contradicciones interburguesas.

Entre comunistas debe incrementarse la producción y discusión de crítica revolucionaria. A día de hoy, el único discurso aceptable sobre la clase obrera es la autocrítica de la historia y del presente del movimiento obrero organizado. Solo cabe revolucionarizarlas desde los parámetros del Partido y para servir a su movimiento político.

Quienes consideramos la Reconstitución la tarea política principal que tenemos hoy los comunistas por delante, no hacemos referencia sino al hecho de elevar la conciencia del proletariado, pero elevarla al nivel del Partido Comunista, pues es el instrumento de su propia liberación: a la altura de la nueva situación histórica y las nuevas tareas de la lucha de clases.

El Partido Comunista no se debe entender como una sigla, ni como un mero grupo de comunistas que sostienen que quieren hacer la Revolución, ni si quiera como un grupo de comunistas que está supuestamente ligado a las masas.

El Partido no es una sigla, porque eso lo reduce a una mera denominación, a un simple nombre, en el mejor caso a simple organización, cuando lo que lo caracteriza es ante todo lo que bajo dicho nombre se construye. Siglas hay hoy decenas y muchas de ellas incluyen las palabras “partido comunista”. Pero a la vista está que la relación entre el proletariado y la Revolución dista de ser aquella en la que se podría pensar si el Partido proletario de nuevo tipo fuera hoy una realidad actuante. Las masas obreras están huérfanas de un horizonte al que caminar y de una herramienta que se lo permita. No reconocer hoy esto es errar de todo punto en el análisis más básico de la realidad social. Reconocerlo, es reconocer la inexistencia del Partido.

El Partido no es un grupo de comunistas, porque los comunistas lo son ante todo en relación al cumplimiento de su papel histórico como vanguardia, y si la realidad de las masas es la horfandad a la que antes hemos hecho referencia, huelga señalar que la vanguardia no está cumpliendo con su papel, no está actuando como tal. No reconocer hoy esto es errar de todo punto en el análisis del estado actual de los comunistas. Reconocerlo, es reconocer la inexistencia del Partido.

Pero el Partido tampoco es un grupo de comunistas “ligado” orgánicamente a las masas, pues dicha ligazon no se puede reducir a “defender sus intereses sindicales” (escribiendo un comunicado de apoyo a tal o cual lucha, acompañándolas en sus huelgas o manifestaciones o incluso creando sindicatos desde las supuestas siglas comunistas). Los comunistas que hoy están ligados a las masas lo están o bien en relación al sindicalismo o bien en relación al parlamentarismo (o a ambas). Es decir, que la relación que se da entre las masas y los comunistas no es una relación revolucionaria, esto es, que dicha ligazon no se da con una perspectiva comunista constatable en el pensar, el hacer y el organizarse de las masas -sus vínculos ideológicos y políticos en movimiento hacia el comunismo-. Sino que simplemente se limitan a secundar las luchas de las masas desde el  marco que el propio capitalismo ofrece. Una lucha para la cual las masas no necesitan comunistas (1), ¡elaboran jefes de barricada y estructuras organizativas nada desdeñables por sí mismas! Sin embargo… para su lucha comunista, revolucionaria, ¡son como agua de mayo, nadie más apropiado ni más imprescindible! ¡Y es para asumir esta impostergable tarea precisamente para la que las comunistas no están dispuestas a dejarse la piel! Esto es así y décadas de práctica reiterativa en esta dirección confirman que la relación que de facto se desarrolla entre tales comunistas y las masas no tiene nada que ver con aquella en la que cabría pensar si el Partido Comunista estuviera vertebrando la acción de la clase en relación al resto de clases.

Porque… ¿cuáles son los resultados que ha dado esta política? ¿Acaso las masas hoy están más cerca que hace, por ejemplo, 20 años, de la Revolución? Desde luego, nadie en su sano juicio podría afirmar esto. De hecho, las masas se encuentran hoy más atrasadas, más descactivadas, más ligadas a las posiciones de la burguesía, más atomizadas y más enfrentadas que hace 20 años. Entonces, ¿de qué sirve esa línea que algunos supuestos comunistas se empeñan en mantener fracaso tras fracaso? ¿hasta cuándo nuestra clase va a seguir sufriendo la impotencia de aquellos que en nombre de “ligarse a las masas” se dedican a denfender el reformismo más abierto? Ligarse a las masas es una necesidad, la cuestión es que en lo que a día de hoy se ha concretado, bajo la línea del conjunto del revisionismo, no ha conducido a las mismas más que al estrepitoso fracaso y a los comunistas al más oscuro olvido. No reconocer hoy esto es errar de todo punto en el análisis actual de la relación entre los comunistas y las masas. Reconocerlo, es reconocer la inexistencia del Partido.

Entonces, ¿qué es el Partido Comunista?

Nosotras, entendemos que el Partido Comunista es el vínculo ideológico, político y organizativo indisoluble  del proletariado con sus tareas históricas como clase revolucionaria. Hace entrar a la política en el curso de la historia.

Y es en esa relación donde juegan un papel determinante las comunistas, la vanguardia. Pues son ellas quienes posibilitan la existencia y desarrollo de dicha ligazón a modo de relación social que construye efectivamente un proceso revolucionario encaminado hacia una sociedad comunista.

Las masas por sí solas no caminan hacia el comunismo, aunque sea su aspiración más profunda. Precisan de la dirección de aquellas que son conscientes de que la tarea del proletariado es la Revolución. Y dicha consciencia se concreta en que la vanguardia se ponga al servicio más absoluto del proletariado, esto es, que entregue todos sus esfuerzos a la toma de consciencia de la clase obrera de su papel histórico. Ante todo de las dificultades para desempeñarlo: es preciso poner sobre la mesa que la ideología no viene dada, que la política es inexistente y la organización artesanal.

El revisionismo de todo tipo ha reducido el marxismo a un método de análisis. Marx desentrañó los secretos de la sociedad moderna, ¡nada que ver con los communards, los bolcheviques, los guardias rojos…! A lo sumo, hacen de la política comunista algo que se reduce a y se agota en el antagonismo. Pero el punto de vista de clase que dirige la política no es una herramienta táctica en la lucha de clases, un instrumento que se extenúe en el combate contra el poder estatal burgués en todas sus formas. La política marxista es la materialidad del proceso de emancipación humana.Y se define no por un contra, sino por su relación positiva de edificación, del lado de la clase obrera revolucionaria y de las amplias masas, de las formas proletarias de ejercicio la dictadura de clase, como avance del modo de vida comunista, embrión y base de apoyo de la sociedad sin clases.

Para ello, lo cual es hoy tarea y no realidad, deben establecerse los ejes definitorios de la identidad política del proletariado. Estos ejes son orgánicamente correlativos, y avanzan de la mano cuando la contradicción proletariado / burguesía es asumida conscientemente por el primero. En primer término, la relación de la clase consigo misma, su unidad como movimiento revolucionario en la lucha de clases bajo la forma partido de nuevo tipo. Relación, asimismo, con las masas populares de las que el partido es núcleo dirigente desde la movilización política que posibilita el Programa. Y, en último término, relación política antagonista con su enemigo de clase, la burguesía y su viejo estado, la cual es una realidad desde el momento mismo de reconstitución del partido.

El camino es largo, pero conocerlo y comenzar a andar en la dirección correcta no es simplemente el primer paso en el escarpado camino de la Revolución, sino que nos sitúa en un punto de partida radicalmente distinto al que llevamos anclados los comunistas desde hace varias décadas, supone avanzar el grueso del recorrido del mismo.

¡Hacer de los interrogantes de la revolución el orden del día de las comunistas!
¡Viva la política marxista!
¡Por la reconstitución del Partido Comunista!

(1) No debe extraerse de aquí la errada idea de que los cuadros comunistas solo deben capacitarse en labores ajenas al funcionar de la esponteneidad de las masas. Muy al contrario, para nosotras solo merece el calificativo de cuadro de vanguardia el camarada que se ha capacitado omnímodamente para ejercer cualquier tarea que la revolución requiera. Las masas ciertamente no precisan comunistas en su espontaneidad, pero los comunistas sí precisan tener la capacidad de mediar en dicha espontaneidad: elevarla, dirigirla, transformarla.

Hilo Rojo – nº1

Hoy, Primero de Mayo, hemos decidido dar un paso más hacia adelante en nuestra determinación de cumplir con las tareas que las comunistas tenemos asignadas hoy.

Con ello anunciamos la apertura de Hilo Rojo, nuestro órgano de expresión ideológica, en el camino a la Reconstitución del Partido Comunista en el Estado español; así como la publicación del Editorial de su primer número.

Editorial de Hilo Rojo – nº1

Toda aquella persona que quiera recibir un ejemplar puede solicitarlo a las militantes de nuestra organización o escribiendo mediante el formulario de contacto de nuestra web.

[Xerrada] L’Imperialisme i la ruptura revolucionària

El passat 31 de març, des de l’FRML vam organitzar una xerrada sobre l’Imperialisme i la ruptura revolucionària, amb l’objectiu de contribuir a assentar les bases per a una comprensió caudal de l’imperialisme i, mitjançant la crítica directa a les seves preteses ruptures, sens dubte inconseqüents i insuficients, impulsar el desplegament de la ruptura revolucionària, enquadrada en els senders de la revolució proletària. En definitiva, mitjançant la satisfacció de les exigències teòriques dels nostres dies, orientar el pensament del proletariat pel curs pràctic del comunisme. 

 

https://blog.frml.es/index.php/imperialismo-y-ruptura-revolucionaria-material/

La xerrada va ser realitzada en un espai polític que persegueix, com a objectius fonamentals, posar sobre la taula els conflictes imperialistes del món i assenyalar, especialment, l’imperialisme otanista. Això últim s’explica ja que la nostra activitat es realitza i desenvolupa a l’interior de les seves fronteres. L’espai en si, la Plataforma Unitària i Popular contra la Guerra i l’OTAN, està composta per una gran heterogeneïtat d’organitzacions i, per tant, multitud de concepcions, moltes d’elles antagòniques, sobre l’imperialisme i l’antiimperialisme. Nosaltres, com a organització, no limitem la nostra activitat política a l’horitzó al que el propi espai se circumscriu, sinó que anem més enllà d’això, pretenent abastar el conjunt contradictori del sistema imperialista, més enllà de l’OTAN, o combatent caracteritzacions equivocades de l’imperialisme i la seva subversió. Així doncs, en la Plataforma, trobem un espai polític deconfrontació ideològica amb elements amb interès sincer en qüestions centrals per a les comunistes, que permet doncs, des de les nostres premisses i objectius polítics, forjar simultàniament una Línia pròpia, com a eina en tots els fronts de lluita, sobre un tema cardinal per a la tàctica comunista i que afecta, de forma directa, a les tasques que imposa la revolució social.

Al llarg de la nostra història com a destacament, l’estudi de l’imperialisme ha ocupat un lloc privilegiat, si bé és cert que la seva socialització no ha estat d’ampli abast (hem de destacar com a exemples, una xerrada realitzada al maig de l’any passat sota el nom de “Imperialisme avui” i un material fruit d’un ric treball col·lectiu, que va ser compartit en un espai de debat amb les organitzacions que van participar del mateix). Per això, i atenent-nos a la importància de l’Imperialisme, convidem al conjunt del MCEe a la comprensió teòrica adequada d’aquest fenomen i, per a això, a la discussió del material que adjuntem, en tant que part essencial de l’avenç de la Línia revolucionària i del retrocés del revisionisme.

Es tracta, per descomptat, d’una problemàtica central del nostre moviment, que travessa i vertebra els diferents espais d’acció social i política existents. No existeix cap espai de lluita parcial, parcialitzat al estar circumscrit al terreny de la burgesia pel seu -isme particular (els ecosistemes i l’ecologisme, els sindicats i el sindicalisme, la lluita de les dones i el feminisme burgès,etc.), tampoc en el propi Moviment Comunista de l’Estat espanyol, que no involucri una posició respecte a l’imperialisme: l’aclaparadora majoria, per interès vetllat o per inconsciència, la de la burgesia. És per això que desentranyar la seva naturalesa i la de l’antiimperialisme conseqüent són tasques de primer ordre.

Entenem que la forja d’una posició antiimperialista ferma, conseqüent, solament pot donar-se des de i en el marxisme-leninisme. I no exclusivament com a arma del comunisme contra corrents d’acció i pensament que li són alienes, sinó contra les seves pròpies derives i per al seu desenvolupament, capacitant-lo per fer front als combats contemporanis de la classe obrera revolucionària. Solament armat d’una concepció del món que integri a l’antiimperialisme com a pedra de toc pot el proletariat fer avançar les seves posicions polítiques d’avantguarda cap a l’abast del seu influx social. És en aquest procés en el qual enquadrem aquesta activitat política propagandística -així com les que puguin succeir-se-.

Recollim, en forma de Tesi, els punts vertebradors del contingut de la xerrada, com a invitació a la lectura detallada del material adjunt:

1. Constituint el grau d’abstracció en el qual es mouen la crítica de l’economia política que efectivament van desenvolupar Marx i Lenin, i sent aquesta un pas teòric necessari, és també quelcom que exigeix ser ampliat, essent insuficient per a la comprensió de l’imperialisme contemporani.

2. Cal explicar l’imperialisme, amb les cinc característiques essencials destacades per Lenin, com a esforç necessari, a través de l’expansió econòmica -amb la seva inserció en àrees estrangeres com a última etapa-, per fer front a les dificultats de valoritzar una massa de plusvalor decreixent, la restitució de la qual s’obté assegurant l’afluència de plusvalor addicional de l’exterior. Per tant, vinculant-ho a un estadi de desenvolupament necessari i irreversible del règim de producció modern.

3. L’aristocràcia obrera és la secció de la classe obrera que es beneficia materialment de l’imperialisme i de la superexplotació de les obreres de les nacions oprimides i del proletariat domèstic, que com a lloctinent de la classe capitalista en el moviment obrer constitueix, així mateix, la base material del seu conservadorisme polític i la seva subordinació a la ideologia burgesa.

4. El creixement de les economies europees de postguerra es dóna sota condicions molt particulars, i no constitueix, ni molt menys, una prova que el capital pugui garantir el creixement il·limitat de les forces productives -entre elles la classe productora-. És indicatiu precisament del contrari.

5. La globalització de la producció, i amb ella de la classe obrera, tan en magnituds absolutes com en relatives, és producte de l’evolució, imposada amb fèrria necessitat, de les relacions socials de producció del capital i del treball assalariat.

6. Les crítiques politicistes i antimonopolistes de l’imperialisme, a més de descansar sobre una comprensió errònia del mateix, són suports dels projectes socials de la petita burgesia i l’aristocràcia obrera, amb la pretensió d’incloure sota el seu paraigua polític a sectors no monopolistes de la burgesia.

7. La comprensió i combat de l’aristocràcia obrera és un sine qua non de la pràctica comunista en l’actualitat.

8. L’esglaó més feble de la cadena imperialista és aquell on el proletariat és més fort en termes ideològics i polítics; on es desplega, sota la forma de Partit Comunista, la dimensió política de l’acció revolucionària del proletariat organitzat.

Una vegada finalitzat el cos de la xerrada es va donar inici al debat posterior, sent la primera intervenció d’un militant d’Unificación Comunista de España (UCE) que, vinculant el capital monopolista a l’Estat, va reconèixer exclusivament el caràcter imperialista de l’oligarquia espanyola, colligada amb oligarquies estrangeres -principalment ianqui- de les quals depèn l’Estat espanyol. Va enunciar, per tant, que els Estats Units són el cap de l’imperialisme actualment existent i que tots els capitals (monopolistes i de segona línia) no poden posar-se al mateix nivell. Així doncs, va subratllar la impossibilitat de fer la Revolució sense un enemic clarament definit, de tal forma que, l’anàlisi de l’enemic, no pot variar en funció de la nostra força.

La nostra posició davant d’això, com van esgrimir al llarg del debat les camarades, és que si ens limitem a combatre únicament certes potències per la seva predominança en les contradiccions principals de l’imperialisme, perquè això pretén congregar a les masses entorn d’unes consignes i reivindicacions mínimes, l’objectiu estratègic desapareix de l’horitzó. L’enemic estratègic, fixat per la permanència de la claredat analítica del marxisme, és la classe antagonista, la burgesia en el seu conjunt, així com les relacions de producció sobre les quals sorgeix i s’assenta, és a dir, el capital com a forma de poder social substantiu. No obstant, el proletariat no és avui una classe independent políticament actuant. És per això que els passos han de donar-se en la direcció de la capacitació política de la classe per poder enfrontar, sota l’antagonisme polític, a l’imperialisme en tant que sistema mundial. Ara bé, la lluita de classes adquireix la forma d’antagonisme enfront d’un Estat, i el Partit Comunista, no pot enfrontar-se a l’imperialisme nord-americà -ni a qualsevol altre- sense haver enderrocat, prèviament, a la seva “pròpia” burgesia i, haver instaurat el poder polític proletari com a desplegament de la seva pròpia força i capacitat de mobilització militar de les masses.

Un dels presents va argüir que, en la concreció política de l’imperialisme durant la xerrada, es va exterioritzar únicament el relatiu a l’imperialisme americà, obviant el paper econòmic i d’un altre tipus que puguin tenir altres potències oposades al mateix -l’imperialisme rus i xinès-. Va ressaltar, per concloure, la importància de l’anàlisi teòrica d’aquests, doncs, assignant a la cadena imperialista una presumpta unidireccionalitat (de dalt a baix), es passa per alt la funció d’altres imperialismes i els conflictes entre ells.

Per descomptat, l’imperialisme no és solament una qüestió política -d’agressivitat-, sinó que existeixen contradiccions entre els diversos imperialismes (xinès, rus, etc.) a tots els nivells, però pel caràcter de la xerrada, no es va poder abordar una anàlisi geopolítica tan àmplia i particularitzada de totes les formes del propi imperialisme. Per això tampoc es van abordar les pròpies contradiccions entre els països integrants de la mateixa OTAN, com per exemple França – EUA a l’Iraq. Existeix, per tant, la necessitat de tal anàlisi, precisament perquè en els posicionaments respecte a conflictes internacionals es posa de manifest que la no consideració d’aquests imperialismes condueix -tal com ho hem observat en la pròpia Plataforma- a posicions de rereguarda de la mà de la burgesia mitjana progressista del país en qüestió involucrat en les pugnes interburgeses. No solament pel que fa a la influència econòmica, per exemple l’exportació de capitals de Rússia, sinó a més factors com la labor polític-militar que puguin, o no, exercir, que són deixats totalment de banda.

Un militant de Recortes Cero es va unir llavors a la discussió, defensant la pertinència d’un front ampli que aglutinés les diferents classes (i per tant interessos dispars) que formen el 90% de la població. Això es va concretar en un posicionament favorable a un Front Interclassista que pretén, directament, desembocar en el Partit o directament en la Revolució, movent-se doncs, en els caducs esquemes del partit de vell tipus: s’agrupa sindicalment a la classe sota l’únic teixit ideològic que, en la lluita de resistència, pot aconseguir, a saber, el burgès i, després, se la desplaça políticament a postures revolucionàries. Aquesta posició evidencia en aquest punt les diferents tàctiques de construcció del moviment revolucionari, irreconciliables entre si. És més, la insuficiència d’aquest punt de vista resideix en que no parteix de l’agrupació entorn de l’interès comunista -expressat en la seva teoria d’avantguarda- per a què, en el seu desenvolupament orgànic, es despleguin els organismes que serveixin per unificar a la classe en el seu moviment cap al comunisme.

És doncs, una reapropiació viciada de l’evolució entorn a la tàctica de la Internacional Comunista sobre el Front Únic: aquest es duu a terme donant per suposada l’existència de la Internacional Comunista i, les seves seccions nacionals, com a suport ideològic-polític i la possibilitat d’inclinar a sectors vacilants del Moviment Obrer en ascens. Després, s’abandonarà el moment de tracció política i ideològica, pretenent arribar a la unificació i claredat estratègica a posteriori, sense establir les mediacions polítiques per a això. El resultat va ser la seva mutació en Fronts Populars i, en última instància, en la política de reconciliació nacional. En el cas de Recortes Cero, a més, aquesta tesi és completament depenent de la caracterització de l’Estat Espanyol com un país dominat per l’imperialisme. En contraposició a això, l’FRML considera necessari esclarir un Pla polític que reculli quins són els vincles i mediacions -el fil vermell- que travessen el recorregut des de l’embrió prepartidari fins a la seva constitució en classe revolucionària, l’enfrontament antagonista amb el conjunt de la societat burgesa imperialista i la construcció conscient del comunisme.

Com a últim recurs, Recortes Cero, els raonaments del qual van ser solidaris als del militant d’UCE, va sostenir que Espanya no és un país imperialista i que, les corporacions pàtries, estan subordinades als capitals americans. A més, va considerar que els Estats Units es dedicarien a extreure la plusvàlua d’Espanya, a saquejar-la. Veiem doncs, la seva falta de perspectiva en l’assumpte. Espanya viu d’explotar, no explotada. En aquest context, la burgesia monopolista i financera no solament saqueja per al seu benefici, sinó per all del país en el seu conjunt, doncs part del seu benefici repercuteix -indirectament- en el proletariat de l’estat espanyol. Per il·lustrar això, de forma ràpida i concisa, es va posar com a exemple l’educació pública i, en concret, les taxes universitàries de les quals la matriculada solament paga el 25% dels costos d’un curs universitari, assumint l’estat -que es nodreix en bona mesura del valor capturat més enllà de les seves fronteres- els costos del 75% restant. Davant això, els militants d’UCE i Recortes Cero -de forma conjunta- van intentar reduir l’aristocràcia obrera als alliberats sindicals, als traïdors, mentre que el conjunt del proletariat viuria únicament del seu treball. Per descomptat, el proletariat persisteix als països imperialistes, formant fins i tot a Espanya la majoria de la població, però aquest, està fragmentat, dividit materialment -el seu sector directament beneficiat per l’imperialisme, d’una banda, i aquell que accedeix indirectament, sent les seves condicions de vida les de la seva simple reproducció, de l’altra-. I la seva subordinació a la influència política de l’aristocràcia obrera no constitueix un límit absolut per a la seva acció política com a Partit Comunista, la seva única forma d’existència capaç de fer entrar en escena la contradicció entre proletariat i burgesia com a contradicció principal. Suposa, això sí, una dificultat innegable. Però només fent-li front podrem les comunistes donar resposta a l
es tasques que, en el procés d’emancipació humana, genèrica, la nostra classe ens exigeix.

Després de la xerrada i el posterior debat, vam estar en un ambient més distès conversant amistosament amb una camarada de Balanç i Revolució (BiR), a qui agraïm la seva presència i el gest de la qual saludem. Si bé és cert que aquest model de tracte i relació política no pot substituir altres formats, animem a que aquest tipus de trobades se segueixin produint a la resta de l’Estat entre les qui integrem el pol de la reconstitució, perquè l’experiència a Barcelona, sent la primera d’aquestes característiques, va ser enormement positiva.

En conclusió, l’FRML veu necessari el desenvolupament de la teoria revolucionària en tots els seus aspectes, amb la finalitat d’elevar-la a l’alçada de les tasques de l’avantguarda (i a l’avantguarda al nivell de la teoria), tenint en compte que passem per un moment en què la majoria de destacaments renuncien al seu desenvolupament i, en nom de la teoria heretada, introdueixen tot tipus de concepcions o posicions revisionistes alienes al marxisme-leninisme -i per tant a l’elaboració de respostes conseqüentment revolucionàries als interrogants de la revolució que són requerides en la seva etapa actual-. Aquest acte, el resultat del qual valorem positivament, s’emmarca dins dels objectius de l’FRML, que no són solament desenvolupar la teoria, sinó també la seva difusió i defensa davant qualsevol organització política o individu, de la mà de la seva inserció en l’avenç polític de la Línia comunista.

[Charla] Imperialismo y ruptura revolucionaria

El pasado 31 de Marzo, desde el FRML organizamos una charla sobre el Imperialismo y la ruptura revolucionaria, con el objetivo de contribuir a asentar las bases para una comprensión cabal del imperialismo y, mediante la crítica directa a pretendidas rupturas, a todas luces inconsecuentes e insuficientes, impulsar el despliegue de la ruptura revolucionaria, encuadrada en los senderos de la revolución proletaria. En definitiva, mediante la satisfacción de las exigencias teóricas de nuestros días, orientar el pensamiento del proletariado por el curso práctico del comunismo.

 

https://blog.frml.es/index.php/imperialismo-y-ruptura-revolucionaria-material/

La charla fue realizada en un espacio político que persigue, como objetivos fundamentales, poner sobre la mesa los conflictos imperialistas del mundo y señalar, especialmente, al imperialismo otanista. Esto último se explica ya que nuestra actividad se realiza y desarrolla en el interior de sus fronteras. El espacio en sí, la Plataforma Unitària i Popular contra la Guerra i l’OTAN, está compuesto por una gran heterogeneidad de organizaciones y, por tanto, de multitud de concepciones, muchas de ellas antagónicas, acerca del imperialismo y el antiimperialismo. Nosotras, como organización, no limitamos nuestra actividad política al horizonte al que el propio espacio se circunscribe, sino que vamos más allá, pretendiendo abarcar el conjunto contradictorio del sistema imperialista, más allá de la OTAN, o combatiendo caracterizaciones equivocadas del imperialismo y su subversión. Así pues, en la Plataforma, encontramos un espacio político de confrontación ideológica con elementos con interés sincero en cuestiones centrales para las comunistas, que permite, desde nuestras premisas y objetivos políticos, forjar simultáneamente una Línea propia, como herramienta en todos los frentes de lucha, sobre un tema cardinal para la táctica comunista y que afecta, de forma directa, a las tareas que impone la revolución social.

A lo largo de nuestra historia como destacamento, el estudio del imperialismo ha ocupado un lugar privilegiado, si bien es cierto que su socialización no ha sido de amplio alcance (debemos destacar como ejemplos una charla realizada en Mayo del año pasado bajo el nombre de “Imperialismo hoy” y un material fruto de un rico trabajo colectivo, que fue compartido en un espacio de debate con las organizaciones que participaron del mismo). Por ello, y atendiéndonos a la importancia del Imperialismo, invitamos al conjunto del MCEe a la comprensión teórica adecuada de este fenómeno y, para ello, a la discusión del material que adjuntamos, en tanto que parte esencial del avance de la Línea revolucionaria y del retroceso del revisionismo.

Se trata, desde luego, de una problemática central de nuestro movimiento, que atraviesa y vertebra los distintos espacios de acción social y política existentes. No existe ningún espacio de lucha parcial, parcializado al ser circunscrito al terreno de la burguesía por su -ismo particular (los ecosistemas y el ecologismo, los sindicatos y el sindicalismo, la lucha de las mujeres y el feminismo burgués, etc.), tampoco en el propio Movimiento Comunista del Estado español, que no involucre una posición respecto al imperialismo: la aplastante mayoría, por interés velado o por inconsciencia, la de la burguesía. Es por eso que desentrañar su naturaleza y la del antiimperialismo consecuente son tareas de primer orden.

Entendemos que la forja de una posición antiimperialista firme, consecuente, solo puede tener lugar desde y en el marxismo-leninismo. Y no exclusivamente como arma del comunismo contra corrientes de acción y pensamiento que le son ajenas, sino contra sus propias derivas y para su desarrollo, capacitándolo para hacer frente a los combates contemporáneos de la clase obrera revolucionaria. Solo armado de una concepción del mundo que integre al antiimperialismo como piedra de toque puede el proletariado hacer avanzar sus posiciones políticas de vanguardia hacia el alcance de su influjo social. Es en ese proceso en el que encuadramos esta actividad política propagandística -así como las que puedan sucederse-.

Recogemos, en forma de Tesis, los puntos vertebradores del contenido de la charla, como invitación a la lectura detallada del material adjunto:

1. Constituyendo el grado de abstracción en el que se mueven la crítica de la economía política que efectivamente desarrollaron Marx y Lenin, y siendo ésta un paso teórico necesario, es también algo que exige ser ampliado, siendo insuficiente para la comprensión del imperialismo contemporáneo.

2. Hay que explicar el imperialismo, con las cinco características esenciales destacadas por Lenin, como esfuerzo necesario, a través de la expansión económica -con su inserción en áreas extranjeras como última etapa-, para hacer frente a las dificultades de valorizar una masa de plusvalor decreciente, cuya restitución se obtiene asegurando la afluencia de plusvalor adicional del exterior. Por tanto, vinculándolo a un estadio de desarrollo necesario e irreversible del régimen de producción moderno.

3. La aristocracia obrera es la sección de la clase obrera que se beneficia materialmente del imperialismo y de la superexplotación de las obreras de las naciones oprimidas y del proletariado doméstico, que como lugarteniente de la clase capitalista en el movimiento obrero constituye, asimismo, la base material de su conservadurismo político y su subordinación a la ideología burguesa.

4. El crecimiento de las economías europeas de posguerra se da bajo condiciones muy particulares, y no constituye, ni mucho menos, una prueba de que el capital pueda garantizar el crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas -entre ellas la clase productora-. Es indicativo precisamente de lo contrario.

5. La globalización de la producción, y con ella de la clase obrera, tanto en magnitudes absolutas como relativas, es producto de la evolución, impuesta con férrea necesidad, de las relaciones sociales de producción del capital y del trabajo asalariado.

6. Las críticas politicistas y antimonopolistas del imperialismo, además de descansar sobre una comprensión errónea del mismo, son soportes de los proyectos sociales de la pequeña burguesía y la aristocracia obrera, con la pretensión de incluir bajo su paraguas político a sectores no monopolistas de la burguesía.

7. La comprensión y combate de la aristocracia obrera es un sine qua non de la práctica comunista en la actualidad.

8. El eslabón más débil de la cadena imperialista es aquél donde el proletariado es más fuerte en términos ideológicos y políticos; donde se despliega, bajo la forma de Partido Comunista, la dimensión política de la acción revolucionaria del proletariado organizado.

Una vez finalizado el cuerpo de la charla se dio inicio al debate posterior, siendo la primera intervención la de un militante de Unificación Comunista de España (UCE) que, vinculando el capital monopolista al Estado, reconoció exclusivamente el carácter imperialista de la oligarquía española, coaligada con oligarquías extranjeras -principalmente yanqui- de las que depende el Estado español. Enunció, por tanto, que los Estados Unidos son la cabeza del imperialismo actualmente existente y que todos los capitales (monopolistas y de segunda línea) no pueden ponerse al mismo nivel. Así pues, subrayó la imposibilidad de hacer la Revolución sin un enemigo claramente definido, de tal forma que el análisis del enemigo no puede variar en función de nuestra fuerza.

Nuestra posición ante esto, como esgrimieron a lo largo del debate las camaradas, es que si nos limitamos a combatir únicamente a ciertas potencias por su predominancia en las contradicciones principales del imperialismo porque ello pretende congregar a las masas en torno a  unas consignas y reivindicaciones mínimas el objetivo estratégico desaparece del horizonte. El enemigo estratégico, fijado por la permanencia de la claridad analítica del marxismo, es la clase antagonista, la burguesía en su conjunto, así como las relaciones de producción sobre las que surge y se asienta, es decir, el capital como forma de poder social sustantivo. Sin embargo, el proletariado no es hoy una clase independiente políticamente actuante. Es por eso que los pasos deben darse en la dirección de la capacitación política de la clase para poder enfrentar, bajo el antagonismo político, al imperialismo en tanto que sistema mundial. Ahora bien, la lucha de clases adquiere la forma de antagonismo frente a un Estado, y el Partido Comunista no puede enfrentarse al imperialismo norteamericano -ni a cualquiera- sin haber derrocado, previamente, a su “propia” burguesía y haber instaurado el poder político proletario como despliegue de su propia fuerza y capacidad de movilización militar de las masas.

Uno de los presentes arguyó que, en la concreción política del imperialismo durante la charla, se exteriorizó únicamente lo relativo al imperialismo americano, obviando el papel económico y de otro tipo que puedan tener otras potencias opuestas al mismo -el imperialismo ruso y chino-. Resaltó, para concluir, la importancia del análisis teórico de estos, pues, asignando a la cadena imperialista una presunta unidireccionalidad (de arriba a abajo), se pasa por alto la función de otros imperialismos y los conflictos entre ellos.

Desde luego, el imperialismo no es solo una cuestión política -de agresividad-, sino que existen contradicciones entre los diversos imperialismos (chino, ruso, etc.) a todos los niveles, pero por el carácter de la charla no se pudo abordar un análisis geopolítico tan amplio y particularizado en todas las formas fenoménicas del propio imperialismo. Por ello tampoco se abordaron las propias contradicciones entre los países integrantes de la misma OTAN, como por ejemplo Francia – EEUU en Irak. Existe, por lo tanto, la necesidad de tal análisis, precisamente porque en los posicionamientos respecto a conflictos internacionales se pone de manifiesto que la no consideración de estos imperialismos conduce -tal como lo hemos observado en la propia Plataforma- a posiciones de retaguardia de la mano de la burguesía media progresista del país en cuestión involucrado en las pugnas interburguesas. No solo en cuanto a la influencia económica, por ejemplo la exportación de capitales de Rusia, sino a más factores como la labor político-militar que puedan, o no, ejercer, que son dejados de lado.

Un militante de Recortes Cero se unió entonces a la discusión, defendiendo la pertinencia de un frente amplio que aglutinase las diferentes clases (y por tanto intereses dispares) que forman el 90% de la población. Esto se concretó en un posicionamiento favorable a un Frente Interclasista que pretende desembocar directamente  en el Partido o en la Revolución, moviéndose pues, en los caducos esquemas del partido de viejo tipo: se agrupa sindicalmente a la clase bajo el único tejido ideológico al que, en la lucha de resistencia, puede alcanzar, a saber, el burgués y después se la desplaza políticamente a posturas revolucionarias. Esta posición evidencia en este punto las distintas tácticas de construcción del movimiento revolucionario, irreconciliables entre sí. La insuficiencia central de este punto de vista reside en que no parte de la agrupación en torno al interés comunista -expresado en su teoría de vanguardia- para que, en su desarrollo orgánico, se desplieguen los organismos que sirvan para unificar a la clase en su movimiento hacia el comunismo.

Es pues, una reapropiación viciada de la evolución en torno a la táctica de la Internacional Comunista sobre el Frente Único: éste se lleva a cabo dando por supuesta la existencia de la Internacional Comunista y sus secciones nacionales como soporte ideológico-político y la posibilidad de inclinar a sectores vacilantes del Movimiento Obrero en ascenso. Después, se abandonará el momento de tracción política e ideológica, pretendiendo llegar a la unificación y claridad estratégicas a posteriori, sin establecer las mediaciones políticas para ello. El resultado fue su mutación en Frentes Populares y, en última instancia, en la política de reconciliación nacional. En el caso de Recortes Cero, además, esta tesis es enteramente dependiente de la caracterización del Estado Español como un país dominado por el imperialismo. En contraposición a ello, el FRML considera necesario esclarecer un Plan político que recoja cuáles son los vínculos y mediaciones -el hilo rojo- que atraviesan el recorrido desde el embrión prepartidario hasta su constitución en clase revolucionaria, el enfrentamiento antagonista con el conjunto de la sociedad burguesa imperialista y la construcción consciente del comunismo.

Como último recurso, Recortes Cero, cuyos razonamientos fueron solidarios de los del militante de UCE, sostuvo que España no es un país imperialista y que las corporaciones patrias están subordinadas a los capitales americanos. Además, consideró que los Estados Unidos se dedicarían a extraer la plusvalia de España, a saquearla. Vemos pues, que no pueden sino aferrarse a un clavo ardiendo. España vive de explotar, no explotada. En ese contexto, la burguesía monopolista y financiera no solo saquea para su beneficio, sino el del país en su conjunto, pues parte de su beneficio repercute -indirectamente- en el proletariado del Estado español. Para ilustrar esto, de forma rápida y concisa, se puso como ejemplo la educación pública y, en concreto, las tasas universitarias de las cuales la matriculada solo paga el 25% de los costes del uso y disfrute de un curso universitario, asumiendo el estado -que se nutre en buena medida del valor capturado más allá de sus fronteras- los costes del 75% restante. Ante esto, los militantes de UCE y Recortes Cero -de forma conjunta- intentaron reducir la aristocracia obrera a los liberados sindicales, a los traidores, mientras que el conjunto del proletariado viviría únicamente de su trabajo. Por supuesto, el proletariado persiste en los países imperialistas, formando incluso en España la mayoría de la población, pero éste está fragmentado, dividido materialmente -su sector directamente beneficiado por el imperialismo, por un lado, y aquél que accede indirectamente, siendo sus condiciones de vida aquéllas de su simple reproducción, por otro-. Y su subordinación a la influencia política de la aristocracia obrera no constituye un límite absoluto para su acción política como Partido Comunista, su única forma de existencia capaz de hacer entrar en escena la contradicción entre proletariado y burguesía como contradicción principal. Supone, eso sí, una dificultad innegable. Pero sólo haciéndole frente podremos las comunistas dar respuesta a las tareas que, en el proceso de emancipación humana, genérica, nuestra clase nos exige.

Tras la charla y el posterior debate, estuvimos en un ambiente más distendido conversando amistosamente con un camarada de Balanç i Revolució (BiR), a quienes agradecemos su presencia y cuyo gesto saludamos. Si bien es cierto que este modelo de trato y relación política no puede sustituir otros formatos, animamos a que este tipo de encuentros se sigan produciendo en el resto del Estado entre quienes integramos el polo de la reconstitución, porque la experiencia en Barcelona, siendo la primera de estas características, fue enormemente positiva.

En conclusión, el FRML ve necesario el desarrollo de la teoría revolucionaria en todos sus aspectos, con el fin de elevarla a la altura de las tareas de la vanguardia (y a la vanguardia al nivel de la teoría), teniendo en cuenta que pasamos por un momento en que la mayoría de destacamentos renuncian a su desarrollo y, en nombre de la teoría heredada, introducen todo tipo de concepciones o posiciones revisionistas ajenas al marxismo-leninismo -y por tanto a la elaboración de respuestas consecuentemente revolucionarias a los interrogantes de la revolución que son requeridas en su etapa actual-. Este acto, cuyo resultado valoramos positivamente, se enmarca dentro de los objetivos del FRML, que no son solo desarrollar la teoría, sino también su difusión y defensa ante cualquier organización política o individuo, de la mano de su inserción en el avance político de la Línea comunista.

 

[Material] Imperialismo y ruptura revolucionaria

La comprensión de un fenómeno social como el imperialismo no puede darse en términos de reexposición y recopilación del material empírico existente, como acostumbran a hacer los congresos de las organizaciones revisionistas. Precisa de unas coordenadas sobre las que asentar los vínculos internos de las cosas -tanto lógica como históricamente-, que se condensan en una plataforma teórica que encontramos en la ley del valor.

Marx, en las Glosas marginales al tratado de economía política de A. Wagner, nos dice: «yo no arranco nunca de los conceptos, ni por tanto tampoco del “concepto del valor” (…) De lo que parto es de la forma social más simple en que toma el cuerpo el producto del trabajo en la sociedad actual, y ésta es la mercancía» (MEW, t. 19, p. 368-369). Una forma social de la cual parte para alcanzar el objetivo último de El capital, que es, en esencia,sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna. Con esta finalidad Marx realiza una división de su proyecto teórico. En una carta del 1858 a Lasalle se propone dividir su investigación de la siguiente manera:

«1) El capital. 2) De la propiedad de la tierra. 3) Del trabajo asalariado. 4) Del Estado. 5) Comercio internacional. 6) Mercado mundial».

De la misma forma, en la introducción a los Grundrisse vuelve a subdividir sus estudios, cuyos últimos dos puntos son, «4) Relaciones internacionales de la producción. División internacional del trabajo. Cambio internacional. Exportación e importación. Curso del cambio. 5) El mercado mundial y las crisis». (1) 

Vemos que, en el proyecto de Crítica de la economía política, Marx contempla la comprensión crítica de toda la sociedad burguesa y sus categorías, no se limita al análisis de sus categorías básicas como la mercancía, el valor o el capital. Ahora, si bien es cierto que una parte del marxismo se ha dado por satisfecho con estas categorías fundamentales para explicar toda la vida social (disposición solidaria del economicismo), no lo es menos que la izquierda modernizadora las ha dejado intactas en su crítica, limitándose a efectos de superficie (el problema es el mercado, no la producción mercantil-capitalista; todo se tuerce cuando la mercancía inunda la esfera política, etc.).

Sin embargo, para completar aquél proyecto hasta hacerlo extensivo a la comprensión de todo el entramado imperialista, encontramos tanto las bases como limitaciones en Lenin y en Marx:

a. Lenin reconoce el inicio de un nuevo estadio del desarrollo capitalista e identifica sus características esenciales. Sin embargo, no incluye una concepción de cómo el valor es producido en el proceso de producción globalizado, principalmente porque este fenómeno solo emerge más tardíamente. 

b. El nivel de abstracción en el que se mueve El capital hace intratables problemáticas de importancia central para explicar el imperialismo. Por ejemplo, Marx nos dice en el capítulo Concepto de plusvalor relativo de El capital que es posible aumentar el plustrabajo mediante la reducción del salario por debajo de su valor (social medio). Y matiza, «En este caso, el plustrabajo sólo lograría prolongarse a costa de sobrepasar sus límites normales, sólo extendería sus dominios invadiendo usurpatoriamente los reservados al tiempo de trabajo necesario. Y, aunque no negamos que este método desempeña un importante papel en el movimiento real de los salarios, queda descartado aquí, puesto que partimos de la premisa de que las mercancías, entre ellas la fuerza de trabajo, se compran y se venden por todo su valor». Además, en las causas contrarrestantes de la ley decreciente de la tasa de ganancia nos dice los siguiente sobre la reducción del salario por debajo de su valor, «Aquí sólo citaremos esto empíricamente, puesto que en realidad como tantas otras cosas que podrían aducirse en relación a esto, nada tiene que ver con el análisis general del capital, sino que se relaciona con el problema de la concurrencia, que no se estudia en esta obra. Es, sin embargo, una de las causas más importantes que contribuyen a contrarrestar la ley decreciente de la tasa de ganancia». Si llamamos a este fenómeno superexplotación, y lo situamos como central en la exportación de capital («una de las bases económicas más importantes del imperialismo», Lenin) y entre las causas de la globalización de la producción, vemos que se equivocan quienes afirman que en El capital están desarrollados todos los elementos para su extensión al comercio internacional. (2) 

Lo cual ha llevado a la desconexión entre la teoría del imperialismo de Lenin y la teoría del valor de Marx.

Existe además un consenso entre los nuevos teóricos del imperialismo, entre economistas burgueses y críticos pequeñoburgueses (Harvey, Ellen Woods…), sobre la inoperancia de la teoría de Lenin para la explicación del mundo actual. Además, la lista de subinterpretaciones es interminable. El marxismo occidental ha pasado por alto la centralidad económica y política de la división del mundo en naciones dominantes y dominadas. Por otro lado, Ellen Wood defiende que para la teoría de Lenin la existencia de formaciones no capitalistas e instrumentos pre-capitalistas de fuerza extraeconómica son esenciales. El reproche a Lenin sobre la esencialidad de formaciones no capitalistas es en realidad un reproche a Rosa Luxemburg, que en La acumulación del capital sitúa en ello el centro de su teoría del derrumbe. Sin embargo, son una circunstancia, y no un predicado, de la teoría de Lenin.

En cualquier caso, no podemos esperar encontrar en Marx y Lenin una teoría del imperialismo capaz de explicar su forma moderna completamente desarrollada, precisamente porque una teoría no anticipa fenómenos no acaecidos, sino que comprende sus relaciones internas y sus tendencias, que suponen su existencia. Sin embargo, es estrictamente necesario usar el conocimiento de la trayectoria imperialista del capitalismo de Lenin para vincular el análisis del movimiento interno del capital de Marx con la superficie de la sociedad burguesa, sus componentes y contradicciones dominantes.

Por lo tanto, para explicar el imperialismo hay que partir de leyes que son propias al del capitalismo. Están implicadas dos tendencias:

a. Los procesos de concentración (más plusvalía capitalizada) y centralización de capital (agrupación de masas crecientes de capital bajo una propiedad o control único).

b. El proceso de internacionalización del capital (a escala mundial), no solo en el ámbito comercial sino también financiero (a día de hoy productivo).

Lo cual no significa, desde luego, que se explique solo por la persecución del plusvalor (algo que se daba ya en el capitalismo clásico). Es preciso comprender el imperialismo moderno de los estados capitalistas como esfuerzo necesario, a través de la expansión económica -con su inserción en áreas extranjeras como última etapa-, para hacer frente a las dificultades de valorizar una masa de plusvalor cada vez menor, cuya reposición se obtiene asegurando la afluencia de plusvalor adicional del exterior. (3)

La participación del capital bancario incrementa estas tendencias de la formación social capitalista, siendo el capital financiero la fusión del industrial y bancario. Posibilita un extra de financiación crucial para la pugna competitiva. Sin embargo, es preciso evitar la postura que entiende la situación actual como resultado de la especulación, de un capital financiero sin base en la acumulación real que ha distorsionado un capitalismo más o menos armónico en el terreno de la producción. El no rehuir -y combatir- esa posición lleva a posturas pequeñoburguesas que enfrentan únicamente a una aristocracia financiera pretendiendo restaurar la armonía en el sector industrial (véase EH Bildu, Podemos o las CUP). (4) El imperialismo no es, ni mucho menos, una forma distinta de producción o apropiación social, sino una misma totalidad orgánica, fundada sobre la producción burguesa, en la que el capital aparece como límite para el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo humano, conduciendo a guerras, crisis y revoluciones.

Estos procesos llevan aparejados la formación de monopolio, en el sentido de conglomerados de empresas interpenetradas con bancos que abarcan la posesión de la mayoría de determinadas ramas de la producción y que llegan a extenderse a otras. Marx apuntó hacia su configuración: el capital, «no bien se siente robusto, arroja las muletas y se desplaza con arreglo a sus propias leyes. Tan pronto como comienza a sentirse a sí mismo como barrera al desarrollo, recurre a formas que, aunque parecen dar los últimos toques al dominio del capital moderando la libre competencia, al propio tiempo anuncian la disolución de aquél y del modo de producción en él fundado» (Grundrisse II, p. 168). De esta moderación de la libre competencia, y no de otra cosa, es de lo que se habla. Desde luego, las leyes internas de la producción capitalista se siguen manifestando a través de la libre competencia, y ésta no se suprime por completo en beneficio de grandes parásitos bancarios y monopolistas, que podrían fijar precios a su antojo (y variar así la forma de apropiación).

Es por eso que la centralización no acaba con la competencia, la lleva a otro nivel. La configuración de este capital, que le otorga un carácter internacionalizado, no anula su origen nacional y, por tanto, su vínculo con el Estado correspondiente. Además, la internacionalización del capital, bajo el capital monopolista y resultado de su exportación, «acentúa todavía más este divorcio completo del sector rentista respecto a la producción, imprime un sello de parasitismo a todo el país, que vive de la explotación del trabajo de varios países y colonias ultraoceánicos». (5)

Esta mundialización lleva al reparto del control y explotación de todo el territorio mundial por las potencias, lo cual implica que, la expansión exterior como recurso frente a las crisis, solo puede asumir la forma de guerra. La división del mundo por asociaciones de capitalistas y las potencias configura la base económica sobre la que éste se divide entre países dominantes y dominados, cuya omisión es un pilar del social-chovinismo de la izquierda patria.

Por tanto, cabe descartar la caracterización de Hobson en El imperialismo: un estudio (también un amplio sector del PCE/IU), que lo entendía como una opción (política) en cuanto a la forma que estaba conduciéndose el proceso de acumulación. No una fase o grado de la economía, sino una política (la preferida del capital financiero), es decir, una operación reversible. En definitiva, capital financiero, economía mundial y tensiones sobre las fuerzas productivas justifican caracterizar la situación como un nuevo estadio del capitalismo: el imperialista. (6)

Lenin, que en el original ruso utiliza el superlativo «fase suprema», recapitula y condensa todos sus rasgos definitorios: «El imperialismo surgió como desarrollo y continuación directa de las propiedades fundamentales del capitalismo en general […] cinco rasgos fundamentales siguientes, a saber: 1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo, que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este ‘capital financiero’, de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes». (7) 

La Aristocracia Obrera

Un amplio sector de la clase obrera doméstica es beneficiada por el papel parasitario de su país imperialista, así como de su posición en el interior de las diversas clases del mismo. Además, funciona como correa de transmisión de la influencia política burguesa sobre las más hondas masas obreras y proletarias. Así pues, la aristocracia obrera es la sección de la propia clase obrera que se beneficia materialmente del expolio imperialista y la superexplotación de los obreros de las naciones oprimidas y del proletariado doméstico, y no de Estados o burguesías subdesarrolladas (sí de sus materias primas y estructuras), pues la explotación económica se da únicamente en la relación capital-trabajo. (8) Todo ello sobre un conjunto de relaciones, instituciones y acuerdos que se han vuelto funcionales a la dinámica de acumulación a escala del capital global total. Y el hecho de que la burguesía, para sustentar su dominación de clase, haga concurrir a un sector de la clase obrera al reparto del pastel imperialista es significativo de la descomposición del régimen burgués, de los crecientes escollos para garantizar su recurrencia, y del papel que efectivamente ha de asumir la nueva clase revolucionaria. Sin embargo, debe matizarse que no puede identificarse con la pequeña burguesía, aunque sus condiciones de vida converjan en buena medida, precisamente por tener la aristocracia obrera en ella a una de sus clases precedentes (proletariado, vieja burocracia, pequeña burguesía y “profesión liberal”). Respecto a la génesis histórica del fenómeno y la función económica precisa en el seno de la clase, así como su relevancia actual, nos proponemos estudiarlas en próximos materiales.

El aburguesamiento del proletariado, la creación de una aristocracia de la clase obrera, posee también una dimensión política. La opresión nacional imperialista es uno de los «elementos históricos y morales» (Marx) de las diferencias salariales globales y un sine qua non del conservadurismo de la clase obrera. Este estrato de la clase tiene su expresión política, al actuar como lugartenientes de la clase burguesa en el movimiento obrero, en diferentes partidos «comunistas nacionales» después de la segunda guerra mundial (como el PCE, el PCF, el PCI, etc.), posteriormente canalizada en la izquierda parlamentaria, y en los múltiples vínculos (sindicales, funcionariales, etc.) que ha conformado para la cogestión del Estado burgués. Es la base social del oportunismo y del reformismo, que se da a expensas del resto de la clase. No puede reducirse, claro está, a una simple maquinación burguesa, a un soborno, por constituir en las metrópolis un fenómeno de masas. Es precisamente su carácter de fracción social arribista lo que constituye, atendiendo a su efectiva influencia social, la principal división en la clase obrera. Su comprensión recta es esencial para la política comunista:

«Sin haber comprendido las raíces económicas de ese fenómeno [la “aristocracia obrera”], sin haber alcanzado a ver su importancia política y social, es imposible dar el menor paso hacia la solución de las tareas prácticas del movimiento comunista y de la revolución social que se avecina». (9)

Los treinta años dorados del capitalismo (10)

Con el propósito de elaborar, en líneas generales, la comprensión de las tendencias principales del imperialismo contemporáneo nos retrotraemos a la reconstrucción europea de posguerra.

El período desde 1945 al 1970 gozó de un carácter excepcional, con un alcance limitado del bienestar, que es relativo a las posibilidades materiales absolutas, ya que debe ser compatibilizado con las exigencias de rentabilidad. El progresivo el aumento del bienestar material fue correspondiente al empeoramiento relativo de la clase obrera: relativo a las condiciones de vida de la burguesía (salario relativo) y a las posibilidades productivas ofrecidas por el desarrollo científico y técnico.

El estudio de esta coyuntura nos permite constatar que el estadio imperialista no es cíclico, encuadrándose en el marco de una tendencia de fondo: la agudización de las contradicciones del capitalismo. Se caracterizó por el recurso masivo al crédito y la economía de armamento (también estabilidad monetaria internacional), que harán posible que la reconstrucción se tome la forma de crecimiento. La guerra resolvió la cuestión de la hegemonía en favor de Estados Unidos (sin suprimir las contradicciones consustanciales a la acumulación) y la hegemonía estadounidense se plasmó institucionalmente en los acuerdos impuestos en la Conferencia de Bretton Woods de julio de 1944, con la instauración de un sistema monetario internacional subordinado al dólar, mediante el patrón dólar-oro, y un entramado intergubernamental tutelado por EEUU: FMI y su alter ego, el Banco Mundial.

Así pues, EEUU se desarrolló como la única potencia capaz de imponer el orden internacional, véase ilusoriedad del derecho internacional (a lo sumo privado). Entre 1938 y 1944 el PIB de EEUU aumentó más del doble, mientras que en Alemania (-66,3 %), Francia (-53,1 %) y Japón (-52,2 %) bajó. EEUU disponía de dos tercios de las reservas mundiales de oro. Por eso Bretton Woods impone no solo reglas sino instituciones impositivas.

Se realizaron dos propuestas para organizar el sistema monetario:

a. Plan Keynes: moneda internacional, cuyo valor determinara el oro y unos tipos de cambio fijos, gestionada por un autoridad supranacional (EEUU y Reino Unido) con competencias como las de los bancos centrales de cada país. Se dota de un mecanismo de equilibrio internacional, que instaría a controlar el movimiento internacional de capitales, precios y reservas de materias primas.

b. Plan White: dólar como moneda de referencia internacional a través de su convertibilidad al oro (tasa fija) y a las demás monedas nacionales. Todas tendrían un cambio fijo a oro a través del dólar. No ya una autoridad emisora supranacional, sino un fondo común de reservas que apoyase la estabilidad de los tipos de cambio. La reconstrucción posbélica no impondría límites a transacciones internacionales y subordinaría las políticas económicas a las pautas del fondo.

Ambos reflejan los intereses de las burguesías de Reino unido y EEUU respectivamente. Sin embargo, el plan Keynes es contrario a la lógica capitalista misma, pretendiendo «decretar» estabilidad internacional suprimiendo las pugnas interimperialistas. Fue entonces el Plan White la base de Bretton Woods.

Los acuerdos de Bretton Woods establecen:

1. La creación del FMI con los objetivos de «fomentar la cooperación monetaria internacional», «facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional», «fomentar la estabilidad cambiaria», «coadyuvar a establecer un sistema multilateral de pagos»,«infundir confianza a los países miembros poniendo a su disposición temporalmente y con las garantías adecuadas los recursos generales del fondo» (Estatutos del FMI).

2. La asignación de cuotas de acuerdo al reparto: EEUU 2.740 millones de dólares (31,25%), Reino Unido 1.300 millones de dólares (14,77%), URSS 1.200 millones de dólares (13,64%), China 550 millones de dólares (6,25%), Francia 450 millones de dólares (5,1%), etc. El poder de voto en el FMI depende directamente del reparto.

3. Instituir el dólar estadounidense como medio de pago internacional junto al oro. Se impone la libre convertibilidad de monedas para garantizar plena movilidad de capitales.

4. La Paridad fija en relación al dólar, y por tanto al oro, para el resto de monedas nacionales.

5. Función financiera del FMI, además de monetaria, de modo que pueda conceder recursos a los países en función de la cuota que hayan aportado, para que alivien sus desequilibrios en la balanza de pagos.

6. La creación del Banco Mundial de Reconstrucción y Fomento, fomentando la inversión de capital (estatutos). Este banco tendrá poca influencia en la reconstrucción de post-guerra, pues EEUU asume directamente la responsabilidad. Reorientará su actividad hacia economías subdesarrolladas, tomando relevancia en los 80 por su papel de imposición de políticas de ajuste.

Por tanto, el FMI y BM más que como reguladores son formados como instrumentos de dominación estadounidense. Por otra parte, la idea misma de una sistema monetario internacional choca directamente con la competencia interimperialista que caracteriza la economía capitalista mundial.

Reconstrucción europea

A causa de la necesidad económica (reanudar el proceso de acumulación fuente de la ganancia) y política (mitigar la conflictividad social) se constituye, en abril de 1948, la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE) como «organización permanente para garantizar la aplicación de un programa de recuperación común y, en particular, para supervisar la distribución de ayuda». Ésta consiguió que el 60% del comercio intraeuropeo fuese del sector privado, elevándose al 84% en 1955 y al 89% en 1959. Por tanto, la OECE no era tanto una ayuda para la reconstrucción sino un medio de disciplinamiento de los estados europeos.

Un año después, en abril del 1949, se constituye la OTAN como instrumento para poner los ejércitos europeos bajo control americano, con su llave, el establecimiento de bases americanas permanente en Europa. La OTAN funciona así de la mano de la OECE, adquiriendo sin embargo la OTAN un protagonismo creciente y declinando la OECE, porque llegó a fijarse la OTAN como vehículo de las ayudas económicas.

En definitiva, se caracteriza por la recuperación económica y el crecimiento generalizado del conjunto de las economías desarrolladas (aunque con diferencias entre ellas). Este período se ha querido presentar como prueba de la capacidad ilimitada del desarrollo de las fuerzas productivas bajo el régimen del capital. Sin embargo, las condiciones para esta huida hacia delante son extremadamente singulares. Antes de nada, fue precisa relativa estabilidad social y política interna, además de la estabilidad monetaria internacional impuesta por EEUU. Se precisaron de condiciones excepcionales de posguerra (enormes posibilidades de negocio en la reconstrucción y altas tasas de plusvalía). A lo cual se le añaden medios artificiales de crecimiento (sobreexpansión del crédito y economía de armamento).

Tendencias actuales (11)

El outsourcing durante las tres pasadas décadas es una continuación, a una vasta escala, de la eterna búsqueda del capital de nuevas fuentes de fuerza de trabajo barata dispuesta a explotación. Lo que empieza a cuenta gotas en el siglo XIX acaba por ser una marea.

La externalización global de producción manufacturada empieza en los 60-70 con el éxodo de producción de zapatos, ropa, juguetes, electrónica, etc. en países con bajos salarios, generando capitalistas comerciales como Tesco, Walmart o Carrefour. El desplazamiento de cotas de poder hacia el capital comercial incrementa la presión a los monopolios productores para recortar los acuerdos con los sindicatos y flexibilizar su fuerza de trabajo doméstica. Implica la redistribución de beneficios del capital industrial al comercial y la distribución de la recompensa de la externalización a secciones crecientemente amplias de la clase obrera mediante el abaratamiento de los precios de los bienes de consumo. Lo cual acaba por tener implicaciones en las migraciones posteriores.

La globalización “neoliberal” ha modificado la producción de todas las mercancías, incluida la fuerza de trabajo, puesto que los bienes de consumo manufacturado que reproducen la fuerza de trabajo en países imperialistas son producidos por trabajadores superexplotados en naciones de bajos salarios. La externalización permite a los capitalistas reemplazar la mejor pagada fuerza de trabajo doméstica con trabajo del Sur peor pagado, mientras baja el precio de los medios de consumo, protegiendo la bajada de salarios. Es un imperativo económico y una estrategia de la clase poseedora y sus representantes políticos para mantener la estabilidad social en sus propios países.

La globalización de la producción de insumos intermediarios y bienes finales y la globalización de la producción de fuerza de trabajo son dos dimensiones de la externalización. El carácter crecientemente global de la relación social de producción y la creciente interdependencia de trabajadores de diferentes países y continentes lleva a la unificación económica de la clase. Los imperialistas emplean el divide y vencerás, no siempre conscientemente: fuerzan a los trabajadores de países imperialistas a una competencia directa con trabajadores de países con bajos salarios, mientras usan los importes baratos producidos por el trabajo del sur para alentar el individualismo y socavar la solidaridad, encuadrado en el entramado funcional de la división esencial entre países dominantes y dominados, siendo dificultado el salto al campo de la acción política.

La globalización del capital extiende los vínculos en la cadena de producción y la creación de valor más allá de las fronteras nacionales. Sin embargo, en los datos oficiales, no contabilizar el comercio intraempresarial lleva a dificultades a la hora de contabilizar el papel de las empresas transnacionales y a subestimar la exportación de países en desarrollo. Los países en desarrollo comparten importes manufacturados con naciones imperialistas desde 1980, disparándose cuadruplicándose en tres décadas. Mientras tanto, el 67% de porcentaje total de valor añadido generado en las cadenas de valor globales son capturadas por empresas basadas en países ricos.

Las corporaciones transnacionales, la mayoría de las cuales están asentadas en países imperialistas y son poseídas por capitalistas residentes en estos países, son los conductores de la globalización de la producción. El 80% del comercio global está vinculados a las redes de producción de las empresas transnacionales. La exportación de bienes manufacturados de Sur a Norte como un todo debe entenderse no como simple comercio sino como expresión de la globalización de la producción, y ésta no como una reestructuración técnica de maquinaria y otros insumos, sino como la evolución de una relación social, aquella de explotación entre capital y trabajo. Los empleadores tienen la opción de hacer a sus empleados redundantes, cortando costes de producción, externalizando tareas individuales, esto es, movilizando funciones laborales a donde los salarios son significativamente más bajos. La compañía transnacional exitosa es la que externaliza la producción y hace ella misma lo menos posible.

Lo cual ha llevado a la formación de un proletariado global. Nos encontramos con 3,1 billones de población económicamente activa en 2006, un aumento del 63% desde 1980 (coincidiendo con la externalización masiva y reflejando el papel y peso de los asalariados del sur global). A día de hoy, el 76% de la clase obrera industrial mundial vive en países en desarrollo (el 34% en 1950 y el 53% en 1980).

Industrialización orientada a la exportación

El crecimiento del proletariado industrial del sur está altamente concentrado en un pequeño número de naciones. Lo que parece ser un cambio en el comercio entre Norte y Sur es en realidad un cambio de patrón entre los países industrializados y 24 países en desarrollo. El resto de países sigue siendo dependiente de la exportación de materias primas. Estos 24 países que han movido su base de exportación de mercancías a manufacturas incluye 8 de los diez países más poblados, 76% de la población total del sur global.

En países imperialistas como Japón las importaciones manufacturadas de países con bajos salarios pasó del 10 al 60% y en Estados Unidos del 10 al 45%. En los países en desarrollo, desde 1980, el porcentaje de exportación manufacturada como parte de la exportación total pasa en 10 años del 20% al 70%. Según el FMI, la clase obrera empleada en la manufactura orientada a la exportación en países en desarrollo se ha cuadruplicado entre 1980 y 2003.

Zonas de procesamiento de exportaciones

Las características de ZPE son la importación sin impuestos de materia prima e inputs y bienes de capital, leyes laborales flexibles, infraestructura avanzada y subsidios. Donde la mayor parte del salariado, hasta llegar al 80%, son mujeres. En 2006 empleaban a 53 millones de trabajadores en 132 países. El FMI y el BM promovieron la estrategia de la industrialización orientada a exportar porque las ZPE proveen gobiernos serviles en países con bajos salarios como medio de atraer la inversión extranjera directa y conectarlo al la cadena de valor global.

Debido a que el imperialismo está ligado a las crecientes dificultades de valorización, consecuencia de la misma acumulación del capital, cuanto más avance ésta mayores serán aquéllas dificultades y la tendencia imperialista. Por tanto, como expresa Lenin (Cap. VII),

«[…] el capitalismo solamente se convirtió en imperialismo capitalista cuando su desarrollo alcanzó un grado muy alto, cuando algunos de los rasgos fundamentales del capitalismo comenzaron a convertirse en su contrario, cuando tomaron forma y se revelaron las características de la época de transición del capitalismo a un sistema económico y social más elevado».

Y es precisamente la elaboración política consciente de aquella transición lo que se esboza en la segunda parte del material, el apartado de la ruptura revolucionaria. Mayormente esta parte gira en la crítica hacia lo viejo, ya que para la construcción de lo nuevo es necesario destruir lo viejo. Hacemos nuestra la consigna, «Es luchando contra el revisionismo como principalmente se reconstituye el Partido Comunista». (12)

Politicismo y antimonopolismo

Es preciso partir de la crítica contra las caracterizaciones erróneas, que se mueven en el plano descriptivo, del imperialismo:

La primera concepción es la politicista, que entiende al imperialismo como únicamente una política. Es decir, el capital financiero de un determinado estado puede decidir si adquiere o no una dimensión imperialista. Por lo tanto, acaba comprendiendo el imperialismo tan solo como una actitud agresiva

Realizaremos una breve ejemplificación de esta concepción y sus implicaciones. La reproducción de esta concepción politicista por Kautsky le condujo directamente a la teoría del ultraimperialismo, a saber, la vana ilusión de que con la desaparición de la competencia lo harán también los conflictos y las guerras imperialistas. Otro caso lo podemos encontrar inmediatamente después de la II Guerra Mundial con la figura del secretario general del Partido Comunista de Estados Unidos, Browder, que argumentaba que Estados Unidos no era un país imperialista debido a su naturaleza de potencia democrática que amparaba a los pueblos de la verdadera política imperialista alemana. Por tanto, partiendo de que se concibe al imperialismo como una simple política en un momento determinado se acabó negando, como así hizo Browder, la necesidad de la toma del poder por parte del proletariado y con la institución que lo hace posible, el Partido Comunista. Como último ejemplo, este reciente, podemos hablar de la posición del PCV en relación al imperialismo. (13) Se concibe -como hemos podido escuchar en repetidas ocasiones de boca de los dirigentes- que el imperialismo estadounidense es tal por su política de violencia y sometimiento. Así pues, nos encontramos con que un partido que se dice comunista dispone del mismo argumentario que aquellos que conciliaron, o concilian, con la burguesía. Cuanto menos, en relación a este último -el PCV-, Browder fue sincero asumiendo la renuncia total del marxismo-leninismo, al igual que el eurocomunismo. En síntesis, el hecho de no comprender -en su totalidad- al imperialismo significa entrar, de facto, en el terreno propio de la claudicación ante el enemigo de clase en todos los aspectos de la política.

La segunda concepción es la antimonopolista, que postula que la concentración económica hasta su conformación en monopolio puede solucionarse en el capitalismo retornando de alguna manera al capitalismo de la libre concurrencia, sin entender que la fase imperialista es irreversible y que la única dicotomía actual es: revolución socialista o barbarie imperialista. Sus versiones más sofisticadas juegan con la ambigüedad a este respecto, oponiendo al capital monopolista la nacionalización y la república (sin carácter definido de clase) como programa político.

Para clarificar esta segunda concepción nos situamos en la Francia e Italia de la posguerra. Podemos observar, mediante el estudio de las mismas, hasta donde llegan (y llegaron) las limitaciones del discurso antimonopolista. La situación en ambos países era la de un Estado -tanto el francés como el italiano- en extrema debilidad. El Partido Comunista Francés (PCF) y el Partido Comunista Italiano (PCI), ante la posición minoritaria de las diferentes fuerzas política burguesas respecto a la «comunista», no abordaron la toma de poder y la destrucción de la maquinaria del Estado burgués, sino que aplicaron una política de frente nacional con todas las fuerzas políticas existentes en los respectivos países para poder reconstruir el nuevo Estado burgués bajo un fuerte intervencionismo estatal. Es preciso sacar a colación, además, lo que dijo en su momento Maurice Thorez, secretario general del PCF: «La política que queremos imponer es la política económica en contra de los trust», invitando al proletariado a aumentar su productividad en contra de los grandes empresarios y en beneficio nacional. Aramos, dijo la mosca al buey. El final de ambos partidos no podría haber sido otro, tanto el PCF como el PCI fueron expulsados del gobierno para que pudieran ser receptores, los dos países, de la ayuda facilitada por el Plan Marshall. Por lo tanto, los dos partidos prefirieron, debido a todo el discurso antimonopolista asentado en la época de los Frentes Populares y los interés de clase que defendían, participar activamente en la recuperación del Estado burgués e intentar abarcar unas cuantas nacionalizaciones por parte de éste, beneficiando a las capas no monopolistas de la burguesía y a la conservación de su dominación.

Otro ejemplo de esta segunda concepción es el socialismo del Siglo XXI en América Latina, una zona dominada históricamente por el imperialismo y que fue, y aún continúa siendo, sacudida por el movimiento que reivindica el antiimperialismo como programa político. La labor de Chávez fue la de arrebatar a las compañías extranjeras y a la burguesía compradora (aquel sector de la burguesía vendida al imperialismo) la extracción y producción del petróleo, además del freno a los planes de estabilización económica del FMI. El significado histórico de este antiimperialismo (14) es el de dar mayores cotas de poder a sectores de la burguesía nacional para ascender y consolidarse, ganándose el apoyo de clase obrera y de los campesinos a través de su incorporación al programa de la pequeña burguesía radicalizada. La posición del marxismo, encabezada por Mariátegui, no deja lugar a dudas, «El asalto del poder por el anti-imperialismo, como movimiento demagógico populista, si fuese posible, no representaría nunca la conquista del poder, por las masas proletarias, por el socialismo. La revolución socialista encontraría su más encarnizado y peligroso enemigo, -peligroso por su confusionismo, por la demagogia-, en la pequeña burguesía afirmada en el poder, ganado mediante sus voces de orden». 

¿Hace política la aristocracia obrera?

Es momento de abordar la base social de estas concepciones, es decir, la aristocracia obrera, en su aspecto político. (15)

La aristocracia obrera es una fracción de clase, imbuida por la ideología burguesa, que toma recurrentemente el envoltorio político socialdemócrata y que forma, cuando puede, tándem con los elementos defensores de los intereses pequeñoburgueses en el seno de los distintos bloques políticos, encauzando al proletariado por los senderos del seguidismo. La aparición del revisionismo a finales del siglo XIX nos da pistas acerca de que su base social se encuentra asociada, directamente, a la aristocracia obrera -y sus intereses-, encuadrada en el nuevo armazón de las relaciones económicas internacionales. Por lo tanto, que en 1914 los partidos socialistas europeos decidieran, en un acto de socialchovinismo, apoyar a sus respectivos estados en la «Gran Guerra» no fue un desvarío, sino que debe entenderse como la exigencia, el precio a pagar, por acceder a una parte -mayor o menor- del pastel imperialista. 

Los instrumentos clásicos de la aristocracia obrera son el sindicato (16) y el partido obrero burgués de viejo tipo. Lenin advertía que los sindicatos habían sido un gran paso para el proletariado, parte del movimiento de masas, pero que, por sí mismos, se estaban transformando en un elemento reaccionario. El aspecto principal de la contradicción entre organismo con carácter de masas y dirección reaccionaria era el primero; es por eso que quedaba justificada la labor comunista en su interior. A día de hoy no son organismos de masas, sino medios de encuadramiento y disciplinamiento del proletariado como clase asalariada. Algo que adquiere una mayor nitidez en el contexto posterior a la II Guerra Mundial, cuando los sindicatos, en los centros imperialistas, participan directamente en la gestión del capital, en tanto que interlocutor, agente social reconocido por la patronal y el Estado, y por tanto, como parte integral de la explotación imperialista. La definición de los sindicatos como primera escuela de lucha del proletariado, como germen de conciencia de clase y lucha de resistencia contra el capital queda ya desfasada. Una caducidad producto no solo de su gestión del capital durante décadas, sino también de su papel como socio capitalista, con unos intereses económicos corporativos definidos, que sirven como correa de transmisión de la ideología burguesa al proletariado y administración de la fuerza de trabajo -véase la cantidad de expedientes de regulación pactados con sindicatos-. El clásico partido obrero burgués de viejo tipo era, y sigue siendo, la concreción del proyecto político, en tanto que organismo, que vertebraba a las aristocracia obrera y a su movimiento de masas (con el proletariado como carne de cañón). Este, tenía el fin de gestionar -y participar- en las instancias político institucionales más elevadas (parlamento y ministerios, como por ejemplo en la Italia de Berlinguer) los interés de la aristocracia obrera. Un ejemplo notorio de su auspicio político en la actualidad es la actividad en el parlamento europeo de Podemos reivindicando la necesidad de un reparto de la riqueza justo, que España no debe ser la colonia de Alemania y un largo etc. (17) En definitiva, reivindicando que el Estado español tenga más beneficios provenientes del imperialismo y la restitución de una posición equitativa en relación a las demás potencias, más acomodada, y garantizando los beneficios tanto del sector aristocrático obrero como pequeñoburgués. 

Conclusión: el eslabón más débil

La consecuencia política más notable de este fenómeno de masas (y no de élites) y del sindicalismo moderno es que la actividad revolucionaria sólo puede darse desde la forma de conciencia proletaria, de la cual es depositaria el Partido Comunista. El principio de la revolución es revolucionario, no le cabe ser punto de llegada de procesos naturales (desde algo externo a ella). El epicentro de construcción política es la teoría revolucionaria. Así pues, la omisión de este punto de partida para el MCEe, mediante la negación del papel o la existencia de la aristocracia obrera implica, como hemos extraído a través del estudio tanto de experiencias pasadas como de la realidad existente actual, no entender la totalidad de la política -y sus entramados- burguesa e impide allanar el camino a una política verdaderamente revolucionaria, de carácter proletaria y clasista, que acabe con las clases y la expresión moderna de su antagonismo. Es más, la propia negación de la aristocracia obrera supone rechazar, o impedir, el estudio y la comprensión del imperialismo. 

Famosa es la cita de Lenin donde llama a golpear el eslabón más débil de la cadena imperialista, pero la amplia mayoría del movimiento, tanto internacional como del Estado español, no ha entendido, o extraído, sus lecciones y su núcleo revolucionario. La principal losa es la interpretación economicista de la misma, y por ende, del imperialismo en su totalidad, especialmente visible en la tergiversación con fines oportunistas del folleto de Lenin, a pesar de sus advertencias sobre el carácter insuficiente del material. (18) A causa de la represión zarista, para que el documento pudiera ver la luz, solo pudo -expresándose en un lenguaje servil- aludir oblicuamente a sus implicaciones políticas. Estas líneas del propio Lenin se perdieron en el olvido y la III Internacional acabó aceptando el punto de vista economicista. (19) Así pues, es necesario señalar que la figura del revisionismo ejemplificado en Kautsky y la II Internacional han sido fundamentales como ejes de influencia en el movimiento comunista internacional. Si bien es cierto que se realizó una ruptura orgánica a todos los niveles -muchos de ellos ideológicos-, fue insuficiente por el propio contexto en el cual se desarrolló el leninismo, ante la incapacidad por desarrollar la teoría en todos los frentes a causa de las acuciantes necesidades militantes. Y, más importante, porque el combate de estas desviaciones no es una particularidad de una de las etapas de la revolución, sino que subyace a todas y cada una de ellas.

Esta reducción económica del eslabón más débil condujo a invertir la letanía que veía en los países industrializados la cuna de la revolución, a saber, que las revoluciones serán necesariamente primero en los países más atrasados económicamente. La situación de Rusia como estado autocrático feudal, con un capitalismo y burguesía incipientes, con un alto movimiento espontáneo de las masas y la guerra que clarificó, aún más si cabe, las contradicciones existentes como parte de las condiciones objetivas, tuvieron un gran peso. Pero estos elementos no hubiesen hecho entrar, por sí mismos y de forma independiente, en juego al antagonismo político entre el proletariado y la burguesía sin el elemento subjetivo. Es decir, el eslabón más débil es aquél donde el proletariado es más fuerte, en términos ideológicos y políticos. Detrás de la Revolución de Octubre está la praxis revolucionaria el Partido Bolchevique, el primer partido comunista de nuevo tipo que es forjado como tal. Para designar lo que es un Partido Comunista no nos ceñimos a un asunto de siglas. Se trata de una realidad objetiva, esto es, la fusión del socialismo científico con el movimiento obrero. Este Partido Bolchevique, formado en la ideología comunista a través de la lucha contra toda teoría burguesa hegemónica en el movimiento obrero (una lucha en todos los aspectos), que emergió como parte integral de sus combates políticos, fue solo de esta forma capaz de asentarse sobre unos fuertes y profundos vínculos con las amplias masas obreras, encaminándolas a la superación del viejo mundo mediante la construcción de un nuevo régimen social, el comunismo, haciendo cavar y avanzar obstinadamente al viejo topo de la revolución.

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(1) Para la reconstrucción de la elaboración del programa teórico de Marx son de especial interés La modificación del plan original de El capital y sus causas, de Henryk Grossmann, y Génesis y estructura de El Capital de Marx, de Roman Rosdolsky, dos autores que no por casualidad han sido relegados al olvido por la economía moderna, incluso de tradición marxista, que carece hace ya mucho tiempo del desinterés por la verdad que en esta sociedad asume consecuentemente solo el proletariado.

(2) John Smith, Imperialism in the Twenty-First Century: Globalization, Super-Exploitation, and Capitalism’s Final Crisis, Monthly Review Press, New York, 2016.

(3) Henryk Grossmann, La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista, Siglo XXI editores, México, 1979, p. 195.  

(4) Esta deriva fue fuertemente señalada ya en Conflicto de Arcelor y políticas de las clases: https://blog.frml.es/index.php/conflicto-de-arcelor-y-politicas-de-las-clases/                 

(5) Lenin, El  imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1968, p. 128.

(6) Xabier Arrizabalo, Capitalismo y economía mundial, IME, Madrid, 2014, p. 169.  Posteriormente vuelve a redefinirlo así: “definimos como imperialismo el nuevo estadio en el que entra el capitalismo desde  finales del siglo XIX, caracterizado por la constitución del capital financiero que, a través de la exportación de capitales, configura una economía mundial como tal, plasmada territorialmente en el reparto del control de las distintas regiones y países por las principales potencias capitalistas” (p. 176). Prueba de la caracterización politicista tenemos a Karl Kautsky: “El imperialismo no constituye de ninguna manera una condición económica necesaria de la acumulación capitalista”, el cuál reduce a “conquista de territorios agrarios por estados industrializados” (Die materialistische Geschichtsauffassung, 1927, t. II, p. 554, https://archive.org/stream/DieMaterialistischeGeschichtsauffassung/MaterGesch1927#page/n1465/mode/2up).

(7) Lenin, Ibid., p. 111-113.

(8) Las repercusiones de ésta en el ámbito sindical son inmensas: «la implantación social no la extrae el sindicato de su poderío ideológico, sino que sus ramificaciones funcionales en tanto que guardián del orden a través de su influencia sobre el proletariado (por lo demás, muy relativa y mermada hoy), las acopia y ejerce el sindicato a partir de su centralidad en el seno de las relaciones materiales dominantes, como fragmento social que es, más o menos amplio, de esa matriz compleja y contradictoria, donde interseccionan y coinciden dos realidades. 1ª: el fondo social de clase (la “Aristocracia” obrera) que encuentra en el sindicato su artefacto de interés, y 2ª: el polo dominante mismo de la matriz (el Capital monopolista de Estado), quien encuentra en el sindicato a su artefacto porque éste es un interlocutor reconocible para él. Y lo es, no fundamentalmente porque lo ablande o lo manipule, y ni mucho menos porque lo tomara “a su servicio” (aunque, puestos, el polo dominante en una relación siempre está en disposición de exigir sus contra-prestaciones). Sino porque el germen de clase configurador del fenómeno sindical en la época del Imperialismo -la “Aristocracia” obrera- está realmente interesada -y no por engaño o mistificación- en entenderse siempre con la abducción estatal-capitalista del producto social a escala planetaria y pelear, sobre esas bases, en la lucha por su distribución, apropiación e inversión contra Estado y Patronal. ¡Pues la infraestructura económica de su nacimiento y existencia en calidad de función profesional y administrativa de Estado y de los monopolios empresariales, y, correlativamente, en calidad de posición social, no es otra que el Imperialismo!» (Tamer Sarkis Fernández, Primero de Mayo manchado de sangre del Pueblo libio, o Sociología de la vergüenza. Vergüenza para la socialdemocracia, para los sindicatos, para su revisionista comparsa de seguidistas llena-plazas).

(9) Lenin, Ibid., p. 10.

(10) Este apartado y el que sigue está basado en Arrizabalo, Ibid., Cap. 7.

(11) Este apartado y los dos siguientes están inspirados en John Smith, Imperialism in the Twenty-First Century: Globalization, Super-Explotation, and Capitalism’s Final Crisis, Monthly Review Press, New York, 2016 y enImperialism & the Globalisation of Production (https://thenextrecession.files.wordpress.com/2012/12/imperialism-the-globalisation-of-production.pdf), del mismo autor.

(12) PCR, Octubre  y las tareas actuales de los comunistas , La Forja Nº 3, Octubre 1994.

(13)  Pedro Eusse; 1º de mayo de 2015: ampliar, fortalecer y profundizar la lucha de la clase trabajadora, Tribuna Popular, 2015: https://prensapcv.wordpress.com/2015/04/30/1o-de-mayo-de-2015-ampliar-fortalecer-y-profundizar-la-lucha-de-la-clase-trabajadora/

(13) Jose Carlos Mariategui, El punto de vista Antiimperialista, Tesis presentada a la Primera Conferencia Comunista de Latinoamericana, Montevideo,1929. Mariátegui nos advierte: «El anti-imperialismo, para nosotros, no constituye ni puede constituir, por sí solo, un programa político, un movimiento de masas apto para la conquista del poder. El anti-imperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesía y pequeña burguesía nacionalistas (ya hemos negado terminantemente esta posibilidad) no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses».

(15) Tamer Sarkis, La aristocracia obrera: génesis y bases históricas materiales de su hegemonía ideológica sobre el proletariado, Aporrea, 2012: https://www.aporrea.org/trabajadores/a137114.html

(16) PCR, El sindicalismo que viene, La Forja Nº 35, Octubre 2006

(17) Hay multiples declaraciones de este charlatán arribista como por ejemplo: Antonio Fernández Nays, No queremos ser una colonia de Alemania, BBC, 2014:http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/05/140527_espana_entrevista_pablo_iglesias_az

(18)  Lenin, Obras escogidas en tres tomos, t. I, p. 691. 

(19) Nicos Poulantzas, Fascismo y Dictadura, la Tercera Internacional frente al fascismo, Siglo XXI, Madrid, 1986.

(20) Sobre la cuestión de la herencia del Paradigma de la Segunda Internacional: Charles Bettelheim, Lucha de Clases en la Unión Soviética, Tomo I y II, Siglo XXI, Madrid,1976. También: Colectivo Fénix, Stalin. Del marxismo al revisionismo, primera citación en el Martinete Nº18, Balance de una trayectoria , Septiembre 2004: 

http://www.nodo50.org/mai/Martinete/EM-18/Editorial18_balance.htm

El estudio al cual hacemos referencia: 

https://www.nodo50.org/mai/Documentos/Fenix/Stalin%20Del%20Marx%20al%20Revis/IndiceStalin.htm

El fracaso por bandera

Recientemente en el seno de nuestra organización se ha producido un episodio de lucha entre la línea burguesa y la línea revolucionaria, cerrado con la expulsión de algunos militantes de la misma. Pero la expulsión de una camarilla de revisionistas no finiquita el problema de su propia aparición como fenómeno organizativo, político e ideológico, sino que transforma los métodos de lucha desde un problema interno a un problema de orden público.

Como organización comunista que espera aprender de su propia experiencia pasada, el trabajo no ha terminado sino que acaba de empezar. El momento actual pasa por la comprensión de la naturaleza del problema en sus múltiples facetas y el desarrollo de un proceso que asegure que el error cometido no vuelva a desarrollarse.

Igualmente, queremos advertir al conjunto del movimiento de la posible mutabilidad de los rasgos de este grupo de oportunistas en términos políticos e ideológicos. Por nuestra parte se intentará hacer una caracterización de las posturas más avanzadas que han enunciado estos ex-militantes de nuestra organización, pero ya esta tarea mismamente resulta compleja. Cuando la naturaleza de unas posiciones son su abstracción y la ausencia de cohesión discursiva entre los renegados que mencionamos, su evolución resulta impredecible.

De la misma forma que les ha sobrado un plazo de dos semanas para participar de la elaboración de materiales expresando una postura y abanderar en reuniones la opuesta, no nos sorprendería que de aquí en adelante abanderasen cualquier tipo de discurso, de cualquier clase menos la proletaria y de cualquier escuela menos la del socialismo científico.

 

1- Forma y fondo

¿Qué proyecto?

La crítica revolucionaria es una herramienta de clase, es la expresión en la teoría de la posición proletaria en la lucha de clases. Pero en demasiadas ocasiones se ha confundido la crítica con la destrucción de palabra, con las acusaciones y con lo alegatos airados.

La crítica no es esencialmente la destrucción sino la construcción de una superación de lo dado, precisamente porque se propone dejar de ser solo crítica para devenir praxis. Si el proceso de construcción precisa de la destrucción de lo anterior será como momento subordinado. Este proceso se debe entender como “negación de la negación” frente a la mera “negación” que representan las críticas superficiales e inoperantes, el rechazo sin propuesta.

Rechazar algo puede ser el punto de partida de la construcción de su superación, pero la mera negación no es un proyecto válido (a no ser que el nihilismo o protonihilismo se considere proyecto). Es algo que de manera temporal puede unir a un grupo de personas e incluso hacerles pensar que están trabajando en la buena dirección, pero en su enfrentamiento a la transformación de la realidad su incapacidad se vuelve manifiesta en poco tiempo.

Es en este marco limitado de negatividad en el cual se ha desarrollado la polémica internamente, como la mera oposición a decisiones, críticas o trabajo… reflejo de ello han sido las varias reuniones que se han tenido y donde no se hizo presentación de ningún proyecto diferenciado o alguna propuesta superadora del proyecto existente.

Es más, incluso la idea que se propuso en el bloque fraccional de esperar a la convocatoria de una Conferencia para discutir en términos de principios las discrepancias fue algo descartado. Algo que es esperable cuando el enfrentamiento no se produce en el ámbito de las relaciones políticas ni de la lucha ideológica sino en el campo de las relaciones sociales burguesas (amigos, parejas, honor personal, etc…).

Incluso se llegó a manifestar en una reunión que no se iba a discutir sobre el contenido de una decisión sino sobre las formas de una decisión. Esto es no mero reflejo del caso particular de una reunión y una decisión sino la franca perspectiva de (ausencia de) crítica en general a todo lo que se ha rechazado.

La conclusión general del proceso es clara, cuando el leitmotiv son las formas, refleja que el contenido no es defendible. Efectivamente no lo fue en ninguno de los enfrentamientos más directos entre los renegados y los camaradas de la organización.

Entre bambalinas

Pero la ausencia de un proyecto, una propuesta o una simple perspectiva de futuro no era algo que se podían permitir si su intención era arrastrar más material humano a su lado. Era para ellos necesario aparentar lo que no existía, vender humo siendo directos.

En este proceso nos hemos encontrado con las más absurdas declaraciones al respecto de la teoría y la práctica, el marxismo, el leninismo, el Partido, el centralismo democrático, etc… una mezcla de ausencia de formación en el ABC del socialismo científico y una apertura a todo tipo de puntos de vista pequeñoburgueses son los elementos que conforman este discurso.

Pero nada de esto se ha intentado defender abiertamente, se ha escapado de hablar de ello, se ha evitado hablar de los temas cardinales abiertamente frente a quienes podrían dar respuesta. Incluso cuando las sandeces que se estaban diciendo llegaban a oídos nuestros se llegaba a afirmar que “se está manipulando”, que “no se está diciendo eso” o que “no se les ha dejado explicarse”.

Desde luego, si en las múltiples reuniones que se han tenido no han considerado relevante manifestar cuestiones como el replanteamiento de si son o no leninistas, entendemos que o bien lo consideran algo sin importancia o bien que además de ello primaba la incapacidad para entrar en cuestiones más profundas que la mera palabrería sobre las formas.

En privado, se permitían decir todo tipo de barbaridades a camaradas de la organización que seleccionaban por considerar más permeables a su basura pequeñoburguesa; mientras tanto, al resto se nos vendía una mera discusión sobre formas. Ahora nos toca entrar en el fondo de la cuestión, el cual se ha ignorado por interés oportunista para evitar valorar precisamente la crítica inicial a los que nucleaban la fracción.

Para nosotros el fondo es lo que reviste la mayor importancia, especialmente cuando se hace una apelación constante a las formas como argumento político, perspectiva únicamente válida para debates frívolos de tertulia en prime time. Como comunistas, en última instancia, todo responde a una posición de clase, a una posición reaccionaria o revolucionaria, y para deslindar campos hace falta ir al fondo de toda posición.

 

2- Lo político y lo personal

Hace tiempo que la consigna “lo personal es político” se ha introducido en el ámbito del marxismo, aún cuando su origen es el feminismo radical. Se trata de una de esas positivas incorporaciones de teorías no propiamente comunistas en el corpus teórico del socialismo científico. Pero una consigna no es un análisis totalizador, es algo limitado que cualquiera puede emplear cuando le plazca para lo que le plazca.

Como comunistas no podemos hacer otra cosa que afirmar la validez de la consigna, pero es propio centrar el significado de la misma en el ámbito que tratamos. No estamos aquí hablando del ámbito privado para denunciar comportamientos machistas en la intimidad de una relación de pareja, sino que estamos señalando las implicaciones políticas de las relaciones personales entre camaradas.

Lo que para nosotros es ahora de mayor importancia es esclarecer las implicaciones que tienen las cuestiones personales en las dinámicas de trabajo comunistas y el camino para neutralizar la ideología burguesa en este ámbito. Además, señalar las implicaciones políticas en el trabajo militante de la personalidad y la actitud como limitaciones propias del individuo.

Comunistas y sexualidad

¿Debemos los comunistas estar en contra de las relaciones personales? ¿Debemos limitar nuestro trato al trabajo político?

Son preguntas que no es la primera vez que nos planteamos como militantes, y las conclusiones deben ser claras, pero no como meras consignas sino como principio de vigilancia revolucionaria y autodisciplina.

Los comunistas no estamos en contra de las relaciones personales entre nosotros o con gente de fuera de nuestra esfera política, no estamos en contra de dotar a nuestro trato personal como camaradas de mayor contenido que el desarrollo de la política proletaria, pero lo que sí estamos es en contra de abrir las puertas a todo lo que implican estas afirmaciones en esta sociedad.

Las relaciones personales expresadas como algo “natural” son las relaciones que en esta sociedad se rigen bajo la ideología burguesa y los métodos de trabajo burgueses. No pueden existir otro tipo de “relaciones personales” si no se ha desarrollado la labor adecuada de lucha contra la perspectiva burguesa, pues todo el espacio que no es ocupado consciente y planificadamente por la visión del mundo proletaria, lo ocupa la visión del mundo de la burguesía.

No es sorprendente entonces que cuando en el seno de una organización se da rienda suelta al desarrollo de relaciones personales sin contraponer la crítica al amiguismo de manera constante, lo que efectivamente se desarrolle sea este amiguismo. No es sorprendente entonces señalar cómo a una camarilla de renegados les mueve antes el “trato personal”, la “confianza”, etc… que los criterios políticos e ideológicos.

Algunos de estos renegados se sorprendían de que se señalase esto, que se señalasen las relaciones de pareja, las amistades, etc… como factor que les estaba llevando a juntarse para “desarrollar una crítica”. ¿Qué les unía de lo contrario? Sus responsabilidades en la organización no tenían relación, su conocimiento de la problemática era dispar… no les unía una crítica (política/ideología) sino la intención de hacer una crítica (respuesta a otra crítica tomada como un ataque personal).

Cuando se une para llegar a concretar una crítica, incluso varía el contenido de la misma en función de la coyuntura, lo que une no puede ser la crítica misma. Pero incluso aceptando que de manera espontánea estaban de acuerdo en la necesidad de hacer una crítica por motivos que no fueran el reflejo de su trastocado orden de prioridades, ¿dónde está esa crítica? Para divagar en los campos de la pequeña burguesía, el utopismo, el adanismo y el practicismo en general… no hace falta ni concretar una crítica. ¿Quizá por eso aún hoy no hemos visto algo sistemático que no sea un cúmulo de lamentaciones sobre procedimientos orgánicos?

La lucha contra las limitaciones

Lenin hablaba de que cometer errores es humano, igual de humano que es el tener dificultades, limitaciones, tareas que se nos dan mejor y tareas que se nos dan peor… no se puede tratar a un militante como una máquina que todo lo puede asumir y todo lo va a hacer bien.

Partiendo de esto, hay dos posibles procesos: el militante puede superarse constantemente, adquirir una autodisciplina fuerte y conseguir cada vez hacer mejor su trabajo asumiendo sus errores; el militante puede acomodarse, tomar sus limitaciones como los límites de lo aspirable y “mientras sea monje, tocaré la campana”.

Únicamente la superación constante es comunista, incluso cuando esa superación constante se expresa como permanecer firmes ante los nuevos retos y no un permanente aumento de la capacidad, pues superarse es también superar la crudeza y dureza de la militancia comunista, superar el desgaste constante de buscar transformar la sociedad.

Por otra parte, acomodarse es la muerte de cualquier revolucionario, es transformarse en un chiste, es fracasar antes de intentarlo o haber muerto en el intento. ¿Cómo puede un comunista acomodarse? Renegando. Nadie puede esperar que una tarea tan inmensa como cambiar el mundo permita la comodidad.

«Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.

Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose:

– ¡Ni me agradan, están tan verdes…!» Fábulas de Esopo

Pero no todos los renegados se quieren presentar como renegados, en nuestra organización ya hemos tenido que tratar con muchos oportunistas que han intentado esto mismo. Como ejemplo más reciente el de Guardia Revolucionaria (¿se sumarán estos nuevos renegados a los anteriores?). Pero si no se quieren presentar como renegados, tienen que presentarse como algo distinto, algo que se amolde a sus limitaciones y al mismo tiempo les presente como revolucionarios. ¡Lo primero es defender el honor propio!

Aquí llega la parte creativa, en la cual se encuadran los absurdos que también se mencionaron antes. Nos encontramos ante el proceso de cosmovisionización de las limitaciones personales, de la elaboración/reformulación de una “teoría revolucionaria” que se ajuste a lo que se es incapaz de hacer personalmente, que llevado al plano social refleja lo que como clase se es.

Entiéndase que aquí incapacidad no es algo objetivo, no se trata de ser incapaz de saltar 10 metros, se trata de no tener la voluntad de hacer algo. Es una limitación subjetiva. Empleamos el término incapacidad no como algo realmente imposible sino como lo que desde la perspectiva de quien hace este ejercicio de oportunismo se presenta como imposible (o como desagradable, a evitar o negativo).

El comportamiento fraccional

Llegados al punto en el cual nuestros renegados empiezan a dudar de su continuidad en un mismo proyecto, se plantea para ellos la necesidad de dejar de trabajar de facto en el proyecto. Estos elementos en la práctica hacía semanas que no eran parte de la organización, aunque su formalización como expulsados tardase algún tiempo más. Formar parte de un proyecto implica someterse a su funcionamiento, a su centralismo democrático, a su disciplina. De todo ello carecían estas personas que lejos de entenderse como parte de un proyecto, se veían a sí mismos como consentidores de las actividades. Una posición totalmente pasiva que únicamente se vuelve activa para oponerse a aquello que va contra sus personas en términos que ellos toman como personales (y no políticos).

Aunque estas gentes ahora rechazan “tantos análisis” y reclaman “más práctica”, a nosotros nos sigue pareciendo importante ser comunistas y por lo tanto analizar la realidad transformándola. Esto que ellos han hecho no es algo nuevo, es la vieja política fraccional contra la cual lidiaron los bolcheviques en el proceso de su triunfo político e imposición de la línea revolucionaria. Lenin se expresa muy claramente en “Un paso adelante, dos pasos atrás” (aclaramos a nuestros amigos de la falta de análisis que no se trata de un libro sobre clases de bachata) sobre el funcionamiento reaccionario y los clamores vacíos contra el “burocratismo” cuando interesa:

«Está claro, me parece, que los clamores contra el famoso burocratismo no son más que un medio de encubrir el descontento por la composición de los organismos centrales, no son más que una hoja de parra que oculta una palabra solemnemente empeñada en el Congreso y a la que se ha faltado. ¡Eres un burócrata, porque has sido designado por el Congreso sin mi voluntad y contra ella! ¡Eres un formalista, porque te apoyas en las decisiones formales del Congreso, y no en mi consentimiento! ¡Obras de un modo brutalmente mecánico, porque te remites a la mayoría “mecánica” del Congreso del Partido y no prestas atención a mi deseo de ser cooptado! ¡Eres un autócrata, porque no quieres poner el poder en manos de la vieja tertulia de buenos compadres que defienden su “continuidad” de círculo con tanta mayor energía cuanto que le es más desagradable la desaprobación directa de ese mismo espíritu de círculo por parte del Congreso.»

Mientras no había esencialmente algo que fuera contra sus intereses, el centralismo democrático era algo asumido de palabra pero no puesto en práctica. El funcionamiento al unísono era solo una ilusión, acompañada de información reducida sobre su trabajo y su no-trabajo. Cuando se tomaron medidas para evitar los problemas que estaban generando en la organización unas formas de trabajo incompetentes, el asunto se tornó algo personal. ¡Estás manchando mi honor! ¡A mi me tienen en un pedestal por lo mucho que trabajo!

De la noche a la mañana, camaradas a quienes nuestros renegados reconocían en su duro trabajo, se habían vuelto unos “gilipollas”, con “actitud deleznable”, precisamente por atentar contra la comodidad en la que se encontraban. Cuestiones con las cuales se estaba de acuerdo hace unos meses, tanto como para escribirlas en publicaciones de la organización, ahora se ponían en duda. Elementos fundamentales del socialismo científico se tendrían que “ver en la práctica” si ellos eran base para criticarles y señalarles como lo que son. ¡Todo vale contra estas gentes que no me permiten ser lo que quiero ser!

¡Queremos hacer una crítica! Magnífico, los comunistas siempre debemos estar en disposición de criticar aquello injusto en perspectivas de avanzar, pensando en el beneficio colectivo. ¿Casualmente les apetece a ustedes hacer una crítica cuando se han tomado medidas en contra de su comodidad? ¡Sospechoso!

¡Queremos hablar con más gente para hacer esa crítica! ¿Es que acaso son ustedes incapaces de elaborar esa crítica? ¿O es que su intención es otra distinta de la superación de algún error?

Cuando uno busca primero conformar un grupo de afinidad y luego “elabora una crítica”, no está pretendiendo otra cosa que no sea conformar una camarilla, ejercer presión para imponer su punto de vista y conformarse como fracción. Si hay una crítica justa, se puede defender; si no la hay, el motivo de que alguien te apoye en una contienda debe ser de otra índole. ¿Es sorprendente ahora que este grupo de personas integre a varias parejas, ex-parejas, relaciones familiares y amistades? ¿Qué es lo principal, la crítica revolucionaria o una contienda personal de aquellas personas que consideran dañada su buena imagen como genuinos comunistas?

Lenin continúa:

«Quisieron convencerle [al Partido] por la negativa de un sector del Partido a trabajar bajo la dirección de los odiados organismos centrales. Pero ningún organismo central de ningún partido del mundo podrá demostrar que es capaz de dirigir a personas que no quieran someterse a la dirección. No someterse a la dirección de los organismos centrales equivale a una negativa a seguir en el Partido, equivale a deshacer el Partido, no es una medida de persuasión, sino una medida de destrucción.»

¿Quieren ustedes hacer “otra cosa” con su vida que no sea la Revolución? ¿Buscan otro proyecto distinto que sea “realmente comunista”? Perfecto, tienen la puerta abierta para irse a donde les plazca, de hacer lo que consideren y abanderar lo que más placer les produzca dentro de su perspectiva pequeñoburguesa hedonista. Pero dejen ya la charlatanería despechada sobre lo “mal que se les ha tratado”, sobre los “errados métodos” cuando se ha luchado contra el fraccionalismo y sobre el resto de ingeniosas sandeces en las cuales invierten el tiempo en lugar de habernos aclarado a todos lo que realmente proponen.

Se les llena la boca de acusaciones que no tienen que defender, que meramente tienen que encontrar a quien confíe en que ustedes tienen razón. Pero incluso ustedes se engañan, ni los que les acompañan están seguros de eso que dicen, ¿pero acaso ustedes mismos se lo creen? Burocratismo, paternalismo, unilateralidad, dogmatismo, teoricismo, amenazas… y así podrían seguir tomando ideas de los clásicos del marxismo para conformar su discurso. Mientras se practica el trabajo fraccional, mientras se trata con gente externa problemas de la organización buscando apoyos (bastante endebles) y filtrando información según se considera, se reclaman cuentas al resto. Haz lo que bien digo y lo que mal hago.

Acusar es muy fácil, demostrarlo argumentadamente y someterlo en tiempo y forma a la posibilidad de respuesta no tanto. ¿O de qué manera se puede calificar a la intención de cortar las intervenciones de otros camaradas en una reunión? ¿O de pretender ignorar esas intervenciones y su contenido haciendo un reduccionismo psicologista del discurso? ¿De predisposición a la lucha ideológica? ¡Dejen de hacer el ridículo y busquen otro entretenimiento mejor!

Todas las acusaciones han sido ya desmontadas dentro de la organización, y esto los fraccionalistas lo saben de sobra. Su discurso no deja de saltar de tema en tema, de escapar de todo aquello que un rato antes abanderaban y se les ha tirado abajo con la fuerza de la crítica revolucionaria. Pero el problema no lo tienen con nosotros, están escapando de sus propias contradicciones, que van a terminar por aflorar tarde o temprano. Su cabezonería lo único que va a hacer es posponer el momento en el cual terminen por rectificar o terminar abiertamente de renegar.

 

3- “Más práctica, menos análisis”

Pero entremos de lleno en el grueso de esta nueva teorización que nos ofrecen estas personas expulsadas de nuestra organización, o mejor dicho, vamos a hacer el mejor intento posible por comprender lo que proponen. Nos gustaría que una confrontación tan grande, antagónica de todo punto, se hubiera -por parte de los expulsados- expresado en algún material mínimamente sistemático para poder hacer una valoración de sus propuestas. ¡Nuestro gozo en un pozo!

Lo cierto es que, ni cuando se intentó llevar la polémica a cauces que hiciesen de la confrontación de principios el elemento cardinal, se dignaron estas personas a mostrar sus ideas abiertamente. En la última reunión de la cual fueron partícipes como miembros de la organización se propuso precisamente sistematizar la “crítica” por escrito, algo que se negó de facto por parte de uno de los jefes fraccionales con que “tenía exámenes” (aparentemente para contar milongas sobre la “política tóxica” sí tenía tiempo… ¿quizá es lo único que funcionaba para intentar tirar de gente?).

La perspectiva nunca fue plantear un debate constructivo, literalmente este mismo jefe renegado manifestó en privado “Está claro que ninguna de nosotras quiere dejar a camaradas tan válidas atrás, y hay que hacer todo lo posible por conseguir que vengan con nosotras, pero dilatar este proceso más allá del domingo creo que solo socaba el salirnos con la fuerza que ahora tenemos”.

Sabían que el tiempo jugaba en su contra, el tiempo significaba que la demagogia se acababa, que las mentiras tenían un fin y que no se iba a permitir el juego sucio sin responder. Lo suyo era una carrera desesperada por ver a quién más se podía engañar con una “crítica” que es reflejo de lo que ellos mismos son: una unión de intereses burgueses, sazonada con diversas ideas que aparentan ser comunistas.

Vamos a ver algunos ejemplos, que consideramos que son ilustrativos.

No somos practicistas, pero hay que hacer practicismo

Transcribimos literalmente una nota de voz de uno de los renegados, en este caso ex-miembro del colectivo de Sevilla. En él responde a otra persona de este mismo colectivo que discrepa con algunas cosas que están defendiendo los expulsados:

«Yo estoy de acuerdo contigo y creo que… Igual, vamos, no creo que nadie hubiera dicho lanzarse a un sindicalismo por sindicalismo sino simplemente… Que… Que ya basta de… Balances, balances y balances absurdos cuando no hay trabajo real.

Que lo que tenemos que empezar a hacer un trabajo real, además en el F siempre se nos ha vendido la moto… De qué íbamos hace? una teoría cuando… Que la teoría la hacemos conforme nuestra práctica, yo creo que eso es lo que hay que entender y creo que en realidad lo que tú has querido decir, ¿no?.

Entonces no es sólo una cosa o la otra, pero es que para poder sistematizar… Eh…. Una teoría actual es que hace falta… Conocer la realidad y salir de nuestra casa. Y creo que eso es lo que hay que tomar como primero. Y evidentemente no hay que lanzarse a hacer cosas sin pensar… Eh… Sin pensaba me refiero… Sin en buscarle luego un sentido ¿sabes? Sino simplemente por hacer… vamos, no creo que nadie diga eso.

Y yo qué se…

En realidad yo creo que todos estamos de acuerdo con eso, lo que criticamos bastante fue el hecho de eso, de analizar demasiado las cosas, de hacer demasiados balances, demasiados textos, cuando luego el trabajo real es mínimo.

Y que hay que empezar haciendo un trabajo real, que teoría ya hay mucha, ya Lenin, Marx, han sistematizado mucha teoría pero sistematizaron pa su tiempo. ¿Sabes? Y de manera general, ahora lo que nos toca es concretar la realidad, un trabajo y en base a eso podremos hablar, podremos sistematiza… Cosas. Pero si no tenemos nada pues no podemos hacer nada»

En realidad sí que se ha propuesto ese practicismo que tanto niegan portar por bandera (el practicismo no es meramente sindicalismo, el sindicalismo es una forma determinada), cuando literalmente se llama a “ir a la PAH” (¿con qué objetivo?) y cuando despojan al balance de toda su esencia.

El Balance, como nuestro liquidador pretende desconocer, no tiene un carácter mecánico, sino dialéctico. Es decir, no supone meramente el estudio de las experiencias históricas revolucionarias, extrayendo de ellas las consecuentes lecciones y aportes universales, sino que va más allá, es algo constante -en tanto que diario- en la vida militante de una comunista, pudiendo así identificar los errores y aciertos de la propia práctica política (y social). Esto resulta fundamental para corregir, durante el mismo proceso -o trabajo- los errores cometidos y transformarse a la par que se desarrollan los cambios en la realidad existente, suponiendo un avance y una elevación cualitativa gradual. Así pues, el Balance debe producirse, necesariamente, de forma paralela al propio “trabajo real” y no como algo posterior a este. Pero esto no es todo, aparentemente estudiar el pasado y la propia práctica que la organización ha desarrollado y desarrolla son “balances absurdos”. En cambio podemos contraponer un “trabajo real” (¿qué caracteriza la realidad de ese trabajo, el hacerlo fuera de casa?), que esencialmente se trata de los puntos comunes del revisionismo clásico.

Pero va más allá este renegado, se atreve a hablar de la forma en la cual hay que desarrollar la teoría revolucionaria. Dice “la teoría la hacemos conforme a nuestra práctica”, ¡brillante! ¿Qué práctica produce qué teoría? ¡Eso ya no se atreve a determinar! De la misma forma que no se atrevía a responder a si seguían considerando al Partido Comunista la mediación necesaria en un proceso revolucionario comunista. ¿Es que quizá aún no han ido a suficientes manifestaciones para tenerlo claro? ¿Es que prefieren tenerlo claro intentando parar un desahucio? ¿O quizá impidiendo una charla reaccionaria en la Universidad?

Lo suyo es una reducción al absurdo de la relación entre teoría y práctica desde un punto de vista comunista. No se trata de realizar una práctica general para obtener una teoría general, se trata de análisis concreto de la situación concreta. De la misma forma que la organización decidió acercarse a la realidad de un sector profundo de las masas proletarias, estudia otros problemas sin hacer llamamientos a un “trabajo real” que no es más que fraseología barata para vender un practicismo nada novedoso.

No nos parece equiparable hacer un análisis de clases del Estado Español, a hacer un balance de la historia del MCE; no nos parece equiparable la necesaria capacitación política de nuestros cuadros, a la adquisición de una cosmovisión teóricamente sólida del papel de un militante comunista. Disolver las diferentes formas de abordar problemas diferentes en un clamor general a la “práctica”, a “conocer la realidad”, etc… es hacer un llamamiento esencialmente al practicismo, que es lo único que se puede hacer abordando el problema de tal forma. Una práctica revolucionaria únicamente se puede basar en el análisis concreto de la realidad concreta, en esto no se pronuncia esta persona.

Tampoco se trata de hacer lo que se sugiere como contrapunto al practicismo, “buscarle luego un sentido”. No se trata de tirarse a la piscina sin hacer análisis (recordemos los balances absurdos) y luego buscar una racionalización de lo que se ha hecho o buscar una justificación a la acción. No se trata de un atentado sobre el cual luego decidir o no reclamar la autoría. ¡Lo que critican es analizar demasiado las cosas! ¡Lo que falta es hacer más práctica!

Pero lo mejor llega cuando se atreve a hablar de los clásicos y su papel en todo esto… ¡Marx y Lenin ya han sistematizado mucha teoría! ¿Quizá hicieron eso porque no se limitaron a hacer practicismo junto al resto de no-comunistas? ¿Quizá hicieron eso en base a analizar profundamente la realidad? Bochornosas afirmaciones… ¡Ahora toca hacer trabajo y ya luego podremos hablar!

¿Pero es que se nos quiere vender que el socialismo científico es el mero resultado de una serie de experiencias puntuales a las que luego “se les busca sentido”? ¿Es que se pretende de un plumazo ignorar la inmensísima labor multidisciplinar que desarrollaron precisamente Marx y Lenin para poder llegar a proponer algo justo como base de un movimiento emancipatorio en su realidad concreta? ¿O es que “eso ya está hecho”? ¿Qué nos falta entonces?

¡Y esta es la manifestación más sistemática de su visión de la teoría y la práctica! De aquí en adelante, cuando se reniega del socialismo científico, lo único que queda es utopismo. Veamos alguna muestra…

Las tareas están… ahí fuera

De nuevo, veamos una transcripción literal de algunos fragmentos de una reunión más larga. Que de entrada quede claro que no existe “contexto” del cual sea posible sacar esto como para que originalmente tuviera un sentido comunista, a no ser que un chiste fuera lo que estaban haciendo como propuesta política. En esta ocasión se trata de un ex-miembro del colectivo de Madrid y uno de los jefecillos de la fracción:

«Pero lo primero que hay que hacer es romper con nuestra concepción de la política, y luego salir ahí fuera y empezar a conocer. Que puede sonar un poco empirista pero es lo único que tenemos, dejarnos de tanto análisis, análisis y análisis porque realmente, en el momento en que veamos los verdaderos focos de lucha, en el momento en que veamos las brechas del sistema en la calle, en ese momento tendremos clarísimo lo que hay que hacer. Lo que pasa es que parece que nos da miedo, miedo a asumir las tareas que tenemos como comunistas y es mucho más fácil y mucho más cómodo quedarnos en nuestros análisis, y quedarnos en nuestro estudio desde casa, porque al final este estudio será para otro día dar otro estudio, y otro estudio, y así no llegamos a nada, y acabaremos claudicando, como han claudicado tantas organizaciones antes que nosotros»

Sí, quizá suena empirista, parece empirista y huele a empirismo… porque es empirismo, porque sólo puede llevar a un trabajo practicista. ¡No se sorprenda de que suene a lo que es!

¿Pero acaso pretender encontrar una respuesta política revolucionaria en una manifestación de la lucha de clases sin perspectivas comunistas es empirista? Sí, es empirista.

¿Pero acaso dejarnos de “análisis, análisis y análisis” no es el camino directo a rebajar nuestra perspectiva como comunistas al nivel de la lucha espontánea? Sí, es rebajar el nivel.

¿Pero no es un absurdo responder al teoricismo académico que ni puede ni quiere concretar una política revolucionaria con una práctica ciega que pretende ver la luz “en la lucha”? Sí, y además es una respuesta más emotiva que consciente.

¿Pero no han claudicado en la historia del Movimiento Comunista del Estado español muchas más organizaciones por quemarse en una práctica ciega que por hacer “demasiados análisis”? Sí, y además en nombre de la práctica ahora mismo están claudicando ellos.

Pero veamos más del mismo individuo:

«[…] es que creo que precisamente hay que romper con todo lo que somos, y hay que empezar a construir teoría revolucionaria, y un proyecto revolucionario no desde arriba, no desde el legado teórico histórico, sino desde lo que tenemos ahora para trabajar. ¿Por qué no se define una línea de masas, coño? Porque intentamos adaptar nuestros esquemas, intentamos adaptar nuestras premisas a lo que existe, sin ir a lo que existe y construir después, efectivamente, sobre la lucha de clases del EE un verdadero proyecto revolucionario»

Quizá, señor empirista, porque hacen falta análisis de clases para definir una línea de masas que no consista esencialmente en acercarse de forma muy amable a “la clase” para “ayudarle”. ¡Desde luego si el objetivo es hacer “algo”, la línea de masas es tan simple como “hacerlo con alguien”! Pero para quienes somos comunistas y pretendemos transformar el mundo con una perspectiva emancipadora y no un asistencialismo que “ayude” a “la clase” no es tan sencillo.

Pero da un paso más allá que su colega sevillano, atreviéndose a renegar del legado histórico de la lucha de clases de casi dos siglos del proletariado revolucionario para decir que hace falta hacer una teoría revolucionaria “desde abajo”, desde lo que tenemos “ahora para trabajar” (o mejor dicho, a lo que estas personas reducen el trabajo comunista).

¿Qué se adapta equivocadamente? ¿El Partido aquí no es necesario? ¿El centralismo democrático quizá? ¿El materialismo histórico? ¿La dialéctica materialista? ¡Por favor, concreten en qué critican! ¡No se limiten a ser unos charlatanes que repiten las consignas manidas que recuerdan de lo que hace apenas una semanas habrían criticado!

«Yo tampoco te voy a decir cuales son las tareas de los comunistas a día de hoy, porque yo sinceramente no sé cuales son esas tareas. Se cuales no son estas tareas, que no son ni las de la LR ni las nuestras [aquí se refiere a las del FRML]. Lo que tenemos que hacer es salir ahí fuera y ver cuales son nuestras tareas»

Aquí, meramente podemos recordar a Mao:

«Si usted no ha investigado un problema, se le priva del derecho a opinar sobre él. ¿Es esto demasiado brutal? No, en lo más mínimo. Puesto que no ha investigado el estado actual del problema ni sus antecedentes, e ignora su esencia, cualquier opinión que exprese al respecto no pasará de ser un disparate. Decir disparates, como todo el mundo sabe, no resuelve nada; así, ¿qué habría de injusto en privarlo del derecho a opinar? Muchos camaradas no hacen más que lanzar disparates con los ojos cerrados; esto es una vergüenza para un comunista. ¿Cómo puede un comunista decir tonterías con los ojos cerrados?» Contra el culto a los libros, Mao Tse-tung

¿Cómo puede un comunista hacerlo? Transformándose en un renegado.

El dichoso balance

¿Acaso nuestros renegados descartan la función del balance histórico y el balance constante de la actividad como base para avanzar hacia una praxis más justa? Parece que los balances, balances y más balances son una absurdez, algo que refleja meramente el “miedo a la realidad”. Reconocen que no hay una teoría revolucionaria justa hoy capaz de ser base para la emancipación de la humanidad, pero niegan el proceso necesario para capacitarnos con una teoría tal, para desarrollarla y para aprehenderla.

¿Su propuesta? Véase:

«Es como que, contínuamente, se habla de los mismo “fusión del socialismo científico con las masas, con las asociaciones de trabajadores, con no se que, con no se cuanto”, cuando realmente a lo mejor es al revés. Es que no hay un socialismo científico adaptado a la realidad de un país imperialista y de un centro imperialista como el nuestro, y lo que tenemos que hacer es construir una nueva teoría, pero no como esquemas que adoptamos de otras experiencias y que los intentamos meter a piñón aquí, porque eso lo único que hace es incapacidad política, y es dar vueltas sobre lo mismo, sino todo lo contrario, vamos honestamente a vivir con las masas, vamos honestamente a luchar con ellas y vamos honestamente a ir a los… donde hay, verdaderamente, lucha proletaria y nuestra clase»

¿Suena nuevamente empirista? Quizá es porque además de ser una pose moral asistencialista, su base es un empirismo practicista. Si estamos con las masas “honestamente” sabremos lo que hay que hacer, de lo contrario seremos incapaces de hacer política. ¿Pero qué política somos capaces de hacer hoy? ¿Quizá una burguesa?

Recordemos algo que decía uno de esos señores que habían “sistematizado teoría, pero pa su tiempo”, precisamente cuando se preguntaba “¿Qué hacer?”:

«[…] todo lo que sea prosternarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del elementos consciente”, el papel de la socialdemocracia, equivale –en absoluto independientemente de la voluntad de quien lo hace –a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros»

O quizá mejor explicado por un camarada de este mismo señor ruso:

«Expliquémonos más detenidamente. En nuestro tiempo pueden existir sólo dos ideologías: la burguesa y la socialista. La diferencia entre ellas consiste, entre otras cosas, en que la primera, es decir, la ideología burguesa, es mucho más antigua, está más difundida y ha arraigado más profundamente en la vida que la segunda; con las concepciones burguesas tropezamos en todas partes y en todos los terrenos, en nuestro propio ambiente y en el extraño, mientras que la ideología socialista empieza a dar los primeros pasos, no hace sino empezar a abrirse camino. Huelga señalar que si se trata de la difusión de las ideas, la ideología burguesa, es decir, la conciencia tradeunionista, se difunde con mucha más facilidad y abarca mucho más ampliamente el movimiento obrero espontáneo que la ideología socialista, que está dando tan sólo sus primeros pasos»

¡Menos análisis! ¡Más salir de casa! ¿A hacer qué? A reproducir ideología burguesa. A subordinar las tareas de los comunistas, “honestamente”, a la espontaneidad del movimiento de masas. Claro que hay que “salir de casa”, pero utilizar tal expresión como consigna vacía, sin dotar de un contenido concreto a la misma y sin encuadrarla dentro de una perspectiva superior, es hacer un llamamiento al espontaneísmo más vulgar.

Pero cuidado, llega el punto de iluminación, que no es otra cosa que volver abiertamente atrás hacia la ideología pequeñoburguesa propia:

«[…] creo que ese es el núcleo, creo que enrevesamos demasiado las cosas, que le damos demasiada importancia a análisis sobre personalidades, sobre individuos, sobre un millón de cuestiones y realmente no nos centramos en los verdaderos problemas que son los que están ahí fuera tío. Creo que nuestro punto de vista está totalmente corrupto por una manera de entender la política que hemos aprendido, y creo que debemos romper con esa manera de entenderla tío, y sinceramente, esto es que no es un problema ni hay culpas de invididuos que sean responsables de todo esto. Todos, absolutamente todos, hemos caído en la misma manera de entender la política, es que es normal, es que no había otra forma de suponer y comprender el control al final de la realidad que nos rodea. Si nos ponemos a pensar en tareas imposibles de abordar como: ¿que es hacer la revolución? ¿que es establecer un poder militar? ¿sobre qué es el nuevo poder?»

El problema consiste en que hemos entendido mal la política, una “política corrupta” es lo que desarrollamos como organización (o en general, como comunistas). Se trata de otra cosa. ¿De qué se trata? No se nos aclara realmente aunque algo más adelante se nos hace una exposición misticista de algo que quizá es una “política no tóxica”.

Nuevamente, se da “demasiada importancia a los análisis”, ¿cómo puede un comunista sostener eso? ¿cómo puede además hacerlo en un momento donde no hay un referente claro como podría ser la Internacional hace un siglo? Se trata de la consecuencia última de no afrontar las duras tareas que nos esperan, buscar un atajo, o pretender buscar un atajo. ¡Salir a la calle! ¡Ayudar a nuestra clase! No se trata de nada original, como ya hemos dicho. Muchos lo han hecho ya y muchos lo siguen haciendo hoy sin dárselas de que han reformulado la política comunista y están desarrollando una nueva cosmovisión revolucionaria. ¡Se llaman como mucho activistas!

Pero esto puede degenerar más:

«[…] las verdaderas tareas políticas, las dejamos de lado, por eso se ponía a colación el audio de I. , porque deberíamos tener vergüenza de estar a esto, cuando nuestras verdaderas tareas políticas son ayudar a nuestra clase, pero claro, nuestras verdaderas tareas políticas ahora mismo no son ayudar a nuestra clase, es darle la importancia, al fin y al cabo, a la personalidad, a las reflexiones, a la concepción errónea de no se qué y no se cuantos, a los espacios de socialización, cuando todo esto debería ser mucho más natural, no se debería reflexionar horas y horas sobre espacios de socialización, deberíamos tener super claro que para ser buenos camaradas tenemos que vivir juntos, y sentirnos, y querernos y follarnos, y punto y no hay más problema. Pero sin embargo reflexionamos, sobre que son las relaciones, que es la camadarería, sobre no se cuantos… y damos vueltas y vueltas, y más vueltas, sobre los mismos problemas, y eso al final nos hace no avanzar. Podemos ser los mejores psicólogos del mundo ahora mismo, podemos tener una comprensión súper viciada de las relaciones sociales, ¿pero y qué pasa con nuestra clase tío? ¿qué pasa con las verdaderas tareas que están ahí fuera que no son tan fáciles de abordar?»

La misma persona que un rato antes no sabía cuáles eran las tareas de los comunistas ahora asegura que son “ayudar a nuestra clase”. Si se refiere a ayudar a que encuentren la senda de su autoemancipación como elemento para la emancipación de la realidad, de acuerdo. Pero por experiencia hemos visto que aquí “ayudar” es desarrollar asistencialismo y honestamente llorar la miseria de quien vive en la calle o está a las puertas de ello.

¡Todo debería ser más natural! ¿Pero acaso la naturaleza humana no es social? ¿No es un reflejo de la ideología dominante en cada época, que sin duda hoy aquí es la idelogía burguesa? ¿No se está diciendo en resumidas cuentas que las claves de relación entre comunistas tienen que ser burguesas? ¡Es que desarrollar una camaradería sólida, militante y no caer en amiguismos es complicado! ¡Demasiado hemos querido analizar eso! ¿Acaso no puedo simplemente llevarme bien con gente que dice ser tan comunista como yo?

¿Y qué pasa con nuestra clase? Pues pasa lo de siempre, que seguirá huérfana de las herramientas para emanciparse, ya que quienes deberían trabajar por la reconstitución del Partido Comunista prefieren dedicarse a hablar de que deberíamos follar todos con todos. Nadie le impide a usted, señor renegado, follar con quien se lo permita, pero no intente hacer pasar esto por algo relacionado con la emancipación de nuestra clase.

Desde luego, si los “balances absurdos” y los “análisis y más análisis” se van a cambiar por reflexiones de charlatanes sobre política, relaciones sociales y sexualidad… nuestra organización solo puede insistir en las tareas que se ha marcado, trabajando por transformar la realidad analizándola, y analizar la realidad transformándola.

 

4- Medidas

En la medida en que ya se dejaba claro al inicio que no se trata este de un problema resuelto por la vía organizativa, sino meramente aplazado con la expulsión de un número determinado de elementos reaccionarios. Debemos dar el siguiente paso y reflexionar sobre las vías concretas de lucha contra estas tendencias en etapas previas a su manifestación con cierto grado de poder político. Esto es, combatirlas mejor y más prontamente.

Los detalles concretos de la campaña de rectificación pertenecen a la vida interna de nuestra organización, pero sí nos parece interesante señalar los principios generales de esta campaña, que se podrían resumir de la siguiente manera:

  1. Comprensión en toda medida del fondo político e ideológico de la polémica, trascendiendo los límites de la superficialidad orgánica y/o demagoga.
  2. Comprensión profunda de los principios del centralismo democrático en su aplicación en el seno de nuestra organización.
  3. Constatación práctica del cumplimiento de estos principios y su asociada disciplina y diligencia en el trabajo militante.
  4. Comprensión del elemento de lucha constante en todos los sentidos, comprensión de la necesidad de polémicas como esta para avanzar como militantes y colectividad, lucha contra la idea de “desarrollo armonioso”.
  5. Aprehensión de la necesidad militante de tomar la iniciativa en la lucha de líneas, no pretender ser actores al margen de un conflicto.

 

«Las distintas ideas incorrectas que existen en esta organización del Partido tienen su origen, como es lógico, en el hecho de que la base de dicha organización está compuesta, en su gran mayoría, de campesinos y otros elementos procedentes de la pequeña burguesía; pero el hecho de que los organismos dirigentes del Partido no hayan combatido de manera coordinada y resuelta esas ideas incorrectas, ni hayan educado suficientemente a sus militantes en la línea justa, es también causa importante de su existencia y desarrollo» Sobre la rectificación de las ideas erróneas en el Partido, Mao Tse-tung

Se hace camino al andar

Acerca de la acción política realizada el 24 de diciembre

El camino recorrido

El fin de semana del 24 y 25 de diciembre algunas de nuestras camaradas realizaron una acción política en las calles de Madrid. Esta acción no consistió únicamente en la realización de varios repartos de comida a lo largo de dichos días, sino que sobre esos repartos se asentaron todo un conjunto de tareas políticas que consideramos necesario exponer. En primer lugar, y antes de entrar en una explicación más detallada de cuáles eran estas tareas y los objetivos a los que respondían, nos gustaría explicar cuál fue el desarrollo de la propia acción.

El 23 de diciembre organizamos varias recogidas de comida simultáneas en dos barrios de Madrid. Con estas recogidas se buscaba conseguir el alimento necesario para poder realizar los repartos del día siguiente. Un puesto de recogida de alimentos se situó en el barrio de Carabanchel, y el otro en el de Tetuán, barrios cuya composición de clase es principalmente obrera. Los resultados de esta recogida fueron mucho más que positivos. En apenas unas horas de trabajo, la solidaridad de las personas que colaboraron consiguió reunir un total de más de 300 kilogramos de comida.

Muchas de estas personas se interesaron por la acción que estábamos realizando y por su posible continuidad. Sobre todo en el barrio de Tetuán, pues nos situamos en uno de los Mercadonas donde el Hogar Social Madrid solía organizar sus propias recogidas. No nos reconocían como «los de siempre», y muchas personas, tras interesarse en nuestro proyecto y en sus diferencias con el HSM, decidieron colaborar e incluso establecer un contacto para seguir colaborando en un futuro.

Tras este primer paso, llevamos la comida recogida a casa de una de nuestras camaradas, donde grabamos un vídeo llamando a participar de esta acción a toda persona que quisiera colaborar. Esta parte resulta fundamental para comprender la propia acción. Fue mucha la gente de diversos colectivos, entre ellos comunistas, asociaciones y personas no organizadas, la que se animó a colaborar con nosotras, participando de los diferentes repartos que finalmente llevamos a cabo.

El 24 de diciembre nos centramos principalmente en la preparación de todo lo necesario para poder realizar los repartos aquella misma noche. Gracias a todos los alimentos que recogimos, pudimos preparar alrededor de doscientas raciones que incluían pasta con carne y tomate, entre tres y cuatro piezas de fruta, agua, un trozo de pan y algo de dulce. Varias panaderías colaboraron también con barras de pan, con lo que adicionalmente también se hicieron bastantes bocadillos que, igualmente, se pudieron repartir.

Finalmente, a eso de las siete de la tarde, se estuvo en disposición de poder comenzar con los repartos. Se configuraron varios grupos de trabajo, pues se pretendía llegar al máximo número de zonas y de personas posible. Algunas compañeras estuvieron repartiendo por la zona Centro, abarcando todo lo posible entre la Plaza de España, Templo de Debod, Gran Vía y Preciados. Otras compañeras se centraron en la zona más circundante a la Plaza Mayor, en la cual duermen cientos de personas cada noche. Por último, otro grupo pasó la noche en el descampado que hay tras la estación de Chamartín, un lugar donde viven unas treinta familias en pequeñas tiendas de campaña.

Sin embargo, el trabajo realizado ni empezaba ni terminaba con este reparto de comida. Sobre la base de este primer contacto establecido con estas personas se iniciaba una conversación en todos aquellos casos que fuera posible. Muchas de ellas relataban su historia, comentando cómo se habían visto abocadas a vivir en esa situación. Personas que en algún momento fueron empleadas por la propia industria y el comercio, pero que tras ser expulsadas del trabajo, y tras años en paro, fueron condenadas al frío, el hambre y la miseria de la calle. Una calle que, a la vez que un lugar de lucha, es una permanente amenaza para el proletariado, más aún en las condiciones actuales del sistema productivo, y en la que es muy sencillo entrar pero de la que, por lo que ellas mismas nos contaban, resulta imposible salir.

Existía un claro nexo común entre sus testimonios, pues todos incluían la total falta de esperanza en una sociedad que las había dado de lado, vejado y despojado. Habían sido totalmente repudiadas por sus familias, y la reincorporación a la producción no era ya una opción. Sin embargo, algunas de estas personas eran conscientes de la realidad social que comparten, y de la fuerza que podían conseguir si se «unían». El potencial revolucionario en sus palabras era un hecho, y nosotras, como pretendidas comunistas, tenemos que estar a la altura de la tarea histórica que tenemos por delante.

La existencia de personas en paro y en riesgo de pobreza, y la directa pobreza sin esperanza que sufre toda una capa de la población es una consecuencia del sistema social bajo el que vivimos, y una condición necesaria para que este se reproduzca. Por tanto, acabar con esta inseguridad continua de la clase trabajadora y con la miseria pura a la que amplias capas de ésta a lo largo y ancho del mundo se enfrentan, pasa únicamente por la construcción de un nuevo orden social donde estas situaciones no tengan cabida.

El día 25 de diciembre continuamos con la acción, dado que no repartimos toda la comida el día anterior. Primero estuvimos de nuevo en Chamartín, en el descampado anteriormente descrito. El origen de la mayoría de familias era del Este de Europa, en su mayoría de Rumanía o de Bulgaria. Pudimos hablar en extenso con algunas de las personas allí presentes, ya que una camarada sabe hablar el idioma. Estuvieron dialogando sobre sus condiciones de vida, parcialmente diferentes a las descritas anteriormente , aunque ambas compartan el frío de la calle. Nos describieron que pasaban varios meses seguidos en el Estado, viviendo de pequeños trabajos y de la caridad, y reuniendo un mínimo de dinero para poder mantener económicamente a sus familias, a las que habían dejado en sus países de origen. Cada cierto tiempo realizaban un largo viaje en autobús para reencontrarse con ellas y entregarles el dinero recogido, tras lo que volvían de nuevo al Estado, en un ciclo de vida que no tenían perspectivas de poder romper. También repartimos algo de ropa entre ellas, pues nos habían pedido algo de abrigo y mantas.

Tras esto, fuimos de nuevo a la Plaza Mayor, donde no dejó de contrastar la situación que nos encontramos la noche anterior con la de aquella mañana. Un gran mercado navideño repleto de gente copaba la Plaza, pareciendo ocultar a las cientos de personas que pasaron allí la noche anterior. Prácticamente bajo cada arco había algunas cajas de cartón que esperaban a ser recogidas por la noche para dormir. La última de las personas sin techo con la que tratamos habló de lo dura que era la calle, especialmente en esas fechas.

Por el día, completamente olvidadas, pese a la gente que les rodea.                                                                                   Por la noche, completamente solas, bajo un frío invernal al que no todas sobreviven.

Y sin embargo, esta última persona, tan maltratada y olvidada por la sociedad en que vivimos, hablaba de esa «unidad» de las desposeídas en y por un proyecto de transformación social común, como la única esperanza para salir de la situación en la que se encuentran. Y fue ella la que, pese a la situación en que vivía, terminó dándonos ánimos a nosotras para continuar en esta lucha. Porque no tenemos derecho a fracasar. «Seguid luchando, porque tarde o temprano ganaremos»

Callejones sin salida

Demasiadas veces se ha repetido la manida undécima tesis sobre Feuerbach de Karl Marx y pocas veces nos paramos a reflexionar el significado político de lo que afirma: «de lo que se trata es de transformar la realidad». Y de no comprender correctamente ese aforismo, aparecen dos desviaciones en la práctica política: el pragmatismo cortoplacista y los intentos mecanicistas de transformación inmediata y total de la realidad.

El pragmatismo no analiza la coyuntura desde una perspectiva general, desde un plano histórico, internacional y social. De hecho, su base es la carencia misma de ese análisis. Simplemente se centra en un aspecto de los problemas que encuentra en la realidad diaria. El pragmatismo es parte del cuerpo del reformismo que vemos a diario. Es también la justificación del «mientras tanto», que si bien es consciente de la necesidad de actuar en contra de la miseria que sufre la humanidad (muchas veces exclusivamente de partes de la misma), no va a la raíz de los problemas. Obviando así la unidad del análisis y transformación de la realidad en su conjunto.

Muchas veces suele decirse que «mejor que la gente coma hasta que llegue la revolución». Desde luego que mejor que la gente coma a que la gente pase hambre. Pero el que da más importancia a la limosna que a terminar con el hambre, no está realmente luchando por que la gente coma. Está sosteniendo de facto el sistema que, de forma inherente, crea el hambre. No es incompatible el apoyo a situaciones de emergencia con la organización de una Revolución. Es más, no hay apoyo efectivo más que en el prolongado proceso de preparación de la revolución. Lo que es inviable es predicar que ¡ahora! hay que dar de comer y ¡mañana! (o la semana que viene, o el año que viene o realmente jamás) nos preocuparemos por la Revolución. Si la Revolución no se organiza cada día, cada hora y cada minuto, esta no va a caer del cielo, ya que solo puede ser resultado de su propia organización. Paliar los problemas concretos que puede sufrir la clase obrera y las grandes masas tiene que verse desde la necesidad de organizar la Revolución y en el proceso de su organización.

El problema es complejo, pero la clave es no ver los “problemas inmediatos” y los “problemas revolucionarios” como cuestiones separadas (o unidas pero sin establecer sus relaciones mutuas), sino como cuestiones profundamente relacionadas, y por relaciones definidas. El pragmatismo solo piensa en el ahora, sin apoyarse en el pasado ni en el presente para poder conquistar nuestro futuro. Por ello, pese a sus ingenuas buenas intenciones, no puede resolver los rompecabezas que llevan asolando a la humanidad miles de años (1).

Pero además del pragmatismo, hay otra perspectiva que predomina, el dogmatismo, que le da la vuelta al pragmatismo (o practicismo). En los intentos de la práctica política solo lleva a la frustración, de ella al sectarismo y a la conformación de grupos endogámicos. Mientras que el pragmatismo solo ve lo inmediato, existen otras camaradas que no saben jugar las cartas que les han tocado, que pretenden organizar una Revolución mediante una mera aplicación doblemente mecanicista de concepciones teóricas generales -tendiendo así a la abstracción- sin adecuarse en ningún momento a las condiciones y particularidades de su ‘propia’ formación social.

Por una parte, desprecian el estudio directo de la realidad que les rodea y que se proponen transformar, dedicándose únicamente al balance de otras experiencias históricas. Para construir conscientemente un movimiento revolucionario es necesario realizar un análisis de la situación tanto objetiva como subjetiva de las diferentes clases y las capas que las integran, un conocimiento que debe sintetizarse con lo aprehendido de dicho balance. Ambos son componentes esenciales para el desarrollo de dicho proceso.

Pero, por otra parte, este pretendido balance que realizan es una distorsión de la realidad. Está adaptado a una serie de esquemas predefinidos de los que siempre parten. Por ello, no analizan consecuentemente estas experiencias, sino que intentan materializar en la historia un esquema limitado, en pos de legitimarlo. No es, por tanto, un verdadero balance, capaz de extraer lecciones de manera integral para la construcción de un movimiento comunista cualitativamente superior.

El dogmatismo se trata de una desviación común, por desgracia, que es en gran medida resultado de la escasa y/o mal analizada experiencia política. ¡La política se basa en resolver problemas complejos! Y la resolución de dichos problemas requiere de cuadros políticos dirigentes, de camaradas entrenadas y capacitadas para ello. Esta forja de cuadros pasa, inevitablemente, por conocer transformando mediante la praxis política la realidad social vigente. Estamos construyendo un mundo nuevo en una situación histórica determinada, y por lo general, caminaremos por un sendero en donde no todos nuestros pasos los habrán dado otros antes.

El dogmatismo es pues, un obstáculo de primer nivel. Las fórmulas memorizadas, los esquemas, las frases repetidas como una letanía… todo ello tiene poca utilidad política. Desde luego la formación revolucionaria en la teoría de vanguardia es imprescindible, ¡a dónde iría un barco sin brújula! Pero menospreciar la política como simplemente “poner en práctica la teoría”, como plasmación unilateral de la segunda, es un error de base. Asimismo, grandes disputas teóricas son resultado del combate político. Por otra parte, en tanto que la teoría va ligada a la práctica, tener elaborada la primera no es condición suficiente para resolver una determinada problemática, pero sí necesaria. Aunque tampoco debemos olvidar que la propia teoría se desarrolla, se enriquece y evoluciona a través de la praxis.

El pragmatismo solo ve el actuar hoy, dejando de lado la conquista del mañana. La desviación opuesta, cree tener muy claro por qué actuar y para qué hacerlo, pero ignora o menosprecia el acto concreto de transformar la realidad y de conocerla y, en consecuencia, cae en una incapacidad política que termina por derivar en dogmatismo, sectarismo y aislamiento endogámico.

Históricamente, y aún en la actualidad, el MCE se ha ido desarrollando en diferentes direcciones ideológico-políticas. Pese a estas disimilitudes, todas ellas comparten un elemento común, la investigación deficiente -o directamente nula- de los sectores obreros que se han visto, y siguen viéndose, más afectados por el capitalismo. Ese sector de las amplias masas que oscilan peligrosamente sobre la pobreza, aquellas llamadas por Rosa Luxemburgo como la cuarta capa del ejército industrial de reserva proletario.

Una parte de las masas trabajadoras y desempleadas han sido condenadas a la miseria por la sociedad burguesa por ser superfluas para la valorización del capital. Quien no puede ser empleada productivamente (es decir, lucrativamente), no es. Se las condena, por lo tanto, a la pobreza en el sentido específicamente moderno del término. Es decir, a la exclusión social y al despojo de los medios disponibles en la sociedad. Bajo las relaciones sociales anteriores, por grande que fuese la explotación del productor, no existía una exclusión estructural de parte de la clase de los medios para reproducirse.

«La producción capitalista de mercancías es, pues, la primera forma de economía en la historia de la humanidad, en la cual la desocupación y la indigencia de una capa grande y creciente de la población, y la directa pobreza sin esperanza de otra capa igualmente creciente, es no sólo una consecuencia sino también una necesidad, una condición de vida de esta economía. La inseguridad de la existencia de toda la masa trabajadora, su indigencia periódica, o la miseria pura y simple de amplias capas, son por primera vez un fenómeno normal en la sociedad» (2)

Con ello queremos señalar que, al tratarse de un fenómeno moderno, la lucha contra esta miseria no puede darse como buena conciencia, altruismo o filantropía. Todas ellas operan sin entender que descansa en relaciones sociales actuales, que son asimismo mutables. Para ellas se trata de una inclinación por el ser humano necesitado, necesidad a la que se le supone un carácter antropológico. En oposición, las comunistas declaramos al mismo capital como innecesario, incluso una traba, para el desarrollo de las fuerzas productivas humanas y la organización racional de ellas.

Estaríamos sumidas en una ceguera intensa si no viésemos como este sustrato social es quien sufre de manera más intensa, en sus propias carnes, todas las problemáticas que son producidas por el capitalismo y la sociedad de clases. La falta de un análisis sustancial por parte del MCEe no excluye que haya habido momentos en los que se ha cuestionado el papel revolucionario de este sector de masas. Ahora bien, al no tomarse esta cuestión con la envergadura necesaria, haciendo una investigación apropiada para comprender esta problemática en toda su extensión, siempre se ha acabado recurriendo a un estudio insuficiente, unilateral, a veces predefinido en sus conclusiones y estático en cuanto al contenido mismo, como si el desarrollo y evolución de las clases a lo largo de la historia fuera ajeno a su significado. En dicho estudio se ha considerado a esta parte de la clase productora como el lumpenproletariado, y se ha tachado sus posiciones, o carácter, como enteramente contra-revolucionarias. Se ha olvidado, en definitiva, que en las condiciones adecuadas puede luchar en las filas de la revolución, dependiendo del nivel transformador político que tenga el proletariado sobre la misma.

Por lo tanto, este sector de masas puede y debe ser influenciado, para poder ser dirigido, con el objetivo de unirse a las fuerzas sociales revolucionarias. Hacer esto a gran escala, es cierto, precisa de un Partido Comunista actuante, pero no es menos cierto que excluir a este sector en su proceso de formación lo haría nacer endeble.

¿Hacia dónde?

En aras de este objetivo es totalmente esencial conocer la realidad concreta y cambiante de las masas, pues sólo así se podrá articular una táctica-plan determinada. No nos confundamos, no estamos hablando de teorizar la línea política general (en todas sus formas) a seguir, sino a precisar una parte de esta misma línea general. Es nuestro deber concretar, mediante la recogida y estudio -sintetización de ideas de las masas-, la senda a seguir en este aspecto determinado. En base a esta meta es de total necesidad la elaboración de un análisis de la composición de clase del Estado español. No como las generalidades tan dichas y repetidas, sino como síntesis del estudio y del trabajo directo de todas las capas de la sociedad.

El estudio de este sector de masas concreto tiene tres finalidades fundamentales, estrechamente relacionadas con la necesidad de recoger información para cristalizarla, ulteriormente y de forma consciente, en un análisis de la composición de clase del Estado español, pues no hay en la prensa oficial testimonio del pensamiento de las desposeídas sobre su situación, ni sobre la sociedad que las relega a ella.

En primer lugar, no se trata solamente de ese sector que actualmente vive en la miseria (como un ente aislado), sino establecer un claro nexo entre amplios sectores de la clase obrera que se encuentran oscilantes entre la miseria del trabajo asalariado y la miseria de la calle. Rosa Luxemburgo nos ilustra:

«Al exponer las relaciones salariales capitalistas es completamente incorrecto considerar solamente los salarios efectivamente pagados de los trabajadores industriales empleados, lo que ya es una costumbre, incluso entre los obreros, tomada acríticamente de la burguesía y de sus escribas. Todo el ejército de reserva de los parados, desde los obreros calificados transitoriamente desempleados hasta los más pobres, y el pauperismo oficial, entra en la determinación de las relaciones salariales como factor de pleno derecho. Las capas más bajas de necesitados y marginados, de ocupación insignificante o nula, no son una especie de excrecencia que no integra la “sociedad oficial” como lo plantea, por supuesto, la burguesía, sino que están ligadas por todos los eslabones intermedios del ejército de reserva, por lazos vivos internos, con la capa superior de obreros industriales, colocados en la mejor posición».(3)

Y continúa:

«La pobreza y el lumpenproletariado están entre las condiciones de existencia del capitalismo y crecen con él: cuanto mayor es la riqueza social, el capital en funcionamiento y la masa de obreros empleados por él, tanto mayor también la capa de parados en reserva, el ejército de reserva. Cuanto mayor el ejército de reserva en relación con la masa de obreros ocupados, tanto mayor la capa inferior de pobreza, pauperismo y delito. De modo que, junto con el capital y la riqueza, crece igualmente, de forma inevitable, la cantidad de desempleados carentes de salario y, con ellos, la capa de los Lázaro de la clase obrera (la miseria oficial). Esta es, dice Marx, la ley absoluta y universal del desarrollo capitalista». (4)

Su comprensión es esencial para la constitución de la unidad orgánica que forma el partido, siendo esta misma característica propia de la clase:

«De modo que la situación de las capas más bajas del proletariado se mueve según las mismas leyes de la producción capitalista, se amplía y se estrecha por ellas, y junto con la amplia capa de los obreros rurales, así como con su ejército de parados y con todas las capas desde la más alta hasta la más baja, el proletariado constituye un todo orgánico, una clase social, en cuyas diversas gradaciones de miseria y opresión puede captarse correctamente la ley capitalista del salario en su conjunto». (5)

En segundo lugar, la necesidad de combatir la idea lassalleana, aún hoy presente con otra cara política, de la clase obrera como la única clase revolucionaria, y el resto de clases como una masa reaccionaria (Programa de Gotha). Que la clase obrera sea la fuerza dirigente y principal de la revolución no hace de ella la única fuerza revolucionaria.

«El sector más grande del lumpenproletariado […] Son elementos capaces de luchar con gran coraje, pero inclinados a acciones destructivas; si son bien dirigidos pueden devenir en una fuerza revolucionaria» (Mao). (6)

En tercer lugar, nos vemos en la obligación, mediante esta labor, de destruir una de las ideas hegemónicas surgidas de la actual sociedad burguesa: la visión de las integrantes de esta parte de las masas trabajadoras como pacientes. Nuestra posición es que tal concepción es nociva, puesto que consideramos que todas las oprimidas deben ser vistas no solo en el lugar que ocupan en la sociedad actual (sería mantenernos en los márgenes del estrecho pensamiento burgués), sino en aquel que pueden ocupar en el proceso de transformación revolucionaria. Al mantener esta postura tenemos la obligación de examinar, directamente, el carácter de este sector de masas. Esta práctica social (y política) difiere radicalmente del mero asistencialismo. Aquel que desdeña nuestro trabajo con tal epíteto lo hace porque comparte el elemento contemplativo del pensamiento burgués filantrópico, porque no puede ver en él otra cosa que caridad, no puede ver (ni quiere establecer) sus conexiones políticas con la formación del movimiento revolucionario organizado de la clase. Exactamente la misma deficiencia adolecen quienes no ven en el 24 de diciembre sino festividad religiosa, precisamente por tener tan interiorizado (en forma de oposición “radical”) el pensamiento religioso.

Sobre Proudhon y sus partidarios Marx escribe: «Ven en la miseria solamente la miseria, sin notar su lado revolucionario, subversivo, el lado que derrocará a la vieja sociedad» (7)

En síntesis, el objetivo que ha perseguido, y sigue persiguiendo esta acción, al no ser meramente puntual, sino integrante de un trabajo constante, es el teje de unas relaciones con este sector de masas concreto que durante tanto tiempo ha sido excluido por parte del MCEe, así como por la ‘sociedad oficial’. Es la constatación de nuestro deber de conocer la realidad concreta y cambiante de las masas, y en este caso, de las personas más perjudicadas por el moderno régimen de producción. Expresa por lo tanto la responsabilidad que tenemos como comunistas de comprender cuál es el potencial revolucionario, generado en su transformación desde la ideología comunista, de nuestra clase, y por ello de nosotras mismas. Para poder ser integradas, en tanto sector de masas, en una táctica-plan general, en manos del partido, como programa de la Revolución.

2) Rosa luxemburg, Introducción a la economía política, p. 144-145.
3) Ibíd., 150.
4) Ibíd., 143.
5) Ibíd., 151.
6) Mao Tse-tung, Ánalisis de las clases de la sociedad china., p. 16 https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/AC26s.html
7) Karl Marx, Miseria de la filosofía. Septima y última observación https://www.marxists.org/espanol/m-e/1847/miseria/005.htm

El último cartucho del reformismo

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La voz del filósofo no se dirige confidencialmente al pueblo (que no se ocupa de eso y
tiene pocas o ningunas noticias de sus escritos), sino respetuosamente al Estado,
implorándole que tome en consideración la necesidad popular del derecho.

Immanuel Kant

Como burgueses que son, los filósofos pactan en la praxis con los poderes que, según su teoría, están condenados.

Th. Adorno & Max Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración

Hemos sido sorprendidos por la condensación filosófica más sagaz, en territorio patrio, del pensamiento republicano ilustrado y la Realpolitik populista. Viene esta vez de la mano de Carlos Fernández Liria, vestido con el traje de gala que comparte con Alba Rico y su Guattari particular, Alegre Zahonero. Asisten al funeral del apolillado marxismo de viejo cuño, torpe y pesado para la creación intelectual, senil para la política efectiva (que le es y le será siempre ajena, porque ajeno le es el “sentido común”). No vienen solos. Fernández Liria es acompañado además por un consejero de Estado de Mitterrand (Régis Debray), el filósofo “perfecto” (Kant), varios diálogos socráticos, un poco de mala antropología y teoría psicoanalíticai. Levantarán la bandera del “populismo de izquierdas, la única escapatoria que tenemos” (La Tuerka, min. 24:50). Todo ello en un único libro, “En defensa del populismo”.


Antes de entrar en consideraciones particulares, es notorio un movimiento implícito a lo largo de todo el libro, movimiento que es condición del desenvolvimiento teórico posterior. Fernández Liria se propone acabar con toda conciencia marxista previa, que sin duda le disgusta, repugna y hastía. El marxismo ha pecado. Ha “pensado muy mal la esencia de lo político” (p. 45), descuidó “la lógica de lo colectivo”, según la cual “no hay grupo si no hay religión” (p. 48), no atinó a la hora de llamar “burguesía” a la clase económicamente (¡y solo económicamente!) dominante en la sociedad capitalista (p. 52), pensó el desarrollo social, especialmente su travesía por la India, escatológicamente encaminado al comunismo (p. 75)ii, restringió el concepto de lo moderno a epifenómeno del capitalismo (p. 85), “convirtió” (sí, el marxismo, en la teoría) “insensatamente” a la burguesía en clase protagonista de la Revolución Francesa (p. 86), no ha entendido que ahora los revolucionarios son los ricos y que nosotros (la pequeña burguesía y la aristocracia obrera) tenemos mucho que conservar de este sistema (p. 96-97), se empeñó en que “el derecho, la ciudadanía, la división de poderes, el parlamentarismo, etc., todo el andamiaje, en suma, de lo que llamamos Estado moderno no era otra cosa que la otra cara de la moneda de aquello que se pretendía combatir: el capitalismo”, siendo este “el mayor error del marxismo” (p. 99) y por ello “le regaló al enemigo toda la teoría del Estado moderno y, con ella, todo el pensamiento republicano de la Ilustración” (p. 109), cayó en la imprudencia de querer inventar “algo mejor que la democracia parlamentaria y algo mejor que el garantismo jurídico” (p. 110), creyó ver al hombre nuevo en el espejo y quién sabe cuántas tropelías más. Un negocio ruinoso, en definitiva. Nuestro instructor de educación para la ciudadanía, quién sabe si también asesor económico, recomendará a los todavía marxistas (y a la izquierda radical que bebe de Negri, a la que odia con especial ímpetu porque coexiste en sus facultades) inversiones más rentables.


Si, como señala Lacan, Marx es el responsable de la noción de síntoma, es también el síntoma de nuestro profesor universitario. Por un lado, es el papá al que hay que respetar, figura ejemplar, un papá que además no era marxista. Por otro, tuvo más hijos, marxistas estos sí, hermanos de Liria, hijo bastardo, con los que establece rivalidad para autoafirmarse como filósofo diferenciado de esa vulgar tradición oficial.

Todas estas cuestiones las detallaremos más adelante, pero subrayaremos algo sobre lo que descansan todos esos reproches: la aniquilación del marxismo como concepción del mundoiii. Es reducido a teoría y práctica políticas, en especial en lo tocante a la cuestión del Estado. Así, es tan sencillo como poner de manifiesto su inoperancia actual para refutarlo y consiguientemente desecharloiv. Liria se encuadra en la larga tradición de renegados intelectuales.


Lo político y la política


Antes de aventurarse a presentarnos lo que tiene bajo el brazo, Fernández Liria quiere demarcar muy estrictamente los límites visibles de la Ilustración (o, mejor, del pensamiento moderno), pues quiere asentar su construcción teórica sobre suelo firme. Para comenzar, establece que la Ilustración no es homogénea a ninguna totalidad histórica, temporal. Esto nos permite transitar del Menón de Platón a las “exigencias políticas irrenunciables”, en las que se expresa el proyecto ilustrado, que formulaba la
ONU en 1948.


Como bien señalaba, Razón e Historia no son uno, no caminan en la misma dirección. La primera se topó con un curso histórico que era muy contrario a sus pretensiones. Estas exigencias tuvieron que desengañarse frente a un modelo político “antropológicamente mucho más natural” (p. 31), en el caso griego el Rey poeta. Liria viene aleccionado de casa, no es tan ingenuo como aquellos ilustrados que, detentando la verdad, creían que por ser tal acabaría imponiéndose. Es un tipo más sereno, realista y reflexivo. En política, “la mentira y la verdad tienen condiciones materiales de existencia” (p. 37), no se limitan a divergencias epistemológicas. Los engaños subsisten anclados en todo el entramado vital
de quienes son engañados.


Por suerte para la Ilustración, nuestro profesor conoce la “consistencia antropológica” del ser humano, los “límites antropológicos de la acción política” y nos recomienda varias veces, con Debray, que “hace falta ser un poco antropólogo” (p. 44-46). Así, Liria nos advertirá contra aquellas tentativas políticas cuyos resultados se asemejan a los que obtendría el pez proponiéndose salir del agua. Se acabaron los años dorados de la Ilustración en los que era esperable que la luz de la razón acabase con toda sombra. La superstición, el miedo, la neurosis, la creencia irracional es objetiva, necesaria, “condición de existencia de los agregados políticos” (p. 44). Hasta aquí, lo sustantivo de su argumentación. Le queda derribar el marxismo que pudo ir más allá de ella.


Todo lo anterior el marxismo no lo supo ver. Pensó lo político como correlato pasivo del desarrollo económico (¡para el cual, por cierto, el capital no es un límite!). No se dio cuenta de que “lo político no se modifica sustancialmente con el desarrollo de las fuerzas productivas y ni siquiera con el cambio de modo de producción” (p. 45). Nada del Marx que tiene por objeto de crítica radical todas las formas sociales de la modernidad, hijas del capital como forma total de reproducción social. Una burda desfiguración del marxismo que adolece, respecto a estas dos últimas tesis, cuanto menos de dos grandes insuficiencias.


En primer lugar, se reduce lo político a una matriz formal, en términos preferentemente schmittianos, extensible a toda política singular, para después deducir que comparativamente no se modifica. Es decir, no se evalúa la política desde su práctica, sus fines y sus medios específicos, desde la formación social-económica, la clase, que determina el contenido del proceso, su singularidad, sino que, asumido el necesario desplazamiento populista, se encierra en determinaciones relativas al grado de intensidad
de la asociación y disociación de los hombres en el marco amigo/enemigov. De ahí que pueda poner en la base de todo hecho social, y con él todo hecho político, “una fuerza incontrolada, aparentemente irracional, que no se pliega ni a la lógica, ni a los programas ni a las exigencias de ninguna razón instrumental” (p. 45). De ahí que se pueda desestimar la praxis revolucionaria del partido de nuevo tipo bolchevique como iterativa. En este postulado agonista de la política se esconde su trasfondo democrático-burgués. El antagonismo se reduce a autoinstitución política dentro de la institución política burguesa, a conflicto agónico, haciendo imposible la perspectiva de la eliminación de uno de los contendientes y de las condiciones sociales que producen a ambos y su lucha.


No puede ver diferencias “sustanciales” entre la política pequeñoburguesa de Podemos y la incorporación activa, por vez primera, de grandes masas de explotados a la política bajo la dirección del proletariado y su partido, la creación de instituciones de Nuevo Poder, órganos legislativos y ejecutivos como palanca de la más grande revolución social moderna. Desde luego, no negamos que existan dinámicas imprevisibles e incontrolables, sino que estas sean un obstáculo absoluto para la consecución de los fines y medios que se propone la política comunista, así como las consecuencias que se desprenden de estos (la extinción del carácter político del poder público, entre otros). Liria hace de esta distorsión, de “esta alquimia necesaria” un principio trascendental de las formaciones políticas, haciendo implícitamente trascendentales las formaciones políticas mismas. La posición marxista al respecto, por su parte, no dejó lugar a este tipo de ilusiones:

«las revoluciones, dentro del régimen de división del trabajo, tenían necesariamente que conducir a nuevas instituciones políticas (…) la revolución comunista, al acabar con la división del trabajo elimina por último las instituciones políticas»vi.

En segundo lugar, se habla de cambio de modo de producción, haciendo del socialismo resultado de la Revolución de Octubre algo asimilable a esta categoría marxista fundamental. Aquí, nuestro Kant comparte punto de vista con el marxismo más vulgar. Al hacer del socialismo un modo de producción con su principio de autorreproducción en sí mismo, se lo piensa como desarrollado sobre sus propias bases, autosuficiente, perdiéndose así de vista su caracterización como etapa de transición al comunismo, negando la dictadura del proletariado como “periodo de preparación de las condiciones que harán posible la realización plena del comunismo”vii, debilitando el papel activo del Partido Comunista y dando lugar a su asimilación por el Estado.

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Hegemonía y populismo


El siguiente paso es hibridar la neurosis social con la imposibilidad de cerrazón del círculo de la política. Como este círculo no puede cerrarse desde sí mismo, debe cerrarse desde afuera. Es decir, la autopresentación de las entidades sociales como políticas, del pueblo por sí mismo, es imposible. A esta exterioridad la llama “lo religioso”. Veamos por qué. Fernández Liria ha compartido espacios de todo tipo con el revisionismo (es conocida su abierta admiración por Anguita), ha atravesado movimientos sociales y conoce a la perfección la tónica general del Movimiento Comunista del Estado Español. Un mundo en
el que se juega sobre la base de identidades y siglas, no de ideología revolucionaria, teoría de vanguardia. Pareciera que ha generalizado la tónica general de este entorno a lo político:

«En lo que llamamos “luchas ideológicas” podría decirse que lo que menos hay es ideología. La lucha ideológica nunca es una polémica sobre ideas, sino una rivalidad de pertenencias a grupos» (p. 72).


Como consecuencia, entendemos, no cabe fijar la lucha ideológica como motor de la línea de masas, ni por tanto la política como desarrollo de esta. En último término, desestima la teoría, desanima a sus lectores a desarrollarla para planificar su práctica, imposibilita la construcción de movimiento revolucionario (que, actualmente no puede existir al margen del marxismo)viii. Bajo el desplazamiento populista, la “superstición” que “no se puede eliminar” (p. 159), conduce a la caracterización del ser humano como “ser chapucero, finito y modesto” (p. 148). Esta pone en circulación la materialidad religiosa del discurso político populista que Liria quiere hacer extensiva a lo político, ocultando su claudicación ante la ideología burguesa. El cinismo pretendidamente realista le sirve para aleccionar a sus compañeros de profesión, esa “casta de intelectuales académicos”: “Populismos siempre va a haber. No hay que rasgarse las vestiduras” (p. 161). Otra vez más, el oportunismo se escuda en “lo menos malo”, aquello que violenta y fuerza a escoger entre alternativas preestablecidas, todas ellas internas al mundo burgués, formas diversas de un único comando del capital sobre el conjunto de la reproducción social: distintos populismos, el de izquierdas o el de derechas, y su posible deriva fascista.


Para introducir más ampliamente la problemática populista, nuestro Kant recurre a la “hegemonía”, guiñando un ojo a Gramsciix. La hegemonía consistiría en la apropiación del sentido común, la vivencia por parte de la mayoría de la población de intereses específicos (clasistas) como generales. Este factor sería más determinante que el coercitivo, que relega exclusivamente a épocas de descomposición política (p. 51). La lucha política se centraría en “instalarse en el sentido común de la población” (p. 52). El significado práctico de esta consigna es manifiesto: reducir las exigencias de la política, tanto en propaganda como en agitación, a lo que actualmente es aceptable por el sentido común más adocenado.


El comunismo revolucionario, aquel que Fernández Liria repudia por ignorar, tiene otra cosa que decir. La hegemonía supone un terreno común, un posible campo de acción y pensamiento compartidos. Es por ello que no hay hegemonía ideológica admisible del marxismo sobre la burguesía como clase y su Estado, exclusivamente antagonismox. Es aquí donde nuestro citoyen hace trampa: la lucha política no se reduce a la lucha por la hegemonía, sino también y, principalmente, a la lucha en torno al poder del Estado. Encubriendo tácitamente este hecho pone el Estado como entidad neutral que se disputan las clases en pugna, algo que también pueden hegemonizar junto al sentido comúnxi. Deja de ser aquello que la revolución popular requiere destruir, y pasa a ser una institución que podemos poner al servicio de la Ilustración.


En cuanto a la conquista del sentido común, es preciso hacer un apunte. Los marxistas no entendemos el sentido común como objeto indiferenciado de apropiación. Para desarrollar política, y política de clase, el Partido Comunista tiene que nacer dentro del proletariado (no desde su movimiento espontáneo). Requiere la fusión del ideario comunista con los elementos más avanzados de la clase para constituirse, la actuación política de la clase como clase revolucionaria contra todo el régimen político y social existentexii. Es por eso que nuestra línea de masas no se dirige indistintamente al “sentido común”, sino a los elementos de la clase más avanzados, diferenciando en este proceso etapas con tareas diversasxiii. Actualmente, sin embargo, este paso no ha sido completado. Ni siquiera se ha desarrollado la ideología comunista a la altura de las exigencias de nuestra épocaxiv, menos aún ha sido traducida en Línea, Programa y Organización. El oportunismo de todo tipo aprovecha este hecho para parodiar el marxismo afirmando que con la ideología solamente, tal como la hemos heredado de la historia del movimiento obrero, no transformaremos ninguna relación social. Es tan cierta esta afirmación que somos los marxistas consecuentes quienes la asumimos con mayor seriedad.


Lo que piensan las masas

Fernández Liria y el marxismo de viejo cuño tienen una convicción común: las masas ni piensan ni pueden pensar. La teoría revolucionaria no tendrá influencia social. Uno lo sostiene porque ve en las masas únicamente un conjunto de intereses constituidos en torno a pertenencias y asentado en la apelación al sentimiento y la creencia. Otro porque ve en el movimiento espontáneo de la clase un camino suficiente hacia su emancipación. En cualquier caso, las masas, siguiendo a Platón, siempre hablarán el lenguaje de las sombras, las sombras de una luz que solo los filósofos pueden ver. Nosotros, en oposición, extraemos de las condiciones actuales de la lucha de clases las etapas, y tareas aparejadas a cada una de ellas, encaminadas a la reconstitución del Partido Comunista en el Estado Español, es decir, del proletariado consciente capaz de desplegar su praxis revolucionaria. Esta elevación de las masas de la clase al nivel de la conciencia comunista es condición de la incorporación de las grandes masas a la política, condición de la
dirección efectiva del proceso revolucionario por el proletariado, de su configuración como proletariado revolucionario. Lenin lo expresa como sigue:

«Nosotros, después de todo, en medio de la masa del pueblo, somos como una gota en el mar, y sólo podemos gobernar si sabemos expresar con acierto lo que el pueblo piensa. Sin esto, ni el partido comunista conducirá al proletariado ni el proletariado conducirá a las amplias masas, y toda la máquina se desmoronará»xv.


Con la ideología no es suficiente. Esta debe ser traducida en Línea política, esbozo general de las tareas históricas del proletariado, piedra de toque para la asunción de las bases y principios del marxismo. El Programa, en la medida en la que avanza la reconstitución, plasma el desarrollo singular de la Línea, resultado del trabajo partidario de masas encaminado a la consecución de la primeraxvi. Cuando ambas confluyen, cuando sean una y la misma cosa, es decir, estén formuladas como Programa de la Revolución socialista en el Estado Español, el Partido Comunista culmina su reconstitución y puede plantear este
Programa de la revolución como exigencia actual del movimiento de masas, orbitando ya sobre la unidad política de la clase, movimiento revolucionario organizado, que es el Partido.


En este sentido, “expresar con acierto lo que el pueblo piensa” está muy lejos de doblegarse a lo que piensa ahora, cuando lo subyuga la ideología burguesa y la práctica reformista. Es precisamente hacer viva la conciencia comunista, actuante políticamente, único medio para encaminar el antagonismo entre burguesía y proletariado al alcance de su influjo social, la construcción activa de la dirección proletaria del proceso de transformación revolucionaria. Por ello, podemos desechar otra de las críticas recurrentes
del populismo al marxismo: su identificación ingenua entre clase social y agregado político. La clase obrera, en su reproducción espontánea, es una categoría inmanente a las relaciones sociales de producción del capital, personificación de estas y en ningún caso trascendente a la sociedad burguesa. Por el contrario, en el Partido Comunista no subsiste el proletariado tal como era antes, en su disgregación política y conformación corporativa. Tan solo resta el proceso revolucionario de la clase encaminado a acabar con la miseria propia, su eterna condición de clase asalariada y subyugada al poder burgués, y las condiciones de vida que la engendran, tanto a ella como a una humanidad dividida en clases sociales. Marx expresó genialmente que la clase obrera es revolucionaria o no es nadaxvii. Hoy podemos decir: la clase obrera lucha como Partido Comunista o no es revolucionaria, es decir, no es nada.


Lo nuevo de la clase obrera


Para Fernández Liria, el término burguesía “resulta cada vez más problemático” (p. 52). Y todo ello porque “una enorme proporción de asalariados son, al mismo tiempo, accionistas empresariales” (Ibid.). Eso nos lleva a la conclusión de que “la lucha de clases atraviesa ahora (sic!), por tanto, a los propios ciudadanos” (Ibid.). Se ha vuelto complicado “distinguir clases sociales como quien distingue equipos en un partido de fútbol” (Ibid.). Semejante analfabetismo en materia de marxismo es abrumador. Entendemos que no haya podido abordar con seriedad el estudio del aparato categorial marxista mientras estaba ocupado en estudiar a autores serios como Montesquieu, Rousseau y Kant. 
Frente a esta confusión analítica de nuestro republicano, será preciso esclarecer hasta las nociones más básicas. La definición marxista fundamental resume escuetamente el concepto de clase social:


«Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que en su mayor parte las leyes refrendan y formalizan), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo de percibir y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse del trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social»xviii.


Estas delimitaciones generales del concepto “clase social” están en la actualidad perfectamente vivas. Sin embargo, nos encontramos frente a dificultades analíticas a la hora de determinar la pertenencia de sujetos individuales. Esto se debe a que dentro de las grandes clases de la sociedad burguesa, existen osiciones de clase de dos tipos, principalmente: las polarizadas (coincidentes con las clases stricto sensu) y contradictorias (disposiciones híbridas o mixtas)xix. A nuestro abjurador le basta la indicación de una situación de las de segundo tipo para hacer borrosas las demarcaciones de clase, para confundir a la clase capitalista, propietaria de capital que vive de la apropiación de trabajo ajeno, a la pequeña burguesía y el sector más aburguesado de la clase obrera con la mayoría social de desposeídos, excluidos de la riqueza social objetivamente producida. No seremos tan ingenuos de figurarnos que su desliz se pueda reducir a un “error epistemológico”. El enfoque tiene años:

«el oportunismo tendió siempre, por una parte, a presentar como muy profundas las estratificaciones económicas objetivas en el seno del proletariado, y, por otra, a acentuar el parecido de la “situación vital” de las diversas capas proletarias, semiproletarias, pequeñoburguesas, etc., de tal modo que la unidad y la sustantividad de la clase se perdieran en esa “diferenciación”»xx.


El hecho de identificar las múltiples situaciones vitales lleva a negar la unidad del ser social que es presupuesto de la unidad de conciencia y acción de la clase, esto es, su partido. En el caso de Liria tiene un trasfondo más amplio, visible en sus lamentaciones de pequeñoburgués:

«¿Es una utopía lograr que los jóvenes mejor formados de la historia de España no tengan que emigrar para trabajar de camareros en Alemania o en Laponia? ¿No es esto un increíble despilfarro de capital humano, como suele decirse? ¿Es una utopía lograr que haya profesores y médicos? ¿Es una utopía intentar, por ejemplo, que haya un verdadero turno de abogados de oficio en este país, que funcione con eficacia y dignidad?» (p. 134).


Las preocupaciones sociales de este citoyen metido a antropólogo destacan por restringirse a sectores privilegiados y opulentos del salariado con condiciones de vida pequeñoburguesas, directamente beneficiados del carácter imperialista del Estado español. Los inmigrantes y su miserable situación también le preocupan, pero sólo en términos humanos. En política tienen poco que decir. La base social pequeñoburguesa de Podemos, de la que Liria es vocero, no se piensa como clase política, sino que querría incluir dentro de su movimiento todos los sectores proletarios, semiproletarios, etc., en aquello que engloban en “los de abajo”. Y no en términos reales, incorporándolos a su política, a sus organizaciones y organismos. La pequeña burguesía ni tiene ni tendrá la capacidad de dirección de la mayoría de los explotados. Tampoco la de dominio sobre el Estado (sí influencia, hoy por lo demás visible). Solo le queda la apelación a la buena conciencia del aparato burocrático del Estado moderno.


La sentencia del proletariado le aterra: “destrucción de todo mecanismo estatal burgués de abajo arriba -parlamentario, judicial, militar, burocrático, administrativo, municipal, etc.”xxi. Eso que el marxismo quiso inventar como “algo mejor que la democracia parlamentaria” es la enseñanza práctica, históricamente viva, de la Comuna, confirmada por la Revolución de Octubre.


¿Y el Estado qué?

“La teoría del Estado moderno no está tan mal pensada, que es, incluso una idea muy buena” (p. 89), nos informa. Cuando nos habla de la ausencia de teoría marxista del Estado, cuanto repite machaconamente que el marxismo regaló la teoría del Estado, su finalidad es única: barrer el terreno para poder hablar en contra de todo lo que la tradición comunista y revolucionaria ha dicho y hecho respecto al Estado en su nombre. El filósofo nos advierte de que, aunque el Estado y la “dictadura económica capitalista” surgiesen a la vez, “hay que pensarlos por separado” (p. 90-91). Con pensarlos por separado no se limita a criticar a cierto marxismo vulgar que diluye ingenuamente lo político en lo social. Se trataría de dos dinámicas contrapuestas, una encaminada a ser soporte material de la libertad encarnada por la ilustración, otra a desvirtuar aquel muy bien pensado proyecto. El poder económico tendría “secuestrado” al poder político, por lo que este habría dejado de ser “poder”. Bella metáfora, por lo demás. El citoyen tendrá por deber rescatar al Estado de sus secuestradores.


En esta cuestión, las citas de Marx se le acaban. Su bibliografía sobre el Estado debe de estar repleta de textos de Kant y, al parecer, aquel de Althusser en el sostiene que Marx jamás elaboró una teoría del Estado. Nosotros no nos contentamos con eso. Marx dijo no precisamente poco al respecto, y el olvido interesado de ello es una concesión a la teoría del Estado del enemigo, esta vez sí. Las bases materialistas de la teoría fueron firmemente asentadas:


«Es siempre en la relación inmediata de producción entre el propietario de los medios de producción y el productor directo (…) que hay que buscar el fundamento escondido de todo el edificio social y, por consiguiente, de la forma que asume la relación de soberanía y dependencia, en fin, la forma específica que reviste el Estado en un período dado” xxii.

La función del Estado moderno, de derecho o no, como garante de la relación salarial queda también al descubierto. Pero poco importa esto al filósofo. La proletarización de sectores de la aristocracia obrera, la pérdida de sus privilegios obtenidos a expensas del proletariado de los países oprimidos, ampliamente mayoritario a día de hoy a escala mundial, lo tiene gravemente preocupado. Para él, las conquistas de la lucha obrera se limitan a la legislación estatal obtenida en los estados imperialistas. Las revoluciones proletarias no fueron conquistas, al parecer. La deducción lógica es simple: “Acabar con el Estado hoy en día sería como dejar a la clase obrera en pelotas” (p. 94). Pero… ¿a qué clase obrera? ¿Aquella oprimida por el aparato burocrático militar estatal? ¿Aquella condenada a trabajar para el capital por lo necesario para reproducirse como clase explotada? ¿O, quizás, aquella que, oscilando en torno a las condiciones de vida pequeñoburguesas, ve en el Estado el garante de su posición social previa y, por ello, el garante del orden social burgués? Ahora entendemos por qué “el colmo fue ya el antiestatalismo de la tradición marxista» (p. 140).


La única respuesta, oposición entre ilustración republicana y capitalismo. La razón podrá tener más espacio de actuación bajo condiciones no capitalistas. La razón conquistó “el sufragio femenino o la ley del divorcio” (p. 105), aunque la política no sea resultado de esta. El resultado inmediato de la deshistorización de la política: su desvinculación con los intereses de los diversos grupos sociales clasistas. El único cobijo que encuentra en la política es aquel que deja “más sitio” a la razón (p. 107), un orden jurídico que se pueda regular exclusivamente conforme a la ley misma, librándonos de tiranías varias. El filósofo nos empuja a la subsunción de todas las dinámicas de la economía social en un “tinglado legislativo” que “sirva de norma y de medida a cualquier sociedad y cualquier época” (p. 115). Queda anulada la posibilidad de la concepción unitaria del desarrollo histórico, en beneficio del dualismo que nos permitiría poner instituciones políticas, coyunturales, al servicio de la consistencia y torpeza antropológica humana. El absurdo, fiel producto de la abstracción política moderna, acaba en razonamientos como este, con paráfrasis de la célebre cita de Marx («un negro es un negro, solo bajo determinadas condiciones se convierte en un esclavo»): 
“un Parlamento es un Parlamento, solo bajo determinadas condiciones se convierte en una estafa” (p. 123).


El problema viene cuando se evidencia que el ser un medio para la instauración de una organización comunista del trabajo social, armar a los obreros y desarmar a la burguesía, servir a las amplias masas explotadas y a los intereses de los obreros revolucionarios no es una posible propiedad relacional del Parlamento (y del parlamentarismo como política), mientras que ser otra cosa que esclavo (también asalariado) sí lo es de cualquier ser humano. No nos encontramos sino ante otra víctima de la abstracción política. La verdadera vida es para él la del ciudadano abstracto que ha de serlo independientemente
de toda determinación social, material (¡es por ello que está convencido de que “no se puede hablar de ciudadanía ahí donde no hay independencia civil”! (p. 63)), la del hombre igual en el cielo político. Como lo asevera Marx:

«Al establecer de manera real su existencia política como su existencia verdadera, la sociedad civil burguesa ha planteado al mismo tiempo como inesencial su existencia de sociedad civil burguesa en tanto que difiere de su existencia política»xxiii.


Este es el único significado del rechazo al capitalismo por parte de nuestro Kant, cuando afirma que “el  capitalismo no es compatible con la ciudadanía” (p. 230-231): descartar aquello que difiere de la existencia política ideal de la república burguesa, es decir, la sociedad civil burguesa en su conjunto, que no es libre ni igual, desde la imagen que arroja de sí su Estado político separadoxxiv. El asunto llega al delirio de permitirse sostener que “lo que hemos tenido hasta ahora no ha sido un Estado moderno, sino capitalismo” (p. 236). Un rechazo del capitalismo desde la ilusión política burguesa, un rechazo utópico.

El paso a la utopía

Citemos extensamente a Marx respecto a aquellos socialistas franceses que se reivindicaban de la Revolución Francesa, que tanto nos recuerdan a Fernández Liria, y a la precisa definición de utopismo:

«la tontería de aquellos socialistas (en particular los franceses, quienes procuran demostrar que el socialismo es la realización de las ideas de la sociedad burguesa proclamadas por la Revolución Francesa) según las cuales el intercambio, el valor de cambio, etc. originariamente (en el tiempo) o ateniéndose a su concepto (en su forma apropiada) constituyen un sistema de libertad e igualdad para todos, pero que han sido desnaturalizados por el dinero, el capital, etc. O también que la historia ha hecho hasta nuestros días intentos aún fallidos de realizar esas ideas con arreglo a su verdadera naturaleza -descubierta hoy por los verdaderos socialistas, entre ellos Proudhon, o Santiago el Mayor-, por ese motivo se debe proporcionar la historia auténtica de estas relaciones en lugar de la falsa. Cabe responderles lo siguiente: el valor de cambio o, más ajustadamente, el sistema monetario, es en los hechos el sistema de la igualdad y la libertad; las perturbaciones que se presentan en el desarrollo reciente del sistema son perturbaciones inmanentes al mismo, precisamente la realización de la igualdad y la libertad, que se acreditan como desigualdad y carencia de libertad. (…) Lo que distingue a estos señores de los apologistas burgueses es por un lado el atisbo de las contradicciones insertas en el sistema; por el otro el utopismo, el no comprender la diferencia necesaria entre la conformación ideal de la sociedad burguesa y, de ahí, el querer acometer la vana empresa de realizar la expresión ideal de esta sociedad, expresión que es tan sólo la imagen refleja de tal realidad»xxv.


Antes de nada, Liria deja claro su compromiso con el proyecto social de la Revolución Francesa. Después, nos persuade de que “es preciso encarcelar al dinero mediante una vigilancia exhaustiva y una legislación implacable” (p. 119), no vaya a convertirse en capital, trabajo asalariado, etc. Con todo, “Libertad, Igualdad, Fraternidad son, por tanto, la consecuencia política inevitable de una conocida tríada platónica que, en resumidas cuentas, no hace otra cosa que despejar esa incógnita a la que llamamos ‘razón’” (p. 143), ¡nada que ver con el actual sistema monetario! Un Estado de derecho es, asimismo, “el receptáculo del dilema platónico que impone la decisión entre convencer y obedecer a las leyes, eludiendo el mortal paso de Cronos” (p. 229)xxvi. Y por si fuera poco, nos expone la verdadera naturaleza del mandamiento que predicaban los misioneros: ¡“estaban predicando la forma misma de la razón” (p. 144)!. Demos gracias porque nuestro republicano lo haya descubierto y pueda poner al día al resto de la Academia.

La empresa utópica del filósofo es sencilla: “el Parlamento tiene que ser, de verdad (sic!), un Parlamento” (p. 128), “defendemos que esto sea de verdad un orden constitucional” (p. 129), “que la política sea, sencillamente, un poco más parecida a lo que dice ser” (p. 136), política que, por cierto, es antes que nada “eso que dice la Constitución” (Ibid.). Las declaraciones del estilo se suceden interminablemente. El piadoso utopismo del filósofo no dejará de ser, en efecto, utópico.


Sobre esta República que nos trae al mundo, es preciso rescatar reflexiones del viejo Engels:

«En la República moderna se instaura finalmente la igualdad política pura, igualdad todavía sometida en todas las monarquías a ciertas restricciones. Y esta igualdad, ¿es acaso otra cosa que declarar que los antagonismos de clase no conciernen al Estado, que los burgueses tienen derecho a ser burgueses como los trabajadores a ser proletarios?»xxvii. Concluye que es la forma de Estado en el que la lucha de clases se deshace de sus últimas trabas y prepara el terreno para la última lucha histórica entre clases. Liria, sin embargo, quiere hacer de ella el terreno en el que esta última lucha termina felizmente.


¿Y la economía?


En cuanto a la economía, dice ser revolucionario. Cuando habla efectivamente de economía, pisa enteramente el terreno del reformismo. Leyendo al asesor económico de podemos, “uno no ve más que un intento desesperado de regresar a una cierta sensatez (sic!) keynesiana, como la que hubo en Europa hasta los años ochenta. Se demanda de lo más normal: un Parlamento que pueda legislar sobre la economía” (p. 137). Nos habla de lo mismo cuando nos relata 
“el caso de los países que lograron construir un aceptable Estado de bienestar, en una época en la que el proteccionismo social y económico era lo habitual. En la medida en que los dispositivos económicos proteccionistas lograron instituir unas condiciones de vida antropológicamente (sic!) ‘viables’ o, si se quiere, ‘normales’, del mismo modo que los progresos de la Ilustración fueron también innegables. Fue bajo el marco del proteccionismo, en la era keynesiana de la economía occidental, cuando más eficazmente se combatieron los arcaísmos y tribalismos” (p. 78).


En cierto modo, el reformismo que se propone, es impracticable en sus propios términos. Y lo sabe. Pero no por ello deja de hacerlo. La nueva situación, dice, “nos coloca del lado reformista y constitucional frente a unos antisistema neoliberales” (p. 100). Se aventura a afirmar que “ lo que se dibuja en el horizonte es una Internacional Reformista” (p. 101), de la que sin duda formarán parte los pequeños burgueses republicanos y sus sicofantes académicos. “Somos el último cartucho del reformismo”, dijo en el “Foro por el cambio” de Podemos. Mientras, el proletariado comunista pone todo su ímpetu y su energía
revolucionaria en el proceso de constitución partidaria, que impone en primer lugar un programa de transformación (única forma de actualización) de la crítica categorial del proceso social, pasado y presente, de la economía política, etc., es decir, la crítica revolucionaria, la reconstitución ideológica. Son las exigencias de resolución de las tareas de la lucha de clases quienes fijan las dinámicas y los tiempos de reconstitución, no las masas. Conforme se concluyan y encadenen estas, la pequeña burguesía restituya su posición social y su proyecto político mengüe, recibirá los embates de la clase obrera. Entonces, será el cartucho ya utilizado de un arma en manos de las autoridades del Estado.

Jorge Yparraguirre

***

i Lo relativo a la teoría psicoanalítica puede resumirse en un excursus, el capítulo 7, que no va más allá de la constatación de las dificultades psíquicas a las que se enfrenta el proyecto Ilustrado. Estas abrirán la puerta al razonamiento que sostiene por ello la necesidad del momento populista. No es casual que en esto, las “malas noticias” que nos trae Freud, Fernández Liria venga de la mano del infame Jorge Alemán.

ii Respecto a su comentario del pasaje de Marx que cita, nos limitaremos a subrayar que en la traducción que utiliza desaparece la interrogación del texto original, por lo que puede atribuir con ligereza a Marx una justificación teleológica de la miseria humana en la India. Por lo demás, es suficiente con leer imparcialmente el conjunto de artículos de Marx en el New York Tribune para observar cómo limita su caracterización del período burgués a las posibilidades de desarrollo humano que abre, al mismo tiempo que subraya incansable la barbarie que lo constituye. Por citar brevemente una irreprochable muestra de ello: “Todo lo que la burguesía inglesa se vea obligada a hacer no servirá (!) ni para la emancipación en masa del pueblo de la india ni para la mejora material de sus condiciones de vida, que no solo dependen del desarrollo de la energía productiva, sino de que el pueblo se apropie de ésta. Lo que sin embargo no dejará de hacer es impedir que se den las premisas materiales para ambas cosas” (K. Marx, Artículos periodísticos, Alba editorial, p. 301). El bueno de Liria se permite reformularlo: “Inglaterra proletarizará la India, aunque sea a costa de matar de hambre a millones de personas. Los proletarios se harán comunistas y acabarán con el capitalismo” (p. 66).

iii Quizás haya tomado nota de uno de los últimos grandes idealistas, más refinado que ningún otro, que se expresaba al respecto sin ambages: “El término concepción del mundo supone un discurso muy distinto del nuestro, el de la filosofía. Nada está menos asegurado, si se sale del discurso filosófico, que la existencia del mundo. No queda sino sonreír cuando se oye afirmar que el discurso analítico implica algo del orden de tal concepción. Diré aún más: que se emplee dicho término para designar el marxismo también me da risa. No me parece que el marxismo pueda hacerse pasar por una concepción del mundo”. (Jacques Lacan, Aun, Paidós, 1981, p. 42) Es destacable también que el joven maoísta Alain Badiou, crítico con el idealismo (post)estructural lacaniano (véase su Teoría del sujeto), heredase también esta perspectiva, que lo llevaría a abandonar el marxismo a mediados de los 80. El marxismo, en respuesta a las exigencias de la lucha de clases de cada época, asumía varias formas (no en el sentido idealista de encarnación de una idea) en políticas singulares, con sus categorías correspondientes, como vida de hipótesis políticas discontinuas: marxismo, leninismo, maoísmo. La política, entendida así, debía ser practicable para ser tal, y cuando el maoísmo, marxismo en su actualidad durante aquellos años, deja de ser operativo, el marxismo le resultó perimido.

iv Aquí, desde luego, no ha tomado nota del que una vez fue su maestro, en grandísima medida culpable de los alumnos que ha tenido (ni hablar ya de la degeneración de los crecidos en el Estado español): “El marxismo no se desembarazará de las tragedias de su historia condenándolas o deplorándolas: eso corresponde a la moral y es una forma de abdicación teórica y política. Para el marxismo resulta vital reconocerlas, hacerse cargo de ellas, ponerlas al orden del día, ir a su raíz y forjar los medios teóricos necesarios para comprender. Ello no tiene nada que ver tampoco con la simple curiosidad intelectual: ver claro en un pasado irreversible. Lo que está en juego en esta reflexión radical es el marxismo hoy: cuando comience a conocerse por fin tal como es podrá por fin cambiar, es decir, ser él mismo”. (Louis Althusser, El marxismo hoy, en La soledad de Maquiavelo, Akal, 2008, p. 328).

v Carl Schmitt es diáfano en alusión a ello: “El fenómeno de lo político sólo se deja aprehender por referencia a la posibilidad real de la agrupación según amigos y enemigos”, sin querer reducir todas sus determinaciones a éstas y matizando que “por sí mismo, lo político no acota un campo propio de la realidad, sino sólo un cierto grado de intensidad de la asociación o disociación de hombres” (El concepto de lo político, Alianza Editorial, 2014, p. 67-70). Chantal Mouffe ejemplifica también este punto de vista: “’…lo político’ cuyo criterio específico es la discriminación entre amigo y enemigo. (…) La dimensión de lo político tiene que ver con el conflicto y el antagonismo y constituye por lo tanto una esfera de decisión y no de libre discusión”, para ella, eso sí, ¡“de una manera que sea compatible con la democracia pluralista”! (Íñigo Errejón y Chantal Mouffe, Construir pueblo, Icaria editorial, p.47-50).

vi K. Marx y F. Engels, La ideología alemana, Akal, p. 335.

vii Lenin, Proyecto del programa del PC (b) de Rusia, en ¿Qué es el poder soviético?, Editorial progreso, p. 21.

viii Rosa Luxemburgo (Oportunismo en la teoría y en la práctica, en Reforma o revolución) introduce un matiz fundamental: “Desde el punto de vista histórico, la lucha de clases proletaria no es idéntica al sistema marxista. Porque antes de Marx, e independientemente de él, surgieron diversos movimientos obreros y doctrinas socialistas, cada una de las cuales fue, a su manera, expresión teórica, según las circunstancias del momento, de la lucha de la clase obrera por su emancipación. (…) Y estas teorías, a pesar de su insuficiencia fueron, en su momento, teorías efectivas (wirkliche) para la lucha de clases proletaria. Pero después del desarrollo de la lucha de clases y su reflejo en las condiciones sociales condujeron al abandono de dichas teorías y a la elaboración de los principios del socialismo científico, no podía haber socialismo -al menos en Alemania- fuera del socialismo marxista, y no podía haber lucha de clases socialista fuera de la socialdemocracia. De ahí en adelante, socialismo y marxismo, lucha proletaria por la emancipación y socialdemocracia se volvieron idénticos”.

ix Otra vez, las fuentes bibliográficas son más probas: “Gramsci dice que el núcleo central de una hegemonía tiene que ser siempre una clase fundamental, eso fue algo que abandonamos” (Íñigo Errejón y Chantal Mouffe, Ibid., p. 33).

x “El concepto de hegemonía es correcto si nos referimos a la situación de la clase obrera y de su Partido Comunista en relación con el resto de las masas oprimidas, pero no en relación al enemigo de clase: ahí no es un problema de hegemonía sino de contradicciones antagónicas que solo pueden resolverse por medio de la fuerza, sea cual sea el grado que alcance esa guerra civil” (PCR, La Forja Nº 12, p. 5). Por otra parte, al tratarse esta cita de una reflexión más bien accesoria no nos permite valorar el aporte gramsciano que amplía el marco teórico hacia los modernos controles que ejerce la burguesía sobre la clase obrera, mucho más cercano a la objetivación práctica de la imposición de la Weltanschauung subjetiva que aparece por ejemplo en la La ideología alemana.

xi A este respecto, Mouffe es más honesta: “(el Estado) se trata de un campo de lucha con el cual hay que involucrarse para transformarlo profundamente y ponerlo al servicio de las fuerzas populares” (Íñigo Errejón y Cantal Mouffe, Ibid., p. 69). Tanto ella como Errejón manejan claves político-prácticas que no tiene Liria, lo cual les aventaja a la hora de formular análisis más afinados de la realidad social.

xii “El problema de la organización de un partido revolucionario no puede desarrollarse orgánicamente sino a partir de una teoría de la revolución misma. Sólo cuando la revolución se ha convertido en un problema del día aparece en la consciencia de las masas y de sus portavoces teóricos con imperiosa necesidad la cuestión de la organización revolucionaria” (G. Lukács, Observaciones de método acerca del problema de la organización, en Historia y consciencia de clase). Partiendo de aquí, estamos autorizados a decir que, desde el punto de vista de la política, del Partido, la Reconstitución es la primera etapa de la Revolución.

xiii La esencia de esta táctica de constitución política de la clase es esbozada primitivamente por Lenin ya en 1894, a pesar de que no subdivida con la precisión que hoy requieren las etapas previas a dicha constitución: “A la clase de los obreros dirigen los socialdemócratas toda su atención y toda su actividad. Cuando sus representantes avanzados asimilen las ideas del socialismo científico, la idea del papel histórico del obrero ruso, cuando estas ideas alcancen una amplia difusión y entre los obreros se creen unas sólidas organizaciones, que transformen la actual guerra económica dispersa de los obreros un una lucha consciente de clases, entonces el obrero ruso, alzándose a la cabeza de todos los elementos democráticos, derribará al absolutismo ruso y conducirá al proletariado ruso (al lado del proletariado de todos los países) por el camino de la lucha política abierta a la revolución comunista victoriosa” (Lenin, ¿Quiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas?, Siglo XXI editores, 1974, p. 202).

xiv “No puede haber un fuerte partido socialista sin una teoría revolucionaria que agrupe a todos los socialistas, de la que estos extraigan todas sus convicciones y la apliquen en sus procedimientos de lucha y métodos de acción, Defender la doctrina, que según la más profunda convicción es verdadera, contra los ataques infundados de los enemigos y contra los intentos de corromperla, no significa, en modo alguno, ser enemigo de toda crítica. No consideramos, en absoluto, la teoría de Marx como algo perfecto e intangible: estamos convencidos, por el contrario, de que no ha hecho sino colocar la piedra angular de la ciencia que los socialistas deben desarrollar en todas direcciones, si es que no quieren quedar rezagados en la vida. Creemos que para los socialistas rusos es particularmente necesario desarrollar independientemente la teoría de Marx, porque esta teoría da solamente los principios orientadores generales, que se aplican en particular a Inglaterra, de un modo distinto que a Francia; a Francia, de un modo distinto que a Alemania; a Alemania, de un modo distinto que a Rusia” (Lenin, Nuestro programa, O. C., t. 4., Akal, p. 215-216).

xv Lenin, Del informe político del Comité Central al XI Congreso del PC (b) de Rusia, O. C., t. 45.

xvi Encontramos en el Groupe pour la fondation de l’Union des Communistes de France Marxistes Léninistes la formulación más aproximada, de la que precisamos un balance más exhaustivo, de esta problemática, también con sus limitaciones.: “La línea es aquella de la organización comunista, aquella del partido. La línea dice: vamos a destruir el Estado burgués, a reemplazarlo por un Estado de dictadura del proletariado fundado sobre la alianza de obreros y campesinos. Ella dice: hoy en Francia hace falta edificar un nuevo partido comunista, y nuestra tarea, la de la UCFML, es “volver a poner la cuestión del partido en manos de la clase obrera, organizar a la vanguardia y edificar la organización comunista en el seno del movimiento de masas”. La línea toma posición sobre el poder, sobre el Estado. El programa revolucionario es otra cosa: dice aquello que el pueblo quiere ver transformado concretamente en todas las relaciones sociales. Él es el pensamiento político popular sobre la transformación de todos los aspectos de la sociedad: el trabajo, la ciudad y el campo, la enseñanza y la ciencia, los derechos, las relaciones entre hombres y mujeres. El programa es realista: él tiene en cuenta las relaciones de fuerza reales en todo momento, de los amigos y de los enemigos. (…) Proletaria, es la línea la que lo es. El programa debe ser revolucionario y popular. Es para la construcción de un programa que un partido marxista-leninista-maoísta, que es el partido de la clase obrera, debe demostrar que es también, y al mismo tiempo, el núcleo dirigente de todo el pueblo. (…) Programa y partido van juntos. En Francia, hoy en día, al mismo tiempo que el partido de nuevo tipo, el programa se construye en el seno del movimiento de masas. Programa popular y programa de clase, como el partido: proletario y núcleo dirigente de todo el pueblo” (UCFML, Le marxiste-léniniste Nº12, p. 22-23).

xvii http://marxists.anu.edu.au/archive/marx/works/1865/letters/65_02_18.htm

xviii Lenin, Una gran iniciativa, en ¿Qué es el poder soviético?, Editorial progreso, p. 41-42.

xix Todo ello es expuesto con especial cuidado analítico en un reciente libro de Maxi Nieto Ferrández (¿Cómo funciona la economía capitalista? Una introducción a la teoría del valor-trabajo de Marx, Escolar y Mayo, 2015, p. 147-149). El libro es una recuperación al más alto nivel de la crítica de la economía política presentada como exposición global de los hallazgos científicos de Marx. Se introduce polémicamente en el debate entre Martínez Marzoa, por un lado, y Fernández Liria y Luis Alegre por otro, en torno a los precios de producción, realiza aportes destacables respecto de la economía socialista y muchos otros ámbitos. Sin duda, es un libro recomendable como introducción general. Asimismo, encontramos ciertas limitaciones, propias de la respetabilidad burguesa a la que aspira el “marxismo” académico, relativas al coqueteo con el pensamiento republicano y la caracterización de la concepción del mundo marxista como sigue: “el proyecto comunista de Marx no plantea otra cosa que no sea asumir consecuentemente lo que el capitalismo proclama pero por su propia naturaleza clasista no puede cumplir” (p. 370). Esta caracterización la debatiremos más adelante, pues se trata de una proclama idéntica a la de Fernández Liria, que Marx tildaría de “utopismo”.

xx G. Lukács, Ibid.

xxi Lenin, Las tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista, en ¿Qué es el poder soviético?, Editorial progreso, p. 71.

xxii K. Marx, citado en Antoine Artous, Marx, el Estado y la política, p. 13.

xxiii K. Marx, citado en Ibid., p. 75.

xxiv Antoine Artous nos dice, respecto a la teorización del Estado en el joven Marx: “La problemática es la del Estado separado, la de una oposición entre Estado y sociedad civil, que es precisamente señal de una adecuación del Estado moderno a la sociedad civil burguesa: el Estado separado es la forma política de esta última” (Ibid., p. 247).

xxv K. Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, vol. I, Siglo XXI Editores, p. 187.

xxvi Llegando al final, cual postre apto solo para quienes han tragado ya 230 páginas, nos confiesa: “el Estado nación es una gran victoria de la civilización que hace muy bien justicia a la condición híbrida y sublunar (sic!) del ser humano (sic!). Es cosa de muy sentido común, pero de un sentido común podríamos decir que muy racional. Lo que podría llamarse, pues, “una buena idea”” (p. 230).

xxvii Citado en Antoine Artous, Ibid., p. 165.

Respuesta a “Guardia Revolucionaria”: Parte VI, el FRML y la lucha feminista

La ‘cuestión de la mujer’ es el estudio de cómo son tratadas las mujeres proletarias en cualquier sistema político y socioeconómico —y de cómo se ha tratado su situación en las pasadas experiencias revolucionarias— desde la teoría marxista-leninista.

Antes de nada, el análisis materialista histórico no parte del “trato” a determinados grupos sociales. Parte de las condiciones y supuestos de la producción, que son también momentos de la misma. A su vez, se comprende el tránsito del carácter natural de estos supuestos a su consideración histórica. Lo que aparecía como supuesto natural se reproduce como producto histórico en la interioridad de la producción (Marx, Introducción general a la crítica de la economía política). Sin embargo, aquí delimitan el objeto de estudio a “cómo son tratadas las mujeres proletarias”. Esta consideración es errónea por dos motivos. En primer lugar, el trato pone énfasis en el carácter consciente (por parte de quien las trata) de la relación social, no en su regularidad y necesidad bajo las sociedades clasistas. En segundo lugar, reduce a la mujer proletaria a algo “tratado”, a elemento pasivo.

Por si esto fuera poco, el definir la cuestión de la mujer como “el estudio de cómo son tratadas las mujeres proletarias en cualquier sistema político y socioeconómico” pone de manifiesto su absurdo teórico. Ni tan siquiera diferencian los productos de la producción histórica en general de los de la producción histórica determinada. ¿Existen acaso mujeres proletarias en otros “sistemas políticos y socioeconómicos” que no sean el capitalista? ¿Son los sistemas políticos configuraciones estatales al margen de los “socioeconómicos”? El proletariado, y la mujer proletaria como subgrupo de este es, así lo afirma el Manifiesto Comunista (con una traducción algo libre), el “producto genuino y peculiar” de la gran industria. Es un sinsentido hablar de “mujeres proletarias en cualquier sistema político y socioeconómico”, una imprudencia teórica que prepara el terreno a la mala, en este caso nula, praxis comunista.

Tanto para la economía política como para la cuestión de la mujer, la delimitación del objeto de estudio es condición de la profundización e investigación teóricas. Antes siquiera de haber profundizado en su objeto de estudio, los firmantes de la crítica adolecen de una conceptualización deficiente del mismo.

Es significativo que se limiten a entender esta problemática central exclusivamente como análisis de la configuración objetiva de su “objeto de estudio”, así como los análisis precedentes de este. Marxismo y marxismo militante son una sola cosa. No reducimos el marxismo a la actividad que puede llevar a cabo cualquier investigador social. Por ello, el estudio de las relaciones internas de un orden social dado va de la mano de la comprensión de sus condiciones de superación. Siendo esto así, debemos entender la cuestión de la mujer también como el esclarecimiento de las mediaciones necesarias para su incorporación (no independientemente a su pertenencia de clase) al único movimiento social, más amplio que cualquier otro (tanto por sus objetivos como por su composición), capaz de emancipar a la humanidad, y a las mujeres como parte de esta: el movimiento proletario revolucionario. No hay movimiento de transformación social, es decir comunista, que no sea clasista. La emancipación de la mujer obrera será obra de ella misma, (debe ser la propia mujer proletaria la que dirija su emancipación) incorporándose, eso sí, a las filas del proletariado revolucionario, con todas las posibilidades materiales que ello le abre. De lo contrario, no hay ni puede haber un movimiento exclusivamente de mujeres que vaya a emancipar a las mujeres, pues debería emancipar a la humanidad en su conjunto. Es solamente el movimiento comunista el único capaz de incorporar sin restricciones a la mujer a la política.

Este feminismo de clase se diferencia del feminismo burgués en cuanto a que este es un movimiento interclasista de mujeres, donde conviven en una misma lucha mujeres burguesas y proletarias.

Aquí se hace una distinción entre feminismo de clase y feminismo burgués afirmando que el segundo es interclasista, ya que en esta lucha conviven mujeres pertenecientes a distintas clases sociales. Esta lucha interclasista difumina las diferencias de clase en un intento de luchar por la “mujer en general”. Al mando de la ideología burguesa, el feminismo burgués lucha por los intereses de las mujeres de la clase dominante. Desde sus comienzos, el movimiento de mujeres se ha divido en dos direcciones diametralmente opuestas: una se organiza bajo las banderas de la burguesía y otra bajo las del proletariado, es por esto que siempre que las mujeres proletarias vayan a la zaga del movimiento feminista burgués, supeditarán sus intereses a los de la clase dominante.

Debemos señalar que caracterizar un movimiento según la procedencia de clase de sus componentes sería partir de un análisis totalmente antimaterialista, al entender que la composición de clase de un movimiento político determina el sello de clase de sus ideas. Nada más lejos de la realidad. En lo tocante a los intereses sociales y políticos propios de la clase obrera, lo fundamental de su caracterización nace de la dirección ideológicamente consciente, esta es, la ideología revolucionaria como máxima expresión del socialismo científico en su puesta primeramente analítica y, en segundo lugar, su capacidad transformadora en el terreno de la práctica. Esto se concretaría a través del papel del partido de vanguardia en su tarea de otorgar esa dirección proletaria consciente a lo real, pues es aquí donde la ideología proletaria se materializa. Cuáles son y cómo se llevan a la esfera de lo concreto esas ideas son los elementos que debemos tener en cuenta a la hora de diferenciar un movimiento u otro, y no la mayor o menor interseccionalidad de clase de sus sujetos. En consecuencia, el movimiento de liberación de mujeres debe plantearse desde la necesidad de reconstitución del Partido Comunista, a fin de otorgarle una visión superadora del marco de la sociedad de clases.

Ahora bien, a la visión del feminismo burgués se contrapone la del feminismo de clase, que se presenta como la teoría revolucionaria que emancipará a la mujer. Sin duda, la denominación puede llevar a pensar tal cosa. No obstante, nos encontramos ante una posición muy aceptada dentro del movimiento comunista, no solo en el ámbito feminista, sino en muchos otros: el de asumir teorías de forma acrítica e introducirlas dentro de la teoría marxista sin su necesaria transformación, es decir, eclecticismo. Reconocemos, como comunistas, que esto no es obra del azar, pues históricamente el movimiento comunista ha tenido serias deficiencias respecto al tratamiento de la cuestión de la mujer, dejando de lado esta y otras problemáticas y relegando su resolución al desarrollo natural del socialismo. Esta posición se sigue manteniendo en muchos destacamentos comunistas, fruto de su revisionismo y de su incomprensión del comunismo como cosmovisión.

Esta deficiencia teórico-práctica respecto a la cuestión de la mujer es lo que ha provocado que distintas corrientes que surgieron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX hayan sido asimiladas por un gran número de mujeres -tanto comunistas como no comunistas-. Ante esto, el movimiento comunista, en decadencia desde hace décadas, no se encontró con fuerzas de responder desde posiciones revolucionarias. Es por eso que en vez de desarrollar una teoría de la emancipación de la mujer desde el propio marxismo se ha puesto un “parche” con estas nuevas teorías, lo que provoca unas serias deficiencias teóricas que se reflejan en una práctica muy limitada.

Es por esto que nosotras compartimos la visión de Lise Vogel: «no necesitamos efectuar una nueva síntesis teórica entre el marxismo -o el socialismo- y el feminismo. Más bien, lo que debe hacerse es desarrollar la propia teoría marxista» (Lise Vogel, Marxismo y feminismo). Como comunistas somos dialécticas, entendemos que el marxismo no es una teoría acabada, completa y absoluta, sino que está en constante desarrollo. Las condiciones históricas cambian, las relaciones sociales no son las mismas que hace cien años, la condición de la mujer ha variado. Por todo esto, el marxismo debe seguir desarrollándose con nuevos aportes. No se trata de rechazarlos totalmente, pero tampoco integrarlos de forma acrítica, sin estudio ni análisis ni transformación.

Finalmente señalar que ser comunista implica tener una cosmovisión proletaria, que se opone a la cosmovisión burguesa. Esta abarca todos los campos del conocimiento, y todos deben ser desarrollados desde el marxismo en pos de que el proletariado cuente con una herramienta para su propia liberación. Por supuesto, la cosmovisión comunista integra la lucha por la emancipación de la mujer. Nuestra lucha contra la burguesía debe ser en todos los campos y en todos los frentes. Luchamos contra toda forma de opresión.

Pero como bien se ha demostrado durante toda la existencia de las clases sociales, la burguesía siempre subordina al proletariado independientemente del sexo de los opresores y los oprimidos.

“Toda la existencia de las clases sociales” abarca buena parte de la historia de la humanidad y toda la historia escrita. En ella encontramos múltiples clases y antagonismos de clases y, en la mayor parte de ella, la burguesía no ha existido. Es complicado que “siempre” subordine al proletariado cuando este tampoco existía. O ignoran por completo el elemento y carácter histórico que define a clases y proletariado, o la torpeza de su redacción es mayúscula.

Es cierto, por otra parte, que esta subordinación de clase se da independientemente del sexo, por ser precisamente subordinación de clase y no de otra cosa. Pura tautología. Pero además esta afirmación sería falsa si obviamos que su configuración histórica acontece distintamente para hombres y para mujeres, para países dominantes y dominados, etc.

Es por esto que el feminismo siempre ha supuesto avances para las mujeres burguesas, pero no para las proletarias. Y la cuestión femenina, es como ya se ha dicho, el estudio de la opresión de las proletarias y su camino a la emancipación desde el marxismo.

Consideramos que el feminismo burgués sí ha supuesto un cierto avance para la mujer proletaria, sin embargo interno a la totalidad social que la mantiene en su condición de oprimida, y que muchas veces la refuerza.

«En conclusión, el capitalismo mediante la incorporación económica de la mujer sienta bases para su movilización reivindicativa; pero el capitalismo sólo es capaz de dar una igualdad jurídica formal a las mujeres, en modo alguno puede emanciparlas» (Movimiento Femenino Popular, El marxismo, Mariátegui y el movimiento femenino).

En otras palabras, los avances para las mujeres proletarias solo han venido de la mano de las mejoras legales dentro del Estado burgués y por tanto únicamente en el plano formal y jurídico del mismo. Porque entendemos que los avances formales tienen como límite las relaciones burguesas, tanto económicas como ideológicas sobre las que se asientan, sabemos que estos avances también están sujetos a retrocesos. Cuando las contradicciones económicas se intensifican, los avances reconocidos formalmente también pueden retroceder, demostrándose así que la extensión de derechos democráticos solo puede ser sostenida por la burguesía cuando estos no entran en contradicción con sus propios intereses corporativos.

Avances que están limitados a mejoras formales en tanto que no exista un partido revolucionario que no solo tenga en cuenta estas mejoras de carácter democrático, sino que yendo un paso más allá, revolucione las relaciones tanto económicas, políticas e ideológicas burguesas para superarlas cualitativamente y así poner las condiciones, desde la extensión de Nuevo Poder, de la emancipación de la mujer.

Por otra parte, el feminismo de clase no deja de ser feminismo y lo anterior resulta contradictorio con la afirmación posterior que sostiene que “el feminismo de clase ha conseguido grandes avances revolucionarios para las mujeres proletarias”.

El feminismo de clase ha conseguido grandes avances revolucionarios para las mujeres proletarias (sic!). Basta echar la vista atrás para recordar los Movimientos Populares de Mujeres o destacamentos femeninos de las pasadas experiencias, en Perú con Sendero Luminoso y en la China Popular. Las mujeres que vivieron esta historia se abrieron camino a su emancipación desde el marxismo-leninismo, lideradas por el Partido Comunista y sin recurrir al feminismo (sic!).

El discurso que sostienen da cabezadas aturdido. Primero se afirma que el feminismo de clase ha conseguido grandes avances revolucionarios para las mujeres proletarias e inmediatamente se afirma lo contrario: que las mujeres que vivieron esta historia se abrieron camino a su emancipación desde el marxismo-leninismo y sin recurrir al feminismo.

Esta alabanza hacia el feminismo de clase vuelve a dejarnos clara la falta de cohesión ideológica con respecto a la cuestión del feminismo por parte de las autoras de la crítica. No obstante, Jiang dejó muy claras sus posiciones en un texto que redactó y publicó en un espacio de confrontación ideológica al que tiene acceso la organización en su conjunto, posiciones antagónicas con partes del confuso desarrollo teórico que ahora ella misma firma. En un extracto de dicho escrito, titulado ¿Feminismo o marxismo?, Jiang sentencia lo siguiente:

«Feminismo y marxismo son ideologías irreconciliables. Hablar de feminismo y marxismo nos da a entender que existen dos sistemas opresores paralelos, el patriarcado y el capitalismo, y nos lleva al idealismo de que puede existir esa unión femenina interclasista que acabará con la opresión de la mujer. Las feministas burguesas pueden aspirar a un marco de igualdad que tan solo será una parte igual de la desigualdad. Pueden conseguir el mismo salario que los hombres, el mismo poder que ellos, la misma posición que ellos dentro del sistema burgués: las mujeres burguesas serán igual de opresoras que los hombres burgueses.

Por todas estas razones no existe un “feminismo de clase”, porque el feminismo, lleve el apellido que lleve, siempre pertenece a una ideología, la ideología burguesa, y consecuentemente con su ideología, sirve a los intereses de las mujeres de la clase burguesa. Las feministas autodenominadas marxistas, deberán elegir entre ser feministas o ser marxistas-leninistas».

Como podemos observar, las personas que tanto señalan la importancia de desarrollar una línea firme en la cuestión de la mujer, tienen un discurso que es de todo menos firme. Estamos desconcertadas de que en tan pocas líneas puedan acumular tantas contradicciones con respecto a su visión de esta cuestión, y que pretendan presentar estos párrafos como algo coherente.

El FRML siempre ha mostrado un tonteo con el feminismo burgués hasta ahora, por lo que hemos podido comprobar. De todas maneras, anteriormente tampoco le daban un mínimo de importancia y eso explica bastantes cosas que vamos a exponer. Refrescando lo mencionado antes. La camarada Jiang criticó que nunca se trabajaba la cuestión de la mujer o el feminismo en las reuniones.

Ya de primera mano podemos comprobar una extraña contradicción que nos ha resultado llamativa. Se afirma al mismo tiempo que, por una parte, siempre hemos demostrado un tonteo con el feminismo burgués y, por otro lado, que no le dábamos importancia al feminismo. Las vacilaciones en la crítica de Guardia Revolucionaria son constantes, no solo en materia de teoría (como hemos mostrado más arriba) sino incluso en los propios argumentos de crítica contra el FRML.

Respecto al supuesto desinterés por la cuestión de la mujer, queremos recalcar de nuevo que, precisamente en la práctica, no se daba. Ya fuese tratando algún material, asistiendo a actos sobre feminismo, comentando en las reuniones continuamente la situación del movimiento feminista y la del feminismo dentro del MCEe, en conversaciones con diferentes camaradas, etc., con la premilitancia siempre se terminaba por abordar esta cuestión.

Y esta era la actividad que podía percibir Jiang como premilitante ya que, en la propia militancia, el tema de la cuestión de la mujer también era y es recurrente, y las militantes discuten asiduamente sobre diversos aspectos de esta problemática. De nuevo, de lo que ella no tenía conocimiento resulta que no sucedía, y aun así pretenden aleccionarnos sobre qué es el centralismo democrático.

Creemos firmemente que las comunistas deben predicar con el ejemplo. Antes de criticar a las demás algo, debemos mirar en nosotras mismas la posibilidad de criticarnos eso mismo. Conocer y aplicar a una misma lo que se pretende aplicar a las demás no es una mera cuestión moralizante, es esencialmente la vía al conocimiento concreto de lo que implica aquello que señalamos. A este respecto en la Parte V ya expresamos:

«Por otra parte, si el feminismo no ha sido abordado con la importancia que le corresponde no ha sido, entre otros elementos, sino por el pasotismo de varias camaradas encargadas de ello, como Deliaida, firmantes de la propia crítica. Es verdad, y somos conscientes, que este tipo de deficiencias debieron ser criticadas en su momento con mayor contundencia. Otra de las camaradas que componía la Comisión Feminista reconoció precisamente la falta de implicación y dirección de la propia Comisión por parte de Deliaida. Precisamente sobre la base de este balance y en función de las nuevas perspectivas de trabajo, la Comisión volvió a reestructurarse y ahora está en funcionamiento. Es fundamental la implicación para con las responsabilidades que cada una tiene. Sin esto, las palabras son letra muerta. Y precisamente aquellas que hoy alzan la bandera de lo revolucionario y se atreven a criticarnos por no abordar la cuestión de la mujer, son quienes menos legitimidad tienen para decir esto, pues ha sido en gran parte responsabilidad suya el que no hayamos estado a la altura de estas tareas. Evidentemente, nosotras como organización también tenemos responsabilidad en este sentido. Sería iluso no reconocerlo o negarlo. Pero a nuestro parecer, aquellas que menos han aportado, realmente son las primeras en criticarnos los errores a los que ellas mismas han contribuido. Lo que no hace inexistentes estos mismos errores» (Respuesta a “Guardia Revolucionaria”: Parte V. La crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas). (1)

Después de mucho insistir y hacer llegar su voz a los oídos sordos que hacían quiénes decidían qué se debe tratar, mandaron el primer texto que se encontraron de Kollontai para complacer a la camarada y que dejara así de insistir.

Esta afirmación de nuevo muestra (y es algo que hemos reiterado en nuestras respuestas) que si algo no estaba en su constancia, era que no sucedía o que se hacía de manera arbitraria. Cuando comentan: “después de mucho insistir y hacer llegar su voz a los oídos sordos que hacían quiénes decidían qué se debe tratar” dan a entender que se hacía caso omiso a las críticas que nos realizaban las premilitantes. Esto ha quedado ya reflejado en un material previo, en un audio de una reunión en la que se explica a las premilitantes lo valioso de sus críticas. Mas no solo eso. En el momento en el que la ex-camarada le hizo saber esto a una de sus encargadas, esta se lo comunicó inmediatamente a la dirección de Madrid, la cual eligió que se tratara en la premilitancia el texto de Kollontai de “Los fundamentos sociales de la cuestión femenina”. Este texto no se eligió porque fuera “el primer texto que encontraran de Kollontai”, sino porque consideraban que era un texto básico para iniciarse en la visión marxista de la cuestión de la mujer. No se “mandó” simplemente “para complacer a la camarada y que dejara así de insistir” sino porque asumimos que lo que nos señaló Jiang era justo.

Es nuestra obligación señalar o matizar de forma extensa las palabras “mandaron el primer texto que se encontraron de Kollontai para complacer a la camarada”. Por una parte, queda totalmente reflejado por las firmantes de la crítica que las encargadas de la premilitancia de Madrid no hicieron “oídos sordos” a las críticas por parte de la ex-camarada, sino que se tomaron en consideración. Por otra parte en la conversación del Anexo 1 se indica cómo las responsables de la premilitancia y la dirección de Madrid están valorando las críticas.

En caso de no haberse prestado atención a las críticas, no se hubiera tomado la decisión de mejorar la relación formativa militancia-premilitancia. No entendemos por qué, si el objetivo de su crítica era corregir una actitud incorrecta, en el momento en que se empezó a corregir (y superar el error) en la práctica se use el término “mandar”. Esta palabra refleja la dinámica que se mantiene en la enseñanza burguesa, en la que la profesora manda tareas a las alumnas y estas de forma inconsciente las asumen. Una comunista no puede tener esta actitud pasiva respecto a su formación militante. Y, si bien se demuestra iniciativa e interés al criticar cualquier aspecto de la formación, se muestra una actitud totalmente liberal si no se señala el desacuerdo con algún texto escogido y se asume desganadamente.

Como comunistas no entendemos que la formación colectiva sea una relación en la que algunas camaradas manden sobre otras o tomen únicamente un papel de profesoras. Entendemos la formación colectiva como una dinámica donde todas las camaradas enseñan pero a la vez aprenden de las cuestiones tratadas. Es decir, que son a la vez profesoras y alumnas.

«Nunca debemos fingir lo que no sabemos; “no hay que sentir vergüenza de consultar a los de abajo”, por el contrario, debemos escuchar las opiniones de los cuadros de los niveles inferiores. Ser alumno antes de llegar a ser maestro. Consultar a los cuadros de abajo antes de dar órdenes» (Mao, Métodos de trabajo de los comités del Partido).

«Los comunistas deben asimismo dar ejemplo en el estudio. En todo momento, deben ser alumnos de las masas populares a la vez que sus maestros» (Mao, El papel del Partido Comunista de China en la guerra nacional).

También decir, que la camarada Deliaida era la responsable de reunirse con GKB en nombre del FRML para elaborar trabajo teórico sobre el tema de la mujer, con el fin de en un futuro poder crear una plataforma, charla, conferencia, escrito público… Sobre el asunto. Cuando la camarada salió de la organización, el FRML mostró la importancia que se da a la cuestión de la mujer, cortando las relaciones con GKB, dejando así el trabajo realizado en vano.

Esta narrativa es absolutamente interesada. Antes de nada, es necesario aclarar que esa relación con GKB no fue en ningún momento satisfactoria. La propia Delia lo manifestó múltiples veces. Por otra parte se asumía como un trabajo individual de la persona encargada, que además se llevaba a cabo sin dedicación (no se leían los textos establecidos, se reiteraban en la misma temática sin avanzar un solo paso en todos los meses de trabajo, etc.). Tras la salida de Delia y un balance de la trayectoria y la actualidad de ese trabajo, se decide abandonar no porque esté ausente la única persona que se interesase por él (como aquí se dibuja), sino porque no era un trabajo rentable, que se llevase a cabo en base a objetivos políticos fijados y que sirviese a ellos. Se sostiene aquí que es muestra de la poca importancia que se le da a esta cuestión, cuando es precisamente lo contrario. Si se quiere abordar esta cuestión con la máxima seriedad que merece, no puede basarse ni apoyarse en un trabajo que no es efectivamente comunista.

Y como es típico del centrismo, dejaban pasear por la organización diferentes líneas ideológicas respecto al feminismo y la cuestión femenina. Pero más característico era su desinterés por ambas cosas y eso es algo que se representaba en la práctica.

Ya se ha aclarado esto con anterioridad, y remitimos a lo redactado en la Parte V:

«Toda persona que se acerca a nosotras lo hace tras desenvolverse en un movimiento espontáneo y en una realidad social determinadas. Muchas de ellas traen consigo unos posicionamientos y unas concepciones ajenas al marxismo, algo que no debería extrañarnos: según lo dicho resulta ser un reflejo de la vieja sociedad en que nos encontramos y que debemos subvertir. Lo verdaderamente importante aquí no reside, pues, en las simpatías que determinadas personas sientan cuando ingresan o llevan poco tiempo premilitando en la organización, sino en el desarrollo consciente de una lucha ideológica por la superación de dichas posiciones que traen de partida. (…)

Para empezar a militar no se exige tener unos mínimos de formación, sino tener predisposición a formarse en el socialismo científico. Es en el desarrollo de la militancia donde se concreta la lucha de dos líneas, cuyo fin es lograr la unidad ideológica y política (unidad-lucha-unidad). Lo que se pide es compromiso con la revolución, tanto para formarse teóricamente como para hacer trabajo político, de manera que la militante pueda aportar a la organización y, a la vez, la organización a la militante» (Respuesta a “Guardia Revolucionaria”: Parte V. La crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas). (2)

Queda de manifiesto nuestra posición respecto a la lucha ideológica contra el feminismo burgués dentro del FRML. Como se ha señalado, es del todo natural que entren camaradas con una serie de posiciones erróneas -pensar lo contrario sería del todo idealista-. Nuestro deber es llevar a cabo la correspondiente lucha de líneas contra estas posiciones, algo que, por otra parte, se realiza de manera constante dentro de nuestra organización. Lucha consciente contra todo vestigio de la ideología burguesa y, por supuesto, contra el feminismo burgués.

Por otra parte, resulta cuanto menos curioso que en este mismo documento se acuse al FRML de centrismo por dejar “pasear por la organización diferentes líneas ideológicas respecto al feminismo y la cuestión femenina”. Ha quedado reflejado que no somos precisamente nosotras las que no tienen una posición firme sobre esta cuestión. En su crítica se dejan ver varias líneas ideológicas. Se defiende por una parte el feminismo de clase y por otra se defiende que la emancipación de la mujer viene de manos del marxismo-leninismo. ¿Qué posición de las dos defiende Guardia Revolucionaria? ¿Cómo es posible que Jiang -firme defensora de que todo feminismo es reaccionario- apoye lo que aquí se dice? Resulta evidente que se toma lo que más interesa de cada corriente en un vano intento de presentar una visión revolucionaria de la cuestión de la mujer. Además de criticarnos a nosotras precisamente aquello de lo que adolecen, pretenden sentar cátedra en un tema del que muestran, si no nula comprensión, un muy limitado conocimiento.

Los militantes narraban tan libremente cómo les gustaban las mujeres comunistas, de un físico determinado y que pensaran como ellos. Nada de lucha de dos líneas de por medio: mujeres tenían que ser moldeables a su gusto.

La valía de una camarada como cuadro revolucionario debe ser medida por factores muy diferentes a los roles que son asignados a las mujeres en esta sociedad, tales como su compromiso militante o su capacidad para el desarrollo de un determinado trabajo comunista. En ningún momento ninguna camarada ha de ser valorada por variables como su físico o por una “moldeabilidad” ideológica adaptada más a los gustos personales que a los intereses de la revolución. Quien lo haga, estará incurriendo en comportamientos profundamente reaccionarios que deberán ser combatidos desde el momento en que se detecten. Y no solo hemos de combatir conductas reaccionarias como esta desde el preciso instante en que las cometemos, sino también las raíces interiores que permiten que estas sigan reproduciéndose. Cada una de nosotras aún sigue impregnada de barro, y como hemos expresado en anteriores materiales, el proceso de transformación revolucionaria de la sociedad no puede darse aislado de la lucha consciente contra todo lo reaccionario que pervive en cada una de nosotras.

Más allá, entendemos que las militantes comunistas no podemos evitar el desarrollo de sentimientos de afecto o de atracciones personales en nuestros espacios de trabajo. Si bien la confluencia ideológica y el trabajo político con otra persona pueden generar una vinculación que permita el desarrollo de diversos sentimientos, la “moldeabilidad” de la otra persona no puede ser algo que determine el surgimiento de ese afecto. Esto reflejaría la reproducción de unos roles de dominación contra los que hemos de luchar.

Las actitudes que aquí se critican serían verdaderamente graves, pues se estaría cayendo en una completa cosificación de las camaradas mujeres. Solo se concreta en una situación determinada una actitud de estas características, que comentaremos a continuación. Nosotras, como ya hemos expresado, consideramos fundamental luchar contra dichas actitudes y contra las raíces que las generan, y así lo aplicamos en nuestra praxis militante diaria.

Un miembro del CC, Miguel Ángel (sic!), intentó ligar con una comunista diciéndole que, por su grado de formación, le estaba enamorando. Lo que el FRML no quiere entender es que las mujeres nos formamos en el marxismo-leninismo porque nuestro objetivo es la emancipación de la humanidad, no para enamorarles. Una camarada de las aquí presentes se encontraba delante de tal vergonzosa situación. Le criticó pues esa actitud alegando que los espacios de debate no son espacios de ligoteo, a lo que Miguel Ángel contestó que no sabía de qué hablaba, hasta que repitió el llamativo proceso de autocrítica-confesión mencionado anteriormente, pues no vimos ningún cambio en torno a esto (sic!).

Lo primero de todo señalar la ignorancia de las firmantes de las críticas, o la tergiversación consciente, pues el camarada Miguel Ángel nunca ha estado en el Comité Central. Explicado esto pasamos a esclarecer los hechos.

Ya que las firmantes de la crítica no especifican ni contextualizan “el espacio de debate” al que se refieren nos vemos con la obligación de hacerlo nosotras. El grupo en cuestión se le conoce por el nombre de “Formación Comunista”. Es importante tener en consideración que dicho grupo no es la organización, y por lo tanto no todo el que pertenece a dicho grupo pertenece a la misma. Es un espacio donde hay veces que se plasman debates extensos sobre diferentes cuestiones tanto formativas como de actualidad, pero otras veces adquiere dinámicas de un grupo más informal. En definitiva, no es únicamente un espacio de debate como tal, sino un espacio para elementos interesados en el comunismo que da la posibilidad de debatir de forma colectiva.

La crítica se refiere a una camarada que entró en un grupo de Telegram el 26 de noviembre de 2015. A esta camarada se le hizo una pregunta sobre feminismo, la cual respondió de la siguiente manera: “El comunismo busca la liberación de las clases oprimidas. La mujer está entre esas clases. Denominarse feminista y comunista me parece una redundancia absurda y que acaba llevando a la mayoría de mujeres al revisionismo”. Varios mensajes después, tanto de otros camaradas como de Miguel Ángel, este último respondió: “Nos estás enamorando jaja”, a lo que la camarada respondió sin darle importancia a lo señalado.

Tiempo después, en concreto el día 24 de diciembre de 2015, Jiang le señala esto al camarada, y Miguel Ángel reconoce que es una actitud incorrecta. Adjuntamos en el Anexo 2 la breve conversación que tuvieron sobre esto.

Aclarados los hechos, decir que coincidimos plenamente con lo señalado: “Las mujeres nos formamos en el marxismo-leninismo porque nuestro objetivo es la emancipación de la humanidad, no para enamorarles”.

Reconocemos que todavía en gran parte del MCEe se reproduce la conducta reaccionaria de ver a las mujeres comunistas únicamente como apéndices de los hombres comunistas, cuando se las debe ver como camaradas en iguales condiciones, ya que forman -y deben formar cada vez más- parte activa de la revolución. Si esto no es así, no podría considerarse la consecución una revolución socialista. Pues precisamente las mujeres, mitad de la clase obrera, no serían partícipes de la lucha contra sus posiciones de doblemente oprimidas en el capitalismo patriarcal. “Si la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo, el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer” (Inessa Armand). Ante esto, se agradece a Jiang que hiciera esa crítica pues el camarada ha superado una serie de concepciones erróneas que tenía, y se insta a que se señalen y se combatan estas actitudes por parte de todo el movimiento.

Ahora bien, por una parte se dice que el camarada repitió un discurso vacío sobre la “autocrítica-confesión”. Sobre esto se ha confrontado ya en comunicados anteriores:

«En la crítica por su parte se nos acusa de hacer un ejercicio de “confesión religiosa” del estilo de reconocer nuestros pecados en el momento y volver a cometerlos posteriormente sin ningún reparo. Ante una crítica justa, las comunistas debemos realizar una autocrítica, que no es más que un proceso de superación de limitaciones en la práctica. Sin embargo, en el momento justo en el que se nos señala, lo único que podemos hacer es iniciar este proceso de autocrítica mediante un reconocimiento, verbal o escrito, de esta actitud y su intención de superación» (Respuesta a “Guardia Revolucionaria”: Parte V, la crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas). (3)

Además, se da a entender de esta equivocación del camarada que en el FRML se defiende que las mujeres están únicamente para enamorar a los hombres. Incluso se afirma que “no vimos ningún cambio respecto a esto”. ¿A qué se refieren? ¿Dónde, cuándo y con quién se repitieron estas actitudes? Si no es así, ¿a qué viene esto? Más acusaciones vacías. De nuevo, extrapolar una situación concreta a la completa realidad de una organización comunista. Somos al final nosotras las que, reiteradamente, tienen que aportar todas las pruebas de las acusaciones que se nos hacen. Tanto para demostrar las que son falsas, como para demostrar las que son ciertas.

El FRML permite estas actitudes por “no ser graves”, por “no tener importancia”… Resumidamente, por “no ser malas actitudes”, a su ver. Es un desprecio a las comunistas contestar con intentos de seducción a las posiciones que exponen las camaradas en el debate.

Esta vez ponen entre comillas frases con la intención de atribuírnoslas, para intentar reforzar esa imagen que vagamente intentan proyectar de nosotras. Pero una vez más, son acusaciones sin base alguna, por lo que deberán aportar las pruebas sobre lo que nos acusan o quedarán de nuevo de manifiesto sus intenciones oportunistas.

Como ya hemos expuesto, coincidimos plenamente en lo reaccionario de estas actitudes y en la necesidad de una lucha consciente y colectiva para impedir que estas se reproduzcan. Está claro que un debate no se puede interrumpir con actitudes que rompan con su dinámica, pues esto únicamente serviría para que se perdiera el hilo y se transformara la formación en un simple monólogo donde la otra parte se lo toma a juego. Sin embargo, donde se daban estas actitudes no era en un espacio de militancia, sino en un grupo de debate de Telegram llamado Formación Comunista. Hay una diferencia cualitativa entre ambos espacios, pues uno está compuesto de militantes comunistas, y el otro, de diferentes personas que entran con un grado muy diferente de conciencia.

No negamos que dichas actitudes se reprodujeran en el grupo, mas de lo que se nos imputa es que desde el FRML se permitieran estas actitudes, cuando se han señalado con contundencia cuando se han cometido. En las ocasiones en las que no se señalaba había un debate posterior donde se discutía sobre estas propias actitudes y las implicaciones que tenían para una comunista. Pero como ya hemos dicho, este espacio de debate era un grupo de Telegram. Muchas personas que han pasado por él no reconocían sus actitudes o las reiteraban de manera consciente, y estas se seguían combatiendo. También hay muchas otras que en vez de señalar las limitaciones de las personas del grupo preferían salirse del mismo con diferentes excusas, en vez de luchar contra estas posiciones. Reiteramos de nuevo que muchas de las personas que entran en este grupo no eran ni son comunistas.

No obstante, como se ha señalado más arriba, el camarada Miguel Ángel rectificó sus actitudes ante la crítica de Jiang y de muchas otras personas, al igual que muchas otras componentes del grupo. Precisamente la formación comunista implica este tipo de cosas, superación individual a través de la colectividad. Sin duda este es un proceso complicado, y otras personas prefieren señalar con el dedo en vez de tender la mano.

Por otra parte, y al respecto de las dinámicas que se reproducen en este tipo de espacios, nos gustaría aclarar lo siguiente: no podemos realizar una separación mecánica entre la militancia y nuestras actividades más personales, pues si pretendemos constituirnos como comunistas debemos actuar como tales en todo contexto y situación de nuestro día a día. En todos los espacios en que una comunista puede tener presencia, ha de actuar como tal. Estaríamos cayendo en una forma de liberalismo si, en vez de hacer agitación y propaganda, de investigar o de conocer transformando a las masas, permanecemos indiferentes frente a ellas. Por ello, si participamos en un espacio donde hay presencia de personas que quieren organizarse para transformar la sociedad, tenemos que tener muy claro nuestros objetivos para definir correctamente nuestra praxis en el mismo.

Muchas personas, más allá de participar con un objetivo revolucionario en este tipo de espacios, persiguen únicamente la realización de determinados intereses individuales. Esto, a priori, no tendría por qué constituir algo negativo. Una persona, por ejemplo, puede ingresar en un espacio así buscando únicamente conocimientos históricos y teóricos. Sin embargo, a partir de determinados debates, se le podría acabar transformando, haciendo que subordine esas inquietudes individuales a los intereses colectivos, y que así se organice y trabaje en las filas revolucionarias aportando lo mejor de sí misma.

Hay otro tipo de personas, y es el caso que queremos abordar, que se dejan guiar por otro tipo de intereses individuales, valorando el establecer relaciones personales como un factor principal por encima del trabajo político que en dicho espacio se ha de realizar. Aquí cabría, además, realizar una distinción, pues algunas de ellas solo buscan su propio beneficio personal en materia de deseo sexual, una actitud profundamente reaccionaria que es y debe ser criticada desde el momento en que se detecte. Reiteramos, una vez más, que las camaradas “nos formamos en el marxismo-leninismo porque nuestro objetivo es la emancipación de la humanidad, no para enamorarles”; y por ello no vamos a permitir este tipo de actitudes ni en nuestras filas ni en ningún tipo de espacio en donde nos encontremos.

Como hemos recalcado en la mayoría de nuestros materiales, es del todo necesario constituir fuertes lazos de confianza revolucionaria y de afinidad entre las camaradas. La camaradería es el grado máximo de amistad, y los lazos que en ella se establecen han de ser construidos de la manera adecuada para que sean lo más fértiles posibles, contribuyendo así a la correcta consolidación y desarrollo de nuestra praxis militante. En ella, la vigilancia revolucionaria ha de ser implacable y el trabajo político incansable, para así evitar y combatir las actitudes reaccionarias que han sido señaladas.

Al igual que se toma en serio el compromiso de los camaradas, su militancia y su formación, también ha de ser así en las camaradas. Las organizaciones comunistas deben ocuparse con toda firmeza de que sus militantes no reproduzcan actitudes patriarcales.

Estamos totalmente de acuerdo con lo expresado en estas líneas. Como hemos plasmado ya a lo largo de nuestras respuestas, es necesario desarrollar una lucha consciente contra lo oscuro que aún permanece en nuestro interior. Hay que combatir tanto los comportamientos reaccionarios que seguimos teniendo, como las raíces que permiten que sigan reproduciéndose, en un proceso de transformación de toda la sociedad.

El papel de la colectividad en este proceso de transformación es fundamental, y la misma ha de aportar las herramientas -teóricas y políticas- necesarias para llevarlo a cabo. Es por ello que, todo destacamento comunista, debe desarrollar una línea política en torno a la cuestión de la mujer que permita superar las limitaciones en las que el MCI se ha mantenido históricamente.

En el mismo espacio de debate se encontraba, además del secretario ya mencionado, un militante con destacada rimbombancia en la organización, por su fuerza sobre esta: Manolo o, también conocido como “Unión Marxista”, por su cuenta de Twitter. Cuando salía como tema a debatir el machismo o la opresión femenina en el capitalismo, Manolo no dudaba ni un segundo en querer ser el protagonista, con frases tan llamativas como “¿y los hombres qué?”, dignas de un propio liberal; en otra ocasión chantajeó a un camarada para mantener relaciones sexuales con él y, ante su negativa, mostró un visible enfado.

En este párrafo observamos la cristalización de aquello que han realizado a lo largo de todo el documento. De manera claramente oportunista, continúan atribuyendo supuestas citas en boca de nuestras camaradas, pretendiendo conformar una imagen distorsionada de nuestra línea política y nuestra praxis militante. Intentan presentar como una crítica revolucionaria un material cargado de descontextualizaciones y valoraciones subjetivas, entrando en un juego que no ayuda en nada al esclarecimiento de los hechos y a una superación revolucionaria de los mismos.

Al respecto del tema del chantaje, referenciamos de nuevo a la investigación ya realizada sobre las acusaciones de violación que, anteriormente, recaían sobre el camarada Manolo (4). Como ya expresamos en nuestra declaración de intenciones (5), sabíamos que sobre él recaían determinadas acusaciones e hicimos todo lo posible por investigar a fondo lo ocurrido, para así poder alcanzar una solución revolucionaria de una problemática tan grave como esta.

En este material tampoco se concreta nada acerca del propio chantaje, con lo que seguimos atadas de pies y manos para poder avanzar en ningún tipo de investigación al respecto de las actitudes que el camarada pudo tener en la relación que mantuvieron. Entendemos todo el conjunto de condicionantes que pueden existir para que alguien que conoce o que directamente ha sufrido alguna situación de acoso o de violación no lo denuncie abiertamente, y por ello comprendemos que en este material se haya preferido no concretarlo. Sin embargo, en ningún momento han abierto una vía de comunicación privada que haya permitido esclarecer los hechos, rechazando asimismo todas las que nosotras hemos podido proponer para ello.

Además, este militante, defendía que el patriarcado oprimía por igual a hombres y a mujeres y, a veces, incluso más a los hombres. Tan pronto defendía esto como también defendía que el patriarcado no existe. En este espacio de debate se llegó al nivel de hacer llorar a una mujer que se iniciaba en el marxismo, hablando sobre los destacamentos de mujeres (y despreciándolos). Acto en el que estos dos militantes fueron protagonistas.

Una de las tergiversaciones más destacables de todas las presentes en el material se encuentra precisamente en este párrafo, cuando habla acerca de los posicionamientos del camarada Manolo con respecto a la cuestión del patriarcado. Entendemos que hacen referencia a las posiciones que defendió en el ya mencionado grupo Formación Comunista.

Actualmente, existen dentro del Movimiento Comunista múltiples corrientes teóricas que analizan la cuestión de la mujer desde perspectivas muy distintas. Por tanto, no se puede hablar de “patriarcado” en general, pues es una palabra que va ligada a la concepción que cada corriente tenga sobre dicha estructura. Algunas de estas corrientes no desarrollan sus análisis sobre la cuestión de la mujer desde una perspectiva marxista, y llegan a concebir el patriarcado como algo ajeno a la sociedad de clases. Estas posiciones van ligadas, por tanto, a una práctica limitada que, pese a sus buenas intenciones, no camina de manera adecuada hacia la emancipación de la humanidad en su conjunto. En palabras de Anuradha Ghandy:

«Ellas [feministas radicales y feministas socialistas] están restringiendo sus actividades prácticas a la organización de grupos pequeños, la construcción de comunidades alternativas, la propaganda general y la movilización en torno a demandas específicas. Esta es una forma de práctica economicista. Estas actividades en sí mismas son útiles para organizar gente en un nivel básico, pero no son suficientes para acabar con el capitalismo y llevar el proceso de emancipación de la mujer hacia delante» (Anuradha Ghandy, Scripting the Change).

El camarada Manolo nunca ha defendido posiciones como las que aquí se le pretenden imputar. Negar la existencia del patriarcado como una estructura ajena a la sociedad de clases no es, de ninguna manera, negar la existencia de una forma de opresión sistemática sobre la mujer. Aquello que él señaló en el grupo de Formación Comunista fue lo erróneo de concebir el patriarcado como determinadas corrientes actualmente hacen, destacando algunas de las problemáticas ideológicas que conlleva. Es necesario señalar lo erróneo de estas concepciones y desarrollar una lucha de líneas adecuada para que cada vez más personas superen dichas limitaciones teórico-políticas, incorporándose así a un verdadero movimiento revolucionario.

Para poder desarrollar una línea política firme y justa en torno a la cuestión de la mujer es imprescindible esclarecer, desde una perspectiva comunista, la cuestión del “patriarcado”, algo que resulta necesario para poder seguir caminando en el proceso de reconstitución que estamos llevando a cabo. Por ello, se está produciendo una labor de investigación, debate y lucha de líneas a muchos niveles diferentes en torno a esta y otras cuestiones que encontrarán una necesaria cristalización pública. Gracias a esta labor nos dotamos de herramientas cada vez más eficaces, que nos permiten y nos permitirán seguir luchando por el fin de toda forma de opresión.

Por último, el debate al que se hace referencia al final de su párrafo se inició hablando acerca de los espacios no mixtos. Más adelante, en este material, hablaremos sobre los mismos en mayor profundidad, entrando ahora únicamente en lo referente al propio debate. Entre las cuestiones que se trataron sobre los espacios no mixtos, se encontraba el hecho de la empatía que puede existir entre las camaradas a causa de la opresión a la que son sometidas. La mujer, en concreto, encontró en un espacio no mixto mucho apoyo y comprensión a la hora de socializar sus problemáticas. En ningún momento se trató de despreciar este tipo de destacamentos, como se indica, pero al tratarse de una cuestión tan delicada y al no abordarse con toda la sensibilidad necesaria, se provocó así una reacción en la compañera que nunca debió haber sucedido.

El seguidismo que se da en el FRML hacia los militantes más altos, da lugar a que nadie criticara estas actitudes estando en desacuerdo o no y, como consecuencia, poniendo a la orden del día hechos de este tipo. Hacer caso ciego a los “jefes” de la organización, interiorizando el elitismo y defendiendo este argumentando que ellos son los más formados en marxismo. La figura de jefe ha de ser abolida, y el elitismo no tiene cabida en las organizaciones que realmente son comunistas.

Primero veamos, en oposición, qué dice la tradición marxista al respecto de la figura del “jefe”: «los alemanes han alcanzado ya suficiente desarrollo del pensamiento político, tienen suficiente experiencia política para comprender que, sin “una docena” de jefes de talento (los talentos no surgen por centenares), de jefes probados, preparados profesionalmente, instruidos por una larga práctica y bien compenetrados, ninguna clase de la sociedad contemporánea puede luchar con firmeza» (Lenin, ¿Qué hacer?). Además, para no dar lugar a equívoco, asevera: «Ninguna clase ha alcanzado en la historia instaurar su dominio sin promover a sus propios jefes políticos, a sus representantes de vanguardia, capaces de organizar el movimiento y dirigirlo» (Lenin, Tareas urgentes de nuestro movimiento). Tras su crítica, en apariencia a cierto elitismo, se esconde un odio anarquizante, producto de la concepción pequeñoburguesa de la organización, hacia la forja de jefes políticos de la clase, de su vanguardia consciente. Afirmando “la figura de jefe ha de ser abolida” pasan directamente al campo enemigo del marxismo, cuya bandera dicen alzar para defender, y defender para aplicar. Aquí se refleja a la perfección, en esta cuestión organizativa particular, la perspectiva pequeñoburguesa que engloba toda la crítica, y que omite deliberadamente todo lo asociado a nuestros posicionamientos ideológicos.

Sin embargo, las acusaciones no reflejan la realidad de nuestra organización. El FRML es relativamente joven y en nuestro seno no se encuentran todavía revolucionarias profesionales a las que poder adoptar como “jefes”, por lo que nunca se ha intentado perpetuar esta figura dentro de la organización. De nuevo, las firmantes de esta crítica lanzan una acusación al aire sin aportar prueba alguna. Si en algún momento se ha dado una situación como ellas describen nos sería de gran ayuda que se nos informara al respecto, dado que es una actitud que hay que criticar para poder avanzar colectivamente. En una organización que se pretende comunista no se pueden permitir los hechos que aquí se señalan.

En el FRML hemos sido espectadores de una gran variedad de actitudes reaccionarias contra las mujeres.

En una sociedad en la que se dan con regularidad actitudes reaccionarias no es posible dejar de ser espectadores de las mismas, no es posible suprimirlas cuando se producen, bajo las condiciones sociales actuales, como por necesidad natural. Lo relevante, sin embargo, es la actitud que se toma hacia estas, con qué consecuencia y firmeza se combaten, así como los elementos que se ponen sobre la mesa para evitar que se repitan, y la política que se lleva a cabo para acabar con las relaciones sociales que se desprenden de las relaciones de producción actuales y que son su garantía.

En base a lo anteriormente dicho, no podemos evitar que se den este tipo de actitudes pero, cuando han sido detectadas colectivamente, hemos actuado con total contundencia, en aras de superar dichos errores. Vemos necesario señalar también cómo la crítica se eleva a nivel de la organización en base a unos hechos que se han dado en una célula concreta y en un momento determinado, dejando patente que la voluntad de este material no es superadora, sino más bien oportunista, farsante y difamadora.

Un militante conocido como Samuel (y Tauk o Csundanderes por las cuentas que ha usado y usa en Twitter) reproducía preocupantes actitudes con el objetivo de tener sexo, actitudes de las que el FRML se desentendía. Este militante mantenía una relación de pareja con la camarada Jiang. Samuel le insistía sin descanso para tener sexo con ella, pidiéndole explicaciones sobre por qué no quería, pues no aceptaba sus “no”. Se vio obligada entonces a darle razones, explicó que por las consecuencias que tuvieron en ella una reciente violación no estaba preparada para tener sexo. Aun así, alegaba que era su novia y tenían que tener sexo. El FRML justificaba esto con que este militante era un principiante en las relaciones de pareja y que había que entenderle. No se le llamó la atención siquiera. La organización hacía tantas veces ojos ciegos a estas actitudes, y oídos sordos a las críticas de la camarada (sic!), que el militante no tuvo ningún obstáculo para convertirse en un agresor sexual.

Sobre Samuel, ex-militante, ya hemos emitido un comunicado en el que criticamos sus actitudes reaccionarias, tanto con Jiang como respecto a su militancia. Igualmente, hacemos autocrítica en lo que concierne a nuestra deficiente, en muchos aspectos, forma de actuar respecto a la relación que mantenían. Reiteramos la crítica hacia Samuel en este aspecto. Presionar a cualquier persona para tener sexo se encuentra enmarcado dentro de la lógica reaccionaria del patriarcado, que reproduce la estructura de dominante/dominada. Como comunistas debemos ser, por tanto, mucho más conscientes de ello y combatir todo comportamiento burgués de forma mucho más contundente. En estos párrafos se critica concretamente las insistencias sexuales de Samuel:

«En esta sociedad clasista se sobreentiende que el establecer una relación de pareja permite a la parte dominante, en este caso masculina, exigir consideraciones especiales (a la parte dominada) en muchos ámbitos. Uno de ellos es el de la sexualidad. Se entiende que si una persona mantiene una relación de estas características está obligada a mantener relaciones sexuales con su pareja, y socialmente se le constriñe para ello. Poco importa la voluntad de ambos individuos. Poco importan los condicionantes subjetivos de aquella persona que se ve sometida a esta exigencia -tales como antecedentes traumáticos o complejos sobre una misma-. Poco importan las consecuencias que de esta presión pueden derivarse.

Samuel, haciendo uso de este beneficio otorgado, insistió continuamente en mantener relaciones sexuales con Jiang. En ningún momento aceptó su negativa a la hora de mantener sexo, algo que ella manifestó de diversas formas, tanto verbalmente como por medio del lenguaje corporal. En vez de respetar esta negativa, que era suficiente por sí misma, requirió de una explicación para saber por qué ella se negaba. Además, él fue conocedor en septiembre de la violación que ella sufrió, algo que no impidió que siguiera presionándola para obtener el beneficio sexual que buscaba» (Una falsa autocrítica: sobre el ex-camarada Samuel). (6)

Estos comportamientos, como cualesquiera igualmente reaccionarios, no son justificables de ninguna manera. No conocemos cual fue la conversación concreta en la que se pretendió justificar a Samuel por su inexperiencia. Pero en el caso de haberse dado, esto constituiría un gran error. Las camaradas, lejos de tratar de respaldar estas actitudes, debemos criticarlas abiertamente. De no ser así, no seremos capaces jamás de superar nuestros comportamientos burgueses. Como comunistas asumimos la crítica y la autocrítica como un principio a seguir, y es algo que se desarrolla en todas las instancias de la organización. De lo contrario, el liberalismo camparía a sus anchas haciendo estragos entre nosotras como revolucionarias, impidiendo el correcto avance de la colectividad.

Todas las relaciones dentro de esta sociedad están íntegramente influenciadas por la ideología dominante. Es nuestro deber como comunistas saber identificar y combatir las conductas ajenas a la visión revolucionaria. Y, sobre todo, educarnos para que cada una de nosotras pueda combatirlas de manera eficiente. Es por esto, que la colectividad es un factor vital en las relaciones personales entre comunistas -o entre comunistas y personas que no lo son-. Juega un papel mucho más relevante de lo que la lógica burguesa individualista tiende a hacernos pensar.

Sin duda debemos hacer autocrítica por la falta de flujo de información, necesaria para haber actuado contundentemente en esta relación de pareja. Aunque las encargadas directas de la premilitancia de Jiang y la dirección de Madrid no conocieron cual era la situación de esta relación, es cierto que Jiang informó acerca de determinados comportamientos reaccionarios de Samuel a algunas camaradas. Estas deberían haberlo transmitido a las instancias adecuadas para que la organización fuese capaz de actuar en respuesta a esta problemática.

Cabe destacar que también trataba a la camarada como si fuera una propiedad privada suya, algo de lo que el FRML estaba al tanto pero que también en esto se desentendía. Vía Telegram, abría una conversación privada con camaradas que, en ese entonces, también militaban en el FRML (Galander y Pavka), para decirles que Jiang era su novia, que la camarada debía serle fiel y leal. Cuando la camarada le dejó claro que no iba a darle sexo, Samuel decidió cortar la relación alegando que solo estaba con ella para no estar solo. Acto totalmente repugnante y despreciable. Pero además, este militante, le contó a la camarada que “le costaba concentrarse con las camaradas cerca”. Es decir, que trabajando con ellas o simplemente estando a su lado, solo pensaba en tener sexo con ellas. También contó que cuando iba a encontrarse con alguna camarada, iba en parte con la intención de al menos liarse con ella.

Para extendernos más en la percepción que Samuel tenía de propiedad privada sobre ella, reproducimos los párrafos del documento de crítica al ex-camarada en los que hablamos sobre ello:

«Samuel desarrolló, fruto de la concepción que realmente tenía interiorizada sobre las relaciones de pareja, un fuerte sentimiento de propiedad sobre Jiang. Además de las despreciables actitudes paternalistas y condescendientes que hemos relatado más arriba, también cometió otros fuertes comportamientos reaccionarios sobre ella, ejerciendo un control y un seguimiento de su actividad en extremos obsesivos. No respetó su intimidad en ningún momento, ni su derecho a relacionarse sin su control continuo.

Debido a esta necesidad de control, manifestó en todo momento una actitud celosa que llegó a ser obsesiva. Los celos, en las relaciones de pareja, no son únicamente un producto surgido de la incapacidad de ejercer un determinado control sobre lo que es considerado como propiedad; sino que constituyen, a la vez, un mecanismo de control en sí mismo. Frente a determinados sucesos en la relación, desarrolló sentimientos de celos cada vez mayores, y estos, a su vez, los exteriorizaba con ella como mecanismo de chantaje emocional, para asegurarse esa parcela de control que sentía amenazada, y con ella su “masculinidad”. (…)

Y esto va más allá, pues dice que “sentía una fuerte ansiedad posesiva que se ocultaba bajo un sentimiento de inferioridad con respecto a posibles ‘rivales’ amorosos/sexuales”. Es aquí donde se muestra el punto álgido de las actitudes celosas: la mujer es vista como algo a conquistar y a proteger frente a otros “rivales”, frente al resto de propietarios. También se le señaló, en varias ocasiones, el hecho de que esa rivalidad o sentimiento de competencia se diera únicamente con hombres, como él mismo sentencia en los materiales, diciendo, por ejemplo, que tratará de “obviar al resto de hombres con quien pudiera estar la otra persona”. De nuevo, aquí se reproduce otra actitud patriarcal que no ha sido capaz de reconocer: además de identificar a las personas con quien ella hablaba como amenazas de su pretendida propiedad, estas personas eran en su mayoría hombres. (…)

No obstante, incluso si no tuvieran una relación abierta, en ningún caso es considerable prohibir o controlar el relacionarse con otras personas. Aun así Samuel sentía unos profundos celos por la actual pareja de Jiang, y progresivamente “aumentaría en mí las dudas y acrecentaría mi posesividad”, en palabras suyas. A pesar de ser una relación abierta, Samuel seguía manteniendo las ideas de posesividad hacia ella, marcando territorio frente a sus “rivales”. Esto queda perfectamente reflejado cuando dice “pensaba entonces que si eramos novios, por muy relación abierta que fuese, novios eramos, y que a sus buenos amigos tendría que comunicárselo”. Esto demuestra su concepción patriarcal de las relaciones, en la necesidad de “marcar” a su pareja y, así, tenerla bajo control: que todos supieran que es su novia, su propiedad» (Una falsa autocrítica: sobre el ex-camarada Samuel). (7)

Es cierto que la información que por entonces la organización manejaba era limitada. Por un lado, existe gran parte que no hemos conocido hasta que Jiang se ha marchado y la ha publicado, o hasta que Samuel ha redactado sus pretendidas autocríticas. Por otro lado, información que ella transmitió a camaradas estando dentro de la organización no fue a la vez comunicada a las instancias capaces de actuar en consecuencia. Y entre los por entonces camaradas que imposibilitaron dar una respuesta a las actitudes reaccionarias de Samuel, se encuentran precisamente Galander y Pavka. Uno de ellos, firmante de esta crítica. Un mensaje en el que un camarada te dice que su novia “ha de serle fiel y leal” ha de abordarse con la seriedad que merece. Las militantes deben informar por las vías existentes a las direcciones que, por tener una perspectiva más global del colectivo, pueden considerar cual es la mejor respuesta ante cada situación, cosa que ellos no hicieron.

Por otra parte, no cabe duda de que la actitud de Samuel no es la de una comunista cuando afirma que “le costaba concentrarse con las camaradas cerca”. Un error que reprodujo él, y que es común en el movimiento comunista, es el de considerar a las mujeres como un mero apéndice de la revolución. Inconscientemente (o conscientemente, según el caso) se mantiene la idea de que las mujeres no pueden ser un elemento activo dentro del proceso revolucionario. ¿Qué significa que él no se pudiera concentrar con las camaradas cerca? Su presencia turbaba a Samuel y le impedía realizar lo más diligentemente su trabajo político. Por tanto, se incurre en el liberalismo al prestar más atención a los deseos personales que a las exigencias políticas; al igual que se incurre en una actitud patriarcal, al cosificar a la mujer comunista considerándola como un mero objeto de deseo en vez de considerarla como una igual, como una combatiente de vanguardia.

El FRML tenía conocimiento sobre todo lo narrado (sic!), pero defendía las posiciones de este militante exponiendo que, como era la primera vez que mantenía una relación de pareja, no sabía cómo tratar a esta. Que como nunca había tenido sexo, no sabía cómo actuar para tenerlo por primera vez y que, por esa razón, había que entender y comprender su manera de actuar. No hay excusa que valga para legitimar el acoso y la dominación masculina y, muchísimo menos, en un comunista.

No conocemos la situación concreta a la que se refiere en la que nosotras apoyásemos las actitudes machistas de Samuel. De hecho, las camaradas de su colectivo no conocíamos apenas cuál era la situación de su relación. Nosotras, como comunistas, debemos comprender de dónde surge un problema como primer paso para abordarlo. De nada sirve la actitud liberal de pasar por alto cualquier tipo de comportamientos burgueses de las camaradas. Nuestro deber como comunistas es criticar estos errores y establecer las vías para su superación a través de la ayuda que brinden las camaradas más avanzadas a las que menos lo están.

Debemos señalar que estamos totalmente de acuerdo en que “no hay excusa que valga para legitimar el acoso y la dominación masculina y, muchísimo menos, en un comunista”. La ideología dominante está presente hasta en el más recóndito lugar del movimiento comunista. Esta reproduce el individualismo, el egoísmo, el idealismo y el amiguismo. Se considera más a una persona por tener una buena relación con ella que por su práctica real. Es normal que esto sea recurrente en la sociedad capitalista, pero desde luego que no se puede permitir en las filas revolucionarias. Como comunistas que somos, luchamos contra la ideología burguesa allí donde se presente. En el aspecto de las relaciones entre camaradas debemos tener especial vigilancia revolucionaria. El liberalismo puede trocar la relación de camaradería en una relación de pura amistad, destruyendo las bases políticas en las que se debe construir el vínculo entre comunistas. Creemos necesario sacar a colación nuestras palabras respecto a esto:

«La camaradería es el grado máximo de amistad. Una amistad revolucionaria, para con tus camaradas y tu clase en general. Pero en esa relación el elemento que domina es la cosmovisión revolucionaria, a la cual se ha de subordinar cualquier grado de afinidad personal con tal o cual individuo» (Respuesta a “Guardia Revolucionaria”: Parte II, precedentes críticos). (8)

Es por esto que, una cosmovisión revolucionaria se opone diametralmente a la concepción de amiguismo propia de la ideología burguesa. Lo político prima sobre lo personal. La crítica entre camaradas debe ser implacable, sea cual sea la simpatía que se sienta hacia la otra persona.

Los comunistas tenemos una alta consciencia que nos permite analizar sin demasiada dificultad la ideología que hay en los actos de las personas. Una organización que se autodenomine comunista, que conscientemente permite actitudes reaccionarias reproducidas por sus militantes, campa más por el camino a la reacción que por el camino a la revolución.

Al leer este párrafo, nuestra sorpresa no puede ser más mayúscula. Cuando hace apenas unas líneas han emitido unas acusaciones sobre elitismo hacia determinadas personas de nuestra organización, ahora afirman que “los comunistas tenemos una alta consciencia que nos permite analizar sin demasiada dificultad la ideología que hay en los actos de las personas”. De manera prácticamente automática, se atribuye a las comunistas una capacidad que, por el contrario, ha de ser forjada a través de un trabajo colectivo largo y costoso. Las comunistas no forjamos una “alta consciencia” de la nada; por medio de elementos como el estudio y el trabajo político, que llevamos a cabo inmersas en la colectividad revolucionaria, nos transformamos como comunistas.

En la sociedad de clases actual se desarrollan actitudes burguesas como reflejo de unas relaciones materiales concretas. Las comunistas somos hijas de esa sociedad y de esas actitudes, y saber identificarlas significa llegar a ese nivel de consciencia requiriendo de la totalidad de una cosmovisión que desde luego no surge espontáneamente, sino con la superación de nuestras contradicciones en el trabajo diario gracias a la lucha contra todo vestigio burgués. Un esfuerzo mayúsculo si comprendemos las limitaciones que encontramos en esa misma realidad que nos ha criado y de la cual no nos hemos -ni podemos- separar en el actual contexto.

Sin embargo, detrás de sus palabras se esconde una aclaradora confesión. Además de reproducir el elitismo que decían criticar, permiten comprender el cúmulo de actitudes liberales y reaccionarias que muchas de las firmantes cometieron en su paso por la organización. Estas fueron combatidas por nosotras desde el primer momento, pero para ellas, resulta mucho más sencillo centrar la atención en la paja en el ojo ajeno antes que hacer el trabajo mínimo necesario para combatir la viga en el propio.

Por un lado, como ya hemos explicado en anteriores documentos, el hecho de vivir en una sociedad en la que se reproducen actitudes liberales hace que muchas de las actitudes se produzcan de manera no consciente, ya que muchas de las personas que las reproducen las practican de manera naturalizada. Esto no nos debe escandalizar sino que por el contrario, debe motivar una lucha activa para combatirlo.

Precisamente por este punto la militancia comunista no solo exige el cumplimiento de unas tareas políticas sino que, de alguna manera, implica una inclinación por superar de manera colectiva (la única manera posible) todas aquellas limitaciones y desviaciones liberales, que se producen en la vida burguesa, con vigilancia revolucionaria y con la crítica de la mano. Esta vida colectiva no solo intenta corregirlas, en la medida en la que es posible hoy en día, sino que pretende transformarlas, y como comunistas tenemos el deber precisamente de obrar con el ejemplo.

Por otro lado, y dicho esto, reiteramos: es verdad que en la trayectoria del camarada Samuel ha habido prácticas reaccionarias, pero de constatar esto a decir que la organización a sabiendas de esta situación hacía oídos sordos, no solo nos parece interesado -precisamente porque no se ha demostrado con una sola prueba-, sino que constituye un ejercicio total de cinismo y falta de seriedad hacia la causa de la emancipación de la mujer. El hecho de conectar unos hechos con otros por su proximidad y no por su demostración y constatación con la realidad es precisamente hacer, no solo un flaco favor a la seriedad que el tema merece, sino demostrar una actitud completamente destructiva para con la organización.

Como no es menester de las comunistas achicarnos frente a los señalamientos, abordamos todos y cada uno de ellos con la seriedad y la justeza que requieren. Además, y como hemos expresado a lo largo del material, algunas de ellas constituyen tergiversaciones o, directamente, falsas acusaciones, que combatimos aportando las pruebas necesarias al respecto. La manera que tienen de ejercer la crítica constituye una práctica contraria a la cosmovisión revolucionaria.

Es del todo inaceptable que un mísero párrafo de concatenación de hechos individuales termine cerrándose con una conclusión que supuestamente quiere demostrar que la práctica habitual de nuestra organización está del lado de la reacción. ¡Pero qué clase de comunistas son las que después de intentar pasar hechos falsos por verdaderos intentan, concluyendo en una simple línea, vincular ciertas actitudes reaccionarias de un ya exmilitante a la práctica generalizada de la organización! Entendemos que esto no puede tener ninguna cabida en el movimiento y no solo se van a desmentir sino que se deben señalar estas actitudes liberales por parte de estas ex-camaradas.

Cada organización debe tener un destacamento para las militantes en el que traten los problemas de género y, tras sacar las conclusiones, comunicárselas al resto de la organización para tratarlas. Pero el FRML rechazó tener en la organización ese espacio pues, según el CC, no era necesario.

Precisamente este fue uno de los temas a tratar el pasado mes de agosto de 2015 durante nuestra 2ª Conferencia. Concretamente se debatió el balance de la que entonces era la Comisión Feminista. En primer lugar, queremos señalar que esto no lo decidió el CC de manera unilateral, sino de manera colectiva por parte de todas las delegadas de todas las células que participaron en dicha Conferencia. Es más, todas las mujeres de la organización -fueran delegadas o no- estuvieron convocadas a participar en la propia Conferencia. No entendemos cómo en concreto Delia (que pertenecía a dicha comisión y estuvo en la misma) puede afirmar esto, pues es rotundamente falso.

En segundo lugar, en ningún momento se rechazó la creación de un espacio donde se tratasen de manera específica las cuestiones de género y que estuviera en contacto estrecho con otras comisiones y los colectivos, ya que es algo considerado imprescindible y obligatorio dentro de toda organización que se considere revolucionaria. Lo que no se valoró como adecuado es el hecho de que tal espacio fuera no mixto.

Que el espacio de la organización donde se trate específicamente la opresión de la mujer y la lucha contra el capitalismo patriarcal esté formado exclusivamente por mujeres y que estas, por tanto, sean las únicas que tomen una lucha activa, acentúa la división de géneros dentro de la organización revolucionaria. Permite que el trabajo y la conciencia activa sobre esta cuestión sean responsabilidad únicamente de las camaradas mujeres y en concreto de la comisión, cuando es deber intrínseco de toda comunista y militante de la organización.

En la 2ª Conferencia algunas camaradas señalaron la necesidad de creación de un espacio no mixto argumentando que las mujeres de la organización iban a tener mayor facilidad para hablar de las problemáticas relativas a la opresión de la mujer, tanto a nivel general como a nivel particular-personal. Aquí debemos aclarar algo. El espacio que se pretendía crear era un espacio primeramente de análisis y elaboración teórica y práctica de la opresión de la mujer de manera general. Para estudiar y ayudar a solucionar casos concretos -problemas personales- de camaradas afectadas por dicha opresión debe construirse el espacio concreto adecuado. Sabemos que ante problemáticas de esta índole, una persona que haya pasado por una situación similar (otra mujer) puede comprender mejor a la camarada, y ésta se puede sentir más cómoda con otras camaradas mujeres.

Asimismo defendemos que, aunque estas divisiones en el trato entre grupos sociales existen y no las podemos obviar, debemos tender a su superación. Son rasgos de este sistema capitalista patriarcal. Por ello es importante trabajar para construir una confianza entre todas las camaradas. La clave de las relaciones entre comunistas no debe residir en el género de la persona con la que se trata, sino en la confianza que da el hecho de identificarte política e ideológicamente con otras comunistas.

Por tanto, no negamos que haya casos en los que puedan aparecer mujeres que por su coyuntura personal se sientan más cómodas discutiendo determinadas problemáticas con mujeres comunistas antes que con hombres comunistas. Pero generalizar tal coyuntura nos parece errado. El elemento que debe primar en nuestras relaciones es el carácter proletario de las mismas, y en la medida en que sea otro elemento el determinante, hay que tender a superarlo. Pues una relación no forjada sobre esta base solo puede conducir a perpetuar las relaciones de opresión que se dan bajo el capitalismo.

De ninguna manera, como parece que las firmantes afirman, las mujeres de la organización pueden llegar a las conclusiones de manera completa y simplemente comunicar las decisiones al resto de militantes de la organización para que sean meras ejecutoras. No. Ningún militante debe eludir esta cuestión y delegar el trabajo en las mujeres. Es nuestro deber como comunistas luchar contra toda opresión, saber dirigir todas las manifestaciones de esta lucha múltiple contra el sistema capitalista, saber “dictar un programa positivo de acción” efectivamente revolucionario a todos los grupos oprimidos. Para conseguir esto es indispensable ir a todas las clases y capas de la población, «enviar a todas partes destacamentos de nuestro ejército» (Lenin, ¿Qué hacer?).

Asimismo, en la Conferencia, teniendo en cuenta que la supervisión del estado de las camaradas (problemáticas económicas, personales, vitales, etc.) ya la ejercía la Comisión Organizativa, se decidió que en el caso específico de una problemática de género, hubiese una estrecha colaboración entre las dos instancias de la organización. Acordando, de esta manera, generar el espacio concreto de trabajo, colaborando la Comisión Feminista y la Comisión Organizativa paralelamente a las necesidades, problemáticas y limitaciones que fueran surgiendo con las camaradas, y valorando que el mismo pudiera ser no mixto si la situación concreta lo requería.

Tras la inadecuada gestión del trabajo por parte de la Comisión Feminista (entre otras cosas no estableció los nexos oportunos con otros colectivos, realizó un escaso trabajo teórico sin ninguna finalidad concreta, tuvo dificultades técnicas, falta de compromiso debido a la situación personal de alguna de las camaradas, etc.), se decide crear la Comisión de la Cuestión de la Mujer, la cual nace a modo de rechazo y superación del modelo de trabajo anteriormente reproducido. Esta nueva comisión se constituyó formalmente a mediados de junio de 2016. Por lo tanto, es falso que el FRML no se preocupe o que no “consideremos necesario” un espacio que trate la cuestión de la mujer. Es cierto, sin embargo, que no consideremos necesario un espacio como el que nos exhortan a tener las firmantes de la crítica de Guardia Revolucionaria.

Finalmente, creemos necesario plasmar parte del balance que realiza la propia Comisión Feminista en la 2ª Conferencia al respecto al camino que estábamos recorriendo en lo referente a la cuestión de la mujer y la lucha contra las actitudes machistas. No deja de ser llamativo que Delia, integrante de dicha Comisión, ahora firme un documento de estas características, pues está negando los progresos que en nuestro seno se estaban dando (y que ella misma reconoció). Lo mostramos a continuación:

«Desde la CF queremos destacar como algo muy positivo la evolución que ha tenido el FRML en tres sentidos distintos pero complementarios:

En sus reacciones frente a actitudes machistas por parte de militantes, donde hemos ganado en contundencia: Hemos visto, en la medida en la que hemos podido siendo solo 2 personas a efectos prácticos en la CF, como cada vez nuestros/as camaradas denuncian con menos rubor comentarios machistas que quizás antes no hubiesen criticado, aun reconociendo esa actitud como reaccionaria, por pensar que era un tema menor y que el resto vería la denuncia como “algo sacado de quicio”.

En la nueva posición que toma la cuestión de género dentro de la organización. Por un lado, en un sentido puramente organizativo, nos hemos dado cuenta de que el FRML entiende que el papel de las mujeres dentro de las organizaciones comunistas roza lo anecdótico y que eso es un problema urgente que deriva de un concreto trato de ninguneo y desprecio general del movimiento comunista hacia el feminismo, el activismo LGTBI+ y la cuestión de género. Y lo que es más importante, nos hemos dado cuenta de que este reconocimiento no se queda en, un formalismo de palabras vacías, de limitarse a decir lo importante que es el ingreso de mujeres en la organización, sino que se empiezan a dar pasos para ello. Un buen ejemplo es el hecho de que se haya decidido que hoy, aquí, estuviésemos todas las mujeres de la organización en un intento de avanzar hacia nuestra inclusión, así como para ponernos en contacto entre nosotras.

Por otro lado, también ha ganado peso como concepto; es decir, la importancia que tiene analizar y estudiar los géneros, comprender su origen y función en las sociedades de clase, es una cuestión que ha ganado cada vez más importancia en el FRML. La formación teórica en este tema ha de incluirse en la formación general, nuestros camaradas nos han hecho saber que son conscientes de ello y nos han pedido en reiteradas ocasiones material o consejo. En este sentido, la CF tiene todavía mucho trabajo urgente por delante, de ahí la autocrítica: reconocemos que nuestra lentitud a la hora de tratar textos para elaborar esa lista de materiales de formación es un error que necesitamos sanar lo antes posible. Y estamos en marcha».

La camarada Jiang fue violada por un revisionista ajeno al FRML. Después de comunicárselo a la organización, Manolo y otro militante del CC, León, decidieron no creerla por falta de pruebas. El seguidismo tan destacado en el FRML hacia estos militantes, llevó a que muchos no creyeran el testimonio de la víctima. Estos hechos no pueden reproducirse en una organización comunista. No posicionarte con una víctima de violación te lleva inevitablemente a posicionarte con el opresor. Una organización que reproduce estas actitudes está del lado de la reacción. Una víctima no necesita pruebas para que sus camaradas la ayuden (sic!). Sin embargo, el FRML pide pruebas para creer a una víctima de violación y, sin embargo, creen a un violador que no posee pruebas de no haber violado a una mujer.

Se nos acusa de no haber creído que Jiang había sufrido una violación. No solo esto es falso, pues todas las camaradas la creímos y dimos nuestro apoyo, sino que además nos posicionamos como organización. Es decir, ofrecimos respaldo como FRML con las medidas que ella considerara necesarias tomar contra su violador. Y Pavka en concreto fue consciente de esto desde el principio.

En ningún momento se le piden pruebas ni se deduce que lo que cuenta no es verosímil. Más bien, por los apoyos que la organización le da, se deduce lo contrario. Incluso se nos llega a criticar en un material posterior que hubo una reunión en la que Manolo y León debatieron las consecuencias que podía traer el que ella hubiera mentido. ¿En base a qué se afirma esto? ¿Qué pruebas tienen para afirmar tal cosa? Una vez más entramos en la narrativa política. Si supuestamente una ola de secretismo cubre a la “vieja guardia”, ¿cómo iban a saber qué (supuestas) reuniones se tienen?

Pudimos cometer errores al tratar este tema con ella y algunas camaradas pudieron no ser lo suficientemente empáticas. Pero lo que no vamos a tolerar es que afirme que la organización no le dio apoyo en esto o que no la creyó, cuando muchísimas militantes, y muy de cerca el secretario de Madrid, hablaron con ella horas (y poseemos numerosas conversaciones) sobre esta cuestión intentando darle ánimos y apoyarla en la medida en que nos era posible.

Las medidas principales que la organización ofreció a Jiang fueron:

  • Principalmente se le ofrece hablar con la responsable de feminismo de Iniciativa Comunista y que supiesen a qué tipo de elemento iban a aceptar en sus filas, puesto que la organización del violador estaba en proceso de integrarse a IC. En varias reuniones con Jiang se acaba llegando a la conclusión de que esta podría ser la mejor opción. Sin embargo, por razones inherentes a la propia Jiang, esto nunca llega a hacerse. Que tengamos constancia es lo que Jiang ha acabado haciendo una vez fuera de nuestra organización.
  • También se le ofrece una vivienda, debido a la grave situación que ella sufría en casa. Entendemos que ella prefiriese no dejar su casa (con todas las complicaciones que eso le pueden traer), pero ante esta situación grave consideramos que tener una vivienda segura en un momento dado puede ser de gran importancia.
  • Como última medida que estaba a su disposición, se le ofrece un abogado por si quiere denunciar. Se nos ha criticado que le ofreciésemos esta medida como algo inútil y carente de valor (como si esta hubiera sido la única opción que se le da). De ninguna manera, como hemos visto, el único apoyo que se le da es el apoyo legal. Y desde luego, si tenemos la disponibilidad de esta vía, vamos a ponerla a disposición de la víctima si así la situación lo requiere.

En todo momento se le dice que se tomará la decisión que ella considere oportuna. De ninguna manera se reduce a las opciones que la organización ofrece, ya que se valora junto a ella. Como ella misma nos manifestó, la que tiene la última palabra y debe llevar la iniciativa en todo esto es Jiang. Teniendo esto en cuenta, la organización poco más podía ofrecer. No nos consolamos con esto, y por tanto pedimos que si alguien puede aportar otras medidas que deberían haberse ofrecido o criticar las que se ofrecieron, sería del todo positivo -como lo han sido ya las aportaciones que nos han ofrecido militantes de otras organizaciones-.

Por último, cabe señalar que estamos de acuerdo con los puntos finales que expresan las firmantes. En este sentido, desde la organización se dio total apoyo a Jiang ante la situación de la que nos informó. En ningún caso se puso en duda su versión y ni mucho menos se creyó al violador. Como hemos visto le propusimos una serie de medidas para hacer frente a estos hechos que ella rechazó -lo cual es comprensible dada su situación-. Pero esto dejaba a la organización sin mucho más margen de maniobra. Si alguien considera que se pudo haber actuado de una forma más correcta ante esto, agradeceríamos que se nos informara al respecto, en aras de afrontar mejor este tipo de situaciones en el futuro.

En el Anexo 3 transcribimos una reunión del 20 de octubre de 2015 en la que participan León y Manolo, los miembros del Comité Central a los que se les acusa de no haberla creído. Lejos de no creerla, vemos como los presentes en la reunión -entre ellos el propio Pavka- abordan con la seriedad que merece esta problemática y las distintas vías para su resolución. Se concluye que Manolo y Pavka quedarán con ella, escucharán cuál es su perspectiva, presentarán propuestas y se le comunicará que la organización está dispuesta a respaldarla en la que sea su última decisión.

Además Manolo, en una ocasión, le tocaba “de juego” los pechos a esta camarada delante de varios militantes, quienes se reían. No podemos tolerar estas actitudes por mucho que se respalden en que “es de broma”. Muchas mujeres dejan que las manoseen sólo porque no saben cómo reaccionar, cómo huir de la situación, o cómo quitarse las manos del otro de encima por miedo a su reacción. No han sido pocas veces las malas actitudes que las mujeres hemos recibido por llamarle la atención a un hombre que nos estaba incomodando. Los hombres y, sobre todo los comunistas (por ser estos quienes deben elevar su conciencia para ser vanguardia), deben entender que no han de tocar sin previo permiso a una mujer y, por supuesto, entender que no solo basta con entenderlo, sino que también debemos no llevar a cabo estas acciones.

Ninguna de las camaradas que asistieron al evento (en otra ocasión Jiang ha dicho que esto se dio en la fiesta del PCE de septiembre de 2015) recuerdan nada parecido a que Manolo tocase los pechos de Jiang. Agradeceríamos si pudiera especificar en qué ocasión se dio esto y qué camaradas estuvieron delante. Si esto se hubiera dado, pedimos disculpas y lo criticamos como la actitud reaccionaria que es. Sin embargo, sin nada de información sobre la mesa poca crítica podemos hacer.

Juanjo (Tesla_El_Rojo en Twitter), a quien ya conoceréis por la denuncia pública que se le hizo, contaba que lo primero que piensa cuando una mujer entraba a premilitar a la organización, era en si estaría buena. También narró que uno de sus trucos para conseguir un lío o sexo era darle alcohol a la otra persona (el motivo de la denuncia). Apología de la violación, muy bien recibida en el FRML. Nada sorprendente pero que inevitablemente nos sorprende. Al respecto de la cuestión femenina y tras el escándalo del militante ya nombrado, el FRML hizo pública una declaración en donde hablaba de que “no son perfectos” y de que “cometen errores”. Y nuestra pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a tener que aguantar las mujeres comunistas agresiones en nuestras filas, y la constante justificación de estas, alegando la imposibilidad de una actitud libre de agresiones hacia las mujeres por la sociedad patriarcal en la que vivimos?

En este comunicado piden a los lectores que contribuyan a la manera que puedan: el intento de justificación de ciertas actitudes machistas por la sociedad actual se termina derrumbando por su propio peso, sonando más a un intento de (valga la redundancia) justificar un comportamiento que el de una explicación fundamentada.

¿Exactamente de qué manera se pide a las lectoras para que contribuyan a justificar actitudes machistas? Volvemos a lo mismo de siempre, a lo que se ha estado haciendo durante toda la crítica, afirmar cosas que bien saben son falsas. Parece que no se tenga pudor a la hora de tergiversar y mentir sobre cualquier cuestión siempre y cuando quede bien en el conjunto de la crítica y sirva para demonizar al contrario. Nada más lejos de la realidad, con el comunicado se pretendió expresar una autocrítica sincera por parte del camarada Juanjo que, en su intento de corregir actitudes reaccionarias (algo para lo que, como a todas, aún nos queda una vida entera por hacer), solo recibió el linchamiento por parte de usuarios de Twitter. En ningún momento, por parte de nadie que aún siga en la organización, se ha pretendido justificar ninguna actitud machista. Nuestra tarea es combatirlas y superarlas conscientemente. Dejamos aquí dos comentarios que hizo el camarada Juanjo en la autocrítica, suponiendo que esto es a lo que llaman “justificar actitudes machistas”:

«En mi avance como militante comunista, me di cuenta de que esa insistencia no era propia de un comunista, sino que incurría en una forma de acoso, pues no respeté el no de ambas chicas» (Autocrítica del camarada Juanjo). (9)

«Reconozco que el uso del alcohol como medio para ligar constituye un comportamiento reaccionario. Si siguiera desarrollando esta errónea práctica podría estar volviendo a cometer abusos» (íbidem). (10)

También es notorio comentar el argumento acerca de la “carencia de información”. Siempre ha existido información sobre las conductas reaccionarias, otra cosa bien distinta es lo que se haya decidido hacer con esta información; hacer “investigaciones” sobre actitudes de las que la organización es más que consciente (sic!), no es otra cosa que quitar valor y veracidad a las críticas y al testimonio de la víctima; es más, la actitud del FRML ante un caso de violación no ha sido otra que humillar a la mujer víctima de una violación dudando constantemente de su palabra y pidiendo pruebas al respecto.

Se afirma que “siempre ha existido información sobre las conductas reaccionarias”, pero que con esta información sobre la mesa no se tomaba ninguna medida. Nada más lejos de la realidad (no volveremos a entrar en la gratuidad de lo que se nos imputa), sobre todo si tenemos en cuenta que la gran parte de las críticas que ahora se nos hacen no se hicieron cuando estas personas militaban en la organización. Si esto fuera así, si las críticas hubieran sido claras y en su momento, no habríamos tenido que sacar una Declaración Pública (11) pidiendo a las personas del movimiento que dispusiesen de información sobre supuestas actitudes reaccionarias de camaradas nuestras que las pusiesen en nuestro conocimiento. En especial de la supuesta violación del camarada Manolo.

¿Se quiere decir, por ejemplo, que disponíamos de toda la información sobre esa supuesta violación, que no era más que un rumor? ¿Se pretende presentar como una actitud equivocada que una organización investigue si se están dando conductas reaccionarias en sus filas? Máxime si la información no llega ni por los cauces adecuados ni se conoce desde “siempre” (cosa que entendemos completamente, ya que una persona que ha sufrido un caso de agresión sexual o violación puede no denunciar hasta tiempo después).

No entendemos cómo una organización revolucionaria puede tomar medidas ante actitudes reaccionarias y superarlas si no investiga y conoce qué comportamientos se han dado en su seno y quiénes los han llevado a cabo, además de qué errores se han podido cometer en la propia actuación de la organización. Es necesario recordar aquí las palabras de Mao:

«¿No puede usted resolver un problema? ¡Pues bien, póngase a investigar su situación actual y sus antecedentes! Cuando haya investigado cabalmente el problema dejándolo claro, sabrá cómo resolverlo. Toda conclusión se saca después de haber investigado, y no antes. (…) Debe subrayarse que esto [sacar conclusiones antes de haber investigado] no conducirá en absoluto a ninguna solución eficaz, a ninguna idea provechosa» (Mao, Contra el culto a los libros).

Se contrapone, además, la investigación con el testimonio de la víctima. ¡Cuando de lo que trata la investigación es de saber todo lo que ha pasado y de cómo la organización ha actuado! ¡No de quitar veracidad o ir en contra del testimonio de nadie! El propio testimonio es una parte vertebral si se quieren esclarecer los hechos. No por el hecho de investigar todo lo que ha ocurrido al detalle y los errores que se han cometido (para de verdad superar los errores hay que ser plenamente consciente de lo que se ha hecho y no hecho mal) se está dejando de creer a la víctima o se le está negando apoyo. Precisamente en el caso de Jiang volvemos a recordar -aunque se afirme lo contrario de manera recurrente y sin pruebas- que desde la organización se la creyó desde el primer momento y nos pusimos a su disposición para apoyarla en las medidas que ella creyese más oportunas.

Como conclusión, es notorio señalar que durante la elaboración de este comunicado el FRML ha intentado contactar con algunos de los firmantes del presente documento de forma individual con el pretexto de “realizar investigaciones”. Esta comunicación se ha realizado repetidas veces aun habiéndoles aclarado previamente que se les contestaría más adelante; no sólo esto, sino aun aclarando ciertas cuestiones que se nos pedían, han seguido atosigando escribiendo mensajes de forma insistente o a realizando llamadas telefónicas (no parecen comprender que, si nos hemos desentendido de su colectivo, es por algo).

Ante la acusación de violación a uno de nuestros camaradas no nos queda otra opción, si realmente queremos llegar al fondo del asunto, que investigar el tema (12). Nos resulta cuanto menos absurdo que se pretenda que aceptemos sin conocimiento de hecho una acusación de tal calibre. ¿Cuál era la otra opción? ¿Dejar pasar el asunto a la espera de que se nos responda (cuando lo que se estaba dando era una situación generalizada de silencio)? ¿O quizás expulsar al camarada Manolo de la organización sin siquiera molestarnos a investigar para intentar descubrir la verdad de los hechos?

No entendemos cómo se nos puede criticar que investiguemos algo tan grave como una violación. Que de forma infantil y egoísta se priorice no ser “atosigado” a aportar información para resolver este asunto. Además, en base a la investigación realizada por nuestra parte, ha quedado patente que la acusación era completamente falsa. Quizás las firmantes de este material nos critican que investiguemos porque no quieren que se llegue al fondo del asunto. Más aún, cuando al llegar al fondo del mismo se ha destapado una trama de mentiras, en la que, como se ha señalado en anteriores materiales, se inventó una violación para acusar al FRML de machista y reaccionario. ¿Qué tipo de críticas podemos esperar de aquellos que están dispuestos a mentir sobre algo tan grave como una violación? Desde luego, estas críticas estarán, y de hecho están, viciadas por el oportunismo más rastrero.

Es por esto que no entendemos que se nos critique el hecho de intentar contactar con estas camaradas para plantearles los hechos y que tengan la oportunidad de defender sus críticas y posiciones y que, encima, se nos acuse de atosigar (cuando realmente solo se realizaron tres llamadas). Si realmente se pretende ser comunista, no se puede obviar la necesidad de esclarecer todo lo que sea necesario, desentenderse de dar explicaciones al movimiento. Las acusaciones y críticas deben llevarse hasta el final.

Nos resulta igualmente contradictorio que afirmen desentenderse de nosotras mientras, por otro lado, desarrollen no una; sino tres críticas enteras hacia la organización. Manifestando cuestiones que por nuestra parte ya se estaban investigando internamente. Entendemos que estas personas se hayan podido desentender de la organización por ciertas cosas con las que no estaban de acuerdo. Incluso pueden (y deben) criticar estas cosas. Es totalmente legítimo. Pero en el mismo momento en que deciden hacer esto contraen un compromiso con la clase, como comunistas. Tienen el compromiso de hacer llegar sus críticas, de defender y aclarar lo que defienden. Tienen el compromiso de solventar esos errores con sus críticas. Es una actitud completamente liberal escudarse en que ya se hablará cuando ellas quieran, y si no se habla con nosotras es por algún motivo. Y todo esto mientras se dedicaban a rumorear y a difundir estas críticas por diversos espacios, demostrando la falta del carácter superador de las mismas.

Debido al curioso historial del FR grabando conversaciones, tergiversando según qué información y haciendo preguntas comprometidas para intentar “pillarnos” en algo, sobra decir que no vamos a caer en su trillado juego de las llamadas, los mensajes, los textos de vuelta o el saber si se nos ha grabado o no.

Se vuelve a hacer referencia al tema de las grabaciones, sobre el cual ya hablamos en un documento anterior. Citamos aquí una parte del mismo:

«Es cierto que se ha grabado. Pero nunca con la intención de manipular o tergiversar, sino más bien todo lo contrario, para evitarlo. Grabando se tiene acceso permanente a conversaciones antiguas de las que se puede extraer información cuando la situación la requiera, como es el caso de nuestra publicación reciente de una de esas reuniones en aras de mostrar al conjunto del movimiento la seriedad con la que se abordaban y abordarán las diversas problemáticas.

En definitiva, grabar las conversaciones no solo no perjudica, sino que ayuda precisamente a conocer en profundidad lo que se dijo, lo que no se dijo y cómo se dijo, no dejando lugar a dudas. El ejemplo más claro es la crítica que hoy nos atañe, en la que todas las conversaciones grabadas que guarden relación podrán ser usadas como prueba para llegar al fondo del asunto. ¿Qué problema se tiene con todo esto? ¿Acaso se teme que se destapen las mentiras y calumnias?» (Respuesta a “Guardia Revolucionaria”: Parte V, La crítica, la autocrítica y la lucha de dos líneas). (13)

Grabar conversaciones ha servido para poner todas sus mentiras y falsedades en tela de juicio. No sobra decir quién ha tergiversado ni cuántas veces durante el documento entero y quiénes han aportado las pruebas debidas contra discursos oportunistas. No para “pillar” sino para aclarar en la medida de lo posible las calumnias que sobre nosotras han pretendido verter. Sin duda comprendemos el temor de las firmantes a que sus palabras queden grabadas.

El oportunismo juega con discursos contradictorios, con medias verdades, con manipulaciones y, por tanto, todo aquello que pueda poner encima de la mesa tal comportamiento va a ser tildado de trabajo de espionaje, pues es el único argumento al que se puede recurrir para intentar encubrir su propio oportunismo.

Camaradas, a esto se le llama vigilancia revolucionaria; a esto se le llama tener constancia de lo dicho y de lo hecho; a esto se le llama ir de frente en la ideología, en política revolucionaria; a esto se le llama estar dispuestas a asumir nuestras palabras y nuestros actos.

Sin embargo, solo aquellas que sean efectivamente comunistas y que, por tanto, estén dispuestas a enfrentarse a su propia realidad, serán capaces de asumir las responsabilidades que se derivan de la praxis militante, tanto de una misma, como de la colectividad a la que pertenece.

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(1) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-v-la-critica-la-autocritica-y-la-lucha-de-dos-lineas/

(2) Ibídem.

(3) Ibídem.

(4) http://blog.frml.es/index.php/354/

(5) http://blog.frml.es/index.php/declaracion-publica/

(6) http://blog.frml.es/index.php/una-falsa-autocritica-sobre-el-ex-camarada-samuel/

(7) Ibídem.

(8) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-ii-precedentes-criticos/

(9) http://pastebin.com/raw/UFXe7Ty2

(10) Ibídem.

(11) http://blog.frml.es/index.php/declaracion-publica/

(12) http://blog.frml.es/index.php/354/

(13) http://blog.frml.es/index.php/respuesta-a-guardia-revolucionaria-parte-v-la-critica-la-autocritica-y-la-lucha-de-dos-lineas/

Anexo 1: Conversación de Jiang con la camarada Laura: anexo-1

Anexo 2: Conversación de Jiang con el camarada Miguel Ángel: anexo-2

Anexo 3: Reunión del Comité Central hablando sobre el caso de Jiang: anexo-3

Sobre los recientes sucesos en la fábrica y entrevista a un camarada de la Michelín Vitoria

Introducción

El pasado día 1 de agosto, un trabajador de una subcontrata de Michelin fallecía por aplastamiento en la planta de Vitoria. Esto nos lleva a una reflexión general sobre la situación social de nuestra clase, de la mano de uno de nuestros camaradas empleados en dicha fábrica. La tasa de incidencia (número de accidentes ocurridos por cada 100.000 trabajadoras) ha crecido en los últimos 3 años de reestructuración económica capitalista un 8,2%, debido a un aumento de la explotación y precarización, pasando de 2.949 accidentes laborales en el año 2012 a 3.190 en el año 2015 (por cada 100.000 trabajadoras). Así, en términos absolutos, el pasado año se registraron en el Estado 449.223 accidentes (1). Constituyendo la conflictividad laboral un elemento inherente al régimen del capital, y siendo también la problemática entre grupos humanos (las clases) con más influjo social, vemos conveniente desarrollar en un futuro un análisis más profundo en torno al carácter estructural de la misma.

Puesta en contexto

La fábrica de Michelin situada en Vitoria, ha sido en los últimos 50 años uno de los motores económicos de Álava, dedicándose especialmente a la fabricación de neumáticos de turismo, habiendo empleado directamente a más de 9.000 personas durante toda esta trayectoria. Según confesaba en abril de este mismo año el director de la planta Amadeo Álvarez al recibir la Medalla de Oro de Álava por sus 5 décadas de historia, la planta es un “centro industrial clave de Euskadi y también a escala internacional dentro del sector de neumáticos”. No es para menos, ya que supone el 13% del PIB de Álava y de cuya producción, por ejemplo de ruedas, es exportado un 80% (2). Actualmente emplea de forma directa a 3.200 personas, habiendo realizado en el último año (datos de abril) más de 220 contrataciones y prometiendo realizar en el futuro “un buen relevo generacional”. Cómo se concreta lo que ellos denominan “un buen relevo generacional” lo veremos después.

Los hechos

El día 1 del mes pasado fallecía un empleado de la fábrica de Michelin de Vitoria sobre la 13:00 del mediodía al ser aplastado por unas mallas de acero. El hombre de 57 años que trabajaba para la subcontrata Endu, que se encarga de trabajos de albañilería, estaba cogiendo el material necesario para hacer unas arquetas cuando se le cayeron en la cabeza las mencionadas mallas, sufriendo un golpe mortal. Estaba solo, cuando se recomienda siempre ir en compañía de otra persona, lo que se desconoce (pero podemos deducir vistas las condiciones de trabajo) era la razón por la que acudió solo a recoger el material. En cualquier caso, nadie tendría que poder hacerlo poniendo en peligro así su integridad. Al cabo de un tiempo, un compañero notó su falta y fue en su busca, encontrándose con el cadáver. Se llamó a los bomberos y a la ambulancia, y el siguiente día se realizó un minuto de silencio a las 12:00 y un parón a la 13:30 en la puerta principal.

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La influencia de la crisis

Hay que entender las crisis como debilitamiento o estancamiento del proceso de acumulación, esto es, “de la reinversión del plusvalor para ampliar la escala de la producción y mejorar la productividad” (3). Y es que, debido al empeoramiento de las condiciones de rentabilidad, la masa de beneficios disminuye y los capitalistas deciden parar sus planes de ampliación (lo cual trae la caída de compras de Medios de Producción, la bajada de actividad económica y el desempleo). Sin embargo, las crisis tienen una función restauradora de la rentabilidad, de destruir todo ese capital sobrante (en relación al escaso beneficio que se produce). Esa destrucción de capital se puede dar de diferentes maneras: quiebras de empresas menos competitivas que dejan activos a precios de ganga para otras empresas más rentables (es por eso que las crisis también son procesos de concentración y centralización de capital), desvalorización de la fuerza de trabajo (es aquí donde podemos encuadrar toda esta cuestión), etc.

Vemos que, para que se generen esas condiciones favorables para la inversión, entre otras formas, el “programa capitalista” se traduce en el aumento de las tasas de explotación de los asalariados. Esto se lleva a cabo mediante la reducción del salario directo, del indirecto (los ingresos percibidos como gasto social: educación, sanidad…) y mediante el empeoramiento de las condiciones laborales (solo en ese contexto podemos entender el aumento de las subcontratas, forma jurídica predilecta de la explotación del trabajo, como el de los accidentes laborales desde 2012). La parte del valor que genera la trabajadora, que se apropia el capitalista como plusvalor, aumenta. Marx nos dice:

“El régimen capitalista de producción, como corresponde a su carácter contradictorio y antagónico, da un paso más y dilapida la vida y la salud del obrero, considerando la degradación de sus mismas condiciones de vida como economía en el empleo del capital constante y, por tanto, como medio para la elevación de la cuota de ganancia” (4).

Por ello, “la producción capitalista es siempre, pese a su tacañería, una dilapidadora en lo que se refiere al material humano, del mismo modo que en otro terreno, gracias al método de la distribución de sus productos por medio del comercio y a su régimen de concurrencia, derrocha los recursos materiales y pierde de un lado para la sociedad lo que por otro lado gana para el capitalista individual” (4).

Ello nos permite sacar a la luz el límite intrínseco en el que se encuentran encuadrados los sindicatos, puesto que las tentativas de aumentar el salario, fuera de una continuidad organizada para la toma del poder, se ven abocadas al fracaso. Al producir una disminución del beneficio empresarial y de la inversión, sin el poder obrero para sostenerlo, queda intacto para el capitalista, a través de la posesión de los medios de producción, el poder económico con el que puede abrir o cerrar la fuente de la inversión cuando vea que las condiciones de valorización no son las más favorables.

Condiciones de trabajo actuales

El capitalista obtiene su ganancia de la explotación de la fuerza de trabajo. La diferencia entre el valor nuevo creado por el obrero en su jornada laboral completa, en condiciones normales, y la parte de la jornada laboral que le es remunerada como salario, es el plusvalor (que no es idéntico a la ganancia, subdivisión de este). Este puede ser definido como “mero coágulo de tiempo de plustrabajo, como nada más que plustrabajo objetivado” y “se presenta en un primer momento como excedente del valor del producto sobre la suma de valor de sus elementos productivos” (5), como valorización del valor. Y el valor de más es precisamente aquél añadido por la trabajadora en la parte de su jornada no remunerada. El plusvalor que, generado por el trabajo no pagado, determina, junto a otros factores, la ganancia del empresario.

A través de subcontratas y ETTs, por ejemplo Michelín o Kaiku, se deshacen de las trabajadoras propias con contratos indefinidos, sustituyéndolas por trabajadoras con contratos mayoritariamente temporales, de una duración mensual renovable. De esta forma, las empresas se quitan responsabilidades, dividen a las trabajadoras menguando su capacidad de lucha unitaria y asociación, y consiguen cubrir los puestos de trabajo necesarios para su proceso de producción con trabajadoras que no solamente perciben un salario menor por mismas o mayores horas de trabajo, sino que además tienen condiciones laborales más limitadas: desde no tener duchas o taquillas como las trabajadoras propias de la empresa, el detrimento de las zonas comunes y acceso a peores materiales/herramientas, hasta no percibir el salario correspondiente a las horas extra o el plus de nocturnidad etc.

Todas estas medidas desembocan en un aumento de la intensidad del trabajo que se manifiesta a su vez en un aumento del riesgo laboral, debido a diversos factores. La sobrecarga de la mano de obra empleada obliga a que las trabajadoras atiendan a más tareas de las propias en la cadena de producción, disminuyendo el rendimiento, tiempo y eficacia en cada una, y creciendo así las prácticas arriesgadas. A su vez, la proliferación de contratos temporales mensuales lleva a una situación de bucle en que las trabajadoras, que han estado unos meses cumpliendo unas funciones concretas, pierden el empleo y buscan otro contrato en la misma empresa, que usualmente las coloca en otra tarea vacante. La situación de inestabilidad crónica que deriva de estos cambios, de la imposibilidad de que las trabajadoras sistematicen sus tareas, lleva a un aumento de las enfermedades y los accidentes laborales, pues no es un hecho casual que, como apuntan las estadísticas del Ministerio de Empleo, los sectores donde más ha crecido el uso de ETTs coinciden en gran medida con los sectores con mayor índice de accidentes registrados (agricultura, ganadería, silvicultura y pesca; industria extractiva; industria manufacturera; construcción; transporte y almacenamiento) (6).

El proceso de producción inmediato, bajo el modo de producción capitalista, deviene social, es socializado con la introducción de la división social del trabajo en el taller, la cooperación, la maquinaria a gran escala, posibilitando la aplicación de los productos generales del desarrollo humano (ciencia, etc.) al proceso mismo. Por otra parte, cabe matizar que:

“no solo en las ‘ideas’, sino en la ‘realidad’, el carácter social (sociabilidad) del trabajo se levanta, frente al obrero, como un elemento extraño y, lo que es más, hostil y antagónico, cuando es objetivado y personificado en el capital” (7).

Este antagonismo se halla fundado, a su vez, en la efectuación de la producción “chocando con los productores y sin consideración para con ellos, no siendo estos más que simples medios de producir, mientras que la riqueza material, devenida un fin en sí, se desarrolla en oposición al hombre y a costa de él” (8).

Con estas nuevas condiciones, el trabajo no pagado crece, y en consecuencia, el plusvalor generado y la tasa de explotación también aumentan. Como hemos visto en anteriores ejemplos, no pagando las horas extras, disminuyendo los tiempos de pausa, teniendo que realizar más trabajo en el mismo lapso de tiempo, etc. se aumenta la producción de plusvalor absoluto y con ello la ganancia. Por lo tanto, es necesario ver que estas cuestiones no difieren de las propias dinámicas del capitalismo, como si de un exceso arcaico se tratase, sino que son interdependientes dentro de la misma estructura de explotación. Como bien dice Marx en el tomo I de El Capital: “La economización de medios sociales de producción (…) se convierte, en manos del capital, en el robo sistemático de las condiciones de vida del trabajador durante el trabajo, en el robo de espacio, de aire, de luz y de los medios personales de protección contra las condiciones nocivas e insalubres del proceso de producción”.

Respuesta de las trabajadoras

Este punto es uno de los puntos donde más ha influenciado la crisis, y no precisamente para acentuar la lucha e impulsar la unión de las trabajadoras. Antes de entrar a valorar la respuesta que se ha dado ante este homicidio patronal, nos gustaría exponer brevemente una de las consecuencias de la utilización de las ETT por parte de las empresas. Mediante la subcontratación, la empresa no solo se despreocupa de buena parte del personal sino que consigue en cierta medida separar a las trabajadoras, ya que el hecho de ser contratadas por otra empresa va a determinar totalmente el trabajo en todos sus aspectos. Al ser las condiciones de trabajo, los derechos y el convenio de las trabajadoras de Michelin muchísimo más favorables, entre algunos individuos de los sectores más acomodados de la clase se dan miradas de superioridad hacia los de las subcontratas. Aunque tenemos que aclarar que no es algo de carácter general. La ropa usada también difiere, siendo posible distinguir a primera vista quién trabaja dónde, y el material de los asalariados de la ETT es de peor calidad o muchísimo más reducido (mientras que las empleadas de Michelin recogen el alambre mediante electroimanes por ejemplo, las de las subcontratas lo hacen a mano). En cuanto al espacio, no usan las mismas duchas y vestuarios. Así, un espacio donde se pueden conocer, socializar y poner en común los problemas que les afectan, paso previo a su organización, queda imposibilitado entre las trabajadoras de Michelin y de las subcontratas. Aunque no sea esta la finalidad principal de las ETTs, indudablemente ayuda al proceso de acumulación mantener dividido al personal. La cantidad de parados, de población activa no empleada (lo que en la tradición marxista se ha llamado ‘el ejército industrial de reserva’), y la reforma laboral, así como la ausencia de un proyecto político propio, han incentivado el desinterés de las empleadas por la protesta y la organización (por las más que posibles represalias o incluso despidos que derivarían de tales acciones) aumentando así la pasividad que se ha instaurado entre las trabajadoras. No sólo en el sentido económico la competencia entre trabajadoras es un supuesto del trabajo asalariado.

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De todo ello, llegamos a la respuesta que se dio: prácticamente inexistente. El siguiente día de haber ocurrido el accidente, las empleadas mostraron un total desinterés por lo ocurrido, limitándose a realizar un minuto de silencio y un breve parón (a iniciativa de sindicatos y representantes unitarios). A partir de entonces nada más. Parecía que nada había ocurrido, como si en unas pocas horas todo se hubiera olvidado. En el ambiente no se apreció ningún cambio. Todo lo referente a la muerte quedó relegado a cuestiones burocráticas y a la investigación que estaba pendiente, investigación que está llevando a cabo el Departamento de Seguridad Laboral del Gobierno Vasco Osalan.

Muchas de las empleadas, al ser preguntadas por tal fatal suceso, se limitaban a contestar que no les interesaba el tema, mostrando no ya la falta de unión existente sino también la falta de compañerismo para con su propia clase. Aunque no nos guste este hecho, vemos necesario resaltarlo. No tenemos a la conciencia del proletariado como criterio de verdad, y cuando adopta formas que sirven a su propia dominación es preciso sacarlas a la luz. Quien no critica a la clase obrera el hecho de ser tal no puede ser marxista.

Respuesta de la empresa y de los sindicatos

La reacción de la empresa no es sino la intentar silenciar la muerte. Esto sucede tanto en Michelin como en cualquier otra empresa de tal envergadura. Anteriormente, con la muerte de un trabajador a causa del amianto, se intentó esconder en todo momento que el techo estaba construido de este material. En la fábrica de Mercedes de Vitoria por ejemplo, si hay accidentes laborales no mortales, en muchos casos la empresa le ofrece a la trabajadora en cuestión un buen acuerdo para que esta no denuncie, y así, las estadísticas de Mercedes dicen que no hay apenas accidentes laborales en su fábrica. Cuando se dan abusos sexuales por parte de empleadores a empleadas, la prensa silencia el nombre de la empresa en cuestión (véase el reciente caso de El corte inglés). Aclarar que el trabajador no estaba sindicado, pero aunque lo hubiese estado, poco hubiera cambiado el asunto, ya que simplemente se hubiera echado una mano a la familia en los trámites burocráticos. Por otra parte, tenemos que decir que la propia empresa se encarga de ayudar a ciertos sindicatos como CCOO y UGT y entorpecer a otros según sus intereses. No porque unos sean sindicatos revolucionarios. La expresión misma es un contrasentido, la única existencia revolucionaria de la clase es aquélla bajo la forma de Partido Comunista. El capital se decanta por los primeros, que se pliegan, y pliegan a la clase, al desarrollo pacífico de su dominación social.

Con esto damos paso a la entrevista que realizamos a nuestro camarada sobre toda esta problemática, así como sobre su experiencia particular.

 

Colectivos de Gasteiz y Bilbao del FRML

 

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(1): http://economia.elpais.com/economia/2016/04/18/actualidad/1460970435_330410.html
(2): http://www.elcorreo.com/alava/araba/201604/28/michelin-medalla-alava-20160428125534.html
(3): https://rolandoastarita.wordpress.com/2016/07/28/crisis-cambiemos-y-programas-capitalistas/
(4): K. Marx, El Capital, tomo III, FCE, p. 99
(5): K.Marx, El Capital, tomo I, Ibid., Capítulo VII.
(6): http://www.empleo.gob.es/estadisticas/ett/ett16MayAv/Avance%20ETT%20(enero-mayo%202016).pdf
http://www.empleo.gob.es/estadisticas/eat/eat16junAv/ATR_06_2016_Resumen.pdf
(7): K. Marx, El Capital. Libro I. Sexto capítulo (inédito). Ediciones Curso, p. 72
(8): Ibíd., p. 89-90.